Monday, February 24, 2020

LOS DEMÓCRATAS ENTRAMPADOS

La retórica izquierdista radical del partido demócrata de los Estados Unidos, que en las últimas décadas ha absorbido a ese partido al extremo de poner como su líder en las primarias para las próximas elecciones presidenciales a un marxista confeso (no afiliado al partido), al parecer podría culminar con una implosión espectacular.
Bernie Sanders es el senador por Vermont que acaba de arrasar con las primarias demócratas de Nevada el sábado pasado y que probablemente asegure distancias con sus inmediatos rivales este sábado en Carolina del Sur y el martes 3 de marzo, el "super Tuesday", cuando voten simultáneamente otros 14 Estados.
Sanders ya disputó a Hillary Clinton en el 2016 y la venció en las primarias, pero Hillary manipuló los datos e hizo uso de los "super delegados" para imponerse. Todos quienes la respaldaban, incluso los mayores medios de comunicación pro demócratas, estaban por completo seguros de su victoria frente a Donald J. Trump, pero éste la derrotó ampliamente. 
Esta vez una nueva manipulación será difícil. El electorado no da muestras de afinidad por las otras opciones. Mike Bloomberg fue un rotundo fracaso en su primer debate en Nevada; Joe Biden, el ex Vicepresidente de Obama sigue opaco, cuestionado por su malos negocios en Ucrania, tanto que ni su ex jefe le apoya y Pete the Mayor, el homosexual de Indiana, es rechazado por cristianos y negros.
A Bernie Sanders, en cambio, lo apoyan con entusiasmo todos los adoctrinados en escuelas, colegios y universidades controlados por los sindicatos de profesores demócrata progresistas, esto es, pro marxistas y de los cuales han egresado la mayoría de los periodistas de la "gran prensa", incluídos radio y TV. Son devotos de la tesis de la "justicia social" mediante la "redistribución del ingreso".
Creen que la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos y la Constitución de este país son documentos obsoletos porque no se amoldan a esas dos supuestas necesidades de cambio. Que las estarían encarnando Bernie Sanders y sus seguidores que proclaman que a esta nación hay que transformarla.
En la primaria de Nevada más de la mitad de los latinos votó por Sanders. Muchos de ellos emigraron seguramente de Cuba y otros países latinoamericanos con regímenes autoritarios donde las condiciones de vida eran deplorables por las restricciones del tipo socialista que invoca Sanders. Pero votaron por él.
Igual extaño fenómeno se observa "dentro de casa". De California la gente emigra a diario debido al deterioro de las condiciones de vida que imponen los regímenes demócratas con impuestos y otras restricciones. Se asientan en Texas, por ejemplo, un Estado que ha sido tradicionalmente republicano y votan...demócrata!   
En la entrevista del popular programa de TV "60 Minutes" divulgado anoche, Sanders le dijo al entrevistador Anderson Cooper que defendía a Fidel Castro y la Revolución Cubana, porque "no todo era malo". Citó como "logros" la alfabetización y la salud pública y cuando se le mencionó la represión, dijo que él la condenaba.
¿Cuántas decenas de miles de cubanos pasaron y pasan años en las mazmorras de Fidel? ¿Cuántas de esas víctimas fueron torturadas y asesinadas? Se justifican millones de "alfabetizados" (otros dicen adoctrinados) por una sola víctima asesinada por resistirse a la tiranía? Para alfabetizar y dar asistencia (precaria) de salud ¿es indispensable imponer una dictadura férrea que ya dura más de 60 años, con pérdida total de los derechos individuales y el éxodo de millones?
La incógnita política del momento es si Bernie Sanders continuará solidificando su liderazgo en las primarias, que concluirán a mediados de año. Pero cualquiera que fuere la respuesta y cualquiera que resultare nominado, la verdad es que el partido demócrata ha quedado desecho en esta contienda, no por efecto de fuerzas exteriores sino como resultado de sus propias contradicciones. Tiene que renovarse o morir.
Hay analistas que piensan que para el 3 de noviembre próximo se podría repetir la sorpresa del 2016 y que el candidato demócrata, que tendría poca credibilidad de victoria como Trump en aquella fecha, pudiera acabar con la fuerza titánica del actual mandatario y evitar su reelección. Pero tal reflexión parece ser una más de las tantas fantasías de los mitómanos demócratas.    

Wednesday, February 12, 2020

EL PARTIDO DEMÓCRATA SE DESPLOMA

Quién hubiera podido imaginar que al comenzar las primarias del partido demócrata para escoger al candidato que le dispute la reelección al Presidente republicano Donald Trump en noviembre próximo, figuren como punteros dos socialistas/comunistas, uno no afiliado al partido y el otro un gay.

El hecho denota una crisis que se analiza en un artículo publicado hoy por el diario The Wall Street Journal, transcrito al final de esta nota, que explica cómo el partido demócrata ha cedido al influjo de la izquierda radical en los último años, hasta lucir por completo dominado por esta ideología.

Bernie Sanders, de 77 años de edad, es un veterano legislador y ex gobernador de Vermont, hijo de exiliados polacos que no oculta sus preferencias por el socialismo, que pasó su luna de miel en Moscú y expresó sus simpatías por Fidel Castro y los tiranuelos que lo han imitado en Nicaragua, Venezuela y Bolivia. Es independiente, no se ha afiliado nunca al partido demócrata.



En las elecciones primarias (concluirán en junio) de Iowa y New Hampshire Sanders ha resultado ganador, pero muy cerca le sigue Pete Buttigieg o Pete the Mayor, de 38 años de edad, ex alcalde de un pueblito de Indiana, homosexual, casado con homosexual. Muy locuaz y sofista, se escuda en la Biblia para justificar su sexualidad y oculta con habilidad sus ideas extremas de izquierda que heredó de su padre, comunista afiliado y catedrático universitario.



La lista de aspirantes a la nominación era larga pero se ha reducido a no más de cinco o seis. Ninguno de ellos respondió con entereza a la pregunta de si objetaban que el partido se haya encaminado hacia la izquiera radical marxista. Y todos convinieron en que uno de los requisitos de afiliación era no disputar el derecho de la mujer al aborto sin restricciones.



Previamente al inicio de la primarias, el ex Vicepresidente Joe Biden figuraba como favorito para la nominación y así lo predecían y proclamaban incansablemente los medios de comunicación adictos a la causa y proclamas del partido demócrata. Pero la realidad ha sido brutalmente otra. Los primeros resultados revelan que Biden ha pasado a últimos lugares.


Lo cual confirma la convicción de que el fallido "Impeachment" al Presidente Trump, en el que se le acusaba de "abusar del poder" para presionar al Presidente de Ucrania para que enjuicie y desprestigie a Biden "porque sería su principal rival en los comicios
electorales del 2020" era un patraña falsa y miserable.

El Impeachment se basó en una conversación telefónica de Trump con el Presidente Zelensky de Ucrania en julio del 2019 en la cual le pide información sobre hechos turbios de Biden y su hijo Hunter en el 2016, sin hacer referencia jamás a política para el 2020. No se menciona ninguna coerción, amenaza, ni corte de ayuda militar y ello fue corroborado por el propio Zelensky.

¿Por qué tanto interés, tanta mentira y fatiga de los demócratas por defender a Biden? Biden gestionó un cargo en la junta directiva de la petrolera Barisma de Ucrania para su hijo Hunter, con un sueldo de 83.000 dólares mensuales. Es una compañía de corrupción total y cuando se anunció que sería auditada, Joe amenazó con suspender la ayuda militar al régimen de entonces si no se cancelaba al Fiscal.

De ello hay pruebas en un clip de TV que circula profuso pero nadie ha iniciao juicio contra él por el delito de cohecho y ahí si de "abuso del poder". Tampoco se ha comentado que los senadores demócratas Menendez y Durbin amenazaron con represalias a ese mismo régimen si no apoyaban la tesis de la colisión rusa contra Trump dentro de la campaña para oponerse al candidato en el 2016.

Joe Biden se hallaba en gestiones en Ucrania por pedido y mandato de su jefe Obama. Cualquier fechoría de Biden debía tener el visto bueno de Obama, tanto en Ucrania como en China, donde obtuvo un crédito (?) de 1.500 millones de dólares. Rudy Giuliani, el abogado de Trump, dice tener todos los documentos probatorios y que está dispuesto a exhibirlos en el momento propicio.

Ese momento propicio aparentemente está por llegar, cuando el comisionado especial John H. Durham de a conocer el resultado de sus investigaciones sobre el origen, nexos y vinculaciones del caso de la colisión rusa y demás actos de corrupción del FBI, CIA que se confabularon en tiempos de Obama para destruir e incluso derrocar a Donald J. Trump, legítimamente electo Presidente en el 2016.

La consigna demócrata es destruir a Trump, con cualquiera que resultare ganador de la nominación. No lo van a lograr porque si lo lograran, la Constitución quedaría hecha trizas como trizas hizo la líder del Congreso Nancy Pelosi con el discurso de Trump. Quienes creen que el socialismo/progresista/marxista conviene al país, es porque ignoran la Historia y rechazan la Constitución Americana.


El Artículo de Joseph Epstein, WSJ:

George Orwell noted the nervousness of people on the left when confronted by those even further to the left. This nervousness stems from leftists’ fear that they will be taken for impure in their own leftism, that their thought and actions don’t go far enough, that they are, finally, not really on the bus. In America during the 1930s, Communists mocked liberals for their weakness, and liberals worried about not measuring up. Hence the phenomenon of the “fellow traveler,” someone who sympathized with the Communist Party but couldn’t bring himself to join it. 
Orwell’s observation remains in play. In the mid-1960s, Stokely Carmichael and other young black militants pushed the American civil-rights movement leftward, and away from its goal of integration. Liberals, unable to face down this left-wing pull toward Black Power, knuckled under. A gloriously successful campaign for equal rights based on conscience and dignity devolved into an angry, incoherent movement based on guilt and victimhood. The last thing allowed was the concession of progress of any sort in racial matters. Impressive civil-rights leaders such as Martin Luther King Jr., Whitney Young, Roy Wilkins, and A. Philip Randolph were replaced by such dubious figures as Jesse Jackson and Al Sharpton. The movement never recovered.
The same phenomenon appeared in American universities. In faculty meetings everywhere, small groups of the most radical professors were able to get their way through political pressure. Liberals, generally in the majority, were worried (if not terrified) of seeming to be on the wrong side. When they didn’t give in completely, they sought compromises that invariably favored the radicals. Standards and intellectual authority in universities have given way to political correctness and identity politics.
The same scenario is playing out in the Democratic Party. Since nominating George McGovern in 1972, the party has moved progressively leftward. If the Democrats may by now be said to have a center, it cannot hold, as William Butler Yeats has it in his poem “The Second Coming.” Among today’s Democrats, “The best lack all conviction, while the worst / Are full of passionate intensity.” 
By ceding moral authority to the far left, the Democrats have lost the power to counter bizarre proposals with simple common sense. When a freshman congresswoman proposes a wildly improbable Green New Deal, instead of responding as Democrats of an earlier day would have—“Whaddya, kiddin’ me?”—they now take it seriously and several adopt it. When two other freshman Democrats make anti-Semitic pronouncements, no one in a party overwhelmingly the choice of Jewish voters has the authority to tell them to knock it off. When Democratic presidential candidates propose to provide free health care for all, or eliminate college tuition and college debt, or enlarge and pack the Supreme Court, or eliminate the Electoral College, all this is taken in earnest. And the Democratic Party is being held hostage to identity politics, so that no national ticket can ever again be without a black or female candidate. 
Donald Trump’s aggressive personality has hastened the Democrats’ radicalization. Party members measure the intensity of their idealism by their hatred of Mr. Trump. The tone and temper of the contemporary Democratic Party encourages—indeed fully supports—this sad condition. 
Consider Speaker Nancy Pelosi. A serious and skillful politician, she was finally pushed by her party’s left wing into permitting a hopeless impeachment proceeding that violated her own sensible criteria: that the reasons for impeachment be compelling, the evidence for it overwhelming, and the support for it bipartisan. When the impeachment failed in the Senate, as she had predicted it would, it drove her to the distinctly un-Pelosian act of tearing up her copy of the State of the Union address on national television. 
What is to be done? No one has a good answer. Perhaps the only hope is that the Democrats put together a nightmare ticket— Elizabeth Warren and Cory Booker, say, or Bernie Sanders and Kamala Harris —and the party is so crushingly defeated in November that it returns to its long-lost political seriousness.

Mr. Epstein is the author, most recently, of “Charm: The Elusive Enchantment.”

Thursday, February 6, 2020

SE IMPUSO LA CONSTITUCIÓN DE 1778

El partido demócrata, absorbido por el radicalismo de izquierda, fracasó en su intento golpista por deponer al Presidente Donald J. Trump mediante una maniobra comparable a un típico "cuartelazo" del Tercer Mundo.
Todo comenzó con una conversación telefónica que tuvo Trump con el Presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, a quien felicitó por su reciente elección. En el diálogo de julio pasado le prometió ayuda para combatir la corrupción rampante en ese país y de paso le dijo qué averigüe qué pasó allí con los Biden.
Se refería a Joe Biden, el Vicepresidente de Obama, que con su hijo Hunter estaban en negocios turbios con la petrolera Burisma en Ucrania. El hijo estaba empleado allí con un sueldo de 83.000 dólares mensuales; el padre se estaba postulando como candidato presidencial demócrata para las elecciones del 2020.
El informe Moeller acababa de concluir exculpando a Trump de toda vinculación con Putin para ganar los comicios del 2016, pero existían informes de que la acusación de la supuesta colisión rusa nació con Biden en Ucrania y que otros personajes tenían vínculos directos e indirectos con la petrolera Burisma, fuente de máxima corrupción.
Un soplón o "whistleblower" divulgó a congresistas demócratas la existencia del diálogo, pero distorsionando su contenido. Adam Schiff, representante demócrata lo hizo público ante la Cámara y al hacerlo alteró deliberadamente su contenido. Pese a que Trump se  había visto forzado a entregar la transcripción textual de la conversación, con la venia de Zelensky.
Según la transcripción, aceptada por el Presidente ucraniano y por los que estuvieron presentes en la conversación, no hubo ninguna presión de Trump para que hostigara a Joe Biden para anularlo como rival para su reelección en noviembre del 2020, ni retención condicionada de ayuda militar ni otro medio de presión parecida.
No obstante, los demócratas hicieron caso omiso de la transcripción y bajo el comando de Nancy Pelosi, líder de la Cámara de Representantes, decidieron iniciar el proceso de Impeachment para enjuiciar y destituir el Presidente. Inicialmente Pelosi se opuso y con razón, aduciendo que para emprender tan severa medida se precisa probar que el jefe de Estado ha cometido crímenes graves de alta traición o similares.
Y que, además, haya consenso bipartidista acerca de la conducta criminosa del Presidente para evitar la división e inestabilidad de la nación. Desoyó su propia reflexión y cediendo a la presión de la izquierda radical, ordenó que el Impeachment continúe sin un solo voto republicano de respaldo.
En cuanto a los "crímenes" para justificar el Impeachment, resumidos en dos capítulos, tienen bases falsas: Obstrucción del Congreso y Abuso del Poder. En el primer caso, Trump se negó a que algunos testigos se presenten por razones de seguridad nacional  en consideración al principio de separación de poderes y, en el segundo, no hubo abuso de poder al pedir que se investiguen actos ocurridos en el 2016 en Ucrania.
Los demócratas aducían que Trump quería anular a Biden con miras a los comicios del 2020, asunto que no se menciona jamás en la transcripción del diálogo. Trump ha dicho que nunca tuvo en mientes a Biden como rival de peligro y los resultados iniciales de la primarias demócratas en Iowa y New Hampshire le están dando la razón (Biden está tercero o cuarto).
La farsa del Impeachment ha llegado a su fin con la votación ayer en el Senado. Solo 47 estuvieron por la destitución, muy lejos de los dos tercios mínimos, 67, para lograrlo. Solo hubo un voto traidor en favor de "culpable" por uno de los dos capítulos, el voto de Mitt Romney, cuya defección ha sido repudiada incluso por los propios demócratas.
Los demócratas no han hecho honor a su calificativo. No aceptaron el claro triunfo de Trump y desde el mismo día 8 de noviembre del 2016 comenzaron la conspiración para anular su victoria sobre Hillary Clinton. Primero se intentó alterar los resultados en las urnas. Luego se fabricó la teoría de la interferencia de Putin para favorecer a Trump sobre Hillary y la investigación Moeller de tres años y 40 millones de dólares.
Por último este Impeachment, infame desde su nacimiento hasta la actitud patanesca de Nancy Pelosi que rompió la copia del discurso sobre el Estado de la Nación pronunciado por Trump ante el Pleno del Congreso. El partido demócrata, causante de la Guerra Civil por defender la esclavitud, que asesinó a Lincoln y se negó a la integración formal de la negritud, con el fracasado Impeachment ha dado un paso más hacia atrás en la Historia.
Porque si continúa ahondándose el radicalismo progresista de izquierda en el partido según se desprende de la posición de los pre candidatos ahora en las contiendas primarias, es porque repudian al sistema constitucional implantado en 1776/1778, basado en la libertad y  el equilibrio de poderes. Es el capitalismo que ha perdurado por más de dos centurias y que ha hecho de este país la primera potencia mundial.
Pero ¿qué es el capitalismo? Los demócratas y tanta otra gente mal informada o desinformada no conoce sus beneficios. Aquí un corto videoclip que ayuda a una mejor comprensión:
https://www.prageru.com/video/as-the-rich-get-richer-the-poor-get-richer/

Tuesday, December 10, 2019

ATENTADO PUERIL Y VERGONZOSO

El partido demócrata ha concluido el ciclo previo al "impeachment" o interpelación y remoción del Presidente Trump, presentando dos cargos llamados artículos que no justifican el proceso previsto en la Constitución.
Los cargos están contenidos en lo que se conoce como Artículos del Impeachment, que deberán ser aprobados por la Cámara de Representantes antes de pasar a juicio del Senado, que para ello deberá estar presidido por el Presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Los cargos o artículos son dos. El primero habla de "Abuso del Poder" y el otro de "Obstrucción del Congreso". La Constitución faculta al Congreso recurrir al impeachment solo en caso de que haya pruebas de que el mandatario haya cometido traición o delitos de muy alta consecuencia para los intereses del Estado.
El supuesto abuso del poder, según los demócratas, surge de una llamada telefónica de Trump en julio pasado al Presidente Zelensky de Ucrania, de congratulación por su reciente elección. Los demos afirman que Trump le pidió que hostigue y enjuicie a Joe Biden, el Vicepresidente de Obama cuyo hijo Hunter hacía negocios turbios en Ucrania en 2016.
Hunter, sin experiencia, obtuvo un cargo en la petrolera Burisma con 83.000 dólares mensuales, sin ninguna experiencia en el negocio y aparentemente por influjo de su padre. Burisma estaba acusada de corrupción y cuando el fiscal general quiso investigar, Joe Biden intervino y presionó públicamentre para que se lo destituya, de lo cual hay clips de TV.
En esa época el anterior gobierno ucraniano conspiró con Obama y Hillary en contra de Trump, de lo cual hay constancia en los diarios de uno y otro país. Fue a eso a lo que se refirió Trump cuando pidió a Zelensky que indague sobre las acciones corruptas de los Biden y los nexos con la farsa de la supuesta "colusión rusa" que habría llevado a Trump a la Casa Blanca de la mano de Putin.
La Comisión Moeller consumió casi 40 millones de dólares para pagar a unos 17 abogados demócratas en la investigación de casi tres años sobre la colusión y los resultados dejaron indemne a Donald Trump. El tema ruso no ha desaparecido para ellos y lo han tratado de revivir con Ucrania.
El "abuso de poder" lo vinculan con la supuesta presión de Trump sobre Zelensky contra su enemigo o rival político Biden para las elecciones de noviembre del 2020. En julio pasado, Biden era uno de los primeros pre candidatos presidenciales demócratas, que llegaron a más de una veintena después y que ahora se han reducido. Las primarias para escoger al candidato final se realizarán entre febrero y junio del año próximo.
¿Alguien cree tan estúpido y débil a Trump como para que pida socorro al jefe de Ucrania para que le "ayude a ganar" la reelección en el 2020? Para comenzar, en la transcricpión de la conversación telefónica jamás el Presidente menciona a los comicios del 2020 ni nunca alude a Biden como rival. En el 2015/2016 se enfrentó a 17 precandidatos republicanos mucho más sólidos y los derrotó y luego a la Hillary. Biden luce hormiga frente a él.
A más de "abuso del poder" los demos hablan de "obstrucción". Lo dicen porque el Presidente se negó a autorizar la presencia de algunos testigos y entregar ciertos documentos en uso de sus derechos constitucionales. Si el Congreso discrepaba de ese criterio era la Corte Suprema de Justicia la otra rama que tenía que decidirlo. Pero el presidente del Comité de Inteligencia encargado de los interrogatorios Adam Schiff dijo que eso podía demorar ocho meses o más "y no cabía esperar tanto..."
La negativa presidencial de fondo es lo viciado del precedimiento del impeachment desde su origen. Según la Constitución, la decisión de hacerlo es de tanta gravedad y responsabilidad que no cabe hacerlo por facciones, esto es, de manera unipartidista. Ni un solo republicano se ha adherido al proceso. Ni uno solo de los principales testigos solicitados por los republicanos ha sido aceptado por la dirigencia demócrata.
Los artículos del Impeachment es probable que sean aprobados por la Cámara de Representantes, por mayoría demócrata. Pero en el Senado la mayoría es republicana y allí se estancará, no sin antes ser llamados muchos de los testigos clave negados por la otra cámara y que harán revelaciones comprometedoras contra los ahora acusadores.

Friday, November 1, 2019

CÓMO TUMBAR A TRUMP

En algunos países latinoamericanos se ha puesto de moda organizar feroces motines para intentar tumbar gobiernos elegidos por voto popular, supuestamente con el financiamiento cubano venezolano. En los Estados Unidos los demócratas están ensayando otro método de golpe de Estado: esta vez con la ficción del "Impeachment".
El impeachment es una interpelación que la inicia la Cámara Baja o de Representantes del Congreso al Presidente de la República por presuntos graves delitos de lesa Patria como traición y similares. La acusación debe plasmarse en Capítulos del Impeachment que pasan a estudio y resolución del Senado, que para el efecto lo preside el Presidente de la Corte Suprema de Justicia.
El objetivo del Impeachment, en caso de culpabilidad, es decidir la destitución del Presidente. Tan complejo paso debe ajustarse a normas. Por ejemplo, que la aceptación de presunta culpabilidad del Jefe de Estado sea de la Cámara, no de una facción y ello solo se refleja si se somete a votación la iniciación de los interrogatorios conducentes a la redacción de los Capítulos.
Nada de eso ha existido en el caso del actual Impeachment a Trump. El asunto se inició con una acusación de Nancy Pelosi, que preside la Cámara de mayoría demócrata, acerca de una conversación del Presidente con su homólogo de Ucrania sostenida en julio pasado. Pelosi dijo,  sin documentarlo, que Trump presionó al Presidente Volodomyr Zelensky a que investigue negocios turbios del ex Vicepresidente Joe Biden y su hijo Hunter en ese país.
Esa es la raíz del "escándalo" armado por el partido demócrata progresista y sus aliados los principales medios de comunicación audiovisual para tratar de desestabililzar y a la postre destituir a Trump con la maniobra del Impeachment. Pero el Presidente destrozó el intento desde el comienzo al hacer pública la versión oficial del diálogo con el líder ucraniano en el cual con claridad se revela que toda alusión a Biden se refería al 2016 y no al 2020, año en el cual habrá nuevas elecciones presidenciales.
Trump busca reelegirse en noviembre próximo y Biden es uno de los varios precandidatos demócratas que le disputarán. Pero él ha dicho que Biden no le preocupa como rival y que, en todo caso, jamás habría pedido ayuda a Ucrania para el 2020. Lo que le interesa y por mandato legal es establecer la verdad sobre la maniobra aparentemente originada en Ucrania en el 2016 sobre la "colusión rusa".
Fue con Obama y la CIA y FBI a su mando que se fraguó la leyenda de la colusión que consumió casi 40 millones de dólares y el pago a 16 costosos abogados demócratas para investigar por casi tres años si en verdad Putin conspiró contra Hillary Clinton para llevar a Trump a la Casa Blanca. Todo resultó falso con gran pérdida de dinero y tiempo y desvío de atención. 
Algo similar ocurrirá con este sustituto de "coup d´etat" cantinflesco que quizás no llegará ni siquiera a ser aceptado para estudio del Senado por carecer de validez de un cargo para el "impeachment". Tras la denuncia de Pelosi y la publicidad del diálogo de los presidentes, surgió un "whistleblower", o soplón denunciante de acciones contrarias a los intereses públicos de altos funcionarios, que pretende sostener que Trump si presionó para que la imagen de Biden sea perjudicada con miras a los comicios del 2020.
El alegado quid pro quo no tiene basamento y aún si asi fuere, no constituiría en si mismo causal de "impeachment". Pelosi y sus áulicos se empecinan en mantener secreto el nombre del whistleblower, que se entrevistó sin  embargo con Adam Schiff, jefe del Comité de Inteligencia que inició en secreto los interrogatorios, sin permitir participación de los republicanos.
A último momento, Pelosi pidió votación para el proceso. Ni un solo republicano la apoyó y dos demócratas se rebelaron. El proceso en esas condiciones debió haberse suspendido y archivado porque el Impeachment corre legal y políticamente si así lo acuerda la Cámara en su conjunto, no una facción. En el caso de la interpelación de Richard Nixon y Bill Clinton los dos procesos comenzaron con amplio consenso bipartidista.
La situación hoy es vergonzosamente distinta. Si el proceso avanza en la Cámara de Representantes por la tozudez de Nancy Pelosi, será entonces en la Cámara del Senado donde deberá hallar su sepultura al momento de arribar.

Tuesday, October 15, 2019

MÁS PARECE UN LINCHAMIENTO

El proceso para enjuiciar y destituir al Presidente Donald Trump  está desarrollándose en la Cámara de Representantes del Congreso Nacional con tanto secretismo que más que "impeachment" está pareciéndose a un "lynching".
La Constitución de la República dispone que dicha Cámara puede iniciar ese juicio siempre que haya presunción de delitos muy graves de parte del mandatario, como traición y sobornos y siempre también que exista acuerdo entre las facciones partidistas.
Ello se cumplió en los tres casos previos de impeachment con Andrew Jackson, Richard Nixon y Bill Clinton. Con Trump, sin embargo, la presidenta de la Cámara, la demócrata Nancy Pelosi dice que no será necesario votar si procede el juicio y ha ordenado que se llame a testigos sin participación republicana.
Esa conducta contraviene normas fundamentales del Derecho, que estipula que el acusado puede y debe cuestionar a sus acusadores y testigos en defensa propia. Ello rige para cualquier caso menor, máxime en tratándose de despedir a un Presidente legítimamente elegido, lo cual sin el debido proceso equivaldría a un golpe de Estado.
Los diputados republicanos no han podido exponer en la Cámara que el cargo de impeachment no tiene validez. Se le acusa al Presidente de haber llamado telefónicamente en julio pasado al Presidente de Ucrania Zelensky para pedirle que investigue al ex vicepresidente Joe Biden y a su hijo Hunter por negocios turbios en ese país, con el supuesto ánimo de dañar su candidatura presidencial para el 2020.
Los Biden hicieron negocios multimillonarios en Ucrania y Trump quería y quiere averiguar si cuando ambos viajaron a ese país en el 2013 estuvieron vinculados con la trama que se fraguó sobre la llamada "Russian collusion", según la cual los "camaradas" habrían intervenido en las elecciones del 2016 para ayudar a Trump el plutócrata a derrotar a Hillary Clinton la socialista.
Pero Trump destruyó la coartada al ordenar que se desclasifique la conversación suya con Zelensky. En ella no hay ninguna presión para destruir a Biden con miras a los comicios del 2020 en los cual Trump busca ser reelecto, ni menciona para nada la entrega o no de fondos pre asignados de ayuda militar a Ucrania.
Pelosi, acorralada al igual que Adam Schiff, jefe del Comité de Inteligencia encargado de los interrogatorios, elude contestar las preguntas clave sobre incorrecciones del proceso e inclusive  anuncian que no llamarán al "whistleblower" o soplón de segunda mano que dio una versión falsa del diálogo de los Presidentes. Sin la presencia de dicho personaje, el sainete montado por los demócratas se desmoronaría.
El proceso, no obstante, acapara la atención pública merced a los amplios espacios que la prensa, radio y TV, aliados a la campaña anti Trump, dedican al tema sin pausa y sin opción a pensamientos divergentes. Un reportero audaz, que representa a "Veritas", hizo una grabación secreta de reuniones de trabajo del jefe de CNN con sus reporteros.
Al inicio de la jornada, se observa cómo les instruye cuál debe ser el objetivo de los reportajes para el día: destruir la imagen de Trump y su equipo e ignorar cualquier logro que le favorezca. Veritas hizo otro reportaje similar sensacional revelando cómo Planned Parenthood negociaba en un restaurante la venta de partes humanas de los fetos que a diario "cosechaba" la institución (financiada por el fisco).
El caso de la "colusión rusa" demoró casi tres años, costó unos 43 millones de dólares y resultó un fiasco, pese a los 18 abogados sabuesos que escudriñaron todos los recovecos posibles en la vida y milagros de Trump. Se ignora si los demócratas perseverarán en esta farsa del impeachment, que ha impedido a la Cámara y al Congreso un trabajo productivo en salud, infraestructura, impuestos, tratados comerciales, seguridad de fronteras.
Si de todos modos la Cámara aprueba los Artículos del Impeachment, en el Senado de mayoría republicana es probable que el proceso se estanque y termine en el archivo. A menos que los demócratas se ingenien algo que convierta al impeachment en un lynching o linchamiento, que para ello tienen la experiencia que adquirieron tras la Guerra Civil, con la ley Jim Crow y el desprecio contumaz por la Constitución que han evidenciado tantas veces.

Thursday, October 3, 2019

¿SON ESTÚPIDOS LOS ANTI TRUMP?

La "resistencia" a Trump se está quedando sin argumentos válidos para su "impeachment" o juicio político para destituirlo, a punto tal que su comedia va camino de convertirse en una farsa en la cual los demócratas están apareciendo como una partida de estúpidos.
Primeramente la líder demócrata Nancy Pelosi, Presidenta de la Cámara de Representantes, se opuso a un impeachment que los elementos más radicales de su partido le exigieron que iniciara tan pronto ellos obtuvieron mayoría de la Cámara en 2018.
Con apego a la ley y la tradición, Pelosi dijo que no cabía lanzarse a un impeachment si no existía acuerdo bipartidista y si los cargos lo justificaban. Tales cargos contra el Presidente son de supuesta traición, soborno o graves delitos por abuso del poder, los cuales deben ser especificados por el Comité Jurídico.
Para comenzar la indagación, se precisa someterla a votación, lo cual Pelosi ha pasado por alto para evitar el indispensable aporte de la contraparte republicana. En consecuencia, la indagación se hará solo con requerimientos de la parte demócrata acusadora y no a través del Comité Juridico que preside Jerry Nadler, quien sigue otra vía orientada hacia el mismo fin de  un impeachment.
La motivación del impeachment orquestada por Pelosi es una conversación telefónica de Trump con el nuevo Presidente de Ucrania Volodymyr Zelensky, en julio pasado. Acababa de suceder al corrupto Petro Poroshenko tras una campaña basada precisamente en una promesa contra la corrupción.
Pelosi argüía que Trump llamó a Zelensky para presionarlo a que investigue y sindique al ex Vicepresidente Joe Biden y a su hijo Hunter por negocios fraudulentos en ese país, so pena de cancelar ayuda militar. La intención supuestamente era debilitar a Biden para las elecciones presidenciales del 2020, acaso por considerarlo el pre candidato de mayor peligro para su reelección.
Toda esta leyenda dijo Pelosi se la conocería gracias a un "whistleblower" (denunciante que cuenta con amparo legal) cuya denuncia se sabría más tarde. Pero su acusación se desplomó cuando Trump hizo pública la transcripción del diálogo con Zelensky en el que se constata que el único objetivo de la llamada fue felicitarlo por lo victoria y alentarlo por el buen éxito de la gestión.
Fue el líder ucraniano quien mencionó a Biden y a su hijo y ofreció cooperar en las investigaciones para hallar los nexos de la fracasada Misión Moeller sobre la colusión rusa que la "resistencia" demócrata dijo existió para favorecer a Trump frente a Hillary Clinton en las elecciones del 2016. Entonces Zelensky citó al Fiscal  General Bill Barr y al abogado del Presidente, Rudy Giuliani, para que aporten en la investigación sobre los albores de la supuesta colusión rusa.
En ningún momento hubo amenaza de suspensión de ayuda militar ni de otra índole y jamás se mencionó nada respecto a los comicios del 2020. Resulta ingenuo suponer que Trump buscara ayuda de Ucrania para sumar votos para la reelección: ¿cómo? ¿con donaciones?¿alterando resultados en las urnas?¿con coimas? ¿en las redes sociales, con avisos?
De otro lado, nada ni nadie podía garantizar en julio pasado que Joe Biden sería el elegido en las primarias demócratas, cuyos resultados se sabrán en junio del próximo año. A Bernie Sanders, uno de los punteros de la campaña, le sobrevino un problema cardíaco con sus 78 años de edad. Biden tiene 76 años de edad y su salud no es muy sólida. ¿Por qué Trump iba a arriesgar tanto por él en el affaire Ucrania?
Lo cierto es que los demócratas progresistas, aliados con la prensa mayoritaria que hace tiempo ha dejado de ser profesional, han estado al acecho de Donald J. Trump desde el momento mismo de su victoria en noviembre del 2016 a la espera del menor desliz para tratar de socavarlo y hundirlo. Es algo milagroso que no lo hayan logrado con semejante muralla de desinformación y calumnia.
Hillary y sus aliados de la "resistencia" progresista idearon la mentira de la colusión rusa con el dossier del espía británico Christopher Steele y tras casi tres años y 43 millones de dólares fracasó. Luego hubo varios intentos para boicotear sus nombramientos para la Corte Suprema de Justicia y otros jueces, para la seguridad de las  fronteras, etc. 
Ahora se han inventado lo del "whistleblower" que terminará siendo con seguridad otro gran fiasco, para sanidad de la nación y para oprobio de un partido que está anegado cada vez más en las mentiras.