Friday, February 21, 2014

¿SE RUBORIZAN LOS ECUATORIANOS?


Con seguridad habrá muchos ecuatorianos que hayan accedido a las informaciones que estos días están difundiendo los medios audiovisuales y escritos acerca de lo que ocurre en Kiev (Ucrania) y en Venezuela.
¿Cuántos de ellos, especialmente jóvenes, sentirán rubor al comparar la reacción que en esos paíeses han generado los actos despóticos de los respectivos gobernantes, al punto que el pueblo se ha lanzado a las calles a exigir rectificaciones?
En Kiev la protesta es contra un líder que ha coartado las libertades individuales, complaciendo a Putin y frustrando el deseo de la mayoría por cimentar la independencia de Ucrania y su inclinación a vincularse más con Europa que con Moscú. Tal inclinación fue reprimida durante la URSS.
La rebelión popular se inició hace varias semanas, no obstante que en esa región se iban a realizar y se están realizando los juegos olímpicos de invierno, para lo cual Putin invirtió 50 mil millones de dólares para crear una imagen favorable a su régimen, en remedo al Hitler de 1936.
Las protestas en calles y plazas fueron duramente castigadas por las fuerzas policiales y militares, no obstante lo cual no amainaron. Ahora se anuncia que el autócrata ha cedido, que adelantará las elecciones para ser sustituído a fines de año y que se convocará a una reforma constitucional para impedir a futuro más acciones despóticas.
En Venezuela la rebelión popular contra Maduro, el títere insufrible puesto por Chávez, continúa y al parecer solo terminará con la expulsión de quien ha pervertido la función presidencial en esa nación. Venezuela está en ruinas en lo económico, político y de dignidad nacional. La degeneración la inició Chávez, pero Maduro la pudrió.
La rebelión, en los casos de Ucrania y Venezuela, la iniciaron los jóvenes y  particualrmente en Caracas los estudiantes. Pese a la represión, también en el caso venezolano se vislumbra una resistencia que podría echar abajo a un régimen corrupto, sobre todo si se consolida el liderazgo de Leopoldo López, quien acaba de entregarse voluntariamente a los gendarmes de Maduro.
López, graduado en Harvard y que ha ocupado la alcaldía más importante de Caracas, hasta que el régimen le prohibió terciar en más elecciones de votación popular, luce mucho más brillante, resuelto y convincente que Henrique Capriles, quien no obstante tuvo un papel loable de oposición a Chávez y Maduro.
Cuando los ecuatorianos lean lo que está sucediendo en estos dos puntos de rebeldía ¿podrán contener su vergüenza al comparar lo que por allá ocurre con lo que ha pasado en el Ecuador en los últimos siete años de Rafael Correa? En el Ecuador no solo que no ha habido una reacción popular relevante: el 80% de la población lo respalda.
Correa no necesitó de armas para dar un golpe de Estado que transforme a la nación y le conceda todos los poderes. Le bastó su verborrea de arrabal y un hábil manejo de hombres sin espina dorsal para imponerse. Al inicio de su primer mandato disolvió el Congreso, convocó a uno dócil a sus designios y obligó a que expedan una nueva Constitución ad-hoc.
Como Chávez,  Correa podría gobernar hasta cuando le plazca, a menos que le ataque un cáncer o se estrelle en otro vuelo en el nuevo helicóptero presidencial. Le basta con desearlo y armar la trama para ser reelegido en cualquier instante de farsa electoral. 
Ahora está preocupado porque podría perder la Alcaldía de Quito. Allí quiere ser reelegido un sumiso a Correa quien se ha lanzado en forma repugnante a apoyarlo, inclusive con la audacia de dejar de gobernar con licencia -que nadie se ha atrevido a objetar. Pero su campaña noi se limitó a Quito, sino que se extendió a todo el país.
Los comicios se realizarán el próximo domingo. Por lógica y dignidad, la mayoría de votantes debería expresar su rechazo a la presión obscena de Correa, no reeligiendo al alcalde Barrera. Pero si tal ocurre, nada extraño sería que haya manipulación en el conteo de votos, sobre todo en lo concerniente a nulos y blancos, cuyas regulaciones son confusas.  
Mas si las encuestas son verosímiles, el pronóstico debería favorecer a Barrera y así le ahorrarían maniobras a Correa. El gobernante seguiría campante, feliz de que las armas hayan sido sustituidas por votos para confirmarle en el poder omnímodo, por tiempo virtualmente indefinido.
Para cumplir sin tropiezos en esa misión ha logrado anular todo vestigio de oposición de los partidos políticos y del periodismo. Las pocas voces rebeldes han sido acalladas con decisiones seudo legalistas que implican multas, rectificaciones humillantes y que, en muchos casos, han culminado con separación la de los medios e incluso el exilio de los columnistas atrevidos.  
Para garantizar el silencio de los medios, dispuso además que se cree una ley que regule el ejercicio de la libertad de expresión. La ley por cierto no regula la libertad: la suprime. Ya ha sido aplicada en dos o tres ocasiones  y lo más probable es que no haya más litigios, debido a que el miedo ha impuesto una preventiva auto censura.
Un autoritarismo sin dinero no perdura. En el caso venezolano, Chávez y su monigote contaban con el petróleo a manos llenas. Lo han dilapidado y ahora la economía está en crisis debido al gasto irresponsable y al deterioro de la producción del sector privado. En el Ecuador Correa también se ha respaldado en el petróleo.
Claro que los ingresos petroleros son en el Ecuador diez veces menores pero de todas maneras, los aumentos del precio del crudo en el mercado mundial le han permitido a Correa dilapidar también esos recursos en burocracia, gastos onerosos, obra pública sin licitaciones, subsidios injustificados. Los fondos se agostan pero él se las ha ingeniado para compensar el déficit: China.
La deuda con ese país ha crecido en miles de millones (¿6 mil, 8 mil?, sin que se sepa la cifra exacta, pagaderos a futuro y fundamentalmente con petróleo. Eso explica, por ejemplo, que la inicial retórica populista/izquierdista/ambientalista de Correa haya cambiado por una “pragmática”. El “santuario” Yasuní ya no vale la pena defenderlo, hay que pedirle a China que lo explote. 
¿Hay protestas juveniles, sindicales o empresariales contra tanto abuso y mentira? No: hay respaldo. Correa es íntimo de Viktor Yanukovych, el presidente de Ucrania e íntimo de Maduro. A lo sumo ha dicho que los conflictos en esos países deden resolverse dentro de esos mismos países, sin intervención ni consejo de nadie. Habla como Obama.  
En Kiev y en Caracas hay esperanzas de cambio. En el Ecuador, Bolivia, Argentina, Nicaragua no se vislumbra ninguna.

Tuesday, February 18, 2014

OBAMA EL INTOCABLE



Ahora resulta que el presidente Barack Hussein Obama no puede ser interpelado por sus constantes violaciones a la Constitución, simplemente porque el color de su piel es negro.
Así lo admiten incluso líderes del partido republicano de oposición, que sin embargo no cesa de señalar los múltiples yerros cometidos desde hace cinco años por este gobernante, cuya etnia en realidad es mixta (mulata).
Las violaciones a la Constitución son múltiples, pero las más notorias de los últimos días es la aplicación selectiva del Obamacare, ley cuya meta final es sustituir la actual oferta de servicios de salud privada por una única estatal.
La ley se aprobó sin un solo voto republicano y debe aplicarse a partir del 1 de enero de este año en su totalidad y no por partes al antojo y conveniencias políticas del Presidente, lo que prohibe la Constitución.
Desde que la ley comenzó a tratar de captar asociados por Internet en octubre del año pasado, fue evidente que era un desastre, no solo por la deficiente tecnología utilizada, sino por el fondo de la propuesta. Cerca de seis millones de ciudadanos con seguro privado qudaron sin él.
Según la nueva ley, si los seguros de esas personas no tenían los mínimos requeridos, tenían que ir al mercado a negociar los nuevos seguros. Entre los absurdos exigidos, figuran cobertura obligatoria de anticonceptivos para hombres y mujeres, ginecología para hombres, gerontología para jóvenes.
Los casi seis millones afectados están en el limbo, pues no tienen opción a un buen sustitutivo. Igual conflicto enfrentan las empresas obligadas según el número de empleados a concederles nuevos seguros o pagar multas. La mayoría prefirió transformar la nómina de tiempo compleo a medio tiempo, para evitar las multas.
Los enrolados en el Obamacar no llegan ni a tres millones y de éstos en su mayoría son candidatos al Medicaid, subsidiado por el Estado. La meta de tener por lo menos siete millones de nuevos afiliados hasta el próximo mes y en su mayoría jóvenes sin siguro, será inalcanzable. 
En tales condiciones la estrategia demócrata es recurrir al subsidio con el objetivo final de implantar el seguro estatal obligatorio para todos, lo que eliminaría el mercado privado de servicios médicos que ha sido el motor de las innovaciones y de la calidad sobresaliente del sistema en este país.
Mientras en otros países, sobre todo europeos, se introducen reformas para corregir los graves defectos del seguro estatal unificado, ampliando las oportunidades al sector privado, Obama y los suyos, que se califican a si mismos como revolucionarios, quieren forzar al país a un retroceso en una materia en la que USA ha descollado sin rivales.
Dadas las falencias de la aplicación del Obamacare, su autor ha resuelto por propia iniciativa, sin consulta previa con el Congreso, introducir 17 modificaciones a la ley, para, entre otras cosas, aplazar hasta el 2016  a grandes y medianas empresas la obligatoriedad de cumplirla o pagar multas. 
Se trata de otra maniobra política tendiente a evitar el castigo en las urnas durante las próximas elecciones de noviembre (legisladores, gobernadores) y del 2016, cuando el pueblo decidará si apoya o no la inspiración demócrata en la conducción de este país. 
Si el sentimiento de rechazo que a estas alturas tiene la mayoría de electores se mantiene o aumenta para el día de los votos, el esfuerzo maniobrero de Obama y los suyos será inútil. Según las últimas encuestas el 71% de los que votaron dos veces por Obama (para elegirlo y reelegirlo en el 2012), se arrepiente de haberlo hecho.
Integrantes del establishment del GOP y algunos del Tea Party se asustan de actitudes como las del senador Ted Cruz, frontalmente opuestas a todo lo mal de este régimen. Creen que esa posición puede interpretarse como “racista”, dado el color de la “víctima”, lo que ahuyentaría más a los negros y a los “independientes”.
Ese análisis es falso. A Obama hay que exponerlo y criticarlo por lo que hace y lo que dice, sin importar su raza. No hacerlo es racismo al revés. Obama seguirá contando con los votos de los negros, diga lo que diga y haga lo que haga, según han confesado. Y con el voto de los que se resisten a ver la realidad.
Ronald Reagan, ahora ensalzado casi unánimemente, ganó y fue reelecto por amplias mayorías de votos no por adoptar tácticas esquivas para seducir a los “independientes”, sino por predicar en todo momento la verdad, dicha en forma persuasiva, elegante e ingeniosa. Todo republicano votó por él y a ellos se sumaron innumerables demócratas e independientes honestos.
El próximo mes comenzará la selección de candidatos a las elecciones de medio tiempo. Si en el GOP prevalece el criterio escapista de los últimos años, no es difícil que se repitan las derrotas, pese a las ventajas obvias que al parecer tienen los republicanos sobre los demócratas y su doctrina de regresión al pasado.
Mitt Romney y antes John McCain se abstuvieron de atacar directamente a Obama en todas sus falencias y perdieron. En contraste, el líder negro que fue ungido por el clan de Chicago, abusó de su condición racial y se dedicó en las tres campañas a lanzar los más burdos ataques contra sus rivales,  en la mayoría sin fundamento.
Obama no es un rival cualquiera, no se parece a ningún otro en la historia de este país. No por el color de su piel, sino por su pasado oscuro, por su ineptitud, por su falsía constante en predicar una cosa en la campaña y hacer otra muy distinta como Presidente. 
Su especialidad no es la de abogado constitucionalista, sino la de agitador comunitario. Como tal, quiere promover desde la Casa Blanca la agitación para transformar al país en una sociedad socialista en la que los derechos individuales se esfumen, para dar paso al autoritarismo de Estado.
Hace pocos días, en las “propias barbas” de los legisladores reunidos en Pleno les dijo que si no aprobaban leyes como él las quería, gobernaría sin ellos y con decretos ejecutivos. Lo está haciendo con el Obamacare. Y seguirá haciéndolo armado “de un teléfono y un lápiz” como gráficamente lo dijo en una entrevista.
Cuando acompañó a su coideario Hollande, presidente francés, a visitar el museo Monticello de Jefferson, Obama dejó escapar algo que refleja muy bien sus sentimientos y egolatría. Al desobedecer alguna inocente regla del guía, dijo: “Es lo que me encanta de ser Presidente, puedo hacer lo que me da la gana...”
Es lo mismo que piensan, hacen y a veces dicen también jefes autoritarios de naciones especialmente tercermundistas como Correa en Ecuador o Maduro en Venezuela. Pero en los Estados Unidos la situación es otra, por lo menos hasta hoy: un jefe de Estado no puede ni debe hacer lo que le da la gana, sino ceñirse a lo que la Constitución le permite hacer.
No está en su capacidad ni juzgar ni legislar, sino específicamente cumplir y hacer cumplir las leyes provistas por un Congreso cuyos integrantes son elegidos por voto popular. Tampoco es su facultad interpretar las leyes ni menos aplicarlas selectivamente. La tarea de juzgar es exclusiva de jueces y juzgados, supuestamente independientes.
Dado el desastre del Obamacare, ahora los demócratas intentan desviar la atención hacia la necesidad de acabar con la desigualdad de los ingresos. Es otra falacia socialista/fascista. No hablan de igualdad de oportunidades, sino de igualdad de resultados. Y para ello buscan redistribuir los ingresos para enriquecer a los pobres y empobrecer a los ricos.
Es una de las más perversas utopías de esa facción, ahora en el poder. Nada en el planeta tierra es igual. Todos los seres humanos son distintos e inclusive todo es distinto en cada ser. Nunca firmamos igual, cada diente es diferente, cada cerebro piensa con su individualidad. Igual en el reino de animales y vegetales, en las olas del mar, en los bosques.
Una humanidad homogénea, como Orwell visualizaba ficticiamente, es un imposible. Y nada mejor que sea así, pues la falta de contrastes haría la vida insufriblemente aburrida. Lo que si es deplorable y condenable es que existan barreras que obstruyan a los seres humanos, sin importar su género, raza e idiosincracia, el aprovechamiento al máximo de sus cualidades en una libre búsqueda de la felicidad.
No sería aventurado sostener que la “lucha eterna” de la humanidad es la de alcanzar un sistema ideal de convivencia que permita desarrollar con libertad esas virtudes inmersas en cada individuo. Hasta la fecha, el sistema más próximo a ese ideal es el democrático.
Cuando Obama quiebra la Constitución y amenaza con “hacer lo que le da la gana”, no actúa como demócrata. Hay que frenarlo. Y no como aconseja el establishment del GOP, sino de manera frontal, a la Reagan cuanto más que, como lo dice Obama, los republicanos no son sus adversarios sino sus enemigos.
Obama está enfrascado, pues, en una guerra para liquidar a su enemigo. No es una simple campaña política más entre ciudadanos de distinta ideología. A un enemigo de esta calaña, que ha prometido “transformar” a este país de modo radical, no se lo derrotará con almíbar, ni circunloquios, ni eufemismos. Se lo va a derrotar con la verdad simple y desnuda.

Friday, February 7, 2014

EL GOP Y LA INMIGRACIÓN


Todavía la gente sigue especulando acerca de las posibles causas por las cuales fue reelegido el presidente Barack Hussein Obama en el 2012, pese a que sus primeros cuatros años de gobierno habían llevado a los Estados Unidos al más alto nivel de desempleo y deuda pública.
Durante la campaña para la reelección, no prometió ningún cambio en su estilo ni en su propósito de ahondar la “transformación profunda” de este país, entendida como un alejamiento de los principios sustentados en una democracia de amplias libertades políticas y económicas.
Esa transformación se tradujo en una intervención cada vez mayor del Estado en la vida cotidiana de los ciudadanos, lo cual ha acarreado una absorción creciente de recursos fiscales en buroracia y en proyectos nada rentables, factores que han incidido en el debilitamiento del sector privado, la inversión y el empleo.
Lo obvio era suponer que la mayoría de electores repudiaría a Obama por sus políticas (no por su condición racial mixta, como aseveran algunos). Los resultados de la mala gestión estaban y están a la vista, sobre todo porque no se crean empleos, aumentan los subsidios de alimentos y no hay perspectivas de rectificación sino de ahondamiento de errores.
Para muchos, el factor determinante de la victoria fue la debilidad del contendor, el republicano Mitt Romney. Se le acusa de no haber utilizado armas legítimas para proyectar al electorado las falencias y falsías de Obama, como en el caso del más fresco de los escándalos a la época culminante de la campaña, el ataque terrorista de Benghazi del 11 de septiembre del 2012.
Romney, en el segundo de los tres debates por TV y luego de haber vapuleado a su rival en el primero, se negó a acusarlo de responsable directo de la masacre, en la que murieron el embajador en Líbano y tres otros diplomáticos y militares a manos de una horda terrorista, que no tuvo la resistencia armada denegada por Obama.
Nadie ha planteado a Obama por qué se inhibió de decir cosa tan obvia en esa entrevista y él jamás lo ha explicado de mutuo propio. Pero lo cierto es que quienes lo observaron en esa ocasión, suspiraron diciendo: “la pelea está perdida”. El tercer debate lo probó, al ver enfrentados a un Obama envalentonado y a un Romney en retirada.
Otros sostienen que aparte de la falta de un líder de mayor robustez, influyó el hecho racial. Todos los ciudadanos de la raza negra votaron por él, sin reflexión ni análisis de su conducta. Obama es negro (mulato) y votamos por él a como de lugar, parecía ser el consenso unánime de sus congéneres de raza.
Pero no fue solo la minoría negra la que votó hechizada por Obama. Hubo otra minoría significativa que lo hizo: la hispana, la proveniente de México y demás países latinoamericanos, que tan solo en la elección anterior del republicano George W Bush inclinó su voto por el GOP.
Sin duda la explicación de este fenómeno debe hallarse en la actitud obcecada de una fracción del partido republicano, que no quiso ni quiere saber nada de proponer una fórmula factible que de curso a la legalización de 11 o más millones de inmigrantes que están en el país sin documentos.
La existencia de los indocumentados es algo real, no una ficción. No cabe ignorarla ni tampoco sugerir soluciones al problema que no son tales. El propio Romney, en la campaña, llegó a plantear la repatriación voluntaria a los ilegales, para que retornen “una vez cumplidos con los requisitos de ley”. Una idea cantinflesca.
George W Bush comprendió que no cabía esquivar el problema y propuso una reforma a la ley sensata y comprensiva. Pero como era del GOP, los demócratas se opusieron, lo cual era de esperar. Lo que si fue inesperada fue la obstrucción irrazonada de muchos de los propios líderes del GOP.
En tales circunstancias Bush, un republicano demócratico, retiró el proyecto, lo que contrasta con la conducta de Obama, demócrata poco demócratico, que utilizó todos los recursos legales e ilegales a su alcance para lograr que se apruebe el Obamacare, al cual se oponía y opone el GOP y más del 60% del electorado. No hubo un solo voto republicano a favor, algo sin antecedentes en la historia política de este país.
El GOP perdió la oportunidad de marchar con Bush hacia la rectificación de los vacíos de la ley inmigratoria, con lo cual hubiera continuado con el respaldo de esa minoría que ya es la mayor entre las minorías incluída la negra. Los ilegales no votan, pero si sus familiares.
La oportunidad perdida por la GOP ahora está en manos de los demócratas, que basan su propuesta en lo esencial en la misma de Bush. En suma, se trataría de reforzar el control de fronteras y al mismo tiempo idear un mecanismo de paulatina transición hacia la legalidad de los ilegales, incluídas multas y otros requisitos.
Ciertos líderes del GOP y comentaristas de esa línea afirman que eso equivaldría a conceder nuevamente la amnistía a los ilegales, en perjuicio de los que esperan la ciudadanía o ya lo hicieron, sujetándose al trámite de las leyes vigentes. Primero, dicen, resguardemos las fronteras.
Se refieren a la frontera terrestre con México. Se han invertido billones de dólares en construir paredones y sistemas electrónicos de control, pero poco positivo se logra. La mayoría que inmigra (salvo narcotraficantes y terroristas) busca trabajo que no existe o es precario en sus países de origen y muchos quisieran no quedarse sino ir y venir por temporadas.
Ello ha estado ocurriendo normalmente desde hace algún tiempo, hasta que advino el abuso. Lo lógico es, pues, regular con eficiencia el flujo de inmigrantes, legalizar su ingreso, garantizar el control de su destino y de su posible temporalidad o deseo de residencia plena. La medida no es solo compasiva, es pragmática y de beneficio mutuo para los que buscan trabajo y para los que necesitan de su mano de obra.
Cuando el republicano Reagan decretó, él si, la amnistía a los ilegales en 1986, lo hizo justamente con la esperanza de que en el futuro la llegada de inmigrantes siga por cauces racionales y controlables. Pero no ocurrió tal y la responsabilidad recae por igual en regímenes y congresos tanto republicanos como demócratas. 
Consecuentemente, es obligación de ambos partidos cooperar para una solución viable. No la deportación voluntaria o forzada, porque es ilusa e irrealizable. Ni el aplazamiento indefinido “hasta que se cierren las fronteras”, no solo porque es imposible con la línea de 2.000 millas con México sino porque hay otras intapables por aire, agua y con Canadá.
El GOP dejó solo a Marco Rubio, el joven líder republicano que, como hijo de inmigrantes cubanos, quiso aportar algo en el caso. Por desgracia, quedó envuelto en las garras del demócrata Charles Schummer y otros de su laya y el proyecto derivó hacia fines exclusivamente de beneficio para ese partido. Rubio se eclipsó tras esa aventura.
Luego han surgido otros republicanos, encabezados por el líder de la Cámara de Representantes, John Boehner, con una propuesta que simplifica el proyecto demócrata, lo encauza más en la línea Bush y despeja toda duda de que los demos concedan la amnistía ya, para conseguir más votos de los ilegales (que no pueden votar, salvo con fraude).
Pero la obstinación persiste. Rush Limbaugh, la estrella de radio del ala conservadora ha llegado a decir que la contrapropuesta republicana solo persigue distanciarle más al electorado noteamericano del GOP, porque en realidad el “establishment” del GOP no quiere ganar “con mucho” las próximas elecciones de noviembre ni las presidenciales del 2016.
Sorprende que un comentarista con talento tan espléndido diga semejante disparate. Su premisa, tomada de algún columnista, es que la ganancia del GOP está más allá de garantizada debido a tantos errores cometidos por Obama. ¿Y qué pasó en el 2012? Con jugadores tan avezados como Obama y su pandilla, nadie puede estar seguro de ganarlo.
El Wall Street Journal publicó el artículo de un especialista que sostenía que si el peor temor del GOP es a la amnistía de 11 millones o más de ilegales, pues su obecada posición lo que va a conseguir es precisamente la amnistía de facto, por inmutable, de esa millonada de personas ilegales.
Entre los opositores a un entendimiento figuran muchos cubanos que prefirieron exiliarse a USA antes que sacrificarse y establecer la resistencia en su país. Pero también irrita que entre los críticos se incluya a jefes de Estado de los  países de los que fugan los ilegales.
Nadie, salvo excepciones, decide emigrar si las condiciones de vida en su habitat son aceptables. Una de las peores sanciones en Grecia era el ostracismo. Los individuos huyen para mejorar. Nadie emigra a Cuba, por ejemplo, ni a Venezuela, Norcorea o países similares. Lo hacen hacia zonas prósperas y libres y la meta principal es USA.
Los Estados Unidos han sido el país más generoso y hospitalario de la historia y en la cual, por su sistema y cultura políticos, más oportunidades de prosperar ha ofrecido a los inmigrantes. La corriente migratoria no tiene que frenar, pero si regularse y controlarse y pasar por un filtro que impida el acceso de maleantes e indeseables.
Boehner acaba de anunciar que, dados los tropiezos, no cree que en este año se aprueben reformas a la ley de inmigración. Queda por verse, si se da esa circunstancia, que el vaticinio de Limbaugh (quien se vanagloria en su programa radial de acertar en el 99.7% de lo que dice) se cumple también esta vez.

Tuesday, February 4, 2014

LA OBSESIÓN POR EL PODER NO VARÍA


La condición humana, en lo esencial, es la misma desde el comienzo de los tiempos. Claro que ha habido cambios positivos sobre todo en lo que respecta al respeto a la vida, pero en general sigue la misma en cuanto a la visión sobre la concepción de lo bueno y lo malo.
Hasta el advenimiento de la cultura judeo cristiana, el menosprecio por la vida del prójimo era generalizado. Y no solo en lo concerniente a batallas y guerras, sino al sacrificio en rituales de seres inocentes, mujeres y niños o la tortura y martirologio de rebeldes o delincuentes.
Por cierto que en el transcurso de los 2.000 años de judeo cristianismo en el mundo occidental se han registrado incontables horrores de torturas y martirios, no solo de delincuentes sino de hombres de fé o renuentes a la aceptación de tiranías. Pero a diferencia del pasado, estos sacrificios no se han celebrado, al menos últimamente, con festejos populares como antaño.
Algo que permanece inmanente es la imposibilidad de que las sociedades logren estructurarse establemente con la noción de que el poder absoluto o el poder absorbente, son perjudiciales para esa buena convivencia y que hay que aplicar mecanismos para disuadir y fracturar cualquier intento por concentrar el poder, sin responsabilidad, en manos de pocos.
La lucha ha sido eterna, pero la prevalencia de esa concepción de convivencia humana ha tropezado con gente, acaso bien intencionada, que cree que las falencias siempre presentes en toda comunidad, han de superarse con gobiernos autoritarios, con limitada o nula posibilidad de réplica por parte de ciudadanos, grupos u organizaciones de culaquier tipo.
A medida que los individuos se asocian y crean comunidades y ciudades, surge la necesidad obvia de idear un liderazgo que regule y organice las relaciones internas y con el exterior. Con anterioridad a la colonización de los normandos y sajones, el ahora Reino Unido y la Republica de Irlanda no eran sino un conglomerado disperso de tribus.
Paulatinamente, con el influjo de los anglosajones, se fueron forjando formas de gobierno que se transformaron en reinados. Lo que caracterizó y diferenció a estos reinados era el afán de gobernar buscando modos de consenso con los súbditos. Esa concepción cultural heredada dio origen más tarde a la Mesa Redonda, al Parlamento Bicameral y, en definitiva, a la primera monarquía democrática de la historia.
Fue semilla para la modernización del concepto de gobernar con ideólogos como Hobbes, Rousseau y los fundadores de los Estados Unidos, primer país en aplicar el principio de la división de poderes en las tres ramas clásicas de Ejecutivo, Legislativo y Judicial. La experiencia, que muchos creen tuvo inspiración providencial, continúa sólida aunque siempre amenazada por fuerzas internas y externas.
El actual presidente, Barack Hussein Obama, pertenece al grupo que no se alinea con los principios de democracia, libertad y capitalismo, sustentos de la estructura política de los Estado Unidos y explicación del progreso constante desde que se fundó hace más de 200 años.
Sus argumentos son los mismos de todos los que creen que un régimen fuerte es necesario para remediar los males que perdurarn (y perdurarán para siempre) en la sociedad. Aparentan condolerse de los marginados y desvalidos de la sociedad, pero la receta que propungan para redimirlos invariablemente acentúan la pobreza y las desigualdades.
Casi sin excepciones, la riqueza de las naciones se ha cimentado en la captura de la riqueza de las naciones sojuzgadas por la fuerza. Eso ocurrió en Roma, donde la cultura floreció de modo impresionante con los tesoros  extraídos durante casi tres siglos de los pueblos que integraron el vasto imperio latino.
El esquema comenzó a fallar cuando estimuló el ocio y la corrupción y advinieron líderes desorbitados por el poder, como Julio César. La imparable máquina de guerra, debilitada, fue impotente para resistir la invasión de los denominados “bárabaros” y cayó el imperio. Roma y la Grecia que le precedió, no pudieron gozar de su democracia sino por un breve lapso de la historia.
Francia, cuna de Rousseau y Montesquieu, guillotinó a Luis XVI en 1789  y  tras ello advino la época de terror. Y Bonaparte que quiso ampliar su égida, pero fracasó con Rusia y Gran Bretaña. Desde entonces Francia vivió turbulencias, con restauración de monarquías, nuevas repúblicas, colonias, guerras, hasta desembocar en la democracia actual más o menos estable.
En el siglo XX hay las experiencias trágicas de las dos Guerras Mundiales  sofocadas con el aporte del principal enemigo de las autarquías autoras de esos conflictos: los Estados Unidos. En ambos casos los caudillos buscaban esparcir la felicidad por igual, a cambio “tan solo” de la renuncia de los pueblos a sus libertades individuales.
Nunca esa visión seudo protectora y autárquica ha sido fructífera. Todo lo contrario, ha empeorado los niveles de vida de todos y principalmente de los más débiles. Pero el problema se agudiza en la época actual, cuando los dirigentes utopistas y sus adláteres optan no por la imposición forzada de sus credos, sino la manipulación desde dentro del sistema democrático.
Ejemplo vívido de lo que está ocurriendo en esa dirección es Obama. Lo ha dicho en incontables ocasiones, el actual sistema en USA es opresivo y basa su potencial en la explotación de los trabajadores y la extracción de la riqueza de las naciones bajo su dominación, que según ellos es una nueva forma de colonización imperial. 
Quienes así piensan no reflexionan que la creación de riqueza en este país no ha seguido el mismo curso o diseño que otras potencias de la historia. Los Fundadores de esta nación forjaron una esturctura tal que descarte la creación de riqueza por robo como en tiempos de Roma, España o el Reino Unido y la sustituya con el esfuerzo propio. 
Quienes asi acumulen riqueza, serán exaltados como triunfadores a los que hay que imitar, no como asaltantes. Son ellos, a su vez, los que generan más riqueza con la multiplicación de empleos para la producción y el comercio de bienes y servicios. Obama  no lo entiende así y desde hace cinco años está resuelto a transformar de manera “profunda” a este país.
Si no se lo frena en noviembre próximo con las elecciones parciales para senadores, congresistas y gobernadores y en en el 2016 para designar a su sucesor, su propósito de demoler la cultura norteamericana es probable que continúe afianzándose.
Las muestras de su posición ant democrática son múltiples: la aprobación sin apoyo popular ni republicano del Obamacare; la suspensión a su antojo de cláusulas y artículos de esta ley; la elevación a 17 trillones de dólares de la deuda pública, que amenaza con quebrar la economía nacional e internacional; la promesa formal ante el Congreso de gobernar por decreto en los asuntos que la mayoría niegue; el colapso en política externa.
Son estas acciones y declaraciones las que han convertido a Obama en el jefe de Estado más impopular y antinorteamericano desde que se instauró la República con Gerge Washington el 30 de abril de 1789. La lógica indicaría que el ciclo ideológico de Obama y los suyos está condenado a la  desaparición en el 2014. Pero al parecer, la lógica no funciona con él.
 

Saturday, December 28, 2013

EL AÑO DE LA MENTIRA


El 2013 ha sido el año de la mentira. Una mentira que se ha esparcido por el orbe, incluídos los Estados Unidos que parecían no contaminables, dada la historia de sus orígenes y de su constante evolución en libertad por casi tres centurias. 
La gran mentira repite la utopía de que la injusticia propia de la relación humana en sociedad ha de desaparecer como por ensalmo mediante la aplicación de reglas autoritarias inapelables orientadas a la igualación de resultados.
La visión, que no es nueva, afirma que hay pobres porque hay ricos. Son éstos los que explotan a los desposeídos, para así incrementar sin límite sus alcancías. A fin de remediar la injusticia, dice la teoría, urge una mano fuerte que transfiera esa riqueza a los pobres y logre la igualdad.
Ese simplismo, que implica hurto de bienes y de libertad y que algunos califican de idealista, es el que orienta al jefe de Estado actual de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama y el que se advierte en un líder de infinita mayor trascendencia espiritual, el Papa Francisco.
Obama va por su quinto año de gobierno, con una reelección en el 2012 y su viaje se ha deslizado por un camino de mentiras. Mintió acerca del sitio de su nacimiento, de su documento de identidad (Social Security), de dónde cursó sus estudios y ha ocultado información clave sobre su vida en el extranjero y en este país.
En su doble campaña electoral jamás dijo con claridad las verdaderas intenciones de su promesa de “transformar” a esta nación. Si decía que lo que realmente se proponía era cambiar el modelo liberal capitalista por el estatista fascista/socialista, no ganaba en los comicios, inclusive frente a nulidades como John McCain y Mitt Romney.
Las mentiras han seguido multiplicándose en su administración. Juró Biblia en mano (la de Jefferson) defender la Constitución y las leyes, pero sus perjurios son incontables. Para eludir el escrutinio del Congreso nombró un enjambre de ministros “zares” que ejercen sus cargos con los mismos jugosos sueldos pero sin responsabilidad pública. 
Ofreció un gobierno de conciliación, pero ha sido el más displicente de los gobernantes de este país con la oposición. En cuatro años nunca logró un consenso para aprobar el Presupuesto y gobernó a dedo. Al quinto año al fin se logró un acuerdo, pero gracias a una audaz y eficiente maniobra de los republicanos.
Muchos norteamericanos votaron por él debido al color de su piel, en la esperanza de que seriviría de factor para consolidar la armonía entre  los negros y el resto de la comunidad. Ocurrió lo contrario pues Obama no perdió incidente racial alguno para ir a las cámaras y acusar sin fundamento a los blancos de “odio racial”, exacerbando a las partes.
Prometió reducir la inequidad de ingresos, pero no creando más empleo, sino con la transferencia de la riqueza de los creadores de empleo supuestamente hacia los pobres, pero en realidad hacia al fisco vía impuestos. Esa transferencia no se da, salvo con subsidios al desempleo que no lo solucionan, pero aumentan el gasto público y la burocracia.
Como candidato acusó a George W. Bush de inmoral por permitir que la deuda pública creciera a 11 trillones de dólares (con la guerra antiterrorista y la crisis hipotecaria) y prometió reducirla. Mintió, pues esa deuda ha subido a 17 trillones de dólares, con 6 millones “inyectados” por Obama y sin que haya ninguna previsión cierta para reducirla.
Como negro, más bien mulato (su padre de Kenya nunca fue víctima del esclavismo y su madre fue una blanca de Kansas), se pensaba que los de esa raza mejorarían en sus niveles de vida y empleo. Ha ocurrido lo contrario pues la tasa general de desempleo de anteaño de casi el 8% aumentó hasta el triple con su administración.
Como candidato e inicialmente como gobernante ocultó su pensamiento real sobre el matrimonio gay y el homosexualismo. Como senador por Illinois se opuso a que se salve la vida a los fetos que sobreviven un aborto y luego no ocultó su apoyo añ aborto, uno de los pocos temas en que siempre ha sido consistente. 
Ahora se ha convertido en el promotor en jefe de la opción gay en todas sus formas y en el derecho de la mujer a disponer de la vida de un ser humano que no le pertenece. Esta doctrina ha impactado especialmente en las Fuerzas Armadas, en las que se está imponiendo la feminización del personal.
La obesión del igualitarismo lo ha llevado a neutralizar el papel de los Estados Unidos como líder del mundo libre. Obama no le asigna a este país característica alguna que lo distinga del resto de las naciones por su defensa de la libertad y su participación en dos guerras mundiales y en otras para frenar la expansión de tiranías.
De otro lado, una de las ambiciones mayores en procura de la “transformación” de esta nación ha sido y sigue siendo el control estatal de los servicios de salud. La oposición a su proyecto de ley, llamado Obamacare, fue y continúa siendo mayoritario en la población (62%), pero logró que se aprobara en el Congreso sin un solo voto de los republicanos.
Cuando George W Bush quiso pasar una ley sensata de reformas a  la ley de inmigración, los demócratas y muchos republicanos se opusieron. Ante esta realidad, Bush retiró el proyecto. Igual ocurrió antes con Clinton y un proyecto socialista como el actual sobre la salud. Su cónyuge Hillary la promovió, pero fracasó y el proyecto se archivó.
Pero Obama no cree en el consenso, sustantivo del sistema. Cree en su agenda del igualitarismo como dogma y para imponerla no se para en remilgos legalistas o insitucionalistas. Se impuso con coimas, con mentiras y la aplicación inicial de la ley desde octubre, es un fracaso.
Si hubiese hecho campaña con los verdaderos alcances del proyecto, ni sus enceguecidos seguidores demócratas lo hubiesen respaldado. Por ejemplo, dijo que los costos de las pólizas bajarían y en promedio suben en el doble, el triple o más. Engañó afirmando que los que están contentos con sus pólizas actuales y sus médicos pueden conservarlos.
Todo resultó falso. El portal del Internet para optar por el Obamacare sigue defectuoso y los que logran ingresar, encuentran que las condiciones son mucho peores. Se esperaba una afiliación de 50 millones de personas y no más de 2 millones se han registrado. La mayoría es de adultos y viejos que se inclinan por el Medicaid, subsidiado por el fisco.
La idea de Obama era atraer a los jóvenes para que ayuden con sus aportes a subsidiar a los viejos, so pena de recibir multas de montos crecientes. Este concepto de obligatoriedad es contrario a la Constitución, pero la Corte Suprema, en fallo incomprensible, dijo que no lo era. Pero pese a la amenaza de multas, jóvenes sanos se niegan al Obamacare.
¿Qué pasa si fallan los cálculos de financiación por esa vía? Obama tiene la fórmula mágica: seguir elevando la deuda pública para llenar el vacío, imprimir más dinero sin respaldo, dar paso a la inflación y el descalabro. Al propio tiempo, conquistar el objetivo opuesto del proyecto: menos médicos, menos horas de atención, desaliento a la invención y la inversión en el sector.
Obama y el Papa Francisco parecen coincidir en sus críticas al sistema de libre mercado, cuando señalan que hay muchos errores que perjudican o dejan sin amparo a los más débiles. El Papa acaba de declarar en un documento oficial que esas debilidades del sistema son resultantes de un capitalismo desenfrenado, sin control.
Nadie podría alegar que el sistema capitalista liberal es perfecto. Adolece de errores como todo lo humano, pero para que funcione en condiciones óptimas precisa de leyes y reglas claras y fundamentalmente de un “fair play” o código moral y ético de conducta. Si hay carencia de estos valores, sobrevienen los abusos y los yerros. Mas la propuesta de arrasar con el sistema para sustituirlo con la utopía igualitaria es todavia un yerro mayor. 
Cuando los Estados Unidos se robustecían espectacularmente con el brote de las grandes corporaciones del acero, el petróleo, la electricidad y el automóvil a comienzos del siglo XX, el exceso de poder que adquirieron les condujo a abusos en el trato a los obreros y empleados y en maniobras no ética ni legales para aplastar la competencia.
Surgieron los monopolios y la necesidad de controlar los excesos. Nadie, como hoy, pensó en eliminar las fuentes de riqueza que tanta prosperidad habían traído a la nación, sino en regularlas. Lejos de sugerir redistribuir la riqueza acumulada con tanta inventiva y liderazgo, se decidió corregir lo que estaba mal y quebrar los monopolios. 
Quien lo hizo no fue un demócrata, fue el republicano Theodore Roosevelt quien prefirió enmendar y no alterar el sistema. Curiosamente, medio siglo más tarde, un pariente suyo, Franklin D Roosevelt, demócrata, inició la corriente estatista anti sistema, que se acentuó con su coideario Lyndon B. Johnson y que está alcanzando su clímax con Obama.  
Todo basado en mentiras. Mentiras para llegar al poder y llegar al objetivo manipulando el sistema, no para mejorarlo sino para transformarlo de raíz. No se necesitan revueltas militares, el nuevo estilo lo marcan los Chávez, Correas, Ortegas y Obamas. La historia no sirve para nada y las utopías vuelven a aflorar en sus diversas formas, derivadas de la de Platón.
Según esta tendencia, la homosexualidad no es aberración, es buena y honorable y hay que promoverla. Todos somos iguales, los valoes intrínsecos y complementarios entre lo femenino y  masculino hay que borrar. Competir es pernicioso, el Estado debe regularlo todo. El libre mercado debe quedar bajo control absoluto de una autoridad inapelable.
Nadie cede voluntariamente a sus libertades, salvo parcialmente cuando su ejercicio se encuadra dentro de regulaciones mutuamente aceptadas. La cesión forzada de libertades no siempre ocurre de manera violenta y abierta. Puede darse de manera ominosa, paulatina y artera, como en el caso de la administración actual. 
Al menos en los Estados Unidos no hay que aspirar a una rebelión armada para evitarlo. Todavía existe el recurso de la persuasión y el voto libre en las urnas. La esperanza se afinca una vez más en los comicios parciales del próximo noviembre para renovar el Congreso y las presidenciales del 2016. ¿Será posible frenar esta nueva fiebre utopista impulsada por una minoría ínfima de la humanidad?

Sunday, December 15, 2013

LA DEMOCRACIA PASÓ DE MODA


¿Está pasando de moda la democracia en el mundo? Cualquiera podría inclinarse a pensar que si, dado que se la está cercando en todas partes y que inclusive en la nación demócrata por excelencia, los Estados Unidos, su aplicación cada vez se está debilitando más.
Es un fenómeno extraño, puesto que la democracia como sistema de vida no puede ser sustituido sino con la ausencia de democracia, esto es, por una tiranía en cualquiera de sus formas, si de izquierda o de derecha  no importa: todas son iguales porque todas implican restricción o pérdida de las libertades individuales.
¿Es eso lo que quiere la mayoría de la gente, aquí y en otras partes del globo? Aparentemente si, pues tras las derrotas del nazifascismo en la II Guerra Mundial y del comunismo en 1989, la idea de que es preferible para la humanidad vivir en libertad parecería que enraizaría para siempre, pero por desgracia no es así.
En América Latina, donde ha cuajado desde la Colonia una cultura hispano árabe poco afecta a la práctica sana de una democracia, han vuelto a aflorar dictaduras ahora con el nuevo membrete de “socialismo del siglo XXI”. No son resultantes de golpes de estado militares, sino de la manipulación de precarios sistemas democráticos basados en el conteo de votos, no siempre transparente.
Las frágiles instituciones seudo democráticas han terminado por colapsar y en su lugar se han vuelto a imponer autócratas que absorben las tres funciones clásicas de división del poder. Tales son los casos de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Argentina, todos guiados por la Cuba de los Castros, dictadores absolutos desde hace casi 60 años.
Con la misma inspiración y enseñanza de que no es menester tomarse el poder por la fuerza para transformar una democracia, Estados Unidos ha sucumbido ante la égida de un caudillo que aunque improvisado, sigue a pie juntillas un plan preciso para desarticular la tradición institucional de este país.
En condiciones normales, hace tiempo que habría sido llamado por el Congreso para responder por sus violaciones de la Constitución, a fin de ser juzgado y destituido. Pero las condiciones no son normales. En la Casa Blanca está un individuo que desprecia a los Estados Unidos, porque lo  acusa de causar la miseria en el mundo, por cuyas razones hay que humillarlo y debilitarlo.
Lo está consiguiendo en tiempo récord. En cinco años de gobierno y tras su reelección en el 2012, Barack Hussein Obama ha asfixiado a la economía con más de 17 trillones de dólares de deuda, cifra que excede al total de la riqueza nacional. El endeudamiento y el gasto superfluo no paran y las prédicas en contrario y las amenazas de que los prestamistas corten el crédito, caen en el vacío.
La máquina de imprimir dinero no para con inequívocas síntomas de una  inflación ad portas que destruirá los ingresos y constreñirá más el ahorro, la inversión y la creación de empleo. La debilidad en economía significa debilidad no solo en lo interno sino en lo externo. Los Estados Unidos ha dejado de ser Líder del Mundo Libre gracias a Obama.
Uno de los ejemplos mayores del autoritarismo de Obama ha sido la manera cómo forzó la aprobación de la ley de reforma a los servicios de salud. Se valió de coimas y amenzas para conseguir los votos en el Congreso, cuyo Senado tiene mayoría demócrata. Ni un solo republicano lo apoyó. Fue vergonzoso ver a los demócratas renuentes rendirse ante la presión.
En su campaña anterior y posterior a la  aprobación de la ley, Obama mintió repetidamente acerca de su verdadero contenido. Cuando comenzó a aplicarse el pasado 1 de octubre, el sistema de solicitudes por Internet fue y sigue siendo un fracaso total. Las mentiras han continuado acerca de las razones del fracaso y de las promesas para restituirlo.
Pero aparte de los problemas técnicos de informática, lo impresionante es que las nuevas reglas para la provisión obligatoria de salud han dejado a por lo menos 5 millones de ciudadanos sin su póliza o sin sus médicos de preferencia, lo cual Obama juró que no sucedería. La opción para ellos  será optar por un seguro más caro y no acorde con sus preferencias. 
En iguales condiciones de desampara quedarían otras 100 millones de personas en el primer trimestre del nuevo año. A ello se agrega el despido colectivo de centenares de empleados. Las pequeñas y medianas empresas, con el nuevo estatuto, están obligadas a proveer de pólizas de salud a sus empleados cuando son 50 o más. Para evitar la quiebra, los empresarios se ven obligados a despidos definitivos o parciales para bajar de esa cifra.
También a partir del 2014 comenzará el éxodo de médicos porque las tablas de salarios y las condiciones con el nuevo sistema carecen de atractivo y estímulos. Las investigaciones en tecnología médica también se agostarán y al propio tiempo, cuando comience a cuajar la idea (si no se la detiene) de socializar la medicina en este país, la calidad de todos los servicios se deteriorará.
La meta es, como lo ha dicho la dirigencia demócrata, dejar trazado el sendero conducente a un solo proveedor de los servicios de salud: el Estado. Porque el Estado, con un Ejecutivo omnímodo que todo lo regula, autoriza y restringe, es para ellos la solución a todos los problemas e injusticias, es el tránsito hacia la utopía de las sociedades igualitarias. 
La igualación que predican (y a ellos se ha sumado el Papa Francisco), es incalcanzable sin sacrificar las libertades individuales. Si el sistema de provisión de salud hasta ahora basado en el libre mercado es sustituido por un solo proveedor, desaparecerá el libre albedrío, la inversión con fines de lucro, la inventiva para crear nuevos medicamentos, tecnologías y equipos. 
Si la democracia capitalista sigue fracturándose y se consolida un Ejecutivo controlador, los mecanismos de creación de riqueza se entraban. El Estado no genera riqueza per se, la absorbe vía impuestos y confiscaciones. Si la fuente de riqueza se agota, se agotan también los recursos fiscales y el ideal de la terminación de la pobreza no cesa: se incementa de manera exponencial.
¿La democracia está en retirada? Es posible, por la falta de conocimiento de la historia y del sentido crítico de la gente. Obama, para garantizar el respaldo a su gestión, ha elevado los subsidios por alimentos y pensiones por desempleo e incapacidad. Más de la mitad de la población no paga el impuesto a la renta y los impuestos a los “ricos” son cada vez más altos.
(Detroit y decenas de otras importantes ciudades de los Estados Unidos están en quiebra. Todas han sido gobenadas por décadas por demócratas que han aplicado la doctrina utópica de la redistribución de la riqueza, tal como la patrocinan Obama, los suyos y ahora el Papa). 
Los beneficiarios de la limosna estatal están contentos con Obama pero viven una ilusión. Con mayor endeudamiento, desempleo e inflación, ya no será posible que sobreviva ese Estado protector, porque caerán los ingresos que no dependen, como en los casos de Venezuela y Ecuador, de un petróleo que no es resultante del esfuerzo nacional.
Se ha dicho hasta la saciedad, tras la clarísima interpretación de Churchill, que la democracia puede no ser perfecta, pero es la menos imperfecta de todas las formas conocidas de convivencia humana. Sus imperfecciones, por añadidura, son perfectibles dentro del mismo sistema. Nunca los intentos por enmendar sus errores con destrucción de la democracia han dado otro resultado que tiranías en sus diversos grados y tonalidades.
El Obamacare, por antidemocrático e inconstitucional, debe ser revocado. Su autor quiere evitarlo aplicando o no la ley a su antojo, lo cual está vetado por la Constitución. Las mentiras sobre este tema, sobre los crímenes en Benghazi, la manipulación de la Agencia de Rentas Internas para dañar  a los opositores, los crímenes en la frontera con México, la guerra en Siria y tantos otros ejemplos son susceptibles todos de una  interpelación por el Congreso.
Si se llegara a dar tal paso, la destitución sería inevitable. Nada de ello se conseguirá si en las elecciones de noviembre próximo la oposición no consolida su mayoría en la Cámara de Representantes y la gana en el Senado. Hoy por hoy la lucha favorece 2 a 1 a los demócratas, que tienen bajo control a la Casa Blanca y al Senado. Con su gran aliado, claro, de la mayoría de la prensa hablada y escrita de la nación. 
Pero Obama puede deparar cualquuier sorpresa, como la dio con su reelección. Si la oposición vuelve a fracasar, el plan para transformar a este país continuará en firme. ¿Está la democracia en proceso de extinción? De ninguna manera. En la peor de las perspectivas, podría ser que demore en retoñar mas no cabe su desaparición, pues la búsqueda de la libertad es inherente a la condición humana.
Lamentablemente hay la tendencia a olvidar que el bien preciado de la libertad hay que cultivarlo a diario, con fe, convicción y sin dubitaciones. De otro modo, puede ir debilitándose paulatinamente y hasta despertar, la sola alternativa para recuperarla sea la violencia. 

Sunday, December 1, 2013

¿EL CAPITALISMO ES PERVERSO?


El Papa Francisco divulgó un documento oficial del Vaticano, con su firma, en el cual exhorta al mundo a mejorar las condiciones de vida de los pobres, minimizando el influjo del capitalismo y el libre mercado.
Como en anteriores ocasiones, de inmediato han surgido espontáneos de uno y otro espectro politico, clérigos y no clérigos, para tratar de dar una interpretación propia acerca de lo que creen es el verdadero alcance de las palabras del pontìfice.
¿Por qué? Porque nuevamente el pensamiento del jefe de la Iglesia ha sido ambiguo. Especialmente en su afirmación de que el capitalismo conduce al abuso y a un mayor perjuicio a los pobres, por lo cual urge controlarlo con más estrictez, inclusive a nivel internacional.
Muy estrechamente unido al capitalismo está el libre mercado, al cual el Papa también le acusa de contribuir a distorsionar la economía en contra de los pobres. Hace un llamado, por tanto, para combatir a lo que tilda de “tiranía del mercado” también en dimensiones globales.
Tales acusaciones generaron protestas por parte de quienes consideran que las economía son más dinámicas cuando precisamente rigen en las naciones sistemas de mercados abiertos, de libre competencia, porque ellos favorecen la acumulación y multiplicación del capital, para crear más empleos y reducir la pobreza.
Las críticas han provenido no solo de empresarios y políticos seculares, sino incluso de católicos muy apegados a la tradición de la Iglesia Católica y de respeto y fe en el papado vaticano, así como de cristianos no católicos y de comentaristas de las más variadas posiciones ideológicas.
En defensa del Papa hay quienes escriben que su referencia negativa a lo que en inglés se leía en el documento como “unfettered capitalism”, era en realidad una alusión al “unfettered consummerism”. En uno y otro caso, el vocablo “unfettered” ha de entenderse como “sin restricciones”.
Se intenta, así, sostener que el Papa ha condenado no al capitalismo sino al consumismo desbordado o ilimitado, como para de este modo paliar las críticas. Pero el intento es inútil ya que el capitalismo sin barreras, sin límites, sin leyes, deja de ser tal para convertirse en una corrupción del sistema. Y en cuanto al consumo desbocado, se trata de un exceso y de una distorsión del sistema que todos repudian.
El capitalismo está vinculado íntimamente con el mercado. Cuando operan en un ámbito de libertad, fomentan prosperidad y riqueza que se esparcen en la comunidad. Pero no siempre se ha dado esa simbiosis en un marco de libertad. Al contrario, es una innovación históricamente reciente ya que con anterioridad, cuando el  capital y el mercado estaban constreñidos por una autoridad absolutista, el crecimiento económico era restringido.
Sin embargo, el mercado en si no es una creación perversa del hombre. Ha existido desde siempre, pues es connatural a la condición humana. Es resultante de la necesidad de interrelación entre los seres humanos, las comunas, las naciones. Uno nace, crece y por instinto trata de relacionarse con el prójimo, dialogar, intercambiar ideas y luego bienes y servicios.
Ese mercado natural, consecuencia de la convivencia humana, por cierto que ha evolucionado desde esquemas muy primitivos hasta los más complejos de la era moderna. Desde el trueque hasta la creación de la  moneda, más tarde la banca y luego las complejas imbricaciones de las redes de intercambio comercial de bienes y servicios de hoy.
El moderno capitalismo emerge de los sistemas feudales, cuando toda actividad social se sujetaba al control incontestable del monarca y sus cortesanos. Paulatinamente la propiedad, antes exclusiva de grupos hegemónicos, comenzó a fraccionarse y con el comercio brotó una nueva clase, la empresarial, de mano del comercio, la banca y las industrias.
La economía, antes aherrojada por el absolutismo monárquico en sus distintas versiones, se libera. Y alcanza su máxima expresión de libertad en el Nuevo Mundo, con los Estados Unidos, donde por primera vez se consolida un sistema de capitalismo abierto con un mercado competitivo que sustituye al absolutismo con las tres ramas clásicas del poder compartido.
El capitalismo y el mercado libres, por cierto, no pueden subsistir sin reglas claras para evitar abusos y distorsiones. La proclividad al abuso también es propia de la condición humana y aunque lo prevalente en el sistema es la “bona fide”, no por ello desaparecen las transgresiones de buena o mala fe y para contrarrestarlas existen las leyes de prevención y sanción.
El capitalismo, el mercado, el medio de transacción que es la moneda, han adolecido y adolecerán de defectos en su aplicación, por lo mismo que de por medio están seres humanos. Pero el problema de la imprecisión del Papa es que da lugar a interpretarlo como que debido a las falencias del sistema, hay que sustituirlo en una suerte de cruzada internacional.
Ese pensamiento se asocia con las corrientes ideológicas que han cobrado fuerza en los úlimos años, en cierta medida en Europa, desde luego en América Latina y en otras regiones subdesarrolladas y que, de manera increíble, pretenden afincarse en los Estados Unidos donde la experiencia capitalista ha convertido a esta nación en la más poderosa de la historia.
Si la aplicación de la libertad en el sistema capitalista y de mercado genera problemas como persistencia de la pobreza o desigual distribución de la riqueza, la solución no es destruír el sistema para reemplazarlo por otro, que no se menciona. La solución es perfeccionar el sistema que ha probado ser la opción más eficiente.
El capitalismo no genera pobreza, sino todo lo contrario. El mercado competitivo estimula la inventiva, el ahorro, diversifica la inversión. Así se forman nuevas fuentes de riqueza y empleo y la multiplicidad de las oportunidades para que la gente acrezca sus ingresos, ahorre y eventualmente se sume al ciclo evolutivo de creación de la riqueza.
La redistribución de la riqueza para anidar en una sociedad igualitaria es una utopía que cada vez que se la ha tratado de imponer, ha fracasado. ¿Cuál la razón? La pérdida de libertad. La redistribución no cabe sino por la fuerza. Quienes la imponen tienen el poder, que debe ser absoluto para perdurar. Platón quería asignar ese papel a los más sabios.
En realidad, todas las experiencias de igualación utópica han caído en manos no de sabios, sino de déspotas. A la postre las rebeliones populares han terminado con ellos en el cadalso, la horca o el arrastre. Y la igualación de los ingresos, con sacrificio de las libertades individuales en pos de la felicidad colectiva, se ha esfumado en quimera inalcanzable.
Al mercado hay que regularlo, pero no estrangularlo. Cada vez, en tiempos pasados y recientes, que los dictócratas bloquean el libre flujo de la competencia en el mercado, sobreviene el estancamiento de la evolución natural de la economía y en ocasiones la catástrofe. Cuando los demócratas obligaron a los bancos de los Estados Unidos a que otorguen préstamos hipotecarios sin respaldo, sobrevino la debacle cuyas consecuencias aún se sienten en la economía mundial. No cabe que un banco preste a quien no demuestre tener capacidad de pago. La argucia de contar con el respaldo financiero del gobierno fue una falacia.
¿Qué movió a los demócratas a intervenir en el mercado contraviniendo las reglas y la lógica de las transacciones? El deseo de que “todos” tengan acceso a una casa propia. ¿Cuáles los resultados? Mucha gente que tenía su casa la perdió debido al descalabro del mercado hipotecario y la que buscó engañada con un préstamo fácil, se quedó sin su dinero y sin casa.
Es lo que ocurre cuando las buenas intenciones no concuerdan con los procedimientos. No se necesita tener un alma blanca para desear que los desamparados dejen de serlo, que los enfermos se curen, que los que carecen de abrigo y refugio lo tengan, que los pobres sean menos pobres. El desafío está en cómo lograrlo.  La caridad impuesta por la fuerza, deja de ser caridad.  Es lo que ocurre al redistribuir la riqueza mediante confiscaciones, impuestos y otros arbitrios de los regímenes autocráticos. La generación de la riqueza se congela y la “intención” de disminuír la pobreza concluye con el resultado exactamente opuesto.
Obama y los demócratas, así como el Papa y los obispos de este país están preocupados porque los seguros de salud no protejan a todos o porque en algunos casos son discriminatorios o muy caros. Quieren que los servicios de salud cubran a todos. Muy loable pero ¿cómo? Obama busca abolir el sistema vigente de libre mercado y sustituirlo con un solo proveedor universal, el gobierno.
Su ley, aprobada con engaños, se ha descarrillado por razones no solo técnicas sino de fondo. Los primeros resultados son millones de personas ya aseguradas que  han perdido sus seguros y muchos millones más que lo perderán en el futuro. Igual que en el caso de las casas de vivienda, en el de los servicios de salud las “intenciones” se estrellaron con la realidad.
En los países de capitalismo precario como Venezuela o Ecuador, los ejemplos se multiplican. El intervencionismo estatal ha empobrecido al  país bolivariano, la inversión privada es nula, la inflación del 50%. En el caso ecuatoriano, Correa (PhD en Economía) dijo no a la regla elemental de la economía de mercado de pagar las deudas y la que tenía el país la declaró ilícita y no pagable.
El crédito internacional para el Ecuador se cerró. Salvo el que abrió China, con la mirada puesta en la pequeña producción petrolera de menos de medio millón de barriles diarios. Ahora toda esa producción la adquiere China a cambio de préstamos que nadie sabe en qué condiciones las aceptó el autócrata, pero que con seguridad son más onerosas que las que pudo conseguir en fuentes tradicionales del mercado mundial.
(En contraste, cuando empresas y corporaciones privadas vulneran el principio de libre competencia y forman bloques monopólicos o carteles, la propia ley manda fraccionarlos. Tal el caso a comienzos del siglo XX con los monopolios del petróleo y los ferrocarriles y la intervención del presidente republicano Theodore Roosevelt para destruirlos. Pero el cartel OPEC sigue intocado)
Ha sido penosa la coincidencia del aparecimiento del documento papal sobre asuntos económicos, sobre todo para los Estados Unidos en momentos en que desde la Casa Blanca se están dando pasos firmes para desprestigiar al sistema y así debilitar la posición preponderante que esta nación ha tenido a la vanguardia del Mundo Libre.
El daño está hecho y poco podrán lograr las tareas de salvataje de mucha gente notable que ha salido en favor de una intepretación más feliz de lo que el Papa dijo en su documento oficial “Evangelii Guadium” (La Alegría del Evangelio).