Monday, August 4, 2014

ES CONGRESO, NO PARLAMENTO


Frente al fracaso irreversible del gobierno del presidente demócrata Barack Hussein Obama, transcurridos ya seis de sus ocho años en la Casa Blanca, sus fanáticos seguidores tratan de exculparlo diciendo que la culpa no la tiene él, sino el Congreso.
Para prueba se refieren a las encuestas de opinión. Según Gallup y otras, el voto a favor de Obama, el semidiós de la izquierda y de tantos ingenuos cuando se posesionó en enero del 2009, ha caído de más del 60% a entre el 39% y el 41%, uno de los más bajos en la historia del país.
Pero el Congreso Federal, dicen sus defensores, está aún más bajo en la percepción de la gente. Las encuestadoras en general, dicen que para el 7 de julio pasado el porcentaje de desaprobación del Congreso era del 80%, frente a un 15% de aprobación.  
Quizás de mayor peocupación es el dato que sobre el gobierno tiene la opinión pública, entendido gobierno como la suma de las tres ramas del poder. La “mayor parte del tiempo” el 81% de la gente desaprueba la manera cómo se desempeña el gobierno, frente a solo un 19% que está conforme “una parte del tiempo”.
Ocurre que en los Estados Unidos no rige el sistema parlamentario sino el republicano, por lo cual no cabe comparar la eficiencia del Ejecutivo con la del Congreso. A la función legislativa le toca legislar y al Ejecutivo ejecutar de buena fe esas leyes, La falla en ejecutar la ley y en gobernar no es responsabilidad que la pueda o deba compartir con el Congreso.
En el sistema parlamentario es el pueblo el que elige directamente a los miembros del parlamento, los cuales conforman los gobiernos según fórmulas que armonizan los resultados de mayorías y minorías. Cuando el Premier o Primer Ministro y su Gabinete no funcionan, se llama a nuevas elecciones para sustituirlos. 
El sistema republicano es más rígido. El jefe del ejecutivo es nombrado por cuatro años y puede ser reelecto por una vez, como en el caso de Obama. Se tiene más amplitud de gestión, no debe comparecer en cualquier instante a rendir cuentas al parlamento, ni ser removido por el Congreso con la facilidad de un parlamento. Pero tiene que cogobernar con la Legislatura.
Ello quiere decir que no puede crear leyes, ni aplazar ni alterar las que el Congreso aprueba y le encomienda cumplir. Si planea algún cambio en las políticas de la nación, tiene que idear proyectos de ley y negociarlos con sus coidearios y opositores para lograr su aprobación.
Se convierte, así, en el gran negociador y del éxito de su capacidad negociadora depende la consolidación de su gobierno y del sistema democrático e institucional. De otro modo la institucionalidad comienza a resquebrajarse y la culpa no hay que buscarla en otros, sino en las falencias del gran negociador o líder.
El Congreso actual ha sido criticado por el bajo número de leyes aprobado y de allí el bajo índice de favorabilidad en la opinión pública. El problema radica en un escollo: la Cámara del Senado está controlada por el partido demócrata (al igual que la Casa Blanca), mientras que en la Cámara de Representantes hay mayoría republicana.
En esta Cámara se origina la asignación de fondos fiscales y es clave por lo mismo para reasignaciones, creación de empleos y demás. Pues ocurre que en los seis años de dominio demócrata, se aprobaron 356 proyectos de ley, que han sido detenidos en su trámite por el líder demócrata del Senado, Harry Reid.
Paradógicamente, el 98% de los 356 proyectos contaron con la aprobación bipartidista. 200 de ellos fueron aprobados por unanimidad y 100 con el apoyo del 75% demócrata. Si con estas cifras se quiere hablar de fracaso del Congreso, habría que agregar que es fracaso de los demócratas del Senado y fundamentalmente de su líder Reid, encargado de tramitar o archivar los proyectos.
Pero sobre todo es un fracaso de liderazgo de Obama, que siempre ha mirado con desprecio al Congreso y singularmente a los republicanos. “A ellos les toca ir en la parte trasera del bus, de ahora en adelante mando yo”, dijo poco antes de posesionarse en el 2009.
En cada oportunidad que puede se burla del Congreso por su inutilidad en aprobar las leyes que él quiere que se aprueben según sus puntos de vista. Para él no hay negociación estilo Reagan, Bush o Clinton. O hacen lo que yo ordeno, o yo gobierno con decretos ejecutivos, ha prometido.
Lo está haciendo. Lamentablemente, cuando en administraciones pasadas, tanto republicanas como demócratas, se registraban similares intentos inconstitucionales del Ejecutivo por excederse en sus atribuciones, los legisladoes de uno y otro bando se unían para frenar las acometidas. Hoy la mayoría de legisladores demócratas ha renunciado a su dignidad y se ha allanado a la humillación.
Obama no negocia. Impone. Ha sido imposible un acuerdo para reducir el gasto fiscal que en su gobierno ha incrementado la deuda en 7 trillones de dólares, para un total de más de 17 trillones de dólares. Por ello fue inevitable forzarle a que reduzca el gasto mediante lo que se conoce como “secuestro”, cortes automáticos a discreción.
Obama ha escogido entre otras una de sus áreas favoritas para el recorte: la militar. Ha bajado el gasto en armamentos y personal de modo que los expertos afirman que atentará contra la seguridad nacional. Por ejemplo, acaba de anunciar que se dará de baja a 500 oficiales en el grado de mayor, no importa si están en los frentes militares de Irak o Afganistán.
Los demócratas, exceptuados Franklin D Roosevelt y Harry Truman (que autorizó lanzar las bombas atómicas en Japón), no quieren la victoria para las guerras en las que participan las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Obama lo está demostrando y eso es lo que se vió en Vietnam. 
A continuación se transcribe un enlace o link corto pero muy claro y explícito acerca de cómo los Estados Unidos derrotaron a los comunistas y al Vietcong en Vietnam, cómo éstos se rindieron y aceptaron firmar la paz en París y cómo después todo se frustró cuando los demócratas cortaron los fondos militares. La imagen que a la postre quedó en la memoria de la guerra perdida es la vergonzosa salida en fuga del aeropuerto de Saigón.

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