Saturday, October 23, 2010

MITAS, HACIENDA, SUMISION

Luego de la frustrada rebelión de los policías en el Ecuador y las nuevas demostraciones autoritarias del presidente Rafael Correa, los ecuatorianos le han reiterado su apoyo en casi un 70%, según las encuestas.

Casi en parecido porcentaje pero en otra dirección, los norteamericanos le han retirado su respaldo al presidente Barack Hussein Obama de los Estados Unidos, a consecuencia de su autoritarismo y desastrosos resultados de su política fiscal y financiera.

La primera potencia económica, militar y cultural del planeta corre peligro de entrar en franca declinación si Obama no es frenado en los comicios del 2 de noviembre próximo, en los cuales los republicanos podrían llegar a controlar las dos cámaras del Congreso Federal, gobernaciones y otras funciones de elección popular, ahora bajo dominio demócrata.

Si tal ocurre, como predicen muchas encuestadoras, el horizonte político de USA y por ende del mundo democrático podría esclarecerse, aún cuando el camino por recorrerse sería pedrogoso, dado lo mucho que hay que deshacer de las legislaciones y acciones de este régimen.

No es ese el caso del Ecuador. La población se ha alineado con el supremo líder y no hay esperanzas de que se deshagan las barbaridades que él ha hecho para debilitar y virtualmente desaparecer los últimos vestigios de convivencia democrática que existían en ese país.

Durante la asonada policial, por ejemplo, el líder ordenó clausurar todos los medios de comunicación durante 4 horas, violando la Constitución atrabiliaria que él mismo diseñó y ordenó aprobar a la Asamblea legislativa. Pero no hubo reacción significativa de protesta ni antes ni después de parte de los medios afectados, o líderes políticos o comunitarios. Al contrario, el 67% de los encuestados está de acuerdo con la medida.

Paralelamente la OEA, presidentes y cantantes latinoamericanos se han alegrado de que Correa “hubiese salido con vida” del “golpe de Estado” y van en peregrinación a Quito para rendirle pleitesía y genuflexo homenaje. Seguramente secundarán la idea de declarar al 30 de Septiembre como Día Nacional de Recordación por la “liberación” y “salvataje” del Amado Líder, como en Chile por el día en que se liberó a los mineros atrapados.

En estos días la directiva de la NPR (National Public Radio) de los USA, que se financia paracialmente con fondos del Estado desde que la fundó el demócrata Lyndon Johnson, canceló de su nómina al analista Juan Williams (de raza negra, nacido en Colón, Panamá) porque en otro medio, en el Canal Fox News, dijo algo que podía haber disgustado a los musulmanes.

Tanto izquierdistas (liberals) como derechistas (conservatives) estallaron en protestas por esta arbitraria cancelación, sin más trámite, de un periodista de izquierda de larga trayectoria y generalmente aceptado por la comunidad nacional. Y cobra terreno la idea de que se le corte el subsidio estatal de inmediato a NPR.

NPR es izquierdista y dentro de esa tendencia unipolar, es partidaria de la postura “politically correct” de los liberals según la cual es impropio decir de modo directo lo que se piensa de los enemigos u opisitores de los Estados Unidos. Williams dijo que a los musulmanes se les identifica con el terrorismo y ello, para los liberals, es incorrecto.

Obama, por supuesto, es el iniciador en jefe de este nuevo lenguaje eufemístico. Borró del léxico diplomático el término terrorismo, guerra contra el terrorismo, así como toda referencia al excepcionalismo de USA.

En cuanto a NPR, lo que irrita no es que sea izquierdista o derechista. Sino que cuente con subsidio estatal, que es dinero de los contribuyentes. Un medio de comunicación estatal es de facto un medio de propaganda y ni aún la BBC de Londres, que alcanzó cimas de profesionalismo durante las transmisiones de la II Guerra Mundial, se libra ahora de ese maleficio: se ha convertido, también, en vehículo de propaganda izquierdista.

Los medios audiovisuales e impresos financiados por el Estado se justifican cuando tienen el objetivo de debilitar al enemigo o corregir la mala información que difunde el lado contrario. La Voz de los Estados Unidos fue útil en la Guerra Fría para frenar el expansionismo y la desinformación de Moscú, al igual que Radio Free Europe o Radio Martí para Cuba.

Pero dentro de los Estados Unidos es reprensible que se tome dinero de los contribuyentes para montar una maquinaria propagandística, abierta o simiulada, en favor siempre de tesis izquierdistas compartidas o no por el gobierno de turno. NPR, pese a la indudable calidad de algunos de sus programas, debe desaparecer como ente público y abrirse a la inversión privada.

Como tal no importaría si se inclina a la izquierda o la derecha: si quiebra o es lucrativo, dependerá de la respuesta del mercado. Rush Limbaugh es el más exitoso de los comentaristas de radio. Para contrarrestar su influjo varios multimillonarios demócratas financiaron Air America Radio. No pudo sobrevivir más allá de un par de años y quebró.

NPR tendrá que someterse al mismo riesgo. En la actualidad no puede quebrar pues tiene detrás de si al financista Gobierno y a patrocinadores millonarios como el húngaro/norteamericano George Soros, que subsidia a todo lo extremista que propician Obama y sus demócratas.

La indignación por el excesivo intervencionismo del gobierno en la vida de los ciudadanos (que ha sido persistente del lado demócrata desde Johnson hasta Obama con el cual se han rebasado los límites), es evidente en la mayoría de la población, más allá de la ubicación político partidista.

Prueba de ello es el movimiento Tea Party, inspirado en la rebelión popular contra el despotismo británico que desencadenó la Revolución Americana que dió fin al colonialismo en 1776. Los del Tea Party no tienen liderazgo definido ni organización partidista alguna. Apoyan la tesis de la reducción del intervencionismo estatal, la rebaja de impuestos, y se openen al endeudamiento excesivo y la denigración de la dignidad patria.

Apoya, eso si, a los candidatos que comparten esas tesis y el respaldo popular hacia ellos es enorme. Si hay la votación victoriosa el 2 de noviembre, que sería repudio a Obama, en gran parte se lo deberá al Tea Party.

Ni por asomo hay algo similar en el Ecuador. Correa se ha apoderado de medios audiovisuales y escritos sin genuina oposición. Hay diarios como El Telégrafo, otrora decano de la prensa en el país, bajo total control de Correa, que nadie lee. Está permanentemente en rojo, pero no quiebra ni se cierra porque el fisco lo rescata. Igual ocurre con estaciones de TV, radio y otros medios a los cuales obligó a modificar el paquete accionario con regulaciones absurdas o los confiscó.

Los “juan williams” cancelados abundan en el Ecuador, pero allí “no ha pasado nada”: Carlos Vera, Jorge Ortiz y otras “luminarias” de la TV están ahora “en la calle” y es probable que haya más, si surgen otros periodistas con entereza para seguir esa línea.

En cuanto al ambiente político, el panorama es desolador. No hay líderes, no hay pensadores, críticos, analistas, cuestionadores. El vicepresidente de la República Lenín Moreno, tras el conflicto policial, denunció que algunos políticos, a los que no identificó, le insinuaron y trataron de persuadir para que asuma el poder, si el “golpe” se concretaba.

Es una actitud vergonzosa, que revela la cobardía del liderazgo político. Que no ha desplegado una oposición inteligente, coherente, capaz de arrastrar y multiplicar adeptos. Opta, según la denuncia, por estratagemas encubirertas, que los mantenga tras de bastidores, para salvar el pellejo si los hechos toman otro curso.

Y para medrar, si el poder cae. Mientras tanto, pefieren callar y transar con el autócrata, aún si sus políticas, especialmente financieras, les afecte parcialmente. Un 2 de noviembre liberador como el que se proyecta en los USA, parece por lo visto que no habrá en el Ecuador en mucho tiempo.

Friday, October 15, 2010

USA vs USA

Aunque parezca extraño, las próximas elecciones parciales del 2 de noviembre serán una contienda entre los que quieren preservar a los Estados Unidos como lo que han sido desde su fundación en 1776 y los que, comandados por Obama, quieren transformar al país desde sus cimientos.

No es novedad la existencia en este país de ciudadanos que detesten el sistema democrático, capitalista, de libre mercado y competencia que ha prevalecido aquí pese a todos los avatares y que le ha permitido erigirse en la primera potencia del orbe y de la historia.

Pero ellos siempre constituyeron una minoría y siguen siéndolo hoy. Lo diferente es que ahora se han tomado la Casa Blanca y las dos cámaras legislativas, lo que les está permitiendo introducir reformas extremas que, de perdurar, alterarían acaso para siempre el sistema.

Los radicales, conocidos en los Estados Unidos como “liberals”, “progressives” o neo fascistas, neo comunistas, o neo socialistas, nunca han alcanzado un nivel de poder político como ahora. En los últimos decenios, sin embargo, se inflitraron de manera dominante en el Departamento de Estado, las universidades y en medios de comunicación otrora tan respetables como The New York Times o las cadenas tradicionales de TV.

En el siglo XIX el anaraquismo europeo se regó hacia los Estados Unidos y uno de sus simpatizantes asesinó al presidente James Garfield en 1881. El florecimiento del marxismo en ese y el subsiguiente siglo también tuvieron simpatizantes en este país. Aún cuanto las evidencias, por cierto no divulgadas por diarios como el NYT, demostraban que la dictadura del comunismo se afianzaba en la muerte de millones de seres humanos y en el encarcelamiento y hambruna de otros tantos, hubo no obstante fervientes defensores de esos regímenes entre intelectuales, políticos y actores.

Cuando otra forma de dictadura se asentó en Alemania y comenzó a expandirse por Europa y Asia, millares de filo nazis expresaban su apoyo a Hitler mediante asambleas, marchas, revistas y panfletos. Solo cuando se declaró formalmente la guerra al Eje, se pudo silenciar a esos simpatizantes.

La Guerra Fría tuvo otras connotaciones y apenas si se pudo recurrir a la ley para desenmascarar y sancionar a los colaboradores de Moscú, entre ellos intelectuales, miembros del servicio diplomático, periodistas, estrellas de Hollywood. El senador McCarthy encabezó la cruzada contra comunistas y filo comunistas, con documentos irrefutables, pero su figura y su recuerdo son hoy escarnecidos.

La Guerra Fría concluyó con la disolución del imperio expansionista de los Soviets, pero el peligro para la existencia y estabilidad del sistema democrático de Occidente no ha desparecido. Los enemigos visibles del momento son los musulmanes, dispersos en múltiples Estados árabes, Asia y en países europeos y de América, a los que han inundado como inmigantes rehacios a integrarse a la cultura occidental.

Los musulmanes han atacado a Occidente con tácticas terroristas que no se acogen por cierto a regulaciones internacionales de guerra, como las de Ginebra. Tras el ataque del 2001, una coalición encabezada por los Estados Unidos e integrada por más de 50 paises contraatacó al terrorismo en Afganistán e Irak. Pero nunca hubo una declaratoria formal de guerra, como la que sucedió con Japón tras el episodio de Pearl Harbor en 1941.

Ese error lo están pagando muy caro los Estados Unidos. Ha dado pábulo para que prosperen los liberals en su empeño seudo pacifista para denostar a la clase militar y para presionar, abiertamente o no, a la retirada de tropas en los frentes iraní a iraquí. Es la misma posición derrotista frente el enemigo que ha caracterizado a los simpatizentes del fascismo y del comunismo en anteriores épocas (Vietnam, por ejemplo).

La corriente izquierdista o liberal en este país cree, como creen los izquierdistas del mundo que aborrecen a los Estados Unidos, que esta nación ha basado su grandeza en el empobrecimiento y dominación de las naciones pobres. Es lo que aprenden y enseñan en las universidades y lo que leen en libros de texto, revistas y periódicos. Esas creencias se han convertido en dogmas, impermeables a la discusión y la lógica.

El peligro actual es que están apoderados del poder político en la Casa Blanca y el Congreso. Por el influjo de esas dos armas de gobierno, más la complicidad de la función judicial que ya no solo juzga sino que legisla, se ha comenzado a debilitar el sistema en todos sus flancos. Le economía se ha estrujado, en el frente externo hay capitulación tras capitulación y en lo interno el intervencionismo estatal es asfixiante.

La democracia, como se la ha entendido y vivido en este país, no es en modo alguno perfecta. Pues no es rígida, es vital y por ende cambiante y permanentemente perfectible. Pero los liberals, con Obama, no quieren superar las deficiencias, sino derruir al sistema. Y han sido sordos a la protesta popular.

La reforrma al sistema de provisión de salud vigente, imperfecto pero si el mejor del mundo, fue aprobada por mayoría demócrata, sin un solo voto de los republicanos, algo sin precedentes en la historia política nacional. Si llega a su plena vigencia en un par de años, dañará la prestación de salud y encarecerá el servicio en cifras siderales.

El régimen obamista despilfarró el dinero para reafirmar el abuso de los sindicatos en las industrias de automotores como GMC, estatizándola. E igual procedimiento intervencionista ejerció en la banca, la industria de la energía, la educación, al tiempo que redujo recursos para las fuerzas armadas y para sectores emblemáticos como la NASA.

Obama se paseó por Europa, Egipto y otros lares para pedir perdón por los abusos cometidos por el “imperialismo yanqui” y aceptó sin quejas la condena y lecciones que le espetó frontalmente Hugo Chávez. Proclamó que los estadounidenses no tienen derecho a defender la “excepcionalidad” del país, pues para él es igual a cualquier otra nación. Dijo que el islamismo tiene tanta raíz en la cultura norteamericana como el cristianismo, lo cual es una mentira crasa. Favorece la construcción de la mega mezquita en el cementerio de Manhattan, donde los árabes inmolaron a 3.000 víctimas inocentes y afirma que hay una mayoría musulmana moderada (si la hay, no sigue el Corán y así dejaría de ser musulmana).

El actual presidente, que no ha presentado documentos fehacientes de su nacionalidad norteamericana, parece compartir las fantasías del grupo Bilderberg (La verdadera historia del Grupo Bilderber, por Daniel Estulín) de crear un gobierno global liderado por Estados Unidos y Europa, en el cual un grupo selecto de líderes fije la suerte de las masas en todos sus detalles, suprimiendo toda libre competencia.

Esa visión la ha traslucido en diversas declaraciones y en su respaldo a unas Naciones Unidas que hace largo tiempo dejaron de ser demócratas. Y en sus constantes arremetidas contra el sector privado y el libre mercado, lo que ha logrado es incrementar la depresión, el desempleo, la desconfianza y la incertidumbre.

Obama ha sido y sigue siendo impertérrito. No cede ni se arredra ante la evidencia de su impopularidad creciente (70%). Para los comicios del 2 de noviembre, ha abandonado su Oval Office para lanzarse en una frenética campaña en su favor, no de su partido demócrata o de las las leyes y decretos que ha puesto en marcha contra viento y marea.

Su lenguaje es insultante y contradictorio, con falsías y rectificaciones a pronunciamientos anteriores. No le importa si se le hace notar sus fallas retóricas, protegido como está por los mayores medios de comunicación. Confía en ganar (aunque él no sea candidato) y para ello apela vilmente al racismo (el 91% de los negros lo apoya, diga lo que diga) y a invectivas contra su predecesor GW Bush, que dejó el poder hace 2 años.

Si Obama hubiera dicho con claridad cuáles eran sus propósitos para gobernar, es probable que no habría sido elegido o lo habría sido por estrecho margen (dada la debilidad de su contendor McCain quien tampoco permitió que se diga la verdad...pero sobre su rival, algo que también podría aplicarse a Rafael Correa del Ecuador).

Muchísima gente que votó por él, por cualesquiera razón, está hoy arrepentida y así quiere expresarlo en las urnas. Movimientos como el Tea Party, de rechazo a la dirección contraria a lo que es esencial en esta nación, han florecido de manera admirable y los candidatos que tienen su respaldo serán casi los seguros ganadores.

Si el 2 de noviembre se confirma la victoria de las fuerzas democráticas sobre las fascistodes hoy en el poder, se habría desvanecido una pesadilla que puede destruir el sistema democrático, por cuya defensa se han sacrificado millones de vidas en una Gran Guerra Civil, dos guerras mundiales, la Fría, las de Corea y Vietnam y, ahora, la del terrrismo del Islam.

Las encuestas predicen la victoria. Pero, dadas las características del régimen, no habrá seguridad sino hasta el momento final del conteo electrónico de votos. ¿Se confirmará el triunfo o el pueblo dará otra vez más un salto hacía el vacío?

Estados Unidos, en tanto, sigue frenado en su desarrollo y en la búsqueda de la felicidad que le garantizaron los fundadores de la República hacia más de dos centurias. Siempre que el poder de los gobiernos se impone al poder y los derechos de los individuos, la historia se estanca.


Sunday, October 3, 2010

EL MIEDO A CORREA SE ESFUMA

Algunos medios impresos fuera del Ecuador, como el Miami Herald, titularon en sus primeras páginas que la doblegada sublevación de la Policía en ese país había “fortalecido al presidente Rafael Correa”.

Es una apreciación disparatada, pues la revuelta policial y la humillación que sufrió Correa al intentar dominar la insurreción con su sola presencia en el Regimiento Quito, lejos de fortificarlo lo han debilitado, acaso para siempre.

Correa pudo fortalecerse si hubiese actuado como un Jefe de Estado responsable para controlar el conflicto. Hizo lo contrario y los resultados son seis o más muertes y casi dos centenares de heridos. El alzamiento no adquirió mayor volumen pues se limitó a un grupo social y a un reclamo que pudo tratarse en paz por la vía legal.

Correa, en su iracundia y prepotencia, quiso adquirir dimensiones heróicas y acusó a los insurrectos de tramar un golpe de Estado y de quererlo asesinar. Esta figura se ha desvanecido con los hechos. Tras recibir gases y vejaciones, los mismos policías llevaron al Presidente al hospital policial contiguo al Regimiento para protegerlo y asistirlo.

Los médicos atestiguan que quedó en plena libertad para comunicarse vía telefónica para ejercer el poder y para salir del recinto cuando lo deseara. Él, sin embargo, se negó a hacerlo pacíficamente y a sus ministros, que iban y salían del hospital sin tropiezo, les conminó a difundir que estaba secuestrado y en espera de ser rescatado.

Médicos y enfermeras cuentan que Correa quería que los militares vinieran en plan de combate y al hacerle notar que ello podría causar violencia con los policías, con muertes y heridos, comentó: “Eso a mi no me importa”. Y se empecinó en su posición.

Más tarde, ya “liberado”, lloriqueó ante el micrófono y dijo que le dolían los muertos. Declaración hipócrita, pues lo que buscaba es precisamente eso, los muertos para crear el marco dramático y falso de secuestro y golpe de Estado, lo cual fue divulgado profusamente en el exterior.

Hillary Clinton, Sarkozy, varios presidentes latinoamericanos y de otras áreas le congratularon a Correa y se alegraron por el triunfo de la “institucionalidad democrática”, por sobre una supuesta intentona para derrocarla. Y no faltaron las comparaciones con el caso de Honduras.

Pero allí la situación fue diametralmente opuesta. Fueron las instituciones democráticas las que prevalecieron frente al intento del presidente Zelaya de someter al país a los dictados de Hugo Chávez y su “Revolución Socialista del siglo XXI”. En el Ecuador ocurrió y sigue ocurriendo algo muy distinto.

Correa se encaramó al poder por elecciones libre, no para defender la democracia sino para triturarla y guiarla por la ruta Chávez hacia la informe revolución socialista que, en definitiva, no es sino caudillismo en el cual desaparece el equilbrio y mutuo control de los tres clásicos poderes que conforman el sistema democrático.

La democracia no estuvo en peligro con la revuelta policial del jueves. Se halla en peligro desde que Correa está en el gobierno para manipular y distorsionar los recursos de la propia democracia, para destrozarla. En el país dejaron de existir Congreso y Función Judicial independientes. Es Correa quien legisla con una asamblea servil e igual sucede con la administración de justicia.

Correa no va a caer por la fuerza de una revuelta policial ni por un golpe de Estado militar, como otrora. Las fuerzas armadas, como en Venezuela, han sido aduladas por el régimen y los respaldan en cualquier instancia.

No obstante ello, Correa salió debilitado este pasado jueves y con su actuación y sus mentiras, bien podría decirse que determinarán que su historia o biografía en Carondelet sean muy diferentes antes y después de la asonada.

¿Cómo detener el frenesí del “correismo”? Si no por la fuerza ¿cómo? La respuesta, quizás, esté en la utilización de las mismas tácticas para manipular el sistema, que Correa aprendió de Chávez y Fidel Castro. Éste, dicen que con la ayuda reflexiva de Mao, vio que la revolución armada que el Che Guevara pretendió divulgar sin resultados por África y Ámerica Latina, había que descartarla por imposible.

En su lugar, el consejo fue tomarse el poder por las urnas y, una vez en él, implantar el “socialismo” o “fascismo” con manipulaciones de apariencia legalista y constitucional. Chávez fue el primer discípulo en aplicar la nueva doctrina. Le siguieron Correa, Morales, Ortega y lo está haciendo Obama en los Estados Unidos.

Pero ya hubo una clarinada, la de Honduras. El presidente Zelaya se fue y pese a la presión de partidarios confesos y no confesos de Chávez (el gobierno Obama, por ejemplo), se vigorizó en Honduras la democracia, las elecciones presidenciales se cumplieron y hay allí ahora un régimen libre que resistió heróicamente cual David frente a un Goliat multifacético.

¿Podría ocurrir algo parecido en el Ecuador frente a Correa? Es decir ¿frenarlo sin las armas, sin volencia? Parecería que si en vista de que lo que en principio parecía una quimera inalcanzable, ahora toma fuerza: reunir votos para revocar el mandato del Presidente, recurso que consta en la mañosa, contradictoria e irritante Constitución que él mismo ordenó aprobar en la Asamblea.

El movimiento lo dirige el periodista Carlos Vera, inicialmente un fervoroso partidario de Correa en la campaña eleccionaria y en los comienzos de su administración. Se pueden hacer críticas a su carácter veleidoso, a su concepto ambiguo y ambivalente sobre la profesión del periodismo y la política activa, pero no se le puede negar coraje.

El mito de la invulnerabilidad de Correa está fracturado. Su miedo a él y a sus implacables colaboradores va a declinar, como es propio con estos tiranuelos de lengua latigueante, con la que pretenden disimular su cobardía. La incógnita radica en saber si Vera logrará respaldo y fondos para culminar con su campaña.

Correa, por su parte, envanecido por su “victoria” del jueves, no asimilará lecciones y persistirá en sus acciones autoritarias. Es probable que trate de aplastar a quienes promueven la revocatoria. O que la desconozca, si resultare positiva. Para ello tendría que utilizar nuevamente la violencia y la represión, lo que precipitaría al país en el caos.

De todos modos, bien vale la aventura de la revocatoria “dentro de los cauces legales”, como es la proclama del día. Hay resultados fructuosos, no solo el de Honduras, sino también el de Venezuela. La opción tiránica va contra natura y termina derrotada, como lo demuestra la historia.

¿Por qué los defensores de Correa y la democracia no han protestado por sus constantes violaciones de la democracia? La liquidación del “Mono Jojoy”, principal cabecilla de las FARC, refresca la memoria de esa otra brillante acción militar colombiana para terminar con “Raúl Reyes” en el campamento en territorio ecuatoriano, protegido por Correa.

Correa, en campaña electoral y ya de Presidente, se mostró protectivo con las FARC, a cuyos integrantes se negó a calificarlos como lo que son, narcoterroristas. Los llamaba “luchadores por la libertad”. Cuando supo de la muerte de Reyes, rompió relaciones con Colombia. Al caer el Mono Jojoy prefirió no comentar, pero su canciller insistió en que el gobierno sigiue dispuesto a mediar entre los asesinos y el gobierno de Santos.

Esa mediación no fue aceptada por Álvaro Uribe ni por su sucesor, porque no se negocia con el enemigo sino cuando éste es derrotado. En Colombia la diputada Córdoba, íntima de las FARC, quiso mediar y la Fiscalía la acusa de traición, la descalifica y le prohibe ejercer cargos públicos por 18 años. Si hubiese una fiscalía nacional (o regional, como ahora quiere UNASUR), Correa recibiría igual castigo y ya no sería necesaria la revocatoria.

Con Santos hubo dudas en un comienzos sobre su posición, resultado de sus coqueteos con Chávez. Pero está clara su posición frente a la narcoguerrilla. Con Uribe fue él el ejecutor del asalto contra Reyes y fue él el determinante del asalto al Mono Jojoy. Es un ejemplo no solo para América Latina sino para el mundo en lucha contra el terror.

La eficiencia militar y de inteligencia de las fuerzas armadas de Colombia cuenta con la ayuda financiera y tecnológica de los Estados Unidos. ¿Cree alguien que la primera potencia militar no hubiera dado término hace tiempo con la resistencia en Irak o Afganistán, si el gobierno de este país así lo hubiere dispuesto?

Pero Obama no habla de victoria, quiere la retirada. Es la mentalidad derrotista y falsamente pacifista de los demócratas de extrema, como el que ahora está de tránsito en la Casa Blanca. Lo confirma el libro que acaba de publicar el periodista Bob Woodward. Obama busca transar con los talibanes, con Ahjmadinejad, con el terrorismo islámico. Por eso ordena a los soldados no disparar, aún si fueren atacados.

Pero es axiomático que con los enemigos no se transa, a menos que haya una rendición incondicional de su parte. En Colombia se transó, se cedió territorio a los terroristas y la guerra se prolongó por cinco décadas. En Afganistán se combate ya diez años. Si Bill Clinton hubiera actuado a su tiempo como un Uribe o un Santos, Al Qaida y Bin Laden estarían pulverizados.

En suma: si alguien pudiera salir fortalecido del levantamiento policial del jueves en el Ecuador, podría ser Carlos Vera. Siempre que el pueblo y sus dirigentes despierten, se sacudan del miedo y hablen y actúen. Por los “cauces legales” como ahora predican los correístas y sus admiradores.



Sunday, September 12, 2010

¿RELIGIÓN DE LA PAZ?

Ahora los “liberals” o izquierdistas, todos amantes del presidente Barack Hussein Obama, se han lanzado en una cruzada en defensa del islamismo y afirman que quienes disienten, son solo los exrtremistas de derecha en este país.

Se diría que la supuesta islamofobia ha brotado en los Estados Unidos como por ensalmo o porque así lo diseñaron los extremistas de derecha días antes del noveno aniversario del ataque islámico contra las Torres Gemelas en Nueva York.

Es falso. La ola de cuestionamientos contra la religión musulmana y sus seguidores fue motivada en estos días por la decisión de los árabes de construir una mezquita en el sitio de la inmolación de casi 3.000 seres inocentes en el centro financiero de Manhattan.

Semanas antes del aniversario del 11/9, los promotores dijeron que allí sería erigida una mega mezquita a un costo de 100 millones de dólares, a la que llamarían Victoria. Esta sería parte del complejo del centro islámico Córdova, como la que construyeron en la ciudad del mismo nombre en España sobre los restos de la catedral católica.

La reacción, primero de incredulidad y luego de indignación, se generalizó en los Estados Unidos. Alrededor del 70% consideró que construir una mezquita en ese sitio sagrado era una afrenta, un desafío a la memoria de los caídos y sus familiares y de irrespeto a la nación.

Cuando los moros iban de guerra y de conquista, la primera señal de dominio ha sido siempre la erección de una mezquita en el mismo lugar de la iglesia o templo principal del pueblo dominado. Como en Córdova y como en toda otra región del mundo en que han vencido a los “infieles”. Pretenden hacerlo aquí, en Nueva York, pero es probable que la resistencia de los que no se creen vencidos prevalezca.

Con el paso de los días y el agudizamiento de la polémica, el Imán Raouf(algo así como un rabino o sacerdote de los árabes) que encabeza el proyecto, súbitamente anunció que junto al Ground Zero no se construiría una mega mezquita sino un “centro cultural” religioso en el que convergerían las tres religiones básicas (con la judía y cristiana) para orar juntos por la paz.

Nadie, excepto los “liberals”, se han tragado tamaña mentira. El Islam no es la “religión de la paz”. A diferencia del crisitianismo, no pretende sumar adeptos por la persuasión sino por la fuerza de la espada, según reza el Corán. Eso lo ha demostrado a lo largo de la historia, como cuando la paz y convivencia que existían entre las distintas religiones en el Medio Oriente se quebrantaron con la violencia de los islamistas fanáticos y la réplica armada del Occidente cristiano para recuperar el Santo Sepulcro.

Parecida armonía hubo en España entre musulmanes, judíos y crisitianos tras siglos de dominación árabe, aunque judíos y cristianos debían pagar la Jizyah, una especie de multa por protección por ser infieles, hasta que el extremismo islámico arribó del norte africano para causar zozobra y estupor. La violencia concluyó por la fuerza de las armas hasta la victoria sobre los moros de los Reyes Católicos.

La cristiandad se dispersó por Europa con mayor fluidez y transformó el esquema de valores que han sustentado la grandeza de Occidente. Los lapsos de violencia, con muerte y desolación y dos guerras mundiales se debieron pecisamente a la violación de esos valores, por parte de caudillos intolerantes, racistas y expansionistas.

La amenaza del momento es el expansionismo islámico. Es un error considerar que los actos terroristas que han cometido en Nueva York, Londres, Madrid, Indonesia, Buenos Aires, Marruecos, Bombay, Israel y tantos otros sitios a lo largo y ancho del planeta, sean actos aislados, fraguados y ejecutado exclusivamente por “extremistas” islámicos.

George W Bush, en la Casa Blanca al ocurrir el ataque del 11/9, fue ingenuo y débil al no declarar la guerra formal contra el terrorismo islámico. Pretendió así exculpar del crimen a los islámicos no extremistas, es decir, a los “moderados”. Pero lo que los “extremistas” hicieron ese día y lo han hecho en el pasado y seguirán haciéndolo en el futuro, es cumplir con lo que el Corán manda en sus Suras o Libros y versículos: matar a quienes se resisten a convertirse y permanecen “infieles”. (Aquí algunos vínculos o links con citas alusivas en el Corán. Desde luego, quien quiera profundizar tiene en sus manos el universo del Internet)

El Islam no es solo un credo, es una carta política. Su propósito es expandir los Estados teocráticos como en el Irán, Arabia Saudita y demás naciones árabes, con la ley sharia. Unas veces buscan la expansión por la fuerza, pero en los tiempos modernos, también mediante la infiltración. Se aprovechan de las mismas leyes libertarias de las naciones democráticas para emigrar, penetrar y asirse en forma paulatina pero continua, de las instituciones y de los sistemas democráticos que los hospedan.

En algunos países en los que los “liberals” son mayoría, el islamismo ha hecho presa de todos los resquicios protectivos de las libertades en los más variados campos de la economía, la educación y la manera de hacer y aplicar las leyes en su favor. Las reacciones para frenar esta tendencia parecen ahora tardías en Francia, España, Holanda, Inglaterra. ¿Lo será en los Estados Unidos?

El peligro mayor está ahora en la Casa Blanca, ocupada por un abogado que se educó en su niñez en escuelas musulmanas (su padre, de Kenya, era musulmán y tambien quien luego fue su padre adoptivo), que ha profesado amor y admiración por esta religión o credo y que ha pedido perdón al muno árabe y no árabe por los supuestos errores y abusos que en el pasado han cometido los Estados Unidos en nombre de la libertad.

Obama, cuya nacionalidad norteamericana aún no está aclarada, dijo a los musulmanes reunidos en la Casa Blanca durante la reciente polémica que él está en favor de la construcción de la mezquita junto a Ground Zero. Al día siguiente quiso enmendarse pero en la conferencia de prensa del viernes pasado lo ratificó: quiere la mezquita allí.

¿Realmente la mezquita va a ser un centro de conciliación religiosa, como lo quiere dar a entender el Imam Raouf? Imposible creerlo: los hechos lo contradicen. Luego del 11/9 no hubo ninguna protesta formal o informal por parte de los imames contra el acto terrorista. El Islam carece de una organización estructural sólida, con clara jerarquización como en la Iglesia Católica. Pero son los Imam, como los rabinos, quienes hablan por la colectividad creyente. Estuvieron silentes.

Y estuvieron callados durante todos los ataques anteriores y posteriores. Uno de los que fraguó el primer ataque contra las Torres en 1993, está preso. Pero no ha sido condenado ni criticado por nadie en el Islam. Y el co responsable de la caída del avión PanAm con casi 300 pasajeros cuando sobrevolaba Irlanda, fue liberado por los británicos por enfermedad terminal y recibido en triunfo por Libia. Donde sigue con vida.

Otro presidente demócrata, Bill Clinton, fue contemporizador con los árabes al no reaccionar, como lo hizo Bush, frente al primer ataque contra las Torres. Y cuando los servicios de inteligencia ubicaron a Osama bin Laden en Sudán y podía ser liquidarlo fácilmente con un solo balazo en el cráneo, dio la orden de no hacerlo por temor a herir a unas cabras que lo acompañaban y a los “islamistas moderados”. Bin Laden se sintió con luz verde para el segundo ataque.

Es probable que haya la especie moderada de islamistas. Pero prefieren callar para evitar represalias. Pues si son moderados y no creen que es buena la ley Sharia, que ordena matar a los infieles, entonces han dejado de ser islámicos y por apartarse del Corán, pasan a ser infieles con las fatídicas consecuencias que el Corán prevé.

Los “liberals”, impermeables a la historia y al análisis objetivo de los hechos, si bien son irreligiosos, defienden al Islam y sus seguidores, no por el derecho a que ejerzan libremente su credo, sino por oponerse a la “extrema” derecha republicana que ve en el Islam el nuevo peligro contra la libertad y la democracia de los Estados Unidos, como lo fueron a su tiempo, tan reciente, el comunismo y la nazifascismo. Lo paradógico es que entre los defensores haya judíos y cristianos, además de mujeres, las cuales en el Islam son escarnecidas y despojadas de todo derecho a la dignidad.

El terrorismo islámico, con la lenidad de Obama y los “liberals” del mundo, estarán más próximos a la dominación planetaria si el Ayatola del estado teocrático de Irán y su ejecutor Ahmadinejad sigue en su libre escalada hacia el poder nuclear. Si tal ocurre ¿serán perdonados los “tontos útiles” de los “liberals” de dentro y fuera de los Estados Unidos?


Friday, September 3, 2010

OBAMA, UN PRESIDENTE EXTRAÑO

Barack Hussein Obama gobierna ya casi dos años al país más poderoso del mundo y sus casi 300 millones de habitantes no acaban de entenderlo, incluídos los que lo eligieron y entre ellos muchos negros.

El grueso de la población que aún lo respalda es desde luego negra, pero no por sus méritos sino por el color de la piel. Es un racismo a la inversa, casi tan peligroso y detestable como el que ha existido contra los ex-esclavos traídos con grilletes desde el África.

Con el agravante de que Obama no es un negro auténtico ni tiene ancestro de esclavos. Su padre, que murió alcohólico, vino de Kenya como estudiante y su madre fue una blanca hippy de Kansas. Hay dudas acerca del lugar donde nació pues muchos creen, con documentos, que fue en Kenya y que vino de tierna edad a Hawaii, donde, como era tradición, recibió la ciudadanía de la madre.

Pero el color de la piel nada importa, sino sus actuaciones. Su elección desarma el criterio de que los Estados Unidos sigue siendo un país racista como lo fue antaño bajo la influencia del partido demócrata. Negros y blancos y de otros tintes votaron por él en mayoría y solo así llegó a la Casa Blanca.

La ventaja explica, eso si, que muchos se inclinaron por él como para dejar atrás el oprobio del país por su pasado esclavista. Y, claro, por su locuacidad populista tan similar a los líderes del tercer mundo, que cuajó aquí con facilidad frente a la débil oposición presentada por el candidato republicano John McCain.

La súbita caída en la popularidad de Obama, que linda el 40%, no puede pues atribuirse a un desdén por la coloración semi oscura del mandatario, sino exclusivamente a la manera como pretende llevar a este país al sendero nada luminoso del estatismo fascistoide o socialistoide “siglo XXI” patentado por los Castros/Chávez.

Tal como está la situación en los Estados Unidos, es muy improbable que Obama pretenda una reelección en el 2012. Sobre todo si la ola de repudio se refleja en las votaciones de noviembre y los republicanos logran recuperar el control de las dos cámaras del Congreso federal, así como la mayoría de las gobernaciones y legislaturas estatales.

Si tal sucede, como anhela todo norteamericano sensato y leal a la historia de esta nación, Obama bien podría buscar refugio en Kenya o en América Latina para ejercer la cátedra de su especialidad, el Derecho Constitucional, pero no el de la Constitución de los Estados Unidos, que aborrece, sino de la Constitución Socialista del Siglo XXI. Rafael Correa, del Ecuador, podría ser su asesor.

Por sus políticas, Obama parece haberse cultivado con Fidel, Hugo Chávez y Rafael Correa. Como ellos, considera que los Estados Unidos (y el capitalismo democrático) son la causa de todos los males del mundo y desde que se posesionó en enero del 2009 no ha cesado de pedir perdón urbi et orbi por los pecados cometidos. Y ha hecho esfuerzos, de innegable eficacia, para abolir al sistema y el poderío del “imperio”.

La economía está en zoletas. El desempleo sigue subiendo, hoy llegó al 9.6 % y las inversiones igualmente van en picada. Los bancos, aunque tienen reservas, no aprueban préstamos por la incertidumbre y desconfianza que ha inundado a la nación. El gasto y los subsidios no tienen freno y hoy, poco antes de partir a otra de sus groseras vacaciones, Obama reiteró que para salir de la crisis habrá más gasto y más impuestos.

La economía se debilitó por esos dos factores y el presidente cree que para fortalecerla hay que reincidir en ellos. Dentro de su idiosincracia tan coincidente con la del team Chávez/Castros, confirmó que en enero próximo entrarán en vigor los mayores tributos de la historia, con los que espera superar el déficit y la deuda.

Se refería a los recortes de impuestos de su predecesor George W. Bush, aplicados a todos y que caducarán el 31 de diciembre próximo. Como para halagar a la galería, Obama dijo que la carga impositiva recaerá “solo” en los más ricos, pues la exención continuará para los de menores ingresos y para las pequeñas empresas.

Es un yerro fatal, pues los “ricos” son los creadores de empleos, no los que se evitarán seguir tributando 600 o 1.000 dólares al año. Lo que es falso es que las empresas pequeñas se exceptúen, pues los capitales que mueven se ubican en el nivel de “ricos” (y por tanto odiosos) de Obama. Y son éstas “pequeñas” empresas las que generan más empleo en su conjunto que las megaempresas.

A ello se suman las reformas al sistema bancario, otro de los “demonios” del capitalismo odiados por Obama y sus adláteres. Sobre esa banca lloverán los tributos y las restricciones, encareciendo los créditos que afectarán, como siempre en estos casos, a los prestamistas menores.

¿A dónde va a parar la inundación de dinero con tanto nuevo impuesto? No a los “pobres” que el millonario Obama y sus millonarios auspiciantes dicen defender, sino al fisco, al Estado. Para agrandarlo en burocracia, en gasto, en despilfarro y corrupción. Ya los servidores públicos superan en número y sueldos y privilegios a los empleados privados.

¿De dónde proviene el dinero del fisco? La pregunta parecería zoquete, pero en los Estados Unidos no hay un surtidero de dólares como en Arabia Saudita o Venezuela: viene del sector privado, al cual Obama tritura con sus políticas, vituperios y amenazas de más gasto y más impuestos.

En la esfera internacional, Obama no pudo estar más desatinado (o más feliz, según criterio de columnistas del tercer mundo). El martes confirmó que la guerra en Irak ha terminado, cuando no ha terminado y cuando aún quedan allí alrededor de 5.000 soldados no combatientes que tendrán que combatir en cualquier momento en que sus vidas se vean amenazadas, o sea a diario.

La insurgencia redoblada con el retiro de tropas, será pretexto para lo que Obama quiere: retirada total y en fuga de todas las tropas, tal como ocurrió en Vietnam y que igual podría ocurrir en Afganistán. En su discurso del martes fue transparente su desprecio por George W Bush, las tropas y las intervenciones militares en los dos países árabes.

“Hay que dar vuelta a la página” (de vergüenza, según él) y convencerse de que no existe tal excepcionalismo de los Estados Unidos como promotor de la libertad y la democracia, dijo. Todos somos iguales y por lo mismo debemos unirnos y ser gobernados por un solo presidente universal y socialista (que quisiera ser él, si descarta la cátedra).

Cuando los socialistas y socialistoides presionaron para huir de Vietnam cuando la guerra estaba a punto de ganarse en contra del absolutismo de Moscú y Pekín, estos prevalecieron y hubo las masacres de Vietnam del Sur, de Laos y Camboya. Sobrevinieron la oscuridad y la ceniza, que poco a poco están siendo superadas con regímenes más abiertos.

Obama ordena la retirada de Irak cuando aún no se estructura el gobierno en el sistema parlamentario y democrático que sustituyó a la tiranía de Hussein. Ante la multiplicación de la insurgencia repaldada por Irán y los terroristas de Al Qaida, Taliban y Hamas, nada difícil sería que se anule el sacrificio de 4.000 soldados norteamericanos y de otras naciones aliadas.

Joe Biden, ese arlequín que funge de Vicepresidente de los Estados Unidos, acaba de retar a los iraquíes: si no forman gobierno ya, peor para ustedes porque si se desata la violencia, ya no estaremos para ayudarles.

¿Fue esa la actitud de Truman, demócrata pero norteamericano, luego de terminada (con victoria total de los aliados) la II Guerra Mundial en los casos de Alemania o Japón, en la transición hacia la democracia y frente a la amenaza comunista? Aún están allí tropas de USA.

Si el Congreso Federal arrincona a los demócratas en noviembre, para bien de este país y de la humanidad, lo primero que tendrá que rehacerse es el enfoque de la política internacional, para recuperar la verdad de la Historia, la seguridad nacional y el liderazgo de este país en defensa de la libertad y la democracia. La prioridad obvia serán los casos de Irak y Afganistán y la guerra por desgracia no declarada formalmente contra el terrorismo musulmán.

Y tendrá que archivarse, no reformarse, la ley de salud que se aprobó sin un solo voto republicano y con el rechazo de casi el 70% de la población. Lo propio con las reformas bancarias, el gasto público desorbitado y el cúmulo exorbitante de nuevos impuestos.

También deberá regularse definitivamente la ley de inmigración para facilitar la legalización de los ilegales y permitir los nuevos accesos al país en forma ordenada y legal. Lo que ocurre en Arizona, que desean imitar otros 20 de los 50 Estados, es resultante de la complacencia, complicidad e impericia de la Casa Blanca para hacer respetar la ley federal sobre el tema.

Vientos de optimismo soplan en pro de un gran “Stop” a este fulano que se encaramó en la Casa Blanca por la confluencia infeliz de circunstancias. Pero hasta que las cifras confirmen la derrota demócrata en la noche del 2 de noviembre venidero, o al día subsiguiente, es prematuro cantar victoria.


Friday, August 20, 2010

MUJERES, DEMOCRACIA, FEMINISMO

Harry Reid, el líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes del Congreso Federal de los Estados Unidos y por ello uno de los líderes políticos de mayor influjo en el país, dijo en uno de sus frecuentes exabruptos que no comprendía cómo alguien hispano o de ancestro hispano podía ser republicano.

La afirmación es idiota y es además racista, que es lo que caracteriza al partido demócrata desde que se fundara esta nación en el siglo XVIII. Lo irónico es que la mayoría de la gente sencilla aquí y afuera considere que el campeón de los derechos humanos, el respeto a la diversidad racial entre ellos, se lo debe al partido demócrata y no al republicano.

La verdad es distinta. Está nación tuvo una de las más cruentas guerras civiles a mediados del siglo XIX precisamente porque un presidente republicano, Abraham Lincoln, fue firme en su decisión de abolir la esclavitud de los negros, contra la oposición de los demócratas sureños dueños de plantaciones que basaban su bonanza económica y social en la explotación de los negros traídos con grilletes de África.

Si bien tras la guerra, que costó casi 600.000 muertes, se dio fin en lo legal a la esclavitud, la discriminación racial continuó. Lincoln, asesinado, no pudo cooncluír su misión. Esa fue tarea de sus sucesores, especialmente el general Grant, artífice de la victoria militar de la Unión sobre las confederados secesionistas del Sur.

Tras la guerra vino la Reconstrucción. El propósito era equiparar los derechos civiles de los ex esclavos con los del resto de la población. La feroz resistencia de los demos lo impidió. A los negros se les negó el derecho al voto y el derecho a ser ciudadanos como los demás en cuanto a libre tránsito y libre acceso a medios de transporte públicos, restaurantes, lugares de entretenimiento.

Prevaleció la ley “Jim Crow” con el principio, relativo a los negros, de permancer “iguales pero separados”. Esta vergonzosa y humillante situacion se prolongó hasta 1965, cuando los demos, con el presidente Lyndon Johnson, al fin convinieron en borrar toda forma de discriminación racial con la aprobación de la ley de Derechos Civiles. Curiosamente, para negros y no negros, la gloria de la reforma se la han llevado los demócratas, no los republicanos.

Anecdóticamente, en el reciente funeral del senador demócrata por Virginia Robert Byrd, el expresidente de igual ideología Bill Clinton lo exaltó y perdonó su pasado ultra racista (era miembro activo del Ku Klux Klan) aduciendo que tenía que hacerlo en un estado sureño “para así ganar las elecciones).

El factor racista perdura en las entrañas del demócrata y, por desgracia, en las de muchos negros. Cuando la mayoría de ciudadanos norteamericanos votó por un negro (mulato más bien), Barack Hussein Obama, estaba demostrando su voluntad de dejar atrás el racismo discriminatorio contra los negros. Pero el actual mandatario ha acentuado el racismo.

Hay muchas pruebas. Su juicio a priori para condenar a un policía que legalmente detuvo a un profesor negro por sospechas de una acción delictiva. Sus menciones constantes, directas e indirectas, contra los críticos de su gestión, insinuando que se motivan por sentimientos contra la negritud.

En esa línea están otros de su gobierno y ello ha ahondado la división y el odio. A tal extremo que cualquier censura contra sus políticas, si vienen de un no negro tienen una respuesta prejuiciada y si las hace un negro (que los hay), es acusado de ser un sirviente en la Cabaña Tío Tom (en alusión a la célebre novela).

Este panorama ha determinado que el mayor respaldo que tiene Obama en estos momentos en que su popularidad bordea el 40%, proviene de los negros. No discriminan, son impermeables al análisis, lo respaldan ciegamente solo porque es negro. A ellos habría que agregar a los musulmanes.

Porque BHO, de apellido y padre islámicos, ya no puede ocultar su inclinación musulmana. Así lo cree uno de cada cuatro norteamericanos encuestados, que dicen que la religión del presidente es la del Islam. La encuesta se hizo antes de que Obama, en una ceremonia en la Casa Blanca para celebrar el inicio del Ramadán, dio su respaldo total a que se construya una megamezquita en el sitio ahora santo del Ground Zero, oramen que quedó de las Torres Gemelas, a lo cual se opone el 70% de la población norteanericana.

Los demócratas también se han opuesto tradicionalmente a que la mujer tenga derechos similares a los del hombre (entre los blancos, ya que los negros no contaban). Bravas mujeres iniciaron una muy valiente campaña para obtener el derecho al voto, lo cual finalmente lo consiguieron en 1916 pese a la empecinada oposición de los demócratas y tras innúmeras prisiones, vejaciones y humillaciones.

No todos los derechos de las mujeres, sin embargo, se alcanzaron con esa victoria. Como en el caso de los negros liberados, se mantuvieron y mantienen discriminaciones en contra de la mujer en el trabajo, los salarios y otras leyes.

Ello dio origen a otro movimiento de liberación, el feminismo. Pero por desgracia, el movimiento degeneró y se precipitó en los mendros de lo sexual y en una absurda actitud peyorativa de lo masculino. Coincidió con la explosión de los anticonceptivos y la legalización del aborto.

La mujer feminista creyó liberarse con esos instrumentos de la “liberación sexual” y fue lo contrario. El sentido de la maternidad se diluyó y desde la legalización del aborto propiaciada por los demócratas, más de 50 millones de seres inocentes han sido sacrificados. Los que evitaron el exterminio, son en su mayor parte hijos de madres solteras. El hombre, macho inseminador por antonomasia, tiene ahora sexo gratis, sin compromiso de paternidad ni matrimonio.

La mayoría de mujeres y feministas, son demócratas. Si se parafrasea a Reid, se podría decir que no se entiende cómo una mujer (cualquier sea el color de su piel) pueda ser demócrata. Porque la diferencia básica entre republicanos y demócratas (o entre los demócratas de verdad de todo mundo y a lo largo de la historia y los no demócratas), es que los primeros creen en el individuo y los otros en el Estado.

Creer en el individuo es creer en su libertad para escoger, pensar, creer, transitar y hacer de su vida lo quiere, siempre con respeto a la vida de sus semejantes. Los otros creen que todo debe estar regulado y reglamentado por un Estado en manos de un grupo elitista que goza de todos los privilegios y que lo preside un rey, monarca, emperador, tirano, dictador, autócrata o dictadorzuelo.

Los peregrinos de 1600 llegaron a estas tierras en fuga de ese sistema en Europa y a la postre lo cambiaron hasta establecer una república con 13 colonias, en un ensayo de democracia sin paralelo en la humanidad. Otros peregrinos llegaron al sur del Río Grande, pero con otra mentalidad: continuar el sistema elitista europeo del cual ellos formaran parte y en cual se enriquecieran no con el esfuerzo propio, sino de los indígenas esclavizados en mitas y encomiendas.

¿Dónde nace el autoritarismo, que una vez proyectado en los gobiernos son causa de disturbios y guerras perennes, tanto internos como externos? Pues en el hombre, en sus gonadas, en sus genes, en sus hormonas. El instinto de dominación es consustancial a su naturaleza humana, en unos de modo más notorio que en otros.

En la relación con una o más mujeres, las mujeres son las víctimas del macho dominador. Su naturaleza de género es distinta, pues su destino primario es la maternidad, no la caza ni el exterminio de rivales. Su estructura hormonal, no su capacidad mental, es diferente y por ende más débil.

La gran revolución en las relaciones hombre/mujer la dio el Cristianismo, que modificó la que hasta la fecha tenía y aún tiene su antecesor el judaísmo. Y marca años luz de diferencia con el islamismo, en el que rige la ley del sharia (a renglón seguido, una versión resumida de dicha ley, en inglés):

Flee your family because they have been abusing you? Get your nose carved off your face. Refuse an arranged marriage? Get your face disfigured with acid. Offend your husband? Get lynched. They will officially charge you with adultery, for which they have zero evidence. They don’t need it, because a woman’s testimony is not given the same weight as that of a man. So you get stoned for adultery because you had the audacity to tell your husband you were going to leave him if he didn’t stop hitting you. Under sharia, women need to know their place.

This is in addition to everyday segregation of the sexes, a common feature in some nations where sharia rules, such as Saudi Arabia. So, from now on, when you hear the word “sharia,” think “Jim Crow.” The fact that sharia is based on gender instead of race makes no moral difference.

— Michael James Barton is the former deputy director of the Pentagon’s Middle East Office.

El machismo original, inmerso en un líder varonil, trasciende cuando éste adquiere poder en un grupo, una tribu, un consejo o una nación. Los indios chiroquís, en los Estados Unidos, idearon un sistema para evitar que el líder se ofusque y se exceda en el poder que los asociados le otorgaron. Una asamblea ante la cual el líder se obligaba a rendir cuentas y a enmendarse si se excedió y fue observado.

Los fundadores de la República de las 13 colonias, Benjamin Franklin en particular, pensó en ellos cuando colaboró con otros iluminados para diseñar una forma de control de los excesos del uso del poder, que han sido osetensibles en Occidente desde los tiempos de Grecia y Roma: las tres ramas del ejecutivo, legislativo y judicial.

Si bien el cristianismo cambió la visión despectiva de la mujer, las relaciones no cambiaron súbitamente. En la cultura judeo cristiana los abusos persistieron de parte del macho, sea este monarca o de la gleba. Para no hablar de otras regiones y religiones, en las cuales todavía persiste la poligamia y se veja y humilla hórridamente a la mujer.

Pero el feminismo distorsionado de hoy no es la respuesta, ni a los abusos de poder del hombre ni de los gobiernos. La mujer pierde cuando trata de escalar pisoteando al hombre o cuando pretende igualarlo o superarlo. Hombre y mujer son distintos y su destino es la complementación, no la confrontación.

Mejor haría el feminismo en repudiar la peor afrenta contra la mujer que representa el islamismo y la ley sharia que pretenden imponer por la fuerza en los países huéspedes de Europa y los EE.UU. Y luchar abiertamente contra toda creencia política que trate de oprimir al individuo, al hombre y a la mujer por igual, con las imposiciones anti libertarias de un grupo elitista ecaramado en el poder.


Sunday, August 15, 2010

¿COLOMBIA VA DE RETRO, COMO USA?

El nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dijo en su discurso inaugural que en su diccionario no existía la palabra “guerra”.

Es una de las frases más disparatada escuchadas en los últimos tiempos y se dice que la pronunció para congraciarse con el mandatario venezolano Hugo Chávez.

Parece que le dió resultados, pues Chávez, que rompió relaciones diplomáticas con su antecesor Álvaro Uribe, acaba de visitar a Santa Marta en Colombia para verse con Santos y prometer amor eterno a los colombianos y, además, reanudar las relaciones diplomáticas.

Chávez se alteró con Uribe porque éste le demostró fehacientemente que protege a los narcoterroristas de las FARC, concediendo hospitalidad a centenares de ellos en un campamento asentado muy adentro en territorio venezolano.

Poco antes de terminar su mandato, el embajador de Uribe presentó en la asamblea de la OEA documentos probatorios de la presencia protegida de las FARC en un asentamiento a unos 30 kilómetros de la frontera con Colombia: fotos, videos, testimonios, cartas geográficas.

Chávez, con la connivencia del presidente ecuatoriano Rafael Correa, pretendió boicotear la asamblea, pero no lo consiguió. Las pruebas fueron divulgadas y la sola reacción en descargo de Chávez fueron el insulto y la ruptura de relaciones diplomáticas.

El autócrata venezolano habló de preparativos de guerra contra Colombia, país que jamás insinuó tal alternativa sino la reflexión de Venezuela para que cese su apoyo a la narcoguerrilla, cuya meta es, para ella si, la conquista del poder mediante la guerra contra el sistema democrático.

¿Qué quiso, qué quiere decir Santos al proclamar que en su diccionario no consta la palabra guerra? ¿Ignorándola desaparece la guerra? Es como si alguien decidiese ignorar la existencia del cáncer, en la esperanza de que el cáncer no exista.

Quizás podría interpretarse la confusa afirmación en el sentido de que no quiere la guerra con la narcoguerrilla y menos contra un país vecino como Venezuela. Y que prefiere la diplomacia. Si tal fuere el caso, sería una posición muy peligrosa, comparable a la que está adoptando Obama con los Estados Unidos.

Nunca los Estados Unidos, desde su fundación, han querido la guerra. Insinuar lo contrario simplemente es anti histórico. Quería la independencia de Gran Bretaña cuando los 13 Estados de la Unión no aceptaron las imposiciones abusivas de Londres y la única opción fue la guerra de fuerzas desiguales, que terminaron ganándola.

A grandes rasgos, el intento de USA de mantener la neutralidad en los dos grandes conflictos internacionales del siglo pasado resultó impracticable porque ello habría significado la autodestrucción del sistema nacional de vida en libertad.

En ambos conflictos Estados Unidos resultó victorioso. Ya en este siglo, la guerra contra el terrorismo islámico fue provocado por los ataques contra esta nación. Es impredecible la victoria, sobre todo con el actual presidente Obama quien, como Santos (aparentemente), no cree en la guerra sino en la opción diplomática.

La historia demuestra que la diplomacia fracasa si no va respaldada por la fuerza. Chamberlain fracasó con Hitler en Berlín, cuando eran evidentes sus designios expansionistas. Stalin y los sueños expansionistas del comunismo se desmoronaron no por la diplomacia de la Guerra Fría que sucedió a la II Guerra Mundial, sino por la firme posición de fuerza y superioridad de Reagan, Margaret Thatcher y el Papa Juan Pablo II.

Obama es iluso o traidor si cree que va a persuadir diplomáticamente a Ahmadinejad de Irán que no se arme nuclearmente o Al Qaeda y los talibanes que dejen las armas para pacificar a Afganistan e Irak. En el caso ecuatoriano, Velasco Ibarra es buen ejemplo de puerilidad al creer que unilateralmente podía denunciar el Protocolo de Río de Janeiro suscrito en 1942 entre Perú y Ecuador.

¿Cree Santos que Chávez cambiará por la sola reforma que ha hecho a su léxico personal? Nadie entiende las razones por las cuales el venezolano ha resuelto levantar la ruptura de relaciones diplomáticas. ¿Acaso le prometió dejar de proteger militar y logísticamente a las FARC en territorio venezolano? Si es así, aplausos a Santos, pero ojo a Chávez.

Chávez, como Correa, es ferviente partidario de la narcoguerrilla. Santos, como ministro de Defensa de Uribe, asestó un certero golpe contra las FARC al destruir el campamente de Angostura en territrorio ecuatoriano, en la frontera, no tierra adentro como en Venezuela

Si Santos insiste en negociar con la narcoguerrilla, como lo hicieron infructuosamente los antecesores de Uribe, Colombia dará un paso atrás en el combate a los asesinos de las FARC. Uribe consiguió debilitarlas sobre todo en las áreas rurales. Pero si Santos flaquea, la narcoguerrilla aprovechará las treguas para fortalecerse, como lo ha hecho en el pasado. Con el apoyo material de Chávez y el moral (o algo más) de los Correa, Ortega, Morales y los Castros.

Por cierto, son solo especulaciones por la escasez de información veraz, pues resulta incomprensible que Santos se distancie tan abierta y censurablemente de Uribe, a quien sirvió se supone con identidad de principios y sentimientos, como lo demostró en el caso de Angostura.

La situación de Obama es diferente y mucho más compleja y de preocupación dado que los Estados Unidos es, o era, el líder del mundo libre. Obama -cuyo pro islamismo se comprobó una vez más con su devoción por el Ramadán en la Casa Blanca y su obsceno apoyo a que los árabes eirjan una mega mezquita en el sitio del Holocausto del 9/11 en Manhattan- afirma no creer en la grandeza y excepcionalidad de este país.

Siempre estuvo opuesto a las intervenciones militares en Irak y Afganistán, como en su juventud se opuso a la guerra en Vietnam. No quiere la victoria en ninguno de los dos frentes. Quiere la derrota, el retiro total de las tropas, al igual que en Vietnam. Dentro de su estrategia, busca acorralar a Israel y negociar con Ahjmadenejad, ya podemos imaginar qué.

De paso, ha destruido a la economía nacional, endeudándola, expandiendo el gasto público, la deuda interna y externa, la burocracia y el tamaño del gobierno interventor. Son tácticas dentro de la estrategia encaminada a debilitar el sistema de libre mercado, competencia y ahorro, que ha hecho la grandeza de este país.

Hay muchos arrepentidos que votaron por Obama que prometen sufragar en su contra en las elecciones de medio tiempo (del periodo presidencial) de noviembre próximo y en las del 2012, cuando el actual mandatario buscará la reelección. En uno y otro, hay solo grandes incógnitas.

E igual en lo que atañe a Colombia y su nuevo presidente Juan M. Santos. ¿Persistirá en su actitud complaciente con Chávez y la narcoguerrilla? Si lo hace, Colombia iría marcha atrás. Lo cual sería una traición condenable.