Monday, December 5, 2011

Y AHORA QUEDA GINGRICH

Barack Hussein Obama acaba de librarse de quien pudo convertirse en uno de los mayores escollos para lograr su reelección en noviembre del 2012: Herman Cain. La alternativa que queda es la de Newt Gingrich, contra el cual ya comienza a funcionar la maquinaria demócrata para desprestigiarlo.

Cain, un republicano negro conservador, había escalado vertiginosamente la escala de popularidad en las encuestas y apuntaba como serio contendor de Obama, no solo por su etnia sino por sus propuestas concretas para sacar al país del descalabro económico y reivindicar los principios sustantivos de esta nación, en declive con el actual régimen.

Con Cain como rival, Obama se hubiera visto frenado en su campaña que maneja dos únicas armas: el odio racial y la lucha de clases. Porque no puede ni podrá pedir al pueblo que lo reelijan en premio a lo que ha hecho en su primer período: destruir la economía en lo interno y debilitar al país en el frente externo.

Con Cain, por ser negro, el argumento de que la crítica al desgobierno de Obama nace del odio racial se habría anulado automáticamente. E igual en el caso de pretender acusar a los ricos del déficit y el desempleo en el país, males que quiere combatir gravando más a la clase empresarial, que es la creadora de empleos.

El republicano Cain (próspero empresario surgido de una familia modesta con ancestros esclavos) propuso una reforma tributaria simplificada del 9/9/9, con baja tributario en esos porcentajes para estimular el ahorro y la inversión, con la subsecuente explosión de empleos e ingresos fiscales, al tiempo de reducir el explosivo gasto público que con Obama ha llegado a más 15 trillones de dólares, o 100% del PIB.

No hay pruebas, pero acaso podrían surgir en el futuro, de que la mafia de Chicago que promovió a Obama y lo colocó en la Casa Blanca, fue la que se financió la salida a pantallas de la TV y diarios de las tres desconocidas damas que supuestamente tuvieron amoríos extra maritales con Cain hace 10 y 14 años.

Nunca hubo pruebas concretas de las acusaciones, pero la campaña pro Cain quedó en escombros. Aunque el candidato ha negado hasta el último la veracidad de los cargos, quedó la duda y su credibilidad se vino a cero, a lo que se añade su debilidad extrema en las respuestas sobre polìtica internacional en debates y entrevistas.

La maquinaria trituradora de Chicago, una vez sepultado Cain, apunta ahora a Gingrich. No les preocupa mucho el mormón Mitt Romney, ya que su candidatura aparece frágil y tan fácil de quebrar como ocurrió con John McCain hace cuatro años. Lo “liberal” y “conservative” en ambos se halla tan imbricado que se avizoraría otra derrota que los republicanos no la quieren volver a sufrir en el 2012.

Gingrich tiene muchos defectos, pero nadie puede dudar de su trayectoria republicana y conservadora nítida, desde su colaboración con Ronald Reagan para recuperar al país tras la pesadilla demócrata con Jimmy Carter hasta cuando con Bill Clinton y como líder de la Cámara de Representantes, impulsó una revolución para equilibrar el presupuesto y frenar el gasto público excesivo.

Pero junto con su récord, Gingrich exhibe un poder de oratoria sin par que la sustenta con un torrente de ideas, hechos, lógica y agilidad mental. Algunos lo critican por su elocuencia a veces desbordada y le reclaman disciplina en este aspecto y en general en el contenido y alcance de sus declaraciones, que las emite en todo orden de temas y en cualquier foro.

Pero evidentemente sería preferible alguien con un arsenal de ideas y la virtud de expresarlas con claridad y persuasión, que tener déficit de ellas, que es el caso de muchos, sobre todo de Obama. De ahí que inclusive algunos rivales republicanos por la nominación, como Romney, han declinado presentarse con él para debatir “mano a mano”.

Por cierto habrá quienes no miren con buenos ojos a Gingrich por sus dos divorcios y tres matrimonios. Él ha admitido que son errores de conducta y carácter que deplora, pero afirma que su vida ha cambiado con su tercera esposa y su conversión al catolicismo. Refuta igualmente críticas a pronunciamientos y funciones como asesir no muy ortodoxos desde el punto de vista conservador, pero garantiza que son cosas del pasado que no se repetirán.

Para quienes consideran que impedir cuatro años más de Obama es vital para la supervivencia de esta nación como la idearon los fundadores, la disyuntiva entre Gingrich y Romney no parece difícil en favor del primero. Una última encuesta que encabeza Gingrich en Iowa coloca al libertario (cuasi anarquista) Ron Paul en segundo lugar, por sobre Romney, pero ese registro parece errático y por ende temporal.

Obama será y ya es un feroz e inescrupuloso candidato que esgrimirá todo tipo de herramientas, por tóxicas que fueren, para amedrentar y humillar al rival que los republicanos nominen el próximo año. Romney no resistiría por lo cual resta la esperanza de que Gingrich sea el escogido, con la misión de asumir el papel de un luchador sin las cobardías de McCain.

Para demostrarlo Gingrich tendría que repeler las estrategias y tácticas de Chicago con las preguntas preguntas directas que McCain se rehusó a hacerlas sobre el misterioso Obama, entre otras su certificado de nacimiento, la historia de su paso por escuelas, colegios y univesidades con documentos y testimonios, sus viajes con pasaporte indonesio, la beca Fulbright que obtuvo y se concede solo a estudiantes extranjeros, su certificado fraudulento de seguridad social.

Aparte de estos asuntos trascendentales de su personalidad, Gingrich será sin duda el más apto para debatir con Obama sobre su proyecto de socialización a la europea y su constante negativa a considerar a los Estados Unidos como un país de excepción por los logros económicos y culturales resultantes de la institucionalidad democrática, inviolada en casi 300 años.

Los “ocupantes de Wall Street” han popularizado el slogan de que representan la resistencia del 99% de la población frente a la opresión del 1%. Pero ahora el país va a la deriva, de la que trata de librarse Europa, por influjo de una ideología extremista que comparte un 1% de la población (para parodiar la exageración de los “ocupantes”) que controla el gobierno, los medios y las universidades.

El 99% piensa distinto y cree en esta nación tal como fue diseñada por los fundadores, un grupo excepcional y pragmático de pensadores y hombres de acción que a fines del siglo XVIII entendió que los seres humanos no son ángeles de utópicos paraísos, sino seres con defectos que se pueden y deben corregir en un ambiente de institucionalidad democrática.

Si Obama, por algún hecho impredecible o por arte de magia de la mafia de Chicago sigue en el poder cuatro años más, el “sueño americano” acaso podría dejar de ser tal. Como lo desea ese 1% adoctrinado en las universidades desde los años 1960.


1 comment:

Franklin López said...

Ron Paul es una persona que se adhiere de una manera estricta a la Constitución de los EEUU. Carta Magna que por más de 100 años los "progresistas" han venido distorsionando y que el médido Paul busca restaurarla ajustándose a su concepción original.