Friday, July 22, 2011

¿LIBRE EXPRESIÓN EN EL ECUADOR?

Está bien que se registre una notable reacción nacional e internacional en contra de la decisión del juez al servicio del presidente Correa del Ecuador, de sancionar al Diario El Universo de Guayaquil con 42 millones de dólares y prisión de tres años para un columnista y tres ejecutivos.

La sentencia es absurda e injustificada y realmente no merece comentario. Lo que si es lamentable es que se haya producido por la debilidad de los medios de comunicación, incluído El Universo, que prefirieron adoptar una actitud esquiva frente a los constantes ataques matoniles contra la prensa proferidos casi a diario por el mandatario.

El diario porteño por algún tiempo respaldó a su columnista Emilio Palacio, Director de la página de Opinión, que en un escrito acusó a Correa de ser el responsable de muertos y heridos durante un incidente en el hospital de la Policía de Quito, al cual el Presidente acudió en actitud de matón de barrio para sofocar un supuesto motín policial pro alza salarial.

Correa dijo que Palacio lo insultó y que si no había rectificación del Diario le plantearía un juicio por 80 millones de dólares y prisión para el periodista y tres ejecutivos condueños de la corporación. Éstos no se rectificaron y, al contrario, mantuvieron en su cargo y con su columna a Palacio.

A última hora, el Diario claudicó. Aceptó la renuncia del columnista y al iniciarse el juicio ofreció a Correa publicarle una rectificación como a él se le antojase, en el tono, el espacio y el despliegue que a él le complaciera. Frente a esta oferta extemporánea y servil ¿qué podía esperarse de Correa? ¿La suspensión del juicio? Eso quería Palacio al renunciar y así lo creían y querían los directivos. A ello el gobernante dijo no. Y no también a la humillante promesa de publicar tardíamente la rectificación.

Correa más bien prefirió viajar a Cuba para celebrar la sentencia con su clon Chávez, enfermo de cáncer y con su mentor inmortal, Fidel Castro. Tras esa minivacación en la isla es probable que Correa disfrute por algún tiempo más la humillación (auto infligida) del diario El Universo y que en su “maganimidad infinita” y ante la presión internacional, decida reducir la severidad de la sentencia por propia voluntad.

El Comercio se ha sumado a la protesta en su edición de hoy, dejando los espacias de sus columnistas en blanco, salvo una frase en defensa de la libertad de expresión. Cuando se entere de ello, Correa si no lanza otro vituperio contra los periódicos y los periodistas, al menos se sonreirá burlonamente.

Sería la sonrisa del vencedor. Primero fueron dos periodistas de TV y otros dos autores de un libro los que más desagradaron al líder. Terminó arrasándolos y Jorge Ortiz y Carlos Vera se vieron forzados a renunciar a los canales en que trabajaban. Luego vino Palacio y ahora le toca a El Universo. Nada difícil que allí termine la lista.

Pero no porque Correa súbitamente se vuelva demócrata y tolerante, sino porque los medios callarán por miedo, atreviéndose máximo a dejar espacios en blanco como ahora lo ha hecho El Comercio. No es así como se gana una batalla desatada contra los medios por un inescrupuloso que ve en ellos un obstáculo a su forma dictatorial de gobernar.

¿Qué tal si los medios, individual o colectivamente, frenaban los insultos y amenazas que contra ellos profirió Correa desde el inicio mismo de su gestión, mediante boicots similares pero más enérgicos que las columnas en blanco divulgadas hoy por El Comercio?

La mayoría de lectores y tele y radio oyentes habría respaldado esa actitud. La gente admira y gusta de liderazgos firmes y desprecia acciones pusilánimes, complacientes y serviles ante los autócratas. ¿Han ganado algo los medios con su falta “estratégica” de firmeza? Todo lo contrario: la respuesta la acaba de dar la infructuosa humillación de última hora de El Universo.

La decisión este momento ya no depende de los medios, que fallaron. Ahora todo queda en manos del mandatario quien seguirá en Cuba festejando su victoria con Raúl y Fidel Castro, más su carnal Chávez. Tras sumarse al cántico de La Llanera, uno se imagina a un satisfecho y alborozado Correa gritar a voz en cuello a sus compinches: “Misión Cumplida”, maestros.


Sunday, July 17, 2011

LA PRENSA SE ARRODILLA ANTE CORREA

El Diario El Universo de Guayaquil le había arrebatado al Diario El Comercio de Quito el liderazgo en la defensa de la libertad de expresión, frente a los constantes ataques del presidente Rafael Correa contra el periodismo independiente en general y contra los medios y periodistas que lo defienden.


Uno de sus columnistas, Emilio Palacio, quien era además director de la página de Opinión del Diario, había escrito un artículo crítico a los sucesos ocurridos el 30 de septiembre pasado en el hospital de la Policía de Quito, tras la incursión irresponsable del Presidente que terminó con la muerte de uno o más ciudadanos, debido a un asalto militar por él ordenado.


Palacio opinó, con todo el derecho que en una sociedad libre existe para opinar, que la acción presidencial fue imprudente e innecesaria, que ningún policía secuestró a Correa como él falsamente ha alegado y que, en consecuencia, la responsabilidad por las muertes evitables recaía exclusivamente sobre el mandatario.


A Correa no le gustó la visión de Palacio, como no le gusta el criterio de nadie que con él discrepe y dispuso que se le siga un juicio al periodista y al medio que lo publicó, demandando una multa de 80 millones de dólares y la prisión para el periodista y los tres más altos dirigentes y propietarios de El Universo, los hermanos Pérez.


En un comienzo, el diario porteño se mantuvo firme y solidario. Negó los cargos y estuvo dispuesto a litigar y contradecir la absurda demanda multimillonaria. Emilio Palacio continuó escribiendo artículos de condena al autoritarismo de Correa y todo parecía que el caudillo se enfrentaría, por fin, a un hueso duro de roer, a un diario difícil de doblegar.


Pero hace un par de días, Palacio renunció sorpresiva e irrevocablemente a su cargo en el diario y a mantener su columna, dizque para evitar así que el juicio de Correa continúe y para que él y sus patronos salgan indemnes del conflicto. El Universo aceptó la renuncia, en señal de debilidad que ni siquiera le reportará el beneficio de la suspensión del litigio: Correa ordenó a sus jueces súbditos que continúen con la demanda.


La actitud del diario guayaquileño deshace la impresión de que mantendría con vigor la defensa del principio de libre expresión. No es verdad que el medio que publica o divulga una información u opinión de alguno de sus reporteros o columnistas esté exento de responsabilidad, cuando surge una querella planteada por alguien que se sienta afectado.


La opinión del columnista es de su sola responsabilidad, siempre que implique injuria o calumnia. En ese caso le toca a él responder en los tribunales sobre los cargos y acatar las sanciones contempladas en la ley si resultare culpable. Y si se tratara de una información, es el medio el que tiene que rectificar si fuere falsa la noticia y someterse a la sanción legal en caso culposo.


El caso de Rupert Murdoch y su imperio noticioso News Corp., es evidente. Uno de sus medios cometió crímenes prohibidos para extraer informaciones y no son los reporteros sino los dueños y altos ejecutivos del imperio los principales responsable por los gravísimos cargos. Los ejecutivos, por cierto, han renunciado de inmediato.


Lo ocurrido con Palacio y El Universo es diferente. Palacio pudo haberse equivocado u ofendido al Presidente Correa, pero para enderezar la situación si estuviere torcida, hay leyes anti libelo claras en su contenido y procedimiento que el régimen autócrata ha ignorado. La demanda por 80 millones de dólares de multa y los pedidos de encarcercelamiento para ejecutivos y periodista rebasa toda ley, toda cordura y sentido común.


Dentro de este enfoque, la posición de El Universo era loable. Ante los excesos del mandatario, había que defender no solo a la institución sino al periodista al que empleaba y al cual autorizó que continúe escribiendo. Era el mínimo gesto de protección para una víctima injusta de un enemigo declarado de la libre expresión del pensamiento.


Ahora Palacio queda solo, como han quedado solos otros periodistas de opinión que osaron cuestionar a Correa: Jorge Ortiz, Carlos Vera y Juan Carlos Calderón. Sus casos y personalidades son distintas pero tienen todos algo en común: han sido brutalmente vejados y expulsados de sus medios por quien no cree en algo fundamental para el sistema democrático: el derecho a discrepar sin la amenaza de ser silenciado por la fuerza.


El odio a los medios de comunicación discrepantes ha sido una constante en los discursos de Correa, prácticamente desde los inicios de su ya prolongado gobierno. Su tribuna favorita son los enlaces radiales de los sábados, en los cuales sus monólogos son diatriba permanente contra personas y diarios o radios y televisoras que divulgan críticas a su adminstración.


Lo ha hecho con los epítetos más canallescos y sus amenazas no son tácitas sino explícitas: hay que acabar con los medios corruptos y mediocres. ¿Cómo? Confiscándolos, en unos casos. Amedrentándolos en otros. Ordenando leyes cada vez más restrictivas sobre la propiedad de medios. O atacando directamente a los periodistas y amenzándolos con juicios y prisión, hasta ser obligados a renunciar a los medios, por falta de respaldo.


Frente a las acciones y amenazas explícitas contra los medios y el principio de la libre expresión, la reacción de los medios no ha sido lo suficientemente frontal y resuelta. Algunos columnistas son críticos de las gestiones gubernamentales, pero en cambio el caudillo no ha tenido la respuesta que debió tener para frenar sus amenzas.


El Comercio siempre mantuvo un liderazgo en esta materia. Cuando autócratas como José María Velasco Ibarra pretendieron imponer la publicación de un escrito que afectaba a otro medio, La Nación de Guayaquil, el Director de entonces se negó y prefirió ir a la cárcel antes que claudicar. En esta ocasión, frente a Correa, la actitud ha sido pusilánime y ello explica que el caudillo siga conquistando victoria tras victoria en su empeño de silenciar a quienes no piensan como él.


Cuando Jorge Mantilla Ortega estaba al frente del Diario ya se exploraba la idea de reunir a los propietarios de los principales medios para expresar eventualmente y de forma conjunto la opinión de los medios frente a problemas conflictivos de interés nacional o que afectaran específicamente al derecho a la libre expresión.


La idea no era aceptable para Jorge Mantilla Ortega. El Comercio, decía, expresa y expresará su criterio de modo inpendiente cada vez que fuere necesario. No en conjunto, no en rebaño. Si alguien quisiera sumarse a la posición de El Comercio, bienvenido. Pero jamás la institución comprometerá su pensamiento al de otros, por respetables que sean.


Los resultados están a la vista. Correa está orgulloso de haber doblegado y seguir doblegando a la “prensa corrupta” y a su juicio ése será uno de sus mejores legados de su paso por el gobierno. El consejo que dió al presidente electo del Perú, Humala, fue coincidente: comience por demoler a la prensa corrupta de su país. señor! le dijo cuando lo visitó en Quito. Y la AEDEP hizo mutis.


Los judíos fueron complacientes con Hitler en las elecciones de 1933 y votaron por él. El pago de ese gesto fue el Holocausto. Ahmadinejad, el amigo de Correa y de Chávez, ha prometido una y otra vez borrar del mapa a Israel y liquidar el imperio yanqui, para lo cual se está armando nuclearmente. La respuesta de Obama ha sido: hay que dialogar con él...


Correa es enemigo abierto y confeso de los medios indpendientes. No se trata de un plan oculto: es una misión suya si no diaria, al menos de todos los sábados. Y se traduce en actos concretos: ha lanzado fuera de borda a cuatro periodistas y no ha salido nadie a rescatarlos. Probablemente no haya más bajas, porque Correa se ha impuesto con el miedo.


Un columnista de El Comercio publicó hace poco un comentario sobre un proyecto de infraestructura que parcialmente sería financiado por el Estado. Se le observó que no había alusión al modo de financiamiento, inexistente, poco claro o fraudulento. Aclaró que deliberadamente se abstuvo, pues un artículo crítico suyo anterior a Correa le significó un rastreo en su historia de impuestos y una sanción por alguna omisión de pago, que le costó mucho dinero.


Este señor es muy malo, dijo, no quiero arriesgarme otra vez. Esa parece ser la tónica general que prevalecerá en el periodismo ecuatoriano para el resto del mandato de Correa, que a este ritmo podría prolongarse igual o más que el de Chávez. Silencio, acomodo, complicidad. Hasta que algo grave ocurra con las empresas independientes que hasta ahora sobreviven.


Otra victoria de Correa: Lay ley reguladora de medios, que Correa ha ordenado a la Asamblea que la apruebe sin chistar . El axioma universal de que la mejor ley de medios es la que no existe, como defendía Jorge Mantilla Ortega en su tiempo, también será sepultado por la falta de entereza del gremio empresarial periodístico.

Friday, June 24, 2011

¿HAY QUE AMAR U ODIAR LAS GUERRAS?

Parece absurda la necesidad de buscar una autoridad o celebridad para respaldar un concepto obvio y de sentido común: que si por cualquier razón te vas a la guerra, el objetivo central es que salgas de ella victorioso. De otro modo, rehúyela.

En estos días se ha recordado una máxima al respecto del general Douglas McArthur. Él dijo algo sin réplica: la única opción para ir a la guerra es ganarla. Y para ello la nación involucrada tiene que dotar a los militares de todos los recursos bélicos, jurídicos, morales y económicos para derrotar al enemigo.

McArthur fue relevado del comando de las fuerzas norteamericanas en Corea cuando quizo más poderes para derrotar a los comunistas de Corea del Norte que ayudados por China y la URSS atacaron a Corea del Sur, la debilitada fracción geográfica aliada a los Estados Unidos. Quería el general inclusive la opción nuclear si era necesario.

La II Guerra Mundial en el Pacífico se inclinó a favor de los Estados Unidos y sus aliados solo cuando dos bombas atómicas arrojadas en el Japón disuadieron a los japoneses de insistir en sus esfuerzos suicidas por seguir en una lucha imposible. Sin las dos bombas, la guerra se habría prolongado por uno o dos años más con el sacrificio de al menos 500.000 soldados norteamericanos.

La guerra en Corea concluyó en un armisticio, esto es, sin una victoria ni para las Naciones Unidas que propició la intervención militar ni para los Estados Unidos. Corea del Norte continúa aislada y gobernada por una dinastía autocrática sustentada en el terror y el hambre de un pueblo que no conoce la libertad desde hace más de 60 años.

China y la URSS, estimuladas con el fiasco bélico de Corea, azuzaron a Vietnam del Norte para extender el comunismo hacia el sur de la provincia, igual que lo intentaron en Corea. Le meta de Moscú y Beijing era extender el manto rojo del comunismo por todo el orbe mediante la infiltración, el apoyo a la insurgencia interna y la propaganda anti norteamericana y anti capitalista.

La expansión imperial roja tenía que ser frenada y, como siempre (por lo menos hasta la fecha), con la participación definidora de los Estados Unidos y sus aliados. La victoria militar yanqui era inminente, como lo admitieron los líderes vietnamitas Ho Chi Mihn y Nguye Giap, pero todo se vino al traste por la obstrucción política de los demócratas respaldados por los principales medios de comunicación.

Las tropas norteamericanas, sin fondos del Congreso, fugaron precipitadamente de Vietnam y luego sobrevino la invasión y represión comunistas en el Sur, Laos y Camboya, con casi dos millones de muertos y la implantación de un régimen comunista que hambreó a las poblaciones sojuzgadas.

Las guerras, como las enfermedades en los seres vivientes, existirán mientras seres vivos haya en la tierra. No por aborrecer de las guerras éstas desaparecerán. Nadie se contagia voluntariamente de una gripe o de un cáncer. Estos males, como las guerras, sobrevienen súbitamente y el único recurso que queda es el antídoto para derrotarlos.

En el siglo pasado los grandes detonantes de las guerras fueron el nazifascismo y el comunismo. En el primer caso, el expansionismo del Eje fue destruido en alianza con el comunismo. Pero tras el nazifascismo advino con más fuerza el comunismo de Moscú y Beijing, al unísono para imponer un estilo de vida y de gobierno centralista y antidemocrático.

La doctrina comunista/socialista se irradió por el mundo y sedujo a muchos intelectuales y artistas que prefirieron ignorar el costo de más de 90 millones de vidas de disidentes en China y más de 30 millones entre disidentes y muertos por inanición en la URSS. La idea o utopía socialista, aún cuando las vidas en esas dos naciones hayan cambiado, continúa rampante por todos lados.

Incluídos los Estados Unidos, que ahora tiene a uno de sus cultores como presidente en la Casa Blanca. La tendencia pro socialista se acentuó en el país a partir del decenio de 1960 con la guerra de Vietnam. Hasta esa fecha, el servicio militar era obligatorio y los jóvenes que estaban gozando de un boom económico de posguerra sin precedentes, se negaron a ir al frente de batalla.

No era por razones humanitarias, por dolor de las víctimas de la guerra, sino por comodidad. Luego el movimiento anti draft o anti conscripción tomó los ribetes de pacifismo (con traidores como la actriz Jane Fonda), pero a poco de la retirada en derrota de Vietnam, nada dijeron de las masacres a manos de los comunistas en Vietnam, Laos y Camboya.

De todos modos el influjo izquierdista a través de los principales medios de comunicación audivisuales y escritos en contra de la guerra y los militares y en contra específicamente de lo que califican como acciones del imperialismo yanqui en el plano militar externo, ha sido funesto. Lo militar yanqui era sinónimo para ellos de carnicería y se burlaron de los informes con pruebas del senador McCarthy en contra de políticos y periodistas norteamericanos que recibían sueldo de Moscú para difundir la doctrina roja.

Símbolo de los resultados de esa actitud anti militar fue el desastroso intento del presidente demócrata Jimmy Carter por rescatar a los rehenes de la sede diplomática en Teherán. Los aviones se esrtrellaron en el desierto y los diplomáticos salieron libres solo cuando Ronald Reagan lo sustituyó en el poder en enero de 1981, tras 444 días de cautiverio.

Reagan tenía otra óptica, aun cuando no fue infalible. Pese a la oposición de toda la izquierda y los medios de comunicación, enfrentó a la URSS en su desafío por implantar bases de cohetería atómica SAM en la frontera europea de la Cortina de Hierro. Ordenó la instalación de misiles Pershing y ello desató una guerra económica en la cual salió perdiendo la URSS hasta su disolución pacífica en 1989.

(Pero Reagan se equivocó tras la masacre de 161 soldados norteamericanos en Beirut: en lugar de ordenar la retaliación contra los terroristas, decidió el retiro de todas las tropas. Ello fortaleció al terrorismo en el Medio Oriente).

La URSS se fraccionó y se abrió a la inversión y ciertas libertades, como por su parte lo hizo China. Las economías allí se fortalecieron y diversificaron, aún cuando están distantes de sustentarse en un sistema capitalista de libre competencia, comparable al de los Estados Unidos. Pero las ciudades han cambiado y hay áreas geográficas de notable desarrollo debidas en gran parte a la inversión de capitales, ciencia y tecnología occidentales.

Aparentemente, con esos logros, la guerra fría se ha enfriado aún más. Pero el calor ha llegado de otro lado, del lado de los árabes que han aplicado tácticas de terror para golpear al enemigo de siempre, el capitalismo democrático encabezado por los Estados Unidos. Los izquierdistas están desconcertados con este nuevo enemigo, pero con su prejuicio endémico anti militar, piensan que el diálogo y no la guerra militar, es la respuesta.

El poder bélico, con ser todavía el mayor en el mundo, ha sufrido graves quebrantos en los Estados Unidos como resultado de esa noción negativa brotada en el decenio de 1960. Con Bill Clinton, el presidente demócrata que sucedió a Bush padre, vencedor en la guerra inconclusa del Golfo, los recursos para las fuerzas armadas disminuyeron al mínimo así como la capacidad operativa de la CIA.

Los signos de debilidad explican los dos ataques a las torres gemelas. Y aunque George W Bush emprendió en dos guerras de retaliación en Afganistá e Iraq, no fue capaz de pedir la declaratoria formal de guerra al Congreso (sino solo una autorización de intervención militar) para aplicar todas las medidas políticas y económicas indispensables para movilizar a la población a favor de la causa.

Tampoco supo o quiso oponerse al influjo izquierdista para debilitar el concepto militar tradicional. Las “rules of engagement” o reglas de comportamiento para guerrear, maniatan al soldado. El trato igual al ingreso de mujeres, disminuye los estandares de rigor en la preparación de los soldados. Ahora se ordenó aceptar y dar igual trato a los abiertamente homosexuales de ambos géneros lo cual no logrará sino feminizar aún más a las fuerzas armadas.

El presidente Obama, opuesto sistemáticamente a todo lo militar de los Estados Unidos, acaba de disponer el comienzo del retiro de las tropas de Afganistán y sucesivamente de Iraq. Sin victoria. La desazón en la población civil de esos países es evidente. En Afganistán terminarán por volver al poder los talibanes que albergaron al Al Qaeda para los ataques a las Torres Gemelas en 9/11. En Irak estallaron ayer dos bombas que mataron a 40 e hirieron a más de 80, lanzadas por adictos a Irán.

La huída de Afganistán e Iraq fortalecerá a Ahmadinejad de Irán y a sus aliados en Siria, Egipto, Libia y más países árabes que buscan la extinción de Israel y el debilitamiento de los Estados Unidos. Obama fue a pedirles perdón a los árabes en El Cairo por los excesos cometidos por los yanquis en el pasado. Ahora complementa su promesa con la renuncia a la victoria.

Lo de Libia es una charada. Obama y sus súbditos demócratas querían que la Cámara de Representantes le exima de pedir autorización para la guerra allí, de mano de la OTAN. Los diputados le dijeron no, pero no bloquearon los fondos como en el caso de Vietnam. Es una paradoja propia de estos tiempos.

¿Por qué Obama, el pacifista “anti war”, quiere seguir en guerra con Gadhafi, máxime si no ha habido ningún ataque de su parte contra los Estados Unidos ni existe peligro para la seguridad interna de la nación? Nadie tiene la respuesta. Pero está clara la profunda hipocresía de los demócratas.

Si no se detiene a Obama en su afán de ser reelegido en el 2012 con apoyo de la mafia de Chicago, el poder bélico norteamericano seguirá en declinación. ¿Cuál el pronóstico? El mismo que se daría a cualquier paciente que se resistiera a robustecer su sistema inmunológico para tratar en los posible de evitar la enfermedad.


Friday, June 10, 2011

BRUMAS PARA EL 2013

Cuando Barak Hussein Obama fue impulsado por la mafia de Chicago para que se presente como candidato a la nominación presidencial por el partido demócrata en el 2008, sus debilidades eran de tal magnitud que un análisis objetivo le negaba toda posibilidad de victoria.

Pero triunfó frente a la favorita Hillary Clinton, cónyuge del Presidente perjuro Bill Clinton que escapó de la censura del Congreso por otra de esas incógnitas del sistema democrático. Pero una vez nominado, había todavía la esperanza de que el rival republicano lo pudiese derrotar.

No fue así, tanto por la destreza de la mafia de Chicago como por la ineptitud del republicano, John McCain, quien se moría de miedo de que alguien de su grupo se atreviese a criticar lo más sensible de Obama: su lugar de nacimiento, su experiencia política y administrativa nula, su tendencia al extremismo de izquierda antinorteamericano -todos defectos comporbables con hechos.

La mayoría de votantes no obstante quedó fascinada con el postulante demócrata, cuya desventaja de 0 experiencia más bien le sirvió de ventaja frente al avejentado y amedrentado McCain. Triunfó en las elecciones con cómoda ventaja y al posesionarse, prometió la felicidad sin esfuerzo para todos y el adiós a las armas para lograr la paz universal.

Era predecible que todas sus promesas serían un frasco y que la aplicación de sus utópicas regulaciones para quebrar al sistema capitalista, origen según él de todos los males del mundo, ahogaría la economía no solo de los Estados Unidos sino la global. A menos de tres años de su gobierno USA está al borde de una segunda Gran Depresión, igual a la del decenio de 1930.

Los indicadores están a la vista. El desempleo subió al 9.1% y el subempleo al 17%. La deuda alcanza la cifra abismal de 14 trillones de dólares (si regresivamente se gastara 1.000 por minuto, para consumir esa cifra tendríamos que volver al siglo I). El “pacifista” Obama no solo no ha terminado las guerras, sino que ha creado otras sin autorización del Congreso, como en Libia.

Aún hay gente que lo admira, sobre todo cuando lee sus discursos preparados por algún equipo de Chicago para los teleprompter. Pero esa misma gente dice en un 70% que está conduciendo muy al país y que su punto más vulnerable es la incapacidad para crear empleo y riqueza no obstante los trillones de gasto fiscal usados para ese fin.

Cabría suponer que derrotarlo en las próximas elecciones presidenciales del 2013, cuando él busque como ha prometido la reelección, sería tarea relativamente fácil. Pero no es así, como no fueron certeras las predicciones de que no alcanzaría la nominación y peor la presidencia de la república.

¿Cuáles las dudas? Primeramente, la evidencia de que será la mafia de Chicago la que planee la batalla para reelegirlo. Es la misma mafia que le dio el triunfo a John F. Kennedy, cuando Richard Nixon le aventajaba en votos en los comicios de 1960. Al mejor estilo ecuatoriano de comienzos del siglo pasado, la mafia preguntó a la familia Kennedy cuántos votos necesitaba y la cifra brotó como por arte de magia (¿o de mafia?).

El problema entre la mafia y la familia vino después, cuando los hermanitos John y Robert decidieron luchar contra el crimen organizado que les facilitó la victoria. El rompimiento del mutuo acuerdo se tradujo en el asesinato de John, primero y de Robert, después. Todas las teorías de que fue Oswald quien mató a John, como resultado de una conspiración castro comunista no tienen validez.

La acción de la mafia de Chicago con los Kennedy está documentada fiel y minuciosamente en el libro Legacy of Secrecy, The Long Shadow of the JFK Assassination, escrito por Lamar Waldron con Thom Hartmann en el 2008. Los medios de comunicación, los partidos políticos, las universidades lo han ignorado por completo.

Obama no se ha peleado con la mafia, sino todo lo contrario. Uno de sus más íntimos colaboradores, ...Emanuel, fue electo a rajatabla alcalde de Chicago y su asesor principal en la Casa Blanca, Axeldorff, renunció para regresar a Chicago a dirigir la campaña por la reelección. Lo que hasta la fecha han maquinado, es genial.

Obama no nació en Hawaii, sino en Kenya. Nunca ha podido exhibir documentos que prueben lo contrario y más bien existen testimonios de su abuela kenyana de que nació allí. Su madre, embarazada de 9 meses, no tuvo la precaución de viajar anticipadamente para que hijo naciese en suelo americano y a última hora, su deseo de hacerlo fue negado por su avanzado embarazo.

Una vez salida del parto voló a Hawaii y allí obtuvo certificado de ciudadanía para su hijo Obama, como era usual entonces, pero no de nacimiento, porque era imposible. La Constitiución norteamericana niega la aspiración presidencial a quien no haya nacido en tierras de este país.

¿Cómo salir de esta encrucijada, cuanto más que el movimiento de los “birthers” -que exigen a Obama presentar el certificado de su nacimiento en USA- tomaba cuerpo y cada vez más norteamericanos dudaban de que tuviese derecho a estar en la Casa Blanca, sobre todo porque sus políticas de izquierda eran y son antinorteamericanas.

La mafia se valió de un multimillonario comediante demócrata, muy popular en las pantallas de TV por promover concursos de belleza y para el título de The American Idol: Donald Trump. De pronto se lanzó a la “arena” política supuestamente a despotricar contra Obama, por quien votó y a pedir que exhiba su cerrtificado de nacimiento.

La gente, decepcionada como está del presidente, quedó encantada con las diatribas de Trump y no había día en que no fuera entrevistado por la radio y la TV de todos los colores y sabores. Ante tal avalancha, Obama se vio “forzado” a exhibir el ultra secreto documento del verdadero lugar donde nació, ¿Kenya? No: Hawaii.

De inmediato surgieron expertos en grafología y computación digital, que de manera científica e inobjetable demostraron que ese documento era falso. Ninguno de los medios ni comentaristas, ni siquiera los no adeptos a Obama, se ha atrevido a acoger y comentar tales pruebas. La “verdad” de Obama, tras la maniobra, se ha impuesto como artículo de fe.

Se ha llegado al extremo de que un ex director de la CIA en tiempos de GW Bush, general Hayden, equipare a los “birthers” con los que siguen creyendo que fue Bush el que fraguó la inmolación de las Torres Gemelas para desatar la guerra contra Irak. Es el mismo silencio cómplice que con respecto al crimen de JFK.

¿Qué otra “perla” prepara la mafia de Chicago para el 2013? No sería difícil que nuevamente utilice a Trump para dividir al GOP o partido republicano. Todavía hay incertidumbre sobre la nominación y el Tea Party, que triunfó aplastantemente en las elecciones parciales del 2010, mira con escepticismo a los primeros pre candidatos.

Esta situación pudiera ser explotada por la magia, para colocar a Trump como candidato supuestamente super conservador, como alternativa al que escogiere el GOP. Algo igual sucedió con el padre de Bush en 1991. La presencia del tercer candidato de derecha, Rose Perot, le facilitó una fácil victoria a Bill Clinto cuando Bush aspiraba a la reelección.

Mientras tanto, los medios de comunicación incondicionalmente demócratas, están viendo con simpatía a Romney como candidato del GOP, con la misma simpatía con que acogieron a McCain. Ambos son “renos” (republicanos solo en apariencia, por las siglas en inglés). Si éste es el nominado, casi no habría necesidad de un tercero (“chimbador”, se diría en ecuatoriano), pues Obama lo arrasaría como ya antes lo hizo con McCain.

Lo que el GOP necesita y el Tea Party quiere es un candidato con carisma y absoluta convicción de los principios que han hecho grande a esta nación, esto es, el respeto a un sistema capitalista de libre mercado, que sea competitivo y sin interferencias de un Estado cada vez más obeso, torpe e incapaz.

Romney, con los defectos anotados, encabeza las encuesta iniciales y eso no es buena noticia para el GOP/Tea Party. Pawlenty tiene buenos planes, pero no carisma e igual Santorum. Gingrich se ha auto eliminado y en cuanto a las damas, Sarah Palin y Michelle Bachamn, son más las dudas que las certezas sobre sus posibilidades políticas.

Hay otros caracteres más sólidos que aún no se han lanzado a la “arena”: Paul Ryan, Marco Rubio, el gobernador de Texas Rick Perry, a los que se agregaría Hermann Cain, un negro carismático de Carolina del Sur que podría crecer. Si uno de ellos, o alguien como ellos, no es nominado por el GOP, la mafia de Chicago y su arlequín terminarán por imponerse en el 2013.

Eso sería desastroso para los Estados Unidos y el mundo.


Thursday, May 26, 2011

EL NUEVO "OPIO" DEL PUEBLO

El presidente ecuatoriano Rafael Correa compite a diario consigo mismo en proferir los mayores dislates, sobre el más variado tipo de temas en los cuales él cree sobresalir fente a cualquier rival, de ahora o de siempre, del Ecuador o de allende las fronteras.

El último dislate, que no ha merecido ni el despliegue ni los comentarios que cabía esperar, es su promesa de dedicar toda su sabiduría académica a desentrañar las causas por las cuales la prensa “burguesa” se ha convertido en el nuevo “opio” de los pueblos de América Latina.

La profundidad de su análisis, dice, comenzará tan pronto deje de ser presidente, lo que incomodará a muchos de sus fanáticos pues nadie sabe a ciencia cierta cuándo decidirá dejar de hacer felices a los ecuatorianos desde el Palacio de Carondelet. Así que imposible adivinar si el fruto de su mente magistral se conocerá en 2, 4 o más años.

Correa afirma, según un despacho de la agencia francesa de noticias AFP, que este “opio” de la prensa “burguesa”, constituye uno de los mayores problemas para la región. Entre otras razones “porque los medios nos quieren convencer de seguir siendo explotados, de no cambiar nada, son los árbitros supremos del bien y del mal y que sin ganar elecciones quieren legislar y gobernar”.

(Si cree válido decir que la prensa es el nuevo “opio”, entonces cree que el antiguo “opio”, la religión según Carlos Marx, es también una comparación valedera. ¿Abjura así de su pasado como monaguillo en una iglesia católica y de sus estudios en instituciones de esa fé? Si no hay tal, tendría que aclararlo.)

Afirma, siempre según la nota de AFP, que la prensa es un poder “ilegítimo” erigido con dinero para dominar. No nos dicen la verdad, continúa, “sino su verdad, por lo que ignoramos lo que no nos cuentan. ¿Se imaginan lo vulnerable que es nuestra sociedad y cómo nos quieren lavar el cerebro para mantener el poder?”

Correa, como acostumbra, esta vez tampoco respalda con hechos ninguna de sus acusaciones. Y revela, pese a sus títulos académicos en universidades de Bélgica y los Estados Unidos, un raquitismo intelectual y sobre todo un divorcio total con la realidad y el sentido común. ¿En qué se basa para sostener que la prensa o los medios quieren sustituir al gobierno para legislar y gobernar?

Podría ahorrarse estudios cuando deje el poder y se radique en Bélgica, como lo adelantó en una entrevista con algún medio “burgués y corrupto”. Podría más bien dedicarse a escribir sus memorias lo que permitría entender mejor cómo un individuo de sus características pudo acceder al poder, para evitar equivocaciones similares en el futuro.

En cuanto a torturar su cerebro académico para intentar desentrañar el misterio del nacimiento y expansión de los medios de comunicación, no solo en América Latina sino en el mundo entero, habría que aconsejarle algo mucho más simple. Echar una mirada a su entorno, a su familia, a sus amigos, al vecindario.

¿Cuál es uno de los signos vitales de la existencia humana? La necesidad y el poder de comunicación. No hay, en condiciones normales, individuos aislados, silentes, encasillados en si mismos. El solo encuentro entre dos seres humanos sucita el diálogo de gestos, miradas, palabras. Ese inicio elemental se multiplica y ahonda a medida que la comunidad crece.

En el barrio, la escuela, el trabajo, la ciudad, la nación. el orbe, es un imperativo la necesidad de intrecambiar ideas, opiniones, informaciones. El interés por lo que sucede a otros dentro y fuera de los confines habituales es tan esencial como respirar. La comunicación, es pues, consustancial a la naturaleza humana.

La comunicación ha evolucionado con la técnica. La información pasó hace mucho tiempo de ser exclusivamente oral, para perpetuarse en documentos manuscritos y luego impresos. Surgió luego la transmisión por la radio y más tarde con sonido e imagen por la TV, hasta el advenimiento en estos días del Internet.

En los siglos XVII y XVIII, pero sobre todo en el siglo XIX la comunicación se tradujo en boletines, libros, semanarios y diarios. Algunos diarios fundados en esta época aún circulan en Londres, Nueva York, Santiago. En el siglo pasado surgieron las transmisoras de radio y TV, cuyos mensajes ahora son difundibles por satélite instantáneamente a todas partes, directamente y por Internet.

Tanto en el pasado como en el presente, la creación de medios demanda la inversión de capital. En algunos casos las inversiones son millonarias ya por el alto costo de los equipos como el de producción y operación y pago de personal. La meta de los inversionistas no es controlar el poder político, como sugiere Correa, sino divulgar información y opinión al mayor número de “clientes” en un mercado altamente competitivo.

Un mercado competitivo es clave para que un medio alcance niveles de calidad. El inversionista de cualquier medio busca redimir su capital y lograr un justo lucro, mediante la circulación y los avisos publicitarios. Pero si el informe que esparce es sesgado, el mercado rechazará al medio, la circulación caerá y por ende los avisos. La empresa dejará de ser rentable.

¿Cómo garantizar un mercado estable y próspero? Pues entregar al público consumidor un producto profesional, lo que implica independencia y honestidad.

En el Ecuador del siglo XIX y comienzos del siglo XX, no había medios de comunicación que transmitieran comunicación de modo profesional e independiente. Generalmente eran medios de contenido político partidista, liberales o conservadores. En algunos casos el gobernante de turno financiaba e incluso redactaba esos medios para defenderse de la oposición o para atacarla.

La información estaba inmersa en insultos y muchos medios no pasaban del nivel de pasquines. En 1906, en Quito, surgió la iniciativa privada de crear un medio que no estuviera al servicio de un partido o secta política y que se auto financiara con la publicación de avisos. Nació así el diario El Comercio, aún muy firme en su tarea pese al asedio constante de Correa.

No es la primera vez que un goberante autoritario amenace a los diarios y medios indpendientes como El Comercio. Este diario incluso ha sido clausurado, pero tras cada afrenta ha renacido más sólido. Lo que es distinto es el ataque de un presidente a todos los medios independientes, escritos y audivisuales. No los ha clausurado, pero busca aherrojarlos con una ley mordaza aprobada en referendum.

Carlos Mantilla Jácome, co fundador de El Comercio, solía decir que desoía insinuaciones de que incursionara en política para aspirar a la presidencia, porque se sentía con más poder y trascendencia que un jefe de Estado. Pero el poder al que se refería no era el político, como dice Correa, sino el poder para observar, informar, criticar y denunciar los excesos de los gobiernos, cuando los hubiere.

Es esta opción, la de juzgar y discrepar, la que irrita a Correa y a todos los que, como él, se inclinan por la autocracia. Los medios, a la postre, son el conducto y reflejo de la opinión popular, en sus distintos matices. Cuando Correa quiere silenciarlos, en el fondo lo que quiere es acallar opiniones ciudadanas no alineadas con su ideología y modo de gobernar.

La alternativa que ofrece, la de los medios bajo control del gobierno, empeora cualquier deficiencia en la difusión de la “verdad” por parte de los medios privados. Porque la competencia desaparecería y con ello la independencia. La única verdad entregada al público sin derecho a réplica sería la verdad oficial. Es decir, la “verdad” de Correa.

Lo penoso es que la ley mordaza va a expedirse con la aprobación de la mayoría de ecuatorianos. Son los ecuatorianos los que perderán, no tanto los “ricos y explotadores” que podrán invertir sus capitales en otros fines o en otros países. Pero un pueblo sin prensa libre es un rebaño sin defensa frente a la megalomanía de Correa.

Igualmente penoso es el libre albedrío de los ecuatorianos. A poco de posesionarse de su cargo, Correa se quitó la máscara y comenzó a gobernar como un caudillo con el membrete tomado de Hugo Chávez de “socialista del siglo XXI”. Se comentaba que si en la campaña el candidato hubiese anunciado que haría la “revolución ciudadana”, no habría sido elegido.

Ahora hay dudas, dado que sigue con un respaldo de 2/3 de la población y gana en las urnas con cualquier proposición, por disparatada que fuere. Si sometiese al voto sus recientes acciones en favor de las FARC, Hugo Chávez, Ahmadinejad y en contra de USA, la mayoría votaría a su favor.

¿Qué recurso les queda a los medios atacados por el caudillo? Quizás no solo la protesta en editoriales y columnas, que Correa descarta. Sino acaso alguna acción de boicot. ¿Por qué no cerrar el espacio al enemigo declarado de la prensa? Correa se podría desahogar en los medios incautados. Pero ¿con qué lectoría, descontados sus esbirros y algunos burócratas temerosos?


Sunday, May 15, 2011

UN JUEZ CON "COJONES"

Últimamente se ha popularizado en los Estados Unidos el uso de la palabra española cojones para exaltar la gallardía y entereza de la personas, hombres o mujeres, que defienden sus puntos de vista no obstante las amenazas para permanecer callados.

Este es el caso del juez de la corte penal de Pichincha que ha absuelto al director del Hospital Militar de Quito, acusado por el presidente Rafael Correa de tramar su asesinato en la asonada del pasado septiembre 30, resultante de una irresponsable actuación del mandatario.

El Director, coronel de policía César Carrión, fue apresado el 27 de octubre en compañía de otros tres oficiales supuestamente cómplices. El juicio, pese a la precariedad del sistema institucional en el Ecuador, culminó el viernes pasado con la absolución y orden de libertad de Carrión y los tres oficiales.

Horas antes el ministro del Interior (de gobierno y policía), José Serrano, que acababa de reemplazar a Alfredo Vera (un izquierdista a quien Correa inexplicablemente despidió del cargo), en sus primeras declaraciones advirtió al juez del Tribunal, Hugo Sierra, que si el fallo era contrario a los deseos de Correa (o sea condenatorio), lo enjuiciaría.

El juez y los conjueces no se amilanaron. Los oficiales de policía están libres para iracundia del Presidente, quien afirma que apelará de la sentencia. Es probable que o bien la apelación sea retirada o que, si se concreta, la sentencia se ratifique. Lo que queda muy claro es la actitud caudillista, intemperante y fascistoide del jefe de Estado.

Es irónico que una de las 10 preguntas de la Consulta Popular que acaba de concretarse con triunfo total de Correa, se refiera a la libertad que el pueblo le concede para reestructurar la Función Judicial a su antojo, de suerte que la integren únicamente “jueces probos” e independientes.

Lo último que persigue Correa es independencia de las tres funciones o poderes, clásica en el sistema democrático. A comienzos de su mandato clausuró el Congreso y lo sustituyó (tras la venia popular expresada en otro refrendo) por una Asamblea a su entera disposición. Con apoyo de los asambleistas incondicionales, ha intervenido ya en la función judicial de modo directo e indirecto, pero con la última Consulta va a acertarle la estocada final.

Si bien la última consulta no la ganó Correa con los mismos amplios márgenes de las cinco precedentes, de todas maneras la ganó. Si el juez de Quito tuvo “cojones”, aún falta mucho para que la mayoría en el Ecuador recupere su virilidad testicular y cierre el paso al caudillo. Habría que averiguar a los especialistas qué tratamiento hormonal conviene a los ecuatorianos para que superen tal deficiencia.

La impotencia e incapacidad para vivir en democracia no es nueva en el Ecuador, como tampoco lo es para otros países similares del tercer mundo. Lo que acaso si no tenga precedente es que el apoyo para debilitar la democracia y fortalecer al autócrata haya sido libremente resuelto con votos por la mayoría del pueblo, no una sino varias veces en una misma administración.

¿Por qué ese apego al caudillismo? Quizás los antecedentes, en el Ecuador, se remonten a la era de la dominación inca, seguida sin transición por la dominación española. Los españoles, a diferencia de los anglosajones en América del Norte, no crearon nuevas instituciones de gobierno sino que trasladaron lo peor del sistema feudal de la Madre Patria. Filtros como las Leyes de Indias no sirvieron para nada.

Con la independencia subsistió el régimen hacendario con una clase dominante y una vasta población indígena y mestiza, sumisa y obediente. La Revolución Liberal de Alfaro fue inconclusa y contradictoria en cuanto a las concepciones democráticas. El “liberador” terminó de caudillo incinerado por las turbas. Sucesivamente advinieron regímenes elegidos en las urnas, si, pero con tantas falencias de fondo y forma que dificilmente podrían ser considerados democráticos.

En 1948 se inició una fase de estabilidad propulsada por Galo Plaza, que se prolongó hasta 1960 con José María Velasco Ibarra y Camilo Ponce. Pero las esperanzas de que la estabilidad continuaría para que madure el proceso de institucionalización democrática se vino al suelo cuando el pueblo volvió a elegir a JMVI en 1960. Su mandato fue caótico y los militares se vieron forzados a intervenir.

No por ello el pueblo entendió y aprendió. En 1968 volvió a elegir a JMVI y 4 años más tarde otra vez los militares se tomaron el poder. La herencia del caudillo ha sido intensa y se ha regado por todos los poros de la cultura nacional. No han escapado de ella sino pocos gobernantes y el actual por supuesto no es ninguna excepción.

A Correa le incomoda la democracia. Porque la democracia es tolerancia y él es esencialmente intolerante. La democracia es compartir el poder que se recibe del pueblo en tres funciones: legislativa, ejecutiva y judicial. Correa quiere absorber todos los poderes. Toda disidencia, como la de la prensa, la juzga subversiva y mediocre y busca acallarla con cualquier recurso.

Ahora cuenta con el recurso que el pueblo le ha dado: una junta que regule los contenidos de los medios, aprobando los que apruebe Correa y reprobando los que repruebe Correa. Como dijo en la campaña para la consulta, así es como él quiere garantizar la independencia de la prensa “corrupta”: con una sola orientación, pura y correcta, la suya.

A los medios de comunicación del Ecuador también les ha faltado “cojones”. A una víbora como Correa no se la domina con simples editoriales ambiguos y corteses, ni con marchas de empleados de las empresas. Hay que combatirlos con frontalidad. Los propietarios de diarios están organizados en un comité pero no han hecho uso de su poder para amansar a esta sierpe.

Los insultos contra los periodistas y la libertad de expresión son diarios y la prensa sigue dándole espacio sin protesta. Ha habido clausuras de radios y televisoras y apropiaciones, sin consecuencias. Correa veja y ordena suspender permisos de cobertura a los medios y nada pasa.

¿Por qué no un boicot al gran insultador? Cuando JMVI ordenó a El Comercio que publicara un comunicado ofensivo contra uno de los diarios y para el periodismo en general, el entonces director, Jorge Mantilla Ortega, se negó. Los gendarmes llegaron al edificio del Diario y lo apresaron, clausurando el medio.

Fue una jornada de gloria para el periodismo. A la postre Velasco cedió, Mantilla quedó libre y el periódico se reabrió con el aplauso de todos. El director recibió elogios y preseas internacionales por su gallardía, es decir por sus “cojones”. ¿Qué director de algún diario u otro medio en el Ecuador sería acreedor a un galardón parecido por enfrentarse al gran insultador de hoy?

Es probable que la vacilación de los medios obedezca al temor de que sus negocios sufran por retaliaciones del líder. En verdad, se trata de decisiones riesgosas, pero la inacción es peor. Acaba de comprobarse con la última Consulta. Ahora Correa puede hacer y deshacer de los medios y de la libertad de expresión, cobijado como está “por la voluntad popular” expresada en la mayoría de votos de respaldo.

Cualquier abuso que se cometiere a futuro (más allá del abuso que ya es en si el antidemocrático Comité para la Regulación de los Medios), no podrá ser cuestionado ante los tribunales. Porque éstos van a ser reestructurados como una rama más del Ejecutivo, a capricho de Correa y siempre con el respaldo popular.

Respaldo que recuerda el que le dieron los alemanes, incluídos judíos, a Hitler en 1933 y que luego han tenido, para llegar al poder o perpetuarse en él, autócratas fascistas como Nasser, Fidel Castro o Hugo Chávez. ¿Se sentirán más felices los adoradores de Correa en el Ecuador con esta comparación?

Saturday, May 7, 2011

LA GRAN "HAZAÑA" DE OBAMA

La mayoría, exceptuada gran parte del mundo islámico, ha sentido alivio con la desaparición de Osama Bin Laden. En la penumbra durante 10 años desde su golpe maestro contra las Torres Gemelas, era sin embargo el símbolo de la guerra a muerte contra la democracia de Occidente.

No obstante, como toda obra y palabra de quien autorizó liquidarlo, Barack Hussein Obama, el hecho está envuelto en tinieblas, contradicciones, falta de coherencia y consecuentemente incertidumbre. No es la primera vez que quien se ha encaramado en la Casa Blanca de muestras de misterio y falta de transparencia.

Obama, de lo poco que se conoce de su paso por la universidad o como “community organizer”, mas tarde senador y luego Presidente, se mostró siempre como un izquierdista de extrema que detestaba a la institución militar de los Estados Unidos y sus intervenciones en el extranjero. A poco de asumir el mando, viajó a Europa y Medio Oriente para pedir perdón.

Ahora los medios de comunicación, casi todos de izquierda y afines al pensamiento de Obama, lo exaltan por su coraje en la lucha contra el terrorismo y su decisión de ordenar a los Navy Seals ejecutar a OBL. No mencionan, por cierto, que como candidato y al comenzar su presidencia, se negó a condenar a los musulmanes terroristas y a llamarlos con este calificativo.

Con su pasado musulmán ancestral (hay quienes sostienen que todavía lo es) se dedicó a ensalzar a esa religión y sus contribuciones al desarrollo de la cultura y de la paz, no solo en Oriente Medio, sino en los Estados Unidos, aseveración que carece de fundamento histórico. Dijo buscar con ellos no la controversia, sino la amistad.

Como lo prometió en la campaña quiso clausurar la cárcel de Guantánamo en Cuba, creada por George W Bush como sitio ideal para encerrar e interrogar a los islámicos terroristas. A Obama le pareció esta prisión inhumana y mientras gestionaba el cierre, prohibió que continúen los interrogatorios, especialmente los de inmersión, por considerarlos tortura.

Igualmente, ordenó que los juicios a los combatientes de mayor riesgo sean juzgados no por tribunales militares, como se estila en tiempos de guerra, sino por tribunales civiles y en la ciudad de Nueva York. Los acusados, en esas circunstancias, podrían acogerse a las protecciones legales y a la Contituición norteamericana, como cualquier delincuente común.

El repudio a Obama y su Fiscal General Eric Holder por tales decisiones fue en todo el país unánime y ambos proyectos están frenados. Se ignora si la orden de matar a OBL hará cambiar a Obama su posición sobre estos temas, así como sobre otros, como el atinente a los interrogatorios.

George W Bush, con el consenso de sus asesores civiles y militares en seguridad nacional y de delegados bipartidistas del Congreso, resolvió que a los detenidos en Guantánamo y otras prisiones especiales en Europa, había que extraerles la mayor cantidad de información por ser clave para desmantelar la red terrorista internacional y bloquear sus proyectos de exterminio.

Para ello había que reforzar las técnicas de interrogación. Una de ellas, nada nueva, era la de someter al reo a inmersiones continuas en agua, hasta el límite máximo de resistencia. El objetivo no era ni es que ese momento confiesen, sino que acepten cooperar para las confesiones usuales. No es tortura. No hay heridas, no hay amputaciones, no hay muerte.

Pero Obama y sus áulicos creen que es una tortura que puede afectar a la sensibilidad de los terroristas y por eso la suprimió el dia mismo en que se posesionó. Ahora se vanagloria de su coraje por ejecutar a OBL, pero bien sabe que la información que condujo a ello fue obtenida gracias a la inmersión que regía en la anterior administración.

Parecería que Obama, horrorizado ante la posibilidad de que OBL pudiese ser capturado vivo y sometido a las inmersiones (o “waterboarding”, en inglés), prefirió dar la orden de asesinarlo con un par de tiros en el ojo izquierdo y arrojar su cadáver en el mar. Una y otra decisión serán motivo de un debate sin fin.

Pero previamente hay que reflexionar. ¿Fue espontánea y sincera la actitud de Obama al ordenar la muerte del símbolo del terror? La pregunta es válida, porque su pasado demuestra que siempre estuvo contra la respuesta militar al terrorismo. En El Cairo prometió, en su lugar, extender la mano al buen musulmán e idéntico mensaje envió al Irán.

¿Cambió Obama de la noche a la mañana? ¿Se volvió de pronto un sincero seguidor de la doctrina Bush? Porque lo que decidió contra OBL es lo que quería Bush desde la tragedia del 9/11 y que él y los demócratas en mayoría en el Congreso lo impidieron con toda suerte de obstrucciones de carácter legal.

Desde el 2009, cuando Obama reemplazó a Bush, los interrogadores de la CIA (los mismos que han permitido la “hazaña” de matar a OBL) están sometidos a juicio por el Procurador Holder. Los interrogatorios, como quedó dicho, se han suspendido en Guantánamo. Los fondos de la CIA se han reducido (al igual que su moral) y para el próximo presupuesto Obama tiene previstos inmensos recortes de fondos para disminuir el poder militar norteamericano.

Hay indicios de que Obama fue forzado a tomar la decisión que tomó, tanto por parte del Director de CIA, Panetta, como del grupo militar una de cuyas ramas son los célebres Navy SEALS. Las investigaciones habían avanzado al punto de máxima evidencia y no cabían vacilaciones, como la de Bill Clinton que ordenó no disparar a OBL cuando los de la CIA lo tenían encañonado en un desierto de Sudán.

Obama, el domingo pasado, jugaba golf. Panetta lo trajo de urgencia a la Casa Blanca, a los pocos hoyos de juego. Le dijo, estamos en ésto, tienes que optar por lanzar un cohete a la mansión de OBL o enviar los comandos que están listos para el asalto. Prefirió esta última opción, que era la más razonable.

Pero en lugar de capturarlo vivo, dio orden de matarlo. Estaba inerme. No había resistencia armada en el complejo. Tomar posesión de él sin pérdida de vidas no era un imposible para superhombres como los SEAL. Pero éstos cumplen órdenes y lo mataron. Con Bush, Hussein fue capturado vivo y sometido a un juicio penal por los iraquíes.

¿No habría sido mejor para la humanidad que OBL hubiera comparecido ante un mini tribunal de Nuremberg? ¿Y por qué se lo lanzá al mar y por qué no se divulgan fotografías de este acto incomprensible así como de su ajusticiamiento? Sea de ello lo que fuere, OBL ha desaparecido de la faz de la tierra no por Obama, sino a pesar de él.

Luego de la caida del Muro de Berlín y la fracción del imperio soviético, el presidente Bill Clinton dispuso que se resten fondos a la CIA y a las fuerzas armadas. Para él, su personal bonhomía era suficiente para aplacar a los enemigos de USA o para seducir a las Lorenas Lewinskys de su entorno.

Es ls misma mentalidad demócrata de los Obamas. Cuando por fuerza de sus funciones elogian a los militares, lo hacen de labios para afuera. No aceptan que su papel sea comparable a la hemoglobina para combatir las enfermedades. Éstas, como los enemigos, jamás desaparecerán, como no desaparecerá nunca el mal. Lo militar existe en USA no para expandir un imperio inexistente, sino para defender un sistema de vida en libertad.

Obama, con encuestas de opinión cada vez más negativas por su mala conducción del gobierno especialmente en lo económico, ha tratado de resarcirse con su “hazaña”. Pero el repunte ha sido magro y en el fondo es más bien una aprobación a las estrategias antiterroristas de Bush. Para la reelección en el 2012, Obama necesitará mucho más que la ficción de su sorpresivo y supuesto amor por lo militar para triunfar.

La economía está por los suelos con una inflación acelerada, con precios de la gasolina en una imparable alza, con un desempleo que no baja del 9% o más y una política exterior y de defensa nacional vacilante e imprecisa. No son factores ciertamente que la vayan a favorecer con el voto en los próximos comicios presidenciales.