Friday, October 11, 2013

¿ESTADOS UNIDOS SE CORROE?


La crisis que afecta a los Estados Unidos puede interpetarse de manera muy simple: mientras que Obama quiere seguir endeudando al país, la mayoría de gente sensata cree que eso es una irresponsable locura que es preciso evitarla a todo trance.
Existe un límite o techo para el nivel máximo de endeudamiento fijado por la ley, que el actual mandatario demócrata quiere violar una vez más. Pero para ello, la ley dispone que debe recibir una autorización condicionada por parte del Congreso.
En el Senado, de mayoría demócrata, surgió un líder republicano, Ted Cruz, de Texas, que encabezó un movimiento orientado a cancelar fondos al Obamacare, no solo por inaplicable por obtruso e inconstitucional, sino porque elevaría en 1,7 trillones de dólares la deuda pública.
La deuda creció siete veces en cinco años de gobierno de Obama para llegar a la tenebrosa cifra de 17 trillones de dólares. Es un monto difícil de entender, pero se la puede asimilar si se recuerda que supera el total de la riqueza nacional, la más próspera del planeta.
La nueva deuda del Obamacare va unida al techo que vence el 17 de este mes. Obama, como cualquier dictador o autócrata del tercer mundo, hace caso omiso de Cruz y de quienes lo siguen en ambos partidos. Una y otra vez ha afirmado que no negociará con la oposición, a menos que ésta no toque al Obamacare y alce el techo de la deuda.
Con tal actitud, es el único responsable del cierre parcial del gobierno por falta de fondos para el presupuesto, que nunca ha sido aprobado desde que se posesionó en el 2009. Por fallas de cálculo y perspectivas, incluso los demócratas lo han vetado cinco veces.
Pero el gobierno no se ha paralizado, pues ha funcionado con órdenes ejecutivas y partidas presupuestarias parciales. La Cámara de Representantes, fuente única de creación de impuestos, tras el fracaso de la iniciativa de no asignar fondos al Obamacare, asignó fondos al Presupuesto por partidas, condicionado a que la aplicación del Obamacare se posponga hasta el 2014.
La Cámara está dominada por los republicanos y ninguna de sus alternativas ha sido aprobada por el Senado. El gobierno federal, por tanto, cerró sus operaciones, pero continuó abierto en las áreas que se le antojó a Obama. Cerró, por ejemplo, los parques nacionales, incluído el que tiene el monumento a los Héroes de la II Guerra Mundial.
Los pocos veteranos sobrevivientes, que habían planeado una visita al parque desde distintos sitios del país, tuvieron que forzar las bandas amarillas de seguridad para ingresar. Obama había dispuesto, además, que se congelen los fondos destinados a enterrar a las más recientes víctimas de la mal conducidad guerra del Irák.
Ambos gestos, sumados a su incapacidad de establecer un diálogo constructivo con el Congreso, han determinado un descenso vertiginoso en la popularidad de Obama al 36%. La credibilidad en el Congreso ha bajado también al nivles sin precedentes del 5%, aún cuando es difícil determinar qué porcentaje corresponde a demócratas y a republicanos y entre éstos, a las dos tendencias que los dividen.
El aplazamiento de la vigencia del Obamacare se inspira en las acciones del propio Obama, que excluyó de ella a grandes corporaciones, exención que no podía darla sin consentimiento del Congreso. La Cámara arguyó que la obligatoriedad de la ley se aplace igualmente por un año para los todos los ciudadanos individualmente considerados.
El Senado (Obama) se negó a tratar esta alternativa. E insistió en que “negociaría” siempre que el Obamacare se nutra con 1,7 trillones de deuda adicional y que no haya límites al endeudamiento. En otras palabras, exige que no poner barreras a su misión de transformar a este país bajo su dominio y doctrina socialista/fascista.
El Obamacare se aprobó sin un solo voto republicano y con oposición de la mayoría ciudadana, según encuestas de ayer y de hoy. Busca obligar a que todos lo obtengan, so pena de una multa creciente. Es un mandato que prohibe la Constitución, pero que la Corte Suprema pasó por alto con la cantinflesca afirmación de que no es mandato sino un impuesto (¿?).
Obama, en otra cantinflada, sostuvo que el aumento del techo no es un aumento de la deuda, sino simplemente un recurso para que el Estado no deje de pagar deudas contraídas. El “debt ceiling” o techo de la deuda se llama techo de la deuda, porque es el nivel tope para endeudarse. ¿A quién pretende convencer de lo contrario?
La actitud frontal de Ted Cruz y el frente unido de los republicanos en la Cámara de Representantes, ha contado con el respaldo caudaloso de los que no tenían voz para expresar su descontento. No obstante el GOP se ha agrietado por influjo de los acomodaticios del “establishment”, o sea los que controlan el partido desde Washington y miran con odio a los rebeldes, casi tanto o más que a un enemigo demócrata o a los terroristas.
Los califican con ese término y con el de “extremistas de derecha”. No hay debate, sino competencia de insultos. Rehuyen discutir el problema de fondo: la tendencia irracional al endeudamiento que tiene que terminar ahora y no mañana. Para ello, aparte del bloqueo al Obamacare, hay que reducir y reorganizar el gasto público, que está convirtiendo a éste en un país en el cual se está rechazando paulatinamente la noción de que solo la libertad de mercado crea prosperidad con riqueza individual y colectiva.
Casi la mitad de la población está exenta pagar el impuesto a la renta y es cada vez mayor la dependencia de dádivas fiscaes en forma de “food stamps”, seguros por desocupación o inhabilidad. La cifra cada vez es mayor, pues hay más desempleo por obstrucción al ahorro y la inversión.
Esa utópica sociedad de bienestar que pretende amparar a los más débiles, en realidad los debilita más. El gobierno no crea riqueza, la absorbe del sector privado a través de impuestos progresivos o con expropiaciones, como en países abiertamente dictatoriales. Pero la fuente de dinero así adquirida no es inagotable.
Como lo registra la historia, ese afán socialista/fascista de redistribuir la riqueza existente como resultado del esfuerzo individual y colectivo de las naciones, a la postre se convierte en una distribución igualitaria de la miseria. Eso es lo que se observa en los casos recientes y próximos de Cuba y Venezuela. 
El establishment republicano aduce que si el GOP no se acomoda a las exigencias de Obama y el partido demócrata, perderá las elecciones del 2014 y consecuentemente las presidenciales del 2016. Por lógica elemental, sucederá exactamente lo opuesto. Si Obama se impone ahora y el GOP cede una vez más, la cruzada anti USA continuará inclusive con mucho más ímpetu.
El establishment del GOP tuvo dos candidatos “moderados” en el 2008 y en el 2012, John McCain y Mitt Romney. El fracaso fue estruendoso, En las elecciones parciales del 2010 los republicanos que ahora apoyan a Ted Cruz y al Tea Party presentaron sus propios candidatos y arrasaron en la Cámara de Representantes y en las gobernaciones.
En los Estados con gobernadores republicanos, las finanzas son positivas. En los azules como Michigan, California o Nueva York las cuentas están en roja, con Detroit en bancarrota. Si el GOP capitula, la mayoría de afiliados y simpatizantes se abstendrá de ir a las urnas y el fraude de la mafia de Chicago que apadrina a Obama, acaso se volvería innecesario.

Sunday, September 29, 2013

EN BUSCA DE UN LÍDER


La mayoría de ciudadanos norteamericanos, según demuestran las encuestas, está insatisfecha con el desempeño de Barack Hussein Obama como presidente de los Estados Unidos. Pero aún no ha surgido el líder que logre enrumbar ese descontento hacia su derrota en las urnas.
John McCain, el republicano que lo desafió en el 2008, fue incapaz de oponerse con tesis e ideas a la  oratoria demagógica de su oponente, por temor a ser tildado de racista y el candidato sucesor para la reelección del 2010, Mitt Romney, adoleció del mismo defecto: un pavor reverencial a Obama, debido al color de su piel.
Cuando las esperanzas desfallecían, ha aparecido un político joven que quizás logre frenar la depresión de tanta gente republicana y demócrata por igual, que ve cómo Obama y su círculo de demócratas siguen cumpliendo con el propósito central de las dos campañas presidenciales: transformar radicalmenre a este país.
El cambio sustantivo es reducir las libertades individuales y sustituirlas por un control cada vez mayor por parte del gobierno. El nombre del sistema no importa y podría llamarse socialista o comunista, pero en ningún caso sería identificable con el régimen democrático y de competencia libre de ideas y empresas con el cual nació USA en 1776.
El calificativo aplicable a este tipo de gobernar es fascismo, que en sus variadas formas monárquica, zarista, imperial o dictatorial, siempre ha fracasado en la historia, pese a efímeras etapas de esplendor. La única forma perdurable de gobierno y que ha conllevado prosperidad en donde se ha aplicado, es la democracia liberal.
Ted Cruz, senador por Texas, de padre cubano, es el joven político que se ha lanzado en la “cruzada” de persuadir a los ciudadanos de que la causa no está perdida ni mucho menos y que la experiencia socializante de Obama se detendrá cuando se plasme un frente popular sólido y unido y convencido de que la idea original con la que surgió esta nación jamás se extinguirá.
Cruz ha demostrado tener el talento del auténtico líder. Está firmemente convencido de sus ideales y no se arredra frente a los insultos personales. Los pasa por alto y demanda a sus atacantes discutir sobre principios, sustentándolos en hechos y en la lógica. No tiene turbiedad alguna en su pasado personal ni político, que si lo es en el caso de Obama.
Podría perfilarse como candidato presidencial para el 2016, pero no es esa su ambición inmediata. Lo que quiere es movilizar a los norteamericanos hacia el rechazo de la ley de salud conocida como Obamacare, que busca la apropiación de los servicios por parte del Estado, con el ulterior cierre de la competencia privada en ese campo.
La calidad de la medicina en los Estados Unidos no tiene rival. Con la socialización o estatización, esa calidad declinará en todas las áreas, como ha ocurrido en los países donde se la ha aplicado. El supuesto móvil del Obamacare de ampliar la cobertura de salud a todos, no se cumplirá como no se han cumplido tantas otras utopías socialistas.
Cruz pregona la abolición de la ley que aprobada sin un solo voto republicano, contraviene la práctica legislativa de esta nacion basada en el consenso. Cuando George W Bush quizo someter al Congreso una reforma sensata a la ley de inmigración y fue evidente la oposición demócrata y parte de gente de su propio partido republicano, no insistió y retiró el proyecto.
Obama, como cualquier autócrata del tercer mundo, presionó por todos los medios lícitos y sobre todo ilícitos (sobornos mediante subsidios) para que la ley se aprobara, no obstante que adicionalmente las encuestas indicaban que la mayoría de la población era adversa al proyecto. Inclusive ya aprobada la ley, sigue reformándola y enmendándolo a su anotojo, sin consultas con la legislatura.
La ley viola la Constitución porque impone un mandato obligatorio para optar por los servicios de salud. La Corte Supema de Justicia, cuando aceptó una demanda por inconstitucionalidad, la rechazó aduciendo que la nueva ley lo que establecía es una multa a los que se negaran a optar por el servicio, en cuyo caso se trataba tan solo de un impuesto. 
Con conclusión tan cantinflesca, Obama siguió campante. Pero la ley es tan confusa e impracticable, que resolvió excluir su aplicación a partidarios suyos de la gran empresa, a los empleados federales, a los congresistas y pronto lo hará con los poderosos sindicatos que la rechazan. Mas a los no exentos les aplicaría una carga impositiva de 1.7 trillones de dólares, con una deuda pública que ya llega a 17 trillones con su gobierno.
Las instituciones no exentas se han visto obligadas a reajustar sus presupuestos despidiendo a empleados o reduciendo sus horarios a jornadas de medio tiempo para atenuar la nueva carga impositiva. Ello acentuará el desempleo que no ha bajado del 7,3%, cifra que incluye a nuevos empleados a tiempo medio y a los que han desistido de emplearse para acogerse a los subsidios estatales.
Mi principal motivo, ha dicho Cruz, es combatir al Obamacare porque es el principal instrumento de liquidación de empleo. Y el mandato de la hora es, añade, revitalizar la economía para mejorar el empleo pues con más y mejores empleos habrá más acceso ciudadano al mejor de los servicios médicos del mundo. 
En el Senado propuso suprimir los fondos del Obamacare y aprobar el presupuesto del Gobierno. Fue negado, incluso con la traición de 25 republicanos, entre los que descolló McCain. Ahora el asunto pasó a manos de la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, que ha votado 40 veces para abolir la ley. El intento se estrelló con la valla de mayoría demócrata del Senado.
Anoche la Cámara hizo un nuevo esfuerzo por superar el impasse. Que el gobierno continúe operando con su presupuesto, condicionado a que se aplace por un año la aplicación de la ley para todos, no solo para los prvilegiados que Obama seleccionó violando la  Constitución. Obama y los suyos han adelantado que no cederán, que no negociarán.
Tal como ocurrió cuando se debatía la ley. Pero si el Senado (por orden del gobierno) no acepta el aplazamiento, la Cámara (proveedora de los fondos fiscales) no asignará fondos al Presupuesto y se produciría “un cierre” del gobierno, que nadie quiere. Cuando el Senado niegue la propuesta de aplazamiento, el último recurso será la llamada “conferencia” con líderes de los comités de ambas cámaras para llegar a una conciliación.
Sin conciliación, el cierre sería inevitable y el pronóstico del fin del coflicto es incierto. Lo único que queda en claro, por el momento, es que ha surgido un líder, Ted Cruz, demonizado por los demócratas y republicanos endebles, pero aplaudido y respaldado por millones de norteamericanos inconformes con la declinación de esta nación, que si ha llegado a los niveles de superpotencia ha sido no por las virtudes de una raza sino por  la aplicación de un ideal sustentado en la libertad.

Sunday, September 15, 2013

LOS ULTRTAPATRIOTAS

El líder ruso Vladimir Putin escribió en el diario The New York Times una pieza maestra de ironía y la reacción que ha tenido en los Estados Unidos, tanto del lado republicano como del demócrata, es de indignación por los supuestos vejámenes inferidos a la “excepcionalidad” de este país.
Parece no querer entenderse que Putin estaba mofándose de Barack Hussein Obama, quien a inicios de su mandato en la Casa Blanca y aún en la campaña electoral, se autoproclamó príncipe de la paz y campeón de los pueblos oprimidos, a los cuales prometió redimir de los imperialismos, incluído el de los Estados Unidos.
Putin, en su artículo, censura a Obama precisamente por pretender hacer lo contrario de lo que prometió: lanzar una guerra contra Siria donde se libra una fiera guerra civil que ha ocasionado la muerte de más de 100 mil ciudadanos. Pero ese genocidio, perpetrado durante dos años de guerra, no fue lo que motivó la decisión de Obama.
Lo que le conmovió fue la muerte de 1.500 personas, entre ellas unos 400 niños, por uso de gases químicos no se sabe si por Assad o por los rebeldes que buscan derrocarlo. Obama había dicho que si las muertes con armas convencionales seguían, respetaría el estatus quo. Pero que si las víctimas caían por gases y no por balas, las perspectivas cambiarían.
Obama, hasta la fecha, ha intentado hacer equilibrios entre su imagen de paz y de pacificador (incluso le dieron el Nobel de la Paz tan pronto se posesionó) y la del antimilitarista que aprendió a serlo en su adolescencia adoctrinado por mentores marxistas. Atacaré, dijo, pero solo por horas, quizás un par de días y no pondré soldados en tierra.
La propuesta era ridícula, pero amenazante. En un comienzo dijo que actuaría solo, sin autorización del Congreso. El Presidentre podría hacerlo, pero solo en casos de urgencia que afecten a la seguridad nacional y sujeto a la ulterior aprobación de la Legislatura: lo de Siria no era ni es un caso de inminente amenaza contra la seguridad nacional. Fue entonces que Obama  dijo no, el Congreso tiene que darme el visto bueno.
Ni todos los demócratas lo respaldaron. En cuanto a las encuestas, casi tres cuartas partes rechazan la intervención militar. Los acérrimos obamistas censuraron a los republicanos, diciendo que en el caso de Afganistán e Irak, no vacilaron en apoyar a Bush. Claro, las evidencia eran claras: los musulmanes habían declarado la guerra con sus ataques del 9/11.
Bush tuvo el respaldo de 50 países para su guerra y 34 de ellos enviaron contingentes militares al frente de batalla. Obama no ha tenido un solo aliado que lo secunde, ni siquiera Francia. David  Cameron, el premier biritánico, quiso alinearse con Obama como antes Tony Blair lo hizo con Bush, pero fracasó: el Parlamento le negó el voto, algo sin antecedentes en la historia de esa nación.
El panorama se tornó turbio para Obama. No había respaldo internacional ni nacional para su aventura, entre las múltiples razones por la de no contar con un plan de victoria que lo justifique. Con una andanada de mísiles ¿qué es lo que podría conseguirse, aparte de más muertes? ¿Deponer a Assad o disuadirlo a usar armas bioquímicas, si es que él las usó? ¿Fortalecer a los rebeldes de Al Qaeda o debilitarlos?
Cuando parecía que la única solución para librarse de una histórica derrota política habría sido ordenar a los demócratas del Congreso bloquear la votación por cualquier razón y preparar alguno de sus discursos retóricos para decir, seguramente, que él optaba por no atacar “porque es el ungido príncipe de la paz” o algo por el estilo.
Fue entonces que Putin salió en su rescate. Mira, Obama, pareció decirle, estás en un aprieto y aquí tengo la solución: le pediré a mi protegido Assad que renuncie al uso de las armas químicas (Putin dice que no fue él quien las usó) y las entregue a los expertos de Naciones Unidos. Pero eso si, amigo, le habría dicho, tienes que jurar no atacar a Siria.
Obama respiró aliviado y aceptó las condiciones de Putin sin chistar. Ahora el canciller John Kerry, que dijo horrores de los soldados norteamericanos que peleaban en Vietnam para evitar el avance imperial del eje imperial Pekín-Moscú, inició los diálogos para el acuerdo con Siria. En un inicio dijo que las armas deberían ser  entregadas en dos semanas, pero ahora se allana a un plazo mayor: un año.
Un diario libanés dijo que se observó el paso de enormes camiones desde Siria a Irak, sin inspección. Despierta la sospecha de que allí iban de regreso armas químicas y equipos que originalmente fueron enviados a Damasco por Hussein de Irak. Con ellas mató a 100.000 conciudadanos kurdos, sin la protesta de Obama ni de los demócratas de entonces.
En cambio este mismo team elogiaba hasta hace poco a Assad de Siria y tanto que el mismo Kerry, Hillary Clinton y la líder demócrata de la época en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, hicieron viaje expreso a la capital Siria para palmotear a Assad por su logros y reformas políticas. Todos ellos, si bien apoyaron a Bush en la guerra, luego lo repudiaron en el peor de los tonos. 
Putin hace referencia a esa duplicidad de Obama y los suyos en el artículo del NYT. Antes pacifistas que condenaban las acciones militares de los Estados Unidos, ahora son los belicistas que quieren castigar al amigo antes admirado. Estados Unidos, país con el cual combatimos juntos contra el eje nazifascista, le recuerda Putin, ahora ha adquirido la postura de querer imponer su criterio solo a través de la fuerza. 
Pero acaso lo que más ha irritado a los patriotas de esta nación es el último párrafo de Putin en el cual pone en duda el “excepcionalismo” de los Estados Unidos. Tras invocar a Dios, dice que éste creó a todos iguales, sin conceder cualidades excepcionales a ninguno. Es una verdad a medias pero ninguno menos indicado que Obama para explicar y defender ese concepto.
Porque fué él quien primero puso en duda el excepcionalismo de los Estados Unidos en los albores de su presidencia, cuando en Estrasburgo, Francia, un periodista británico le preguntó en el 2009 al respecto y contestó: USA es tan excepcional como excepcional es el Reino Unido o es Grecia. La pregunta aludía al discurso de Obama en El Cairo, cuando pidió perdón por los errores inferidos al mundo por los USA desde su formación.
Putin tiene razón al sostener que todas las naciones (y los humanos) son creados iguales, como reza la Declaración de Independencia de USA. Pero pocas naciones y pocos seres humanos han tenido el privilegio de desarrollar sus cualidades en libertad como en los Estados Unidos, por la rara coincidencia histórica que aglutinó a fines del siglo XVIII a seres de expecional talento que crearon una nación de excepcionales atributos para forjar una sociedad en libertad, que es hoy la más potente del mundo.
Ese marco ideológico, inalterado en su esencia desde 1776, es lo que hace excepcional a los Estados Unidos. Pero Obama no comparte esa opinión, pese a que últimamente haya querido disimular su opinión con frases sin resonancia. Frente a la pregunta lanzada por su áulico George Stephanopulus sobre el tema hoy en la cadena ABC de TV, Obama se limitó a comentar: Obama no comparte “nuestros” principios. 
¿Nuestros de él o de los Estados Unidos? Si fueran los de él, obviamente que Putin piensa diferente: es contrario al aborto, mientras Obama es uno de sus principales promotores. E igual ocurre con el homosexualismo, el matrimonio gay, el uso de anticonceptivos y más ingredientes propios de la “cultura de la muerte” a la que se refería el Papa Juan Paulo VI y que ardientemente respalda Putin.
Pero las críticas de Putín han sido analizadas aquí no como destinadas a ridiculizar a Obama sino a los Estados Unidos. Y han hecho coro para defender a la nación supuestamente ultrajada, sin reflexionar que los ultrajes no vienen de afuera, sino desde dentro por el grupo encaramado en el poder para “transformar” a este país y convertirlo en la antípoda para lo cual fue fundado hace casi dos siglos y medio.
(Ese patriotismo huele a patrioterismo y recuerda algo similar ocurrido en el Ecuador con el presidente José María Velasco Ibarra, cuando aspiraba en 1960 a la presidencia de la República y en agosto lanzara su amenaza de “nulidad” del Protocolo de Río de Janeiro. Los ecuatorianos, casi sin excepción, apoyaron la tesis, pese a que era falsa desde su nacimiento. El Protocolo fue aceptado por Ecuador y Perú y su ejecución se suspendió por errores en la fijación de accidentes geográficos. Velasco lo consideró injusto y lo denunció unilateralmente, sin recibir ningún apoyo externo. Más tarde y tras dos enfrentamientos militares sin repercusión, Ecuador aceptó la realidad y la frontera se cerró tal como se pactó en el Protocolo de1942).
Quienes hubiesen censurado a Velasco Ibarra por la nulidad habrían sido tildados de traidores. Parece que la misma tontería se teme aquí si se admite que Putin, en su artículo ya histórico en el NYT, no insulta a los Estados Unidos sino que pone en claro las inexactitudes y contradicciones de quien es hoy Presidente de los Estados Unidos.
Pues Obama no es los Estados Unidos ni mucho menos representa los valores de este país.

Sunday, September 8, 2013

¿SE APAGAN LOS DOS?


Los presidentes de Estados Unidos y Ecuador, Obama y Correa, tienen un enorme parecido y no solo por el color de su tez, sino por la forma utopista de mirar al mundo. Y ambos, autárquicos, enfrentan parecidos rechazos de sus respectivos pueblos debido a sus acciones irresponsables.
El símil resulta, desde luego forzado, ya que Barack Hussein Obama es el líder de la mayor potencia mundial de Occidente, aunque enormemente debilitada en sus cinco años de gestión.Y Ecuador es “insignificante” al decir de Julian Assange, el refugiado en la embajada en Londres.
Obama y Correa tienen en común la mentira. Ambos prometieron en sus campañas electorales respetar las leyes y Constitución vigentes y ambos las han transgredido en sus primeras y sucesivas administraciones. Y los dos, pese a ello y al mal manejo de las políticas tanto internas como externas, no han perdido significativamenre el apoyo popular.
Al menos hasta ahora. En lo que concierne a Obama, la vacilante e incierta política frente a Siria parece estar eclipsando todos sus anteriores errores que han llevado la deuda pública a 17 trillones de dólares, empobreciendo a la nación, endeudándola con China y otros país y estancando la creación de empleos al nivel más bajo desde la depresión del decenio de 1920.  
Si el actual presidente no fuese negro o si hubiese sido republicano, hace ya mucho tiempo que habría sido interpelado y expulsado y nunca habría logrado la reelección en el 2013. Pero sus partidarios, sobre todo negros y los ultra liberales (socialistas), nunca lo encuentran culpable y siguen achacando la culpa al partido opositor y al defectuoso sistema capitalista.
Esa es la prédica de Obama, desde sus años de universitario y de senador estatal por Ilinois, luego federal y finalmente candidato presidencial y presidente. Según su adoctrinamiento, Estados Unidos debe su formación a una correlación fortuita de circunstancias geográficas e históricas, no al ideal de libertad de sus fundadores. 
En cuanto se posesionó, fue a Egipto y el mundo a confirmar esa visión y a pedir perdón. En Estocolmo, entusiasmados, le concedieron el Premio Nobel de la Paz por su posición antinorteamericana y no por lo que hubiese hecho o prometido hacer. (Lo que hoy hace, al promover la guerra con Siria, es antípoda de la paz)
Bashar-al-Assad, monarca de Siria, era el mimado de los demócratas como Obama. Lo visitaron en Damasco y lo ensalzaron, pese a que George W Bush les pidió que no lo hicieran, dados los hechos sangrientos en su contra. Uno de los más aborrecibles fue auspiciar el asesinato del presidente electo del Líbano, el cristiano Bachir Gemayel. Elegido el 23 de agosto de 1982, se convirtió en la esperanza de pacificación de esa nación invadida por tropas sirias e israelís. Una bomba terrorista acabó con su vida y la de otros 26 que lo acompañaban.
La guerra civil continuó y con ella las matanzas, que se cifran en más de 100.000. Obama y los demócratas nada hicieron, indiferentes ante el hecho de que los rebeldes paulatinamente fueron absorbidos por el Al Qaeda, opuestos a Assad, éste respaldado por el Hezbollah de Irán. Impelido por la opinión interna e internacional, Obama se vió obligado a trazar “una línea roja” de advertencia a Assad.
Tal línea parecía sugerir que la matanza entre árabes era buena siempre que se usaran armas convencionales. Pero si se empleaban químicos prohibidos desde la I Guerra Mundial, se desataría la ira de Obama y su amenaza de castigar a los rebeldes. La línea se cruzó hace más de un año pero Obama siguió jugando golf.
La crisis arreció cuando la suma de gaseados llegó a 1.400, 400 de ellos niños. Reaccionó entonces Obama con frases especialmente tiernas en referencia a los niños muertos (es el promotor-in-chief de los abortos en los Estados Unidos) y anunció urbi et orbi que ordenaría una intervención militar contra Assad.
Sin embargo, hasta ahora no se sabe quién usó las armas químicas. Assad lo niega y Putin, nuevo líder mundial, sostiene tener pruebas de que son los rebeldes del Al Qaeda, los protagonistas del 9/11 contra USA. Para castigar a Assad, Obama tiene obviamente que ayudar a los rebeldes. Los llama “moderados”, pero entre los árabes no hay moderados. 
En vista de tantas contradicciones, el personaje de la Casa Blanca decidió escudarse en el Congreso. Busca que lo autoricen para atacar a Siria pero tanto demócratas como repúblicanos no hallan razones suficientes para complacerlo. Pide autorización por 60 días para un ataque “quirúrgico” por aire de 3 días. En ese caso no necesitaba de autorización del Congreso, pues puede hacerlo si está en peligro la seguridad nacional.
Y no lo está, al menos de manera directa. Clinton lanzó la arremetida contra Kosovo sin autorización del Congreso, pero actuó en defensa de los intereses y con el apoyo de OTAN. Ahora Obama está solo, le autorice o no  el Congreso. Bush logró esa autorización y fue a la guerra apoyado por 34 naciones.
Si el Congreso rechaza el pedido de Obama, como parece que ocurrirá, el hecho no tendría precedente en la historia nacional. Y si Obama decide de todos modos “misilear” (lanzar misiles desde naves de guerra y drones) a Siria, violaría la Constitución pues una vez que el Congreso niega el pedido, la acción militar se archiva.
Pero Obama, como Correa, se burla de la ley y la Constitución. Lo grave es que el bombardeo “táctico y limitado” no conduciría a nada. Si son los rebeldes los que utilizaron las armas químicas donadas por Hussein de Iraq, las continuarían usando tras los ataques yanquis. Si es Assad el autor, idem. De una y otra manera, Assad seguiría en el poder. Ni Assad ni los rebeldes son pro yanquis.
Es tan absurda la posición de Obama, que es probable que hasta los negros le abandonen esta vez. Mucho más cuanto que con el mulato la tasa de desempleo de la población negra trepó al 13%, casi al doble de la ficticia del 7.3% para la población general. Entre los “nuevos” empleos se incluyen los millones que pasaron de la opción de tiempo completo a la de medio tiempo, debido al “obamacare”.
Con Correa hay similitudes. Pero el ecuatoriano ha podido actuar con mayor violencia para destruir al Congreso y la Judicatura, debido a la falta de oposición. El sistema de control de las tres ramas de poder, clásico en una democracia, cedió paso al poder omnímodo del Ejecutivo. La tarea se facilitó con la ausencia de fuerza de los medios de comunicación.
El antes mencionado Julian Assange permanece refugiado en la embajada en Londres como asilado político desde hace más de un año, pese a que Londres lo quiere cautivo para deportarlo a Suecia, donde es requerido por una infracción penal. Assange ha insultado al Ecuador y hace campaña por su senaduría en Australia, desde la embajada, pese a prohibirlo la ley.
Estos antecedentes parecen no haberlo afectado mayormente en su popularidad. Pero, como con Siria en el caso de Obama, en el de Yasuní la verdadera personalidad de Correa está saliendo a flote. Al iniciar su gestión Correa se declaró ambientalista devoto de Pachamama y dijo que prohibiría la explotación petrolera en esa región oriental.
Su idealismo verde era ficticio, pues condicionó la no explotación a que la comunidad internacional colecte fondos equivalentes a la mitad de lo que representaría la explotación petrolera, esto es, 5.000 millones de dólares. Invirtió 5 de los 7 millones de dólares que algunos ingenuos donaron, para pagar los gastos de campaña por la causa que incluía viajes de una dama experta en seducir a gobernantes ecuatorianos de todo color político.
La campaña fracasó y ahora, como muchacho emperrado, Correa amenaza a la comunidad internacional con abrir Yasuní a la explotación de hidrocarburos, porque necesita la plata “para no interrumpir el curso de la revolución ciudadana” que dizque está transformando y salvando al Ecuador. Ahora la cifra calculada de recaudación es 18.000 millones, más del triple de lo inicialmente fijado para la caridad internacional.
El ciudadano común y la mayoría de empresarios no se han inmutado por las políticas económicas de Correa. Los unos reciben bonos, los otros reciben jugosos contratos. El dinero no es resultante del esfuerzo nacional sino del petróleo, cuyo precio se ha elevado de 2.50 dólares por barril al iniciarse la exportación en 1972, a más de 100 dólares hoy.
El aumento del endeudamiento y del gasto fiscal es descomunal, como en el caso Obama y cualquier momento sobreviene el colapso cuando los precios del crudo caigan por aumento de la oferta o por cualquier otro fenómeno. El Estado dadivoso ha matado la iniciativa privada y el ahorro y la inversión interna y externa. La sensación de bonanza que algunos tienen, es totalmente artificial.
Pero lo de Yasuní es una vergüenza que ha indignado a la gente, sobre todo a los jóvenes que se ven engañados por su líder con la promesa “verde” y se proponen oponerse y boicotear el proyecto. Un cantautor, que aparentemente es muy popular en el país, expresó su disgusto con gestos al paso de la caravana presidencial.
Correa, como un pandillero cualquiera, ordenó detenerse a la caravana, se bajó de su limusina y personalmente increpó al atrevido, acusándolo de estar borracho y drogado. Jaime Guevara, nombre del cantautor, es abstemio y las únicas drogas que toma son para controlar su epilepsia. 
Aclarada la situación, el patán/Presidente no solo no se disculpó con el agraviado sino que reclamó a su audiencia radial que no le pidan que se deshumanice. Lo que quiso decir es que no castigar a quienquiera que ose expresarle repudio, equivaldría a una falta de humanidad (¿?).
Correa no da conferencias de prensa con periodistas independientes, usual incluso con los dicatadores militares de antaño. Prefiere las “sabatinas” radiales, interminables monólogos imitadas de Castro y Chávez, sin interlocutores indeseables. Vale solo su palabra, vale solo su verdad (que además se transcribe textualmente al día siguiente en los diarios).
¿Hasta cuándo los pueblos de Estados Unidos y Ecuador tolerarán a estos remedos de gobernantes, llamados impropiamente demócratas porque fueron elegidos por votación popular, no una sino varias veces? 

Tuesday, September 3, 2013

INCONGRUENCIAS IMPERDONABLES


Legisladores y columnistas de ideologías contrarias que apoyan a Obama en su plan para bombardear a Siria, dicen que debe hacerlo aún sin autorización del Congreso como dispone la Constitución “porque ya otros presidentes de los Estados Unidos lo han hecho”. 
Se refieren en particular a las incursiones que algunos de ellos hicieron en  Libia, Grenada y Kosovo. Pero olvidan un detalle importante. Si lo hicieron sin el previo acuerdo del Congreso (en algunos casos puede darse luego de 48 horas de la acción), el motivo fue siempre defender los intereses de la seguridad nacional.
Reagan bombardeó a Libia porque Gadafi, como lo admitió después, fue responsable del atentado terrorista contra el avión de PanAm que cayó en añicos en Lockerbie, Escocia, causando la muerte de sus 270 pasajeros y tripulantes. En Siria La guerra civil es entre dos facciones enemigas de los Estados Unidos, si, pero que no han lanzado ningún ataque directo a USA desde allí .
Obama, tan inclinado a condenar las intervenciones militares de Estados Unidos y a favorecer la causa musulmana, miró con indiferencia que por años los partidarios de Hezbollah, que respaldan al autócrata Bashar Assad, se maten con los rebeldes de Al Qaeda que lo quieren derrocar. Como recipiente del Premio Nobel de la Paz, dijo que esas muertes eran sin embargo tolerables mientras no cruzaran una “línea roja” que él trazó.
¿Qué línea roja es? Alude a que la guerra en Siria es permisible en tanto que los contendores se maten con balas, morteros, cimitarras o degüellos. Nunca si se detectan muertes por armas químicas. Ahora Obama admite que esa ”ínea roja” ha sido cruzada, por lo que cree que es hora de lanzar sus bombas.
El Nobel de la Paz no ha logrado especificar cuál facción lanzó gases que han ocasionado la muerte de casi 2.000 víctimas, incluídos niños. No es aceptable que lo haya hecho Assad, pues ello habría sido suicida ya que Obama tenía lanzada previamente la amenaza de intervención contra quien las utilizara. Lógico es suponer que los autores son los rebeldes comandados por Al Qaeda.
Al Qaeda está en guerra con los Estados Unidos y Occidente desde los dos ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, el Pentágono y el avión caìdo en Filadelfia. Sus atentados terroristas no han cesado ni en los EE.UU. ni en Europa, así como en Afganistán e Iraq, donde dos guerras inconclusas de Washington han reverdecido el terrorismo mundial. 
¿Es a Al Qaeda que se busca favorecer con los bombardeos en Siria? El Nobel de la Paz promete incursiones rápidas, como insinuando que no habrá muchos muertos o que serán “pacíficas”. ¿Por qué no se ingenia otra línea para limitar los nuevos muertos que su incursión acarrearía? ¿Qué vendrá después si la familia Assad, favorita hasta hace poco por los demócratas, sigue en el trono?
Obama, como senador, fue acérrimo opositor de GWBush en su guerra de retaliación contra Afganistán e Iraq. En Iraq, el uso de armas químicas no era una lucubración sino un hecho. Las utilizó para asesinar a 100.000 de sus compatriotas. Es obvio que esas armas las almacenó para utilizarlas en algún momento en favor de la causa árabe como lo aseguraron los informes de inteligencia de Occidente.
Las inspecciones de Naciones Unidas fueron bloqueadas por Hussein y laas armas nunca fueron halladas luego de la invasión militar. ¿A dónde fueron? Nadie habla de las fotografías de enormes camiones que se veía cruzar el desierto en el intervalo que medió entre la amenaza de guerra a Irak y la acción militar. ¿A dónde iban? A Siria.
En esos camiones se transportaba no solamente armas químicas sino equipos para continuar el desarrollo de armas nucleares iniciado por Hussein. Assad, con ayuda de Norcorea, construyó un complejo nuclear, pronto detectado por Israel. En una incursión militar impecable como la que años atrás infrigió a Hussein por la misma causa, Israel pulverizó de raíz el complejo sirio.
Se deduce que las armas químicas iraquíes lograron ser ocultadas por el régimen sirio con facilidad, lo que explicaría por qué Israel no las ha destruído. Si ahora los Estados Unidos, probablemente con la venia del Congreso y de demócratas y republicanos decide deciden atacar a Siria, donde quiera que le plazca al Nobel de la Paz, a Israel no le queda sino decir...gracias!
Porque Siria es enemigo declarado de Israel, no importa cuál sea la facción ganadora o perdedora de la actual guerra civil. Si cae o no cae Assad es un problema del Nobel de la Paz, no de Israel. Cualquiera que lo sustituya seguirá siendo enemigo de Israel, como lo es Irán y otros países del mundo musulmán. Mas si Obama quiere “dar una manito” contra ese enemigo, bienvenido parece decir Shimon Peres.
Siria no es enemigo declarado de los Estados Unidos. A George W Bush no le gustaba Assad por el toque dictatorial y anti israelí del dictador. Pero en cambio los demócratas lo veían como un gran transformador y el actual Secretario de Estado, John Kerry y quien la precedió en el cargo, Hillary Clinton, así como la entonces líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, decidieron ir a Damasco a presentarle su solidaridad y respaldo. Bush desanconsejó tal viaje por razones de defensa de la política internacional de los Estados Unidos, pero ellos lo hicieron de todas formas.
Toda esa gente dice que hay que bombardear a Assad porque es cruel el uso de armas químicas. Nada dijeron antes frente al genocidio de Hussein. Ni objetaron la construcción del complejo nuclear de Assad en Siria ni pidieron inspección para detectar los depósitos de armas químicas enviadas por Iraq.
Ahora se alarman por la muerte de casi 2.000 víctimas gaseadas, pero no se inmutaron mayormente por las más de 100.000 vidas caídas con armas convencionales desde que se instaló la guerra civil contra el otrora favorito de Kerry, Clinton, Pelosi y otros líderes demócratas. Dicen que si USA no actúa ya, las matanzas entre facciones árabes continuarían.
¿Qué? ¿What? Como bien dijo Sarah Palin, en Siria los Estados Unidos deben dejar a Alá que resuelva el conflicto. La acción militar no se justificaría de ningún modo, primero porque no ha habido ataque directo a los Estados Unidos y segundo porque la intervención no solucionaría nada.
Hay facciones que se matan a diario y de manera horrenda en México, vecino de los Estados Unidos. Lo hacen por el predominio en el tráfico de estupefacientes. ¿Qué van preferentemente a dónde? A los Estados Unidos, donde acrecientan la corrupción y matan espiritual y físicamente a millones y millones de norteamericanos, especialmente en sus edades tempranas.
Si de salvar vidas humanas se trata, bien harían Obama y sus áulicos en dirigir su retórica y sus armas contra la pertinaz matanza de seres inocentes, no en el Congo u otros países africanos en permanente genocidio, sino aquí dentro de los Estados Unidos. Desde 1973 más de 57 millones de vidas han sido cercenadas con el aborto legal.
Obama, “príncipe” de la Paz como fue calificado cuando recibió el Premio Nobel, es defensor del derecho de la mujer a matar a las criaturas que engendraron en sus vientres. Pero le martiriza que maten en Siria a seres humanos por otra vía que no sea la convencional y se propone intervenir con la venia del Congreso.
Siria  no ha atacado directamente a los Estados Unidos, como no han hecho daño ninguno los millones de seres a los que se les priva de la vida gracias a una ley genocida que Obama y los demócratas respaldan. ¿Existe mayor incongruencia?

Sunday, August 25, 2013

LOS CAMBIOS CLIMÁTICOS


El señor Tarcisio Granizo, ex Subsecetario de Patrimonio en el gobierno de Rafael Correa de Ecuador, tuvo la amabilidad de escribir un comentario sobre el problema que se debate del proyecto Yasuní o ITT. Su opinión es valiosa, por sus títulos académicos de biólogo así como por su experiencia como funcionario en algunas organizaciones internacionales que se preocupan de la preservación del medio ambiente. Lo publicamos seguidamente, con una respuesta de mi parte y links sobre artículos relacionados con el tema. 

Estimado Santiago:
María Helena gentilmente me envió su artículo luego de que leyera una nota mía colgada en el Facebook. Me pidió que comente sobre el mismo, pues mis opiniones son bastante diferentes de las suyas. Así que con el ánimo de abonar a un debate que ni empieza ni termina ahora, me permito hacerle llegar, a través de ella, unas reflexiones.
La Iniciativa Yasuní ITT no consistía en pedir limosna. Consistía en pedir una compensación por no emitir a la atmósfera cientos de miles de toneladas de carbono (se calcula que lo que emitiría el petróleo del ITT es la misma cantidad de carbono que emiten países como Francia o Brasil en un año). En realidad Yasuní ITT no era per se una iniciativa de conservación, sino de mitigación al cambio climático. Así fue pensada, es decir, como un mecanismo que solicitaba una compensación a aquellos países que se han apropiado del espacio atmosférico (que es un bien público) para su desarrollo, y que por lo tanto tienen una deuda climática con el planeta. 
La Iniciativa apelaba entonces a un principio de corresponsabilidad global, apelaba al principio clave del Protocolo de Kioto de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” y se hacía eco de un mecanismo similar, reconocido por Kioto y la Convención Contra el Cambio Climático, que es el de REDD (Reducing Emissions from Deforestation and Forest Degradation) y que tiene el mismo principio: un país que decide no tumbar sus bosques, y no liberar el carbono almacenado en ellos, recibe una compensación por ello. A nadie se le ocurriría pensar que REDD, pese a sus limitaciones y problemas, puede ser considerado una limosna internacional. 
El nuestro es un país que para bien o para mal, depende de sus recursos naturales no renovables. El Gobierno actual ha hecho grandes esfuerzos por la conservación de sus ecosistemas. La paradoja es que los recursos no renovables de los que vivimos, están en su mayor parte, en áreas ricas en biodiversidad: el Yasuní es un ejemplo. Estudios científicos (serios!) muestran que el Yasuní, y en general, la cuenca alta del Río Napo, es quizás el área más biodiversa del planeta. Y sin embargo, el ITT contiene el 25% de las reservas actuales de petróleo. El país necesita recursos. Por eso fue una decisión valiente (y soberana, término que muchas personas no comprenden en su real dimensión) el haber propuesto al mundo el sacrificio de dejar ese 25% de las reservas de un país petrolero, sobre cuya explotación el país tiene todo el derecho. Es como si estuviéramos usted y yo en una sala y hubiera un letrero de “no fumar”. Si quiero fumar yo debo negociar con usted la posibilidad de hacerlo…y hasta pagarle para que me deje. Pero si el letrero dice “se permite fumar”, usted es el que tendría que pagarme para que yo no lo haga. El ejemplo, aunque ingenuo, ilustra bien lo que pasa en el planeta. 
Entonces aquí si hay una corresponsabilidad de los países desarrollados. Es claro que si ni siquiera han cumplido con sus ofrecimientos para financiar la mitigación y la adaptación al cambio climático a los países en desarrollo (pobres entre otras cosas gracias al desarrollo de los otros), menos iban a dar recursos a un pequeño país cuyo ejemplo con su iniciativa, podía crear un precedente peligroso que incluso hubiera podido afectar los precios internacionales del petróleo si otros países seguían el mismo ejemplo.
Vale aclarar que las contribuciones (no donaciones porque no son limosnas) a la Iniciativa, se convierten en deuda pública para el país a través de los llamados “Certificados de Garantía del Yasuní” asi que no hay riesgo de fraude alguno. El fideicomiso internacional (administrado por el Programa de NNUU para el Desarrollo) indicaba que los recursos del capital del Fondo Yasuní se utilizarían exclusivamente en proyectos de cambio de matriz productiva, en calidad de préstamos con intereses al Estado. No para la burocracia o la compra de armas o la construcción de infraestructura ( y peor para el pago de la deuda externa).  Y de hecho, los pocos recursos que el fondo logró captar se utilizaron en una pequeña planta hidroeléctrica en Loja. Los intereses que generara el fideicomiso Yasuní, se utilizarían en cinco prioridades: apoyo al sistema nacional de áreas protegidas, campañas de eficiencia energética, inversión social en el área (especialmente hacia pueblos indígenas), reforestación y ciencia y tecnología. 
Si bien es cierto la explotación petrolera se ha modernizado, no existe operación 100% segura y menos en un país con riesgos naturales de terremotos, erupciones y tsunamis. Incluso la empresa que más se jactaba de sus estándares ambientales, la famosa BP, destruyó buena parte de la zona del Golfo. Es de esperar que la explotación del ITT siga los mejores estándares internacionales, pero siempre habrá un riesgo ambiental (y social) fuerte. 
Sobre el uso de papel en los diarios, es verdad que es la actividad que más papel utiliza, y que por lo general la materia prima proviene de plantaciones forestales (¡no siempre!) pero son conocidos los casos de contaminación de esta fábricas, como el caso de Rio Cruces en Chile o la planta de origen finlandés (¡de la tan verde Finlandia!) en Uruguay, por la cual Argentina demandó a su vecino. 
Sobre el uso de los recursos del petróleo (de más de cien dólares el barril) no voy a entrar en detalles, pues no hay peor ciego que el que no quiere ver: carreteras, hospitales públicos, bono solidario, economía popular y solidaria, revolución educativa, etc. etc. Solo quiero referirme al tema ambiental, y es que en 2005, el presupuesto del Estado para el apoyo al sistema nacional de áreas protegidas (Patrimonio de Areas Naturales del Estado -PANE- para decirlo con más propiedad, porque el sistema aun no existe) fue de 2,7 millones de dólares. En la actualidad es de 21 millones, es decir 8 veces más que hace una década; se ha triplicado el ingreso de visitantes a las áreas protegidas en los últimos 10 años; se ha duplicado la dotación de personal para las áreas; y los indicadores de eficiencia en el manejo muestran que se ha sobrepasado el umbral de manejo básico (52%). Por último, otros programas creados por este gobierno forman parte del "paquete" que busca hacer efectivos los derechos de la naturaleza, como el programa Socio-Bosque (ahora exportado a varios países), el Programa de Recuperación Ambiental y Social (PRAS), o los programas de los GAD para tratar los desechos, el saneamiento de las camaroneras ilegales, el control a la pesca de tiburón (reconocida por varias instituciones internacionales), entre otros.
Mi pena por el fracaso del Yasuní es por muy distintas razones que la suya. Como puse en mi Facebook es que el fracaso de la Iniciativa Yasuní ITT nos aleja de una lucha más profunda desde el ecologismo social: una nueva matriz productiva, un cambio en la relación del ser humano con su entorno, la apropiación del Sumak Kawsay (de los pueblos indígenas) como política de Estado y no como discurso político, y de la sociedad del bioconocimiento. Nos aleja, nos retrasa, nos debilita.
Como nos alejan, nos retrasan y nos debilitan muchas decisiones de este caminar hacia esa utopía post-capitalista, o si se quiere neo socialista, en la que muchos soñamos. Porque yo, estimado Santiago, y muchos otros, no queremos una sociedad sostenible. Queremos una sociedad socialista, en la que la sostenibilidad sea uno de sus pilares.
Se me quedan muchos otros argumentos sobre el tapete, quizás en algún momento los podamos seguir conversando. 
Saludos cordiales,



Tarsicio Granizo

Estimado señor Granizo: 
Gracias por su comentario y el tono amable que emplea, que trataré de imitar. 
Alabo se preocupación por preservar en buenas condiciones el medio ambiente, algo en lo cual coincidimos. Discrepamos, sin embargo, en creer que en los últimos 50 años el hombre ha sido causante de tanta contaminación de la atmósfera con los carburantes derivados del petróleo, que el globo se ha recalentado poniendo en peligro a las especies vivas.
Para defender tal mito, han surgido líderes que han creado una suerte de empresa o religión para promover esa verdad sagrada. Pero ellos lcontribuyen a esa supuesta contaminación utilizando grandes jets para sus continuos viajes misionales por el mundo, financiados con las donaciones de quienes creen o lucran con la causa. Viven, como Al Gore, en mansiones superlujosas que consumen millones de kilovatios de energía no siempre limpia y mantienen un ritmo de vida opulento que desdice de su posición en favor de los pobres.
Pero el problema básico es que, por lo menos en los últimos años, la tierra ha experimentado un enfriamiento notable. Los verdes achacan, no teniendo argumentos para discutir, que ello tmabién obedece al calentamiento global. (En 1975, el grito de alarma de los ecologistas era que el planeta iba camino de congelarse, con lo que se extinguirían las especies vivas). Para combatir el mal del calentamiento, proponen no reducir las emisiones de carbono sino multar a quienes exceden de un límite fijado arbitrariamente. Es decir, más impuestos, más control, menos libre albedrío.
Usted, como amante de la naturaleza, quisiera mantener intocado el paraíso ecológico de Yasuní. Hágalo, persuada de ello a su líder Correa y evite un inútil referendo sobre el tema, que podría manipularlo a su antojo, como en ocasiones pasadas. No espere limosnas, o como usted las califica "contribuciones internacionales" de los "responsables" del recalentamiento global, los que "se han apropiado" del espacio atmosférico por lo cual tienen que pagar "la deuda climática". Si está convencido de que no debe tocarse al Yasuní, no lo toque y punto. Lo que es bueno para la humanidad responsable del Ecuador, es bueno por extensión para la humanidad toda. Hacer lo contrario equivaldría a un auto flagelamiento ecosocial.
Violar ese principio, esa convicción, porque no se recibe suficienre plata para no hacerlo, es pueril y condenable. Usted cita la analogía con los letreros de "no fume" y "permitido fumar". Si se advierte en un recinto que no debe fumar, no fume. La regulación no es negociable, sería una coima punible. Si se no hay prohibición, fume. No tiene que chantajear a nadie para hacerlo y si hay gente que no acepta el humo, ésta es libre de abandonar el recinto.
Arguye que Correa, lloriqueante por el fracaso de su proyecto, no ve otra alternativa que violar el paraíso Yasuní, porque "necesita de recursos no renovables" para continuar en su cruzada socialista. Falso. Los recursos no deben provenir exclusivamente el petróleo extraído con el capital y la tecnología extranjeros. La fuente debería estar en el esfuerzo de los ecuatorianos para crear riqueza en un medio de respeto a la ley, la libertad y con un mercado abierto a la inversión externa y externa y a una amplia competencia interna e internacional. 
Más dinero fácil del petróleo hace más remota esa posibilidad y acentúa la dependencia de la voluntad omnímoda del "gran líder". Éste ha borrado a la oposición, la indepencia de los tres poderes o funciones del Estado, ha castrado a los medios de comunicación y logrado la expulsión de algunos periodistas de opinión críticos de los medios en que trabajaban. Las carreteras y otras obras de infraestructura que usted menciona se han construído sin sujeción a leyes de licitación y no hay Contraloría ni Congreso que puedan fiscalizarlas. Muchos dicen que esas carreteras y otras obras físicas evidencian ya el deterioro de siempre. El sector privado se ha restringido y solo prosperan las que hacen negocios, no siempre cristalinos, con el Gobierno. 
El gasto público se ha multiplicado varias veces y la deuda igual, con el agravante de que las condiciones de endeudamiento con China son mucho más onerosas que las tradicionales. Ningún control ha habido para suscribirlas ni para analizar su desarrollo. No es este panorama el que propicia una "prosperidad sostenible", sino lo contrario: la ruina moral, cultural y económica de a nación. Revise lo que está ocurriendo en sociedades "pos capitalistas" o "neo socialistas" en las que se han aplicado esas políticas: Cuba, Norcorea, Venezuela, Argentina...
A los que usted acusa como responsables de la catástrofe climática y que no nombra, se sobreentiende son los industrializados a la cabeza de los cuales están los Estados Unidos. Como experto que usted es, conocerá que dichos países son modelos en preservación del medio ambiente. El río Támesis ha vuelto a tener peces y pesca. Igual los tres ríos de Pittsburgh, antes contaminados con las sidereúrgicas o el río en la desembocadura de Estocolmo. Si quiere mejor preservar lo que queda de la bárbara explotación en el Ecuador (Petroecuador destruyó parte de la Amazonía al apropiarse de Texaco/Chevron), va a tener que recurrir a esas tecnologías.
¿Usted sueña en un pos capitalismo que sea un neosocialismo? No es nada nuevo. Es el mismo utopismo que arranca con Platón, pasa por la Utopía del Medio Evo, avanza con Marx y se plasma en varias formas de regímenes comunistas, fascistas o "ciudadanas". Todos son lo mismo en cuanto buscan anular las libertades individuales y regularlo todo a través de un comité de sabios por auto calificación, bajo el mando del gran líder que en las monarquías suponían recibían un mandato divino para gobernar. 
Esa manera de pensar, implantada a sangre y fuego, fue superada con un grupo de iluminados que decidió bloquear la tentación y posibilidad de las autarquías, mediante el fraccionamiento del poder único en tres, que se auto controlen y vigilen. Se llama democracia, inspirada por Rousseau, Hobbes y otros. No se ha descubierto mejor sistema de gobierno y el más robusto de todos, sin rompimientos de la Constitución desde que se fundó la nación, son los Estados Unidos. El capitalismo es libertad, fair play, sujeción a la ley. Cualquiera aspiración al post capitalismo, es retorno al pasado y a la búsqueda infantil de utopías condenadas al fracaso. Hay que madurar y reflexionar al respecto. 
Cordiales saludos,
Santiago Jervis. 

Tuesday, August 20, 2013

LO DE YASUNÍ, UNA VERGÜENZA


El caso de Yasuní, paraíso ecológico ecuatoriano que el presidente Rafael Correa pretendió excluir de la explotación petrolera a cambio de dólares aportados como limosna por la comunidad internacional, es reflejo de la inmadurez mental y emocional de utopistas como él.
¿Por qué los países que comparten el criterio de que hay que esforzarse para evitar el deterioro del medio ambiente, habían de dar no solo una cantidad cualquiera de dinero al gobierno de Correa, sino un mínimo de 3.600 millones de dólares, cifra que se calculó equivalía al 50% del lucro cesante por no extraer el petróleo del Yasuní?
Cada nación soberana establece sus políticas en torno al tema del medio ambiente. Unos comparten el criterio de que en la tierra hay un proceso de calentamiento global ocasionado por el hombre, sobre todo por el abuso de carburantes del petróleo. Otros creen que esta tesis es una bufonada, explotada por grupos que buscan centralizarlo todo en manos del gobierno.
Si el Ecuador cree en la  teoría del calentamiento global por el hombre y en lo pernicioso de la explotación petrolera en zonas tan ricas y delicadas como en el Yasuní, es privativo de su gobierno adoptar políticas acordes con esos principios y no condicionarlas a la caridad pública internacional.
Hacerlo no solo era ingenuo sino humillante, aún si el gobernante haya designado a una promotora que se suponía tenía experiencia internacional en este tipo de gestiones. Los resultados no podían ser otros que la negativa. Como buen utopista, Correa culpó a otros y no a si mismo del fracaso.
En reacción pueril, Correa “desafió” a los ecuatorianos a que colecten la dádiva internacional que él no logró en seis años de campaña, en la que  gastó millones de dólares de alguna donación condicionada y que tendrá que devolver. (Si no lo hace cometería el mismo fraude que los Clinton, que crearon una Fundación para promover el mito del "global warming" y utilizaron las donaciones para enriquecerse, quebrando a la Fundación. Facturaron 50 millones de dólares solo para viajes...¿?) 
Y Correa se lanzó contra sus presas favoritas, los periodistas y los diarios y ante las críticas al fracaso de su proyecto les amenazó con convocar a una consulta popular para proponer la digitalización total de los diarios.
Estas reacciones y estas propuestas solo confirman que los utopistas no pasan de la pubertad y adolescencia en lo mental y emocional. Es frecuente en esa etapa del crecimiento que el idealismo de los jóvenes de ambos sexos les incite a creer que todo lo malo del mundo y de la humanidad tienen que cambiar y tornarse bueno, con su solo deseo y voluntad.
La mayoría madura y acepta que lo que atañe al hombre jamás puede interpretarse como un claroscuro. Es una compleja urdimbre que combina lo bueno y lo malo, muchas veces impredecible. Pero algunos no asimilan esa verdad y quedan en el limbo y anclados en las soluciones radicales para imponer el bien (su concepto del bien) por la vía de la fuerza y la intolerancia.
Los utopistas, desde Platón y Esparta, son adoradores del pensamiento uniforme y la imposición de la “idea” mediante el autoritarismo y el bloqueo a toda oposición. El autoritarismo puede ejercerse militarmente o mediante una élite civil intelectual. Entre estos últimos se ubica Correa, cuyo sentido de la bueno no admite réplica ninguna. 
¿Acaso no era bueno que los países ambientalistas subsidien el gasto fiscal desbordado, con donaciones que suplan los dólares petroleros, sin afectar al idílico Yasuní? Si no lo hicieron, es porque son todos farsantes e hipócritas, como muchos de sus seguidores los han calificado.
¿Obligar a los diarios impresos a que se digitalicen para ahorrar papel y así afectar menos a la Pachac Mama? Es una ridiculez. Primero porque el proceso de modernización informática no depende de ningún plebiscito y segundo, porque el papel que consumen los diarios del Ecuador proviene de los Estados Unidos, Canadá y Chile principalmente. 
Y allí la Pachac Mama está mejor preservada que en el Ecuador, pues los programas de arborización son impecables y en algunas zonas, como en Georgia, crecen más arboles que los que se los tala para extraer la pulpa. ¿Se puede decir lo mismo de las talas en la Costa, Sierra y Oriente ecuatorianos?
En cuanto al Yasuní y su petróleo, hay que advertir que las técnicas para la exploración y explotación hidrocarburíferas en zonas sensibles ha evolucionado tanto que son comparables a laparoscopías en las cirugías humanas. Ni una hierba, ni un loro, ni un río reciben ni un  gota de petróleo desde el subsuelo hasta el oleoducto.
Pero, como anota el columnista Albornoz de El Comercio, lo sensato y lo cuerdo en esta instancia del debate sería proponer no invertir nada para extraer petróleo en Yasuní. Lo poco que se extrae de los yacimientos en explotación, a precios que se han duplicado en seis años de Correa, no ha servido sino para afianzar su autoritarismo y la mentalidad del Estado protector.
La presión interventora del gobernante y la castración de las funciones de equilibrio de poderes de la Legislatura y el sistema Judicial, ha frenado a la empresa privada no dependiente de los negocios del Estado. Con menos petróleo y una caída violenta de los precios en el mercado internacional, acaso podría alterarse el curso de esta tendencia que lleva a la quiebra. La gente así llegaría a comprender que solo con la libre competencia, la ley y la tolerancia puede forjarse por si mismo un futuro de bienestar duradero, sin dádivas de un gobierno que no crea riqueza, pero que distribuye la que provierne del petróleo, a su antojo y sin responsabilidad ni freno. Cuando esa fuente se reduzca o desaparezca, la única y verdadera riqueza será la resultante del esfuerzo nacional.
Jamás proveniente de la caridad internacional, que Correa quiso promover con el mito Yasuní y que para bien del país concluyó con un rotundo y vergonzante fracaso.