Sunday, September 12, 2010

¿RELIGIÓN DE LA PAZ?

Ahora los “liberals” o izquierdistas, todos amantes del presidente Barack Hussein Obama, se han lanzado en una cruzada en defensa del islamismo y afirman que quienes disienten, son solo los exrtremistas de derecha en este país.

Se diría que la supuesta islamofobia ha brotado en los Estados Unidos como por ensalmo o porque así lo diseñaron los extremistas de derecha días antes del noveno aniversario del ataque islámico contra las Torres Gemelas en Nueva York.

Es falso. La ola de cuestionamientos contra la religión musulmana y sus seguidores fue motivada en estos días por la decisión de los árabes de construir una mezquita en el sitio de la inmolación de casi 3.000 seres inocentes en el centro financiero de Manhattan.

Semanas antes del aniversario del 11/9, los promotores dijeron que allí sería erigida una mega mezquita a un costo de 100 millones de dólares, a la que llamarían Victoria. Esta sería parte del complejo del centro islámico Córdova, como la que construyeron en la ciudad del mismo nombre en España sobre los restos de la catedral católica.

La reacción, primero de incredulidad y luego de indignación, se generalizó en los Estados Unidos. Alrededor del 70% consideró que construir una mezquita en ese sitio sagrado era una afrenta, un desafío a la memoria de los caídos y sus familiares y de irrespeto a la nación.

Cuando los moros iban de guerra y de conquista, la primera señal de dominio ha sido siempre la erección de una mezquita en el mismo lugar de la iglesia o templo principal del pueblo dominado. Como en Córdova y como en toda otra región del mundo en que han vencido a los “infieles”. Pretenden hacerlo aquí, en Nueva York, pero es probable que la resistencia de los que no se creen vencidos prevalezca.

Con el paso de los días y el agudizamiento de la polémica, el Imán Raouf(algo así como un rabino o sacerdote de los árabes) que encabeza el proyecto, súbitamente anunció que junto al Ground Zero no se construiría una mega mezquita sino un “centro cultural” religioso en el que convergerían las tres religiones básicas (con la judía y cristiana) para orar juntos por la paz.

Nadie, excepto los “liberals”, se han tragado tamaña mentira. El Islam no es la “religión de la paz”. A diferencia del crisitianismo, no pretende sumar adeptos por la persuasión sino por la fuerza de la espada, según reza el Corán. Eso lo ha demostrado a lo largo de la historia, como cuando la paz y convivencia que existían entre las distintas religiones en el Medio Oriente se quebrantaron con la violencia de los islamistas fanáticos y la réplica armada del Occidente cristiano para recuperar el Santo Sepulcro.

Parecida armonía hubo en España entre musulmanes, judíos y crisitianos tras siglos de dominación árabe, aunque judíos y cristianos debían pagar la Jizyah, una especie de multa por protección por ser infieles, hasta que el extremismo islámico arribó del norte africano para causar zozobra y estupor. La violencia concluyó por la fuerza de las armas hasta la victoria sobre los moros de los Reyes Católicos.

La cristiandad se dispersó por Europa con mayor fluidez y transformó el esquema de valores que han sustentado la grandeza de Occidente. Los lapsos de violencia, con muerte y desolación y dos guerras mundiales se debieron pecisamente a la violación de esos valores, por parte de caudillos intolerantes, racistas y expansionistas.

La amenaza del momento es el expansionismo islámico. Es un error considerar que los actos terroristas que han cometido en Nueva York, Londres, Madrid, Indonesia, Buenos Aires, Marruecos, Bombay, Israel y tantos otros sitios a lo largo y ancho del planeta, sean actos aislados, fraguados y ejecutado exclusivamente por “extremistas” islámicos.

George W Bush, en la Casa Blanca al ocurrir el ataque del 11/9, fue ingenuo y débil al no declarar la guerra formal contra el terrorismo islámico. Pretendió así exculpar del crimen a los islámicos no extremistas, es decir, a los “moderados”. Pero lo que los “extremistas” hicieron ese día y lo han hecho en el pasado y seguirán haciéndolo en el futuro, es cumplir con lo que el Corán manda en sus Suras o Libros y versículos: matar a quienes se resisten a convertirse y permanecen “infieles”. (Aquí algunos vínculos o links con citas alusivas en el Corán. Desde luego, quien quiera profundizar tiene en sus manos el universo del Internet)

El Islam no es solo un credo, es una carta política. Su propósito es expandir los Estados teocráticos como en el Irán, Arabia Saudita y demás naciones árabes, con la ley sharia. Unas veces buscan la expansión por la fuerza, pero en los tiempos modernos, también mediante la infiltración. Se aprovechan de las mismas leyes libertarias de las naciones democráticas para emigrar, penetrar y asirse en forma paulatina pero continua, de las instituciones y de los sistemas democráticos que los hospedan.

En algunos países en los que los “liberals” son mayoría, el islamismo ha hecho presa de todos los resquicios protectivos de las libertades en los más variados campos de la economía, la educación y la manera de hacer y aplicar las leyes en su favor. Las reacciones para frenar esta tendencia parecen ahora tardías en Francia, España, Holanda, Inglaterra. ¿Lo será en los Estados Unidos?

El peligro mayor está ahora en la Casa Blanca, ocupada por un abogado que se educó en su niñez en escuelas musulmanas (su padre, de Kenya, era musulmán y tambien quien luego fue su padre adoptivo), que ha profesado amor y admiración por esta religión o credo y que ha pedido perdón al muno árabe y no árabe por los supuestos errores y abusos que en el pasado han cometido los Estados Unidos en nombre de la libertad.

Obama, cuya nacionalidad norteamericana aún no está aclarada, dijo a los musulmanes reunidos en la Casa Blanca durante la reciente polémica que él está en favor de la construcción de la mezquita junto a Ground Zero. Al día siguiente quiso enmendarse pero en la conferencia de prensa del viernes pasado lo ratificó: quiere la mezquita allí.

¿Realmente la mezquita va a ser un centro de conciliación religiosa, como lo quiere dar a entender el Imam Raouf? Imposible creerlo: los hechos lo contradicen. Luego del 11/9 no hubo ninguna protesta formal o informal por parte de los imames contra el acto terrorista. El Islam carece de una organización estructural sólida, con clara jerarquización como en la Iglesia Católica. Pero son los Imam, como los rabinos, quienes hablan por la colectividad creyente. Estuvieron silentes.

Y estuvieron callados durante todos los ataques anteriores y posteriores. Uno de los que fraguó el primer ataque contra las Torres en 1993, está preso. Pero no ha sido condenado ni criticado por nadie en el Islam. Y el co responsable de la caída del avión PanAm con casi 300 pasajeros cuando sobrevolaba Irlanda, fue liberado por los británicos por enfermedad terminal y recibido en triunfo por Libia. Donde sigue con vida.

Otro presidente demócrata, Bill Clinton, fue contemporizador con los árabes al no reaccionar, como lo hizo Bush, frente al primer ataque contra las Torres. Y cuando los servicios de inteligencia ubicaron a Osama bin Laden en Sudán y podía ser liquidarlo fácilmente con un solo balazo en el cráneo, dio la orden de no hacerlo por temor a herir a unas cabras que lo acompañaban y a los “islamistas moderados”. Bin Laden se sintió con luz verde para el segundo ataque.

Es probable que haya la especie moderada de islamistas. Pero prefieren callar para evitar represalias. Pues si son moderados y no creen que es buena la ley Sharia, que ordena matar a los infieles, entonces han dejado de ser islámicos y por apartarse del Corán, pasan a ser infieles con las fatídicas consecuencias que el Corán prevé.

Los “liberals”, impermeables a la historia y al análisis objetivo de los hechos, si bien son irreligiosos, defienden al Islam y sus seguidores, no por el derecho a que ejerzan libremente su credo, sino por oponerse a la “extrema” derecha republicana que ve en el Islam el nuevo peligro contra la libertad y la democracia de los Estados Unidos, como lo fueron a su tiempo, tan reciente, el comunismo y la nazifascismo. Lo paradógico es que entre los defensores haya judíos y cristianos, además de mujeres, las cuales en el Islam son escarnecidas y despojadas de todo derecho a la dignidad.

El terrorismo islámico, con la lenidad de Obama y los “liberals” del mundo, estarán más próximos a la dominación planetaria si el Ayatola del estado teocrático de Irán y su ejecutor Ahmadinejad sigue en su libre escalada hacia el poder nuclear. Si tal ocurre ¿serán perdonados los “tontos útiles” de los “liberals” de dentro y fuera de los Estados Unidos?


Friday, September 3, 2010

OBAMA, UN PRESIDENTE EXTRAÑO

Barack Hussein Obama gobierna ya casi dos años al país más poderoso del mundo y sus casi 300 millones de habitantes no acaban de entenderlo, incluídos los que lo eligieron y entre ellos muchos negros.

El grueso de la población que aún lo respalda es desde luego negra, pero no por sus méritos sino por el color de la piel. Es un racismo a la inversa, casi tan peligroso y detestable como el que ha existido contra los ex-esclavos traídos con grilletes desde el África.

Con el agravante de que Obama no es un negro auténtico ni tiene ancestro de esclavos. Su padre, que murió alcohólico, vino de Kenya como estudiante y su madre fue una blanca hippy de Kansas. Hay dudas acerca del lugar donde nació pues muchos creen, con documentos, que fue en Kenya y que vino de tierna edad a Hawaii, donde, como era tradición, recibió la ciudadanía de la madre.

Pero el color de la piel nada importa, sino sus actuaciones. Su elección desarma el criterio de que los Estados Unidos sigue siendo un país racista como lo fue antaño bajo la influencia del partido demócrata. Negros y blancos y de otros tintes votaron por él en mayoría y solo así llegó a la Casa Blanca.

La ventaja explica, eso si, que muchos se inclinaron por él como para dejar atrás el oprobio del país por su pasado esclavista. Y, claro, por su locuacidad populista tan similar a los líderes del tercer mundo, que cuajó aquí con facilidad frente a la débil oposición presentada por el candidato republicano John McCain.

La súbita caída en la popularidad de Obama, que linda el 40%, no puede pues atribuirse a un desdén por la coloración semi oscura del mandatario, sino exclusivamente a la manera como pretende llevar a este país al sendero nada luminoso del estatismo fascistoide o socialistoide “siglo XXI” patentado por los Castros/Chávez.

Tal como está la situación en los Estados Unidos, es muy improbable que Obama pretenda una reelección en el 2012. Sobre todo si la ola de repudio se refleja en las votaciones de noviembre y los republicanos logran recuperar el control de las dos cámaras del Congreso federal, así como la mayoría de las gobernaciones y legislaturas estatales.

Si tal sucede, como anhela todo norteamericano sensato y leal a la historia de esta nación, Obama bien podría buscar refugio en Kenya o en América Latina para ejercer la cátedra de su especialidad, el Derecho Constitucional, pero no el de la Constitución de los Estados Unidos, que aborrece, sino de la Constitución Socialista del Siglo XXI. Rafael Correa, del Ecuador, podría ser su asesor.

Por sus políticas, Obama parece haberse cultivado con Fidel, Hugo Chávez y Rafael Correa. Como ellos, considera que los Estados Unidos (y el capitalismo democrático) son la causa de todos los males del mundo y desde que se posesionó en enero del 2009 no ha cesado de pedir perdón urbi et orbi por los pecados cometidos. Y ha hecho esfuerzos, de innegable eficacia, para abolir al sistema y el poderío del “imperio”.

La economía está en zoletas. El desempleo sigue subiendo, hoy llegó al 9.6 % y las inversiones igualmente van en picada. Los bancos, aunque tienen reservas, no aprueban préstamos por la incertidumbre y desconfianza que ha inundado a la nación. El gasto y los subsidios no tienen freno y hoy, poco antes de partir a otra de sus groseras vacaciones, Obama reiteró que para salir de la crisis habrá más gasto y más impuestos.

La economía se debilitó por esos dos factores y el presidente cree que para fortalecerla hay que reincidir en ellos. Dentro de su idiosincracia tan coincidente con la del team Chávez/Castros, confirmó que en enero próximo entrarán en vigor los mayores tributos de la historia, con los que espera superar el déficit y la deuda.

Se refería a los recortes de impuestos de su predecesor George W. Bush, aplicados a todos y que caducarán el 31 de diciembre próximo. Como para halagar a la galería, Obama dijo que la carga impositiva recaerá “solo” en los más ricos, pues la exención continuará para los de menores ingresos y para las pequeñas empresas.

Es un yerro fatal, pues los “ricos” son los creadores de empleos, no los que se evitarán seguir tributando 600 o 1.000 dólares al año. Lo que es falso es que las empresas pequeñas se exceptúen, pues los capitales que mueven se ubican en el nivel de “ricos” (y por tanto odiosos) de Obama. Y son éstas “pequeñas” empresas las que generan más empleo en su conjunto que las megaempresas.

A ello se suman las reformas al sistema bancario, otro de los “demonios” del capitalismo odiados por Obama y sus adláteres. Sobre esa banca lloverán los tributos y las restricciones, encareciendo los créditos que afectarán, como siempre en estos casos, a los prestamistas menores.

¿A dónde va a parar la inundación de dinero con tanto nuevo impuesto? No a los “pobres” que el millonario Obama y sus millonarios auspiciantes dicen defender, sino al fisco, al Estado. Para agrandarlo en burocracia, en gasto, en despilfarro y corrupción. Ya los servidores públicos superan en número y sueldos y privilegios a los empleados privados.

¿De dónde proviene el dinero del fisco? La pregunta parecería zoquete, pero en los Estados Unidos no hay un surtidero de dólares como en Arabia Saudita o Venezuela: viene del sector privado, al cual Obama tritura con sus políticas, vituperios y amenazas de más gasto y más impuestos.

En la esfera internacional, Obama no pudo estar más desatinado (o más feliz, según criterio de columnistas del tercer mundo). El martes confirmó que la guerra en Irak ha terminado, cuando no ha terminado y cuando aún quedan allí alrededor de 5.000 soldados no combatientes que tendrán que combatir en cualquier momento en que sus vidas se vean amenazadas, o sea a diario.

La insurgencia redoblada con el retiro de tropas, será pretexto para lo que Obama quiere: retirada total y en fuga de todas las tropas, tal como ocurrió en Vietnam y que igual podría ocurrir en Afganistán. En su discurso del martes fue transparente su desprecio por George W Bush, las tropas y las intervenciones militares en los dos países árabes.

“Hay que dar vuelta a la página” (de vergüenza, según él) y convencerse de que no existe tal excepcionalismo de los Estados Unidos como promotor de la libertad y la democracia, dijo. Todos somos iguales y por lo mismo debemos unirnos y ser gobernados por un solo presidente universal y socialista (que quisiera ser él, si descarta la cátedra).

Cuando los socialistas y socialistoides presionaron para huir de Vietnam cuando la guerra estaba a punto de ganarse en contra del absolutismo de Moscú y Pekín, estos prevalecieron y hubo las masacres de Vietnam del Sur, de Laos y Camboya. Sobrevinieron la oscuridad y la ceniza, que poco a poco están siendo superadas con regímenes más abiertos.

Obama ordena la retirada de Irak cuando aún no se estructura el gobierno en el sistema parlamentario y democrático que sustituyó a la tiranía de Hussein. Ante la multiplicación de la insurgencia repaldada por Irán y los terroristas de Al Qaida, Taliban y Hamas, nada difícil sería que se anule el sacrificio de 4.000 soldados norteamericanos y de otras naciones aliadas.

Joe Biden, ese arlequín que funge de Vicepresidente de los Estados Unidos, acaba de retar a los iraquíes: si no forman gobierno ya, peor para ustedes porque si se desata la violencia, ya no estaremos para ayudarles.

¿Fue esa la actitud de Truman, demócrata pero norteamericano, luego de terminada (con victoria total de los aliados) la II Guerra Mundial en los casos de Alemania o Japón, en la transición hacia la democracia y frente a la amenaza comunista? Aún están allí tropas de USA.

Si el Congreso Federal arrincona a los demócratas en noviembre, para bien de este país y de la humanidad, lo primero que tendrá que rehacerse es el enfoque de la política internacional, para recuperar la verdad de la Historia, la seguridad nacional y el liderazgo de este país en defensa de la libertad y la democracia. La prioridad obvia serán los casos de Irak y Afganistán y la guerra por desgracia no declarada formalmente contra el terrorismo musulmán.

Y tendrá que archivarse, no reformarse, la ley de salud que se aprobó sin un solo voto republicano y con el rechazo de casi el 70% de la población. Lo propio con las reformas bancarias, el gasto público desorbitado y el cúmulo exorbitante de nuevos impuestos.

También deberá regularse definitivamente la ley de inmigración para facilitar la legalización de los ilegales y permitir los nuevos accesos al país en forma ordenada y legal. Lo que ocurre en Arizona, que desean imitar otros 20 de los 50 Estados, es resultante de la complacencia, complicidad e impericia de la Casa Blanca para hacer respetar la ley federal sobre el tema.

Vientos de optimismo soplan en pro de un gran “Stop” a este fulano que se encaramó en la Casa Blanca por la confluencia infeliz de circunstancias. Pero hasta que las cifras confirmen la derrota demócrata en la noche del 2 de noviembre venidero, o al día subsiguiente, es prematuro cantar victoria.


Friday, August 20, 2010

MUJERES, DEMOCRACIA, FEMINISMO

Harry Reid, el líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes del Congreso Federal de los Estados Unidos y por ello uno de los líderes políticos de mayor influjo en el país, dijo en uno de sus frecuentes exabruptos que no comprendía cómo alguien hispano o de ancestro hispano podía ser republicano.

La afirmación es idiota y es además racista, que es lo que caracteriza al partido demócrata desde que se fundara esta nación en el siglo XVIII. Lo irónico es que la mayoría de la gente sencilla aquí y afuera considere que el campeón de los derechos humanos, el respeto a la diversidad racial entre ellos, se lo debe al partido demócrata y no al republicano.

La verdad es distinta. Está nación tuvo una de las más cruentas guerras civiles a mediados del siglo XIX precisamente porque un presidente republicano, Abraham Lincoln, fue firme en su decisión de abolir la esclavitud de los negros, contra la oposición de los demócratas sureños dueños de plantaciones que basaban su bonanza económica y social en la explotación de los negros traídos con grilletes de África.

Si bien tras la guerra, que costó casi 600.000 muertes, se dio fin en lo legal a la esclavitud, la discriminación racial continuó. Lincoln, asesinado, no pudo cooncluír su misión. Esa fue tarea de sus sucesores, especialmente el general Grant, artífice de la victoria militar de la Unión sobre las confederados secesionistas del Sur.

Tras la guerra vino la Reconstrucción. El propósito era equiparar los derechos civiles de los ex esclavos con los del resto de la población. La feroz resistencia de los demos lo impidió. A los negros se les negó el derecho al voto y el derecho a ser ciudadanos como los demás en cuanto a libre tránsito y libre acceso a medios de transporte públicos, restaurantes, lugares de entretenimiento.

Prevaleció la ley “Jim Crow” con el principio, relativo a los negros, de permancer “iguales pero separados”. Esta vergonzosa y humillante situacion se prolongó hasta 1965, cuando los demos, con el presidente Lyndon Johnson, al fin convinieron en borrar toda forma de discriminación racial con la aprobación de la ley de Derechos Civiles. Curiosamente, para negros y no negros, la gloria de la reforma se la han llevado los demócratas, no los republicanos.

Anecdóticamente, en el reciente funeral del senador demócrata por Virginia Robert Byrd, el expresidente de igual ideología Bill Clinton lo exaltó y perdonó su pasado ultra racista (era miembro activo del Ku Klux Klan) aduciendo que tenía que hacerlo en un estado sureño “para así ganar las elecciones).

El factor racista perdura en las entrañas del demócrata y, por desgracia, en las de muchos negros. Cuando la mayoría de ciudadanos norteamericanos votó por un negro (mulato más bien), Barack Hussein Obama, estaba demostrando su voluntad de dejar atrás el racismo discriminatorio contra los negros. Pero el actual mandatario ha acentuado el racismo.

Hay muchas pruebas. Su juicio a priori para condenar a un policía que legalmente detuvo a un profesor negro por sospechas de una acción delictiva. Sus menciones constantes, directas e indirectas, contra los críticos de su gestión, insinuando que se motivan por sentimientos contra la negritud.

En esa línea están otros de su gobierno y ello ha ahondado la división y el odio. A tal extremo que cualquier censura contra sus políticas, si vienen de un no negro tienen una respuesta prejuiciada y si las hace un negro (que los hay), es acusado de ser un sirviente en la Cabaña Tío Tom (en alusión a la célebre novela).

Este panorama ha determinado que el mayor respaldo que tiene Obama en estos momentos en que su popularidad bordea el 40%, proviene de los negros. No discriminan, son impermeables al análisis, lo respaldan ciegamente solo porque es negro. A ellos habría que agregar a los musulmanes.

Porque BHO, de apellido y padre islámicos, ya no puede ocultar su inclinación musulmana. Así lo cree uno de cada cuatro norteamericanos encuestados, que dicen que la religión del presidente es la del Islam. La encuesta se hizo antes de que Obama, en una ceremonia en la Casa Blanca para celebrar el inicio del Ramadán, dio su respaldo total a que se construya una megamezquita en el sitio ahora santo del Ground Zero, oramen que quedó de las Torres Gemelas, a lo cual se opone el 70% de la población norteanericana.

Los demócratas también se han opuesto tradicionalmente a que la mujer tenga derechos similares a los del hombre (entre los blancos, ya que los negros no contaban). Bravas mujeres iniciaron una muy valiente campaña para obtener el derecho al voto, lo cual finalmente lo consiguieron en 1916 pese a la empecinada oposición de los demócratas y tras innúmeras prisiones, vejaciones y humillaciones.

No todos los derechos de las mujeres, sin embargo, se alcanzaron con esa victoria. Como en el caso de los negros liberados, se mantuvieron y mantienen discriminaciones en contra de la mujer en el trabajo, los salarios y otras leyes.

Ello dio origen a otro movimiento de liberación, el feminismo. Pero por desgracia, el movimiento degeneró y se precipitó en los mendros de lo sexual y en una absurda actitud peyorativa de lo masculino. Coincidió con la explosión de los anticonceptivos y la legalización del aborto.

La mujer feminista creyó liberarse con esos instrumentos de la “liberación sexual” y fue lo contrario. El sentido de la maternidad se diluyó y desde la legalización del aborto propiaciada por los demócratas, más de 50 millones de seres inocentes han sido sacrificados. Los que evitaron el exterminio, son en su mayor parte hijos de madres solteras. El hombre, macho inseminador por antonomasia, tiene ahora sexo gratis, sin compromiso de paternidad ni matrimonio.

La mayoría de mujeres y feministas, son demócratas. Si se parafrasea a Reid, se podría decir que no se entiende cómo una mujer (cualquier sea el color de su piel) pueda ser demócrata. Porque la diferencia básica entre republicanos y demócratas (o entre los demócratas de verdad de todo mundo y a lo largo de la historia y los no demócratas), es que los primeros creen en el individuo y los otros en el Estado.

Creer en el individuo es creer en su libertad para escoger, pensar, creer, transitar y hacer de su vida lo quiere, siempre con respeto a la vida de sus semejantes. Los otros creen que todo debe estar regulado y reglamentado por un Estado en manos de un grupo elitista que goza de todos los privilegios y que lo preside un rey, monarca, emperador, tirano, dictador, autócrata o dictadorzuelo.

Los peregrinos de 1600 llegaron a estas tierras en fuga de ese sistema en Europa y a la postre lo cambiaron hasta establecer una república con 13 colonias, en un ensayo de democracia sin paralelo en la humanidad. Otros peregrinos llegaron al sur del Río Grande, pero con otra mentalidad: continuar el sistema elitista europeo del cual ellos formaran parte y en cual se enriquecieran no con el esfuerzo propio, sino de los indígenas esclavizados en mitas y encomiendas.

¿Dónde nace el autoritarismo, que una vez proyectado en los gobiernos son causa de disturbios y guerras perennes, tanto internos como externos? Pues en el hombre, en sus gonadas, en sus genes, en sus hormonas. El instinto de dominación es consustancial a su naturaleza humana, en unos de modo más notorio que en otros.

En la relación con una o más mujeres, las mujeres son las víctimas del macho dominador. Su naturaleza de género es distinta, pues su destino primario es la maternidad, no la caza ni el exterminio de rivales. Su estructura hormonal, no su capacidad mental, es diferente y por ende más débil.

La gran revolución en las relaciones hombre/mujer la dio el Cristianismo, que modificó la que hasta la fecha tenía y aún tiene su antecesor el judaísmo. Y marca años luz de diferencia con el islamismo, en el que rige la ley del sharia (a renglón seguido, una versión resumida de dicha ley, en inglés):

Flee your family because they have been abusing you? Get your nose carved off your face. Refuse an arranged marriage? Get your face disfigured with acid. Offend your husband? Get lynched. They will officially charge you with adultery, for which they have zero evidence. They don’t need it, because a woman’s testimony is not given the same weight as that of a man. So you get stoned for adultery because you had the audacity to tell your husband you were going to leave him if he didn’t stop hitting you. Under sharia, women need to know their place.

This is in addition to everyday segregation of the sexes, a common feature in some nations where sharia rules, such as Saudi Arabia. So, from now on, when you hear the word “sharia,” think “Jim Crow.” The fact that sharia is based on gender instead of race makes no moral difference.

— Michael James Barton is the former deputy director of the Pentagon’s Middle East Office.

El machismo original, inmerso en un líder varonil, trasciende cuando éste adquiere poder en un grupo, una tribu, un consejo o una nación. Los indios chiroquís, en los Estados Unidos, idearon un sistema para evitar que el líder se ofusque y se exceda en el poder que los asociados le otorgaron. Una asamblea ante la cual el líder se obligaba a rendir cuentas y a enmendarse si se excedió y fue observado.

Los fundadores de la República de las 13 colonias, Benjamin Franklin en particular, pensó en ellos cuando colaboró con otros iluminados para diseñar una forma de control de los excesos del uso del poder, que han sido osetensibles en Occidente desde los tiempos de Grecia y Roma: las tres ramas del ejecutivo, legislativo y judicial.

Si bien el cristianismo cambió la visión despectiva de la mujer, las relaciones no cambiaron súbitamente. En la cultura judeo cristiana los abusos persistieron de parte del macho, sea este monarca o de la gleba. Para no hablar de otras regiones y religiones, en las cuales todavía persiste la poligamia y se veja y humilla hórridamente a la mujer.

Pero el feminismo distorsionado de hoy no es la respuesta, ni a los abusos de poder del hombre ni de los gobiernos. La mujer pierde cuando trata de escalar pisoteando al hombre o cuando pretende igualarlo o superarlo. Hombre y mujer son distintos y su destino es la complementación, no la confrontación.

Mejor haría el feminismo en repudiar la peor afrenta contra la mujer que representa el islamismo y la ley sharia que pretenden imponer por la fuerza en los países huéspedes de Europa y los EE.UU. Y luchar abiertamente contra toda creencia política que trate de oprimir al individuo, al hombre y a la mujer por igual, con las imposiciones anti libertarias de un grupo elitista ecaramado en el poder.


Sunday, August 15, 2010

¿COLOMBIA VA DE RETRO, COMO USA?

El nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, dijo en su discurso inaugural que en su diccionario no existía la palabra “guerra”.

Es una de las frases más disparatada escuchadas en los últimos tiempos y se dice que la pronunció para congraciarse con el mandatario venezolano Hugo Chávez.

Parece que le dió resultados, pues Chávez, que rompió relaciones diplomáticas con su antecesor Álvaro Uribe, acaba de visitar a Santa Marta en Colombia para verse con Santos y prometer amor eterno a los colombianos y, además, reanudar las relaciones diplomáticas.

Chávez se alteró con Uribe porque éste le demostró fehacientemente que protege a los narcoterroristas de las FARC, concediendo hospitalidad a centenares de ellos en un campamento asentado muy adentro en territorio venezolano.

Poco antes de terminar su mandato, el embajador de Uribe presentó en la asamblea de la OEA documentos probatorios de la presencia protegida de las FARC en un asentamiento a unos 30 kilómetros de la frontera con Colombia: fotos, videos, testimonios, cartas geográficas.

Chávez, con la connivencia del presidente ecuatoriano Rafael Correa, pretendió boicotear la asamblea, pero no lo consiguió. Las pruebas fueron divulgadas y la sola reacción en descargo de Chávez fueron el insulto y la ruptura de relaciones diplomáticas.

El autócrata venezolano habló de preparativos de guerra contra Colombia, país que jamás insinuó tal alternativa sino la reflexión de Venezuela para que cese su apoyo a la narcoguerrilla, cuya meta es, para ella si, la conquista del poder mediante la guerra contra el sistema democrático.

¿Qué quiso, qué quiere decir Santos al proclamar que en su diccionario no consta la palabra guerra? ¿Ignorándola desaparece la guerra? Es como si alguien decidiese ignorar la existencia del cáncer, en la esperanza de que el cáncer no exista.

Quizás podría interpretarse la confusa afirmación en el sentido de que no quiere la guerra con la narcoguerrilla y menos contra un país vecino como Venezuela. Y que prefiere la diplomacia. Si tal fuere el caso, sería una posición muy peligrosa, comparable a la que está adoptando Obama con los Estados Unidos.

Nunca los Estados Unidos, desde su fundación, han querido la guerra. Insinuar lo contrario simplemente es anti histórico. Quería la independencia de Gran Bretaña cuando los 13 Estados de la Unión no aceptaron las imposiciones abusivas de Londres y la única opción fue la guerra de fuerzas desiguales, que terminaron ganándola.

A grandes rasgos, el intento de USA de mantener la neutralidad en los dos grandes conflictos internacionales del siglo pasado resultó impracticable porque ello habría significado la autodestrucción del sistema nacional de vida en libertad.

En ambos conflictos Estados Unidos resultó victorioso. Ya en este siglo, la guerra contra el terrorismo islámico fue provocado por los ataques contra esta nación. Es impredecible la victoria, sobre todo con el actual presidente Obama quien, como Santos (aparentemente), no cree en la guerra sino en la opción diplomática.

La historia demuestra que la diplomacia fracasa si no va respaldada por la fuerza. Chamberlain fracasó con Hitler en Berlín, cuando eran evidentes sus designios expansionistas. Stalin y los sueños expansionistas del comunismo se desmoronaron no por la diplomacia de la Guerra Fría que sucedió a la II Guerra Mundial, sino por la firme posición de fuerza y superioridad de Reagan, Margaret Thatcher y el Papa Juan Pablo II.

Obama es iluso o traidor si cree que va a persuadir diplomáticamente a Ahmadinejad de Irán que no se arme nuclearmente o Al Qaeda y los talibanes que dejen las armas para pacificar a Afganistan e Irak. En el caso ecuatoriano, Velasco Ibarra es buen ejemplo de puerilidad al creer que unilateralmente podía denunciar el Protocolo de Río de Janeiro suscrito en 1942 entre Perú y Ecuador.

¿Cree Santos que Chávez cambiará por la sola reforma que ha hecho a su léxico personal? Nadie entiende las razones por las cuales el venezolano ha resuelto levantar la ruptura de relaciones diplomáticas. ¿Acaso le prometió dejar de proteger militar y logísticamente a las FARC en territorio venezolano? Si es así, aplausos a Santos, pero ojo a Chávez.

Chávez, como Correa, es ferviente partidario de la narcoguerrilla. Santos, como ministro de Defensa de Uribe, asestó un certero golpe contra las FARC al destruir el campamente de Angostura en territrorio ecuatoriano, en la frontera, no tierra adentro como en Venezuela

Si Santos insiste en negociar con la narcoguerrilla, como lo hicieron infructuosamente los antecesores de Uribe, Colombia dará un paso atrás en el combate a los asesinos de las FARC. Uribe consiguió debilitarlas sobre todo en las áreas rurales. Pero si Santos flaquea, la narcoguerrilla aprovechará las treguas para fortalecerse, como lo ha hecho en el pasado. Con el apoyo material de Chávez y el moral (o algo más) de los Correa, Ortega, Morales y los Castros.

Por cierto, son solo especulaciones por la escasez de información veraz, pues resulta incomprensible que Santos se distancie tan abierta y censurablemente de Uribe, a quien sirvió se supone con identidad de principios y sentimientos, como lo demostró en el caso de Angostura.

La situación de Obama es diferente y mucho más compleja y de preocupación dado que los Estados Unidos es, o era, el líder del mundo libre. Obama -cuyo pro islamismo se comprobó una vez más con su devoción por el Ramadán en la Casa Blanca y su obsceno apoyo a que los árabes eirjan una mega mezquita en el sitio del Holocausto del 9/11 en Manhattan- afirma no creer en la grandeza y excepcionalidad de este país.

Siempre estuvo opuesto a las intervenciones militares en Irak y Afganistán, como en su juventud se opuso a la guerra en Vietnam. No quiere la victoria en ninguno de los dos frentes. Quiere la derrota, el retiro total de las tropas, al igual que en Vietnam. Dentro de su estrategia, busca acorralar a Israel y negociar con Ahjmadenejad, ya podemos imaginar qué.

De paso, ha destruido a la economía nacional, endeudándola, expandiendo el gasto público, la deuda interna y externa, la burocracia y el tamaño del gobierno interventor. Son tácticas dentro de la estrategia encaminada a debilitar el sistema de libre mercado, competencia y ahorro, que ha hecho la grandeza de este país.

Hay muchos arrepentidos que votaron por Obama que prometen sufragar en su contra en las elecciones de medio tiempo (del periodo presidencial) de noviembre próximo y en las del 2012, cuando el actual mandatario buscará la reelección. En uno y otro, hay solo grandes incógnitas.

E igual en lo que atañe a Colombia y su nuevo presidente Juan M. Santos. ¿Persistirá en su actitud complaciente con Chávez y la narcoguerrilla? Si lo hace, Colombia iría marcha atrás. Lo cual sería una traición condenable.

Saturday, July 31, 2010

LA FARSA "CHÁVEZ/CORREA"

Hay quienes dicen que la reunión de UNASUR en Quito, convocada por el presidente temporal y presidente del Ecuador, Rafael Correa, ha fracasado en su intento de superar la crisis colombo venezolana.

Habría que preguntar ¿fracaso de quién o quiénes? No de la diplomacia ecuatoriana o venezolana, por cierto, pero tampoco de la colombiana. Entonces ¿de qué fracaso se habla?

Correa, servil seguidor del presidente de Venezuela Hugo Chávez, no aspiraba a que la cita de Quito consiguiese la paz y la reanudación de las relaciones diplomáticas que Chávez unilateralmente rompió con su colega colombiano Álvaro Uribe.

Para ello habría sido preciso que Chávez admitiese lo que Uribe le probó en la conferencia de la OEA en Washington, esto es, que él protege a 1.500 narcoterroristas de las FARC y les da asilo en campamentos muy adentrados en el territorio venezolano.

Es el caso casi copia carbón de lo que ocurrió antes entre Uribe y Correa. Como a Chávez, Uribe le demostró a Correa dónde estaban ubicados los narcoterroristas de las FARC en varios lugares del territorio ecuatoriano. Pese a los reiterados mensajes en tal sentido, Correa nada hizo y no se cansó en calificar a los terroristas no como tales sino como “luchadores por la libertad”.

Cuando los servicios de inteligencia la indicaron a Uribe que el segundo de las FARC Raúl Reyes estaba asentado con su grupo en la frontera, en Angostura decidió actuar por su cuenta y ordenó un bombardeo, que tuvo óptimos resultados.

Uribe está consciente de que no fue esa la mejor vía para deshacerse de los narcoterroristas. Obviamente la mejor habría sido una operación conjunta con Correa. Pero ello habría sido imposible dadas las muestras de complicidad de que hizo gala reiteradamente el jefe ecuatoriano.

En el caso de Venezuela, aunque las acciones de ambos presidentes sean coincidentes, en cambio la realidad de la geografía es distinta: el asentamiento de las FARC está a unos 25 kilómetros o más de la frontera y goza de todas las facilidades de evacuación y defensa por tierra, mar y aire.

El ataque, por tanto, habría significado invasión y no un ataque específico a un campamento limitado y cercado por la jungla, como en el caso de Angostura. Hacerlo hubiera equivalido a declarar la guerra contra Venezuela y no contra un grupo narcoterrorista puntual.

Por eso Uribe recurrió a la OEA para presentar pruebas inequívocas de la presencia guerrillera con la protección de Chávez. Ecuador, por instrucciones de Chávez, quiso bloquear la reunión, pero allí si el fracaso fue estruendoso y con sacrificio de un diplomátic izquierdista de carrera, el poeta/novelista Pancho Proaño.

El canciller venezolano Maduro (apellido que se presta a ironías) nada pudo replicar en la OEA y este organismo, como siempre, nada práctico adoptó en contra del socio delincuente. Fue entonces que Chávez ordenó a Correa a que convoque a la UNASUR, para paliar la derrota.

¿Qué esperaba de UNASUR? ¿Acaso que condene a Uribe o al imperalismo yanqui? Lo único que cabía era lo opuesto, la sanción a Venezuela por aliarse y proteger a fuerzas terroristas enemigas no solo de Colombia sino de la humanidad.

Aunque el chavismo no obtuvo la condena a Colombia, en cambio Chávez salió indemne. Incluso triunfó al anular un acápite en la declaración final de UNASUR, en el que se pedía lo obvio, luchar conjuntamente contra el auge del terrorismo en la región.

Las FARC y los chavistas y correistas creen que el sucesor de Uribe, Santos, será más complaciente con los narcoterroristas y que se abrirá al diálogo con las FARC para buscar una solución política al conflicto interno de Colombia. Ese cuento se lo tragaron varios presidentes colombianos anteriores, con resultados deplorables.

La guerrilla fue duramente castigada por Uribe, sobre todo a raíz de la captura de las computadoras portátiles que se hallaron en Angostura. Debilitados, buscan una tregua para reforzarse, como lo han hecho antes. Pero Santos no es ningún Samper o Pastrana.

Santos fue el ejecutor del bombardeo a Angostura, de lo cual no se arrepiente. Dijo que lo repetiría si se repiten las circunstancias. Uribe no le ha “serruchado” el piso ni mucho menos a Santos. Al contrario, le ha aliviado el peso de ser él, en sus primeras acciones como presidente, el que lance las denuncias contra Chávez.

Mientra tanto, hay silencio en la Casa Blanca. En el fondo el impostor que allí habita, Barack Hussein Obama, simpatiza con Chávez. Lo demostró en la conferencia de la OEA cuando aceptó sin inmutarse los insultos de éste contra los Estados Unidos y cuando recibió de sus manos un panfleto anti yanqui de autor uruguayo.

Y volvió a demostrarlo en su respaldo para destruir la democracia en Honduras y someterla al círculo de los Chávez/Castro, con el títere Zelaya. Pero los hondureños no cedieron y Zelaya y Chávez quedaron marginados.

Colombia, con Santos, seguirá el mismo sendero trazado por Uribe, basado en los mismos principios de democracia y libertad y tolerancia cero a los asesinos narcoterroristas.

Lo que si no está claro es el destino que correrán los Estados Unidos al mando de Obama y su séquito de zares fascistas. Cada vez el equilibrio de poderes se debilita aquí más, en favor de un ejecutivo sin escrúpulos en la violación de la ley.

El cambio hacia el fascismo, entendido como predominio del Ejecutivo sobre la sociedad (como en la ex URSS, como la Alemania nazi, la Italia de Mussolini, la Venezuela de Chávez o el Ecuador y Bolivia de Correa y Morales para no citar a la Cuba de los Castro), va ganando terreno en los Estados Unidos.

Para ello intervienen los jueces que crean o destruyen leyes cuando ello es atributivo del Congreso. El último caso la dio la jueza federal que frenó una ley de Arizona originada en el Congreso estatal y sancionada por la gobernadora, para limitar y controlar la presencia de ilegales.

El 70% de los ciudadanos de Arizona y de la Unión respalda esa ley. Igual ha ocurrido con la legalización del aborto y el matrimonio gay. El pueblo ha expresado con el voto en las urnas su repudio, pero los jueces han desoído la voluntado popular.

Igual rechazo ha existido a leyes que Obama ha forzado a aprobar al Congreso controlado por los demócratas: la de salud, de control financiero y demás. En cuanto a la ley de salud, su texto no fue leido y se la aprobó sin un solo voto de los republicanos.

La avalancha obamista sigue su curso, pese a que su popularidad ha caído por debajo del 40%. La mayoría de la gente está harta de que se quiera transformar a este país contra la voluntad del pueblo y su última “tabla de salvación” frente al desastre total parecen ser los comicios de medio término de noviembre próximo.

Grandes incógnitas surgen,sin embargo, acerca de los resultados dada la increible capacidad de maniobra del equipo Obama, amantado con lo peor de las mafias de Chicago.


Saturday, July 17, 2010

¿DONDE SE ORIGINA LA EMIGRACION?

Argentina acaba de sumarse a un grupo de ahora nueve países de la América Latina que condena a Arizona porque su congreso estatal y su gobernadora han aprobado una ley para hacer cumplir la ley federal que regula la inmigración a los Estados Unidos.

La ley estatal de Arizona, que entrará en vigor el 29 de este mes, en realidad no debería haberse promulgado si el gobierno federal, asentado en la Casa Blanca, no hubiese cumplido con su deber constititucional: el de cumplir y hacer cumplir las leyes.

No ha desempeñado este papel en lo atinente a inmigración y no solo en Arizona sino en todos los 50 estados (no 75 como dijo Obama en su campaña electoral) de la Unión. La ley al respecto es simple y similar a lo sustantivo a las que rigen en otras naciones: que para ingresar al país el ciudadano extranjero tiene que sujetarse a registros y regulaciones específicas.

Ante la lenidad de Washington, en Arizona, alarmado el pueblo por la ola incontenible de invasores indocumentados de México, otros países de la región y del mundo, forzaron a las autoridades a que adopten sus propias medidas para impedirlo. Porque la ola acarrea violencia, tráfico ilícito de drogas, raptos, secuestros y crímenes de todo tipo, más corrupción.

Los nueve países latinoamericanos (la Venezuela de Chávez y su clon Correa, de Ecuador, entre ellos), alentados por el propio presidente de los Estados Unidos denuncian a la ley de Arizona como atentatoria de los derechos humanos y piden intervención internacional para evitar su vigencia en pocos días. Obama se adelantó a ellos al plantear un juicio a las autoridades estatales por iguales motivos.

La ley cuestionada no es racista, como alegan Obama y sus 9 coidearios del sur. Simplemente pide que se exija a los ciudadanos sorprendidos en cualquier infracción, mayor o menor, los documentos de identidad que de modo rutinario se pide igual en bancos, bibliotecas, tiendas. No importa la etnia o el color de la piel del individuo. En situaciones normales la ley federal faculta a la policía a requerir la identidad de cualquier ciudadano en cualquier circunstancia.

Esta vez, por la algazara de los demócratas e izquierdosos de dentro y fuera del país (destacándose los medios de comunicación), le ley de AZ expresamente prohibe a la policía el pedido de documentos si no existe una previa infracción y, por cierto, alerta pra evitar todo proceder de tinte racista contra latinos, árabes, negros, rojos o azules.

La ley de Arizona tiene el respaldo del 64% de los latinos de ese Estado y del 74% del resto de la población del país. Es un respaldo tan sigfnificativo como la oposición que existía contra la ley de la salud, que a la postre se aprobó sin el respaldo de un solo voto republicano, algo sin precedentes en la historia legislativa de esta nación.

A Obama, como a sus cuates del exterior, le importa un comino la opinión de la mayoría del pueblo, como lo está demostrando en los casos citados, en el de la reforma bancaria y en muchos de política exterior en los cuales ha dejado de lado las tradiciones, las regulaciones y leyes que han hecho de este país la potencia que ha sido hasta hoy.

La intención de Obama en inmigración es atraer los votos latinos para las elecciones de noviembre próximo, en que se renuevan puestos en las dos cámaras de los Congresos federal y estatales, algunso gobernadores y otras dignidades de elección popular. Y para los comicios del 2012 cuando pretenderá ser reelegido para otros cuatro años.

Pero quizás esté errado en su estrategia con los latinos. En primer lugar, los ilegales o indocumentados no votan, salvo que tengan documentos fraudulentos. En segundo lugar, los latinos que acataron las leyes y ahora son ciudadanos naturalizados, lo último que quieren es que se premie a la ilegalidad de otros que aspiran a su mismo estatus por vías inmorales e ilícitas.

Los inmigrantes de hoy y de siempre llegaron a este país porque lo consideraban y consideran preferible a los países de donde emigraron. Básicamente, porque esta es una nación sustentada desde su fundación en el respeto a las leyes. A ello obedece, por sobre todo otro análisis, su grandeza de hoy.

Los países latinoamericanos han estancado su desarrollo por las razones opuestas: irrespeto a la ley en todos los estratos. Desde la Colonia, la ley no ha sido acatada o ha sido manipulada en contubernio entre los políticos en el poder y los hombres de fortuna. La noción de la separación democrática de los poderes es nominal y el de la justicia, casi inexistente.

Por ello emigran, sobre todo a los Estados Unidos. Sostener que la ley de Arizona es anti inmgratoria, como lo proclaman Obama y los 9 monigotes del sur, es absurdo.

Con seguridad no existe otro país en el orbe que haya acogido con tanta hospitalidad a inmigrantes de todo género, lengua y credo como los Estados Unidos. Que se repudie aquí a los inmigrantes, como se repudia y con ferocidad en México o el Ecuador, es una falacia. Es probable y acaso sin probable, que en USA hay inmigrantes legales de todos los casi 200 países miembros de las Naciones Unidas.

Los que han inmigrado ven con pavor cómo este gobierno está en el plan de romper las estructuras y tradiciones democráticas en USA, con peligro de degenerar su sistema en algo parecido a las informes democracias que existen en los países de los que emigraron sean de Europa, América Latina u otras zonas.

En lo económico, el desempleo y la recesión siguen rampantes en USA y ello explica la fragilidad e incertidumbre en la economía mundial. Desde que se posesionó hace un año y siete meses, Obama ha dilapidado cerca de mil millones de dólares sin crear empleo y ha bloqueado a la empresa privada, único motor de la economía.

La economía se vino al suelo tras la presión de los gobiernos demócratas para que la banca otorgue hipotecas a quienes no podían pagarlas. Para la insolvencia, creó dos instituciones con dinero fiscal, Fanny May y Freddy Mac para los subsidios. Este manejo artificial quebró al sistema. Con la nueva ley habrá más regulaciones y más intervención estatal. Pero no estarán incluidas las dos instituciones estatales causantes del desastre...

En salud comienza el descalabro. Los nuevos asegurados, los que no lo son porque no quieren o no pueden, estarán forzados a hacerlo y para ello Obama acaba de anunciar lo que no quería hacerlo: el costo será impuesto para los nuevos asegurados y las primas subirán para los ricos. El servicio empeorará porque habrá menos médicos, racionamiento y extinción de las aseguradoras privadas, que hasta ahora son 1.500 que compiten entre si. Se instituirá la saludad estatal y los médicos serán burócratas. La medicina mejor del mundo, que es la norteamericana, dejará de serlo con el Obamacare en acción.

En lo externo, si el plan Obama continúa, Estados Unidos perderá respeto en lo económico, cultural y militar. Tal como lo quieren los 9 del sur y como no lo quieren los millones de inmigrantes que han venido a este país en búsqueda de un ambiente propicio al mejoramiento de las condiciones de vida originado en al esfuerzo propio, no del Estado y en el respeto a las libertades de opinión, crédito, circulación y de ahorro e inversión.

La gente que apoya lo resuelto por el pueblo de Arizona y que rechaza a Obama por su intromisión, no es blanca, negra, mulata ni de un credo o partido político en particular. Es el norteamericano común, fruto de casi 300 años de inmigración constante que ha permitido forjar una cultura sin paralelo en la historia, sobre la base de la ley, no de líderes mesiánicos.

La condena de los 9 del sur debería ser, en realidad, una autocondena a si mismos y a un sistema que representa con los Perones, Chávez, Velasco Ibarras y Castros de siempre como telón histórico de fondo. Un mea culpa colectivo que pida excusas a los forzados emigrantes, que fugaron porque esos sistemas cierran las oportunidades para que sus habitantes crezcan y logren la felicidad en un ambiente de respeto, tolerancia y libertad, lo cual es imposible sin una estructura legal clara que todos acaten.

La inexistencia de esas condiciones es lo que impulsa a sus ciudadanos al exilio, a enfrentar el desafío de nuevas culturas, costumbres e idiomas. La crueldad no está en pedir que lo hagan con sujeción a la ley. La crueldad está en los sistemas políticos abominables que representa este grupo de los nueve, tan coincidente con Obama.


Sunday, June 27, 2010

LA DERROTA DE LOS ESTADOS UNIDOS

La derrota del seleccionado de fútbol de los Estados Unidos por Ghana el sábado pasado tuvo aquí efectos devastadores. No no tanto en el aspecto deportivo, sino dentro del contexto de la depresión que afecta a este país desde enero del 2009.

En esta nación todo va mal desde que se posesionó de la presidencia de el demócrata Barack Hussein Obama. La economía está hecha pedazos, el desempleo bordea el 10% o más, la deuda alcanza niveles delirantes y en lo externo, cunde una sensación de retirada.

En los Estados Unidos el fútbol, o soccer como aquí se llama, no tiene la gran popularidad de otros deportes como el fúbol americano, el básquetbol o el beisbol. Sin embargo, el número de aficionados ha crecido no solo entre latinos, sino entre anglos. Pero en este Mundial, con los aciertos del seleccionado, el interés general fue mayúsculo.

El “sueño americano” era que el equipo, tan entusiasta y por momentos tan eficiente, pudiese vencer a Ghana y pasar a los cuartos de final y pelear con los grandes. No fue así. El rival, para orgullo africano, fue superior y su victoria legítima. La desilusión que sobrevino fue inmensa.

Pero esa desilusión no fue comparable con la que pudo ocurrido en otras circunstancia, en cualquier deporte de invierno, olímpico u otro específico. Porque se dio en medio de uno de los estados anímicos más sombríos por los que ha atravesado este pueblo, reminiscente de la Depresión iniciada en 1929 o con el gobierno de Jimmy Carter, el de la gran inflación del 13%, alto desempleo, crisis del petróleo y humillación por los rehenes de la embajada en Teherán.

La declinación de la economía registrada en las postrimerías del régimen de George W Bush, fruto del marasmo del mercado hipotecario que prestó a quien no podía pagar por presión de gobierno y Congreso demócratas no solo no terminó con Obama sino que se agudizó. Para superar la quiebra bancaria, Obama, en lugar de correcrivos, emitió gigantescas sumas de dinero de los recursos fiscales.

Grandes empresas de automotores, como la General Motors, en fenómeno en cierto modo similar al de los bancos y sus hipotecas, arrojaron saldos rojos porque los gastos excedieron a los ingresos. La causa central fue la mala gerencia que cedió a las excesivas presiones de los sindicatos. En lugar de presionar por una reforma a las distorsiones, Obama emitió dinero fiscal de subsidio e hizo compartir la dirección gerencial a los sindicatos y a delegados del gobierno.

En cuanto al empleo, lejos de alentar el ahorro y la inversión con la baja de impuestos, por ejemplo, inundó al mercado con más dinero fiscal, que lo que hizo es aumentar el la burocracia pública y disparar la deuda a más de 3 trillones de dólares.

Forzó la reforma al sistema de salud, considerado el mejor del mundo y lo está orientando al control del Estado mediante la asfixia las más de 1.500 empresas privadas que compiten hasta la fecha en libertad por ofrecer una gama de servicios. Poco a poco esa competencia y esas empresas irán extinguiéndose, cediendo paso al control y manejo de la burocracia estatal. La calidad del servicio empeorará y subirán los costos.

El objetivo de Obama y su grupo es transformar a los Estados Unidos, tal como lo prometió en la campaña. Y lo está cumpliendo con frialdad inexorable, sin que le importen las encuestas que le están advirtiendo casi a diario que este cambio no es el que quiere la mayoría de ciudadanos.

La reforma a la salud, por ejemplo, lo logró violando todos reglamentos y tradiciones. El proyecto se aprobó sin un solo voto republicano, algo sin precedecentes en la historia legislativa de este país, sustentado en el consenso. GW Bush, por ejemplo, desistió de introducir reformas sensatas a las leyes de inmigración y seguridad social, por oposición temprana de demócratas y algunos de sus copartidarios. No quiso forzamientos de corte tiránico.

Nunca ha sido aspiración de Obama superar las deficiencia del sistema del capitalismo y libre mercado que nunca dejarñan de existir. Lo que quiere es debilitarlo y corromperlo hasta sustituirlo por una forma socialista en la que todo se someta al control y regulación del Gobierno como en los regímenes fascistas o en los protectivos de la Europa de hoy, ahora en crisis.

La mayor parte de la gente que votó por él fue engañada, como en el Ecuador con Correa. Si uno y otro hubiesen revelado claramente lo que se proponían, probablemente no alcanzaban la victoria. La diferencia es que en el Ecuador la popularidad de Correa se mantiene en el 65%, en tanto que la de Obama ha bajado al 42%, la más baja para un jefe de Estado en tan corto periodo de gobierno.

¿Por qué, sin embargo, es aún alto el porcentaje de popularidad de Obama? Varios factores podrían explicarlo, entre ellos su constante prédica populista contra las corporaciones, los empresarios, los hombres de dinero y, en general, el sistema de incentivo al ahorro, la inversión, la inventiva y la competencia. Según él la felicidad debe ser distribuida y administrada por un Ejecutivo fuerte, representa por él, su gabinete, sus 37 “zares” nombrados sin aprobación y supervisión del Congreso.

Con el creciente gasto y endeudamiento público, anuncia que el déficit se corregirá con más impuestos a las corporaciones y a los ricos. La idea que subyace en su teoría es que de ese modo la riqueza fluirá como en vasos comunicantes de los ricos a los pobres.

Pero lo que ocurrirá y ha ocurrido en casos históricos semejantes es que la riqueza social se reduce, el desempleo se agrava, los tributos se merman y la pobreza se generaliza. La riqueza extraída vía impuestos no va al pobre, va a al fisco para aumentar el control político y los subsidios y con ello el despilfarro y la corrupción.

No les sirve los ejemplos de Grecia y de países europeos, para no citar a Ecuador o Venezuela. En la reunión del G-20 en Toronto (¿por qué diablos invitan a la presidenta de Argentina, país ejemplo del mal manejo de las finanzas públicas?), Obama insistió como que la fórmula para salir de la crisis de las economías no es disicplinarse y moderarse, sino lo opuesto: gastar sin freno el ahorro popular.

Los grandes del G-20 le contradijeron con firmeza a Obama y apoyaron los esfuerzos de Europa por enmendar los yerros del despilfarro. Y acaban en Washington de archivar la pretensión de Obama de extender a otros seis meses el subsidio por desempleo, esta vez con el apoyo de algunos demócratas antes incondicionales. Y aguarda una batalla para impedirle la reforma bancaria que significaría más control y obstrucciones estatales a la banca, como los que que ocasionaron el caos hipotecario y como el que afectará al sector de la salud.

El subsidio al desempleo, justificable en principio, se ha corrompido como todo lo que maneja la burocracia (incluído el medicare y medicaid acerca de los cuales las denuncias de fraude son constantes). Y ha desalentado a mucha gente buscar empleo resignándose a vivir del subsidio. No hay que olvidar que el 45% de la población activa no paga impuesto a la renta y es proclive por ello a caer seducida por el populismo obamista.

En la estrategia de Obama figura también captar la función judicial, para desvanecer la división de poderes o funciones de gobierno clásica en el sistema democrático. Ha nominado para la Corte Suprema a una abogada judía extremista, réplica exacta de su concepción política y moral, incluida la protección al aborto y al movimiento gay, minúsculo pero de enorme influjo en los medios de izquierda y universitarios. Los debates comienzan mañana en el Senado y ya algunos “tontos útiles” republicanos anuncian que apoyarán su nombramiento.

Ha demostrado ineptitud para enfrentar la crisis del derrame petrolero en el golfo de México, pero ha aprovechado la oportunidad para impulsar otra reforma al medio ambiente, conocida como de “taps and trade” que en definitiva implicará otro oneroso impuesto, esta vez al aire que se respira, lo cual solía mencionarse irónicamentre para anatemizar a los políticos obsesos por aumentar la tributación a todo.

En lo internacional, la actitud antinorteamericana de Obama desconcierta en cuanto no pierde oportunidad para humillar la historia de esta nación. En Egipto dijo que el islam es tan importante en la cultura de Estados Unidos como la cultura judeo cristiana y en Europa trató de decir que ésta no es la gran nación de la libertad sino una de abusos, como sostienen sus enemigos.

Hace un par de días se reunió en la Casa Blanca con Mevdev, el títere de Putin y se refirió a la II Guerra Mundial como la Gran Guerra Patriótica, como la calificó Stalin. Recibió al líder de Gaza tras el incidente con la nave turca y le obsequió 400 millones de dólares para auxiliar a los palestinos en perpetua guerra con Israel.

Insiste en adular a Ahjmadinejad de Irán con golosinas diplomáticas y con supuestas amenazas inocuas del Consejo de Seguridad, al tiempo que evita emplear el único lenguaje que entiende esta gente: la fuerza. Irán no envió la nave militar a Gaza luego del incidente, únicamente cuando USA despachó naves de guerra por el canal de Suez rumbo a las cercanías de Irán (¿lo habrá sabido Obama?¿habrá sabido que se incluía en la flota una nave de Israel?)

Los mismos árabes han reducido la aprobación que tenían por Obama meses atrás e igual ocurre en Europa, donde se lo mitificaba sobre todo a raíz de su retórica anti nortemamericana. En Toronto las miradas se dirigieron ya no a USA como la primera potencia, sino a China, la gran acumuladora de dólares. Sin el respaldo chino al euro, este se derrumbaba del todo y con él el dólar y...y el yuan que financia la deuda del dólar con lo cual la burbuja de la economía china podría estallar antes de lo previsto.

El americano común, aún el que erró en votar por Obama, está consciente del desastre de esta administración y sus funestas consecuencias en el mundo entero. Para remediarlo, tiene las miras puestas en las elecciones de noviembre próximo, cuando podría frenarse la pesadilla demócrata obamista para transformar el balance político que hoy le favorece. Mientras ello se está forjando con ciertos visos de optimismo, las victorias iniciales de USA en el Mundial de Fútbol insuflaban un hálito de distracción, de alegría, de la sednsación de que no todo es pesimista en este país.

Pero la fortuna le fue esquiva a los muchachos de Bradley capitaneados por Donovan y habrá que esperar cuatro años para mejores resultados. Pero en el el caso de Obama, esperar a que complete sus cuatro años de gobierno -y pero otros cuatro de una reelección- sin impedirle que continúe impune en su plan de destruir a la cultura americana, sería intolerable para la humanidad.