Friday, October 15, 2010

USA vs USA

Aunque parezca extraño, las próximas elecciones parciales del 2 de noviembre serán una contienda entre los que quieren preservar a los Estados Unidos como lo que han sido desde su fundación en 1776 y los que, comandados por Obama, quieren transformar al país desde sus cimientos.

No es novedad la existencia en este país de ciudadanos que detesten el sistema democrático, capitalista, de libre mercado y competencia que ha prevalecido aquí pese a todos los avatares y que le ha permitido erigirse en la primera potencia del orbe y de la historia.

Pero ellos siempre constituyeron una minoría y siguen siéndolo hoy. Lo diferente es que ahora se han tomado la Casa Blanca y las dos cámaras legislativas, lo que les está permitiendo introducir reformas extremas que, de perdurar, alterarían acaso para siempre el sistema.

Los radicales, conocidos en los Estados Unidos como “liberals”, “progressives” o neo fascistas, neo comunistas, o neo socialistas, nunca han alcanzado un nivel de poder político como ahora. En los últimos decenios, sin embargo, se inflitraron de manera dominante en el Departamento de Estado, las universidades y en medios de comunicación otrora tan respetables como The New York Times o las cadenas tradicionales de TV.

En el siglo XIX el anaraquismo europeo se regó hacia los Estados Unidos y uno de sus simpatizantes asesinó al presidente James Garfield en 1881. El florecimiento del marxismo en ese y el subsiguiente siglo también tuvieron simpatizantes en este país. Aún cuanto las evidencias, por cierto no divulgadas por diarios como el NYT, demostraban que la dictadura del comunismo se afianzaba en la muerte de millones de seres humanos y en el encarcelamiento y hambruna de otros tantos, hubo no obstante fervientes defensores de esos regímenes entre intelectuales, políticos y actores.

Cuando otra forma de dictadura se asentó en Alemania y comenzó a expandirse por Europa y Asia, millares de filo nazis expresaban su apoyo a Hitler mediante asambleas, marchas, revistas y panfletos. Solo cuando se declaró formalmente la guerra al Eje, se pudo silenciar a esos simpatizantes.

La Guerra Fría tuvo otras connotaciones y apenas si se pudo recurrir a la ley para desenmascarar y sancionar a los colaboradores de Moscú, entre ellos intelectuales, miembros del servicio diplomático, periodistas, estrellas de Hollywood. El senador McCarthy encabezó la cruzada contra comunistas y filo comunistas, con documentos irrefutables, pero su figura y su recuerdo son hoy escarnecidos.

La Guerra Fría concluyó con la disolución del imperio expansionista de los Soviets, pero el peligro para la existencia y estabilidad del sistema democrático de Occidente no ha desparecido. Los enemigos visibles del momento son los musulmanes, dispersos en múltiples Estados árabes, Asia y en países europeos y de América, a los que han inundado como inmigantes rehacios a integrarse a la cultura occidental.

Los musulmanes han atacado a Occidente con tácticas terroristas que no se acogen por cierto a regulaciones internacionales de guerra, como las de Ginebra. Tras el ataque del 2001, una coalición encabezada por los Estados Unidos e integrada por más de 50 paises contraatacó al terrorismo en Afganistán e Irak. Pero nunca hubo una declaratoria formal de guerra, como la que sucedió con Japón tras el episodio de Pearl Harbor en 1941.

Ese error lo están pagando muy caro los Estados Unidos. Ha dado pábulo para que prosperen los liberals en su empeño seudo pacifista para denostar a la clase militar y para presionar, abiertamente o no, a la retirada de tropas en los frentes iraní a iraquí. Es la misma posición derrotista frente el enemigo que ha caracterizado a los simpatizentes del fascismo y del comunismo en anteriores épocas (Vietnam, por ejemplo).

La corriente izquierdista o liberal en este país cree, como creen los izquierdistas del mundo que aborrecen a los Estados Unidos, que esta nación ha basado su grandeza en el empobrecimiento y dominación de las naciones pobres. Es lo que aprenden y enseñan en las universidades y lo que leen en libros de texto, revistas y periódicos. Esas creencias se han convertido en dogmas, impermeables a la discusión y la lógica.

El peligro actual es que están apoderados del poder político en la Casa Blanca y el Congreso. Por el influjo de esas dos armas de gobierno, más la complicidad de la función judicial que ya no solo juzga sino que legisla, se ha comenzado a debilitar el sistema en todos sus flancos. Le economía se ha estrujado, en el frente externo hay capitulación tras capitulación y en lo interno el intervencionismo estatal es asfixiante.

La democracia, como se la ha entendido y vivido en este país, no es en modo alguno perfecta. Pues no es rígida, es vital y por ende cambiante y permanentemente perfectible. Pero los liberals, con Obama, no quieren superar las deficiencias, sino derruir al sistema. Y han sido sordos a la protesta popular.

La reforrma al sistema de provisión de salud vigente, imperfecto pero si el mejor del mundo, fue aprobada por mayoría demócrata, sin un solo voto de los republicanos, algo sin precedentes en la historia política nacional. Si llega a su plena vigencia en un par de años, dañará la prestación de salud y encarecerá el servicio en cifras siderales.

El régimen obamista despilfarró el dinero para reafirmar el abuso de los sindicatos en las industrias de automotores como GMC, estatizándola. E igual procedimiento intervencionista ejerció en la banca, la industria de la energía, la educación, al tiempo que redujo recursos para las fuerzas armadas y para sectores emblemáticos como la NASA.

Obama se paseó por Europa, Egipto y otros lares para pedir perdón por los abusos cometidos por el “imperialismo yanqui” y aceptó sin quejas la condena y lecciones que le espetó frontalmente Hugo Chávez. Proclamó que los estadounidenses no tienen derecho a defender la “excepcionalidad” del país, pues para él es igual a cualquier otra nación. Dijo que el islamismo tiene tanta raíz en la cultura norteamericana como el cristianismo, lo cual es una mentira crasa. Favorece la construcción de la mega mezquita en el cementerio de Manhattan, donde los árabes inmolaron a 3.000 víctimas inocentes y afirma que hay una mayoría musulmana moderada (si la hay, no sigue el Corán y así dejaría de ser musulmana).

El actual presidente, que no ha presentado documentos fehacientes de su nacionalidad norteamericana, parece compartir las fantasías del grupo Bilderberg (La verdadera historia del Grupo Bilderber, por Daniel Estulín) de crear un gobierno global liderado por Estados Unidos y Europa, en el cual un grupo selecto de líderes fije la suerte de las masas en todos sus detalles, suprimiendo toda libre competencia.

Esa visión la ha traslucido en diversas declaraciones y en su respaldo a unas Naciones Unidas que hace largo tiempo dejaron de ser demócratas. Y en sus constantes arremetidas contra el sector privado y el libre mercado, lo que ha logrado es incrementar la depresión, el desempleo, la desconfianza y la incertidumbre.

Obama ha sido y sigue siendo impertérrito. No cede ni se arredra ante la evidencia de su impopularidad creciente (70%). Para los comicios del 2 de noviembre, ha abandonado su Oval Office para lanzarse en una frenética campaña en su favor, no de su partido demócrata o de las las leyes y decretos que ha puesto en marcha contra viento y marea.

Su lenguaje es insultante y contradictorio, con falsías y rectificaciones a pronunciamientos anteriores. No le importa si se le hace notar sus fallas retóricas, protegido como está por los mayores medios de comunicación. Confía en ganar (aunque él no sea candidato) y para ello apela vilmente al racismo (el 91% de los negros lo apoya, diga lo que diga) y a invectivas contra su predecesor GW Bush, que dejó el poder hace 2 años.

Si Obama hubiera dicho con claridad cuáles eran sus propósitos para gobernar, es probable que no habría sido elegido o lo habría sido por estrecho margen (dada la debilidad de su contendor McCain quien tampoco permitió que se diga la verdad...pero sobre su rival, algo que también podría aplicarse a Rafael Correa del Ecuador).

Muchísima gente que votó por él, por cualesquiera razón, está hoy arrepentida y así quiere expresarlo en las urnas. Movimientos como el Tea Party, de rechazo a la dirección contraria a lo que es esencial en esta nación, han florecido de manera admirable y los candidatos que tienen su respaldo serán casi los seguros ganadores.

Si el 2 de noviembre se confirma la victoria de las fuerzas democráticas sobre las fascistodes hoy en el poder, se habría desvanecido una pesadilla que puede destruir el sistema democrático, por cuya defensa se han sacrificado millones de vidas en una Gran Guerra Civil, dos guerras mundiales, la Fría, las de Corea y Vietnam y, ahora, la del terrrismo del Islam.

Las encuestas predicen la victoria. Pero, dadas las características del régimen, no habrá seguridad sino hasta el momento final del conteo electrónico de votos. ¿Se confirmará el triunfo o el pueblo dará otra vez más un salto hacía el vacío?

Estados Unidos, en tanto, sigue frenado en su desarrollo y en la búsqueda de la felicidad que le garantizaron los fundadores de la República hacia más de dos centurias. Siempre que el poder de los gobiernos se impone al poder y los derechos de los individuos, la historia se estanca.


No comments: