Friday, September 2, 2011

SI HUBIERA LÓGICA EN POLÍTICA

Barack Hussein Obama, acaso el más nefasto presidente que hayan tenido los Estados Unidos, no debería ser reelecto en los próximos comicios de noviembre del 2012.

Tal debería ser la conclusión lógica tras examinar la situación desastrosa de este país, luego de casi tres años de su administración. Pero el problema es que, al igual que en economía y meteorología, en política no hay lógica.

Obama prometió ampliar el empleo y los beneficios para todos, pero dada su filosofía fascista de entender que el Estado debe prevalecer sobre los individuos, en lugar de facilitar la creación de fuentes de trabajo en el sector privado, se dedicó a hostigarlo.

Lanzó más de 800.000 millones de dólares al mercado para subsidiar a las empresas automotoras en quiebra por los abusos sindicales, subsidiar también a los bancos que generaron la crisis hipotecaria y anunciar que se realizarían obras públicas al estilo FDRoosevelt.

Los resultados han sido negativos. El desempleo creció al 9,1% (del 4,7%) y hoy se anunció que por primera vez desde 1945, en agosto el país no ha creado ni un solo empleo. La deuda se ha disparado a más de 14 trillones de dólares poniendo a la nación al borde de la quiebra.

Obama anunciará un plan de empleo el jueves próximo, ante una sesión conjunta del Senado y la Cámara de Representantes (que solo se convoca para tratar asuntos de suprema importancia, como una declaratoria de guerra, por ejemplo). Exactamente hace un año hizo lo propio y lo único que logró es una tasa de desempleo más alta.

En una demostración de impericia política o malignidad, Obama inicialmente pidió que el Congreso se reuniera el miércoles en la noche, a la misma hora en que está previsto un segundo debate por la TV de los pre candidatos republicanos a la presidencia. El jefe de la Cámara, con mayoría republicana, pidió a Obama que posponga su pedido al día siguiente.

A la postre cedió. Pero en la noche del jueves todos se volcarán a ver la espectacular ceremonia de inauguración de la nueva temporada de fútbol americano. Ante lo cual el jefe de Estado tuvo que acordar un nuevo cambio: dirá su discurso a las 7:00pm para que la gente se deleite sin interferencias con el gran show a partir de las 8:30pm.

Estos traspiés podrían ser de mal augurio por lo que tiene preparado decir el mandatario. Aunque no se ha filtrado nada del discurso, muchos analistas creen que la propuesta no cambiará: más gasto público para generar más empleo, la teoría semi keynesiana que ya ha fracasado en el primer intento.

¿Qué podría ser nuevo y efectivo? Podría quedarle la opción de alinearse con los republicanos y anunciar recortes severos en el gasto fiscal, supresión de impuestos a todo nivel, combate al déficit y al elevado endeudamiento. Es decir, dejar de ser Obama, y no porque ello sea bueno para el pueblo, sino porque a su juicio ello le facilitaría cumplir con su obsesión: ser reelecto.

En todo caso, si Obama sigue siendo Obama, como es lo más probable, entonces propondrá lo mismo de siempre: más gasto público, más restricciones a la inversión nacional y extranjera, más endeudamiento. Con lo cual el veto de la Cámara de Representantes será inevitable, con lo cual el plan se archivará.

Un portavoz de la Casa Blanca ya ha advertido que si el Congreso se opone, Obama adoptará otras medidas ejecutivas a su alcance. Medidas de corte autoritario, que simularían encuadrarse dentro de la ley pero que vulneran el espíritu y la intención de sus autores. Como lo hizo con la ley de salud, aprobada a rajatabla sin un solo voto republicano.

Junto con maniobras administrativas de esa naturaleza, ayudado por los zares extremistas que actúan como superministros sin aprobación ninguna del Senado, Obama estaría resuelto a continuar con su empeño de destruir el sistema capitalista basado en la libre volición para crear, ahorrar, comerciar y lucrar, sin el acoso constante de los gobiernos.

Paralelamente se visulumbra que Obama y sus cercanos asesores ahondarán su campaña electoral, no para resaltar los logros alcanzados en el primer periodo, que son inexistentes, sino para hostigar y humillar a la oposición, tanto del Congreso como del Tea Party y los precandidatos presidenciales del partido republicano.

Su promesa de esperanza (hope) que sedujo a tantos ingenuos en el 2008, se convertirá en esta campaña en miedo (fear) a que el poder pase a manos de los republicanos, a los que, a ellos sí, los calificará de extremistas y fundamentalistas cristianos que buscan una teocracia similar a la del Irán, según ya lo ha dicho un comentarista “liberal”.

Un representante (diputado) negro de Minnesota, el único musulmán en el Congreso, ya acusó al Tea Party de querer promover un regreso a los linchamientos de comienzos del siglo pasado, que terminaban colgando a los negros de un árbol. No mencionó, claro, que la esclavitud fue abolida en los Estados Unidos tras una Guerra Civil que cercenó 600.000 vidas, al mando de Abraham Lincoln, un republicano.

La liberación complementaria de los negros en cuanto a sus derechos civiles fue obstruída sistemáticamente por los demócratas del Sur, hasta que con Lyndon Johnson, demócrata, se convirtió en ley mandatoria por presión republicana, un siglo más tarde.

En esta nación y en el resto del mundo, la elección de Obama alentaba la esperanza de que el factor racial se reduciría aquí significativamente. Después de todo, no fue elegido solo por los negros, sino por una mayoría de blancos. Y en el gobierno actual hay muchos negros en puestos clave. Pero ha ocurrido lo contrario.

La tensión racial no ha amainado, se ha agudizado.Todo aquel que critica al gobierno es acusado de racista. Por ejemplo, los gastos excesivos en viajes de su cónyuge Michelle, hijas y amigos, propios de una familia imperial, no pueden ser objetados porque quien lo hace es del Ku Klux Klan (que era, valga aclararlo, club de los demócratas sureños).

Las encuestas electorales dan bajísimo índice de aprobación al presidente por su manejo de la economía, reflejado en el desempleo. Bordea el 70%, pero en cambio la gente dice que le gusta Obama personalmente casi en la misma proporción. Hay variaciones según el tipo de encuestados, sexo, edades, etnia, pero la tónica general es de descontento con la gestión, pero no con el hombre.

¿Cómo explicarlo? Los especialistas están desconcertados y no hallan una respuesta clara. Lo que si está claro es que Obama contará con el voto seguro de lo negros, quienes volverán a votar por él no por estar calificado para ese cargo, sino porque es negro. La mayoría de los no negros lo hará por razones ideológicas: quieren que un Estado fascista sustituya al actual.

Para la reelección operará la mafia de Chicago que llevó a Obama al poder en el 2008. Utilizarán todas las artes y mañas y todos los medios electrónicos modernos para difundir su mensaje de miedo y amenazas e inclusive intentarán fraguar un fraude con organismos ya sancionados por este y otros delitos, como ACORN.

La batalla para los republicanos será, pues, muy dura, llena de insultos, calumnias y tremendismo por parte del bando demócrata. Quien salga nominado deberá ser de profundas convicciones, impertérrito a los ataques y ardiente defensor del sistema democrático que ha hecho grande a este país. Y no deberá evadir ninguna oportunidad para desenmascarar al verdadero Obama y sus verdaderas intenciones.

Precisamente porque no hubo alguien así, capaz de enfrentarse a Obama con la verdad, es que en el 2009 llegó a la Casa Blanca un descalificado. El candidato republicano John McCain prohibió que se exija a Obama exhibir su certificaco de nacimiento en los Estados Unidos y que se le exijan también documentos acerca de su vida, sus estudios, sus amistades, su familia, sus escritos, sus viajes.

A McCain le cuestionaron su calificación por haber nacido en el Canal de Panamá, cargo que fue desvanecido. A Obama se la ha perdonado todo y hasta la fecha de su nacimiento es un enigma. A última hora, por presión del millonario comediante Donald Trump, se forjó una partida de nacimiento en Hawaii, a todas luces falsificado.

El testimonio de falsedad fue comprobado por calígrafos y expertos de computación profesionales, pero Trump y los medios de comunicación lo aceptaron como válido y definitivo y ahora nadie quiere tocar el tema. Como nadie quiere hablar de que quien mató a los hermanos Kennedy fue la mafia y no unos locos trasnochados.

En suma, todo indica que Obama ha sido un mal gobernante que no merece la reelección. Pero los tiempos actuales son turbulentos y no cabe menospreciar la capacidad de maniobra de la mafia ni el factor racial y el influjo de la ultra izquierda fascista incrustada en universidades y medios de comunicación.



Sunday, August 14, 2011

¿LA IDEA DE JUSTICIA "SOCIAL" SE ATENÚA?

En estos momentos de zozobra e incertidumbre por todo el orbe, no cabe sino aspirar a que por lo menos atenúe el influjo del mito de la justicia “social”, que es la verdadera causa de los recientes conflictos. Porque pensar en que pudiera desaparecer, sería otro mito.

La justicia no necesita de adjetivos como social ni de otra índole. Es siempre única y la misma para evaluar los aciertos y desaciertos de cualquier actividad humana. Cuando se le agrega el vocablo social es porque se busca forzar la administración de la justicia sin base a hechos.

La utopía de la justicia social tiene raíces hondas en la condición humana y por lo mismo es tan vieja como ella. El uso combinado de esos dos téminos es moderno pero siempre ha querido decir lo mismo: sanación de males e “injusticias” en las relaciones humanas mediante la igualación de los resultados.

Para no retroceder mucho en la historia, hay que recordar lo ocurrido en el siglo pasado cuando la misión de justicia social generó dos grandes guerras mundiales con millones de muertes, heridos y desolación. La fuente de las conflagraciones fue idéntica: la búsqueda de la justicia social casi con el mismo membrete, socialismo nazifascista y socialismo comunista.

Tras la victoria de los aliados, entre los que se contaba la URSS comunista socorrida por las potencias no socialistas de Gran Bretaña y los Estados Unidos, el panorama se “socializó” en Europa. No advino una revolución como la francesa o la rusa, pero si una transformación a través de las urnas y de los gobiernos sucesivos.

Churchill, el adalid de la victoria, fue marginado en el Reino Unido y los laboristas comenzaron generosamente a sobreproteger a los trabajadores y empleados con altas pensiones de jubilación, medicina y educación gratuitas, largas vacaciones pagadas y otros beneficios...que se pagaban y pagan con impuestos.

Esa política se extendió por Francia, Italia y la Europa Occidental, ya que la Oriental estaba controlada por los soviets. La generosa y protectiva actitud del Estado, que seducía a muchos, funcionaba mientras las arcas fiscales estaban llenas. Pero el decrecimiento de la población y de tributos vía anti conceptivos y aborto, la mayor longevidad y otros factores, pusieron al fisco europeo en crisis.

El aforismo tan obvio de que no hay que gastar más de lo que se tiene se aplicó al caso de estos Estados y gobiernos como se aplica para cualquier empresa privada o núcleo familiar. Cuando prevalece la razón en el sector público o la presión de los accionistas en el sector privado, la primera receta cuando el gasto excede al ingreso es restringir el gasto.

Pero el problema en el sector público es que quienes lo manejan no son los dueños ni generadores de los ingresos, sino los encaragados de gastar el dinero producido por los otros, los que trabajan y crean en el sector privado y contribuyen al fisco con impuestos cada vez más altos.

Cuando los gobiernos ven reducidos sus ingresos por el crecimiento de los gastos, o bien aumentan los impuestos o si las protestas o las negativas de los congresos (cuando los hay) lo impiden, recurren a endedudarse interna y/o externamente, hasta más allá de la cordura.

La crisis no surge abruptamente. Es un proceso que se inicia el mismo momento en que se crean gastos injustificados o sin el debido financiamiento. Va creciendo y los gobernantes y líderes de los congresos se rehusan adoptar la solución del corte del gasto porque dependen de los electores beneficiarios para ser electos o reelegidos.

Mas el conflicto no puede ser indefinido. Hace crisis cuando el endeudamiento llega al límite y más impuestos ni son factibles o agudizan la crisis. En el caso europeo, gente jubilada a los 45 años de edad, burócratas que superan en número y salario (parásitos) a los del sector privado, estudiantes sobreprotegidos e improductivos, salen a las calles a protestar, robar e incendiar.

Los líderes de Francia y Alemania pugnan por aplicar reformas. Es de esperar que se impongan, porque la alternativa será la quiebra y el caos. La situación es lamentable, pero más lo es que en el país más sólido económica y políticamente en la historia, los Estados Unidos, un presidente socialista pretenda inducirlo al socialismo estilo europeo.

Barack Hussein Obama, un mulato con la sola credencial de agitador social, ha llegado a la Casa Blanca para destruir el sistema democrático y capitalista de esta nación y sustituirlo por un régimen de justicia “social” para todos. Detesta a los ricos, a las corporaciones, a los ejecutivos, a los que ganan más de 250.000 dólares al año y quiere que sus impuestos sean elevados porque ganan demasiado y muy poco los que están por debajo de esa escala.

Acaba de obligar a demócratas y republicanos a que el Congreso le autorice aumentar el límite o techo de endeudamiento a más de 14 trillones de dólares, equivalente al PNB de este país, mientras flota una vaga posibilidad de reducir el gasto en una cifra por determinarse. En otras palabras, en los Estados Unidos parece haberse perdido el sentido común de manejar el simplísimo axioma de “no gastar más de lo que se tiene” o debe.

Por fortuna, no son todos. El movimiento Tea Party se organizó hace algo más de dos años precisamente para dar la voz de alarma ante este descabellado déficit y endeudamiento. Los resultados fueron contundentes: en noviembre pasado, en las elecciones de medio tiempo, los partidarios de ese grupo arrasaron contra Obama en las elecciones.

Obama, arrogante como siempre, desoyó el mandato y envió al Congreso tras dos años de demora una propuesta presupuestaria...en que aumentaba el gasto, sin recortes. La proforma fue rechazada en el Senado de mayoría demócrata por 97 votos a 0. Y desde entonces no ha enviado una propuesta supletoria.

Exigió que se le autorice aumentar el techo sin chistar. Fue negado. Salió casi a diario a la radio y la TV a insistir, acusando a los opositores de querer bloquear el pago a soldados, jubilados y desempleados. Fue tanta la presión que los republicanos cedieron con la esperanza de que un comité especial proponga recortes significativos hasta el Día de Acción de Gracias el próximo noviembre.

Mientras tanto, la táctica de Obama se ha orientado a responsabilizar al Tea Party y a la oposición republicana de generar la crisis que motivó la degradación del crédito norteamericano por primera vez en su historia. Se ha dicho que ello sería como acusar a Paul Revere de ser el causante de que “ya lleguen los británicos en Boston”, a disparar contra los revolucionarios.

Desde comienzos de año los republicanos han clamado y presentado planes para bajar el déficit y la deuda. Siempre ha habido la negativa de Obama y sus demócratas. El conflicto sigue insoluble a tal extremo que existe la convicción de que si no se sustituye al actual jefe de gobierno en el 2012, todo empeorará.

Obama y su clan, que detestan al capitalismo, insisten en que es el gobierno el que crea empleos. Ya echaron al mercado 890.000 millones de dólares y el desempleo subió al 9.2%. Intervinieron la General Motors al borde de la quiebra con millones de dólares, pero sirvió solo para proteger los privilegios al estilo europeo de los sindicatos. E igual en otros sectores.

Los demócratas aparecen como redentores de los desprotegidos, por obra de la doctrina de la justicia “social”. Es falso. La Guerra Civil se desató por la oposición demócrata a abolir la esclavitud. El voto a la mujer se obtuvo a comienzos del siglo pasado pese al veto demócrata. Los negros no pudieron acceder a todos sus derechos tras la victoria de Lincoln en la Guerra Civil, por feroz oposición demócrata.

Los Derechos Civiles con Lyndon Johnson se aprobaron con apoyo republicano y originaron la doctrina de la Gran Sociedad para desterrar la pobreza con justicia “social” y desde entonces la mayoría negra relativamente se ha empobrecido más, al igual que las minorías hispanas.

La quiebra del sistema obedece al influjo demócrata y su criterio de justicia “social”...con dinero ajeno. Forzaron la entrega de hipotecas a todos, incluso a los que no tenían recursos para pagar con garantía a la banca de respaldo fiscal. La industria de la construcción se disparó, pero era una burbuja que a la final estalló, destrozando a la economía nacional y mundial.

La seguridad social y la atención médica también peligran y hay que diseñar algún método, acaso como en Chile, para que se auto finance. Pero Obama y los demos lo rechazan. Dicen que es afectar a ancianos y a enfermos. Se les aclara que el cambio es solo para los de 54 años de edad y menos, pero ignoran la aclaración para distorsionar y aterrar.

Los demócratas, representados en los grandes periódicos y estaciones de TV, afirman que el Tea Party es responsable de la degradación de la deuda y de la deuda en si, que es como acusar de un incendio a los bomberos. Y afirman que las encuestas respaldan su opinión. No hay tal. En las elecciones pre primarias de ayer en Iowa triunfó Michelle Bachman, fundadora del Tea Party.

En Wisconsin el gobernador republicano libró una batalla para imponerse a los sindicatos de profesores y de empleados públicos para reducir el gasto y los privilegios excesivos. Con el apoyo de Obama y 35 millones de dólares de la unión nacional de sindicatos, los sindicalizados pidieron la revocatoria del mandato de los legisladores “culpables” y perdieron.

Los medios demócratas dieron abundante publicidad previa a las elecciones en Wisconsin, suponiendo y deseando que los Tea Party perdieran. Comparaban el acto con la “épica” primavera de Egipto. El sindicalismo perdió, pero los medios ignoraron los resultados.

El concepto de justicia “social”, sin duda, ha sufrido el duro impacto de la realidad en Europa y los Estados Unidos y lo seguirá teniendo en otros países menores, como el Ecuador. Debe modificarse, no hay otra opción. La de que desaparezca, como se dijo, es un imposible dada la condición ilusa que se anida en muchos almas jóvenes, acaso bien intencionadas, pero que en muchos perdura hasta la vejez.


Friday, August 5, 2011

LA ÚNICA OPCIÓN: ECHARLO DE LA CASA BLANCA

Barack Hussein Obama lleva casi tres años en la Casa Blanca y para quienes quieren reelegirlo su desempeño ha sido brillante, pero desastroso para los que buscan evitar su reelección como única vía para salvar a los Estados Unidos y al resto del mundo democrático.

La ideología de Obama y sus seguidores se basa en la convicción de que el sistema democrático capitalista no conduce a la justicia social que ellos preconizan, por lo cual hay que sustituirlo por otro en el cual la ingerencia del Estado y concretamente del Ejecutivo sea decisiva para redistribuir la riqueza acumulada en manos de unos pocos.

La justicia social, según ellos la entienden, tiende a la formación de una sociedad igualitaria en la cual todos tienen iguales ingresos y en la que se elimina la competencia y el libre mercado de ideas, bienes y servicios, que conlleva compensaciones diferentes para los dueños de las iniciativas en los distintos campos de la actividad humana.

La idea no es nueva, muchos la han intentado aplicar en variada forma y todos han fracasado. Porque la utópica igualación no podría darse sino con la aplicación de la fuerza por parte de quienes gobiernan como reyes, dictadores, emperadores o caudillos. Pues nadie cede voluntariamente el fruto de su esfuerzo.

Cuando Stalin abolió la propiedad privada de la tierra y forzó a los granjeros a adherirse a las granjas colectivas, hubo 30 millones de muertes, sea por rebeldía, sea por hambre debido a la caída en picada de la producción agropecuaria.

La Revolución Francesa se sustentó en los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Aún muchos suspiran por ellos, pese a que son contradictorios entre sí: o tienes libertad o tienes igualdad y si no tienes libertad, no tienes fraternidad. La Revolución se anegó en sangre y tanta, que no justificó sus logros de transformación.

Algo más de una centuria más tarde advino la Revolución Rusa con Lenin y el pretexto para los degüellos colectivos fue también la búsqueda de la igualdad. Las cabezas de la monarquía rodaron, pero los siervos no alcanzaron ni libertad ni felicidad. Siguieron siendo parte de un gigantesco rebaño pastado por una élite de hierro, primero con Lenín, luego con Stalin.

Pese a las evidencias históricas persiste en muchos la inclinación por la utopía de la igualdad, llamada hoy justicia social. El ejecutivo fuerte, que todo lo orienta y domina, fue comunista y nazi fascista en el siglo pasado. Unidos los unos en un Eje nazi, ambos quisieron imponerle al mundo sus ideologías mediante guerras, infiltraciones, propaganda y sublevaciones. No pudieron.

Pero la idea sobrevive. Tras la derrota del Eje, en Gran Bretaña el gran campeón anti nazi y anti comunista, Winston Churchill, fue derrotado en las elecciones y sustituido por un laborista/socialista. Desde entonces, allí y en el resto de Europa Occidental comenzó a propalarse la figura del Estado protector, del Estado/bienestar que busca mitigar con dádivas a los que menos tienen.

El problema fue y es que las dádivas tienen un alto costo que las alcancías del fisco no pueden llenar sino con impuestos, pues los gobiernos no son creadores de riqueza. Su papel es exclusivamente el crear el ambiente propicio para que el sector privado produzca y tribute, mas sin llegar al extremo de la confiscación.

Cuando el fisco recibe menos dinero del que gasta en beneficios para los sobreprotegidos, que con el aumento de los índices de vida son cada vez más numerosos que los que trabajan y aportan, sobreviene la crisis. Ello es lo que está ocurriendo en Europa con los casos salientes de Grecia, Italia, España, Portugal e Irlanda.

Lo dramático es que Obama, con sus tres años en la Casa Blanca, ha hecho todo lo posible con sus genuflexos demócratas para llevar a los Estados Unidos por la ruta hacia el desastre económico como en Europa. La deuda, con la reciente licencia del Congreso para elevar el techo, ya ha llegado a 14 trillones de dólares, equivalente al valor total de la economía norteamericana.

Y Obama sigue prometiendo más gasto público para mejorar la economía y el empleo, que aún está por sobre el 9% (o 17%, según analistas). Al inicio de su administración lanzó al mercado más de 890 mil millones de dólares y los resultados han sido nulos. Para el acuerdo sobre el techo, aceptó que no crearía más impuestos para no empeorar la crisis, como lo exigieron los republicanos.

Pero tan pronto como firmó el decreto del acuerdo, volvió a amenazar a los “ricos” con más tributos, reclamándoles que tienen que ser parte del sacrificio para estabilizar deficit y deuda. No mencionó que el 51% de la población no paga impuesto a la renta y que la minoría con mayores ingresos aporta con el 90% en ese rubro.

La intención de Obama es clara: atacar a los ricos, azuzar la lucha de clases como cualquier caudillo de menor cuantía. Puesto que en los Estados Unidos no caben rebeliones estilo república bananera, el embate contra el sistema democrático y capitalista lo hace a través de impuestos cada vez más confiscatorios y con regulaciones prohibitivas a la inversión.

Así no se crean empleos. En un reciente debate popular por TV alguien le preguntó a una partidaria de Obama: ¿cuándo fue la última vez que un pobre te dio empleo? Los creadores de empleo son aquellos con virtudes empresariales, inventiva, capacidad de ahorro e inversión. Son ellos los que forman empresas que emplean...a los pobres.

Hay otro gran empleador, por supuesto: el Estado. En los Estados Unidos, como en Grecia y demás países europeos, la burocracia ha crecido como un cáncer y ahora el promedio de sus salarios es más alto que en el sector privado, los funcionarios se retiran a temprana edad y con pensiones de envidia.

Pero ¿de dónde saca el Estado el dinero para pagos tan generosos? Una votante por Obama, entrevistada por TV, decía que votaba por él porque confiaba que su situación financiera mejoraría una vez que resultara elegido. ¿Y cómo así, con qué dinero? se le preguntó. A lo que respondió: pues de las alcancías de Obama...

Margaret Thatcher decía que el socialismo es una gran cosa hasta que se acaba el dinero de los demás. Ese dinero se está acabando en Europa y se está acabando en los Estados Unidos de Obama. La deuda colosal y el déficit no van a solucionarse con más impuestos. Aún si toda la riqueza de los “ricos” fuese tomada por asalto directo, no haría mella alguna en la deuda. La raíz del problema está en el gasto, no en los ingresos, igual que en Europa.

El virus del socialismo/justicia social ha degenerado aquí la noción y papel de los sindicatos. Éstos se justifican en el sector privado porque permiten el diálogo con el inversionista en procura de ventajas para los trabajadores. Pero no con posiciones extremas. El caso típico es el de la General Motors, la mayor fabricante de automóviles.

La corporación entró en virtual quiebra por los excesos exigidos por sus sindicatos o unions. Había jubilados a los 45 años de edad, pensiones mayores que los mejores sueldos ganados, pagos por no trabajar por años, prebendas para educación, alimentos y más. Obama decidió subsidiar con 15 mil millones de dólares a la compañía, sin posibilidad de que se revisen y reformen las causas del mal: los sindicatos abusivos.

Pero si los sindicatos se justifican en el sector privado, son inaceptables en el sector público. En una empresa privada, una concesión patronal en favor de los obreros se compensa con ajustes gerenciales y de productividad. En el sector privada, la contraparte gerencial no existe: si se cede a las exigencias sindicales, el único recurso de compensación es más impuestos. Como lo está haciendo Obama.

La solución a la crisis que azota a los Estados Unidos, con repercusiones en todo el mundo, sería simple: bajar los impuestos a todos, incluídas las corporaciones y empresarios y a las ganancias de capital, así como abolir las restricciones y regulaciones al mercado, que han aumentado en este régimen a niveles solo comparables con el tercer mundo.

Pero Obama no es un Clinton. Éste, igualmente demócrata, rectificó sus políticas socialistoides cuando en su primer período tuvo votaciones tan negativas como las de Obama en noviembre pasado. Y Clinton ganó la reelección con amplio margen. La diferencia está en la ideología pro socialista/justicia social, que en Obama es un artículo de fé.

Por eso no reaccionó ni cambió con los comicios del año pasado. Solo cambió en algo su retórica, para acusar a su predecesor George W Bush y a los republicanos de todos los males de la economía actual. En la lucha por el alza del techo de endeudamiento demonizó a la republicanos afirmando que se oponían para hambrear a los viejos jubilados y dejar de pagar a los veteranos de guerra y asistir a los enfermos sin recursos.

Inicialmente pidió aumento del techo de endeudamiento sin límite ni condiciones. Pero en la Cámara de Representantes dominan hoy los republicanos y le cerraron el paso. Claro que el acuerdo final no es ideal, pero demuestra una baja en el autoritarismo de Obama. No hay que olvidar que los demócratas controlan la Casa Blanca y el Senado.

Quedan pendientes los debates y la aprobación de recortes del gasto, que es parte del compromiso. Impredecibles los resultados hasta la fecha tope del Día de Acción de Gracias. Pero la maquinaria manipuladora de la mafia de Chicago, que maneja a Obama, es terrible y ningún recurso para vencer, por vedado que sea, dejarán de utilizarlo.

En consecuencia la verdadera meta, para quienes consideran que Obama es el mayor peligro para el sistema democrático y capitalista de los Estados Unidos, es vencerlo en las próximas elecciones presidenciales de noviembre del 2012. Y consolidar la actual mayoría en la Cámara de Representantes y recuperarla en el Senado.

De otro modo y salvando las diferencias de fondo y forma, podrían tener razón quienes sostienen que USA está en proceso de extinción, como la Roma imperial.


Friday, July 22, 2011

¿LIBRE EXPRESIÓN EN EL ECUADOR?

Está bien que se registre una notable reacción nacional e internacional en contra de la decisión del juez al servicio del presidente Correa del Ecuador, de sancionar al Diario El Universo de Guayaquil con 42 millones de dólares y prisión de tres años para un columnista y tres ejecutivos.

La sentencia es absurda e injustificada y realmente no merece comentario. Lo que si es lamentable es que se haya producido por la debilidad de los medios de comunicación, incluído El Universo, que prefirieron adoptar una actitud esquiva frente a los constantes ataques matoniles contra la prensa proferidos casi a diario por el mandatario.

El diario porteño por algún tiempo respaldó a su columnista Emilio Palacio, Director de la página de Opinión, que en un escrito acusó a Correa de ser el responsable de muertos y heridos durante un incidente en el hospital de la Policía de Quito, al cual el Presidente acudió en actitud de matón de barrio para sofocar un supuesto motín policial pro alza salarial.

Correa dijo que Palacio lo insultó y que si no había rectificación del Diario le plantearía un juicio por 80 millones de dólares y prisión para el periodista y tres ejecutivos condueños de la corporación. Éstos no se rectificaron y, al contrario, mantuvieron en su cargo y con su columna a Palacio.

A última hora, el Diario claudicó. Aceptó la renuncia del columnista y al iniciarse el juicio ofreció a Correa publicarle una rectificación como a él se le antojase, en el tono, el espacio y el despliegue que a él le complaciera. Frente a esta oferta extemporánea y servil ¿qué podía esperarse de Correa? ¿La suspensión del juicio? Eso quería Palacio al renunciar y así lo creían y querían los directivos. A ello el gobernante dijo no. Y no también a la humillante promesa de publicar tardíamente la rectificación.

Correa más bien prefirió viajar a Cuba para celebrar la sentencia con su clon Chávez, enfermo de cáncer y con su mentor inmortal, Fidel Castro. Tras esa minivacación en la isla es probable que Correa disfrute por algún tiempo más la humillación (auto infligida) del diario El Universo y que en su “maganimidad infinita” y ante la presión internacional, decida reducir la severidad de la sentencia por propia voluntad.

El Comercio se ha sumado a la protesta en su edición de hoy, dejando los espacias de sus columnistas en blanco, salvo una frase en defensa de la libertad de expresión. Cuando se entere de ello, Correa si no lanza otro vituperio contra los periódicos y los periodistas, al menos se sonreirá burlonamente.

Sería la sonrisa del vencedor. Primero fueron dos periodistas de TV y otros dos autores de un libro los que más desagradaron al líder. Terminó arrasándolos y Jorge Ortiz y Carlos Vera se vieron forzados a renunciar a los canales en que trabajaban. Luego vino Palacio y ahora le toca a El Universo. Nada difícil que allí termine la lista.

Pero no porque Correa súbitamente se vuelva demócrata y tolerante, sino porque los medios callarán por miedo, atreviéndose máximo a dejar espacios en blanco como ahora lo ha hecho El Comercio. No es así como se gana una batalla desatada contra los medios por un inescrupuloso que ve en ellos un obstáculo a su forma dictatorial de gobernar.

¿Qué tal si los medios, individual o colectivamente, frenaban los insultos y amenazas que contra ellos profirió Correa desde el inicio mismo de su gestión, mediante boicots similares pero más enérgicos que las columnas en blanco divulgadas hoy por El Comercio?

La mayoría de lectores y tele y radio oyentes habría respaldado esa actitud. La gente admira y gusta de liderazgos firmes y desprecia acciones pusilánimes, complacientes y serviles ante los autócratas. ¿Han ganado algo los medios con su falta “estratégica” de firmeza? Todo lo contrario: la respuesta la acaba de dar la infructuosa humillación de última hora de El Universo.

La decisión este momento ya no depende de los medios, que fallaron. Ahora todo queda en manos del mandatario quien seguirá en Cuba festejando su victoria con Raúl y Fidel Castro, más su carnal Chávez. Tras sumarse al cántico de La Llanera, uno se imagina a un satisfecho y alborozado Correa gritar a voz en cuello a sus compinches: “Misión Cumplida”, maestros.


Sunday, July 17, 2011

LA PRENSA SE ARRODILLA ANTE CORREA

El Diario El Universo de Guayaquil le había arrebatado al Diario El Comercio de Quito el liderazgo en la defensa de la libertad de expresión, frente a los constantes ataques del presidente Rafael Correa contra el periodismo independiente en general y contra los medios y periodistas que lo defienden.


Uno de sus columnistas, Emilio Palacio, quien era además director de la página de Opinión del Diario, había escrito un artículo crítico a los sucesos ocurridos el 30 de septiembre pasado en el hospital de la Policía de Quito, tras la incursión irresponsable del Presidente que terminó con la muerte de uno o más ciudadanos, debido a un asalto militar por él ordenado.


Palacio opinó, con todo el derecho que en una sociedad libre existe para opinar, que la acción presidencial fue imprudente e innecesaria, que ningún policía secuestró a Correa como él falsamente ha alegado y que, en consecuencia, la responsabilidad por las muertes evitables recaía exclusivamente sobre el mandatario.


A Correa no le gustó la visión de Palacio, como no le gusta el criterio de nadie que con él discrepe y dispuso que se le siga un juicio al periodista y al medio que lo publicó, demandando una multa de 80 millones de dólares y la prisión para el periodista y los tres más altos dirigentes y propietarios de El Universo, los hermanos Pérez.


En un comienzo, el diario porteño se mantuvo firme y solidario. Negó los cargos y estuvo dispuesto a litigar y contradecir la absurda demanda multimillonaria. Emilio Palacio continuó escribiendo artículos de condena al autoritarismo de Correa y todo parecía que el caudillo se enfrentaría, por fin, a un hueso duro de roer, a un diario difícil de doblegar.


Pero hace un par de días, Palacio renunció sorpresiva e irrevocablemente a su cargo en el diario y a mantener su columna, dizque para evitar así que el juicio de Correa continúe y para que él y sus patronos salgan indemnes del conflicto. El Universo aceptó la renuncia, en señal de debilidad que ni siquiera le reportará el beneficio de la suspensión del litigio: Correa ordenó a sus jueces súbditos que continúen con la demanda.


La actitud del diario guayaquileño deshace la impresión de que mantendría con vigor la defensa del principio de libre expresión. No es verdad que el medio que publica o divulga una información u opinión de alguno de sus reporteros o columnistas esté exento de responsabilidad, cuando surge una querella planteada por alguien que se sienta afectado.


La opinión del columnista es de su sola responsabilidad, siempre que implique injuria o calumnia. En ese caso le toca a él responder en los tribunales sobre los cargos y acatar las sanciones contempladas en la ley si resultare culpable. Y si se tratara de una información, es el medio el que tiene que rectificar si fuere falsa la noticia y someterse a la sanción legal en caso culposo.


El caso de Rupert Murdoch y su imperio noticioso News Corp., es evidente. Uno de sus medios cometió crímenes prohibidos para extraer informaciones y no son los reporteros sino los dueños y altos ejecutivos del imperio los principales responsable por los gravísimos cargos. Los ejecutivos, por cierto, han renunciado de inmediato.


Lo ocurrido con Palacio y El Universo es diferente. Palacio pudo haberse equivocado u ofendido al Presidente Correa, pero para enderezar la situación si estuviere torcida, hay leyes anti libelo claras en su contenido y procedimiento que el régimen autócrata ha ignorado. La demanda por 80 millones de dólares de multa y los pedidos de encarcercelamiento para ejecutivos y periodista rebasa toda ley, toda cordura y sentido común.


Dentro de este enfoque, la posición de El Universo era loable. Ante los excesos del mandatario, había que defender no solo a la institución sino al periodista al que empleaba y al cual autorizó que continúe escribiendo. Era el mínimo gesto de protección para una víctima injusta de un enemigo declarado de la libre expresión del pensamiento.


Ahora Palacio queda solo, como han quedado solos otros periodistas de opinión que osaron cuestionar a Correa: Jorge Ortiz, Carlos Vera y Juan Carlos Calderón. Sus casos y personalidades son distintas pero tienen todos algo en común: han sido brutalmente vejados y expulsados de sus medios por quien no cree en algo fundamental para el sistema democrático: el derecho a discrepar sin la amenaza de ser silenciado por la fuerza.


El odio a los medios de comunicación discrepantes ha sido una constante en los discursos de Correa, prácticamente desde los inicios de su ya prolongado gobierno. Su tribuna favorita son los enlaces radiales de los sábados, en los cuales sus monólogos son diatriba permanente contra personas y diarios o radios y televisoras que divulgan críticas a su adminstración.


Lo ha hecho con los epítetos más canallescos y sus amenazas no son tácitas sino explícitas: hay que acabar con los medios corruptos y mediocres. ¿Cómo? Confiscándolos, en unos casos. Amedrentándolos en otros. Ordenando leyes cada vez más restrictivas sobre la propiedad de medios. O atacando directamente a los periodistas y amenzándolos con juicios y prisión, hasta ser obligados a renunciar a los medios, por falta de respaldo.


Frente a las acciones y amenazas explícitas contra los medios y el principio de la libre expresión, la reacción de los medios no ha sido lo suficientemente frontal y resuelta. Algunos columnistas son críticos de las gestiones gubernamentales, pero en cambio el caudillo no ha tenido la respuesta que debió tener para frenar sus amenzas.


El Comercio siempre mantuvo un liderazgo en esta materia. Cuando autócratas como José María Velasco Ibarra pretendieron imponer la publicación de un escrito que afectaba a otro medio, La Nación de Guayaquil, el Director de entonces se negó y prefirió ir a la cárcel antes que claudicar. En esta ocasión, frente a Correa, la actitud ha sido pusilánime y ello explica que el caudillo siga conquistando victoria tras victoria en su empeño de silenciar a quienes no piensan como él.


Cuando Jorge Mantilla Ortega estaba al frente del Diario ya se exploraba la idea de reunir a los propietarios de los principales medios para expresar eventualmente y de forma conjunto la opinión de los medios frente a problemas conflictivos de interés nacional o que afectaran específicamente al derecho a la libre expresión.


La idea no era aceptable para Jorge Mantilla Ortega. El Comercio, decía, expresa y expresará su criterio de modo inpendiente cada vez que fuere necesario. No en conjunto, no en rebaño. Si alguien quisiera sumarse a la posición de El Comercio, bienvenido. Pero jamás la institución comprometerá su pensamiento al de otros, por respetables que sean.


Los resultados están a la vista. Correa está orgulloso de haber doblegado y seguir doblegando a la “prensa corrupta” y a su juicio ése será uno de sus mejores legados de su paso por el gobierno. El consejo que dió al presidente electo del Perú, Humala, fue coincidente: comience por demoler a la prensa corrupta de su país. señor! le dijo cuando lo visitó en Quito. Y la AEDEP hizo mutis.


Los judíos fueron complacientes con Hitler en las elecciones de 1933 y votaron por él. El pago de ese gesto fue el Holocausto. Ahmadinejad, el amigo de Correa y de Chávez, ha prometido una y otra vez borrar del mapa a Israel y liquidar el imperio yanqui, para lo cual se está armando nuclearmente. La respuesta de Obama ha sido: hay que dialogar con él...


Correa es enemigo abierto y confeso de los medios indpendientes. No se trata de un plan oculto: es una misión suya si no diaria, al menos de todos los sábados. Y se traduce en actos concretos: ha lanzado fuera de borda a cuatro periodistas y no ha salido nadie a rescatarlos. Probablemente no haya más bajas, porque Correa se ha impuesto con el miedo.


Un columnista de El Comercio publicó hace poco un comentario sobre un proyecto de infraestructura que parcialmente sería financiado por el Estado. Se le observó que no había alusión al modo de financiamiento, inexistente, poco claro o fraudulento. Aclaró que deliberadamente se abstuvo, pues un artículo crítico suyo anterior a Correa le significó un rastreo en su historia de impuestos y una sanción por alguna omisión de pago, que le costó mucho dinero.


Este señor es muy malo, dijo, no quiero arriesgarme otra vez. Esa parece ser la tónica general que prevalecerá en el periodismo ecuatoriano para el resto del mandato de Correa, que a este ritmo podría prolongarse igual o más que el de Chávez. Silencio, acomodo, complicidad. Hasta que algo grave ocurra con las empresas independientes que hasta ahora sobreviven.


Otra victoria de Correa: Lay ley reguladora de medios, que Correa ha ordenado a la Asamblea que la apruebe sin chistar . El axioma universal de que la mejor ley de medios es la que no existe, como defendía Jorge Mantilla Ortega en su tiempo, también será sepultado por la falta de entereza del gremio empresarial periodístico.

Friday, June 24, 2011

¿HAY QUE AMAR U ODIAR LAS GUERRAS?

Parece absurda la necesidad de buscar una autoridad o celebridad para respaldar un concepto obvio y de sentido común: que si por cualquier razón te vas a la guerra, el objetivo central es que salgas de ella victorioso. De otro modo, rehúyela.

En estos días se ha recordado una máxima al respecto del general Douglas McArthur. Él dijo algo sin réplica: la única opción para ir a la guerra es ganarla. Y para ello la nación involucrada tiene que dotar a los militares de todos los recursos bélicos, jurídicos, morales y económicos para derrotar al enemigo.

McArthur fue relevado del comando de las fuerzas norteamericanas en Corea cuando quizo más poderes para derrotar a los comunistas de Corea del Norte que ayudados por China y la URSS atacaron a Corea del Sur, la debilitada fracción geográfica aliada a los Estados Unidos. Quería el general inclusive la opción nuclear si era necesario.

La II Guerra Mundial en el Pacífico se inclinó a favor de los Estados Unidos y sus aliados solo cuando dos bombas atómicas arrojadas en el Japón disuadieron a los japoneses de insistir en sus esfuerzos suicidas por seguir en una lucha imposible. Sin las dos bombas, la guerra se habría prolongado por uno o dos años más con el sacrificio de al menos 500.000 soldados norteamericanos.

La guerra en Corea concluyó en un armisticio, esto es, sin una victoria ni para las Naciones Unidas que propició la intervención militar ni para los Estados Unidos. Corea del Norte continúa aislada y gobernada por una dinastía autocrática sustentada en el terror y el hambre de un pueblo que no conoce la libertad desde hace más de 60 años.

China y la URSS, estimuladas con el fiasco bélico de Corea, azuzaron a Vietnam del Norte para extender el comunismo hacia el sur de la provincia, igual que lo intentaron en Corea. Le meta de Moscú y Beijing era extender el manto rojo del comunismo por todo el orbe mediante la infiltración, el apoyo a la insurgencia interna y la propaganda anti norteamericana y anti capitalista.

La expansión imperial roja tenía que ser frenada y, como siempre (por lo menos hasta la fecha), con la participación definidora de los Estados Unidos y sus aliados. La victoria militar yanqui era inminente, como lo admitieron los líderes vietnamitas Ho Chi Mihn y Nguye Giap, pero todo se vino al traste por la obstrucción política de los demócratas respaldados por los principales medios de comunicación.

Las tropas norteamericanas, sin fondos del Congreso, fugaron precipitadamente de Vietnam y luego sobrevino la invasión y represión comunistas en el Sur, Laos y Camboya, con casi dos millones de muertos y la implantación de un régimen comunista que hambreó a las poblaciones sojuzgadas.

Las guerras, como las enfermedades en los seres vivientes, existirán mientras seres vivos haya en la tierra. No por aborrecer de las guerras éstas desaparecerán. Nadie se contagia voluntariamente de una gripe o de un cáncer. Estos males, como las guerras, sobrevienen súbitamente y el único recurso que queda es el antídoto para derrotarlos.

En el siglo pasado los grandes detonantes de las guerras fueron el nazifascismo y el comunismo. En el primer caso, el expansionismo del Eje fue destruido en alianza con el comunismo. Pero tras el nazifascismo advino con más fuerza el comunismo de Moscú y Beijing, al unísono para imponer un estilo de vida y de gobierno centralista y antidemocrático.

La doctrina comunista/socialista se irradió por el mundo y sedujo a muchos intelectuales y artistas que prefirieron ignorar el costo de más de 90 millones de vidas de disidentes en China y más de 30 millones entre disidentes y muertos por inanición en la URSS. La idea o utopía socialista, aún cuando las vidas en esas dos naciones hayan cambiado, continúa rampante por todos lados.

Incluídos los Estados Unidos, que ahora tiene a uno de sus cultores como presidente en la Casa Blanca. La tendencia pro socialista se acentuó en el país a partir del decenio de 1960 con la guerra de Vietnam. Hasta esa fecha, el servicio militar era obligatorio y los jóvenes que estaban gozando de un boom económico de posguerra sin precedentes, se negaron a ir al frente de batalla.

No era por razones humanitarias, por dolor de las víctimas de la guerra, sino por comodidad. Luego el movimiento anti draft o anti conscripción tomó los ribetes de pacifismo (con traidores como la actriz Jane Fonda), pero a poco de la retirada en derrota de Vietnam, nada dijeron de las masacres a manos de los comunistas en Vietnam, Laos y Camboya.

De todos modos el influjo izquierdista a través de los principales medios de comunicación audivisuales y escritos en contra de la guerra y los militares y en contra específicamente de lo que califican como acciones del imperialismo yanqui en el plano militar externo, ha sido funesto. Lo militar yanqui era sinónimo para ellos de carnicería y se burlaron de los informes con pruebas del senador McCarthy en contra de políticos y periodistas norteamericanos que recibían sueldo de Moscú para difundir la doctrina roja.

Símbolo de los resultados de esa actitud anti militar fue el desastroso intento del presidente demócrata Jimmy Carter por rescatar a los rehenes de la sede diplomática en Teherán. Los aviones se esrtrellaron en el desierto y los diplomáticos salieron libres solo cuando Ronald Reagan lo sustituyó en el poder en enero de 1981, tras 444 días de cautiverio.

Reagan tenía otra óptica, aun cuando no fue infalible. Pese a la oposición de toda la izquierda y los medios de comunicación, enfrentó a la URSS en su desafío por implantar bases de cohetería atómica SAM en la frontera europea de la Cortina de Hierro. Ordenó la instalación de misiles Pershing y ello desató una guerra económica en la cual salió perdiendo la URSS hasta su disolución pacífica en 1989.

(Pero Reagan se equivocó tras la masacre de 161 soldados norteamericanos en Beirut: en lugar de ordenar la retaliación contra los terroristas, decidió el retiro de todas las tropas. Ello fortaleció al terrorismo en el Medio Oriente).

La URSS se fraccionó y se abrió a la inversión y ciertas libertades, como por su parte lo hizo China. Las economías allí se fortalecieron y diversificaron, aún cuando están distantes de sustentarse en un sistema capitalista de libre competencia, comparable al de los Estados Unidos. Pero las ciudades han cambiado y hay áreas geográficas de notable desarrollo debidas en gran parte a la inversión de capitales, ciencia y tecnología occidentales.

Aparentemente, con esos logros, la guerra fría se ha enfriado aún más. Pero el calor ha llegado de otro lado, del lado de los árabes que han aplicado tácticas de terror para golpear al enemigo de siempre, el capitalismo democrático encabezado por los Estados Unidos. Los izquierdistas están desconcertados con este nuevo enemigo, pero con su prejuicio endémico anti militar, piensan que el diálogo y no la guerra militar, es la respuesta.

El poder bélico, con ser todavía el mayor en el mundo, ha sufrido graves quebrantos en los Estados Unidos como resultado de esa noción negativa brotada en el decenio de 1960. Con Bill Clinton, el presidente demócrata que sucedió a Bush padre, vencedor en la guerra inconclusa del Golfo, los recursos para las fuerzas armadas disminuyeron al mínimo así como la capacidad operativa de la CIA.

Los signos de debilidad explican los dos ataques a las torres gemelas. Y aunque George W Bush emprendió en dos guerras de retaliación en Afganistá e Iraq, no fue capaz de pedir la declaratoria formal de guerra al Congreso (sino solo una autorización de intervención militar) para aplicar todas las medidas políticas y económicas indispensables para movilizar a la población a favor de la causa.

Tampoco supo o quiso oponerse al influjo izquierdista para debilitar el concepto militar tradicional. Las “rules of engagement” o reglas de comportamiento para guerrear, maniatan al soldado. El trato igual al ingreso de mujeres, disminuye los estandares de rigor en la preparación de los soldados. Ahora se ordenó aceptar y dar igual trato a los abiertamente homosexuales de ambos géneros lo cual no logrará sino feminizar aún más a las fuerzas armadas.

El presidente Obama, opuesto sistemáticamente a todo lo militar de los Estados Unidos, acaba de disponer el comienzo del retiro de las tropas de Afganistán y sucesivamente de Iraq. Sin victoria. La desazón en la población civil de esos países es evidente. En Afganistán terminarán por volver al poder los talibanes que albergaron al Al Qaeda para los ataques a las Torres Gemelas en 9/11. En Irak estallaron ayer dos bombas que mataron a 40 e hirieron a más de 80, lanzadas por adictos a Irán.

La huída de Afganistán e Iraq fortalecerá a Ahmadinejad de Irán y a sus aliados en Siria, Egipto, Libia y más países árabes que buscan la extinción de Israel y el debilitamiento de los Estados Unidos. Obama fue a pedirles perdón a los árabes en El Cairo por los excesos cometidos por los yanquis en el pasado. Ahora complementa su promesa con la renuncia a la victoria.

Lo de Libia es una charada. Obama y sus súbditos demócratas querían que la Cámara de Representantes le exima de pedir autorización para la guerra allí, de mano de la OTAN. Los diputados le dijeron no, pero no bloquearon los fondos como en el caso de Vietnam. Es una paradoja propia de estos tiempos.

¿Por qué Obama, el pacifista “anti war”, quiere seguir en guerra con Gadhafi, máxime si no ha habido ningún ataque de su parte contra los Estados Unidos ni existe peligro para la seguridad interna de la nación? Nadie tiene la respuesta. Pero está clara la profunda hipocresía de los demócratas.

Si no se detiene a Obama en su afán de ser reelegido en el 2012 con apoyo de la mafia de Chicago, el poder bélico norteamericano seguirá en declinación. ¿Cuál el pronóstico? El mismo que se daría a cualquier paciente que se resistiera a robustecer su sistema inmunológico para tratar en los posible de evitar la enfermedad.


Friday, June 10, 2011

BRUMAS PARA EL 2013

Cuando Barak Hussein Obama fue impulsado por la mafia de Chicago para que se presente como candidato a la nominación presidencial por el partido demócrata en el 2008, sus debilidades eran de tal magnitud que un análisis objetivo le negaba toda posibilidad de victoria.

Pero triunfó frente a la favorita Hillary Clinton, cónyuge del Presidente perjuro Bill Clinton que escapó de la censura del Congreso por otra de esas incógnitas del sistema democrático. Pero una vez nominado, había todavía la esperanza de que el rival republicano lo pudiese derrotar.

No fue así, tanto por la destreza de la mafia de Chicago como por la ineptitud del republicano, John McCain, quien se moría de miedo de que alguien de su grupo se atreviese a criticar lo más sensible de Obama: su lugar de nacimiento, su experiencia política y administrativa nula, su tendencia al extremismo de izquierda antinorteamericano -todos defectos comporbables con hechos.

La mayoría de votantes no obstante quedó fascinada con el postulante demócrata, cuya desventaja de 0 experiencia más bien le sirvió de ventaja frente al avejentado y amedrentado McCain. Triunfó en las elecciones con cómoda ventaja y al posesionarse, prometió la felicidad sin esfuerzo para todos y el adiós a las armas para lograr la paz universal.

Era predecible que todas sus promesas serían un frasco y que la aplicación de sus utópicas regulaciones para quebrar al sistema capitalista, origen según él de todos los males del mundo, ahogaría la economía no solo de los Estados Unidos sino la global. A menos de tres años de su gobierno USA está al borde de una segunda Gran Depresión, igual a la del decenio de 1930.

Los indicadores están a la vista. El desempleo subió al 9.1% y el subempleo al 17%. La deuda alcanza la cifra abismal de 14 trillones de dólares (si regresivamente se gastara 1.000 por minuto, para consumir esa cifra tendríamos que volver al siglo I). El “pacifista” Obama no solo no ha terminado las guerras, sino que ha creado otras sin autorización del Congreso, como en Libia.

Aún hay gente que lo admira, sobre todo cuando lee sus discursos preparados por algún equipo de Chicago para los teleprompter. Pero esa misma gente dice en un 70% que está conduciendo muy al país y que su punto más vulnerable es la incapacidad para crear empleo y riqueza no obstante los trillones de gasto fiscal usados para ese fin.

Cabría suponer que derrotarlo en las próximas elecciones presidenciales del 2013, cuando él busque como ha prometido la reelección, sería tarea relativamente fácil. Pero no es así, como no fueron certeras las predicciones de que no alcanzaría la nominación y peor la presidencia de la república.

¿Cuáles las dudas? Primeramente, la evidencia de que será la mafia de Chicago la que planee la batalla para reelegirlo. Es la misma mafia que le dio el triunfo a John F. Kennedy, cuando Richard Nixon le aventajaba en votos en los comicios de 1960. Al mejor estilo ecuatoriano de comienzos del siglo pasado, la mafia preguntó a la familia Kennedy cuántos votos necesitaba y la cifra brotó como por arte de magia (¿o de mafia?).

El problema entre la mafia y la familia vino después, cuando los hermanitos John y Robert decidieron luchar contra el crimen organizado que les facilitó la victoria. El rompimiento del mutuo acuerdo se tradujo en el asesinato de John, primero y de Robert, después. Todas las teorías de que fue Oswald quien mató a John, como resultado de una conspiración castro comunista no tienen validez.

La acción de la mafia de Chicago con los Kennedy está documentada fiel y minuciosamente en el libro Legacy of Secrecy, The Long Shadow of the JFK Assassination, escrito por Lamar Waldron con Thom Hartmann en el 2008. Los medios de comunicación, los partidos políticos, las universidades lo han ignorado por completo.

Obama no se ha peleado con la mafia, sino todo lo contrario. Uno de sus más íntimos colaboradores, ...Emanuel, fue electo a rajatabla alcalde de Chicago y su asesor principal en la Casa Blanca, Axeldorff, renunció para regresar a Chicago a dirigir la campaña por la reelección. Lo que hasta la fecha han maquinado, es genial.

Obama no nació en Hawaii, sino en Kenya. Nunca ha podido exhibir documentos que prueben lo contrario y más bien existen testimonios de su abuela kenyana de que nació allí. Su madre, embarazada de 9 meses, no tuvo la precaución de viajar anticipadamente para que hijo naciese en suelo americano y a última hora, su deseo de hacerlo fue negado por su avanzado embarazo.

Una vez salida del parto voló a Hawaii y allí obtuvo certificado de ciudadanía para su hijo Obama, como era usual entonces, pero no de nacimiento, porque era imposible. La Constitiución norteamericana niega la aspiración presidencial a quien no haya nacido en tierras de este país.

¿Cómo salir de esta encrucijada, cuanto más que el movimiento de los “birthers” -que exigen a Obama presentar el certificado de su nacimiento en USA- tomaba cuerpo y cada vez más norteamericanos dudaban de que tuviese derecho a estar en la Casa Blanca, sobre todo porque sus políticas de izquierda eran y son antinorteamericanas.

La mafia se valió de un multimillonario comediante demócrata, muy popular en las pantallas de TV por promover concursos de belleza y para el título de The American Idol: Donald Trump. De pronto se lanzó a la “arena” política supuestamente a despotricar contra Obama, por quien votó y a pedir que exhiba su cerrtificado de nacimiento.

La gente, decepcionada como está del presidente, quedó encantada con las diatribas de Trump y no había día en que no fuera entrevistado por la radio y la TV de todos los colores y sabores. Ante tal avalancha, Obama se vio “forzado” a exhibir el ultra secreto documento del verdadero lugar donde nació, ¿Kenya? No: Hawaii.

De inmediato surgieron expertos en grafología y computación digital, que de manera científica e inobjetable demostraron que ese documento era falso. Ninguno de los medios ni comentaristas, ni siquiera los no adeptos a Obama, se ha atrevido a acoger y comentar tales pruebas. La “verdad” de Obama, tras la maniobra, se ha impuesto como artículo de fe.

Se ha llegado al extremo de que un ex director de la CIA en tiempos de GW Bush, general Hayden, equipare a los “birthers” con los que siguen creyendo que fue Bush el que fraguó la inmolación de las Torres Gemelas para desatar la guerra contra Irak. Es el mismo silencio cómplice que con respecto al crimen de JFK.

¿Qué otra “perla” prepara la mafia de Chicago para el 2013? No sería difícil que nuevamente utilice a Trump para dividir al GOP o partido republicano. Todavía hay incertidumbre sobre la nominación y el Tea Party, que triunfó aplastantemente en las elecciones parciales del 2010, mira con escepticismo a los primeros pre candidatos.

Esta situación pudiera ser explotada por la magia, para colocar a Trump como candidato supuestamente super conservador, como alternativa al que escogiere el GOP. Algo igual sucedió con el padre de Bush en 1991. La presencia del tercer candidato de derecha, Rose Perot, le facilitó una fácil victoria a Bill Clinto cuando Bush aspiraba a la reelección.

Mientras tanto, los medios de comunicación incondicionalmente demócratas, están viendo con simpatía a Romney como candidato del GOP, con la misma simpatía con que acogieron a McCain. Ambos son “renos” (republicanos solo en apariencia, por las siglas en inglés). Si éste es el nominado, casi no habría necesidad de un tercero (“chimbador”, se diría en ecuatoriano), pues Obama lo arrasaría como ya antes lo hizo con McCain.

Lo que el GOP necesita y el Tea Party quiere es un candidato con carisma y absoluta convicción de los principios que han hecho grande a esta nación, esto es, el respeto a un sistema capitalista de libre mercado, que sea competitivo y sin interferencias de un Estado cada vez más obeso, torpe e incapaz.

Romney, con los defectos anotados, encabeza las encuesta iniciales y eso no es buena noticia para el GOP/Tea Party. Pawlenty tiene buenos planes, pero no carisma e igual Santorum. Gingrich se ha auto eliminado y en cuanto a las damas, Sarah Palin y Michelle Bachamn, son más las dudas que las certezas sobre sus posibilidades políticas.

Hay otros caracteres más sólidos que aún no se han lanzado a la “arena”: Paul Ryan, Marco Rubio, el gobernador de Texas Rick Perry, a los que se agregaría Hermann Cain, un negro carismático de Carolina del Sur que podría crecer. Si uno de ellos, o alguien como ellos, no es nominado por el GOP, la mafia de Chicago y su arlequín terminarán por imponerse en el 2013.

Eso sería desastroso para los Estados Unidos y el mundo.