Sunday, November 5, 2017

¿UN ASESINO A LA PRESIDENCIA?

04 DE NOVIEMBRE DE 2017 4:29 AM

Friday, November 3, 2017

HASTA CUANDO LOS CLINTON

El Pesidente Bill Clinton denigró a la Casa Blanca manteniendo sexo oral con la joven Monica Lowinsky en la Oficina Oval y lo negó bajo juramento. El intento del Congreso por interpelarlo y destituirlo fracasó pero luego la Asociación Nacional de Abogados le despojó de su título por perjuro.
Su affaire con la muchacha, que hacía una pasantía en la Casa Blanca, era una más de una cadena de abusos sexuales de Bill, que incluían violaciones que fueron denunciadas y que en algunos casos terminaron extrajudicialmente con transacciones financieras. 
En todos los casos, su cónyuge Hillary criticó a las mujeres seducidas y no al agresor, calificándolas de “bimbos”. Uno y otra, además, se han visto involucrados en escándalos financieros, fraude, manipulación y abuso en las funciones públicas cuando les ha tocado desempeñar. Pero han seguido indemnes actuando en política.
Hillary perdió la nominación presidencial demócrata frente a Obama pero éste la nombró Secretaria de Estado. Desde allí, junto con Bill, se dio modos para colectar millonarios fondos para la Fundación Clinton de parte de gobiernos y corporaciones extranjeros, mediante el chantaje. Con ese dinero, ella y Bill estaban resueltos en llegar a la Casa Blanca.
Las maniobras de esos manejos fraudulentos se registraron en miles de emails que Hillary divulgaba y recibía desde un servidor privado en su domicilio en Washington, lo que prohibe la ley. Cuando fue pillada destruyó 33.000 emails y varios smartphones. El Director del FBI en el gobierno de Obama, James Comey, que simuló investigarla, la perdonó aduciendo que no halló en ella “malas intenciones”.
El segundo intento de Hillary para ganar la Presidencia fue considerada por ella y sus partidarios, incluída la prensa, como un paseo, como un paso marginal hacia una coronación segura. Surgió un pre candidato en la primaria, Bernie Sanders, socialista no afiliado al partido demócrata, que al comienzo Hillary lo aceptó como pieza para adornar de legalidad la victoria pre fabricada.
Cuando Bernie comenzó a tomar fuerza, aplicó las tenazas de la máquina Clinton de trituración. Monopolizó todos fondos del partido para si misma y fraguó toda suerte de embustes contra el rival, para debilitarlo. Los detalles de tanta ruindad comenzaron a traslucirse con el hacking de los emails de la dirección del partido por WikiLeaks y ahora una ex dirigente del partido lo confirma. 
Donna Brazile sustituyó a Debbie Wasserman Schultz como directora del DNC, cuando fue expulsada por conspirar contra Sanders. Brazile era quien iba a entrevistar a Hillary en CNN durante la campaña y previamente le entregó las preguntas, contra toda norma profesional. Hoy denuncia que el partido estaba quebrado por Obama y Hillary, pero que calló porque los comicios estabab ad portas.
Las historias de Brazile, que se reúnen en un libro próximo a publicarse, son un catálogo de nuevas infracciones a la ley de los Clinton que serían motivo de escándalo mayúsculo en los medios, si provinieran del sector republicano. La semana pasada saltó la pus de un negocio sórdido para la venta del 20% del uranio estratégico de Estados Unidos a Rusia, en el 2010.
No ha habido eco. Como tampoco que la campaña de Hillary pagó más de 10 millones de dólares para que un ex agente del MI 6 británico elabore un “dossier” con falsedades sobre Trump, supuestamente en cooperación con el Kremlin y el apoyo del FBI. Ese “dossier”, falso, ha servido para erigir una triple investigación contra el Presidente por supuesta intromisión rusa en su favor en las elecciones.
La podredumbre de Hillary, Obama y el partido demócrata se transparentó con los emails de WikiLeaks, hackeados del servidor de John Podesta, jefe de campaña de la cuasi coronada reina. Los demócratas acusaron a Trump y a los rusos del hacking. Julian Assange, jefe de WikiLeaks dijo desde Londres que no fueron los rusos y que está dispuesto a revelar la identidad a cambio de la garantía de no ser extraditado a los Estados Unidos.
Casi no hay duda de quién o quiénes filtraron los emails de Podesta a Julian Assange: fueron demócratas próximos a Hillary y a la directiva del partido, hartos del hedor de las maniobras. Así se desprende de un reportaje de diciembre pasado que publicó el diario The Washington Times, según puede leerse en este link o enlace.
Aparte de Brazile, nadie se alarma por las fechorías de los Clinton, ni siquiera los que votaron por Sanders y no por ella. Ni tampoco Sanders, el socialista no demócrata, ha querido aventurarse a decir un comentario adverso. Por lo menos Elizabeth “Pokahontas” Warren admitió que Hillary manipuló las primarias en contra de Bernie, como siempre lo había sostenido Trump.
Hay quienes especulan que Hillary, como mafiosa que es, terminó dándole dinero a Sanders para que calle. Así se explicaría que al término de la  campaña electoral, el “desprendido” socialista de Vermont haya comprado su tercera residencia, esta vez  frente a un lago y a un costo de 600.000 dólares, donde podrá descansar luego de sus fatigosas campañas en favor de los pobres.

Tuesday, October 31, 2017

LA FARSA ANTI TRUMP

Se necesita ser tozuda e irremediablemente pro Hillary Clinton para seguir esperando alguna trampa que pruebe que Donald J. Trump llegó a la Casa Blanca merced a una conspiración fraguada por Vladimir Putin, el nuevo zar de las Rusias.
Cuando Hillary, su promotor Obama, los demo progresistas y la mayoría de medios a su servicio finalmente se convencieron de que habían perdido las elecciones presidenciales del pasado 8 de noviembre, inmediatamente comenzaron a tramar la manera de invalidarlas.
Primero intentaron probar que hubo fraude en algunos conteos, pero las primeras revisiones favorecían a Trump. Luego decidieron que los votos dirigidos a Hillary, a última hora fueron malévolamente desviados por influjo ruso  en pro del magnate neoyorquino, un novato en política. 
La deducción parecía admisible, al menos para los demócratas. Solamente que surgía un problema: probar que lo hicieron Putin y sus secuaces. Fue entonces que se armó una conspiración, primero para hallar el crimen de la alianza Trump/Putin, luego para exhibir las pruebas de cómo se perpetró el crimen.
Contra toda lógica y contra lo que dispone la ley, el Director Subrogante del FBI, Rod Rosenstein, nombró como Consejero Investigador Especial a su ex-jefe Robert Mueller para que se haga cargo del caso. ¿Qué caso? Uno de simple colusión, que no es crimen en si mismo, entre los rusos y la campaña Trump.
Mueller, que tiene capacidad ilímite de acción y acceso a fondos, nombró a 17 abogados anti Trump para la pesquisa y en más de siete meses no solo que no ha encontrado prueba alguna de colusión y menos de conspiración, sino que tampoco ha detectado la existencia de un crimen que justifique la creación de su cargo.
Hay otras dos comisiones con similares objetivos, en cada una de las dos cámaras legislativas y los resultados son similares. Pero Mueller acaba de sacudir a los medios dando a publicidad las “primeras acusaciones” fruto de su investigación y todos esperaban algo sensacional. Al contrario, fue un balde de agua helada para los “progresistas”.
Inculpa a Paul John Manafort, que fue director de campaña de Trump por ocho semanas, de incorrecto manejo de transferencia de fondos de firmas rusas de las que era representante, años antes de vincularse con Trump. Tan pronto se filtraron noticias al respecto, él fue cancelado de la campaña antes de la fecha de las elecciones. 
También Mueller involucra a un individuo residente en Londres de ancestro griego, George Papadopaolus, de 29 años de edad, que aparentemente se filtró entre los voluntarios primero como experto en política griega, luego en política rusa y al que supuestamente se lo quiere hacer aparecer como el vínculo clave entre Trump y Putin.
Pocos en la campaña conocieron al griego, nunca habló directamente con Trump, jamás fue ni siquiera tramitada una propuesta de cooperación rusa. Trump lo califica de mentiroso y Mueller revela que el griego ha resuelto colaborar con los investigadores con micrófono oculto para dar nombres. ¿Alguien cree que si hubiese una sola prueba o nombre ya no se habría filtrado ello al NYT hace un año o más?
Lo tragicómico es que la investigación a Trump ha desempolvado el oscuro negocio de Obama y Hillary con los rusos para venderles el 20% del total de las reservas estratégicas norteamericanas de uranio, a cambio de 145 millones de dólares para la Fundación Clinton (“Clinton Crime Family” Foundation) más 500.000 dólares para que Bill de un discurso de 20 minutos en Moscú.
En el negociado que se perfeccionó en el 2010 participaron los hermanitos Tony y John Podesta, el primero cabildero de los rusos, el segundo jefe de la campaña de Hillary. La colusión y la conspiración, pues, se dio en el lado de los Clinton, no en el de Trump. Cuando prospere la investigación y se imponga la justicia, los culpables deberán ir a parar con sus huesos en las mazmorras.
Por añadididura, las fuerzas especiales han capturado al inspirador de la masacre de Benghazi, en que murieron carbonizados el embajador de los Estados Unidos y otros tres altos funcionarios, ante la impavidez de Hillary y en general de todo el régimen Obama. Cuya portavoz salió a mentir en los medios que la causa de la masacre fue un video que nadie vió en el Internet.
La conspiración para anular a Trump ha fracasado y solo se explica que sobreviva merced a la mayoría de medios de comunicación audiovisuales y escritos que mienten, callan o distorsionan los hechos para apuntalar la delirante obsesión de Hillary, que insiste en que fueron los rusos los que le robaron la elección presidencial.
Mientras ella se pasea por Europea para rogar que le compren su libro en que narra por qué perdió las elecciones, alguien le plantea este Enigma:
It's An Enigma

I still haven't figured out why she lost.  Was it the Russians?  Or was it WikiLeaks?  Or was it Podesta, her campaign manager?  Or Comey, the FBI Director?  Or was it her sexual predator husband?  Or was it a staff's husband Weiner’s immoral pictures in social media?  Was it subpoena violation?  Or was it the corrupt Clinton foundation?  Or was it the congressional lies?  Or was it the Benghazi bungle?  Or was it pay for play?  Or was it travel gate scandal?  Or was it Whitewater scandal?  Or the Cattle Gate scandal?  Or the Trooper Gate scandal?  Or was it the $15 million for Chelsea's apt. bought with foundation money?  Or Comey's investigation?  Or her husband’s interference with Loretta Lynch and the investigation?  Or was it stealing debate questions?  Was it forensically deleting 30,000 emails?  Was it the Seth Rich murder?  Was it calling half the USA deplorable?  Was it the underhanded treatment of Bernie Sanders?  Was it the Vince Foster murder?  The Jennifer Flowers assault?  The Jennifer Flowers settlement?  The Paula Jones law suit?  The $800,000 Paula Jones settlement?  The lie about taking on sniper fire?  The impeachment?  The 6 billion $ she "lost" when in charge of the State Department?  The $10 million Bill took for the pardon of Marc Rich?  Or maybe the $145 millions to the Clinton Foundation for allowing sale of our Uranium mines to Russia?
Gee, I just can’t quite put my finger on it, can you?   But it seems to be right in front of me!

Thursday, October 26, 2017

SI GANABA HILLARY...

Si la candidata demócrata Hillary Clinton llegaba a la Casa Blanca, el hedor del pantano (“swamp”, que dice Trump) en el que tienen sumergido a Washington los políticos del Establishment, se habría esparcido por toda la nación y acaso por el orbe.
Las tenebrosas maniobras de los Clinton que ahora comienzan a aflorar nunca hubieran visto la luz y las intrigas, sobornos, fraudes, incluso muertes incomprensibles jamás explicadas habrían continuado, como en la trama de algún drama del Medioevo.
Si ganaba Hillary, ganaba el Establishment de ambos partidos. Eso se confirma con la investigación que ahora se inicia de un “dossier” que un candidato republicano en desventaja en las primarias del año pasado (¿Jeb Bush?) pagó a un ex jefe del buró británico MI6 para que fragüe falsías sobre Donald Trump.
Ese informe fabricado costó 9,2 milllones de dólares, parte de los cuales los financió Hillary y el partido demócrata. El documento falso fue utilizado por el Director del FBI de Obama para ordenar una investigación sobre la supuesta colusión del líder ruso Vladimir Putin en favor de la candidatura de Trump.
Se nombraron dos comisiones del Congreso  y un Investigador Especial para poseguir la pesquisa. Este último contrató a 17 abogados pero tras nueve meses no hay el menor indicio de la colusión. Al contrario, con el aparecimiento del “dossier”, la colusión rusa evidentemente se dió entre Hillary y Putin con el nexo Bush.
Nada se habría conocido si triunfaba Hillary, como lo esperaban los que lo apoyaban, Obama y la mayoría de medios. Como tampoco que en el 2009 Rusia compró el 20% de las reservas estratégicas de uranio a los Estados Unidos, con la venia de Obama y la propia Clinton, a cambio de 145 millones de dólares para su Fundación y 500.000 dólaes para Bill por un discurso de 20 minutos.
La maniobra tuvo un testigo, un informante de la FBI que tenía orden de guardar silencio del régimen Obama. El actual Director de esa institución, tan ultrajada, acaba de levantar la prohibición de silencio y ese informante comenzará a delatar ante el Senado a todos los confabulados en ese acto de traición.
James Comey era Director del FBI cuando se le investigó a Hillary por el uso abusivo e inconstitucional de emails cuando era Secretaria de Estado. Aún antes de entrevistarla a ella y a otros implicados, la exoneró de culpa según de ello hay documentos. Su papel es investigar y dar cuenta de la investigación, no juzgar.
Hoy, con el nuevo régimen, se reabrirá la investigación sobre el caso de los emails y de los actos deshonestos de Comey, algo que habría quedado sepultado para siempre si ganaba Hillary. Ella destruyó 33.000 emails y varios smartphones, quebrando la ley, pero es probable que se recupere al menos parte de los documentos.
Los destruyó porque allí había constancia de que presionaba a gobiernos y coporaciones para que alimenten las insaciable arcas de la Clinton (“Family Crime”) Foundation, con miras a la candidatura presidencial que organizaba desde la Secretaria de Estado de Obama. Los senadores republicanos nunca pudieron adelantar la investigación, por el bloqueo del régimen.
Si ganaba Hillary y se posesionaba de la Presidencia, el limo pestilente y asfixiante del “progresismo” demócrata/colectivista se habría extendido por la cultura americana, minimizando cada vez las conquistas derivadas de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, plasmadas en la Constitución, indemne con 23 enmiendas desde su aprobación.
Con ayuda de los mayores medios de comunicación y el control de la educación, acaso con ella hubiese terminado por imponerse la creencia de que quienes defienden a la Constitución con su división de poderes y un gobierno por consenso, son nazi fascistas y que quienes los silencian y aporrean son “luchadores por la libertad”.
Igualmente, con Hillary, quienes en realidad son herederos del concepto de que el Estado a través de un Ejecutivo fuerte es el que debe prevalecer sobre el derecho del pueblo a escoger y elegir, se convertirían en el partido “compasivo” y de la protección a débiles, minusválidos, negros, pese a que sus ancestros fueron esclavistas y purificadores raciales.
Con el régimen Hillary, habrían cobrado fuerza los Antifa, Black Life Matters y demás grupos terroristas financiados por Soros para acallar a golpe de garrote a quienes se oponen a la “idea única” del colectivismo de raíz marxista/nazifascista, que culminaría con la revisión de la Historia y la condena al “capitalismo opresor” y al “abuso” de la libre expresión.
Inclusive, como lo predecía George Orwell, se hubiera creado para la nueva y única verdad un  nuevo lenguaje, una nueva sociedad uniforme, sumisa, "sin desigualdades". Con un comité de sabios que administran lo que la gente necesita y quiere, de modo inapelable. 
¿No fue estremecedora la escena de los cinco ex Presidentes en un festival organizado para levantar fondos para las víctimas de los recientes huracanes? Parecía que formaban el partido único del globalismo, unidos contra Trump, el “supremacista” que se niega a renunciar a la Constitución de los Estados Unidos en favor del colectivismo universal?
Pero Hillary y su aureola de azufre se perdieron, aunque tardará un tiempo hasta que se esfume su pestilencia.

Tuesday, October 24, 2017

LOS NEGROS HUMILLADOS

Uno de los dramas más lamentables y bochornosos es el que se vive en los Estados Unidos como resultado del esfuerzo más que centenario de los demócratas/progresistas por mantener humillados a los ciudadanos de la raza negra.
El último episodio fue la farsa urdida en torno a una llamada telefónica de condolencia del Presidente Donald Trump a la viuda de uno de los cuatros soldados muertos en una emboscada en Niger, tendida por terroristas musulmanes del ISIS.
El fallecido, sargento La David Johnson, era negro. La llamada se supone que debía ser íntima y confidencial y dirigida a la viuda, pero fue recibida cuando ésta iba en un automóvil con la congresista de la Florida Frederica Wilson,   ambas de la raza negra.
El teléfono tenía abierto el parlante y la congresista dice que el mensaje del Presidente fue irrespetuoso propio, según dijo a la TV, de los blancos supremacistas que oprimen a los negros. La denunciante es estrafalaria, con sombreros de paja de color cambiante, carnavalesca.
Alguien ha insinuado que se le tendió una trampa a Trump, que alguien advirtió a la viuda que se iba a producir la llamada a determinada hora para que esté acompañada de aquella legisladora anti Trump. Éste reaccionó indignado y así lo hizo también su Jefe de Despacho, el general de los Marines de cuatro estrellas John Kelly.
La viuda tardó varios días en sumarse públicamente a los agravios, indicativo de que se resistía a mentir. Pero cedió a la presión de un movimiento que perdura desde la terminación de la Guerra Civil en el siglo XIX que acabó con la esclavitud, pero no con la discriminación racial contra los negros.
Abraham Lincoln, que doblegó a los sureños demócratas esclavistas, se proponía extender los derechos constitucionales en toda su extensión a los negros luego de la victoria militar. Pero fue asesinado por un demócrata y sus sueños se frustraron. Prevaleció la prohibición del voto a los negros y el acceso a servicios de educación, transporte, hotelería, libre matrimonio.
Los negros eran de raza inferior, según la ley Jim Crow que perduró hasta el siglo siguiente. Las uniones birraciales eran prohibidas, se crearon fuerzas de choque del KKK para linchar a los negros rebeldes, surgió la idea de purificar la raza mediante la eugenesia y la eutanasia con instituciones que luego serían los Planned Parenthood para abortar negros y no blancos.
Asombra, con esa historia, que se haya producido una suerte de síndrome colectivo de Estocolomo en la mayoría de la población negra de los Estados Unidos, según la cual los secuestrados o los oprimidos se vuelven adoradores de sus opresores. Tal es el caso, por ejemplo, del senador por Maryland Elijah Cummings.
Con frecuencia se recuerdan escenas de la Marcha de Selma con Martin Luther King Jr., a las que se sumaba el joven Cummings. Se organizaban con el gran líder negro pro derechos civiles para todos como manda la Constitución, sin distintivo del color de la piel. La marcha fue disuelta a palos y gases por el gobernador demócrata de Alabama. 
El senador y muchos negros como él y la viuda del sargento y la diputada son fervientes demócratas progresistas. Acusan a Trump y a los republicanos de racistas, fascistas, neonazis, extremistas. Son los atributos precisamente que los demócratas ahora “progresistas” utilizaban desde el siglo pasado contra ellos.
¿Qué pasó? ¿A qué obedece la transición? Dinesh D´Souza, autor del libro “The Big Lie” (La Gran Mentira), Una Exposición de las Raíces Nazis de la Izquierda en los Estados Unidos, lo explica documentadamente. A la postre el marxismo, el fascismo y el comunismo tienen en común la convicción de que el Estado prevalece sobre los individuos.
Lenin admiraba a Mussolini y viceversa, más tarde Hitler se alió a Mussolini . El marxismo de Mussolini se trocó en fascismo y el de Lenín y luego Stalin en una feroz dictadura comunista, que sacrificó centenas de millones por fusilamientos y hambre. Hitler se obsesionó por la purificación de la raza y el exterminio de los judíos. En un principio fue admirado por Franklin D. Roosevelt y a Mussolini le fascinaba el New Deal.
Entre los ideólogos de Hitler hubo judíos marxistas que desertaron y llegaron a los Estados Unidos para formar la escuela Frankfurt. Con la derrota nazi, la estrategia doctrinaria de Heidegger y Marcuse cambió: no podían utilizar esa insignia para divulgar la causa marxista, pero utilizaron sus tácticas para amedrentar a los opositores republicanos e independientes.
Desde el decenio de 1960 se popularizó la creencia de que la extrema derecha reprimía al individuo con las inhibiciones sexuales burguesas de origen cristiano y sobrevino la “revolución” sexual. Igualmente se propaló la idea de que el capitalismo, el libre mercado y el libre pensamiento son insdtrumentos de opresión de los débiles, por lo que había que sustituirlos por un pensamiento y doctrina colectivistas.
La máxima “cero intolerancia a la intolerancia”, creada por Goebbels para la nazificación de Alemania, comenzó a implantarse aquí y en estos días opera con apoyo de Soros mediante Antifa, Black Lives Matter y otros que se embozan para palear y aporrear a los que disienten con la idea única. 
Los negros, por supuesto, según esa perspectiva, son víctimas del sistema y hay que tratarlos como minusválidos, subcapacitados mentalmente y asignarles privilegios especiales anticonstitucionales para el ingreso a instituciones educativas, lugares de empleo y acceso a subsidios estatales.
La izquierda progresista, de raíces nazifascistas y marxistas, se ha tomado el control de los mayores medios de comunicación, Hollywood y el sistema público de educación y ha causado inmenso daño en la cultura nacional. ¿Serán sus efectos reversibles? La elección de Donald D. Trump es alentadora.
La “biblia” de los medios impresos “liberals”, The New York Times, había predicho días antes de las elecciones presidenciales de noviembre pasado, que la candidata demócrata Hillary Clinton ganaría con el 93% de los votos. Trump la derrrotó y acaparó la mayoría en el Senado, la Cámara de Diputados y las gobernaciones y congresos estatales. 
Y se mantiene incólume en su posición de aplicar el mayor antídoto contra la izquierda de orígenes marxistas nazi fascistas: la Constitución de los Estados Unidos, que se basa en esa deslumbrante, luminosa Declaración de Independencia que dio un vuelco a la concepción de cómo organizar la sociedad, basada en  que es en el pueblo donde reside la soberanía, no en monarcas ni en círculos autócratas inapelables que controlan el Estado.

Wednesday, October 18, 2017

UNA PRENSA SECUESTRADA

En Estados Unidos, la mayoría de los medios de comunicación escritos y audiovisuales, con gigantes como el The New York Times o la CNN, se han  descarrilado y resistido a reencontrar la pista del verdadero periodismo  profesional, que es informar con objetividad.
James O´Keefe, un joven periodista que no se ha dejado arrastrar por esa corriente degenerativa de la profesión, ha emprendido por cuenta propia una cruzada de contornos épicos para desenmascarar a los medios que manipulan la verdad con un objetivo político izquierdista/progresista.
Anteriormente O´Keefe cobró fama por sus reportajes que pusieron en evidencia, mediante grabaciones audiovisuales secretas, el mercado de partes de fetos de los abortos que, legalmente y con fondos del Estado, realizan diariamente las  agencias del Planned Parenthood. El macabro mercado se concierta entre las agencias y clientes privados.
Esta vez la investigación se centra en el The New York Times, también con cámaras escondidas. Son varias entrevistas a reporteros y editores, en las que se transluce que la política del Diario no es servir de intérprete objetivo entre el hecho noticioso y el lector, sino ser un censor de la noticia para administrarla, vetarla o editarla con fines políticos.
En la última entrega de esos diálogos, la periodista del NYT entrevistada, que cree que habla off the record, estalla en odio contra de Donald Trump e inclusive contra Mike Pence, confirmando que el Diario busca presentar las informaciones de esos personajes para anularlos, primero cuando fueron  candidatos, luego como gobernantes.
La indignación de Trump contra la “gran prensa”, por la nula o maliciosa cobertura recibida, se justifica con las delaciones publicadas por el reportero O´Keefe en la serie que ha titulado “American Pravda”, en alusión al diario oficial “Verdad” del partido comunista de la extinta URSS. Lo que reclamaba y reclama Trump no es una prensa “positiva” sino objetiva.
Por fortuna y pese al poder de medios como el citado NYT, o el The Washington Post, estaciones de TV como CNN, CBS, NBC y en menor medida radios, su influjo no es total como pudo haber sido hace algunos decenios cuando reinaban solo tres estaciones de TV nacionales. Ahora existen FOXNews, otras y sobre todos los llamados “medios sociales” que han contribuído a romper el monopolio.
Un ejemplo saliente en este caso es el de O´Keefe, cuyo último video   se transcribe. Con su aporte y la entereza inquebrantable de Trump, los medios sesgados están perdiendo la batalla de credibilidad y sus suscriptores no logran expandirse más allá de los habituales, que no admiten otro pensamiento que no sea el “progresista”.
El “progresismo”, que aquí es calificado también como liberal, es una versión siglo XXI del socialismo/comunismo que afloró hace cien años y que se volvió ruso con Lenin y Stalin, italiano con Mussolini, nacional socialista con Hitler. La tendencia camuflada tiene en sus garras hoy al partido demócrata de los Estados Unidos: ganó las elecciones con Obama y casi se prolonga con Hillary Clinton.
Dicta la Historia a su modo en escuelas, colegios y universidades y de allí salen, adoctrinados, los profesores y periodistas encargados de esparcir la nueva “buena” nueva: que los Estados Unidos es causa de los males del mundo, que el capitalismo es perverso y hay que suplantarlo por el colectivismo, que hay que abolir su Constitución, que Trump es un blanco supremacista esclavista y nazista.
Son acusaciones que atentan contra el sentido común, por lo cual pronto quedarán sepultadas en el olvido. Distinta habría sido la suerte si ganaba, como lo vaticinaban todos los medios demócrata/progresistas, Hillary o su coideario Bernie Sanders. Pero quien salió victorioso es Trump y con él la ideología verdaderamente liberal y demócrata que ha hecho grande a este país.
Cuán distinta la suerte de otras naciones, donde la libertad parece que fuera dada por los gobiernos como una limosna y no como un derecho consustancial a la soberanía popular. En el Ecuador, por ejemplo, Correa implantó una ley de prensa o ley mordaza que implica pre censura del gobierno para repartir libertad de información con cuenta gotas, conforme a los caprichos del gobernante.
El proyecto de ley fue aprobado siguiendo los procesos reglamentarios, sin protestas visibles ni válidas de periodistas, ni de sus gremios, ni de los empresarios de los medios. La humillación es total y ha sido bienvenida por los humillados. Suerte que la situación sea distinta en este país. 

Monday, October 16, 2017

UN "FASCISTA" LEGALISTA

Los demócratas progresistas y los republicanos que les hacen el juego se están quedando sin argumentos para tratar de justificar sus ataques contra el Presidentre Trump, en sus vanos intentos por torpedear su gestión.
La cada vez más debilitada acusación de que ganó la Casa Blanca con apoyo del Presidente ruso Vladimir Putin ha cedido paso a la violencia de los grupos autodenominados antifascistas y anti supremacistas, que han querido identificar a Trump como neo nazi.
El tema se exacerbó con el incidente de Charlotteville, Virginia, cuando hubo enfrentamientos entre grupos antifascistas y otros que se oponían a la destrucción de un monumento al general Robert E. Lee, que comandó las fuerzas sureñas en la Guerra Civil.
La gresca dejó un muerto. Trump criticó, con razón, que la violencia vino de las dos partes y que ambos eran igualmente condenables. Fue criticado incluso por gente de su partido, por no haber cargado toda la culpa a la facción que se identificaba con del general Lee.
Los manifestantes argüían que el monumento es Historia, sin defender la posición esclavista del Sur, dominada por los demócratas. Ellos tenían permiso para expresar su protesta, que no la tenían grupos como Antifa (antifascista), que enmasacarados blandían garrotes para castigar a sus opositores.
En el caso de Charlotteville, como en tantos otros Trump, se alineó con la ley. Los grupos supuestamente antifascistas originaron la violencia en el campo y debieron haber sido frenados a tiempo por la policía por carecer de  autorización y por estar embozados, lo que es ilegal.
Igual está ocurriendo en el plano internacional. Corea del Norte ha evadido el cumplimiento de los acuerdos con Naciones Unidas y ha desarrollado un armamento militar que amenaza con convertirse en nuclear, con la venia e incluso la ayuda de los anteriores presidentes norteamericanos y aliados.
Esa complicidad Trump ha resuelto terminarla con una efectiva diplomacia que ha logrado el respaldo unánime no solo del Consejo de Seguridad sino prácticamente de todas las naciones, para cercar al tirano y obligarlo a terminar con su amenazante programa nuclear.
Parecida estrategia está aplicando con Irán y el acuerdo que firmó con Obama para desarrollar en secreto su poder nuclear en diez años, con la ayuda financiera de 1.500 billones de dólares, incluído un embarque aéreo con dinero cash. El acuerdo debió pasar por el Senado, pero Obama lo esquivó con la complicidad del senador republicano Bob Corker.
El acuerdo no fue ratificado por Trump, quien lo puso en manos del Congreso para que lo estudie y se pronuncie, como manda la Constitución. Corker buscaba la reelección en Tennessee, pero la retiró luego de que el Presidente le negó su respaldo por su paticipación en el Acuerdo con Irán. Ahora Corker, que renunció a la reelección, es anti Trump.
Siempre en búsqueda de aplicar la ley, Trump confiaba en que el Congreso anularía el Obamacare ipso facto, por quebrado y por inconstitucional y porque los republicanos en ambas Cámaras, en las que son mayoría, habían hecho promesa unánime de anularla durante la campaña electoral (y que votaron 61 veces en contra durante siete años). No fue así, debido a la traición especialmente del senador John McCain.
Dado que el proceso de anulación quedó aplazado para el próximo año, el  mandatario tuvo que decidir qué hacer con la quiebra de la ley causada por la falta de asociados al Obamacare, por impago, por alzas en primas y otras causas. Obama mintió al decir que los costos se reducirían: ocurrió lo contrario.
No hubo suficiente número de jóvenes afiliados, que prefirieron pagar o no  la multa, lo que desfinanció la ley obligatoria. Durante su mandato, Obama optó por subsidiar a las aseguradoras, con fondos asignados sin autorización del Congreso, violando la Constitución. (Como se la violó con la obligatoriedad de adquirir pólizas).
¿Qué es lo que hizo Trump? Ordenó cancelar el pago de esos subsidios, por inconstitucional. Es lo mismo que hizo al no prolongar la protección de Obama a los “dreamers” (que llegaron de niños a este país junto con sus padres por la vía ilegal). En ambos casos, subisidio para el Obamacare y “dreamers”, será el Congreso el que se pronuncie.
Mientras tanto, el Presidente abre las fronteras para la libre competencia entre aseguradoras de salud, para que la gente opte por los mejores precios del mercado nacional. Para ello puede asociarse y reducir costos. En concordancia, se levanta la obligatoriedad para la adquisición de pólizas y se elimina la pena de multas.
El objetivo de Obama (y el de Hillary Clinton y Bernie Sanders y demás demoprogresistas)  era la socialización de los servicios de salud, con un solo proveedor, el Estado. El paso dado por Trump es en la dirección contraria, el fortalecimiento del sistema de competencia de mercado como mecanismo óptimo de mejora de servicios y precios. 
Ciertamente el debate en el Congreso no debió centrarse en “abolir y reemplazar” al Obamacare, sino simplemente en “abolir” ese instrumento  encubierto orientado a destruir el sistema preexistente de libre mercado, que ha probado ser el más eficiente del mundo. Con deficiencias y vacíos que había y hay que superar, pero  para perfeccionarlo, no para destruirlo. 

Extraño fascista, neonazi, supremacista, misoginista este señor Trump que no  deja de decir que su preocupación máxima es cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, mandato que su antecesor ignoró. Y que ha propuesto como jefe de seguridad de la nación, Homeland Security, nada menos que a una mujer: Kirstjen Nielsen.