Tuesday, November 14, 2017

¿SE HARÁ JUSTICIA?

Con un retraso de casi 48 años, hay indicios ahora de que podría iniciarse por fin un enjuiciamiento a los Clinton por violación reiterada de la ley y la Constitución, siempre amparados por el partido demócrata y sus parlantes, los principales medios de comunicación del país.
Eso se desprende del anuncio hecho ayer y ratificado hoy ante el Comité del Senado por el Fiscal General, Jeff Sessions, de que estudiaría la posibilidad de designar un comisionado especial para que investigue independientemente las denuncias de los manejos de Hillary Clinton en la negociación de uranio a Rusia y otros asuntos pendientes.
Las primeras noticias de actos ilícitos de los Clinton datan de cuando Bill era Gobernador de Arkansas y Hillary participó con él en una transacción fraudulenta en la bolsa, que les significó jugosas ganancias. Más tarde Bill llegó a la Casa Blanca y ella optó por dos veces sustituirlo. En el interim, fue senadora por Nueva York.
Como Presidente, Bill Clinton protagonizó el escándalo con una muchacha de 22 años, Monica Lewinsky, que hacía una pasantía y a la que invitó a la Oficina Oval para mantener sexo oral con ella. Lo negó bajo juramento pero hubo pruebas de ello: restos de semen en el traje de la mujer, que se identificaron en el laboratorio.
La interpelación por perjurio fracasó en el Congreso por la oposición de los demócratas y de muchos republicanos del establishment. No obstante, el abogado Clinton perdió el derecho a ejercer su profesión por resolución de la Asociación de Jurisconsultos de Arkansas, debido al delito de perjurio.
Bill Clinton no solo fue perdonado sino que fue doblemente adorado por los medios por lo que dijeron fue un “desliz” sin importancia, su encuentro con Monica en la Oficina Oval. Desde entonces y hasta ahora es una figura estelar, modelo a imitar y hasta la dinastía Bush se cuenta entre sus fanáticos. 
(¿Con ese antecedente, sorprende a alguien la ola de “escándalos sexuales” que ha salido a luz en estos días? Bien puede interpretarse como fruto de las palmadas  de solidaridad dadas a Bill por lo de Monica y antes por el silencio frente a la debilidad por las faldas de John F. Kennedy, que todos sabían, pero todos callaban comenzando por sus cónyuges.)
Hillary compitió con Obama por la Presidencia, pero perdió. Pero Obama la nombró Secretaria de Estado y desde allí, junto con su marido, dirigió la Fundación Clinton para colectar multimillonarias sumas de dinero con el pretexto de destinarlas a obras benéficas, que en realidad eran para financiar su nuevo intento de llegar a la Casa Blanca.
Aprovechó de su cargo para presionar a gobiernos extranjeros así como a corporaciones del país y del exterior para que asignen cuantiosos fondos a la Fundación a cambio de audiencias, votos favorables y similares acciones quid pro quo. Para mejor ocultar sus actos fraudulentos, Hillary se las ingenió para montar un servidor en su domicilio privado.
Desde allí intercambiaba mensajes, muchos de alta seguridad, con gente a la cual pesionaba por dinero e influencias. Cuando fue soprendida optó por destruír 33.000 emails, varios smartphones y toda otra información que le comprometiera, aduciendo que contenían asuntos familiares.
Más tarde hubo un simulacro de investigación conducida por el director del FBI, James Comey. Sin tener atribuciones para ello, la absolvió de toda culpa, afirmando que el uso ilegal del servidor a domicilio y el cruce con él de mensaje de seguridad, fueron actos “sin mala intención”. Su papel debió limitarse a entregar el resultado de su investigación, para que sea el Fiscal quien determine si hay o no culpabilidad.
Pero las órdenes de exculpación fueron dadas con anticipación por Obama y la Fiscalía, de lo cual hay documentos. El objetivo era poner a Hillary en la Casa Blanca para continar con la agenda “progresista” de debilitar la vigencia de la Constitución y su basamento, un gobierno por consenso y el fraccionamiento del poder en tres ramas que se controlen mutuamente.
Si triunfaba Hillary todas las infracciones del clan Clinton habrían quedado sepultadas para siempre. Las recientes y las previas, como aquella venta del 20% de las reservas de uranio a Rusia, por lo cual ella recibió 145 millones de dólares para la Fundación y 500.000 para que su marido de una charla de 20 minutos en Moscú.
Para tormento del “progresismo”, Hillary perdió y ganó Trump. Trataron de anular a Trump diciendo que su victoria se debió a Putin de Rusia, pero resulta que la “colusión” nunca se dió entre Trump y Vladimir, pero si entre Putin y Obama/Clinton. Si la investigación toma cuerpo, aflorarán de la cloaca muchas, pero muchas noticias que ojalá terminen con pulverizar a la mafia Clinton. Sus cuentas bancarias personales y de la Fundación, por ejemplo.
¿Se hará justicia esta vez?

Wednesday, November 8, 2017

A 100 AÑO Y 100 MILLONES

Una encuesta revela que casi un 60% de los milenios en este país, o sea quienes tiene menos de 30 años de edad, quisiera que el capitalismo fuera sustituido por el socialismo marxista, para “sentirse más seguros” y para que “desparezca la inequidad”.
Tal pronunciamiento refleja ignorancia, que se explica por el deterioro de  los sistemas educativos públicos que han terminado por imponerse en los Estados Unidos, tanto a nivel escolar y de colegios secundarios como en el académico de las universidades.
El control de lo que se enseña ha caído en manos de la izquierda radical desde hace varios decenios atrás y se ha vuelto irreversible gracias al contubernio entre los sindicatos de profesores, la burocracia demócrata y los gobiernos de esa tendencia, que transan votos por intocabilidad.
A partir de la II Guerra Mundial y con énfasis a raíz de la de Vietnam, se ha impuesto el criterio en los centros educativos de que el belicismo nace con el “capitalismo explotador”. Los Estados Unidos, dicen, pelearon en Corea y Vietnam, no para repeler al comunismo sino en plan de conquista.
Los males del mundo, prosiguen, se derivan de los Estados Unidos y de su forma de vida brotada con la Declaración de la Independencia de 1776 y la Constitutución de 1778, no de las fuerzas externas, ni siquiera fascistas o comunistas a las que pretenden justificar como que fueron respuestas a la explotación.
Por cierto que no todo el sistema educativo está absorbido por el gobierno pues hay escuelas, colegios y universidades que se autosustentan y liberan de la obligatoriedad de sujetarse al curriculum sesgado que viene impuesto desde Washington. Pero son minoría y el daño del sistema prevaleciente es inmenso.
Porque quienes egresan ignoran la verdad de la historia de los Estados Unidos y la verdad del socialismo marxista, que este mes celebra 100 años de llegar al poder con Lenin y la difunden como profesores y periodistas. La dictadura comunista fue atroz y causó la muerte en la URSS, satélites y países seguidores de la doctrina, de más de 100 millones de seres humanos.
La utopía del paraíso terrenal sin desigualdades significó pérdida de las libertades individuales, prisión y muerte a los disidentes, destrucción del sistema productivo con hambrunas, más muertes y un deseo imparable de  poder más allá de las fronteras. Jrushov llegó a extender el imperio soviético a 90 kilómetros de la Florida, en Cuba.
El mito o utopía marxista no se ha desvanecido con la fracturación de la URSS en 1989. Sigue viva, estimulada en este país por un sistema de educación adulterado y por un partido demócrata cada vez más atenazado por una izquierda radical, que se cierra al diálogo, intolerante con quienes discrepan,  iracunda y violenta.
Cooperan con ellos los denominados republicanos del establishment, que vacilan en confrontar a los demócratas diciendo las cosas como son, o sea como las dice Donald Trump. Cuando no lo hacen, fracasan. Prueba de ello son las elecciones parciales de ayer en algunos Estados, en los cuales los candidatos republicanos “anti Trump” perdieron aparatosamente.
Trump no es un caudillo populista, como se lo quiere aparecer. Es alguien que quiere restablecer la plena vigencia de la Constitución, que se basa en la Declaración de la Independencia la cual presupone la existencia de un gobierno elegido por consenso, alternativo y fraccionado en tres ramas que se auto vigilan para evitar excesos de poder.
Con el socialismo eso no ocurre. La meta de la igualdad de resultados no es dable pretender sin eliminación de libertades. El colectivismo, por otro lado, mata la iniciativa privada, el incentivo del lucro y la competencia de mercado, por lo que se destruye la productividad e innovación. La división de poderes se sustituye por un Ejecutivo autárquico.
El capitalismo, a partir de la revolución industrial del siglo XIX, ha hecho más por mejorar las condiciones de vida de la humanidad que cualquier otro sistema en la Historia. Unido al sistema político instaurado aquí en 1776, la ruta hacia la prosperidad está garantizada porque todas las imperfecciones son posibles de corregirse sin alterar el sistema, sin abolir las libertades.
El comunismo y todas las formas clónicas de dictaduras fascistas, nazis y neonazis que se han registrado antes y después de la Revolución Americana, es todo lo contrario. A continuación se reproduce un artículo en el que se narran los hechos logrados por la Revolución Bolchevique de hace 100 años, publicado por The Wall Street Journal.



Armed Bolsheviks seized the Winter Palace in Petrograd—now St. Petersburg—100 years ago this week and arrested ministers of Russia’s provisional government. They set in motion a chain of events that would kill millions and inflict a near-fatal wound on Western civilization. 

The revolutionaries’ capture of train stations, post offices and telegraphs took place as the city slept and resembled a changing of the guard. But when residents of the Russian capital awoke, they found they were living in a different universe.
Bolshevik fighters pose with a captured vehicle in Petrograd, Nov. 7, 1917.
Bolshevik fighters pose with a captured vehicle in Petrograd, Nov. 7, 1917. PHOTO: AGENCE FRANCE-PRESSE/GETTY IMAGES
Although the Bolsheviks called for the abolition of private property, their real goal was spiritual: to translate Marxist- Lenin ist ideology into reality. For the first time, a state was created that was based explicitly on atheism and claimed infallibility. This was totally incompatible with Western civilization, which presumes the existence of a higher power over and above society and the state.

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The Bolshevik coup had two consequences. In countries where communism came to hold sway, it hollowed out society’s moral core, degrading the individual and turning him into a cog in the machinery of the state. Communists committed murder on such a scale as to all but eliminate the value of life and to destroy the individual conscience in survivors.
But the Bolsheviks’ influence was not limited to these countries. In the West, communism inverted society’s understanding of the source of its values, creating political confusion that persists to this day. 
In a 1920 speech to the Komsomol, Lenin said that communists subordinate morality to the class struggle. Good was anything that destroyed “the old exploiting society” and helped to build a “new communist society.” 
This approach separated guilt from responsibility. Martyn Latsis, an official of the Cheka, Lenin’s secret police, in a 1918 instruction to interrogators, wrote: “We are not waging war against individuals. We are exterminating the bourgeoisie as a class. . . . Do not look for evidence that the accused acted in word or deed against Soviet power. The first question should be to what class does he belong. . . . It is this that should determine his fate.”
Such convictions set the stage for decades of murder on an industrial scale. In total, no fewer than 20 million Soviet citizens were put to death by the regime or died as a direct result of its repressive policies. This does not include the millions who died in the wars, epidemics and famines that were predictable consequences of Bolshevik policies, if not directly caused by them. 
The victims include 200,000 killed during the Red Terror (1918-22); 11 million dead from famine and dekulakization; 700,000 executed during the Great Terror (1937-38); 400,000 more executed between 1929 and 1953; 1.6 million dead during forced population transfers; and a minimum 2.7 million dead in the Gulag, labor colonies and special settlements.
To this list should be added nearly a million Gulag prisoners released during World War II into Red Army penal battalions, where they faced almost certain death; the partisans and civilians killed in the postwar revolts against Soviet rule in Ukraine and the Baltics; and dying Gulag inmates freed so that their deaths would not count in official statistics. 
If we add to this list the deaths caused by communist regimes that the Soviet Union created and supported—including those in Eastern Europe, China, Cuba, North Korea, Vietnam and Cambodia—the total number of victims is closer to 100 million. That makes communism the greatest catastrophe in human history.
The effect of murder on this scale was to create a “new man” supposedly influenced by nothing but the good of the Soviet cause. The meaning of this was demonstrated during the battle of Stalingrad, when Red Army blocking units shot thousands of their fellow soldiers who tried to flee. Soviet forces also shot civilians who sought shelter on the German side, children who filled German water bottles in the Volga, and civilians forced at gunpoint to recover the bodies of German soldiers. Gen. Vasily Chuikov, the army commander in Stalingrad, justified these tactics in his memoirs by saying “a Soviet citizen cannot conceive of his life apart from his Soviet country.” 
That these sentiments were neither accidental nor ephemeral was made clear in 2008, when the Russian Parliament, the Duma, for the first time adopted a resolution regarding the 1932-33 famine that had killed millions. The famine was caused by draconian grain requisition undertaken to finance Soviet industrialization. Although the Duma acknowledged the tragedy, it added that “the industrial giants of the Soviet Union,” the Magnitogorsk steel mill and the Dnieper dam, would be “eternal monuments” to the victims.
While the Soviet Union redefined human nature, it also spread intellectual chaos. The term “political correctness” has its origin in the assumption that socialism, a system of collective ownership, was virtuous in itself, without need to evaluate its operations in light of transcendent moral criteria. 
When the Bolsheviks seized power in Russia, Western intellectuals, influenced by the same lack of an ethical point of reference that led to Bolshevism in the first place, closed their eyes to the atrocities. When the killing became too obvious to deny, sympathizers excused what was happening because of the Soviets’ supposed noble intentions.
Many in the West were deeply indifferent. They used Russia to settle their own quarrels. Their reasoning, as the historian Robert Conquest wrote, was simple: Capitalism was unjust; socialism would end this injustice; so socialism had to be supported unconditionally, notwithstanding any amount of its own injustice.
Today the Soviet Union and the international communist system that once ruled a third of the world’s territory are things of the past. But the need to keep higher moral values pre-eminent is as important now as it was in the early 19th century when they first began to be seriously challenged. 
In 1909, the Russian religious philosopher Nikolai Berdyaev wrote that “our educated youth cannot admit the independent significance of scholarship, philosophy, enlightenment and universities. To this day, they subordinate them to the interests of politics, parties, movements and circles.”
If there is one lesson the communist century should have taught, it is that the independent authority of universal moral principles cannot be an afterthought, since it is the conviction on which all of civilization depends.
Mr. Satter is the author of “Age of Delirium: the Decline and Fall of the Soviet Union” (Yale).

Sunday, November 5, 2017

¿UN ASESINO A LA PRESIDENCIA?

04 DE NOVIEMBRE DE 2017 4:29 AM

Friday, November 3, 2017

HASTA CUANDO LOS CLINTON

El Pesidente Bill Clinton denigró a la Casa Blanca manteniendo sexo oral con la joven Monica Lowinsky en la Oficina Oval y lo negó bajo juramento. El intento del Congreso por interpelarlo y destituirlo fracasó pero luego la Asociación Nacional de Abogados le despojó de su título por perjuro.
Su affaire con la muchacha, que hacía una pasantía en la Casa Blanca, era una más de una cadena de abusos sexuales de Bill, que incluían violaciones que fueron denunciadas y que en algunos casos terminaron extrajudicialmente con transacciones financieras. 
En todos los casos, su cónyuge Hillary criticó a las mujeres seducidas y no al agresor, calificándolas de “bimbos”. Uno y otra, además, se han visto involucrados en escándalos financieros, fraude, manipulación y abuso en las funciones públicas cuando les ha tocado desempeñar. Pero han seguido indemnes actuando en política.
Hillary perdió la nominación presidencial demócrata frente a Obama pero éste la nombró Secretaria de Estado. Desde allí, junto con Bill, se dio modos para colectar millonarios fondos para la Fundación Clinton de parte de gobiernos y corporaciones extranjeros, mediante el chantaje. Con ese dinero, ella y Bill estaban resueltos en llegar a la Casa Blanca.
Las maniobras de esos manejos fraudulentos se registraron en miles de emails que Hillary divulgaba y recibía desde un servidor privado en su domicilio en Washington, lo que prohibe la ley. Cuando fue pillada destruyó 33.000 emails y varios smartphones. El Director del FBI en el gobierno de Obama, James Comey, que simuló investigarla, la perdonó aduciendo que no halló en ella “malas intenciones”.
El segundo intento de Hillary para ganar la Presidencia fue considerada por ella y sus partidarios, incluída la prensa, como un paseo, como un paso marginal hacia una coronación segura. Surgió un pre candidato en la primaria, Bernie Sanders, socialista no afiliado al partido demócrata, que al comienzo Hillary lo aceptó como pieza para adornar de legalidad la victoria pre fabricada.
Cuando Bernie comenzó a tomar fuerza, aplicó las tenazas de la máquina Clinton de trituración. Monopolizó todos fondos del partido para si misma y fraguó toda suerte de embustes contra el rival, para debilitarlo. Los detalles de tanta ruindad comenzaron a traslucirse con el hacking de los emails de la dirección del partido por WikiLeaks y ahora una ex dirigente del partido lo confirma. 
Donna Brazile sustituyó a Debbie Wasserman Schultz como directora del DNC, cuando fue expulsada por conspirar contra Sanders. Brazile era quien iba a entrevistar a Hillary en CNN durante la campaña y previamente le entregó las preguntas, contra toda norma profesional. Hoy denuncia que el partido estaba quebrado por Obama y Hillary, pero que calló porque los comicios estabab ad portas.
Las historias de Brazile, que se reúnen en un libro próximo a publicarse, son un catálogo de nuevas infracciones a la ley de los Clinton que serían motivo de escándalo mayúsculo en los medios, si provinieran del sector republicano. La semana pasada saltó la pus de un negocio sórdido para la venta del 20% del uranio estratégico de Estados Unidos a Rusia, en el 2010.
No ha habido eco. Como tampoco que la campaña de Hillary pagó más de 10 millones de dólares para que un ex agente del MI 6 británico elabore un “dossier” con falsedades sobre Trump, supuestamente en cooperación con el Kremlin y el apoyo del FBI. Ese “dossier”, falso, ha servido para erigir una triple investigación contra el Presidente por supuesta intromisión rusa en su favor en las elecciones.
La podredumbre de Hillary, Obama y el partido demócrata se transparentó con los emails de WikiLeaks, hackeados del servidor de John Podesta, jefe de campaña de la cuasi coronada reina. Los demócratas acusaron a Trump y a los rusos del hacking. Julian Assange, jefe de WikiLeaks dijo desde Londres que no fueron los rusos y que está dispuesto a revelar la identidad a cambio de la garantía de no ser extraditado a los Estados Unidos.
Casi no hay duda de quién o quiénes filtraron los emails de Podesta a Julian Assange: fueron demócratas próximos a Hillary y a la directiva del partido, hartos del hedor de las maniobras. Así se desprende de un reportaje de diciembre pasado que publicó el diario The Washington Times, según puede leerse en este link o enlace.
Aparte de Brazile, nadie se alarma por las fechorías de los Clinton, ni siquiera los que votaron por Sanders y no por ella. Ni tampoco Sanders, el socialista no demócrata, ha querido aventurarse a decir un comentario adverso. Por lo menos Elizabeth “Pokahontas” Warren admitió que Hillary manipuló las primarias en contra de Bernie, como siempre lo había sostenido Trump.
Hay quienes especulan que Hillary, como mafiosa que es, terminó dándole dinero a Sanders para que calle. Así se explicaría que al término de la  campaña electoral, el “desprendido” socialista de Vermont haya comprado su tercera residencia, esta vez  frente a un lago y a un costo de 600.000 dólares, donde podrá descansar luego de sus fatigosas campañas en favor de los pobres.

Tuesday, October 31, 2017

LA FARSA ANTI TRUMP

Se necesita ser tozuda e irremediablemente pro Hillary Clinton para seguir esperando alguna trampa que pruebe que Donald J. Trump llegó a la Casa Blanca merced a una conspiración fraguada por Vladimir Putin, el nuevo zar de las Rusias.
Cuando Hillary, su promotor Obama, los demo progresistas y la mayoría de medios a su servicio finalmente se convencieron de que habían perdido las elecciones presidenciales del pasado 8 de noviembre, inmediatamente comenzaron a tramar la manera de invalidarlas.
Primero intentaron probar que hubo fraude en algunos conteos, pero las primeras revisiones favorecían a Trump. Luego decidieron que los votos dirigidos a Hillary, a última hora fueron malévolamente desviados por influjo ruso  en pro del magnate neoyorquino, un novato en política. 
La deducción parecía admisible, al menos para los demócratas. Solamente que surgía un problema: probar que lo hicieron Putin y sus secuaces. Fue entonces que se armó una conspiración, primero para hallar el crimen de la alianza Trump/Putin, luego para exhibir las pruebas de cómo se perpetró el crimen.
Contra toda lógica y contra lo que dispone la ley, el Director Subrogante del FBI, Rod Rosenstein, nombró como Consejero Investigador Especial a su ex-jefe Robert Mueller para que se haga cargo del caso. ¿Qué caso? Uno de simple colusión, que no es crimen en si mismo, entre los rusos y la campaña Trump.
Mueller, que tiene capacidad ilímite de acción y acceso a fondos, nombró a 17 abogados anti Trump para la pesquisa y en más de siete meses no solo que no ha encontrado prueba alguna de colusión y menos de conspiración, sino que tampoco ha detectado la existencia de un crimen que justifique la creación de su cargo.
Hay otras dos comisiones con similares objetivos, en cada una de las dos cámaras legislativas y los resultados son similares. Pero Mueller acaba de sacudir a los medios dando a publicidad las “primeras acusaciones” fruto de su investigación y todos esperaban algo sensacional. Al contrario, fue un balde de agua helada para los “progresistas”.
Inculpa a Paul John Manafort, que fue director de campaña de Trump por ocho semanas, de incorrecto manejo de transferencia de fondos de firmas rusas de las que era representante, años antes de vincularse con Trump. Tan pronto se filtraron noticias al respecto, él fue cancelado de la campaña antes de la fecha de las elecciones. 
También Mueller involucra a un individuo residente en Londres de ancestro griego, George Papadopaolus, de 29 años de edad, que aparentemente se filtró entre los voluntarios primero como experto en política griega, luego en política rusa y al que supuestamente se lo quiere hacer aparecer como el vínculo clave entre Trump y Putin.
Pocos en la campaña conocieron al griego, nunca habló directamente con Trump, jamás fue ni siquiera tramitada una propuesta de cooperación rusa. Trump lo califica de mentiroso y Mueller revela que el griego ha resuelto colaborar con los investigadores con micrófono oculto para dar nombres. ¿Alguien cree que si hubiese una sola prueba o nombre ya no se habría filtrado ello al NYT hace un año o más?
Lo tragicómico es que la investigación a Trump ha desempolvado el oscuro negocio de Obama y Hillary con los rusos para venderles el 20% del total de las reservas estratégicas norteamericanas de uranio, a cambio de 145 millones de dólares para la Fundación Clinton (“Clinton Crime Family” Foundation) más 500.000 dólares para que Bill de un discurso de 20 minutos en Moscú.
En el negociado que se perfeccionó en el 2010 participaron los hermanitos Tony y John Podesta, el primero cabildero de los rusos, el segundo jefe de la campaña de Hillary. La colusión y la conspiración, pues, se dio en el lado de los Clinton, no en el de Trump. Cuando prospere la investigación y se imponga la justicia, los culpables deberán ir a parar con sus huesos en las mazmorras.
Por añadididura, las fuerzas especiales han capturado al inspirador de la masacre de Benghazi, en que murieron carbonizados el embajador de los Estados Unidos y otros tres altos funcionarios, ante la impavidez de Hillary y en general de todo el régimen Obama. Cuya portavoz salió a mentir en los medios que la causa de la masacre fue un video que nadie vió en el Internet.
La conspiración para anular a Trump ha fracasado y solo se explica que sobreviva merced a la mayoría de medios de comunicación audiovisuales y escritos que mienten, callan o distorsionan los hechos para apuntalar la delirante obsesión de Hillary, que insiste en que fueron los rusos los que le robaron la elección presidencial.
Mientras ella se pasea por Europea para rogar que le compren su libro en que narra por qué perdió las elecciones, alguien le plantea este Enigma:
It's An Enigma

I still haven't figured out why she lost.  Was it the Russians?  Or was it WikiLeaks?  Or was it Podesta, her campaign manager?  Or Comey, the FBI Director?  Or was it her sexual predator husband?  Or was it a staff's husband Weiner’s immoral pictures in social media?  Was it subpoena violation?  Or was it the corrupt Clinton foundation?  Or was it the congressional lies?  Or was it the Benghazi bungle?  Or was it pay for play?  Or was it travel gate scandal?  Or was it Whitewater scandal?  Or the Cattle Gate scandal?  Or the Trooper Gate scandal?  Or was it the $15 million for Chelsea's apt. bought with foundation money?  Or Comey's investigation?  Or her husband’s interference with Loretta Lynch and the investigation?  Or was it stealing debate questions?  Was it forensically deleting 30,000 emails?  Was it the Seth Rich murder?  Was it calling half the USA deplorable?  Was it the underhanded treatment of Bernie Sanders?  Was it the Vince Foster murder?  The Jennifer Flowers assault?  The Jennifer Flowers settlement?  The Paula Jones law suit?  The $800,000 Paula Jones settlement?  The lie about taking on sniper fire?  The impeachment?  The 6 billion $ she "lost" when in charge of the State Department?  The $10 million Bill took for the pardon of Marc Rich?  Or maybe the $145 millions to the Clinton Foundation for allowing sale of our Uranium mines to Russia?
Gee, I just can’t quite put my finger on it, can you?   But it seems to be right in front of me!

Thursday, October 26, 2017

SI GANABA HILLARY...

Si la candidata demócrata Hillary Clinton llegaba a la Casa Blanca, el hedor del pantano (“swamp”, que dice Trump) en el que tienen sumergido a Washington los políticos del Establishment, se habría esparcido por toda la nación y acaso por el orbe.
Las tenebrosas maniobras de los Clinton que ahora comienzan a aflorar nunca hubieran visto la luz y las intrigas, sobornos, fraudes, incluso muertes incomprensibles jamás explicadas habrían continuado, como en la trama de algún drama del Medioevo.
Si ganaba Hillary, ganaba el Establishment de ambos partidos. Eso se confirma con la investigación que ahora se inicia de un “dossier” que un candidato republicano en desventaja en las primarias del año pasado (¿Jeb Bush?) pagó a un ex jefe del buró británico MI6 para que fragüe falsías sobre Donald Trump.
Ese informe fabricado costó 9,2 milllones de dólares, parte de los cuales los financió Hillary y el partido demócrata. El documento falso fue utilizado por el Director del FBI de Obama para ordenar una investigación sobre la supuesta colusión del líder ruso Vladimir Putin en favor de la candidatura de Trump.
Se nombraron dos comisiones del Congreso  y un Investigador Especial para poseguir la pesquisa. Este último contrató a 17 abogados pero tras nueve meses no hay el menor indicio de la colusión. Al contrario, con el aparecimiento del “dossier”, la colusión rusa evidentemente se dió entre Hillary y Putin con el nexo Bush.
Nada se habría conocido si triunfaba Hillary, como lo esperaban los que lo apoyaban, Obama y la mayoría de medios. Como tampoco que en el 2009 Rusia compró el 20% de las reservas estratégicas de uranio a los Estados Unidos, con la venia de Obama y la propia Clinton, a cambio de 145 millones de dólares para su Fundación y 500.000 dólaes para Bill por un discurso de 20 minutos.
La maniobra tuvo un testigo, un informante de la FBI que tenía orden de guardar silencio del régimen Obama. El actual Director de esa institución, tan ultrajada, acaba de levantar la prohibición de silencio y ese informante comenzará a delatar ante el Senado a todos los confabulados en ese acto de traición.
James Comey era Director del FBI cuando se le investigó a Hillary por el uso abusivo e inconstitucional de emails cuando era Secretaria de Estado. Aún antes de entrevistarla a ella y a otros implicados, la exoneró de culpa según de ello hay documentos. Su papel es investigar y dar cuenta de la investigación, no juzgar.
Hoy, con el nuevo régimen, se reabrirá la investigación sobre el caso de los emails y de los actos deshonestos de Comey, algo que habría quedado sepultado para siempre si ganaba Hillary. Ella destruyó 33.000 emails y varios smartphones, quebrando la ley, pero es probable que se recupere al menos parte de los documentos.
Los destruyó porque allí había constancia de que presionaba a gobiernos y coporaciones para que alimenten las insaciable arcas de la Clinton (“Family Crime”) Foundation, con miras a la candidatura presidencial que organizaba desde la Secretaria de Estado de Obama. Los senadores republicanos nunca pudieron adelantar la investigación, por el bloqueo del régimen.
Si ganaba Hillary y se posesionaba de la Presidencia, el limo pestilente y asfixiante del “progresismo” demócrata/colectivista se habría extendido por la cultura americana, minimizando cada vez las conquistas derivadas de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, plasmadas en la Constitución, indemne con 23 enmiendas desde su aprobación.
Con ayuda de los mayores medios de comunicación y el control de la educación, acaso con ella hubiese terminado por imponerse la creencia de que quienes defienden a la Constitución con su división de poderes y un gobierno por consenso, son nazi fascistas y que quienes los silencian y aporrean son “luchadores por la libertad”.
Igualmente, con Hillary, quienes en realidad son herederos del concepto de que el Estado a través de un Ejecutivo fuerte es el que debe prevalecer sobre el derecho del pueblo a escoger y elegir, se convertirían en el partido “compasivo” y de la protección a débiles, minusválidos, negros, pese a que sus ancestros fueron esclavistas y purificadores raciales.
Con el régimen Hillary, habrían cobrado fuerza los Antifa, Black Life Matters y demás grupos terroristas financiados por Soros para acallar a golpe de garrote a quienes se oponen a la “idea única” del colectivismo de raíz marxista/nazifascista, que culminaría con la revisión de la Historia y la condena al “capitalismo opresor” y al “abuso” de la libre expresión.
Inclusive, como lo predecía George Orwell, se hubiera creado para la nueva y única verdad un  nuevo lenguaje, una nueva sociedad uniforme, sumisa, "sin desigualdades". Con un comité de sabios que administran lo que la gente necesita y quiere, de modo inapelable. 
¿No fue estremecedora la escena de los cinco ex Presidentes en un festival organizado para levantar fondos para las víctimas de los recientes huracanes? Parecía que formaban el partido único del globalismo, unidos contra Trump, el “supremacista” que se niega a renunciar a la Constitución de los Estados Unidos en favor del colectivismo universal?
Pero Hillary y su aureola de azufre se perdieron, aunque tardará un tiempo hasta que se esfume su pestilencia.

Tuesday, October 24, 2017

LOS NEGROS HUMILLADOS

Uno de los dramas más lamentables y bochornosos es el que se vive en los Estados Unidos como resultado del esfuerzo más que centenario de los demócratas/progresistas por mantener humillados a los ciudadanos de la raza negra.
El último episodio fue la farsa urdida en torno a una llamada telefónica de condolencia del Presidente Donald Trump a la viuda de uno de los cuatros soldados muertos en una emboscada en Niger, tendida por terroristas musulmanes del ISIS.
El fallecido, sargento La David Johnson, era negro. La llamada se supone que debía ser íntima y confidencial y dirigida a la viuda, pero fue recibida cuando ésta iba en un automóvil con la congresista de la Florida Frederica Wilson,   ambas de la raza negra.
El teléfono tenía abierto el parlante y la congresista dice que el mensaje del Presidente fue irrespetuoso propio, según dijo a la TV, de los blancos supremacistas que oprimen a los negros. La denunciante es estrafalaria, con sombreros de paja de color cambiante, carnavalesca.
Alguien ha insinuado que se le tendió una trampa a Trump, que alguien advirtió a la viuda que se iba a producir la llamada a determinada hora para que esté acompañada de aquella legisladora anti Trump. Éste reaccionó indignado y así lo hizo también su Jefe de Despacho, el general de los Marines de cuatro estrellas John Kelly.
La viuda tardó varios días en sumarse públicamente a los agravios, indicativo de que se resistía a mentir. Pero cedió a la presión de un movimiento que perdura desde la terminación de la Guerra Civil en el siglo XIX que acabó con la esclavitud, pero no con la discriminación racial contra los negros.
Abraham Lincoln, que doblegó a los sureños demócratas esclavistas, se proponía extender los derechos constitucionales en toda su extensión a los negros luego de la victoria militar. Pero fue asesinado por un demócrata y sus sueños se frustraron. Prevaleció la prohibición del voto a los negros y el acceso a servicios de educación, transporte, hotelería, libre matrimonio.
Los negros eran de raza inferior, según la ley Jim Crow que perduró hasta el siglo siguiente. Las uniones birraciales eran prohibidas, se crearon fuerzas de choque del KKK para linchar a los negros rebeldes, surgió la idea de purificar la raza mediante la eugenesia y la eutanasia con instituciones que luego serían los Planned Parenthood para abortar negros y no blancos.
Asombra, con esa historia, que se haya producido una suerte de síndrome colectivo de Estocolomo en la mayoría de la población negra de los Estados Unidos, según la cual los secuestrados o los oprimidos se vuelven adoradores de sus opresores. Tal es el caso, por ejemplo, del senador por Maryland Elijah Cummings.
Con frecuencia se recuerdan escenas de la Marcha de Selma con Martin Luther King Jr., a las que se sumaba el joven Cummings. Se organizaban con el gran líder negro pro derechos civiles para todos como manda la Constitución, sin distintivo del color de la piel. La marcha fue disuelta a palos y gases por el gobernador demócrata de Alabama. 
El senador y muchos negros como él y la viuda del sargento y la diputada son fervientes demócratas progresistas. Acusan a Trump y a los republicanos de racistas, fascistas, neonazis, extremistas. Son los atributos precisamente que los demócratas ahora “progresistas” utilizaban desde el siglo pasado contra ellos.
¿Qué pasó? ¿A qué obedece la transición? Dinesh D´Souza, autor del libro “The Big Lie” (La Gran Mentira), Una Exposición de las Raíces Nazis de la Izquierda en los Estados Unidos, lo explica documentadamente. A la postre el marxismo, el fascismo y el comunismo tienen en común la convicción de que el Estado prevalece sobre los individuos.
Lenin admiraba a Mussolini y viceversa, más tarde Hitler se alió a Mussolini . El marxismo de Mussolini se trocó en fascismo y el de Lenín y luego Stalin en una feroz dictadura comunista, que sacrificó centenas de millones por fusilamientos y hambre. Hitler se obsesionó por la purificación de la raza y el exterminio de los judíos. En un principio fue admirado por Franklin D. Roosevelt y a Mussolini le fascinaba el New Deal.
Entre los ideólogos de Hitler hubo judíos marxistas que desertaron y llegaron a los Estados Unidos para formar la escuela Frankfurt. Con la derrota nazi, la estrategia doctrinaria de Heidegger y Marcuse cambió: no podían utilizar esa insignia para divulgar la causa marxista, pero utilizaron sus tácticas para amedrentar a los opositores republicanos e independientes.
Desde el decenio de 1960 se popularizó la creencia de que la extrema derecha reprimía al individuo con las inhibiciones sexuales burguesas de origen cristiano y sobrevino la “revolución” sexual. Igualmente se propaló la idea de que el capitalismo, el libre mercado y el libre pensamiento son insdtrumentos de opresión de los débiles, por lo que había que sustituirlos por un pensamiento y doctrina colectivistas.
La máxima “cero intolerancia a la intolerancia”, creada por Goebbels para la nazificación de Alemania, comenzó a implantarse aquí y en estos días opera con apoyo de Soros mediante Antifa, Black Lives Matter y otros que se embozan para palear y aporrear a los que disienten con la idea única. 
Los negros, por supuesto, según esa perspectiva, son víctimas del sistema y hay que tratarlos como minusválidos, subcapacitados mentalmente y asignarles privilegios especiales anticonstitucionales para el ingreso a instituciones educativas, lugares de empleo y acceso a subsidios estatales.
La izquierda progresista, de raíces nazifascistas y marxistas, se ha tomado el control de los mayores medios de comunicación, Hollywood y el sistema público de educación y ha causado inmenso daño en la cultura nacional. ¿Serán sus efectos reversibles? La elección de Donald D. Trump es alentadora.
La “biblia” de los medios impresos “liberals”, The New York Times, había predicho días antes de las elecciones presidenciales de noviembre pasado, que la candidata demócrata Hillary Clinton ganaría con el 93% de los votos. Trump la derrrotó y acaparó la mayoría en el Senado, la Cámara de Diputados y las gobernaciones y congresos estatales. 
Y se mantiene incólume en su posición de aplicar el mayor antídoto contra la izquierda de orígenes marxistas nazi fascistas: la Constitución de los Estados Unidos, que se basa en esa deslumbrante, luminosa Declaración de Independencia que dio un vuelco a la concepción de cómo organizar la sociedad, basada en  que es en el pueblo donde reside la soberanía, no en monarcas ni en círculos autócratas inapelables que controlan el Estado.