Thursday, April 30, 2015

UNA PROPUESTA VENENOSA


El senador republicano por la Florida Marco Rubio ha tenido la osadía de pedir que se incluya un condicionamiento al probable acuerdo que negocia Obama con Irán, sobre armas nucleares: que el Ayatola reconozca a Israel como Estado Independiente. 
Obama no ha querido ofrecer detalles específicos sobre el acuerdo, pero el Senado le ha recordado que por mandato consitucional, esta rama del Congreso tiene que revisarlo para autorizarlo. Debido a esta presión se firmó una fórmula de entendimiento entre las partes.
En suma, la fórmula aceptada por Obama pone de lado una vez más la autoridad de la Legislatura en favor del Ejecutivo, pues virtualmente se auto restringe en sus facultades para enmendar, menos impedir, que el Presidente finiquite cualquier acuerdo con Irán.
De ahí que Rubio insista en que al menos se introduzca una cláusula en la fórmula, según la cual Irán formalmente, aunque sin creerlo, admita que Israel tiene derecho a existir como Estado soberano, como lo decidieron las Naciones Unidas en 1948.
Irán no acepta esa resolución de Naciones Unidas, al igual que la mayoría de las naciones árabes que circundan y cercan a Israel, con excepción de Jordania y Egipto. El Ayatola y su anterior Primer Ministro Ahmadinejab han dicho a voz en cuello que a Israel hay que borrarlo del mapa, mientras más pronto mejor.
Lo irónico es que la propuesta de Rubio ha sido calificada como venenosa porque podría frenar e inclusive destruir el “brillante” proceso pacificador de Obama con Irán, no solo por parte de los obamistas demócratas sino por republicanos y por la propia Asociación de Judíos de los Estados Unidos.
Ellos están convencidos de que Obama va a persuadir al Ayatola de abandonar sus planes nucleares, o posponerlos por 10 años a cambio del levantamiento de sanciones económicas y comerciales. Son los únicos que lo  creen. La mayoría, el Ayatola incluído, sabe que Irán, con o sin acuerdo, tendrá su artillería nuclear a la vuelta de pocos meses.
Yasser Arafat firmó tratados de paz con Jimmy Carter y Bill Clinton pero el terrorismo anti israelí organizado y financiado por él, jamás cesó. Igual ha ocurrido con los ayatolas desde 1979 y la baja de guardia de Obama para buscar esta vez un acuerdo de desarme, lo único que logrará es el efecto contrario.
¿Cuál de las partes se resistiría a aceptar la cláusula Rubio? Al Ayatola le importaría un comino, acostumbrado como está a mentir. ¿Quizás Obama se resista temiendo que ello resienta a su interlocutor y le force a abandonar las conversaciones? Sería duro golpe para él, que aspira a otro Nobel de la Paz (o a un Oscar) con la firma de ese acuerdo.
Los demócratas y republicanos obamistas del Senado parecen recelosos de una reacción molesta del líder. No quieren enfadarlo. Los republicanos le han complacido en el 82% de sus pedidos desde enero, fecha en la que asumieron amplia mayoría en las dos cámaras. Actúan con tanta timidez, que parecerían que los demos aún mandan en el Congreso.
No obstante las presiones de todo lado, Marco Rubio se mantiene firme y dice que no claudicará en la decisión de mantenerse en su pedido -que no otra cosa busca sino ratificar algo obvio: el derecho de Israel a vivir como estado libre e independiente. Si Rubio sigue demostrando esa fortaleza de carácter, su camino hacia la Casa Blanca se le presenta luminoso.

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Lo ocurrido en Baltimore tiene todas las características de parecerse a lo que sucedió en Ferguson y Long Island. La Policía detuvo allí a tres ciudadanos negros por varias infracciones, se resistieron y fueron arrestados según los reglamentos. Por circunstancias infaustas, luego fallecieron.
El presidente Barack Hussein Obama y el Fiscal General Eirc Holder, como en ocasiones similares en que hubo actores negros, lanzaron acusaciones precipitadas contra los policías. En respuesta, gente de esa y otras etnias se amotinó y generó caos y destrucción en varias ciudades, en protesta por el supuesto exceso de violencia policial antirracista.
Todos los cargos en Ferguson y Long Island fueron desvanecidos en favor de los policías, pero siguió flotando en los medios sociales, las aulas y en labios de comentaristas sesgados, la idea de que los hechos se debieron a una carga de odio contra una raza que fue esclava hasta antes de 1863.
En el último incidente en Baltimore, la víctima fue Freddie Gray, de 24 años de edad. La propaganda racista, alimentada desde la Casa Blanca, dice que murió por fractura de la columna vertebral debida a los maltratos de la policía, que  lo capturó al desobedecer la orden de alto.
La investigación policial preliminar está lista y en manos del Fiscal de Baltimore. No se la pública aún, pero ya se sabe que Gray tenía un largo historial delictivo como consumidor y traficante de cocaína y que previo al incidente tuvo una intervención quirúrgica en el cuello y la columna. 
El diario The Wasington Post informó que el preso que acompañó a Gray en la cabina de la furgoneta que los llevaba a prisión, le escuchó que se golpeaba con ánimo de herirse. No podía verlo, estaban separados por un tabique. Los que conocen de estos casos creen que el acusado pudo haber actuado así por efecto de la droga.
Nadie puede descartar que en la institución policial haya elementos que no se sujeten a las normas reglamentarias de ética y procedimiento. Como tampoco cabría esperar incorruptibilidad en una iglesia, un convento, ni aún en el Vaticano. Por el simple hecho de que en toda institución humana hay seres humanos y no ángeles.
El Presidente de la República es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y el Fiscal General es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Policiales. La Constitución les manda defender esas institucionales creadas para salvaguardar la seguridad externa e interna de la nación. 
Cuando algunos de sus miembros quebrantan las regulaciones éticas y profesionales, es una perversidad lanzarse en generalizaciones que causan daño institucional. Tanto más si esas acusaciones están basadas en hechos  falsos.
Hace no mucho tiempo se ponía en duda el afecto que Obama siente por este país, cuya mayoría le ha encumbrado a la Presidencia. Lo acontecido en estos días en Baltimore, sumado a los incidentes de Ferguson y Long Island y otros similares, aparte de su displiscencia por las Fuerza Armadas, no hacen sino alimentar esa duda.

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