Tuesday, January 13, 2015

LOS MOROS SE TOMAN EUROPA


La tragedia de París ha sacado a flote algo espeluznante: Europa ha bajado la guardia frente a la invasión musulmana, permitiendo que en sus principales centros urbanos se establezcan verdaderos estados islámicos donde rige la ley sharia, no la ley nacional.
En la “Ciudad Luz” hay 740 “no-go zones” a las cuales se prohibe el acceso de las fuerzas policiales, bomberos y ambulancias. Igual ocurre en Suecia, donde hay 55 áreas de control islámico absoluto y los ejemplos se multiplican en Holanda, Alemania, el Reino Unido, Bélgica, Italia y otras naciones europeas.
El fenómeno no es súbito. Ha demorado decenios. Pero había la idea de que los inmigrantes solo se aglutinaban en ghettos como ocurre casi siempre con los nuevos allegados en las grandes ciudades, hasta que se produzca paulatinamente el proceso de asimilación, sobre todo con las nuevas generaciones.
El caso de los árabes musulmanes es distinto y deliberado, según se desprende de los análisis a los que se puede acceder en los links adjuntos. Su finalidad no es asimilarse a la nueva cultura, como ha sucedido en los Estados Unidos con alemanes, irlandeses, italianos o latinoamericanos, sino establecer sucursales islámicas autónomas. 
En el curso de 50 o 60 años, terminada la II Guerra Mundial y tras la liberación de Argelia, los árabes musulmanes comenzaron a invadir a las “europas” desde el Mediterráneo hasta Escandinavia. Los gobiernos y los políticos europeos nada hicieron para evitar los excesos de este acto de guerra pasivo, amordazados por la doctrina “politically correctness".
Suecia, Noruega, Francia, Bélgica, Inglaterrra decidieron que lo correcto era abrir de par en par las puertas a inmigrantes, refugiados o no y por añadidura respetar como iguales sus principios, cultura y religión. Tanta liberalidad dio mayor poder al intruso, que sin necesidad de las antiguas cimitarras se propuso conquistar Europa.
Simplemente y en uso de las libertades otorgadas por las democracias anfitrionas, exigieron que se respeten sus creencias en todo lo concerniente a vestimenta, moralidad y métodos para cumplir y hacer cumplir su ley medieval del Sharia. La cual contiene regulaciones que contradicen abiertamente democracia y las tradiciones judeocristianas.
Algunos analistas juzgan que la batalla contra la ocupación islámica en Europa está perdida. Si así fuere, ello equivaldría a admitir que la guerra misma contra el terrorismo musulmán contra Occidente está también perdida. Lo de París sería un síntoma confirmatorio, así como la ausencia del “líder del Mundo Libre”, o sea Obama, en la marcha del domingo pasado.
La amenaza islámica contra Occidente (o “mundo libre”) es comparable a la amenaza nazifascista de la II Guerra Mundial y a la del imperio soviético cuya expansión se frenó en 1989. Para una y otra amenazas, se contó con la sólida unidad aliada para obtener la victoria, a la que se llegó con el liderazgo decisivo de los Estados Unidos.
Esta vez el liderazgo norteamericano no existe, se diría más bien que hay un contraliderazgo que favorece al enemigo. La no visita a París de Obama fue y es inexcusable. El hecho de no ir fue una acción deliberada. Nunca hubo en él el  deseo de ir en el fondo de su espíritu, como lo hubiera habido espontáneamente en un Churchill, un Reagan o un Bush.
Los franceses y los europeos en general parecen haber reflexionado sobre los errores del pasado y con la marcha de casi cuatro millones de personas en París, como que quisieran decir no todo está perdido. La sola marcha, por multitudinaria que haya sido, no resolverá nada por si misma. Pero es indicativa de que existe una voluntad colectiva y un mandato implícito para la rectificación.
Como en la Europa de Hitler, tendrá que surgir un Churchill para hacer que la declaratoria de guerra contra el terrorismo musulmán del presidente Hollande Francia se transforme en acción y victoria, sin contar inicialmente con los Estados Unidos de Obama. En un par de años deberá sustituirlo alguien que recuerde a FDR.
La guerra deberá librarse simultáneamente en dos frentes: en el externo del Medio Oriente y Noráfrica, que Obama dejó en manos de los radicales islámicos y en el frente interno europeo, tomado por los musulmanes árabes, por culpa de gobiernos y parlamentos timoratos prejuiciados. Las guerras serán cruentas, pero la violencia no fue originada por Occidente, sino por el extremismo musulmán.
Es inaceptable que demore un solo día la aceptación a las no-go zones en ninguna ciudad de Europa. La resistencia tiene que ser vencida con el empleo de todo recurso militar y policial disponible, que faculta la ley para quienes han transgredido la ley. Mientras dure la restauración de la legalidad, las fronteras deberán cerrarse a la inmigración y se las reabrirá solo con nuevas y estrictas restricciones.
En cuanto a los Estados Unidos, estará en manos del Congreso, que controla la oposición, evitar que Obama continúe abusando del poder para facilitar la inmigración ilegal, debilitar la seguridad interna y externa del país y esquivar su responsabilidad para frenar el avance del terrorismo musulmán, que se extiende por el globo al grito vociferante de Allahu Akbar!
Cuando Obama y Eric Holder se retiren, la policía podrá seguir actuando sin que se les acuse de terrorismo. Recuperarán el derecho a vigilar más a musulmanes y negros como potencialmente más peligrosos que otros (perfiles dados por las estadísticas), para no caer en los mismos errores de parálisis que han perdido a Europa.
Las células terroristas anidan en el submundo de las no-go zones. Hay que extirparlas a unas y a otras. Y vigilar las mezquitas y cerrarlas si se detecta que son centros de subversión. El Islam es una apostasía seguida por más de 1.500 millones de personas. Pueden practicarla en sociedades judeo cristianas como las de Estados Unidos y Europa, siempre que no intenten imponerla y peor a sangre y fuego, con el terror.
Con el terrorismo no se negocia ni transa. Es una declaratoria de guerra la cual no se define sino con la victoria de una de las partes. En la coyuntura actual, el islamismo radical lleva la ventaja. 

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