Sunday, June 21, 2009

LA LÓGICA DE CORREA

El presidente ecuatoriano Rafael Correa y sus incondicionales asesores y periodistas han manejado pobremente la lógica para intentar justificar sus ataques a la libre expresión del pensamiento y su decisión de silenciar a los medios de comunicación que juzga hostiles.

Tres ex-presidentes de la República -Sixto Durán Ballén, Gustavo Noboa y Osvaldo Hurtado Larrea- emitieron un comunicado conjunto para condenar a Correa por su actitud contraria a la libertad de expresión y su amenaza de clausurar a Teleamazonas y al Diario El Universo.

En lugar de rebatir los argumentos que el sobrio comunicado emitía, el jefe de Estado dijo que los tres personajes carecían de autoridad porque cada uno de ellos, en diferentes instancias, atentaron contra esa misma libre expresión de pensamiento que ahora defienden.

También Correa blandió las tesis de que tres de los columnistas que han sido críticos con él - Alfredo Pinoargote, de Diario El Universo, Jorge Ortiz de Teleamazonas y Carlos Vera de varios medios-, no son periodistas profesionales por títulos universitarios, sino por títulos de tales otorgados por el dictador militar Guillermo Rodríguez Lara.

En el caso de los ex-presidentes y en el de los periodistas a los que acusa de carecer de títulos válidos de periodistas profesionales y por tanto de autoridad para oponérsele, la dialéctica de Correa es la misma: pretende negarles derecho a la crítica por circunstancias que nada tienen que ver con la validez de sus argumentos,

Es probable que las acusaciones contra los tres ex mandatarios sean o no históricamente válidas. Pero no cabe aceptar que porque ellos irrespetaron en alguna forma el principio de la libre expresión del pensamiento, estén imposibilitados de señalar faltas parecidas del actual mandatario.

Correa parecería argüir, además, que él está exento de culpa de faltas de respeto a la libre expresión, porque ya esos tres ex-presidentes supuestamente cometieron el mismo error. Igual ocurre con los periodistas acusados de haber recibido de manera impropia sus títulos de periodistas profesionales. Peor aún si se recuerda que quienes se dedican al periodismo de opinión, no están obligados a adquirir el título profesional de periodistas.

Ortiz, Vera, Pinoargote no son reporteros: son comentaristas o directores de programas de TV o radio en los que son libres de entrevistar a los que les venga en gana y dar el giro que quieran al diálogo en favor o en contra del gobierno, así como emitir opiniones sobre cualquier tema y en cualquier momento.

Por cierto, si se extreman en sus posiciones o si se advierte un sesgo no equilibrado en la selección de sus entrevistadas, habrá una sanción a ese proceder: el televidente, el radioyente o los lectores de las columnas en los medios escritos rechazarán al periodista y escogerán otro medio para informarse y oir opiniones.

No es el gobierno el censor y discriminador. No son Correa ni sus súbditos quienes han de recomendar qué medios o periodistas son idóneos, sino el público. No es papel del gobierno monitorear a los medios para calificarlos con notas de buena conducta, ni menos para acallarlos o clausurarlos si no cumplen sus propias reglas de buen proceder.

Con acierto, dos columnistas de El Comercio se refieren al tema y ninguno de ellos es periodista profesional. ¿Los descalificará Correa por ello? En el fondo, lo que Correa no admite es opiniones discrepantes sin entender que él no es mandante sino mandatario del pueblo y que es el pueblo el que no solo tiene el derecho sino la obligación de cuestionar permanentemente su actuación, directamente o a través de la única vía óptima para hacerlo: los medios de comunicación independientes.

Un medio de comunicación, para ser independiente, tiene que ser solvente en lo económico. Correa no lo entiende así, pese a que es economista que ha estudiado en Bélgica y los Estados Unidos. Cree que el hecho de que una empresa de comunicación se afiance económicamente diversificando sus inverisones o abriendo sus capitales a los accionistas, es un pecado mortal.

El término “empresa” es sinónimo de robo y explotación para Correa. Sin embargo ningún medio puede cumplir su misión si su economía no está sólidamente sustentada. Hacer periodismo romántico a la manera de los grupos colegiales, no puede pervivir en una sociedad compleja si el deseo es hacer periodismo independiente.

Eso lo entendieron Carlos y César Mantilla Jácome a comienzos del siglo XX cuando fudaron El Comercio. Hasta esa fecha, la mayoría de diarios tenían un objetivo político y eran, por lo mismo, efímeros. Los Mantilla Jácome buscaron otro objetivos y de ahí el nombre del diario: divulgar noticias y opiniones equilibradas e independientes de los gobiernos buscando el financiamiento en la industria, el comercio y la banca mediante inserción de avisos pagados.

Con el correr de los años, El Comercio creció en lectoría y respetabilidad. Carlos Mantilla Jácome veía su poder en la independencia. Cuando se le sugería que, dado su influjo, podría fácilmente aspirar a la presidencia de la República o a cualquier otra dignidad pública, él se resistía diciendo: yo tengo más poder que un presidente de la República, porque mi poder es trascendente.

Ahora Correa acusa a todos los medios de corruptos, porque son empresas con intereses e inversiones diversificados, inclusive en el exterior. Lo dijo a propósito de mostrar disgusto porque su hermano ha multiplicado por millones su fortuna mediante contratos ilícitos justamente con el gobierno que él preside.

Su hermano Fabricio se ha apoyado, dijo, en “empresas de papel” a las cuales ahora él declara ilícitas. Es ahí cuando involucra a varias de las empresas periodísticas con el mismo pecado, por lo cual prohibe a sus súbditos que contraten avisos oficiales con esos medios.

Las empresa ya sabrán defenderse y aclararán sus posiciones. Pero en lo que respecta al vituperio contra el concepto empresarial en general, cabe advertir que cuando Correa incauta (roba) empresas de comunicación de TV y radio privadas, las empresas como tales no desaparecen. Continúan, pero en manos del Estado.

Las empresas públicas, incautadas o no, están condenadas al fracaso. Por la sencilla razón de que su manejo empresarial no responde ante los accionistas, como en las empresas privadas, sino ante nadie. El ejemplo más elocuente es el diaro El Telégrafo, captado por Correa. Dijo, como en el caso de las televisoras de los Isaías, que lo revertiría al sector privado, pero eso nunca ocurrió.

El Telégrafo no interesa a nadie, nadie anuncia en él, nadie lo compra. Se distribuye gratuitamente pero no hay accionistas que denucien el fracaso y exijan el despido del Gerente. Porque el gerente es Correa y frente a las pérdidas constantes tiene la fórmula infalible para solucionarlas: las arcas fiscales, el dinero de los contribuentes. La última inyección de capital para el diario por 17 millones de dólares no proviene de antiguos o nuevos accionistas: vino del ministerio del Finanzas.

Al censurar Rafael Correa a su hermano Fabricio, dijo que debió cuidarse en su conducta para evitarle el ataque de los “buitres” que constantemente le sobrevuelan para darle picotazos. Se refería, claro está, a los críticos de su desgobierno. Pero la metáfora que utilizó fue fatal. Los buitres, que se sepa, solo sobrevuelan la carroña. ¿Acaso él admite que ya está podrido?


Sunday, June 14, 2009

¿QUÉ ESPERAN PARA IMPEDIRLE?

El presidente ecuatoriano Rafael Corre continúa utilizando los más fétidos adjetivos para atacar a los medios de comunicación del país y éstos, en su mayoría, reaccionan impasibles, salvo la loable excepción de algunos de sus columnistas.

Pero no existe aún un pronunciamiento formal y frontal para oponer resistencia a esta ofensiva del mandatario, cuyo objetivo evidentemente es eliminar toda opinión divergente a la suya, tal como en estos mismos instantes está ocurriendo en Venezuela.

Correa no entiende a la democracia. Malgastó el dinero que invirtieron en él sus becarios (nadie informa quiénes son) para estudiar durante cuatro años en una universidad norteamericana prestigiosa, pero evidencia que no asimiló para nada la cultura política de este país ni las enseñanzas de Economía recibidas.

Pretende dar lecciones a los propios Estados Unidos acerca de cómo ha de entenderse el principio de la libre expresión de pensamiento, sin la cual no es dable la práctica de la democracia. A mi me importa un bledo lo que la Casa Blanca diga y aconseje al respecto, vociferó ayer en su cadena de radio: lo que me importa es lo que piense el pueblo ecuatoriano.

Es una falsía, porque lo que él implícitamente está insinuando es que solo él es el autorizado para interpretar lo que el pueblo ecuatoriano quiere, no los medios de comunicación impresos y audiovisuales, a los que califica de modo reiterativo de “mediocres”, mentirosos y “corruptos”.

No entiende, o miente y manipula, que la democracia (la occidental, si, la que nació y se robusteció primordialmente en los Estados Unidos) es un modelo de gobierno orientado a bloquear los excesos del gobernante (sea rey, emperador, jeque, chávez o correa) mediante un equilibrio y constante balance entre las ramas ejecutiva, legislativa y judicial.

Idealmente, el Ejecutivo gobierna para hacer cumplir las leyes emanadas de la función legislaltiva, las cuales se supone se crean para lograr la armonía en las relaciones sociales evitando abusos. La dinamia de la sociedad, en este sistema, se asienta en los individuos, no en los gobiernos. Éstos se han de limitar a arbitrar esa dinamia, no a inteferir, porque cuando ello se da, esa dinamia se debilitars con peligro de extinguirse.

La libertad individual, pues, junto con el derecho a la propiedad, es básica para la prosperidad común. En caso de conflictos, que perennemente han de darse en toda sociedad, no es el ejecutivo el que juzga y sanciona, es la función judicial independiente. Correa no lo cree así y como Chávez o los Castro de Cuba, considera que lo que le conviene a los ecuatorianos es la desfragmentación del sistema democrático para unificar los tres poderes en uno solo: en él.

Dentro de ese esquema, la prensa libre le incomoda. Habla de un mal uso de la libertad de expresión porque a su juicio Teleamazonas o el diario El Universo publicaron informaciones y opiniones que no se ajustan a sus parámetros de pensamiento y agenda. Y dice que él también quiere ejercer ese derecho a expresar libremente su opinión contrario, vejándolos y amenazándolos con sancionarlos y clausurarlos.

No es así como funciona la democracia. El gobernante tiene que limitarse a bien gobernar y a permitir transparencia total de sus acciones al pueblo. ¿Cómo? No a través de cadenas radiales forzadas y teatristas ni medios bajo su control, sino a través de los medios de comunicación impresos y audiovisuales privados, porque solo asi se garantiza su independencia del régimen.

Por cierto que en determinadas circunstancias habrá medios que yerren de buena o mala fé en una información, análisis o comentario. Y es obvio que ello afecte no solo a los gobiernos sino a personas o corporaciones. Pero la reacción a estos errores no es la invectiva y menos la amenza abusiva del gobernante. Hay la opción de la rectificación oblogatoria y gratuita en el medio involucrado o el juicio por libelo en los tribunales.

Miente Correa al decir que en Estados Unidos, donde recuerda que vivió cuatro años, los medios que dijeran “barbaridades” semejantes a las que dicen los medios ecuatorianos estarían sancionados con multas millonarias o cerrados. En este país no se ha registrado nada de lo que Correa afirma.

En los tiempos mismos de la campaña de la Guerra Americana y luego como gobernante, George Washington (la figura más venerada en este país) fue víctima de injurias calumniosas de innumerables panfletarios. Nunca utilizó la verborrea vitriólica de Correa para condenarlos. Igual ocurrió con otra de las mayores personalidades nacionales, Abraham Lincoln.

The New York Times fue uno de los más furibundos enemigos de George W Bush. En su campaña anti, divulgó documentos secretos de la guerra contra el terrorismo en cuanto a sistemas de intercepción para detectar llamadas de los enlaces en el exterior y para rastrear depósitos en sus cuentas bancarias. Eso infligió daño mayúsculo no a Bush sino a la seguridad nacional. Pero Bush jamás insinuó sanciones ni clausura contra el NYT.

(En el mismo Ecuador el caso del Presidente Galo Plaza es clásico. El semanario Combate, cefepista, dejó de circular por falta de papel. Plaza ordenó que se les provea de bobinas de papel del Registro Oficial para que sigan con la publicación...con los usuales, atroces y falsos insultos contra él y su gobierno)

En contraste, anticiparse a divulgar noticias sobre un temblor como lo hizo Globovisión en Caracas o decir que un taladro de exploración petrolera en la isla Puná podría afectar la pesca en el lugar, no constituyen amenaza o instigación a la conmoción social, como risiblemente dicen Chávez y su pupilo Correa: son cantinfladas para camuflar su vocación dictatorial.

La mejor ley de prensa es la que no existe. No la hay en los Estados Unidos, ni la hay en Gran Bretaña. En los países de endeble o inexistente democracia como en Venezuela y Ecuador, existe la tendencia a multiplicar leyes y regulaciones para enmarañarlo todo y justificar los abuso de poder del Ejecutivo en contra de la libre expresión del pensamiento.

La mejor regulación para moderar los yerros y equivocaciones de un medio la dan no los gobiernos sino los consumidores. Si el consumidor observa que un medio es “mentiroso, mediocre y corrupto” como sostiene Correa, simplemente deja de comprarlo. Si la auditoría y lectoría disminuyen, el que paga anuncios deja de hacerlo en ese medio porque es mal negocio y busca otros. Son las leyes del mercado las que rigen para éste y otros productos, así materiales como intelectuales.

La regla, por cierto, no se aplica a los medios bajo control estatal. Allí no importan los resultados gerenciales sobre lectoría y anunciantes. El diario El Universo publica hoy un excelente artículo que revela que Correa controla directamente 15 medios: 5 televisoras, 4 radios, 2 periódicos y 4 revistas. Ninguno es rentable. El Telégrafo se reparte gratis y no tiene avisos. ¿Cómo se financia y subsiste? Con el dinero de los contribuyentes. La última inyección será de 16,1 millones de dólares y sobre su uso nadie será responsable de nada ante nadie.

Los diarios que aún no caen bajo el dominio estatal podrían estarlo pronto si persisten en su actitud temerosa salvo si han resuelto no incomodar y adular al gobernante. ¿Será una primera muestra de ello el editorial que el diario El Comercio publicó ayer elogiando a Correa por su “victoria” en la negociación del segmento de la deuda externa que él mismo calificó de “ilícita”?

(Correa dijo que esa deuda de alrededor de 3.000 millones de dólares no la pagaría por ilícita. Habló de iniciar un juicio para probarlo, sin decir cómo ni en qué tribunales. Luego guardó silencio para de pronto decidir que la compraría para “beneficiar” al país. Pagó 900 millones de dólares por el total, menos un 9% de acreedores que rechazaron la propuesta. El asunto es simple: Correa actuó como un tramposo, primero al calificar esa deuda de ilícita y decidir no pagarla. Los acreedores le creyeron y cuando luego propuso pagar aunque sea una mínima parte prefirieron esa opción a la de no cobrarla nunca o entrar en un largo y engorroso litigio con un tramposo. Nadie ha explicado de dónde salieron los 900 millones de dólares ¿talvez del fondo de los afiliados al IESS? En todo caso lo hecho por Correa es otra maniobra inmoral como la perpetrada antes por Patiño en complicidad con el gobierno venezolano)

Jorge Mantilla Ortega siempre se opuso a que El Comercio se sume a la AEDEP (Asociación de Editores de Periódicos). Decía (y yo lo escuché de sus labios en alguno de los diálogos que sostenía al frente a su escritorio de Director) que a El Comercio no le intresaba sumarse a otros para decir su verdad. La diría siempre y en voz clara y alta cuando se justificare. Si otros coincidían con esa verdad, eran bienvenidos a sumarse, no al revés.. (Años atrás dio ejemplo de su verticalidad frente al embate de JM Velasco Ibarra, lo que le valió una prisión y la clausura del Diario. Su entereza fue saludada internacionalmente y le valieron premios y admiración de todos.

Ahora la AEDEP está silente. Peligra Teleamazonas, peligra El Universo, peligra el país. ¿No hay nadie que reaccione? Muy oportunos los artículos que sobre el tema publican dos articulistas de El Comercio en su edición de hoy, Gonzalo Maldonado y Diego Pérez. El primero alude a la Rusia del siglo XIX y comienzos del XX. Habría que añadir la Alemania de 1930.

Friday, June 12, 2009

ENTRE EL ODIO Y EL MIEDO

El avance del fascismo en el mundo occidental, entendiendo al fascismo como el sistema que subyuga al individuo y sus libertades a las decisiones autoritarias de los gobiernos, se sustenta en el odio y el miedo.

Líderes como Hugo Chávez, Rafael Correa y otros de América Latina e inclusive Barack Hussein Obama en los Estados Unidos, afianzan su poder y control estimulando el odio de clases y el miedo a la represión.

Obama, cuyo pasado es tan oscuro que ni siquiera ha podido exhibir su partida de nacimiento en los Estados Unidos (Sara Obama, la mujer de su abuelo asegura que estuvo presente en su nacimiento en Mombassa, Kenya, tierra de su progenitor), hostiga sin cesar valores y principios que han hecho de esta nación la mayor potencia militar, cultural y libre de todos los tiempos.

Al igual que Chávez, Correa y otros, cree que el capitalismo democrático es injusto y tiene que ser sustituido por un sistema centralizado de corte fascista/socialista, en el cual el trabajo, ahorro e inversión de los individuos debe ser regulado en todas sus formas por el gobierno.

En menos de seis meses de gestión ha comenzado a aplicar su agenda con celeridad pasmosa. Intervino por la fuerza en los mayores bancos privados, cancelando y reemplazando ejecutivos e igual ha hecho con corporaciones paradigma como la General Motors.

En sus propósitos ha tenido el respaldo incondicional de la mayoría de los medios impresos y audiovisuales, de tendencia izquierdista, que lo han ensalzado y le siguen ensalzando sin el menor esfuerzo analítico desde los tiermpos de campaña.

Su retórica apela a los sentimientos subterráneos de los resentidos, de los envidiosos, de los frustrados. El sistema vigente, dice, es malo porque los de abajo no han triunfado: hay, por tanto, que nivelar los resultados pues los ganadores lo son no por sus méritos sino porque han explotado a los más débiles, porque han violado la ley.

Los enemigos primarios de este socialismo/fascismo son la cultura judeo cristiana de Occidente, cuyo bastión es los Estados Unidos e Israel en el Medio Oriente. Obama está convencido de ello y en sus giras por la Europa socializada de posguerra y en El Cairo ha denigrado al país que representa y ha pedido perdón por los errores cometidos por sus políticas imperialistas (como la “invasión” a Normandía en 1944, seguramente).

Es un extraño fenómeno sociológico y cultural el que se ha fraguado en los Estados Unidos tras la derrota que por su intervención se infligió al Eje en la II Guerra Mundial. El país aún estaba sumergido en la Gran Depresión de los años de 1930 y corría peligro de ahondarse con las políticas de corte estatista/socialista del presidente F. D. Roosevelt, cuando estalló la guerra.

Con la guerra comenzó a salir del marasmo. Todo el aparato productivo se reactivó con la industria para la guerra y tras el triunfo en 1945 advino una era de prosperidad sin precedentes. A los veteranos se les ofreció becas para que opten por carreras universitarias y eso incrementó el ritmo y la calidad de la producción en todas las áreas.

El problema surgió con los baby boomers, hijos de los veteranos. La era del racionamiento y la pobreza de la Depresión y los tiempos de guerra se acabó y a las nuevas generaciones todo les vino demasiado fácil. El resultado fue una crisis generacional: los niños mimados con disfrute casi sin esfuerzo propio de la prosperidad, comenzaron a rebelarse contra las generaciones precedentes en búsqueda de identidad.

La “contestación” a los valores tradicionales se propagó en el plano de la política, del arte, el sexo, de la historia. Si querías aparecer independiente y liberal, tenías que reprobar el establishment y tanto mejor si te ayudabas con drogas, comenzando por la marihuana. Se distorsionó la idea original del movimiento feminista y éste cedió paso al de la “liberación” de la mujer para el sexo sin compromiso y con opción al aborto.

Esta nueva filosofía de la vida (los interesados en profundizar sobre el tema pueden consultar el libro ya clásico de Robert Bork titulado "Slouching Towards Gomorrah") se instaló en lo académico con profesores que desde el decenio de 1960 se dedicaron a la tarea que no termina de adoctrinar a los estudiantes con el axioma de “Blame America first” para explicar que todos los males del mundo se deben a los Estados Unidos.

En esa escuela se educó Obama (y Correa a su paso como universitario en este país). Durante 20 años fue adicto al pastor Jeremiah Wright, que lo casó con Michelle y bautizó a sus dos hijas. Wright es un emponzoñado enemigo de los Estados Unidos y furibundo antisemita.

Hay quienes creen que el actual presidente comenzó a recibir ese adoctrinamiento temprano en un colegio de Los Angeles donde se habría educado como becario extranjero (igual que Correa). Pero los documentos probatorios por el momento será imposible recuperarlos.

La generación de los baby boomers lideró el movimiento anti militar con las guerras de Vietnam y Corea y últimamente con las de Irak y Afganistán. El origen, más que idealista, fue práctico: el servicio militar era obligatorio en los años de la guerra de Vietnam. A los muchachos cómodos de entonces no les parecía nada patriótico abandonar el placer, las drogas y el sexo fácil y sujetarse a los rigores y riesgos de la vida militar.

Vino la rebelión que se extendió por las universidades y los círculos políticos demócratas y liberales, ayudados por los medios sobre todo de TV. Cuando Walter Cronkite falseó la verdad en una de las tres únicas cadenas de TV y dijo que la guerra de Vietnam estaba perdida, el presidente Lyndon B. Johnson le creyó más que a sus mandos militares y decidió iniciar la retirada.

Cuando el Congreso congeló los fondos para la guerra, todo quedó consumado. Los Estados Unidos perdieron por primera vez una guerra y no en los campos de batalla, sino en el Congreso y en los campos de las universidades infestadas de beatniks con olor a alcohol y marihuana.

La tendencia anti militar ha recrudecido ahora con Obama. Ordenó que las tropas en Irak comiencen el éxodo el 30 de este mes, sin garantizar que la victoria antiterrorista se afiance. La violencia ha recrudecido ya ante el anuncio y Malik, el premier iraquí elegido por voto popular, dice que las consecuencias de la retirada de tropas podría desencadenar el caos.

Al propio tiempo, Obama exalta al islamismo ignorando sus excesos y su intolerancia y no citó, menos defendió, al judeo cristianismo que es la base sustantiva de la democracia occidental. Y promete que Estados Unidos se desarmará unilateralmente de sus reservas nucleares, mientras da el visto bueno a Irán para que continúe desarrollanso su propio arsenal nuclear.

Las afrentas y el menosprecio por Israel son continuos. No cabe imaginar que Obama desconozca la historia. La distorsiona a propósito. Dice que el estado de Israel nace como fruto del sentimiento de culpa por el exterminio de 6 millones de judíos en la II Guerra Mundial, pero no menciona que Judea existía como estado/nación mil años antes de la llegada de los romanos a lo que luego se llamó Palestina.

Palestina fue el nombre impuesto por los romanos para borrar a Judea de la memoria popular. Los árabes no eran palestinos, los judíos lo eran y esa identificación solo terminó con la creación de Israel en 1948. Obama yerra al equiparar el holocausto con las acciones de la defensa israelí contra las agresiones de los palestinos terroristas del Fatah, Hezbollah y Hamas, apoyados por Siria e Irán.

Israel ha suscrito varios convenios de paz con los árabes al amparo de Jimmy Carter y Bill Clinton. Los palestinos nunca se sujetaron al compromiso, jamás crearon una nación estado en los territorios cedidos por Israel y toda la ayuda internacional para ello la emplearon en armas y cohetes para bombardear a la población civil de Israel.

Israel es el único estado democrático próspero del Medio Oriente y es allí donde los árabes/israelíes tienen el más alto estándar de vida en la región. En la mente de Obama y sus seguidores Israel es genocida ¿como quizás también los Estados Unidos? Cuando Obama habla de dialogar con los ayatolas iraníes y les da el visto bueno para que prosigan en su escalada nuclear pese a la prohibición de las Naciones Unidas, está de hecho aliándose con Ahmedinejad y su juramento de borrar del mapa a Israel.

Correa, Chávez, los Castro, Ortega, Morales, todos están, como Obama, contra los Estados Unidos e Israel y todos aman a Ahmedinejad, que los ha visitado y con quien han establecido relaciones diplomáticas. Si él es o no reelecto hoy es lo de menos: el dueño del circo, el dueño de cualquiera que sea elegido premier, es el Ayatola y su política no variará ni un ápice con los resultados.

¿Y Correa? ¿Y el Ecuador? Da grima referirse a este país, tanto por él y los que le siguen como por el resto. Correa está a punto de cerrar el canal Teleamazonas, siguiendo la pauta de Chávez con Globovisión y apenas si han aparecido unas tibias notas editoriales en los diarios, no de protestas sino de ruego “para que no sea malito”. ¿En dónde está escondida la otrora pomposa AEDP?

Y Correa sigue obsesionado por el ataque a Angostura. Quiere enjuiciarle a Uribe porque mató al camarada Franklin Aisalla en el ataque certero al campamento de las FARC, el 1 de marzo del años pasado. A quien habría que enjuiciar post mortem es a Aisalla por haber actuado como agente no registrado de una organización terrorista extranjera.

Por cierto los peces gordos como Correa y Gustavo Larrea hace tiempo que debieron haber sido enjuiciados y condenados por traición a la Patria por su complicidad con las FARC. Lejos de ello, Rafael Correa fue reelecto Presidente por amplio margen y Larrea volverá a ser parte de su gabinete. Los más optimistas creen que este regímen fascista durará “solo” unos 10 años más en el poder...pero ¿por qué no otros 10 años más y otros 10?


Friday, May 29, 2009

CONTINUA LA PERPLEJIDAD

En los Estados Unidos, el Ecuador y otros países de la región y del mundo, la situación de la economía y de la política deja perplejos a los analistas y a los observadores de todos los matices.

En los Estados Unidos, el nuevo gobernante Barack Hussein Obama lleva ya casi medio año en el poder y todos los indicadores económicos le son negativos. Y aunque la deuda va camino de remontarse a los 63.8 trillones de dólares, dice que seguirá emitiendo dinero para continuar salvando casos insalvables.

La muletilla del desastre heredado del anterior régimen de George W Bush carece ya de sentido. Obama triunfó con amplio margen de votos porque prometió la bonanza inmediata y es todo lo contrario lo que ha ocurrido en cuanto a empleo y bienestar.

El supuesto “mesías” ha ahondado los errores de último momento de Bush y ha recurrido al dinero de los contribuyentes para intentar rescatar a las fábricas de automotores de la quiebra, pero no lo logró. Estas quebrarán pero no se sujetarán a las reglas del mercado para ello sino que pasarán a control absoluto del gobierno.

La General Motors, que debería cambiar su nombre a Government Motors, tendrá al gobierno dueño del 72% de las acciones y el 39% en manos del poderoso sindicato de obreros y jubilados. Los beneficios de éstos poco o nada variarán, pero se alterará el tipo de automotores que en adelante se fabricarán.

La tónica de diseño, forzada por el gobierno, será reducir el tamaño de los vehículos para que consuman menos gasolinas, para así disminuir el supuesto daño al medio ambiente. No importará para nada la preferencia de los consumidores. Los modelos los decidirá el gobierno.

Alguien comentaba que, dado que los norteamericanos históricamente se han inclinado por los automóviles potentes, grandes y desafiantes, dejarán ahora de comprar los autos enanos y preferirán cuidar lo mejor posible los actuales en su poder, más a tono con sus gustos. En pocos años, afirma el comentarista, probablemente los automóviles viejos transitando por las calles norteamericanas recordarán a la Cuba castrista y sus automóviles del decenio de 1950...

En el Ecuador el reelecto presidente Rafael Correa sigue gobernando con parecida habilidad para hacer daño a sus conciudadanos. Y allá, como aquí Obama, su popularidad sobrepasa el 60%, no obstante que crece el desempleo, pende el incremento de la inflación, la deuda se multiplica por la baja de ingresos y el gasto fiscal continúa rampante.

Correa reunió en Quito a sus colegas y coidearios Hugo Chávez y Evo Morales, de Venezuela y Bolivia, para acordar entre otros disparates, la acción conjunta para silenciar a los medios de comunicación que todavía se arriesguen a criticarlos. La amenaza, que parece preocupar poco a los medios ecuatorianos, es analizada con temor por la SIP.

En Venezuela lo que más irrita a Chávez es Globovisión, una estación de TV que aún elude el control del autócrata. En el Ecuador, a Correa le molestan Teleamazonas y el diario El Universo. El disgusto oficial por Teleamazonas ya se reflejó con el bombazo lanzado anoche contra sus instalaciones. Iguales tácticas que su mentor Chávez.

En lo económico Correa está resuelto a continuar su arremetida contra la historia empleando doctrinas obsoletas y ya archivadas como la teoría de la sustitución de importaciones como motor del desarrollo. Su autor, el argentino Raúl Prebisch, creía a mediados del siglo pasado que sustituir las importaciones fortalecería las economías nacionales.

Los precios de los artículos manufacturados que importamos, decía, son artificiosa y vilmente inflados para absorber nuestras riquezas, al tiempo que las materias primas que le vendemos son cada vez más baratas, por manipulación de los países ricos. La realidad le contradijo y luego de las experiencias negativas en varios de los países influídos por la CEPAL (promotora de esa doctrina), la ideología Prebisch fue sepultada.

Correa quiere resucitarla pero se dará de bruces contra el pavimento. La prosperidad alcanzada por las naciones que se han alejado de ese modelo lo demuestra. Las fronteras abiertas a la libre inversión de capitales y tecnología son las que generan un más rápido crecimiento, no al revés: para prueba hay están los países del Sudeste Asiático, Irlanda, India, Brasil, etc.

En parecida forma el proteccionismo a las empresas, corporaciones y a los individuos que han cometido errores, no fortalecerá a los Estados Unidos: lo debilitarán. La GM y la banca fallaron no por errores del mercado sino por contradecir la lógica del mercado. Los bancos prestaron a quienes no tenían capacidad de pago, protegidos e impulsados por el gobierno y debieron liquidarse en concordancia con las mismas leyes del mercado.

En la GM y Chrysler, los mandos gerenciales no supieron responder al desafío de la competencia y sucumbieron además a la presión de los sindicatos. El costo de la ineptitud debió haber sido la quiebra, no el subsidio fiscal con el dinero de los contribuyentes. Lo primero ocurrió con Reagan cuando era presidente en el decenio de 1980: por la competencia japonesa, los fabricantes buscaron proteccionismo estatal. Les fue negado y a la vuelta de pocos años se regeneraron y compitieron con ventaja. Eso debió haberse hecho hoy con la gigante GM, especialmente.

El sistema democrático de mercado abierto a la competencia ha probado ser la mejor opción para el desarrollo y la inventiva. Pero es implacable y si bien premia al empresario eficiente e imaginativo, castiga y devora a los que no lo son. Hay quienes quisieran dulcificar esta realidad para evitar el impacto de dolor y frustración en los que fracasan. Son los utopistas, son los partidarios de Obama y Correa que van en pos del socialismo del siglo XXI.

Para quienes así piensan, el mercado debería pasar a control del Estado. Es sólo éste ente, no el consumidor, el que debe decidir sobre gustos y hábitos. Para ello hay que suprimir las libertades, no solo económicas sino de pensamiento, pues el libre juego de opiniones y crítica a los regímenes autócratas resulta impropio y molesto a sus designios.

En la URSS se siguió ese esquema autoritario y la supresión de libertades implicó la muerte de más de 20 millones de personas y el empobrecimiento de sus habitantes. En Cuba igual. Ahora están en marcha procesos iguales en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. ¿También en los Estados Unidos?

Esta es la gran incógnita del momento, que tiene confusos a todos.

Monday, May 18, 2009

DECLARACIONES DE ÚLTIMA HORA

Las declaraciones de ayer y hoy del presidente ecuatoriano Rafael Correa y su carnal Gustavo Larrea, ex-ministro de Gobierno y Seguridad, no pueden pasar desapercibidas.
Correa anunció el sábado que agotará todos los medios jurídicos para buscar la condena internacional a la acción de su colega colombiano Álvaro Uribe, que destruyó un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano. Larrea, a día seguido (hoy) afirma que está tramitando la autorización del gobierno del país en el cual se entrevistó con Raúl Reyesel comandante de las FARC en ese campamento, para revelar el sitio del encuentro.
Si Correa cree que va a encontrar algún respaldo internacional para condenar a Uribe, está chiflado. Ya lo intentó a poco de la incursión militar del 1 de marzo del año pasado y fracasó rotundamente. Al igual que fracasó José M. Velasco Ibarra cuando denunció unilateralmente en 1960 el Protocolo de Río válidamente celebrado entre Perú y Ecuador en 1942. O como ha vuelto a fracasar Correa con la subasta de petróleo de la compañía francesa, acusada de fraude trivutario.
Gustavo Larrea es tan cínico como Correa. ¿Cuál es el tercer país en el cual dice que se entrevistó por solo 12 o 15 minutos con Reyes? ¿Por qué no lo dice y por qué no lo dijo desde un comienzo, si todo lo que hizo era por razones humanitarias? Si no es Colombia ese país ¿será Brasil, será Venezuela o Suiza? Por cierto, no es ninguno de los citados. La entrevista fue en Angostura y punto. Pero claro, Larrea puede ahora lograr de Chávez, el maestro de Correa, que acepte decir que fue en Venezuela, pero eso lo creerán solo los fanáticos (que por desgracia abundan, de Correa). 
Afirma Larrea que no sabía que el sujeto al cual iba entrevistar en ese sitio geográfico misterioso era Reyes. Luego dice que lo supo. También dice que Correa no sabía que él estaba en estas gestiones de paz "para liberar a la colombiana Ingrid Betancurt y a 4 (amados gringos) "agentes" de la CIA." Pero que luego le contó a Correa del viaje secreto, aunque no creyó que mencionarle que se entervistó con Raúl Reyes, el segundo a bordo luego de Marulanda en las FARC, tenía importancia. Aunque aclara que recapacitó más tarde y decidió contarle todo a su jefe. 
¿Cuál es más idiota? ¿Correa que miente o Larrea que miente? ¿O quienes les creen o quienes no les creen y no reaccionan? Larrea, al entrevistarse en Angostura o en cualquier otra parte con Reyes, violó la seguridad nacional y el respeto a un gobernante legítimamente elegido como Uribe en un país vecino. Correa debió cancelarlo o encarcelarlo sin dilación, si es que Larrea actuaba sin su autorización. Pero es obvio: Correa, Larrea y Chávez actuaban de consuno. Negarlo no tiene sentido. Correa no solo que no ha condenado a Larrea, sino que ordenó a su asamblea o congresillo que archive todos los cargos contra él y ha prometido volverlo a colocar en algún cargo importante en su gobierno (acaba de anunciarlo).
¿Es éste el tipo de gobierno y de gobernantes que quieren y respaldan los ecuatorianos? Qué desgracia...!
Atentamente,
Santiago Jervis. 

Friday, May 15, 2009

CÓMO MARCHA EL OBAMISMO

El mundo está en vilo observando cómo se comporta en lo interno y externo la mayor potencia en la historia de la humanidad, los Estados Unidos, comandada hoy por uno de los líderes más ineptos e impreparados desde que fue fundada en el siglo XXVIII.

En el manejo de la economía, Obama es comparable con un hombre de las cavernas que hubiese entrado en una cristalería blandiendo un garrote para destruirlo todo. En menos de seis meses de gobierno ha logrado el “milagro” de agudizar los males derivados de las nocivas medidas económicas de último momento adoptadas por George W Bush.

La absurda decisión de corregir acciones indebidas de los bancos y financieras, así como de algunas industrias automovilísticas, con forzados empréstitos que se nutren de impuestos, no ha remediado nada y el régimen de Obama, lejos de corregirse, se ratifica en seguir ofreciendo más y más dinero fiscal a los responsables de la crisis.

Esa actitud es como si se quisiera socorrer a un alcohólico, dándole a beber toneles y más toneles de ron. Las finanzas no reaccionan, los créditos no se dan y el desempleo sigue batiendo récords de los últimos 50 años. El estribillo de “no me culpen a mi” de lo que está sucediendo sino a Bush, ya no tiene sustento. La gente empieza a reflexionar que fue un error elegir presidente a un hombre de paja.

El termómetro de lo que está sucediendo en la economía de este país es la Bolsa de Valores de Nueva York. En muy contados días ha habido modestos repuntes, pero la tónica general es hacia la baja. Lo cual quiere decir que todos están temerosos y desconfiados de la conducta de este régimen.

Si el verdadero objetivo de Obama y su gang es quebrar al sistema capitalista y al sistema democrático liberal, entonces habría que aplaudirlos. Basta observar cómo por todos los flancos hay cada vez más intrusión gubernamental en el sector privado y cómo repetidamente el grupo se pronuncia contra todo lo inherente al sistema, esto es, la libre competencia, la inventiva, el lucro.

Obama se ha hecho eco de la izquierda en cuanto a la provisión de salud y en toda ocasión dice que el sistema imperante ha fracasado y que hay que ponerlo bajo control directo del Estado para mejorarlo, como en los regímenes de corte  socialista de Europa. Dice, con razón, que no es justo ver que cuarenta millones de personas no se protejan con seguros médicos, pero para subsanar ese vacío, quiere romper al sistema.

Y el sistema es el mejor y más eficiente del mundo. Para ampliar la cobertura y para abaratar los costos, la fórmula no es misteriosa. Para lo primero garantizar el acceso económico a la gente de menores recursos (que de otro lado si están protegidos en la actualidad por la asistencia estatal), con deducciones de impuestos a patronos y empleados. Y para lo segundo revisar los excesos en los costos de seguros por malas prácticas médicas.

La extensión global de la atención a la salud implica gastos fiscales siderales y, lo que siempre ocurre, corrupción y estafa para los aprovechadores del sistema estatal proclive a engaños, fraudes y coimas. La calidad y la frecuencia de las atenciones se reduciría y, a la postre, a quien más se quiere beneficiar será a quien más se perjudique.

Con respecto a seguridad interna y externa, Obama comienza a dar traspiés y contradecir la retórica extremista de su campaña. Cometió un acto de traición al ordenar que se divulguen documentos secretos del trato a los prisioneros de guerra. Prometió acto continuo propagar fotografías de supuestos maltratos a dichos prisioneros. Pero en esta segunda acción fue frenado por las Fuerzas Armadas.

El pretexto para revocar la orden de divulgar las fotos fue que podría perjudicar a los norteamericanos en armas en tiempo de guerra e ahondar la opinión pública adversa contra los Estados Unidos. Miente porque la divulgación anterior de los documentos tenían los mismos peligros y él lo sabía y por ello los divulgó.

Evidentemente los militares se rebelaron y advirtieron a través de sus más altos mandos que esta vez no permitirían a Obama cometer un nuevo acto de traición. A diferencia del Ecuador, parece que en este país la institución militar es aún firme a sus principios y misión, no obstante el histórico papel de acatamiento a las autoridades civiles que es tradicional en este país.

(Si las fuerzas armadas del Ecuador fueren coherentes con su pasado y con su misión, no habrían permitidoque se exonere de toda culpa al ex-ministro de Gobierno, Gustavo Larrea, culpable de dialogar con las FARC y con el líder Raúl Reyes en el campamento establecido en territorio ecuatoriano, en violación de toda ley de seguridad nacional. Pero en Ecuador los militares están comprados y silenciados por Correa).

Hay aquí un comentarista, Rush Limbaugh, que cree que las fotos del Pentágono podrían a la postre llegar a publicarse si Obama maniobra con los jueces “liberals” con una apelación (de sus secuaces) al veto presidencial, en aras de “la libertad de información”. Como se sabe, las cortes están infiltradas de jueces de extrema, que se han dedicado no a juzgar, sino a legislar como en el caso del aborto y el matrimonio  entre homosexuales. Si los jueces llegaran a autorizar la publicación, Obama diría a los militares: no he sido yo, han sido los jueces...

El escándalo del día es de la Speaker of the House, o presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Luego de la tragedia del 9/11 ella y algunos de los principales líderes del Congreso fueron informadas de los métodos que se emplearían para interrogar a los terroristas capturados en Guantánamo. Uno de los métodos era el “waterboarding” o inmersión forzada en el agua, hasta que los angelitos confiesen. Pelosi no solo aprobó los informes, sino que dijo, junto con otros demócratas, que había que ser más severos para garantizar la seguridad de la nación.

En ocho años del gobierno de Bush, gracias a los informes colectados, no hubo más ataques terroristas (que en cambio proliferaron en otras regiones del globo) y acaso ello atizó la politización y crñitica a la guerra antiterrorista. Se dijo que Bush y la CIA “torturaron” a los angelitos con el waterboarding y pideron no solo prohibir ese método sino enjuiciar a quienes lo aplicaron... con aprobación del Congreso. Pelosi se sumó a la cantaleta y ahora niega que conocía del método, que los de la CIA en todo caso le mintieron, etc.. Su cargo está en peligro y es probable que caiga.

El waterboarding no es tortura. Al menos en los Estados Unidos nadie ha muerto por esa causa ni ha quedado mutilado. Tan no lo es que las fuerzas especiales de los Marines incluyen rutinariamente ejercicios de waterboarding en su plan de entrenamiento. Si fuera tortura, el método sería excluído. Adicionalmente, nadie puede declarar aquí que inmersión  es tortura, hasta que lo declare el Congreso y éste se niega a tratar el tema...acaso porque los demos saben que perderían. 

La forma cómo continúe gobernando Obama es una incógnita. En materia de seguridad nacional se ha rectificado, pero no por convicción sino por presión de los militares. En lo económico, la cuadruplicación de la deuda y la caída en las inversiones y el empleo le han hecho decir a él mismo, en un “town house” de hace un par de días, que la situación es “insostenible”. 

¿Qué es lo que motiva esta autocrítica? Se especulña que con ello Obama está anunciando lo que es tradicional en los demócratas: que para que la situación sea “sostenible” habrá que aumentar los impuestos, especialmente a los ricos o “pelucones”, como diría su cuasi clon Rafael Correa de Ecuador. Y ya se sabe, por la historia, que más impuestos en tiempos de recesión aumentan la recesión y acentúan el empobrecimiento general. 


Friday, May 1, 2009

LA PANDEMIA TEMIBLE

A los pobres marranos se les ha acusado injustamente de ser los culpables de una  pandemia de infección viral, que la quieren comparar con la devastadora Influenza Española que mató a una venitena de millones de personas a comienzos del siglo pasado.

Para consuelo de los defensores de los cochinos, se ha resuelto que la fiebre porcina no se llame tal sino que se la clasifique con una mezcla de números y letras que confunden, pero que no contribuyen para nada a frenar la infección. Afortunadamente, por ahora parece que los peligros no son mayores.

Pero hay otra pandemia que azota al mundo por doquier y que tiene orígenes de mayor cuidado y no tan fácil identificación. Se trata de la difusión acelerada del virus del colectivismo que fomenta la lucha de clases, la envidia y el odio a toda forma de capitalismo democrático.

Esta enfermedad, como las fiebres virales, no es nueva y varía en sus formas, expresiones y síntomas al igual que las mutaciones de todo virus serio que se respete. Y surge cada vez que hay descontento social por una u otra causa. En seres humanos y en las sociedades en los que no ha madurado el sistema inmunológico, el virus colectivista prende de inmediato.

La condición humana es, por naturaleza, distinta. No hay seres humanos iguales así como no lo hay en el reino animal o vegetal. Hay de hecho diferencias étnicas en cuanto al color de la piel y la contextura antropológica, pero en esencia todos los seres humanos son distintos e iguales al mismo tiempo.

El problema de fondo que se arrastra desde que hay memoria del paso de los hombres sobre la tierra, es lograr un modus vivendi pacífico y tolerante entre los individuos distintos dentro de un conglomerado homogéneo y entre sociedades de características diferenciadas.

Si se trata de sociedades, la batalla ha sido eterna entre aquellas que por una u otras razón adquirieron poder y el deseo por esa causa de dominar y conquistar a los más débiles y éstos en su eterna voluntad de resistir. Dentro de grupos sociales menores, sean tribus o naciones, la batalla interior también ha sido constante entre los que aspiran al dominio absoluto y los que se oponen a él.

En la Grecia antigua, luego en Roma (para referirnos a Occidente) se ensayaron las primeras formas de convivencia democrática mediante la cual los peligros de un poder central excesivo se neutralizaba con la acción de foros ciudadanos en los cuales se discutía, censuraba o modificaba las decisiones gubernamentales.

Por desgracia, la duración de esas sabias experiencias democráticas duraron poco y fueron borradas por caudillos mesiánicos que liquidaron a la  oposición y montaron ejércitos para oprimir a pueblos más débiles para expandir un imperio expoliador.

La Europa sucedánea es un recuento repetitivo de esa lucha que convirtió a esa continente en el más guerrerista de la historia, hasta la II Guerra Mundial. En ese recuento hubo la permanente refriega por frenar el despotismo monárquico, en el interior de las naciones y por bloquear el avance de las conquistas de territorio por parte de los más fuertes y mejor armados.

La Revolución Francesa guillotinó a la monarquía, pero al cabo del Terror advino el despotismo imperialista de Napoleón. Un siglo más tarde se ejecutó en Rusia a la familia de los zares y el zarismo fue sustituído por el colectivismo utopista y despótico de Lenín y Stalin, que tuvo su proyección en el nazifascismo de Hitler, Mussolini e Hirohito.

Estas visiones extremas para solucionar los problemas de injusticia o disparidad tienen un denominador común: fortalecer el influjo del Estado. Según esa cosmovisión, monárquica y caudillista, el Estado es la mejor opción para regular la conducta de los seres humanos. Puesto que el líder posee la verdad para todo y para todos, la discrepancia de opiniones es contraria al bien común y hay que suprimirla.

En las autarquías islámicas, la sola moral y la sola verdad está en el Corán y en sus mandatos de convertir a la fuerza a los infieles o aniquilarlos. En la URSS la sola religión permitida era la del comunismo, como en la China roja, por lo cual se extirpó todo tipo de religiones. En el caso de caudillos menores, como Hugo Chávez de Venezuela, la Iglesia Católica está prohibida de disentir. 

Ninguna infección viral beneficia al hombre. Tampoco el virus del colectivismo. La ha demostrado la historia repetidamente. Los extremos tiránicos crean corrupción y acentúan la pobreza, aparte de suprimir el bien supremo de las libertades de expresión, movilización y credo.

La Europa del siglo XVI y XVII estaba infestada de  monarquías guerreristas y expansivas. Fue cuando Colón arribó a América abriendo el éxodo de europeos hacia estas tierras. Hubo dos corrientes claras: la proveniente de las Españas, que permitió la formación de nuevas clases dominantes siguiendo el mismo esquema feudal y la de la Europa anglosajona, que buscó algo distinto.

La anglosajona, instalada en la América nórdica tiempo después que la hispano portuguesa, se organizó para tratar de superar los yerros del sistema feudal en cuanto a libertad de credo, comercio y trabajo. En parte por esa convicción y por la bravura de los indígenas, aquí no se repitió la forma de explotación aborigen sobre la que se erigieron fortunas en Hispanoamérica.

El modelo se afianzó y terminó por rebelarse y separarse de la corona biritánica para ensayar el primer modelo de república democrática con las 13 Colonias que más tarde se confederaron y aprobaron una Constitiución. Es la misma que rige hasta la fecha, con apenas 23 enmiendas.

La inspiración genial de los fundadores de la Patria a partir de la Declaración de la Independencia del Reino Unido y la Constitución, fue considerar que había que dar a todos los hombres la misma oportunidad ante la ley para la búsqueda individual de la felicidad. En ningún sitio de esos documentos se insinúa, como en la Revolución Francesa, que el objetivo nacional sea la igualdad, excepto si ésta se la entiende como igualdad ante la ley y no igualdad de resultados. Los hombres y mujeres son distintos por sus talentos, ambiciones y aspiraciones. Lo injusto es bloquearles el acceso a las oportunidades o discriminarlos ante la ley (como ocurrió con los negros en USA).

La filosofía americana, inalterada por más de casi tres centurias, ha probado ser la opción mejor de convivencia. Ha permitido el crecimiento constante de la riqueza y la incorporación cada vez mayor de ciudadanos a participar de ella. En línea paralela, esa riqueza fortaleció la cultura en todas sus manifestaciones. 

No obstante, ahora esa filosofía parece ponerse en entredicho y no por parte de enemigos externos, sino desde la misma Casa Blanca a la que accedió como presidente un líder que ha repudiado a lo largo de su existencia como alumno, político, legislador y feligrés los valores y principios fundamentales que han hecho grande a esta nación.

La URSS colapsó por sus errores tras 70 años. Luego de la II Guerra Mundial su propósito fue expandir su dominio por los cinco puntos cardinales mediante la propaganda, la fuerza armada, la infiltración y cualquie recurso disponible. Su influjo fue evidente incluso dentro de Estados Unidos, según documentos que han sido declasificados. 

Una de las áreas de mayor influencia fueron las universidades. Desde hace más de medio siglo los profesores de las principales universidades se han convertido en los principales detractores de los Estados Unidos, empleando la misma retórica anti yanqui de los “camaradas” rusos, cubanos o de sus discípulos más recientes como Chávez, Rafael Correa, Ortega o Evo Morales.

Una víctima fatal de ese virus es Obama, hijo de un kenyano y una hippy yanqui que se rebeló contra el “establishment”. Aunque la biografía de Obama aún es inédita, por tanto dato semioculto (ni siquiera se exhibe su partida de nacimiento en USA), se conoce de sus amigos más cercanos y todos ellos son extremistas, como Ayerst, el frustrado terrorista que atacó al Pentágono y ahora intima con Chávez.

Obama, como Presidente, no cesa de pedir perdón por los supuestos errores cometidos por sus antecesores en Europa, el Japón y el mundo y con los asesinos terroristas de Guantánamo. No es prédica de un estadounidense que ame a su nación, que se sienta orgulloso de su historia: es el lenguaje de un enemigo o al menos de un cómplice del enemigo. 

Hitler, Mussolini, Stalin, Napoleón, intentaron dominar  con sus ejércitos y la infiltración. La URSS se desintegró, sin embargo, sin que se haya disparado un solo proyectil. USA, de seguir el curso que ha seguido en estos 100 primeros días de Obama, podría sucumbir también sin un solo disparo.

Obama ha quebrado a la economía nacional y ha cuadruplicado exponencialmente su deuda. Habla de desnuclearizar al país unilateralmente y al mismo tiempo ha anunciado que reducirá el gasto bélico y se difundirán los secretos de Estado en la lucha contra el terrorismo islámico. Sonríe y se abraza con enemigos como Chávez y quiere hacerlo también con Ahmadinejad de Irán y los Castro de Cuba.

En su cruzada para debilitar a esta nación y sus principios, se le abre otra de las mejores opciones: la Corte Suprema de Justicia. Uno de los nueve magistrados anunció su retiro, pronto lo harán otros dos. Los sustituirá con gente que piense como él.

La estrategia es simple. Si más de la mitad de la población de Estados Unidos no piensa como él, el obstáculo se allana con los jueces para aprobar leyes, decisiones e interpretaciones a su antojo. Eso está ocurriendo con la exaltación del homosexualismo y el matrimonio gay. El voto popular en contra fue anulado con interpretaciones constitucionalistas de los jueces, lo cual en si mismo es una aberración constitucional. 

En el plano ejecutivo, cuando se presentan trabas a sus designios, recurre a los “Ordenes Ejecutivas” por sobre el Congreso. Pero ya el Congreso no será óbice, pues cuenta con mayoría absoluta en las dos cámaras y en el Senado va a lograr 60 votos para impedir cualquier bloqueo republicano.

En el Ecuador, Rafael Correa ha hecho “milagros” en la misma dirección, pero lo notable allí es que cuenta con el respaldo popular. Es la estrategia de Chávez, quien la aprendió del sacerdote mayor del colectivismo (ahora llamado “socialismo del siglo XXI”), Fidel Castro. Fidel, con talento innegable, vió que la vía de la insurrección armada no tenía futuro en la América Latina, como no lo tuvo en Angola y Bolivia con el Che. Se las ingenió, entonces, destruir el sistema desde adentro y esa táctica ha dado resultados en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua.

¿Ocurrirá igual en los Estados Unidos? Obama se está apoderando de bancos y corporaciones. La General Motors quedará en manos de los sindicatos, que con los malos administradores detruyeron a la empresa. Igual peretende infiltrarse en las ligas de fútbol, las universidades, los diarios y medios audivisuales (cuyos periodistas ya están desde hace rato contaminados de colectivismo).

Ya vendrá la estocada final (y justiciera, según él): castigar a los ricos con más impuestos, por el gran pecado de haber sido innovadores. De ese modo buscará contrarrestar la deuda y el déficit fiscal que avanzan a pasos acelerados para desembocar en inflación y acaso recesión o deflación. Pero ya se saben las consecuencias: unos pocos utopistas y resentidos sociales le aplaudirán, pero la economía nacional (e internacional) se irá a pique.

Igual que en el Ecuador, país en el cual los recursos fiscales se han agotado al tiempo de cerrarse las puertas al crédito externo. La confiscación a los ricos, vía impuestos o cualquier otra que se ingenie, no conducirán sino al desastre.

Alguien recordaba el dicho de que si un hombre a los 20 años no es socialista, es porque no tiene corazón. Y si el hombre a los 40 años sigue socialista, es porque no tiene cabeza...o porque no paga impuestos (por falta de un mínimo de ingresos=resentido social). El virus del colectivismo, se ve, ha enfermado el seso a los obamas y correas de la era actual. 

También otra persona filosofaba en el sentido de que pueblos como el Ecuador, Venezuela o los Estados Unidos tienen los gobiernos que se merecen. Pero no los que necesitan.