Saturday, March 15, 2008

¿QUÉ QUISO DECIR CORREA?

El golpe militar asestado por Colombia a los narcoterroristas en territorio ecuatoriano el 1 de este mes tiene desconcertados a los mandatarios de Ecuador y Venezuela. En efecto y en su orden, Rafael Correa y Hugo Chávez no saben ahora qué decir ni cómo actuar.
La muerte del cabecilla “Raúl Reyes” y otra veintena de narcoterroristas era ya en si un rudo golpe al terrorismo protegido por los dos. Pero el golpe de gracia provino realmente de los documentos contenidos en las computadoras capturados tras el asalto y que revelan que ambos estaban comprometidos con las FARC.
Chávez supo de ello horas antes de la reunión de cancilleres del Grupo de Río en Santo Domingo, República Dominicana y, al verse descubierto, cambió de actitud. De acusador furibundo del presidente colombiano Álvaro Uribe, pasó a “gran pacificador”. Porque su intención era, evidentemente, tratar de aplacar la hoguera por él desatada y “no hacer olas”.
El presidente dominicano Leonel Fernández, apoyado por la presidenta argentina, captó el mensaje y concretó la pacificación, induciendo a los líderes de Ecuador, Venezuela y Colombia al estrechón de manos y un abrazo. ¿Asunto concluido? De ninguna manera, sino lo contrario.
Correa, pese a esa supuesta agilidad mental reflejada en su irrefrenable verborrea, actuó y sigue actuando con lentitud. No le sigue el paso a su mentor, no lo entiende por lo cual sería bueno que le pida consejos para lograrlo. No reanuda relaciones diplomáticas con Colombia, las continúa aplazando como niño emperrado “hasta que la OEA” le de la chupeta que quiere: una condena a ese país por violar la soberanía ecuatoriana.
Los cancilleres de la OEA se reunirán este próximo lunes en su sede en la capital del “imperio” que tanto odia Correa. Es imposible, como lo quiere Correa, que vuelva a abrir el debate sobre el incidente fronterizo y peor que rehaga la resolución no condenatoria que ya adoptó anteriormente.
El 80% “patriota” de los ecuatorianos está con Correa por la “victoria diplomática” que él alcanzó en Santo Domingo. Si hubo tal victoria cabría preguntar para qué diablos insiste en la condena de la OEA. Esa victoria, por lo demás, no fue de Correa, sino en todo caso del bocón Chávez que súbitamente ordenó sustituir los tanques por los abrazos. ¿Quién no celebra cambios así?
El diario El País publicó un excelente reportaje sobre los incidentes, narrando con claridad y documentos la complicidad de Correa y Chávez con las FARC. Poco faltó para que el presidente ecuatoriano y su canciller, hija de Canciller, declararan la guerra no solo al diario español sino a España. No obstante, le amenazan al diario (¡Qué susto!) con enjuiciarle por calumnias o injurias.
Son tonterías, ha dicho un ejecutivo de El País y que si la demanda llega pasará al departamento jurídico para el trámite correspondiente, uno más de los muchos que se inician por quejas similares de quienes acusan al mensajero por sentirse afectados con un mensaje sustentado en la realidad. No es nueva esta actitud en Correa. Su rechazo a los medios de comunicación en el Ecuador ha sido persistente y grosero por esa causas desde el mismo día de gobierno.
Pero Correa va más allá en su “tontería”. Con respecto a El País, ha pedido a Zapatero que envíe tropas a la frontera para controlar la violencia narcoguerrilla. ¿Qué tiene que ver el gobierno español con lo que diga o escriba un diario independiente, que goza además de reputación internacional? Pero el pedido de envío de tropas no se limita solo a la Madre Patria sino que se extiende a la “madre” de todos los imperios, los Estados Unidos de Norteamérica.
El origen está en las declaraciones oficiales de Washington que indican lo obvio, que se seguirá con detenimiento la evolución de las investigaciones sobre los documentos que fueron hallados en el campamento de los narcoterroristas. Si se comprueba que las FARC tienen la protección de Ecuador y Venezuela, no solo los Estados Unidos sin las Naciones Unidas están en la obligación de aplicar sanciones.
El terrorismo y los terroristas, así como los que dan amparo a sus actividades, están muy claramente condenados por la ONU, la UE, la OEA y todo gobierno democrático. Una acción unilateral o multilateral para castigar a los transgresores de esos acuerdos tendría graves consecuencias para los dos países, como lo comprendió Chávez ipso facto.
Pero Correa es lento. Peor aún, dice que no tiene ni ha tenido nada que ver con las FARC y que los combatirá si son sorprendidos en territorio ecuatoriano. ¿Con tanta eficiencia como la comprobada con el campamento de Angostura? Y añadió, no sabe con qué intención ni propósito: señor Bush, mande sus tropas a la frontera, ponga sus muertos para defenderla y si no, cállese la boca…
Si realmente Correa ha cambiado de actitud y ahora no está con las FARC sino en contra de las FARC, deberá comenzar por calificarlos como lo que son, terroristas y no “fuerzas irregulares”. Es así como las califica últimamente, luego de haberlas tildado antes de “insurgentes” o “luchadores por la libertad”. De todas maneras ¿cómo define a las fuerzas irregulares? ¿En qué se diferencia de las regulares o de las terroristas?
Cuando llame a las FARC por el verdadero apelativo con las que son conocidas por la ONU y la UE, la etapa siguiente será sumarse en el combate contra el terrorismo y en consonancia con el país vecino Colombia o con Brasil o Estados Unidos. Correa acusó de cantinflada a ciertas expresiones de Uribe en torno al conflicto pero lo que es cantinflada insistir en que el Ecuador nada tiene que ver con el narcoterrorismo de Colombia. Lo del 1 de marzo lo contradice.
Correa y sus gallardos aliados anti imperialistas cerrarán la base de Manta el próximo año pero antes la someterán a investigación para aclarar si respaldó o no el operativo de Angostura. Pero al propio tiempo Correa está pidiendo ayuda a esos mismos gringos que detesta para vigilar militarmente la frontera. ¿Dónde la sindéresis de su pensamiento? Si pide ayuda a gringos y españoles, de otro lado, es porque siente que las fuerzas armadas del Ecuador son impotentes para garantizar la seguridad nacional en las fronteras.
En medio de tanto lío de comunicaciones ¿qué paso con la telefonía en el Ecuador? ¿No funcionan los celulares del presidente Correa? No se explica, si están operando bien, que Chávez no le haya dicho a su pichón que se corrija, que no haga ni diga tantos disparates y que haga lo que él: rápida reanudación de relaciones diplomáticas con Colombia y, por sobre todo, que trate de echar tierra al asunto de las FARC porque al haber sido pescados ambos in fraganti, ya nadie les cree en su retórica revolucionario bolivariana y socialista del siglo XXI.

Sunday, March 9, 2008

Y TODOS CONTENTOS?

El presidente Rafael Correa amenazó con echar al tacho de basura a la OEA si no le complacía en condenar a Colombia por la muerte de una veintena de guerrilleros en territorio ecuatoriano. La OEA no le complació.
Hizo una rápida gira por Perú, Brasil, Venezuela y Panamá para buscar respaldo a su pedido de condenar a Colombia, con anterioridad a la conferencia de presidentes del Grupo de Río que se iba a realizar en Santo Domingo, República Dominicana.
La conferencia de Río concluyó y tampoco Correa logró su objetivo. Nadie condenó al presidente Álvaro Uribe por la incursión en si, reiterando simplemente algo obvio: que acciones militares en territorios extranjeros violan la soberanía.
Uribe probó con documentos que Correa y su mentor, el presidente venezolano Hugo Chávez, protegen, amparan e inclusive financian a los grupos narcoterroristas que desde 1964 tratan de imponer una dictadura comunista en Colombia. Pidió perdón por haber bombardeado el campamento terrorista en Angostura, Ecuador y prometió que no repetiría tales acciones si no hay motivo para ello.
El presidente colombiano se acogió así al único recurso que le quedaba en su combate al narcoterrorismo, cuando éste halla refugio en el Ecuador: es mejor disculparse que pedir autorización. El plan era demasiado preciso y fructífero como para arruinarlo si notificaba previamente a Correa, quien reiteradamente se ha negado a cooperar.
El campamento de los narcoterroristas en Angostura data de algún tiempo de asentado, según relatos de militares ecuatorianos y colombianos. Allí se encontraron corrales para cerdos y gallinas, dos generadores eléctricos a gasolina, pantallas plasma de TV y antena satelital, dos laboratorios para procesar alucinógenos, 400 libras de TNT y 65 granadas, aparte de fusiles y otras armas de fuego. Había, además, aulas para la enseñanza de tácticas guerrilleras y de explosivos, con discípulos inclusive de otras nacionalidades.
Es imposible suponer que un campamento de tales características no haya sido detectado por los militares o policías ecuatorianos, por denuncia de los pobladores de sitios aledaños alertados por el ruido de los generadores y por el tránsito de los extraños, por tierra y ríos. O por los radares…que se apagan por las noches…
¿Por qué el silencio de Correa y las autoridades militares y de seguridad? Uribe dice que en varias notas diplomáticas le advirtió que “Raúl Reyes”, uno de los más altos jerarcas de la FARC abatido en el ataque del sábado antepasado, estaba en algún lugar del Ecuador, según informes de inteligencia. Correa desoyó, como en otras ocasiones de similares denuncias.
Los militares colombianos, tras el bombardeo, llegaron al campamento, se hicieron del cadáver de “Reyes” y, además, de 4 computadoras con datos invalorables acerca de los vínculos de los terroristas con los gobiernos de Ecuador y Venezuela y con terroristas internacionales. Expertos de la INTERPOL de Australia, Corea del Sur y Singapur analizarán los informes y darán fe de su autenticidad.
En el Ecuador los “patriotas” están felices con Correa y su victoria diplomática en Santo Domingo. El propio presidente, al retornar a Quito, dijo henchido de orgullo que “por primera vez en la historia no se le ha despedazado al Ecuador en una mesa de negociaciones”. ¿Talvez estaba pensando en Tiwinza y el acuerdo de paz con Perú que terminó la disputa unilateral del Ecuador de nulidad del Protocolo de Río (nuevamente Río) de Janeiro de 1942? ¿Qué obtuvo a cambio?
Y en la cita del Grupo de Río ¿cuál fue la victoria ecuatoriana y cuál la derrota del “imperio” como dicen al unísono Chávez y Correa? Desde luego es edificante que los mandatarios de la refriega la hayan concluido con un abrazo y apretón de manos, por mediación del presidente de la República Dominicana, Leonel Fernández (nacido ¡horror! en la ciudad de Nueva York). Pero la refriega no debió producirse jamás si prevalecía el sentido común en el dueto Chávez/Correa.
Los apretones de mano y abrazos no han restaurado automáticamente las relaciones normales con Ecuador (Venezuela está a punto de hacerlo, Nicaragua ya lo hizo). El mandatario ecuatoriano ha dicho al diario El Clarín de Buenos Aires que quiere que la OEA o la ONU envíen fuerzas militares internacionales para que vigilen la frontera ecuatoriano colombiana.
Se alegra de que el conflicto haya terminado hasta el momento de manera pacífica, pero lamenta una vez más la pérdida de vidas humanas…de los terroristas infiltrados. Se queja con pasión por la violación de la soberanía ecuatoriana, pero no se refiere a los narcoterroristas acampados en Angostura, sino a la acción de las fuerzas armadas colombianas para exterminarlos.
Ni la OEA ni el Grupo de Río han condenado esa acción, porque juzgaron que era justa en sus objetivos. La incursión militar no iba dirigida contra militares ecuatorianos, o para conquista de territorio o para desestabilizar a Correa. Se la organizó exclusivamente contra narcoterroristas refugiados en la frontera ecuatoriana, liderados por un criminal con orden de captura con decenas de cargos y por cuya captura se ofrecía 5 millones de dólares.
Uribe ha rechazado la idea de una fuerza internacional de paz, con los “cascos azules” o de cualquier otro color. No se necesita ni se justifica. Lo que cabe es que Correa reflexione y se sume a la lucha contra el terrorismo internacional y que, lejos de ocultar su presencia en territorio ecuatoriano, la denuncie y emprenda acciones conjuntas con fuerzas similares de Colombia para erradicarlos. Esta fuerza binacional bastaría para terminar con los estragos terroristas a uno y otro lado de la frontera.
Las FARC, aunque aún duren años en su sabotaje contra la democracia, están en retirada. Lo prueba el asesinato de otro de los jerarcas del grupo, “Ríos”, a manos de su guardaespaldas. Éste quería desertar pero sabía que si lo descubrían en el intento, lo ejecutaban. Optó por adelantarse, mató a “Ríos” y a su amante, cercenó la mano de su jefe como prueba y se llevó consigo identidades, notas y una computadora.
Son síntomas de implosión de las FARC, dicen los entendidos. Ha habido más de 9.000 desertores en años recientes y el número de los que quedan ha bajado a 10.000. La superioridad de las fuerzas regulares es inmensa, con casi medio millón de soldados y armamento y pertrechos sin parangón, más el asesoramiento táctico y financiero de los Estados Unidos.
Miles de terroristas han sido muertos y capturados. Las FARC, por su lado, mantienen a no menos de 700 rehenes que liberarlos por dinero o para intercambiarlos con los terroristas presos. Mas la mayoría de éstos se niega al trueque para no retornar a las FARC, según versiones de la prensa internacional.
En todo caso, Correa ha dicho también que no restablecerá relaciones diplomáticas con Colombia sin antes consultar con Hugo Chávez. Éste viajó de Santo Domingo a Cuba para consultar a su vez con los Castro. De regreso a Caracas, anunció el repliegue de las tropas enviadas a la frontera y dijo que la ruptura diplomática con Colombia no fue formal y que la deshará tal como la hizo. ¿Qué espera Correa para actuar en armonía con su mentor?
Tras la “victoria” de Tiwinza traducida en el Acuerdo de Paz con el Perú, el comercio por la frontera con ese país creció en nueve años de 50 millones de dólares a 1.400 millones de dólares. Este hecho refleja lo que quieren los pueblos: paz para producir y comerciar, no bravatas y poses virulentas de estadistas improvisados e ineptos y menos por supuesto presencia de terroristas que asesinan, secuestran y extorsionan a seres inocentes, escudados por el anonimato y las sombras.

Friday, March 7, 2008

Correa y Uribe

El presidente Álvaro Uribe acaba de explicar lo que ya sospechábamos quienes no estamos infectados con el virus del patrioterismo ecuatoriano: que no le advirtió a Rafael Correa acerca del operativo militar antiterrorista del sábado pasado, simplemente para no frustrarlo.
En otras palabras, si Uribe le confiaba el plan, Correa se habría dado modos para que el grupo narcoterrorista se entere y fugue. Porque Correa ha dado muestras de su afecto por las FARC: los llama insurgentes o luchadores por la libertad y les da amparo en territorio ecuatoriano cuando huyen del asedio de los militares colombianos.
Uribe ha dicho, con documentos, que había informado a Correa que "Raúl Reyes" (segundo a bordo de las FARC muerto el sábado pasado), se encontraba en el Ecuador. Probablemente le señaló con coordenadas el posible lugar del campamento, como lo había hecho en el caso de otros campamentos detectados, sobre todo en la amazonía ecuatoriana.
La presencia de los narcoterroristas en esa zona la conocen los habitantes. Muchos de ellos pasan subrepticiamente o mediante sobornos la frontera, para escapar de los ataques de las fuerzas regulares colombianas, para recuperarse de heridas y enfermedades o simplemente para descansar y entretenerse. El campamento que fue bombardeado el sábado pasado no era reciente, pues allí se vió que los terroristas cultivaban frutos y criaban cerdos y gallinas, según las evidencias.
Resulta incomprensible, pues, que el grupo de "Reyes" haya pasado desapercibido por parte de las patrullas militares y policiales del Ecuador. Si de todos modos fuere así, sería otro motivo para agradecer la intervención de las fuerzas colombianas. Ellos hicieron el trabajo que los soldados ecuatorianos no hicieron en defensa de la seguridad nacional. ¿O fue que no quisieron hacerlo o recibieron órdenes superiores para ignorarlos?
Hay una versión no confirmada pero verídica de que los militares conocían del asentamiento de los narcoterroristas pero que prefirieron no notificar de su presencia a Correa ni a sus ministros de defensa Larrea o Sandoval, sino al presidente Álvaro Uribe. Si se confirma esta información, hay que dar un respiro de alivio pues indicaría que las Fuerzas Armadas del Ecuador no están del todo sumisas a los designios pro terroristas del comandante en jefe.
Si este jefe fuera un ser normal y demócrata, las relaciones entre Colombia y Ecuador marcharían espléndidamente, como ha ocurrido en el pasado, acaso con la sola excepción del problema limítrofe que involucró el triángulo de Leticia. Si Correa hubiese sido cuerdo, habría hecho causa común con Uribe en la lucha contra el enemigo común que es el narcoterrorismo.
En esas condiciones, el intercambio de información entre los servicios de inteligencia de ambos países con respecto al rastreo y localización de los narcoterroristas habría sido fluída, permanente y eficaz. Y, para el caso del grupo de "Reyes", habría significado una acción bélica conjunta para cercarlos, capturarlos o liquidarlos. Pero la realidad es otra. Correa no ha querido sumarse a la "guerra colombiana" porque "no es nuestra", según ha dicho.
Los hechos le desmienten. Los narcoterroristas ya no solo colombianos sino al parecer también vascos y mexicanos, entran y salen del Ecuador como si se tratara de su propia casa. Llegan allá y negocian la compra de armamento, explosivos, ingrdientes para el procesamiento de drogas y para planear y comunicarse entre si con libertad. En ocasiones, ejecutan a socios inconsecuentes o a jueces que pretenden condenarlos. Los secuestros son cosa de todos los días. Los hechos de ese tipo registrados en el Ecuador lo prueban de modo irrefutable.
Los narcodólares, igualmente, se han regado por todo el Ecuador, infestando y afectando a la sanidad de la economía y multiplicando la corrupción. Esta realidad es "vox populi", pero el mandatario y sus seguidores sostienen que el país es inmune al narcoterrorismo, que la guerra en Colombia es solo colombiana...
Correa, casi con lágrimas en sus verdes ojos, se ha lamentado de que la acción militar del sábado pasado fue una masacre pues muchos cadáveres fueron encontrados en paños menores. ¿Iguales lamentos le causan el recuerdo de los actos terroristas como el bombardeo al Palacio de Justicia en Bogotá, que mató a decenas de altos jueces y más seres inocentes? ¿O el secuestro, tortura o muerte de centenares de ciudadanos que son aherrojados y guardados como si fueran lingotes de oro para sacarlos al mercado cada vez que decaen los ingresos por el tráfico de droga o la extorsión a finqueros y hacendados?
La devolución de los 4 secuestrados por mediación de Chávez engrosó en 300 millones las arcas de los terroristas, por generosa donación del presidente venezolano. Correa afirma que también estaba dispuesto a imitar el buen corazón de su mentor y gestionar la liberación de la ex candidata presidencial Betancourt, sin contarle nada de esto ni a Uribe ni a nadie. La negociación la realizaba el ministro Larrea con "Reyes", gran canciller de las FARC, hasta que murió acribillado.
Con los secuestradores terroristas no cabe negociar. Hay que liquidarlos en cuanto se presente la oportunidad, aún a riesgo de que haya víctimas entre los secuestrados que se trata de liberar. Las gestiones estilo Chávez/Correa no hacen sinon justificar a los secuestradores y convencerlos de que su acción criminal es lucrativa por lo cual hay que seguirla cultivando.
El peor ejemplo de "negociador" fue Jimmy Carter, acaso el peor presidente de los Estados Unidos de los últimos tiempos. En lugar de aplicar la fuerza contra los que asaltaron a la embajada en Teherán y mantuvieron secuestrados a decenas de ciudadanos estadounidenses por 444 días, prefirió negociar y negociar...sin resultado alguno salvo la humillación. El presidente Ronald Reagan, de la línea política contraria, también tuvo el craso error de replegarse frente al ataque terrorista en Líbano por parte del grupo Hamas, qúe causó la muerte de casi 300 soldados norteamericanos. Las flaquezas en esa dos experiencias explican el auge actual del terrorismo internacional.
Pero el ejemplo de Correa es distinto: él no considera criminal el tráfico de drogas, pide reducir o eliminar las penas a los narcotraficantes presos. Y en cuanto a los terroristas, gruñe y protesta junto con Chávez cuando éstos mueren a manos de las fuerzas regulares y pide más bien que se condene a Colombia, víctima por casi media centuria del azote inmisericorde del terrorismo.
Pero, aparentemente, no lo va a conseguir si en el ámbito latinoamericano prima la sensatez y no la virulencia demencial de los Chávez, Correas y Ortegas.

Sunday, February 17, 2008

LA POLÍTICA EN USA

Si prevalece el sentido común, el próximo Presidente de los Estados Unidos será el republicano John McCain. A menos que algo extraño y desusado ocurra antes y durante las elecciones generales de noviembre próximo.
Hasta el momento, McCain tiene una imbatible mayoría en votos y electores en los comicios primarios, complicado proceso que se registra en los 50 Estados de la Unión para escoger al candidato único que enfrentará al designado por los demócratas.
McCain, senador por Arizona por más de 20 años y héroe de la guerra de Vietnam, en la que cayó prisionero por seis años, disputó las primarias con George W Bush en el 2001 y perdió. Al iniciarse el proceso primario el año pasado, era el candidato con menos opción frente al puntero Giuliani, ex alcalde la ciudad de Nueva York.
Giuliani tuvo que retirarse de la contienda tras una desastrosa y fracasada campaña en la que concentró sus esfuerzos en el estado de la Florida, que alberga a muchos nativos de la ciudad de NY, en su mayoría judíos, que aunque contradictoriamente demócratas, al parecer le favorecían.
Pero McCain emergió de la nada y ahora tiene como contendor únicamente a Mike Huckabee, un pastor bautista que se empeña en continuar en la campaña, restándole votos a su rival, pero sin ninguna posibilidad matemática de alcanzarlo ni en votos generales, peor en delegados a la Convención republicana que decidirá a la postre cuál será el nominado por el partido.
Tanto demócratas como republicanos, así como independientes e igual los columnistas se preguntan qué mueve o justifica el empecinamiento de Hackabee. Éste dice que no cejará hasta que McCain logre acumular los 1.119 votos mínimos para nominarse. Pero lo que se le critica es una egolatría y afán de figuración impropia sobre todo en un pastor cristiano.
McCain ha obtenido el respaldo de los otros rivales en la contienda, sobre todo de Mitt Romney, su más cercano contendor, pero también de Thompson y otros. Notables figuras del partido, como el propio presidente WB Bush y su hermano Jebb, ex gobernador de la Florida de gran popularidad, también lo respaldan y mañana lo hará el padre de ellos, George.
La gama de personalidades que decidieron suspender las críticas a Macain para que el partido republicano llegue consolidado a las elecciones de noviembre, figuran senadores, empresarios, líderes religiosos, medios de comunicación. No obstante, una obstinación irrazonada persiste en el sector de unos cuatro directores de programas radiales y de TV de gran influencia.
El grupo lo encabeza Rush Limbaugh, cuyo auditorio certificado es de más de 40 millones de personas en toda la nación. Otros como Sean Hennity, Laura Ingram o Ann Coulter, no hacen sino repetir los argumentos y razonamientos de Rush. Éste afirma que McCain no es un verdadero conservador, o sea alguien que apoye la iniciativa privada, se oponga al alza de impuestos y al aumento del poder del Ejecutivo, pues en su carrera como senador, dicen, ha flaqueado en tales temas al momento de la tomada de decisiones.
Aunque el candidato no ha cesado de aclarar su posición al respecto en innumerables discursos y entrevistas, el clan comandado por Limbaugh no se rinde y ha llegado al extremo de prometer que no votará –y así aconseja a los oyentes- por McClain y que estarían dispuestos a apoyar a Hillary Clinton si ésta a la postre es nominada.
Para Rosa Townsend, una periodista española corresponsal en Washinton del diario El País de su tierra natal, esta actitud del grupo de comentaristas y sus seguidores equivale a un suicidio, a un jihad, como lo explica con brillantez en un artículo que se divulgó en los medios hispano parlantes de USA.
La acusación de poco conservador hecha a McCain, especialmente en materia fiscal, ha perdido base. Pero lo que perdura es el argumento de que el héroe militar apoyó y sigue apoyando un plan como el del presidente WB Bush para superar el problema de los inmigrantes ilegales en los Estados Unidos. Limbaugh y su ramillete se opusieron desde un principio a ese proyecto en el 2006 y ello fue factor determinante para que la votación fuera negativa para los republicanos al renovar ese año el Congreso, transfiriéndose el control de ambas cámaras a los demócratas.
Limbaugh y los suyos condenaron a McCain por ese apoyo y prefirieron a Romney y ahora a Huckabee por su posición dura contra los ilegales. Éste último, pastor, propone desterrar a la fuerza a los ilegales, por cualquier medio y que se erijan paredones a lo largo de toda la frontera con México, si fuere posible de altura infinita. Romney, para complacer a los de la línea dura, citó medidas parecidas aunque no tan extremas.
McCain, en la campaña primaria, ha matizado un tanto su posición por estrategia, pero en no ha declinado en lo sustantivo de que, al tiempo que dar seguridad en las fronteras, es indispensable aplicar un plan que permitir a los ilegales que lo deseen legalizarse en un tiempo perentorio (6 años) y sujetándose a determinadas condiciones.
La inmigración es imparable y es benéfica. Así lo entendió Ronald Reagan, que ahora es el ídolo de los de extrema derecha anti inmigrante. Pero Reagan concedió amnistía pero su promesa de evitar nuevos flujos de ilegales, no la cumplió. Como igual no la han cumplido sus sucesores presidenciales de los dos lados, republicano y demócrata.
La finalidad del plan WBush es coherente, pragmática y humanista. Al par que se aseguran las fronteras, se facilitaría la integración legal de los casi l2 millones o más de inmigrantes sin papeles, provenientes sobre todo de México y otros países de la América
Latina. Concomitantemente, se establecería un mecanismo de visa temporal para legalizar el flujo de trabajadores según las estaciones.
La “mano dura” que proponen los xenófobos no conduciría a nada positivo. Más bien causaría daño a las familias y a la economía en general. En USA el proceso de integración es real y cierto por parte de los más disímiles grupos étnicos. Las primeras generaciones sufren por el idioma y la nueva cultura, pero terminan asimilándose y las generaciones segundas y subsiguientes son por completo “americans”, acaso con el añadido invaluable del bilingüismo.
La fobia anti inmigrante no es nueva ni aquí en USA ni en otras partes del mundo. La misma antipatía racista de Limbaugh era evidente a comienzos del siglo XIX en los Estados Unidos frente a la ola de inmigrantes alemanes, más tarde de irlandeses y luego a fines de ese siglo y comienzos del XX con los italianos y los judíos. Inclusive los árabes tienden más a integrarse aquí que en Francia, el Reino Unido y otras naciones europeas.
Es probable que McCain continúe halagando a medias a ciertos sectores xenofóbicos en el tema de la inmigración, pero si es Presidente será él quien ponga en vigencia la nueva ley propuesta por WBush, cuyo boicot causó el fracaso republicano en el Congreso. Si el candidato logra persuadir de su verdadera intención al hispano, éste no desperdiciará su voto en Hillary u Obama y se volcará a favor del republicano.
En el campo demócrata produjo algo sensacional. Hillary Clinton figuraba en todas las encuestas y en todos los comentarios de los analistas como la ganadora inevitable de la nominación demócrata (como en tantos otros casos, los analistas probaron ser tan certeros como los meteorólogos y los economistas). Ello fue así hasta que se iniciaron las primarias y lo “inevitable” comenzó a dejar de serlo. Barak Obama, hijo de una dama anglo gringa y un negro de Kenya comenzó a seducir con su oratoria de predicador de aldea, que lo ofrece todo y nada y el ocaso de Hillary se inició.
Jóvenes y viejos, hombres y mujeres se desmayan con su palabrería. Muchos lo asimilan con oradores como Koresch, Jones o Mason que embrujaron a sus “congregaciones” y los indujeron respectivamente a suicidios colectivos en Guyana, a masacres como en Hueco, Texas y la combinación de atrocidades de California.
Pero lo que busca Obama no es reclutar adeptos para organizar sectas de ese jaez, sino para conquistar sus votos para ser electo Presidente de la más poderosa nación de la tierra y en la cual promete iniciar un “cambio” para erradicar la pobreza mediante la reducción en el número de ricos, tanto de individuos como de corporaciones.
Frente a la vaguedad y vacuidad de sus discursos, se le ha exigido que sea específico en sus planteamientos. En Detroit, la ciudad de los automóviles, dijo finalmente que si es elegido presidente combatirá el desempleo con una inversión pública de 210 mil millones de millones de dólares. Así crearía empleos para mejorar carreteras, puentes, puertos y emprender otras obras de infraestructura a lo largo y ancho del país.
Física y retóricamente, Obama se parece a un cualquier Rafael Correa o Hugo Chávez. ¿De dónde obtendrá tanto dinero? Responde: gravando a los ricos y desviando el gasto militar, ahora “malversado” en guerras como las de Irak y Afganistán. Su discurso está pleno de contradicciones, pues quiere al mismo tiempo bombardear a Pakistán, un aliado clave de los Estados Unidos.
Hillary aspira a la presidencia sin más mérito que haber sido la cónyuge complaciente de Bill Clinton, que alcanzó el pináculo de su fama al mentir bajo juramento que tuvo sexo oral con una pasante en la Oficina Oval, la principal de la Casa Blanca.
Hillary es adalid del feminismo, del aborto, de la aceptación del matrimonio gay. Pero hay quienes afirman que ella hizo y hace mucho daño a la mujer por su complacencia con la infidelidad y mentiras de su esposo. El libre aborto, por lo demás, perjudica no solo a la víctima inocentemente privada de su vida, sino a la posición de respetabilidad de la mujer en la comunidad.
Cualquiera que salga nominado en el área demócrata, será débil frente a McCain. La edad de éste, 71 años, no es óbice sino mérito por la mayor experiencia y sabiduría que dan la madurez. Obama, de 44 años, ha tenido un desempeño mediocre como senador en el Congreso Federal y, en cuanto a Hillary, si va a la Casa Blanca no irá solo, irá con Bill. De ahí que su candidatura se la moteje con el membrete de Billary.
De otro lado el tema de campaña en las primarias ya no es la guerra en Irak, es el estado supuestamente deteriorado de la economía. Hace un año la discusión se centraba en las fechas para el retiro de las tropas de Irak, porque “la guerra estaba perdida”. La respuesta de Bush fue enviar más tropas y los resultados están a la vista. Al Qaida se bate en retirada, los negocios y el comercio florecen, la violencia decrece. Incluso la conciliación política está en marcha.
Los anti guerra en el flanco demócrata se han quedado sin argumentos. Recurren, entonces, al tema económico y sostienen que ha llegado la depresión, lo que contrasta con la “economía de superávit” de Clinton. No hay recesión, lo que existe hoy es un reacomodo de la economía de mercado tras el fiasco en la negociación de bienes raíces en la cual se rompieron las reglas del sentido común: los prestamistas dieron préstamos en exceso a clientes sin respaldo financiero.
Esta falencia no es falla de Bush ni del sistema, es falla de quienes infligieron las reglas. La solución no es intervención estatal, como sugieren Hillary y Obama, sino la reacción de los actores de la debacle. La única asistencia que cabría sería a los propietarios de casas convertidas en víctimas involuntarias de este conflicto.
No hay indicios claros de recesión. Al contrario, los índices de producción y productividad, de empleo, balanza comercial y déficit son estables y positivos y mucho mejores que en el resto del mundo industrializado, pese a la guerra de Irak y sus costos. El gasto militar, además, es menor que el registrado durante la guerra fría, en proporción con el tamaño de la economía.
En cuanto al superavit de Clinton, no hay tal. Él más bien inició una etapa de recesión que fue combatida por Bush con éxito reduciendo los impuestos en general y sin discriminación entre ricos y pobres. Ello estimuló la inversión, aumentó el empleo y generó más recursos fiscales. Si hubo en algún momento superavit con Clinton se debió al recorte del gasto militar (incluídos los gastos en inteligencia, lo que desarticuló a la CIA y la volvió incapaz de evitar la masacre del 9/11) terminada la guerra fría con Reagan y, además, por la burbuja cibernética de California que originó un alza loca en las inversiones por ese rubro en la Bolsa, que luego se desplomó.
En todo caso, si la economía flaquea, la solución no será aumentar el gasto fiscal “a la Franklin D Roosevelt” –que habría agudizado la recesión de los años 30s, a no ser por el cambio resultante del ingreso de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial. Lo sensato seguirá siendo eliminar trabas al crecimiento del sector privado con la extensión de la reducción de impuestos y otros estímulos, no con la regresión “a la Correa” que quieren Hillary y Obama.

Monday, January 21, 2008

CONTRASTE DE CULTURAS

Mientras en los países como el Ecuador, Zambia, Venezuela, Cuba, Kenya o Nicaragua sus pueblos se empobrecen y desangran por culpa de los malos gobiernos, en los Estados Unidos se está viviendo otra jornada fascinante del proceso para elegir democráticamente a un nuevo presidente de la República.
El sistema es único en todas sus fases, confuso y complejo para muchos, pero incuestionablemente el más límpido y translúcido del mundo para seleccionar de modo riguroso a los nuevos candidatos. En estos instantes los dos partidos más fuertes, el republicano y demócrata, compiten en su interior para designar a los que disputarán las elecciones generales de noviembre venidero.
Los comentaristas y las encuestadoras ensayan pronósticos diariamente, pero muy rara vez aciertan, lo que le hace aún más atractivo al proceso. En este aspecto, mucho se parecen estos adivinos a los meteorólogos, algunos de los cuales se empecinan en predecir un calentamiento global mientras otros creen que lo que se avecina es una nueva época glacial.
En uno y otro caso, meteorólogos y encuestadores yerran porque pretenden “jugar a ser dioses”. Suponer que el clima es alterado por el hombre, sobre todo por el hombre de las naciones más desarrolladas, es pueril. Como pueril resulta intentar adelantar y peor inducir a la gente a que adopte determinada decisión sobre sus preferencias políticas.
Antes de las primarias y cocuses, eventos en los que cada partido selecciona al candidato presidencial en cada Estado, los agoreros predijeron una victoria arrolladora de Hillary Clinton por los demócratas y de Rudy Giuliani por los republicanos. A medida que el proceso avanza los resultados ofrecen sin embargo proyecciones distintas.
En el lado demócrata, la contienda se ha reducido prácticamente a dos de ellos: Hillary, cónyuge del ex presidente Clinton y Obama Hussein Barak, senador negro por Illinois, de 42 años de edad, cuya oratoria populista ha fascinado sobre todo a la gente joven.
Entre los republicanos, el hecho de que por primera vez en decenios no se ha presentado como candidato el vicepresidente del gobierno saliente, ha acentuado la incertidumbre entre los votantes partidistas. Unos críticos dicen que la razón por la cual no se ha perfilado tempranamente un puntero es porque ninguno tiene valores salientes.
Otros opinan lo contrario: que la vacilación se origina en que cualquiera de los seis o más precandidatos republicanos tiene cualidades excelentes lo que complica, al menos en los niveles iniciales del proceso, la decisión por uno u otro.
La primera gran sorpresa en las primarias fue la derrota en Iowa de la favorita de los vaticinadores del campo demócrata: Obama “barrió” a Hillary y ya hubo quienes “bailaban de gusto en su entierro”, según frase del cónyuge Bill. Pero en la siguiente elección de New Hempshire. Hillary se recuperó y volvió a ganar en Nevada.
Los devotos de la mujer de Bill recuperaron la fe pero nadie puede predecir la evolución que tendrá la contienda en las próximas semanas, sobre todo en la del “super Martes”, la del 5 de febrero, en que se registrará la votación masiva de 21 Estados. Aunque la maquinaria electoral de los Clinton es demoledora, varios factores podrían actuar en contra de Hillary y dar la victoria a Obama.
En primer lugar, aquí se detesta las dinastías. Hay cansancio por la repetición en el gobierno de los Bush/Clinton/Bush como para aceptar a otro Clinton. Además, el nuevo Clinton serían dos, pues Bill pasaría a cogobernar con Hillary. Y sobre Bill pesan muchos defectos, sobre todo el haber hollado la respetabilidad de la Oficina Oval de la Casa Blanca para tener sexo oral con una pasante y luego negarlo bajo juramento.
Adicionalmente, Obama atrae no solo por su oratoria, sino por su juventud y sus promesas vagas de cambio. Aunque diga y no lo cumpla si llega a Presidente, su condena a la intervención militar en Irak atrae a los jóvenes pacifistas, así como su deseo de que prevalezca la diplomacia sobre la guerra, inclusive con diálogos con ese remedo de Hitler que es Ahmadinejad del Irán.
Con respecto a los republicanos, los sabios de la derecha radical encabezados por Rush Limbaugh, el más influyente comentarista de radio en los Estados Unidos, se han equivocado del medio a la mitad en sus pronósticos. Dos de los precandidatos menospreciados, el senador John McCain y el gobernador de Arkansas, Mike Huckabee, ocupaban los últimos puestos en sus presagios. Hoy están entre los primeros.
Huckabee, predicador bautista, escaló rápidamente pese a no contar con dinero y sorprendió al ganar en Iowa. Igual McCain, que triunfó en New Hempshire y volvió a ganar en South Carolina. El favorito Mitt Romney, gobernador mormón del Estado de Massachussets, tiene resultados mediocres hasta la fecha, pese a lo mucho que ha invertido en la campaña. La nueva votación republicana en la Florida, para el martes 29 de este mes, será clave para todos.
Previamente a las elecciones, Giuliani era el favorito de los republicanos. Pero decidió concentrar su dinero y gasto en la Florida, donde habitan muchos judíos de Nueva York y ello al parecer le resultó contraproducente. Perdió el liderato no solo a nivel nacional, sino en la Florida donde está relegado al tercero o cuarto lugar en las encuestas. Pero, hay que reiterar, las encuestas yerran.
En todo caso, el proceso de selección es meticuloso y quienes salgan adelante serán los mejores, por decisión y exhaustivo análisis del votante. El dinero influye, pero no es el ingrediente decisivo, como lo prueban un Huckabee o el mismo McCain, frente a un Romney atiborrado de billetes de su alcancía personal.
¿Qué ocurriría si en el Ecuador se adaptara un parecido proceso democrático para seleccionar y preseleccionar a los candidatos? ¿Se impondrían de todos modos demagogos como Rafael Correa? La respuesta es hipotética, pero aquí en los Estados Unidos si algo le perjudicó a Romney fueron sus ataques personales contra los rivales de partido. Igual le sucedió a Hillary contra Obama.
En el Ecuador Correa parece competir con Hugo Chávez en el uso de los adjetivos para humillar a quienes discrepan con él. E igual ha recurrido, como sus predecesores Bucaram y Velasco Ibarra, a manifestaciones con gente pagada para tratar de amedrentar a la oposición. Lo que acaba de registrarse en Guayaquil es elocuente: subsidió el viaje, alimentación y estada de empleados públicos de todo el país para la marcha en esa ciudad, calificada con acierto como una bufonada.
El sistema electoral de los Estados Unidos sigue las pautas fijadas por los fundadores de la república en el siglo XVIII. Los partidos eligen a sus candidatos por Estados y los candidatos ganan por voto popular y por número de delegados. Son estos delegados los que luego se reúnen en convenciones nacionales a mediados de año para sellar la nominación final de los elegidos.
Igual ocurre con la elección general. Los candidatos presidenciales tienen que ganar en cada Estado por voto directo y por delegados. En contadas ocasiones un candidato ha sido elegido Presidente por los delegados, aunque su votación popular haya sido menor. Hay quienes reprochan esta modalidad y abogan por una sola votación popular directa en los 50 Estados.
Cuando se fusionaron las 13 colonias para independizarse de Gran Bretaña surgió el dilema de cómo equilibrar las fuerzas entre las grandes colonias como Nueva York y las pequeñas como Delaware. Se optó porque cada estado elija dos senadores y tantos representantes o diputados según la población, dividida en precintos y con cuotas porcentuales de delegados.
Si la votación fuese general, como en el Ecuador, los grandes estados liberales o de izquierda como Nueva York o California definirían los resultados. Ello no es así y la pugna se establece y mantiene entre grande y pequeños estados, unos azules, otros rojos, gracias e este sistema sui generis.
En la campaña electoral actual, el tema que se vislumbraba como principal, el de la intervención militar en Irak y Afganistán en la lucha contra el terrorismo, dejó de ser tal por los resultados positivos del incremento de tropas. Ahora nadie habla de fracaso ni de equivocaciones garrafales por parte de Bush. El tema sustitutivo es ahora la situación de la economía.
La preocupación surge del mal manejo bancario para la concesión de préstamos hipotecarios. Protegidos por los bajos intereses artificiosamente inalterados por la Reserva Federal, la banca se excedió en los créditos fáciles a prestatarios no idóneos. El mercado de bienes raíces sufrió un grave quebranto y ello repercutió en otras área de la economía, de aquí y del mundo entero.
Pero no hay síntomas de recesión, como sostienen algunos. No hay causales para ello. La producción sigue en aumento, el desempleo a la baja, la productividad está entre las más altas del mundo industrial y el comercio exterior al alza por la caída del dólar. El nerviosismo es psicológico, estimulado por los analistas agoreros del desastre.
El Presidente Bush, para contrarrestar esos efectos, ha propuesto un corte de impuestos de 145.000 millones de dólares, mediante el cual los individuos y los matrimonios recibirían entre 800 y 1.600 dólares este año para dinamizar la economía. El objetivo no es una intervención estatal para contrarrestar el influjo adverso de la burbuja resultante del crédito fácil y su subsecuente estallido, lo cual es privativo del mercado. Lo que se busca es reducir los temores y falsas expectativas que ellos sí podrían afectar a la economía global.
Si los anuncios de depresión fueran reales, nadie querría invertir en USA, como nadie en su sano juicio quiere ahora invertir en el Ecuador. Pero las cifras oficiales revelan que la inversión extranjera en este país fue el año pasado de 414.000 millones de dólares en las industrias automotriz, bancaria, agrícola y demás. Es una cifra récord, inimaginable para micro naciones como el Ecuador.
Lo que se observa en el Ecuador es un arrasamiento de todo vestigio de vida y sistema en democracia. La industria petrolera ha vuelto a caer en manos de los militares, que ya manejaron FLOPEC, Petroecuador o CEPE en tiempos de una dictadura como la de hoy, pero totalmente militar. Los resultados de la gestión de los uniformados están a la vista. Pero para corregirlos, Correa reincide en el error.
El primer signo de lo desacertado de la resolución es un contrato de 20.000 millones de dólares a FLOPEC para almacenamiento. No hay estudios, no hay concurso de ofertas, no hay posibilidad de fiscalización. La corrupción y la ineficiencia serán la sola cosecha de este capricho, como igual sucederá con la refinería estatal de Montecristi, que Correa quiere construir al alimón con Hugo Chávez.
Mientras tanto, entre bufonadas, la Asamblea Constituyente sigue resonando al toque de Correa en todo lo que a éste se le venga en gana. Le escuchó con la cerviz gacha su Informe a la Nación y sigue a sus órdenes para introducir cualquier nueva ley, reforma o nombramiento que le plazca. (El indulto a los narcotraficantes, por ejemplo, trágica forma suya de “honrar” a su padre que fue apresado por ese delito en los Estados Unidos)
La asamblea va a tornarse itinerante. ¿Lo hará en caravanas circenses, para así imitar la tónica de su jefe? Pero sería un error. La que debían hacer es ubicar a los asambleístas de manera permanente en cualquier cuartucho del ministerio de Gobierno en Quito, con Alberto Acosta como mensajero entre ese reducto y Carondelet.
Con ese ahorro, Correa y Patiño podrían continuar organizando otras bufonadas de respaldo al gobierno en los demás confines de la Patria, que “ya es de todos”, hasta que todos se cansen y decidan frenarlos para siempre.

Friday, January 11, 2008

EL MIEDO A CORREA

Da la impresión, al observar lo que ocurre en el Ecuador, de que quienes están en desacuerdo con el presidente Rafael Correa se abstienen de tomar decisiones para frenarlo simplemente porque le tienen miedo.
No está claro miedo a qué. Pero esa actitud es visible en los empresarios, en algunos políticos, en los periodistas. Si bien razonan muchas veces con brillantez para denunciar los abusos del caudillo, no dan el paso adelante hacia las acciones.
Dirigentes de algunos gremios empresariales, por ejemplo, sostuvieron con acierto que la reforma tributaria era inaplicable por injusta y porque fue aprobada por una asamblea no autorizada para hacerlo. Anunciaron un boicot, pero a última hora se arrepintieron.
En Guayaquil dijeron que pagarían los nuevos impuestos “bajo protesta” y que iniciarían un proceso para que se declare ilegal a la reforma. Todos saben que ese proceso no llegaría a ninguna parte, pues todos los organismos de reclamo están bajo control de Correa.
En Quito, el dirigente gremial respectivo llegó a la extrema ingenuidad de decir que si bien acatarán la ley tributaria, la denunciarán por violatoria de los derechos humanos ante…la OEA. Este organismo, ahora dirigido por un inepto, si llega la demanda la descartará con una sonrisa, por no ser tema de su competencia.
El caos político, jurídico e institucional que se acrecienta en el Ecuador solo podrá ser evitado por los ecuatorianos. Ni siquiera cabría pedir la ayuda al mediador de moda, el presidente venezolano Hugo Chávez, porque él y Correa son clones ideológicos, junto a Ortega de Nicaragua y Tiro Fijo de las FARC.
En cuanto a los periodistas, hay que admitir y elogiar los excelentes análisis que muchos de ellos han vertido en sus columnas sobre las contradicciones y excesos de Correa. Pero es lamentable que, enfrentados con él en una entrevista, se acoquinen y eviten hacerle pregunta sobre tantas vaguedades que da como respuestas.
Correa repite sin tregua que la “prensa” es mediocre. ¿Cuál es su definición de mediocre? En días recientes ha dicho que los medios de comunicación han sustituido a los partidos políticos que él pulverizó. Se escuda en frases como “algunos medios” o “con algunas excepciones”. Nadie le exige que tenga la entereza de especificarlos.
La asociación de dueños de medios, AEDP, se ha silenciado. Como ningún portavoz ha dado ninguna explicación, es deducible que lo han hecho por temor. ¿Tienen rabo de paja algunos de ellos, todos, ninguno? Y si lo tienen en cualquier grado ¿creen que la viperina lanza fuegos de Correa llegue a quemarles dicha paja?
Esa misma organización ha enmudecido ante las incontables acusaciones sin pruebas que el gobernante ha esparcido contra varios (o todos) de sus miembros en torno a la supuesta complicidad con los bancos y demás empresarios para distorsionar los objetivos, hechos y declaraciones del gobierno. La oligarquía (con la prensa como su portavoz), ha dicho, ha reemplazado de facto a la partidocracia.
Un canal de TV, que por excepción fue identificado por Correa, tardó días en desmentir acusaciones de que no paga impuestos por fraude. Demostró que no los pagó porque experimentó pérdidas. El mandatario no les cree y a esa canal y a otros empresarios les aplicará un impuesto presuntivo a las ganancias, aunque no las logren.
Algunos asambleístas no oficialistas también están en “denial”, esto es, en actitud de negar los hechos y la verdad de los hechos. Se contentan con decir que han influido para que el proyecto tributario original sea aprobado con algunos cambios “importantes” como bajar el impuesto a las herencias del 70% propuesto, a “solo” 35%.
Si esa sensación de complacencia es sincera, entonces el bloque asambleísta no oficialista ha caído en la trampa de Correa y se ha convertido en cómplice de sus actos dictatoriales que aplica a través de la asamblea, como si ésta fuese una oficina lateral del ministerio de gobierno para el trámite de sus caprichos.
El bloque de oposición debería renunciar. De otro modo pasarán a la historia como lo que aparece que son: parte activa de una Asamblea espuria. Dos asambleístas ya dimitieron por razones de este tipo. Se anuncia que Álvaro Noboa y su mujer serán destituidos por negarse al pago de una multa impuesta por otra agencia dócil al gobierno, el Tribunal Electoral.
¿Qué esperan los de la oposición? Es evidente que carecen de fuerza ante a la mayoría, como lo demuestran la aprobación de la ley tributaria o el fiasco de Dayuma o la más reciente afrenta antidemocrática de Correa de prohibir el tránsito de los alcaldes hacia la ciudad de Montecristi.
Una demanda de inconstitucionalidad por los “plenos poderes” que asumió la Asamblea fue negada por el Tribunal de Garantías Constitucionales, sin necesidad de consultar al Gobierno. Ahora la Asamblea estudia el proyecto para “blindar” a esta entidad y al Ejecutivo frente a futuros reclamos por sus acciones y resoluciones. ¿Qué papel pretenden jugar los oposicionistas en esta zarzuela?
En un discurso ante periodistas titulados y agremiados, el presidente Correa presentó un cuento de hadas sobre la economía en el primer año de su administración. Manipuló cifras, distorsionó conceptos, pidió disculpas por usar por momentos lenguaje técnico o “kikuyesco” y tuvo la desfachatez de sostener que en el 2007 el crecimiento económico en el Ecuador no fue del 2.6%, de los más bajos en Latinoamérica, sino del 4.4%. Claro, no explicó nada.
Ningún periodista le planteó preguntas o no se las incluyó en las reseñas. Por tanto, nadie le hizo notar que lo único que creció en el 2007 fue la burocracia y el gasto fiscal. El número de burócratas pasó de 310.412 a 321.196. Este año el pago de sueldos será de 3.477 millones de dólares, equivalente al 34% del Presupuesto General.
Por allí se añade el dato de que el repetitivo uso de los Decretos Leyes de Emergencia por parte de Correa le significó al fisco un gasto fuera de Presupuesto de 675 millones de dólares, que nadie fiscalizará. ¿O querrán hacerlo los asambleístas de oposición? Pero ¿dónde? ¿Ante la OEA?
El presidente Chávez logró de su coideario Tiro Fijo la liberación de dos rehenes. Todo el mundo está feliz de que esos pobres seres humanos hayan alcanzado la libertad. Pero todo el mundo reflexiona, también, que aún hay 3.000 ciudadanos más detenidos por la FARC como rehenes en espera de rescate pecuniario o político.
Chávez, con su ego multiplicado ad infinitum por sus fans de dentro y fuera de Venezuela ha sugerido hoy que a las FARC y FLN se les retire el calificativo de terroristas y se los cambie, como quiere Rafael Correa, por el de luchadores por la libertad o insurgentes. La respuesta está implícita en la lectura del relato hecho por una de las rehenes liberadas a Radio Caracol y que transcribe el diario El Universo.
¿Dónde están los “defensores de los derechos humanos” que tantas lágrimas de protesta derramaron cuando se divulgaron las fotografías del maltrato a los terroristas apresados en la cárcel de Abu Ghraib el Irak? No dirán nada, porque las FARC, Chávez y Correa están unidos con ellos en la "lucha bolivariana" contra el imperialismo yanqui… (A propósito, todos los jefes militares acusados de abuso en la prisión iraquí, acaban de ser exculpados oficialmente por los tribunales respectivos, tras 4 años de juicios)

Sunday, January 6, 2008

CORREA Y LOS ASESINOS DE LA FARC

Asombra la propaganda con que se rodeó al fallido intento de las FARC para liberar a 3 de los 3.143 rehenes que mantiene desde hace muchos años en algún sitio o sitios de la jungla colombiana.
La propaganda fue promovida, por supuesto, por el presidente venezolano Hugo Chávez y sus seguidores, entre ellos Rafael Correa de Ecuador. Chávez quería aparecer como el gran humanista y líder del socialismo del siglo XXI, que intercedió con éxito para liberar a los secuestrados.
El presidente Álvaro Uribe se ha mostrado siempre renuente a negociar con los narcoterroristas (que asesinaron a su padre), en la convicción de que hacerlo sería subyugarse ante un grupo fuera de la ley. Pero tuvo que ceder debido a la presión internacional y de los familiares de las víctimas.
Aceptó que Chávez, con ideología afín a la de la FARC (que busca, como él, implantar en América Latina su socialismo siglo XXI), mantenga un diálogo con los jefes de la entidad terrorista para obtener la libertad de algunos rehenes clave.
Uribe fijó reglas soberanas. Entre ellas, que las consultas sobre el avance del diálogo de Chávez se hicieran exclusivamente con él y no con terceros. Chávez incumplió al hablar directamente no con él sino con jefes militares de Colombia.
Ante ello, Uribe dio por terminado el intento. La maquinaria propagandística acusó al mandatario colombiano de haber buscado deliberadamente el fracaso. Se lo calificó de inhumano, de siervo del imperialismo yanqui y demás epítetos izquierdistas.
Nuevamente hubo presión y Uribe aceptó que se reanude el diálogo liderado por Chávez. Esta vez, la maquinaria propagandística cantó victoria y para solemnizar la ceremonia de entrega de los 3 secuestrados en algún lugar de la selva colombiana, se invitó a devotos del caudillo venezolano, inclusive el ex presidente de Argentina, aún en el poder a través de su mujer.
Y, por cierto, a delegados de los gobiernos de Nicaragua, Bolivia y Ecuador. Por este país concurrió Gustavo Larrea, el ministro de gobierno al que Correa canceló por inepto en el manejo de las protestas en la zona oriental de Dayuma, que culminó con el aplastamiento militar ordenado dictatorialmente por el gobernante ecuatoriano.
Pero toda la tragicomedia se frustró a última hora, justo cuando los apologistas de Chávez se aprestaban a abordar los helicópteros para asistir a gran ceremonia final de la entrega de rehenes. ¿La causa? Una mentira más de la FARC, esta vez motivada por un niño, el ahora célebre Emanuel.
El niño era uno de los 3 rehenes a ser liberados por el acuerdo con Chávez. Pero resulta que el niño, nacido de Clara Rojas y un terrorista, había sido devuelto por la guerrilla tiempo atrás debido a que las FARC no quieren tener a los niños fruto de las relaciones voluntarias o no de su gente.
Los niños incomodan. La FARC no los quiere, a menos que sean rehenes y puedan rendir ganancias pingües con los pagos por sus rescates. Para evitar nacimientos, exigen la toma de anticonceptivos a niñas tan tiernas como de 12 años. Si el embarazo se produce, la madre debe abortar o morir. Si de todos modos hay el nacimiento de una criatura, un consejo decide si mantenerlo con vida o no. Si sobrevive, es expulsado. Tal fue el caso de Emanuel. Si el niño regresa a ver a sus padres, se lo ejecuta.
La intentona de Chávez ha fracasado, una vez que las autoridades colombianos probaron con exámenes DNA que el niño era realmente Emanuel. La FARC admitió el hecho, aún cuando ha declarado que Emanuel no fue liberado sino “secuestrado” por el gobierno de Uribe.
Si la mediación de Chávez culminaba con la liberación de los rehenes, la propaganda chavista la habría magnificado como otra gran conquista del filósofo del socialismo del siglo XXI y como una derrota para el gobierno pro yanqui de Uribe. Pero ¿de qué tenían o hubieran tenido que ufanarse Chávez y sus “fans”?
Según datos oficiales que publica el diario The Miami Herald, las FARC han apresado solo desde 1996 a 23.401 personas. De éstas, 12.981 han quedado libres previo el pago del rescate y otras 3.143 aún permanecen detenidas. El 79.7% es masculino, con edades entre 30 y 65 años.
Hay otras cifras: aunque se desconoce la ocupación del 28%, se sabe que el 11.8% tenía pequeños negocios o tiendas, el 10.9% es de niños y el 6.4$ es de gente que vivía de salarios. Además, hay un 4.5% de empleados públicos y 4.1% de hacendados.
En otras palabras, estos bandoleros que dicen luchar por mejorar la condición de la vida de los colombianos, en realidad los atormentan: apresan, matan y extorsionan a gente común. Para aumentar sus ingresos se han aliado a los narcotraficantes y juntos cometen crímenes de terror desde hace ya 50 años, casi tantos como los que tiene Fidel Castro en Cuba.
Rafael Correa jamás ha condenado a las FARC. Inclusive anunció que no los llamaría por su nombre, narcoterroristas, sino como luchadores por la libertad. Hubo una sola y breve discrepancia, cuando acusó a la FARC por los disturbios de Dayuma. Pero fue efímera, pues no vaciló en enviar a Larrea para que se sume al coro apologético de Chávez en Colombia.
Las fuerzas armadas en el Ecuador nada han dicho sobre el tema. Están sometidas en todo a Correa y sus no ocultos propósitos de conducir al país al socialismo del siglo XXI. ¿Estarán preparados para cuando llegue el socialismo y se conviertan en el nuevo Ejército Rojo como instrumento clave para la Revolución?
Correa sigue arrasando con toda oposición. De modo muy sagaz, adula a los militares con la entrega de las obras públicas viales y el control de Petroecuador. Iguales acciones de adulo se observan con la Policía. El Congreso ya dejó de existir y en su lugar tiene una asamblea por completo dócil a sus deseos.
Ahora se propone el imposible ir más allá y eliminar el libre mercado en el comercio, la industria, la banca y la agricultura. Quiere que los precios no se auto regulen por efecto de la oferta y la demanda, sino por decreto. La inflación queda prohibida. Pero cuando el imposible se haga evidente, recurrirá a la represión para frenar el descontento y para ello cree que la fuerza pública lo ayudará sin chistar.
Pero pretender matar al mercado o ceñirlo a regulaciones fijas del Ejecutivo es un disparate. Pronto crecerán los precios como consecuencia de la falta de abastecimiento y la represión no conseguirá evitarlo. Pero si azuzará el malestar y la rebelión populares. No es especular con hipótesis, es una previsión basada en la historia.
Como pronosticando esta fatalidad, Correa ya habla de una conspiración contra él para desestabilizar al régimen. ¿Será una conspiración de los Estados Unidos, concretamente de GW Bush, como en Venezuela lo dice Chávez? Porque si él lo controla todo ¿quién conspira contra él? Ya liquidó a los partidos políticos. Desparecidos los partidos, ahora dice que la prensa es la que buscará sustituirlos para hacerle la oposición. Es otra de sus majaderías que no resiste el menor análisis.
Correa y su pandilla (¿no es de pandilleros colocar en uno y otro sitio a los protegidos, como lo ha hecho con Patiño, Larrea y otros ministros?) se verán pronto acorralados por los errores de sus acciones revanchistas contrarias al sentido común. Sobrevendrá más tarde o más temprano la crisis, el caos, la violencia y se repetirá la triste historia tantas veces vivida en Ecuador y otros países de la América Lastina que no logran madurar políticamente.