Sunday, June 8, 2008

VICTORIA DIPLOMATICA

El presidente ecuatoriano Rafael Correa ha aceptado reanudar las relaciones diplomáticas con Colombia, que él las rompió unilateralmente, “inmediatamente y sin precondiciones”, según anuncios oficiales de Quito y Bogotá.
¿Seguirá ufanándose Correa de la “victoria diplomática” que dice haber alcanzado sobre su homólogo colombiano Álvaro Uribe, a raíz del ataque que éste ordenó el pasado 1 de marzo al campamento terrorista de Angostura y por el cual no solo cortó lazos diplomáticas sino que movilizó militares a la frontera?
Tras el impecable ataque militar a los narcoterroristas, los soldados se llevaron algunas evidencias del enemigo, entre ellas las célebres computadoras portátiles que contenían decenas de miles de documentos que comprueban con nitidez los nexos de Correa con las FARC y sobre todo de su inspirador, el presidente venezolano Hugo Chávez.
Tan pronto comenzaron a divulgarse desde Bogotá los contenidos de varios de esos documentos, Correa se sintió descubierto y se desesperó. Emprendió una gira precipitada por varios países latinoamericanos y 3 de Europa, para tratar de adelantarse al impacto de las denuncias con la cantaleta que los documentos eran falsos y manipulados.
¿Los resultados de la gira, según Correa? : un triunfo desde el punto de vista diplomático. La realidad es otra, salvo el respaldo que obtuvo en dos de sus otros aliados con las FARC, Venezuela y Nicaragua. En Europa lo recibieron con cortesía, pero le advirtieron que las FARC están considerados terroristas por la UE y no como quisieran él y Chávez, grupos beligerantes.
En Brasil, Lula le expresó igual criterio y luego se supo, por los documentos de las computadoras, que anteriormente el gobierno brasileño había confirmado que cualquier incursión guerrillera en su territorio sería rechazada por las armas. Además, una organización sindical de izquierda se negó a aceptar a delegados de las FARC a una convención de trabajadores en esa nación.
Le ganamos la guerra diplomática y “mediática” a Uribe, dijo Correa. Y no solo eso: añadió que el presidente colombiano había perdido prestigio, que nadie le respeta, que ha sido demolido diplomáticamente por la fuerza de su persuasión. Pero los hechos demuestran lo contrario.
La cancillera María I Salvador, por orden de Correa, recitó sucesivamente varias condiciones para concederle a Uribe la gracia de reanudar las relaciones cortadas por la muerte de los terroristas. Inicialmente dijo que Uribe deje de hablar de los documentas y deje de fomente con ellos una guerra mediática que afectaba al Ecuador.
En otra oportunidad fue más allá y dijo con desfachatez que Urbe archive los documentos antes de conversar sobre reanudación. Tan disparatada propuesta, fue desautorizada por Correa, quien dijo que ella no le había entendido bien la orden que le dio. Salvador no se inmutó por la humillación y continúa en el cargo.
Continúa también pese a que lanzó otra condición inútil a Uribe: que envíe una platita para compensar los daños por el bombardeo del 1 de marzo. ¿Para qué? ¿Para reconstruir el campamento y volverlo a poner a órdenes ya no de Reyes, que está muerto, ni de Marulanda que también murió, sino de Cano que lo ha reemplazado?
Además Correa ha dicho en incontables ocasiones, con el eco sus esbirros, que el affaire de las computadoras y sus documentos es farsa tramada por Uribe, que no hay que hacer caso, que su consciencia está muy tranquila, que le tiene sin cuidado lo que hagan con ellos.
En la última conferencia de la OEA, no obstante, Salvador pidió al organismo que se haga cargo de los documentos, sin especificar para qué. Si el secretario general Insulza ejerciese el cargo seriamente, utilizaría esos documentos para proponer a la Asamblea una pública condena a Ecuador y Venezuela por violar la Carta en el capítulo que repudia total y absolutamente al terrorismo.
¿Por dónde la victoria diplomática del Ecuador? En la confrontación, iniciada por Correa ¿cuál ha ganado y quién ha perdido con la reanudación de las relaciones diplomáticas de manera “inmediata y sin precondiciones”?
La respuesta es obvia: el ataque a Angostura ha robustecido a Uribe porque las FARC se han debilitado con la muerte allí del segundo a bordo, Raúl Reyes y, subsecuentemente, del líder máximo Marulanda Tiro Fijo y otros altos de la nómina, así como con las continuas defecciones. Las FARC y ese otro grupo menor pero igualmente asesino ELN, están debilitados y en retirada.
En cuanto a Correa y Chávez, su verborrea e insultos para tratar de descalificar el contenido de los documentos, avalados por la INTERPOL, no logran detener el continuo deterioro de su imagen dentro y fuera de sus países. Lo dicen las encuestas y lo dice la actitud de los gobiernos del mundo libre.
La “victoria diplomática” que Correa dice haber alcanzado frente a Colombia, es comparable a la otra “victoria” que el Ecuador conquistó frente al Perú. Durante muchos, demasiados años, los gobiernos de Quito alimentaron la doctrina del Derecho Territorial que le asistía al Ecuador para reclamar territorios “robados” por el Perú a lo largo de la historia republicana.
En aulas de escuelas, colegios y universidades se atormentaba a los estudiantes para que memorizasen los límites del Ecuador desde los de la Cédula Real de 1563 hasta los del Protocolo de Río de 1942. Perú era “el enemigo secular” al que había que derrotar hasta obligarle a devolver los territorios aprehendidos, hasta incluir dentro de las fronteras a Iquitos, pues ya no se hablaba de Cali y Popayán, ya de Colombia.
Como la fragilidad estructural del Ecuador existe desde que advino a la era republicana, el reclamo territorial no podía hacerlo por las armas, que ha sido el método tradicional en la historia de las disputas territoriales entre países. Se recurrió, pues, a la diplomacia. Pero, ayer como ahora, esa diplomacia no logró ningún respaldo para Ecuador, simplemente porque carecía de razón. Como hoy en el caso con Colombia.
¿Cuál fue el resultado de la “victoria diplomática” frente al Perú? Que el Ecuador acepte, sin condiciones, el trazo de la frontera del Protocolo de Río, que el país ya aceptó y que solo requería de determinadas correcciones y precisiones para su total aplicación. (Corrección: Ecuador si tuvo una compensación por sus años de “heroica” lucha diplomática: un pedacillo de tierra en un sitio al que nadie va y del que nadie se acuerda.
En el caso de la “victoria diplomática” con Colombia, la compensación que debería exigirse no es de Colombia a Ecuador sino viceversa. La Cancillería debería enviar una nota de disculpa a Bogotá por los deslices diplomáticos incurridos tras el ataque de Angostura y, paralelamente otra nota de gratitud por haber liquidado un foco de terroristas que por igual son enemigos de Colombia, y Ecuador y el mundo civilizado.
Lo cual no ocurrirá, por cierto. Al contrario, Correa se empecina en mediar para liberar a los rehenes de las FARC como quiso e hizo Chávez y para ello dice que no pedirá permiso a nadie. Salvo, se entiende, a Cano. Bogotá le ha reiterado de inmediato que no está autorizado a ninguna gestión con las FARC y que si lo hace estará violando el principio de no intervención.
Al tiempo de empantanarse con el caso Colombia, Correa está empeñado ahora en desviar la atención hacia la política interna del país, en referencia a la nueva Constitución de su Asamblea ad-a.C. Ha iniciado la campaña para que se vote por el Si en septiembre, inclusive antes de que sus asambleístas la terminen de aprobar. Mas la imagen de Correa se ha debilitado notoriamente con su fracaso ante Colombia y ello y la economía podrían influir para que el Ecuador se salve de él con un mayoritario No en las urnas.
Hay algunos puntos que debidamente expresados y divulgados insistentemente por todos los medios, podría acrecentar el NO:
- Cuando Correa ganó las elecciones, la gente quería un líder que impulse el cambio, pero no hacia el socialismo;
- El socialismo, palabra que podría ejercer cierto atractivo a gente no bien informada de su real significación, es para Correa concentración de todos los poderes y no aumento de la riqueza, sino igualación de la pobreza;
- Los votantes querían, como todo pueblo, un líder que inspire optimismo y confianza y no uno que se dedique a hostigar, calumniar y criminalizar a quien discrepe con él;
- La gente quería y quiere cambio, pero no un cambio para suprimir o debilitar al sistema democrático de libre mercado y sustituirlo por un socialismo que no reforma, sino que destruye;
- Quería y quiere cambio para enmendar los errores del sistema que regía, mediante la aplicación de la ley la administración de justicia, no con la demolición de todo lo existente para corromperlo más;
- Votó por la Asamblea Constituyente, pero para que introduzca mínimas enmiendas para mejorar la vigente, no para dictar una nueva que no durará sino lo que dure su beneficiario, el presidente Correa y director supremo de la Asamblea;
- Los cambios que la gente quiere, consciente o subconscientemente se orienta, en definitiva, a garantizar una mayor libertad para la acción individual creativa, no para reducirla y concentrar el poder de decisión en unos pocos burócratas.
Las acciones en sentido opuesto de este gobierno están conduciendo a la recesión al país según lo demuestran las estadísticas. La peor y que resume todos los desastres, es la inflación, que casi ha llegado al 10%. La inflación debía ser nula si se aplicaba correctamente la dolarización de la economía. Con la dolarización los gobiernos están obligados a limitar sus gastos con sujeción estricta a los ingresos.
Eso no ha ocurrido, sino lo contrario y los ingresos extra por los precios altos del petróleo se han dilapidado. Con la dolarización se debió estimular la exportación y las inversiones; pero lo que ha habido es desestímulo y, como en el caso del arroz, prohibición para exportar porque los precios en el mercado internacional han mejorado.
En el campo de la diplomacia, Correa malentendió al votante. Jamás lo habrían elegido si revelaba su admiración y conexiones con Chávez. En el Perú cuando los electores votaron por Alan García, descartando con amplio margen al rival que tuvo la “imprudencia” de revelarse chavista durante la campaña. Tampoco el votante ecuatoriano habría respaldado a Correa si sabía que en su gobierno colaboraría con las FARC.
El ecuatoriano común rechaza la violencia terrorista. Nunca fructificó en el país en sus varios intentos por arraigarse. Y igualmente comprende que si bien el problema guerrillero es de Colombia, su influjo ha llegado al Ecuador y que es indispensable unir esfuerzos con Bogotá y cualquier gobierno democrático en la lucha sin cuartel para combatir y liquidar al terrorismo.

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