Monday, July 31, 2017

REACCIÓN POPULAR EJEMPLAR

Si los latinoamericanos hubiesen reaccionado con la virilidad y entereza como lo han hecho los venezolanos, acaso no se  hubieran asido del poder ni los Castro, los Correas ni demás tiranuelos de la calaña de los Ortega, Morales o Fernández.
Nicolás Maduro recibió el mando para destruir Venezuela de manos de Hugo Chávez, quien sobrevivió un golpe de Estado con la ayuda de Fidel Castro. Fue derrocado porque destruyó la economía petrolera y de libre mercado, asfixiando la inversión privada y aumentando el desempleo.
La gestión de Maduro, que sucedió a Chávez, resultó peor. La economía cayó en picada, comenzó el éxodo de venezolanos como en Cuba y los únicos aliados que encontró fueron Rusia y regímenes pro marxistas autodenominados de la revolución ciudadana en América Latina, aparte de Irán.
La oposición que comenzó a florecer con Chávez, se robusteció con el ex chofer de autobús, cuya ignorancia le impide incluso hablar el idioma español con propiedad. La rebelión se tornó popular e imparable cuando se agregaron jóvenes de ambos sexos y amas de casa, que veían vacías las estatanterías de tiendas y supermercados.
La maniobra de Maduro para contrarrestar la creciente oposición fue llamar a elecciones para una nueva Asamblea Constituyente, cuya misión sería eliminar todo vestigio legal a la disidencia, que en cierto modo se mantenía  en la Constitución de Chávez. El pueblo reaccionó con indignación a esa tentativa.
Organizó un simulacro de elecciones para aprobar o no la convocatroria a la asamblea, procedimiento previsto por la Constitución. La respuesta fue abrumadora, ya que acudieron más de siete millones de votantes para rechazar la propuesta de Maduro. Éste, sin embargo, persistió en su deseo  de llamar a las elecciones y lo hizo claro está pasando por alto la previa consulta popular.
Esos comicios se realizaron ayer, en medio de la represión que ocasionó otros 16 muertos que se suman a los más de un centenar en las protestas. Los resultados, cualquiera que fueren, son nulos. Los que votaron por el no antes, se abstuvieron de votar ayer. Se dice que hubo menos de tres millones de votos, de un total de veinte millones de votantes registrados.
Maduro afirma que la “verdadera” cifra de votantes es de ocho millones, pero nadie excepto sus partidarios le creen. Se habla de que ha habido un hacking que podría documentar el fraude. El gobernante afirma que ha triunfado la democracia y llama a la paz y el diálogo, pero la respuesta de los venezolanos ha sido la misma: revuelta en las calles en rechazo a la Asamblea Constituyente y pedido a que renuncie.
Los Estados Unidos, Perú, la Unión Europea, Argentina y otros países han anunciado que no reconocerán los resultados de la Asamblea por ilegal y porque ha sido rechazada por el pueblo. Regímenes serviles como el del Ecuador de Lenin Moreno lo respaldan y enviaron observadores para que testifiquen la validez del proceso, en respaldo a Maduro.
Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, aparece disgustado con Maduro, pero es una farsa derivada de un conflicto de fronteras. En el fondo ha demostrado comunidad de ideas con Maduro, inspirados ambos, como antes Chávez, en los Castro y sus tácticas. Santos negoció con las FARC en La Habana la capitulación del gobierno ante la guerrilla, pese a que fue rechazado en un referendo popular que luego desconoció.
Moreno es clon de Correa, pero los ecuatorianos están fascinados porque su lenguaje no es tan patanesco como el de su antecesor. Mas sus tácticas y sus colaboradores son los mismos. Su devoción por Fidel consta en documento público y su actitud de respaldo a Maduro lo dice todo. Para los ecuatorianos con pudor, esta realidad les debe resultar bochornosa.
A continución se transcribe, en español, un análisis del verdadero significado del acuerdo de Santos con las guerrillas terroristas, escrito por un ex-ministro de Uribe (como lo fue Santos): 

Colombia, la transnacional del crimen

Miembros del ejército colombiano presentan toneladas de cocaína decomisada que pertenecía a las FARC, en el Cauca, en foto de archivo.
Miembros del ejército colombiano presentan toneladas de cocaína decomisada que pertenecía a las FARC, en el Cauca, en foto de archivo. Juan Manuel Barrero Bueno EFE
La ONU, a través de su Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI), acaba de revelar lo que costó convertir a Juan Manuel Santos en Premio Nobel de la Paz.
La cifra demuestra que en el año de la Paz, cuando supuestamente se silenciaron los fusiles, en Colombia la coca sembrada creció en un 50% (cincuenta por ciento, para que no quepa duda) lo que vale tanto como decir que estamos produciendo más de 1,000 toneladas métricas de cocaína por año.
Antes de trabajar ese número fantástico, recordemos que Tumaco produce tanto de la hoja como Bolivia entera. ¡Pobre Evo! Y que el Departamento de Nariño excede la producción total del Perú. Y nos falta la cuenta de Chocó, el Catatumbo, Arauca, La Guajira, Putumayo, Bajo Magdalena, el Perijá, Caquetá, el Huila… En suma, este no es un país. Es un mar de coca, la herencia de la Paz de Santos.
Mil toneladas son un millón de kilos. Un millón de kilos son mil millones de gramos. Y cada gramo se vende en $100 en las calles de Estados Unidos, de Europa o del Oriente. Mil millones de gramos se multiplican por cien y nos da la suma 100,000 millones de dólares. Haga, lector, las rebajas que quiera. Calcule más interceptaciones, rebajas para mercados incipientes, lo que se le ocurra, y seguirá teniendo frente a usted el valor de la más grande transnacional mundial del crimen en toda la historia.
Haga ahora las rebajas que se le antoje para llegar a lo que queda de esa mil veces millonaria cantidad en Colombia. Para los campesinos que siembran; para los que la raspan; para los que producen la coca y para los que vuelven la pasta de coca en clorhidrato de cocaína; para los que la llevan a los puertos; para los que custodian el tránsito y los embarques; para los que se entienden con la mafia internacional; para los que fabrican sumergibles y los usan; para los de las lanchas rápidas; para los pilotos de los aviones; para los que cargan y descargan; para los que matan indiscretos o soplones; para los que compran policías o militares corruptos; para los que venden la cocaína a los que la vuelven basuco; para los que alimentan las ollas del narcotráfico urbano y venden al público esa porquería; para los encargados de enviciar a los niños, clientela del futuro y medio ideal para llevar producto, razones y órdenes. Para los que mantienen a los jefes en Cuba, en Venezuela o en Colombia; para los que manejan propiedades compradas o robadas; para los que aceitan la maquinaria financiera en Colombia, en los paraísos fiscales, en Suiza, en el Ecuador y Venezuela. Para los que reciben el pago convenido para seguir sosteniendo que esto se llama Paz; para la propaganda de esa Paz que mimetiza el negocio; para los que organizan conferencias y preparan el partido político que saldrá de las entrañas de este monstruo criminal. Alcanza para todos.
Ese resultado fabuloso, no se produjo por acaso. Llegó de un plan preconcebido y meticulosamente ejecutado por Santos y sus impulsores, cómplices y adláteres. No es problema repasarlo.
Era menester empezar por prohibir los bombardeos a los campamentos de los que cuidaban las zonas de cultivo. La orden llegó desde Cuba y se cumplió puntualmente.
Enseguida le cerraron la puerta al plan de Uribe para que Estados Unidos construyera gigantescos aeropuertos militares para uso de aviones de reconocimiento. Tampoco construyeron radares y el general Oscar Naranjo hizo lo necesario para que volaran el Radar de Santa Ana.
Prohibieron la fumigación aérea, con el cuento del cáncer que le podía producir el glifosato a los monos, las culebras y los bandidos que están en las zonas de aspersión.
Prohibieron la extradición a Estados Unidos de los capos del negocio, los de las FARC, para que aquí los absolviera la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
Acabaron de hecho con la Extinción de Dominio de bienes no justificados por sus dueños.
Finalmente, encerraron el ejército en los cuarteles, los aviones de combate en los hangares y las naves en los puertos.
Resultado: la más grande transnacional del crimen de la historia. Si no cree, repase las cuentas iniciales. A mano, con tableta o computador. Hágalo en su casa o con sus amigos. Y pregúntese qué negocio legítimo produce en el mundo $100,000 millones.
Queda por ver el tiempo que le falte a esta transnacional del crimen para que sea enfrentada y aniquilada. A Santos se lo dijo Trump en su visita a la Casa Blanca. Y los chinos fusilan a los que capturan entrando cocaína a su territorio. Algo está pasando y pasará pronto. Como por ejemplo, que los colombianos nos sublevemos contra esta infamia que acabó con nuestro decoro, nuestra juventud y nuestra economía. Es tiempo de entender y reaccionar.
Abogado y ex ministro en el gabinete de Álvaro Uribe.

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