Wednesday, October 22, 2014

ELECCIONES MISTERIOSAS


A poco de asumir el mando en el 2009 la gente se decepcionó con Barack Hussein Obama. Se creía que con él se borrarían los vestigios del racismo, dado que era el primer presidente negro (mulato) y que con ello advendría una era de unidad y prosperidad sin precedentes.
Pero fue todo lo contrario. Acentuó el resentimiento no solo de los negros en contra de los blancos, sino del pueblo en contra de la clase empresarial privada, a la que acusó de ser culpable de la desigualdad en la distribución de la riqueza.
Se propuso, consecuentemente, propiciar la igualación de los ingresos mediante la implantación de un sistema “progresista” que a la postre implica un modelo controlador de la sociedad desde el ejecutivo, más allá del modelo diseñado en la Constitución por los fundadores de este país en 1787.
Mucha gente que votó por él en el 2008, se arrepintió. Comprendió que el propósito de Obama era, como lo prometió en su discurso inaugural, llegar a la transformación profunda del país, no a corregir defectos. En el otro lado del espectro político surgieron activistas como los del Tea Party, que dijeron “ésto no puede ir más allá”.
La demostración de descontento fue contundente a dos años del gobierno de Obama, en las elecciones de medio término para renovar las cámaras legislativas y otros cargos. La oposición logró una aplastante victoria en el 2010, recuperó el control en la Cámara de Representantes y se impuso en la mayoría de gobernaciones estatales.
Eran los resultados esperados. Obama no asimiló la lección en cuanto a corregir el rumbo y la doctrina de su gobierno. Más bien la acentuó. Pese a la oposición del 64% de los ciudadanos, aplicó toda maniobra legal e ilegal a su alcance para que el Congreso aprobara una ley de protección médica estatal, tan mal estructurada que no la pudo aplicar.
Pero la puso en vigencia por partes, en abierta violación de la Constitución. En ello se vió respaldado por la Corte Suprema de Justicia que protegió esa quiebra constitucional con argumentos que un lego en jurisprudencia se habría ruborizado en esgrimir. En lo económico, la inversión privada se estancó al tiempo que se magnificó el gasto público y la deuda, cercana a los 18 trillones de dólares.
Pese al “estímulo” de casi mil millones de dólares al inicio del régimen, la economía no se estimuló, el desempleo se mantuvo bordeando el 10%, los períodos laborales se redujeron a la mitad para contrarrestar el costo del Obamacare y los desempleados no tuvieron mas opción que aceptar el humillante bono de los food stamps.
En esas condiciones nadie imaginaba que Obama soñase con reelegirse, ya que se lo comparaba con Jimmy Carter, el presidente demócrata que llevó al país al 13% de inflación y que fue impotente para liberar a los rehenes de Teherán. Pero Obama no solo que se presentó a la reeleción, sino que la ganó. Y el Senado siguió en manos demócratas.
¿Qué ocurrió? Los estrategas de la mafia de Chicago, que escogieron a Obama y lo llevaron a la Casa Blanca, decidieron aplastar a la oposción en todos los frentes. Al Tea Party, cuya motivación era reclamar respeto a la Constitución, se lo persiguió y calumnió, con aquiescencia de los mayores medios de comunicación.
Inclusive se lo acalló utilizando inconstitucionalmente al IRS, la agencia recaudadora de impuestos, con falsas alegaciones. La Cámara de Representantes todavía no logra ninguna sanción contra los responsables. Paralelamente el comando electoral de Obama se dedicó a una campaña publicitaria de calumnias contra los candidatos y declaraciones del GOP.
Los efectos fueron devastadores, tanto más cuanto que los estrategas del partido republicano aconsejaron tener mesura en las respuestas y las críticas de los rivales demócratas, por temor a herir susceptibilidades de tipo racial que pudieran distanciar a los “independientes” y perder sus potenciales votos. 
Obama fue reelecto cuando se esperaban resultados similares e inclusive mayormente negativos para su gestión que en el 2010. Ciertamente que el candidato republicano que pretendía sustituirlo, Mitt Romney, era muy débil   sobre todo porque no puso énfasis en los errores garrafales del rival, como el caso Benghazi, el desempleo, IRS, el operativo de fronteras y otros.
Esa debilidad, según los analistas, forzó a muchos ciudadanos no simpatizantes de Obama a quedarse en casa y no votar. Muchos habrían preferido que el candidato fuese frontal y directo no solo en esos temas, sino en otros como el matrimonio tradicional y la defensa de la vida, que los estrategas del GOP aconsejaron no mencionar.
Pero existe otro fenómeno subyacente que podría explicar el fracaso del sentido común y las victorias consecutivas del ala radical de izquierda del partido demócrata. Es la desinformación creciente del electorado. Cada vez, según encuestas esporádicas que se realizan, se comprueba que la mayoría de la gente no está enterada correctamente de lo que ocurre en su entorno, ni de lo que ha sido la historia de este país.
El fenómeno, que comenzó en la “academia”, esto es, a nivel universitario, se ha regado ahora al nivel parvulario. Los profesores universitarios están infestados, desde la rebelión contra la guerra de Vietnam en el decenio de 1960, con la noción viral de que el sistema capitalista y de libre mercado es la causa de las guerras y la explotación en el mundo.
Con inspiradores como Saul Alinsky (y sus discípulos Obama, Bill Ayerst y Hillary Clinton) creen que al esquema capitalista hay que cambiarlo por uno progresista, en el cual la Constitución se subordine al Ejecutivo y no al revés. Los mentalizadores del progresismo, Ted Roosevelt y Woodrow  Wilson, si bien querían vigorizar al Ejecutivo, nunca pretendieron salirse del   marco constitucional.
Se afirma que Obama era ayudante de cátedra de Derecho Constitucional en la Universidad de Chicago. Si lo fue (todo su pasado es un misterio), era con seguridad para aprender a buscar caminos más seguros para burlarla de manera “progresista”. En su administración, los ejemplos de violación de la Constitución son múltiples. Pero interpelarlo y censurarlo, a más de improbable, sería estéril.
La universidad y la visión “progresista” de la historia de los Estados Unidos prepara profesores para escuelas y colegios, así como periodistas para los medios de comunicación audiovisual y escritos. Ello explica, con las excepciones del caso, el por qué de la contaminación en la educación, la información y la opinión reinantes en este país.
La crisis se complica con el círculo vicioso que malignamente se ha creado entre el partido demócrata y los sindicatos obreros y de profesores. En el caso de escuelas y colegios, los maestros se afilian de facto a los sindicatos. No todos los profesores son demócratas, pero si lo son sus dirigentes. Por ley los sindicatos están facultados a hacer donaciones de carácter político a candidatos y cabilderos.
Más del 90%, en algunos casos hasta el 97% de las donaciones, va al partido demócrata. Igual ocurre con los sindicatos obreros, pero la situación se agrava con los maestros, pues sus sueldos provienen de los  impuestos. Para la campaña de medio término de este 4 de noviembre, se afirma que los sindicatos han dado a Obama y los demócratas más de 40 millones de dólares.
En las escuelas y colegios se enseña que Estados Unidos no es la primera potencia del mundo libre, sino la primera potencia explotadora que nació con el exterminio de los indios y la esclavitud de los negros. Washington y Jefferson son condenables por esclavistas y la II Guerra Mundial la ganó realmente la Unión Soviética.
La distorsión, el pesimismo, la incredulidad en los valores de la nación se han difundido de manera tal, que urge una revisión del pensum. Pero ello no es dable ya que ninguna reforma cabe sin la venia de los sindicatos, respaldos por el gobierno de Obama y su ministerio de Educación.
Agréguese a la desinformación el prejuicio del votante negro que cree que tiene que votar por Obama por solidaridad de raza. Es un absurdo, si se considera que la situación de los negros ha empeorado con Obama en todos los planos, tanto de empleo como de educación y más aún de auto estima.
Seguidamente se incluyen varios links o enlaces, en inglés, que prueban las aseveraciones anteriores. Uno de ellos es un video en el que se revelan maniobras de fraude en Colorado. ¿Cuántos casos más habrá habido en el 2012 y habrá dentro de dos semanas, para garantizar la perpetuidad de la doctrina “progresista” de los demócratas en este país?  
http://www.washingtontimes.com/news/2014/oct/21/ballot-harvesting-by-colorado-campaign-workers-rai/
https://www.youtube.com/watch?v=C_uHDjk3fSc&feature=youtu.be

Monday, October 20, 2014

CÓMO DESHACERSE DE CORREA


Los artículos del Pájaro Febres Cordero que se publican en el El Universo de Guayaquil son siempre una delicia de leer, por su fina ironía y por el sarcasmo con el cual vapulea al dictócrata Rafael Correa. Es quizás uno de los pocos periodistas que desde el comienzo del régimen, hace ya siete años, fue un frontal opositor.
Ha habido otros también, por cierto, pero han sido silenciados por Correa de diversas maneras. Carlos Vera, aunque converso, Jorge Ortiz y algunos más, paulatinamente fueron desapareciendo de la TV y de las páginas de los diarios donde escribían críticas que no agradaban al líder.
Parecida suerte corrió otro columnista, Emilio Palacio. Por decir la verdad sobre lo ocurrido entre Correa y la Policía en septiembre del 2012, cuando ordenó el asalto a un hospital que ocasionó muertos y heridos, fue juzgado y sentenciado a millonarias multas y a prisión. Buscó asilo en Miami desde donde escribe un blog contra Correa.
Pero ni los seductores escritos de Francisco Febres Cordero, ni los buenos y sesudos artículos que todavía se leen en algunos diarios, sumisos pero aún independientes, como tampoco el blog de Emilio, harán mella en la estructura mental impermeable de Correa. Si de todos modos alguien se excediera de los límites por él fijados, entraría en acción la Ley Mordaza.
La ley regula la expresión hablada y escrita de la gente y constituye la peor aberración y afrenta contra las libertades individuales, fraguada dentro de un supuesto esquema democrático de división de poderes que, con Correa no son tres, sino cinco. Los cuales cinco en realidad son uno, él. 
Burócratas nombrados a dedo por Correa juzgan lo que está bien y lo que está mal dicho o escrito y no únicamente en diarios y revistas o en TV y la radio. El escrutinio va más allá de la información y la opinión: se adentra en los campos del entretenimiento. Los jueces pueden dictaminar que una telenovela o un sainete es discriminatorio o atrevido y sancionar a actores y autores con multas (se estudia si habrá prisión).
Si los escasos espacios de libre opinión no causan impacto popular debido al reducido círculo de audiencia, peores son las perspectivas de diálogos en radio y TV con periodistas independientes y calificados y el  Presidente o sus ministros y autoridades. Las ruedas de prensa esporádicas son una farsa y las “sabatinas” un insulto a la moral y las buenas costumbres.
Ha habido algunas manifestaciones callejeras de trabajadores, estudiantes e indígenas, pero han sido sofocadas ipso facto como “actos terroristas”. Las madres de los alumnos apresados han tenido que postrarse de rodillas ante el “líder” en busca de perdón. Cuando al fin lo obtuvieron, a los hijos los sometieron a “ortigamiento” por haber ofendido al benefactor.
En efecto, muchos ven en Correa al gran benefactor. Les da gratis el bono de la pobreza, les mantiene subsidios para gas, gasolina, vivienda, les construye caminos y carreteras, escuelas y colegios. Es gente a la que no le importa esas conversaciones abstractas sobre libertad, ni manejos presupuestarios, défict o superavit. Están contentos con él y lo respaldan.
Emilio Palacio, en su blog de hoy, reproduce al inicio un párrafo que resume la personalidad, la doctrina y probablemente el destino que tendrá Correa, ojalá antes de que cumpla con su amenza de aceptar el “sacrificio” de lanzarse a una reelección, que viola la Constitución que él mismo la diseñó y ordenó aprobar a la Asamblea de Montecristi.
El párrafo dice: EL JUEVES, EL PRESIDENTE RAFAEL CORREA CONFESÓ QUE NO LE PREOCUPA EN ABSOLUTO EL PRECIO DEL PETRÓLEO. "Si cae mucho el petróleo, si hay recesión, o si cae la recaudación de impuestos, nuestra variable de ajuste será la inversión; o sea, en vez de construir 200 escuelas, construiremos 100; eso no nos perjudica a nosotros, perjudica al pueblo", le dijo a un grupo de periodistas en Quito.
Como se observa, hay un link que conecta con el diario oficial El Telégrafo y la entrevista a Correa con un grupo de reporteros que por las preguntas que plantean, parecen empleados públicos del régimen. Allí el líder dice textualmente que la baja en los precios del petróleo no le afectará a él ni a su gobierno sino al pueblo, por lo cual nadie debe preocuparse.
Podría aducirse que fue un lapsus del gran comunicador, que no dijo lo que realmente quería decir. No obstante, ese concepto es clave puesto que revela con nitidez la concepción política del mandatario (L´etat c´est moi). El gobierno es él, no el pueblo. Pero ocurre que en una democracia, el pueblo delega su poder temporal al mandatario. Pero el mandatario Correa parece haber olvidado que él solo es un mandatario del pueblo, no un mandamás indefinido. 
La arrogancia de Correa se explica por el petróleo. Con los excedentes del precio, en lugar de dosificar el gasto y destinar una suma al ahorro para tiempos adversos (de lo que hace mofa en el diálogo con sus súbditos), lo duplicó en siete años, multiplicó subidios, aumentó burocracia, incrementó las inversiones en obra pública (sin licitaciones ni auditoría) y se endeudó sin límite.
Los gastos de “capital” crecieron, pero fueron gastos del petróleo, del fisco, no del sector privado. Las verdaderas inversiones provienen del sector privado, son las que proveen estabilidad, ahorro, empleo,  competencia con el frente externo. La “inversión” pública, sin la contraparte privada, es gasto que se esfuma, es gasto corriente, es deuda.
El fenómeno no es nuevo. El más destacado es el de Franklin D Roosevelt que asumió la presidencia de Estados Unidos en 1933 con la Gran Depresión. De la mano de Keynes quiso sacar al país de la recesión con gasto público, para que crezca la demanda, el consumo y la producción. No fue así.
Pese a las obras públicas y el empleo temporal, producción y empleo continuaron estancados y de ello acusó a los empresarios. Pero a ellos tuvo que recurrir para poner la maquinaria industrial en marcha, a fin de unirse a Churchill en la guerra contra la Alemania nazi. Fue el inicio de la prosperidad económica sin paralelo de la Unión. 
Sin la guerra, FDR habría sido un fracaso. Pero tuvo la guerra que lo salvó y sublimizó. A Correa se la está acabando el petróleo y con él, su poder. Ha silenciado a los medios de comunicación, ha humillado a periodistas, a estudiantes y trabajadores rebeldes, tiene comprometidas a las fuerzas armadas y a la policía, destruídos a los partidos políticos.
Todas esas esclusas se destaparán sin los petrodólares. El petróleo seguirá a la baja y los pronósticos en contrario que Correa hace, son tan brillantes como sus manejos en economía. Ahí está el endeudamiento más caro con China, el retorno a la Bolsa de Nueva York a costos más altos, la venta del oro del Banco Central y tantos otros casos, como la disimulada devaluación a través de la emisión electrónica de dinero.
La baja en los precios del crudo en el mercado mundial no se detendrá. Lo sabe Arabia Saudita (quizás mejor que el “economista” Correa) que ha sido por décadas el jefe absoluto de la OPEP, ahora en disolución. Lo sabe el mercado, porque el petróleo de los esquistos de Estados Unidos e incluso de lugares tan impensados como Israel, ha comenzado a fluir sin pedir el consentimiento del oscuro líder del ex-miembro de la Opep.
Claro que la baja del crudo perjudicará al pueblo. Correa tiene en eso  la razón. Pero no la tiene cuando dice que no afectará al gobierno, pues gobierno y pueblo son una misma cosa. Muchos predicen que el precio podrá bajar a 40 dólares por barril para el próximo año. Modelos de gobierno concentradores como el de Correa, sin petróleo, se hundirán, como ya está ocurriendo con Venezuela.
La alternativa frente a la catástrofe fiscal, para el caso Correa, no podrá ser ni más endeudamiento, ni más impuestos. Porque las dos opciones  ya están agotadas. La única salida esperanzadora debería ser que Correa se hunda junto con el petróleo y que al gobierno llegue alguien  con sentido común. 
Que no se empecine en repetir los errores del pasado y entienda que la solución es convivir en libertad para que los individuos hagan uso pleno de sus potencialidades a fin de crear y multiplicar la riqueza, generar empleo y el bienestar real. El “bienestar” de Correa es ilusorio pues proviene no del esfuerzo nacional, sino de un agente externo que ahora se deprecia.

Thursday, October 16, 2014

LA DEPRESIÓN AD PORTAS


Los Estados Unidos, al mando del ultra radical Barack Hussein Obama, se está precipitando en un despeñadero de incertidumbres no solo en lo atinente a su economía, sino sobre todo moral. El líder mulato por quien votaron dos veces ciudadanos de todas las razas, ha decepcionado en todos los frentes.
El impacto de su impericia se ha reflejado en todo el orbe y la explicación del fracaso de su gestión es por haber aplicado un modelo de gobierno absorbedor de poderes, el cual a lo largo de la historia, con sus variantes más o menos dictatoriales, siempre han determinado la ruina de las naciones.
Obama,  como “community organizer” (agitador social) en su juventud, por lo visto no tuvo tiempo para revisar la historia de este país y el mundo. Si lo hubiera hecho no habría aplicado ese modelo controlador que puso en marcha para salir de la crisis económica en el 2009. Esa crisis, que heredó de George W Bush, reclamaba precisamente otro modelo.
Uno de los factores acelerantes de la crisis de entonces fue la intervención estatal en el mercado hipotecario. Por presión demócrata, se dispuso que la banca otorgue préstamos para la vivienda a los pobres, sin respaldo de pago. Se obligaba al gobierno a asumir las deudas de préstamos impagos y ello desató la hectombe.
La cual se regó por Europa otros países. Obama, lejos de componer lo que estaba mal, forzó a que se apruebe un gasto de casi mil millones de dólares para “reactivar” la economía. Han transcurrido seis años y el fruto de esa loca aventura es más desempleo, menos inversión en el sector privado, más burocracia, más subsidios, más desconfianza.
Estados Unidos ha tenido recesiones y depresiones en otras épocas de su historia y los orígenes han sido similares, en el siglo XIX, en el XX y en el actual. Cuando las leyes del mercado se distorsionan, sea para anular la competencia, manipular precios o imponer presiones como en el caso de las hipotecas, el esquema se resquebraja.
Cuando Franklin D. Roosevelt llegó a Presidente por primera vez en 1933, el país se hallaba en escombros con la Gran Depresión de 1929. En ese entonces el economista de moda era el británico John Maynard Keynes y de él tomó la receta “milagrosa” para salir de la recesión: incrementar el gasto público, en la creencia de que así demanda y el consumo crecían y por ende la producción.
Receta muy parecida a la de Obama. Con la diferencia de que al menos FDR si dejó obra pública visible y el consiguiente empleo, aunque efímero. Pero el paso de Roosevelt por la Casa Blanca no había resuelto los problemas de fondo, que se refieren a una real creación de riqueza, con la consiguiente estabilidad y aumento constante del empleo. 
Así lo entendió Roosevelt en sus discursos en vivo y en sus célebres alocuciones por la radio, cuando achacaba a los “ricos” como causantes de que la crisis persistiera. Es la misma retórica “liberal” de Obama, con la diferencia, también, de que FDR pertenecía a la alta aristocracia a la que acusaba de un culpa que no tenían.
El advenimiento de la II Guerra Mundial salvó a FDR y a su gobierno. En lo económico, inclusive antes de Pearl Harbor, Roosevelt se comprometió con Churchill a dotarle de armamento y municiones, en la lucha desigual que Gran Bretaña sostenía contra Hitler. Ese solo gesto ya le ubicaba a FDR entre los grandes de la Historia.
Pero para cumplir son el compromiso, Roosevelt tuvo que archivar su retórica antiempresarial. Convocó a los empresarios “perversos”, los instó a sumarse en la cruzada y solo entonces la portentosa potencialidad industrial de esta nación comenzó a funcionar libremente, aunque esta vez con fines militares.
La participación abierta de los Estados Unidos en el Guerra tras el asalto a Pearl Harbor en diciembre de 1941, fue decisiva para la victoria final de los aliados en 1945. Roosevelt, no obstante su parálisis, manejó con firmeza su gobierno. El pueblo, terminada la recesión, lo idealizó y reeligió cuatro veces (y acaso más si no fallecía en el último término).
El auge económico continuó en los Estados Unidos hasta convertir a esta nación en la primera potencia mundial. El eje central de su poderío fue la libertad política y la libertad comercial y empresarial. Pero fue a raíz de la guerra de Vietnam en el decenio de 1960 que este sistema democrártico comenzó a cuestionarse y no desde Moscú sino desde adentro, por parte de una izquierda radical.  
A Obama también fue idealizado en el 2008. Por los negros que hasta 1863 eran esclavos en este país y por los blancos que veían en él a un redentor que los liberaría del peso de los pecados cometidos contra la negritud por sus antepasados. Y por los radicales de izquierda, “progresistas” que creen que solo un gobierno concentrador de poderes es garantía para la felicidad de los pobres.
Los negros son hoy más pobres y los pobres son más pobres con la política de concentración de poderes de Obama. El terrorismo musulmán se expande por todo el Medio Oriente y el Norte de África y en lugar de enviar tropas al frente de batalla, Obama prefiere mandar al legendario Escuadrón 101 a los países de África Occidental para pelear con un enemigo para el cual no están preparados para pelear: el ébola, virus con el cual saldrán contaminados, es decir, derrotados.
El gasto público, que comenzó con los casi 1.000 millones de dólares de subsidio, ha llegado ya en conjunto a los 17.7 trillones (en inglés) de dólares. Europa está desconcertada, los precios del petróleo se cotizan a menos de 80 dólares por barril y siguen a la baja. Obama pide más y más dinero para cada nuevo problema y escollo.¿De dónde sacar ese dinero?
Ni a FDR ni a Keynes les preocupaba la pregunta, porque aparentemenre la respuesta la tenían a flor de labios: para eso estaba la maquinita de imprimir dinero y...más y más impuestos a los ricos “depravados”. Después de todo, a quienes piensan como Obama redistribuir la riqueza por acción directa o imposición de gravámenes (con FDR el de la renta era del 90%) es una fórmula moral y justa.
Las consecuencias, se lo sabe por la historia, nada tienen de moral ni de justas. Allí está, por ejemplo, el caso de Cuba. Ángel Carromero es un joven espñol idealista que conducía el auto de La Habana a Santiago, cuando intencionalmente fue chocado por agentes secretos de Fidel. Él fue arrestado y encarcelado, al igual que el líder cubano Osvaldo Payá, más tarde asesinado.
En una entrevista por TV de promoción de su libro, narra aspectos hórridos de la vida cómun en la Isla. Miseria, caminos intransitables, edificios derruídos, vigilancia permanente de los agentes, angustia y hambre, deseo de fugar. Carromero se libró de la muerte por un acuerdo especial entre el gobierno español y el cubano y vive ahora en Madrid.
Pese a la bancarrota de Cuba, los Castro tienen enorme influjo en  América Latina. A poca distancia está Venezuela. Su policía secreta se ha infiltrado en ese país desde Chávez y ahora Maduro es un títere. Otrora una potencia petrolera, Venezuela pasa hambre y miseria como en Cuba y sin embargo tiene apologistas en Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Argentina. 
El nazismo fue derrotado en la II Guerra Mundial. En Alemania hay tropas de ocupación y la doctrina nazi está prohibida. El caso del comunismo y la URSS es distinto. Moscú fue aliado. La dictadura de Stalin y sucesores fue tan cruenta como la de Hitler pero el imperio rojo se expandió por el orbe, incluyendo a Cuba, en medio de una guerra que en su mayor parte fue fría.
La doctrina comunista, por tanto, no está prohibida. Está fresca en la misma Europa con distintas tonalidades, como la social democracia de la posguerra o el progresismo de los demócratas radicales en Estados Unidos. Saul Alinsky y Bill Ayerst son sus notorios profetas en estas tierras y entre sus más célebres discípulas figuran Obama y su Canciller Hillary Clinton, que aspira a reemplazarlo en el 2016.
Un atinado artículo de opinión del Wall Street Journal dice que lo único que podría salvar de su marasmo moral y económico a los Estados Unidos es un liderazgo político de la envergadura de un Ronald Reagan. Inobjetable. ¿Pero, dónde está esa figura? Dentro de tres semanas habrá lo que se llaman elecciones de medio término para renovar cámaras legislativas, alcaldes y otras funciones como gobernadores estatales. Lo lógico sería que la oposición arrase en los comicios. Pero el ambiente está tan podrido con seis años de Obama que cualquier sorpresa no cabe ser descartada. 
En cuanto a las presidenciales del 2016 la perspectiva de que Hillary sea elegida es escalofriante. Hay quienes la consideran menos talentosa que Obama (fue visible en los debates con él en el 2008 y lo demuestra hoy) pero más a la izquierda. Si llega a la Casa Blanca ¿pueden imaginarse a Bill de Primer Caballero como asesor, en momentos en que no tenga algún lío de faldas?
Sería catastrófico, no solo para este país sino para el mundo libre. Queda la esperanza de que algún líder de la oposición logre consolidarse hasta el 2016, con suficiente o por lo menos con cercana fuerza a la que tuvo Ronald Reagan.
(En el siguiente link, en inglés, se puede escuchar y ver la entrevista hecha a Dick Cheney, quien ha dedicado la mayor parte de sus 73 años de vida al servicio público como legislador, consejero, ministro y finalmente como vicepresidente con George W Bush. La entrevista es fluída y denota a más de la prodigiosa memoria de Cheney, la consistencia total de su modo de pensar, analizar y ver el mundo)

Monday, October 13, 2014

EL MATRIMONIO GAY



El matrimonio no es un derecho, es una institución. En la religión Católica es un sacramento. La palabra proviene del latín matrimoniium, cuya raíz es mater, madre. No puede haber matrimonio gay. En la unión de dos hombres, no hay madre y en la unión lesbiana hay dos potenciales madres sin un potencial padre.
La etimología de matrimonio es congruente con la ley natural. Es un contrato social, usualmente sancionado por la Iglesia y la autoridad civil, que tiene el propósito de perpetuar el linaje, o sea la continuidad de la especie y con ello la propiedad, la cultura, las costumbres y valores de la comunidad de los desposados.
La institución del matrimonio se ha ido afianzando y consolidando a través de milenios, en todas las culturas. Por lo mismo que brota de la ley natural de perpetuación de las especies, las primeras uniones entre un hombre y una mujer probablemente estén esculpidas en los primeros grafitos de las cavernas y por cierto que son visibles en las pirámides de Egipto.
En Occidente, el ritual del matrimonio se remonta a los antiguos griegos y romanos, cuando los enlaces se pactaban por acuerdos entre los padres del novio y de la novia. La mujer, la mater en ciernes, siempre tuvo (hasta hace muy poco) papel secundario y era frecuente que no conociera a su cónyuge sino en la noche nupcial.
La motivación del enlace era un compromiso de carácter económico entre las partes contratantes (consuegros) y, por supuesto, la garantía de que la sucesión de bienes quedaría garantizada con la descendencia, tanto mejor si el primogénito era hombre. Se acordaba la monogamia, la fidelidad y, en casos de infertilidad, la disolución del matrimonio.
Han pasado siglos desde la época griega y romana, ha habido guerras y conquistas, influjo de nuevas culturas, el advenimiento y esparcimiento del cristianismo por Europa y el mundo y el matrimonio ha ido evolucionando, sin apartarse de la ley natural que lo originó. La mujer ganó derechos frente al estatus marital opresor y más y más matrimonios se concertaron basados en el amor, antes que en la sola motivación económica o social.
Nunca ha dejado de ser el matrimonio el núcleo de mayor importancia en la sociedad humana. Ningún otro ente, ninguna otra unión humana, ni pública ni privada, lo puede reemplazar como creadora y formadora de seres humanos. Los defensores del matrimonio gay arguyen que los hijos de estas parejas, llegados por adopción o mediante alquiler de úteros o en probetas, crecen tan  normales como los de matrimonios heterosexuales.  
La afirmación no resiste el menor análisis, por contraria a la ley natural. En la naturaleza rige el contraste (y la complementación) entre lo + y -, al igual que en lo moral hay la noción de lo bueno y lo malo y así en electricidad, en computación, etc.. Hombre y mujer difieren biológica y síquicamente, por lo que sus dos caracteres se complementan para ofrecer una óptima educación a sus descendientes. 
En años recientes han proliferado las madres solteras como resultado de las políticas asistenciales y otras de carácter moral y sexual. El efecto ha sido devastador para la sociedad, ya que los hijos se crían sin padres y el cuidado maternal es mínimo. Una mayoría de estos muchachos termina de pandillero o drogadicto. 
En matrimonios gay masculinos, por más afeminado que uno de los dos sea, no puede asumir el papel de madre. Igual entre lesbianas. Inclusive si una de ellas, por razones hormonales, deja crecer su barba como la cantante austríaca de moda, jamás será un verdadero padre para el hijo o hija que crearon en uno de sus vientres fertilizados artificialmente o por adopción.
Aunque los gays son una minoría del 3% de la población o del 2% según las autoridades de salud de los Estados Unidos, han tenido un influjo sobre los medios de comunicación increíble, a punto tal que cuestionar su pedido de equiparar el matrimonio gay con el tradicional, es poco menos que una “herejía” para su religión “liberal”. Equivale, dicen, a oponerse al matrimonio interracial.
Como secuela de la esclavitud, abolida en 1863 tras una cruenta Guerra Civil, el matrimonio entre blancos y negros estaba prohibido en este país y en algunos estados quienes lo hacían podían ir a la cárcel. Finalmente hubo una apelación ante la Corte Suprema y en 1967 el tribunal dictó que la prohibición era inconstitucional.
Pero no hay similitud entre el matrimonio gay y el interracial. En este último  la unión entre un negro, asiático, hispano o lo que fuere y un blanco, no vilola la ley natural. Prohibirlo era una aberración resultante del proceso frustrado de erradicación de la esclavitud, cuando Lincoln fue asesinado a poco de la Guerra Civil y los demócratas del Sur bloquearon la continuación de las reformas. 
De hecho, muchas parejas mixtas tuvieron descendientes mezclados en este país, antes del fallo de la Suprema. Para muestra un botón mulato: Obama. Nació, dice que en Hawaii, en 1961, seis años antes de que la CSJ se pronuncie: su padre, un negro de Kenia, su madre una blanca de Kansas. Ahora afirman que hay alrededor de un 10% de matrimonios mixtos en los Estados Unidos.
La ley natural entre las distintas razas ha operado con fluidez desde los tiempos bíblicos. Y también muy bien en la América española, donde el mestizaje ha sido incontenible. Por allí hubo alguien que quiso clasificar razas entre buenas y malas, para exaltar a una y llevar a los crematorios a otras. Su intento de depuración desató la II Guerra Mundial y el Holocausto con millones y millones de muertos.
La aspiración al matrimonio gay está englobado dentro de la cultura de la muerte, de la que habló el Papa Juan Pablo II. La unión, por ahora de dos del mismo sexo, obviamente no es para procrear, porque biológicamente ello no es posible. El aborto y los anticonceptivos, que convierten al sexo en un pasatiempo sin compromiso, al bloquear la vida se alinean también con la cultura de la muerte.
A una pareja homosexual que bien se quiere ¿por qué negarle que se case? dicen sus abogados. Si solo el amor (y no el sexo anti natural) es la motivación ¿cuál es el límite? ¿Por qué un hombre que ama a 20 hombres no puede casarse con los 20? ¿Y por qué no con 10 hembras, 20 machos, 5 niñas y 3 perros? Si el amor es la motivación y el amor no tiene límite...
En Nueva York, una dama descendiente de la dinastía Ashton dejó al morir toda su fortuna a su perro favorito. Estaba en su derecho. Si un hombre ama a un hombre, o una mujer a otra mujer, nadie puede impedirlo. Si quieren firmar contratos de posesión o de aseguradoras y herencias, háganlo ante notario público. Allá ellos. Pero no atenten contra la institución milenaria del matrimonio.
La gente así lo entiende y en cuanto tiene oportunidad, se pronuncia en favor del matrimonio tradicional, en rechazo al matrimonio gay. En no menos de 32 de los 51 estados de la Unión ha habido referendos en los que el pueblo ha dicho no al matrimonio gay. Además algunas legislaturas estatales tienen expresas prohibiciones en tal sentido. 
Pero las parejas homosexuales, alentadas por el presidente Obama, los demócratas y los medios radicales, han insistido en celebrar ceremonias civiles y religiosas gays, que han sido vetadas por las autoridades locales. Las objeciones, a la postre, han sido desechadas por “inconstitucionales” por los jueces respectivos y la Corte Suprema acaba de desoír reclamos por tal actitud.
En suma, la voluntad popular expresada en referendos y en constituciones estatales, se ha estrellado contra la voluntad de jueces de apelación “activistas”, así llamados porque se han excedido en sus funciones para asumir la de legisladores. Según la Constitución ninguna de las tres ramas de gobierno se superpone, todas son mandantes del pueblo.
Hasta 1935 la Corte Suprema de Justicia era inquilina del Capitolio, en uno de sus sótanos. Su sola misión era y es decidir en torno a discrepancias de aplicación de la la ley, no de intepretarlas ni crearlas. Esto es exclusivo del Congreso. Pero los legisladores parecen haber renunciado a su autoridad, delegando esa atribución a los jueces.
Si los Estados y sus ciudadanos votan en pro del matrimonio tradicional, que no requiere de mención constitucional, ningún juez puede oponerse a la voluntad popular. La CSJ prefirió desechar la apelación, acaso presumiendo que el asunto debe ser resuelto por los Estados, sus legisladores y sus votantes. 
En suma, los votantes deberán movilizarse para exigir a sus legisladores que revoquen a los jueces que han atentado contra la voluntad popular y en algunos casos contra las constituciones estatales. Y tener claro para las próximas elecciones que elegir a un demo liberal (o a un republicano mutado en pro gay por acomodo) es como elegir a alguien "contra natura".

Thursday, October 9, 2014

LA BARCA HACE AGUA...


Y las ratas han comenzado a ponerse a buen recaudo. Una de ellas, Leon Panetta, ex director por dos años de la CIA y ex ministro de Obama por otros dos años, ha optado por salir de la nave pero henchido de dólares con la venta de un libro en que denuncia políticas fallidas de su ex jefe.
Igual hizo su predecesor Robert Gates, con el agravante de que éste era republicano y acababa de servir en esa función al presidente George W Bush. En ambos libros, de gran venta ya que los editores tienen espacios asegurados de propaganda en todas las estaciones de TV, las críticas a Obama son severas.
Otra colaboradora del mandatario, Hillary Clinton, Secretaria de Estado (equivalente a Canciller), escribió otro líbro crítico contra su ex jefe y ex rival en la campaña presidencial. También los impresores lograron una profusa propaganda pero no se vendió el número de ejemplares esperados y la autora trastabilló con su escaso talento político.
Un mayor impacto lo está consiguiendo Panetta. En su libro y entrevistas confirma lo que ya todo el mundo sabía o intuía. Por ejemplo, que Obama fue informado por su ministro Panetta, la CIA y los militares que el ataque al Consulado en Benghazi, Libia, fue perpetrado por terroristas. Murieron el embajador y tres funcionarios, pero Obama ordenó ocultar la verdad.
El suceso ocurrió en septiembre del 2012 y las votaciones para reelegirlo eran el 4 de noviembre. Dispuso que Susan Rice, embajadora ante las Naciones Unidas, vaya a los canales de TV a decir en los talk shows matinales del domingo que el ataque al consulado no era terrorista sino reacción a un video que nadie vio y que supuestamente hería al Islam. (Obama quería evitar que se desmintiera lo que dijo a raíz de la muerte de Osama Bin Laden: que Al Qaeda había sido finalmente liquidado por él)
A Panetta lo entrevistó Bill O’Really en FoxNews. Lo acorraló como a rata con sus preguntas. No pudo eludir la referente a Benghazi, como tampoco la alusiva al hecho de que Obama está llevando al país hacia una declinación de liderazgo en el mundo libre. Los enemigos y los aliados han dejado de temer y admirar a los Estados Unidos, insinuó el entrevistador, con tácito asentimiento del entrevistado.
Las declaraciones de Panetta coinciden con las noticias del avance de los terroristas en el Medio Oriente y el Norte de África. Obama se reunió ayer con la cúpula militar de las Fuerzas Armadas en el Pentágon y allí, ante los generales y almirantes, les espetó que no acepta sus consejos sobre estrategia militar, reiterando que no autorizará enviar tropas de combate en tierra.
Todo militar en servicio o en retiro ha opinado que ello es un absurdo. El Isis/Isil, con 50.000 soldados y moderno equipo militar confiscado a los militares norteamericanos, está a punto de tomarse Kobani en la frontera sirio/turca y hay indicios de que su próximo objetivo será la bíblica Aleppo. Muy pronto vendrá Bagdad, luego acaso Jordania. Libia ya cayó en manos terroristas.
Obama no quiere tropas en tierra para que no haya heridos ni muertos. Pero manda más soldados a Liberia y Africa Occidental para que luchen contra el ébola. ¿Y si se contagian y mueren? Si no quiere que los soldados se enfrenten a la muerte cierre West Point y Annapolis? Eso le complacería a su mentor e inspirador Saul Alinsky. Si los soldados no se preparan para combatir ¿para qué tenerlos?
En una sociedad capitalista como la que rige aún en los Estados Unidos, cualquier individuo con cualidades para escribir puede hacerlo y si lo hace con acierto, vender muchos libros y hacer dinero. Está muy bien, merece elogios y felicitaciones, solo es de mezquinos la envidia. No obstante, en el caso de los tres autores de esta nota, saltan dudas sobre su sentido de integridad y lealtad.
Si alguien acepta un cargo, más si es de alta responsabililidad, en el sector privado o público, es porque comparte el pensamiento y doctrina u orientación del empleador. Robert Gates sustituyó a Donald Rumsfeld y acompañó a Bush en sus dos años últimos de gobierno. Cuando aceptó ser ministro de Obama sabía de las diferencias profundas entre los dos mandatarios.
No era una aventura. Por dos años estuvo junto a Obama y diseñó con él (y con Hillary Clinton) la política exterior en el campo de la defensa. Con Obama y Panetta desde el 2011 se fraguó la “colosal” metedura de pata (como la calificó O’Reilly) de retirar las tropas de Iraq, sin las cuales el Premier Maliki fue impotente para frenar al futuro Isis/Isil, promotor del actual Califato del siglo XXI en Siria/Irak. 
Panetta es un demócrata a tiempo completo, considerado como un ícono del partido. Debió por ello haber demostrado mayor lealtad hacia Obama, quien en el 2008/2009 se convirtió en el “mesías” que transformaría al país en el nuevo paraíso terrenal. Como director de la CIA y luego ministro de Defensa, siempre estuvo en contacto íntimo con el líder y cualquier crítica al régimen, es crítica a si mismo.
Al menos era de esperarse que dentro de la perspectiva del sentido de lealtad, que parece escasea entre los demócratas, los autores hubiesen esperado a que Obama deje el poder en el 2017 para escribir sus ensayos y comenzar a llenar sus alcancías con la venta de los libros. De otro modo las denuncias, aunque espectaculares, dejan sin contestar una pregunta: si estaban en desacuerdo con Obama ¿por qué no dimitieron a tiempo?
Muchos aplauden a Panetta por su valor y entereza. Ha demostrado con las denuncias, dicen civiles y militares (en retiro), que supo anteponer su amor al país a la lealtad al partido y al líder. ¿No habría sido patriótico y honesto, más bien, que lo hubiera hecho en el momento mismo en que se producía el desacuerdo con el líder?
Hipotéticamente, por ejemplo, Panetta hubiera prestado un gran servicio a la Patria (y a la verdad) si renunciaba en protesta por las mentiras de Obama en lo relativo a Benghazi, antes de la reelección. O al momento en que se discutía y aprobaba el retiro de tropas de Irak, quizás el factor clave del caos del Medio Oriente en el momento actual



Tuesday, October 7, 2014

¿ESTAMOS ENTRAMPADOS?


Con cada día que pasa se hace más evidente que el gobierno de Barack Hussein Obama seguirá deteriorándose, hasta que finalmente sea reemplazado por alguien en enero del 2017. Faltan solo dos años y meses, pero parece demasiado tiempo para tolerarlo.
¿Qué hacer? Una interpelación y probable destitución están descartadas, aún si se contase con los votos necesarios en el Congreso. Sería como ofrecer una  tribuna a él y a los suyos para que continúen esparciendo su doctrina radical de odio al sistema norteamericano.
Además, si llegara a ser destituído, debería reemplazarlo John Biden, su vicepresidente. Él ha actuado como un bufón, un hazmerreir con sus cantinfladas y errores sobre personajes, países y hechos históricos que tiene que rectificar a poco de pronunciados sus discursos. 
Si Obama no es deseable, la perspectiva de Biden en la Casa Blanca es igual o peor. Contrista también el hecho de que otras medidas de carácter legal para tratar de frenar los excesos anticonstitucionales de Obama no han tenido ni tienen los resultados que se habrían logrado en otras circunstancias normales.
No hay manera de que el régimen restrinja el gasto, que ha generado una deuda pública de 22 trillones (ingleses) de dólares que crece sin cesar al tiempo que la gente no encuentra empleo, aumentan los subsidios, los food stamps y la burocracia. Escándalos como la masacre de Benghazi en Libia, del IRS, la entrega de armas a narcos de México siguen impunes.
Como en una conspiración contra la vigencia de la ley y la Constitución, los mayores medios de comunicación callan y protegen a Obama en casos que les ocuparía 24/7 si los protagonistas fueran republicanos. No obstante, los errores de acción y omisión de Obama son de tal dimensión que hasta algunos de sus incondicionales han comenzado a criticarlo.
Ciertos candidatos demócratas que aspiran a gobernadores o a otras funciones de votación popular, han optado por no mencionar a Obama o a presentarse como independientes para no perder votos, dado que su líder ha caído en picada en las encuestas. Si primara el sentido común, en los comicios de este noviembre la oposición debería arrasar con el oficialismo.
Pero son tiempos en los cuales lo menos que hay es sentido común. En el 2012 Obama, por sentido común, no debió ser reelecto, pero lo fué. Y el respaldo a su favor debería estar hoy bajo 0, pero aún tiene un 34%, que no incluye solo el voto racista de los negros, sino al multiracista de los radicales de izquierda.
Aún si la oposición confirmara la mayoría en la Cámara de Representantes o la aumenta y recupera la mayoría en el Senado en los comicios del 4 de noviembre venidero, no sería mucho los que se pueda lograr para desmantelar y rehacer en pro de la democracia en este país, dado que Obama seguirá en la Casa Blanca hasta el 20 de enero del 2017.
Acaso el solo recurso para reducirle a su verdadera estatura a este extraño personaje que se adueñó del poder como por arte de magia negra, sea demostrarle al país y al mundo que es una figura que surgió de la nada y creció de la mentira. Exuda mentiras por todos sus poros. Desde la partida de nacimiento que se vió forzado a exhibir y que es falsa. 
Ha mentido sobre su religión, sus relaciones familiares, sus amistades, su vida estudiantil, escritos, sus viajes con pasaportes con otro nombre que el actual. Acaso protegido por el Taqiyya musulmán, mintió en sus promesas sobre el Obamcare, sobre la desprotección militar al Irak, la supuesta guerra contra el Isis/Isil y la peste del Ebola.
Todas esas mentiras y otras están englobadas dentro del perjurio que implica su juramento de respeto a la Constitución de los Estados Unidos, que expressó al posesionarse el 20 de enero del 2009. Ese juramento no solo no lo ha cumplido, sino que ha utilizado el poder para reorientar al país en sentido opuesto a la doctrina del documento ideado sabiamente por los fundadores de esta nación.
El abogado Larry Klayman ha presentado un juicio de deportación contra Obama ante el Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security). Ninguno de los grandes medios lo menciona, pues sería “políticamente incorrecto”. Allí se demuestra, una vez más, que el presidente mintió sobre su nombre, su partida de nacimiento, pasaportes, visas, social security. 
Dadas las condiciones prevalecientes, pocas probabilidades hay de que el juicio se tramite. Barack Hussein no es un Augusto Pinochet al que un abogado español lo puede encarcelar minetras visita a Londres. Pero eso no disminuye la validez de la demanda ni la verdad de la denuncia que se respalda en documentos, algunos conocidos pero que se han quedado archivados en la memoria popular, por orden del “establishment”.
La nota en que se anuncia el juicio se la puede leer en este link y el  documento en el segundo link. 

Thursday, October 2, 2014

MINORÍAS DOMINAN LAS DEMOCRACIAS


Se suponía que en sociedades democráticas, el criterio predominante es el que define su orientación. En un sistema ideal, ese criterio tiene la opción de expresarse libremente mediante el voto para elegir delegados a las distintas funciones de gobierno locales, estatales y nacionales.
Pero esa concepción de la democracia se ha corrompido y aún cuando los sistemas aparentan ser democráticos, en el fondo han dejado de ser tales o están en proceso de dejar de serlos, porque se ha impuesto el criterio no de las mayorías, sino de minorías intolerantes.
El fenómeno es detectable no únicamente en el ejercicio del poder, sino en la transfiguración de los valores. Ésto, por cierto, es consecuencia de lo primero ya que cuando en la sociedad se impone una minoría intransigente cesa el diálogo y la tesis y los valores de unos pocos terminan por acallar los principios de los más.
En los Estados Unidos se está viviendo una transformación de valores sin precedentes, en el lapso mínimo de casi seis años de gobierno del presidente demócrata Barack Hussein Obama. Elegido en el 2009 y vuelto a elegir en el 2012, ha implantado un régimen radical de izquierda que ni de lejos refleja lo que piensa la mayoría estadounidense.
Obama y su círculo de amigos y asesores pertenece al reducido grupo de “liberals” de este país, término con el que se califica a aquellos que simpatizan con el marxismo/socialismo y que consideran a los Estados Unidos como una potencia imperialista, cuyo sistema capitalista origina su enriquecimiento a costa del empobrecimiento global.
Pero según las encuestas solo el 15% de la población dice ser “liberal” y solo un 6% “muy liberal”, para un total del 21%. En contraste, un 30% se considera conservador, un 10% muy conservador y un 35% moderado. Si se suman estos tres grupos, el total llega al 75%, frente a una minoría “liberal” del 21%.
¿Por qué, entonces, Obama fue elegido y, peor, por qué fue reelegido? La respuesta generalmente aceptada para la primera pegunta, es su calidad de negro y la necesidad de expiar el sentimiento de culpa que los votantes sentían por la esclavitud de la que se salió con la Guerra Civil. Obama, se ha aclarado, no tiene ningún antepasado esclavo.
La incógnita aún persiste en torno a por qué fue reelegido en el 2012. Unos atribuyen a la debilidad de su rival, Mitt Romney. Otros hablan incluso de fraude. Finalmente, hay que hallar la explicación en la influencia perniciosa de la mayoría de medios de comunicación en favor de Obama, que encubrieron sus defectos, como la masacre de Benghazi y abultaron los defectos del republicano.
Hay optimistas que piensan que Obama y su ideología sufrirán un revés en las elecciones de medio tiempo del próximo noviembre, en forma similar a lo que ocurrió en noviembre del 2010 y que ello facilitará el camino para una victoria republicana en los comicios presidenciales del 2016. Tras lo del 2010, sin embargo, vino la desconcertante reelección del 2012.
El problema radica en el ingenio táctico y estratégico de la izquierda para aprovechar las oportunidades que la misma democracia libre le brinda para manipular al sistema, maniatarlo y terminar asfixiándolo en sus propias contradicciones. Si surgen protestas por esa manipulación, las voces son acalladas porque ello es “políticamente incorrecto”.
La izquierda se ha apoderado de la educación en todo nivel y de allí han surgido los periodistas que a su vez se han adueñado de los mayores medios de comunicación audiovisual y escritos. Desde 1960, cuando la juventud se rebeló contra la autoridad civil y militar a raíz de la guerra de Vietnam, la cultura norteamericana comenzó a cambiar.
No fue un cambio para vigorizar la democracia, luego de las experiencias de la I y II Guerras Mundiales, sino para irla paulatinamente debilitando. Ideólogos como Saul Alinsky se convirtieron en profetas de la nueva generación que no quería ir a la guerra por los Estados Unidos y que quería sustitur al capitalismo por una nueva forma de Estado concentrador/socialista.
Uno de sus discípulos, que practicó la doctrina Alinsky como “community organizer” o agitador social es ahora el inquilino de la Casa Blanca. La doctrina la sigue practicando ya no en las calles de Chicago sino a lo largo y ancho de la nación. Otra discípula de Alinsky, Hillary Clinton, que escribió su tesis de grado sobre él, quiere sustiuir a Obama para continuar la “gran obra” en el 2016.
Las minorías han generado asaltos espectaculares en la historia para terminar imponiendo su doctrina o ideología, algo que habría parecido que no iría más allá de una conversación de taberna. En 1917, menos del 3% de los rusos era comunista. Pero Lenin y luego Stalin se tomaron el poder y se mantuvieron en él ocasionando no menos de 30 millones de muertes por hambre y fusilamientos.
En Alemania, los nazis también no excedían del 3% en 1924 y en los últimos comicios libres de 1933 no obtuvieron mayoría con solo el 43,9% de los votos. En las elecciones definitivas, presionaron para descalificar las opciones comunista y socialdemócrata, amedrentaron y ganaron. Hitler se convirtió en dictador y hace 75 años desató la II Guerra Mundial.
¿Fidel Castro habría tenido el respaldo que tuvo al derrotar a Batista si se declaraba comunista desde el comienzo? Probablemente no. Una vez en el poder, nadie pudo sacarlo y está allí por más de media centuria. The New York Times publica que Henry Kissinger sugirió deshacerse de Fidel cuando envió 3.000 soldados a Angola para respaldar la ocupación rusa en ese país. Lo dice con alarma, pero no por los rusos, sino por Kissinger...
En cuanto a valores, desde lo alto y por todos los medios de comunicación ha venido el diktat de aceptar como bueno y deseable el homosexualismo, el matrimonio gay y el aborto. El CDC cita que los homosexuales son una minoría, no del 3% como se divulgó hace poco, sino del 2%. Pero expresar un criterio discrepante de la exaltación al LSBGT o decir que el aborto es un holocauso que ha causado 57 millones de vidas, varias veces más que el holocausto nazi, es “politically incorrect” y el que protesta puede ser cancelado de su empleo o ir a la cárcel.
Cuando temas como el matrimonio gay o el aborto son sometidos a referendo y el las comunidades expresan su criterio contrario por clara votación popular, los jueces bloquean la decisión aduciendo que viola la Constitución. La mayoría de jueces es "liberal" y ha sido nombrada por presión de un Ejecutivo "liberal".
La nueva amenaza nazi es el terrorismo musulmán. Obama ha confesado públicamente su afecto por el Islam y solo últiamente ha arriesgado decir terrorista a un grupo islámico, el Isis/Isl, aunque previamente le ha negado la calidad de musulmán. Ha accedido a que se bombardee al Isis pero rechaza combatir al terrorismo islámico en su globalidad.
El Islam es una religión de la paz, no estamos ni estaremos en guerra con el Islam, lo dice repetitivamente. Pero no porque él lo diga, ni porque lo haya dicho en alguna ocasión el presidente George W Bush, esa sea la verdad. El Islam incita a la guerra contra los infieles. Si hay musulmanes que no creen en el Corán, entonces han dejado de ser musulmanes.
El Islam y el Corán son una ideología cuya meta es instaurar el califato global. No cabe para el Islam la convivencia pacífica con otras religiones, porque el Islam ordena la conversión forzosa de los infieles o la pena capital. Mas el cumplimiento irrestricto de la ley Sharia, que impone penas de muerte, mutilación, lapidación y latigazos a los infractores. (El mismo profeta Mahoma es ejemplo de guerrero. Y de pedofilia, por añadidura)
Si hay musulmanes en desacuerdo con la ley Sharia, es tiempo de que renuncian el Islam. No hacerlo equivaldría a que un católico quiera seguir siendo católico repudiando al mismo tiempo los 10 Mandamientos o pretendiendo revisar para “modernizar” la Biblia y los Evangelios. Sobre el tema de los moros, cabe una reflexión sobre minorías.
Las estadísticas dicen que hay en el mundo entre 1.200 y 1.500 millones de musulmanes. Si se elimina la mitad de mujeres y solo se toma en cuenta a los adultos de hasta 30 años, se tendría unos 300 millones de jihadistas, o 15% de terroristas. Aún si el 85% restante fuese realmente pasivo, que no lo es, la cifra es alarmante y suficiente para causar conmociones comparables con las que han causado las otras minorías.
Los árabes se aliaron a Hitler a comienzos de la II Guerra Mundial. ¿Acaso el Occidente, reputadamente mundo libre y judeocristiano, se ha puesto una venda en los ojos para no ver la realidad de la amenza del islamismo terrorista? Netanyahu piensa que Arabia Saudita puede aliarse en la lucha contra el terrorismo árabe. ¿Lo cree de verdad? Él mejor que nadie sabe que el jihadismo nació en las arenas sauditas.
De Obama nada puede esperarse contra el Islam, fuente del terrorismo. Para muchos, la religión se le prendió en el alma desde su más temprana edad, con su padrastro en Indonesia y en la madrasa a la que asistió. Si dice otra cosa, no hay que olvidar que uno de los mandamientos del Corán es la “taqiyya”, o licencia para mentir en defensa de la fe.