Thursday, April 16, 2015

NO TAN RÁPIDO, POR FAVOR


Casi no hay político o comentarista en  América Latina que se haya privado de las delicias de participar en esta especie de concurso de elogios a Obama por haber abrazado a Raúl Castro en la cumbre de la OEA en Panamá, para simbolizar de ese modo el fin del “injusto” aislamiento de la dictadura cubana. 
No deberían ir tan rápido. Junto con los elogios no hay análisis acerca de la realidad histórica de la Isla y sus hermanos Castro, que desde 1959 la gobiernan tiránicamente. El sistema allí imperante es diametralmente opuesto a lo que promete defender la Carta de la OEA.
Obama no ha defendido esa Carta ni la posición de los Estados Unidos ante Cuba porque, como lo declaró en Panamá, no le importa qué tipo de gobierno esté al frente de un país para normalizar las relaciones, pues en el futuro dijo que no habrá intervenciones, directas o indirectas, para alterar un régimen.
(Salvo, claro está, habría que aclarar, si los regímenes son musulmanes o judíos, como Israel. En Egipto apoyó abiertamente a la Hermandad Musulmana, organización terrorista que llegó al poder y que debido a ello tuvo que ser depuesta por los militares. En Israel Obama quiso boicotear la reelección de Benjamín Netanyahu, pero fracasó)
Sostener que a los Estados Unidos, o al gobierno de cualquier nación, le puede ser indiferente el tipo de gobierno de la contraparte es o una estupidez, o una mentira. En el caso de Obama, es lo segundo, pues su propósito de anular el poder de los Estados Unidos y aliarse con los enemigos y distanciars de los aliados, calza dentro de esa finalidad.
Si no importasen las caracterísitcas de los gobiernos, Obama debió haber cerrado la CIA. No lo ha hecho: ha puesto al frente de ese organismo a un adepto al Islam como él. Hay quienes pretenden comparar la politica de aproximación de Obama al enemigo con lo hecho por Nixon con la China Roja o lo sucedido luego con la URSS, Vietnam y Camboya.
Las condiciones fueron distintas. La URSS se autodisolvió por presión de tipo económico y estratégico de Reagan, apoyado por Margaret Thatcher del Reino Unido y Juan Pablo II. China y luego Vietnam y Camboya enviaron señales de apertura, que Nixon y Kissinger interpretaron con sabiduría para armar el histórico viaje a Pekín, ahora Beijing. 
En esos países, si bien persisten regímenes políticos rígidos, ha habido aceptación a la economía de mercado y la inversión extranjera, lo cual ha disminuído los índices de pobreza de manera espectacular. Ni en Irán ni en Cuba ha habido señal alguna de aproximación o apertura. Ha sido Obama la única voluntad ávida de establecer relaciones con las dictaduras de los dos países, a cambio de nada. ¿Acaso se está olvidando de Corea del Norte?
El caso de Irán se explica por el deseo de Obama de bloquear el progreso y fortaleza de Israel. No es Netanyahu lo que él detesta, detesta lo judío y eso lo explica con transparencia el rabino Aryeh Spero en este link. E Irán, además, tiene su punta de lanza en Cuba para irradiar el Hezbollah por América del Sur y el Caribe.
Cuba no ha dejado de ser país terrorista. Obama anuncia que pronto le borrará de la lista de terroristas por recomendación del Departamento de Estado. Es otra mentira de su gobierno. Fue él quien ordenó a John Kerry que elabore tal documento. ¿Y qué es lo que prueba que Cuba ya no es terrorista? 
El Departamento de Estado sin inmutarse dice que la prueba es que no se han detectado acciones terroristas fuera de Cuba en seis meses, período suficiente de exculpación según la ley. No menciona que igual de terrorista es un Estado que ampara, alberga y fomenta el terrorismo en el exterior.
Es lo que ocurre con Cuba. En el 2014 admitió que facilitaba financiamiento al Al Qaida, pero que para complacer a Obama dejaría de hacerlo. Hamas y Hezbollah son organizaciones terroristas financiadas por Irán, con posada en Cuba para coordinar las acciones en Sudamérica, tomando a Venezuela como trampolín y a las FARC en Colombia.
El general Leonardo R. Andollo, jefe de operaciones del Ejército cubano, viaja continuamente a Caracas para coordinar las operaciones de narcotráfico, que comenzaron a florecer con Pablo Escobar. La seguridad interna de Venezuela está organizada y supervisada por agentes cubanos.
Dos iraníes tienen una tienda en Caracas, financiada por Irán, desde donde organizan la estrategia de la española ETA y Hezbollah en América del Sur, respaldados por las FARC, que negocian la paz en La Habana con el presidente colombiano Juan Manuel Santos.
(Santos suspendió las negociaciones y ordenó que se reanuden los bombardeos, pues las FARC acaban de asesinar a 11 soldados en un ataque terrorista. Parece que los narcos no pueden dejar de matar ni siquiera por la farsa negociadora, que no llegará a ningún buen fin. Baste que Obama la haya “bendecido” en Panamá)
Por añadidura, Cuba protege a asesinos norteamericanos convictos, entre ellos a Joanne Chesimard, que en 1973 mató a un gendarme de New Jersey. Fue sentenciada, fugó de la cárcel en 1979 y se refugió en la Isla. Hay otros, como Ishmael La Beet, que en 1972 originó una matanza con 8 víctimas en Virgin Islands o William Morales, separatista de Puerto Rico, con 4 muertos.
Es probable que el júbilo demostrado por políticos y comentaristas latinos sea reflejo de un subconsciente complejo de inferioridad, mediante el cual se identifican con Cuba (David), la pequeña isla que finalmente vence a la suporpotencia (Goliat) hasta la humillación. 
Se trata de una reacción emocional. La realidad es otra. Obama y quienes lo elogian están respaldando a una tiranía que en nada ha cambiado en más de 50 años, que se ha transmitido de un hermano a otro, que ha liquidado las libertades individuales, que encarcela y mata a los adversarios, que ha empobrecido a la población y ha exiliado a más de dos millones de seres humanos.
Los Estados Unidos, su pueblo, su cultura e idiosincracia no están allí en la Historia para abrazar a dictadores, propalando falacias. Obama, al hacerlo, está actuando como un impostor. Igual de condenable es la actitud de la OEA, surgida con el ideal de garantizar en el continente la vigencia de la libertad y la democracia. 

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