Monday, June 20, 2016

SOLO HAY UN ISLAM

El virtual candidato presidencial republicano Donald Trump es quien más se aproxima a decir la verdad sin tapujos, superando los impedimentos impuestos a la libertad de expresión por la táctica de lo “políticamente correcto”. 
Sin embargo, ni él mismo se ha atrevido aún a declarar lo que es tan obvio: que el terrorismo islámico tiene su raíz en el Islam como tal y punto. Y no exclusivamente en una supuesta ala radical del Islam, que los “moderados” la estarían rechazando.
Quizás por razones de campaña y porque los medios de comunicación y principales portavoces de los partidos políticos le hacen eco al presidente Obama, la máxima censura al mandatario y sus súbditos es que se niegue a achacar los atentados al radicalismo musulmán.
Obama pretende sostener que el Califato del ISIS y el terror que difunde por todo el orbe no tiene origen en el Islam, pese a que tanto los creadores del califato como los terrorisas se autocalifican como musulmane e invocan siempre a Alá antes de cometer actos genocidas.
Como lo explica un experto en el video que se adjunta, el origen del Islam está en el terror. Mahoma, su fundador, creó la organización con la cimitarra en ristre e incrementó su poder y vasallaje a sangre y fuego, con la consigna de dominar a los infieles. Nosotros, nuestra fe, dijo, somos el orden y tenemos que imponer ese orden a los infieles, que son la guerra y el caos.
Los musulmanes siempre han estado en plan de conquista y vasallaje. En Europa, en España, estuvieron seis centurias, hasta que los Reyes Católicos, fortalecidos con el Descubrimiento de América, los expulsaron en el Siglo XVI. La reconquista de Europa se ha reiniciado ahora por la vía de la invasión migratoria.
Los musulmanes, de origen árabe sobre todo, no se asimilan y tratan más bien de imponer sus credos y costumbres en los países invadidos. Europa es el ejemplo más lamentable, unificada por leyes y regulaciones antinacionalistas impartidas desde Bruselas. La reacción contraria es evidente y en pocos días se sabrá si el Reino Unido opta por separarse de la UE en señal de protesta.
En los Estados Unidos, Obama es el protector en jefe del Islam y la tragedia de Orlando le sirvió de tribuna no para denigrar al genocida sino para arremeter contra quienes reclaman que se arbitren medidas de defensa contra el mayor enemigo de los Estados Unidos de la hora actual: el Islam y su arma terrorista, que puede y debe ser previsible y controlable. 
Trump propone que se frene el libre acceso de refugiados y no refugiados de países que anidan a terroristas islámicos hasta que se realicen estudios prolijos de sus identidades. Y que se investigue la situación de quienes ya residen en este país, nacidos inclusive aquí, vinculados con el terrorismo y que han generado tragedias como en San Bernardino y Orlando.
Para ello, a los agentes del FBI y la CIA se les debe eximir de las prohibiciones de Obama de examinar a los musulmanes, porque ello supuestamente atenta a la libertad religiosa. Las mezquitas, donde se reúnen para orar y para planear, han dejado de ser vigiladas por esas razones, así como sospechosos como Omar Mateen, a quien nunca se le debió dar licencia para comprar armas con las que actuó en Orlando.
Es el mismo debilitamiento de las “rules of engagement” o reglas de juego para combatir, que George W. Bush y Obama dictaron a los soldados para combatir a los insurgentes en Iraq y Afganistán. Prácticamente peleaban con los brazos atados, según expresión de algunos. La capitulación se definió con Obama, cuando en el 2011 ordenó el retiro de todas las tropas de Iraq y el abandono de los flamantes equipos militares y municiones.
Con esos pertrechos se formó el Califato ISIS o ISIL como prefiere llamarlo Obama (porque involucra a Israel) y de allí se extendió la mancha terrorista por la región, Europa, África y el resto del mundo, sumándose el respaldo de Irán, que recibió luz verde de Obama para armarse y fortalecerse con el acceso a 150.000 millones de dólares que permanecían congelados por Naciones Unidas.
Estados Unidos ha dejado de enfrentar el desafío de las guerras para llegar a la victoria. La última decisión en ese sentido la tuvo Truman, al autorizar el lanzamiento de las dos bombas atómicas contra Japón. Pero el mismo Truman, en Corea, se opusó el general MacArthur que quería derrotar a los comunistas invasores chinos y soviéticos y prefirió el armisticio.
Hasta hoy Corea del Norte es una dictadura nuclear protegida por China, que otro presidente demócrata, Bill Clinton, respaldó. Más tarde una nueva invasión chino/rusa en la península de Vietnam fue repelida por las fuerzas armadas lideradas por Estados Unidos, pero esta vez no solo no se logró la victoria, sino que Washington capituló por primera ocasión ante el enemigo vietcong manejado por Moscú y Beijing.
Aún se discute sobre 9/11 y la guerra contra Afganistán e Irak, pero lo cierto es que esa guerra no se ha ganado, se han perdido muchas vidas humanas y trillones de dólares. El Medio Oriente se ha desestabilizado y el terrorismo islámico se ha incrementado, acentuándose el desconcierto y el debilitamiento del liderazgo del Mundo Libre debido a un Obama con  clara predilección por el Islam.
Hay musulmanes “moderados” que se alinean con Obama y Bush en decir que el Islam es una religión de la paz, que predica el amor, la asistencia a los menesterosos, la amistad, las buenas relaciones entre los países y los seres humanos. Que los terroristas islámicos no son islámicos sino seres extraños y usurpadores del nombre de Alá. Pero el Corán dice otra cosa.
El momento en que el Islam efectivamente se convierta en una religión de la paz, dejará de ser el Islam. Por desgracia, ese momento parece distante. Encuestas revelan que 60 millones de musulmanes aprueban el ISIS y que el 51% de musulmanes en los Estados Unidos abogan por la implantación de la ley Sharia en este país.
El instante hipotético en que tal ocurra, la Constitución de los Estados Unidos y la Declaración de la Independencia habrían dejado de tener vigencia. 

A continuación el enlace al video que contiene un claro y explícito resumen de la historia del Islam:

Wednesday, June 15, 2016

LA FORTALEZA DE TRUMP

Donald Trump, candidato presidencial por el partido republicano a las elecciones de noviembre, tuvo otra vez la razón al decir que Obama, en su discurso sobre la masacre de Orlando del domingo pasado, se mostró más enfurecido contra él que contra los autores del crimen.
El rostro del presidente demócrata, sudoroso y con los ojos desorbitados, denotaba en efecto una virulencia irrefrenable al referirse a las críticas del candidato republicano, cuya posición frente al Islam por cierto distorsionó el como es ya rutina que lo hagan Hillary Clinton y los principales medios de comunicación audiovisuales que los secundan.
Trump, como la mayoría de norteamericanos, ha observado estupefacto cómo este nuevo acto terrorista del islamismo radical pudo y debió ser evitado, si otra fuese la postura del Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos para combatir al mayor enemigo con el cual enfrenta la nación.
Trump, Obama, Hillary y su grupo insisten en ocultar el nombre de dicho enemigo, radicalismo islámico, con la supuesta intención de no malquistarse con la “religión de la paz” que a su juicio es el Islam. Ocho años de esa política de apaciguamiento no han reducido sino que han fortalecido al radicalismo aquí, en Europa y en el mundo entero.
Obama retiró las fuerzas militares de Iraq en el 2011 dejando tanques y demás pertrechos en manos de los terrorista que habían sido doblegados con la operación Petraeus. Así rebrotó el islamismo radical y surgió el primer Califato del Siglo XXI, o ISIS, que Obama prefiere llamar ISEL, porque de ese modo involucra a Israel.
En un principio Obama calificó al ISIS de aprendices. De mala gana aceptó luego que se bombardee a un ejército de 40.000 o más soldados bien armados y financiados con el petróleo iraquí. Se negó a una estretegia para vencer al ISIS cuando el terror se extendió por el Medio Oriente, Noráfrica y África, Europa y Estados Unidos. Hay que contenerlos, no derrotarlos, dijo.
Trump adoptó otra tónica. Primero pidió que se califique al enemigo como tal, sin circunloquios. Hillary acabó ayer por aceptarlo a medias, pero Obama se negó, según su discurso de ayer. ¿Qué ganamos con ello? se preguntó. Pero FDR, Truman, Kennedy, Eisenhower o Reagan habrían podido contar con  respaldo popular para derrotar al Eje y al comunismo si ocultaban el nombre de los enemigos?
Obama y Hillary y su campaña, mienten al afirmar que Trump pide prohibir el acceso a todo musulmán o que acusa a los musulmanes residentes en Estados Unidos de terroristas. Lo que sugiere es un  estudio prolijo de todo inmigrante de países terroristas que amenazan a esta nación e investigar a potenciales terroristas ya radicados aquí, nacidos o inmigrantes.
Porque la tragedia de Orlando y antes la de San Bernardino, por ejemplo, pudieron ser evitadas si los servicios de inteligencia de la CIA y el FBI no tenían las directivas prohibitivas de Obama y Loretta Lynch, su Fiscal General. Los agentes están prohibidos de verificar cualquier información especial, si el sospechoso es musulmán.
Omar Mateen, el terrorista de Orlando, frecuentaba una mezquita a la que acudía también el terrorista que se suicidó con explosivos en Siria y con el cual mantenía estrecha amistad. Los agentes conocían esos detalles, pero recibieron órdenes de Hillary cuando era Secretaria de Estado para suspender la vigilancia en la mezquita a fin de no ofender a los devotos de la “religión de la paz”.
Con esos antecedentes y otros como sus dos viajes sucesivos a Arabia Saudita y la segunda mujer que cooperaba para el atentado, Mateen nunca debió apartarse de los ojos del FBI ni menos recibir licencia para adquirir armas de fuego. A ésto se refería Trump, pero The Washington Post  y otros lo acusan de haber dicho que Obama  directamente fraguó el atentado de Orlando.
Obama no solo distorsiona el pensamiento y las declaraciones de Trump, sino la Historia. Desde el inicio de su mandato en el 2009 se dedicó a exaltar al Islam y a compararlo en valor con el Cristianismo en la formación de los Estados Unidos, algo opuesto a la verdad. Su actitud ayer fue una ratificación. No sorprende, pues, que no haya llamado al Gobernador de la Florida para expresar su condolencia, acaso porque Scott es republicano.
El problema de Trump para los del establishment político, tanto demócrata como republicano, es que es inasible e inmanejable y que, por tanto, desborda los cercos y tenazas de lo “políticamente correcto”, cuya estrategia es globalizarse para restringir las opciones de libertad individual, controlar los mercados e incrementar el poder de círculos restringidos más allá de las fronteras.
Los medios y los portavoces o “pundits” de uno y otro partido y de la mayoría de medios de comunicación, quieren tenderle una emboscada a Trump en vísperas de la Convención del GOP del 20/21 de julio próximo, en la cual los delegados deberán finalmente proclamar la candidatura presidencial del partido.
Lo tradicional es que los delegados, en la primera votación, den su voto por el candidato con mayoría de votos en cada uno de los 50 Estados. Solo si no hubiere mayoría podrían votar a discreción. A menos que haya una maniobra corrupta, en la primera votación el designado será Trump, que ya tiene más de 1.500 delegados, mucho más del mínimo de 1.237.

Si ocurre algo torcido, sobrevendrá el caos.

Wednesday, May 4, 2016

YA NO ES BUFÓN, AHORA ES POPULISTA

Aclarada la ruta hacia la victoria como candidato presidencial por el partido republicano para las elecciones de noviembre próximo, Donald Trump es ahora acosado por los neoconservadores ya no como bufón sino como un populista.
Los neoconservadores son los demócratas que se volvieron republicanos hacia el decenio de 1960 y que en el fondo no han podido liberarse de su afinidad por lo peor de esa tendencia política, el respaldo a gobiernos fuertes y al ideal de la globalización.
Dentro de esa perspectiva, conocida como “progresista”, “neocons” y los demócratas se confunden al punto que igual les da un Clinton que un Bush en la presidencia, o un McCain o Romney como candidatos republicanos.
Por eso pugnaron porque otro Bush, Jeb, fuera el unigido para las elecciones presidenciales del 2016. Invirtieron más de 150 millones de dólares en respaldarlo. Pero el candidato seleccionado, pese a su alcurnia y su pasado como gobernador de Florida, fue un fracaso por falta de liderazgo.
Y sobre todo porque surgió imprevistamente otro candidato, Trump, que no buscó respaldo financiero alguno debido a que se autofinanció, dado que es dueño de una fortuna billonaria. Desde el anuncio de su candidatura el 16 de junio pasado, los votatantes republicanos y no republicanos se volcaron caudalosamente en su favor.
Los neoconservadores, ubicados en la dirigencia del partido (GOP) y en los principales medios de comunicación, se mofaron de Trump diciendo que es un bufón, que no duraría en la contienda más allá de dos semanas, que su solo mérito lo debía a su presencia en un existoso programa de TV y que su prédica carecía de contenido “conservador”.
Pero ha sido justamente su prédica lo que ha atraído a tanta gente, porque ha ido al fondo del conflicto en que se debate esta nación por influjo de la corriente “progresista”, cuyas raíces brotan con Woodrow Wilson a inicios del siglo pasado, se agravan con Lyndon B.Johnson en 1960 y se pudren con Obama, con peligro de que pudiera prolongarse con Hillary Clinton.
Fracasado Jeb Bush, el establishment progresista del GOP intentó encumbrar a Marco Rubio, pero también éste se deshizo al poco tiempo. Su última carta se la jugó con Ted Cruz, que originalmente basó su campaña precisamente acusando a Washington y al establishment como un cartel organizado para lucrar a costa de los intereses del pueblo.
La maniobra se hizo trizas, otra vez, con el triunfo demoledor de Trump sobre Cruz en los comicios de anoche en Indiana, lo que obligó a este último a decidir su retirada. La nominación se asegurará en la Convención del partido en julio, con una mayoría de 1237 delegados. Trump tiene hasta el momento 1055.
Previamente, el establishment soñaba con manipular (con Cruz) los resultados en la posibilidad de que Trump no alcanzase los 1237 delegados antes de la Convención en Cleveland. En la primera votación, los delegados tienen la obligación de votar por el ganador en cada Estado.
Pero en la segunda y sucesivas, los delegados quedan en libertad de votar por cualquier candidato, incluso por quienes no participaron en la contienda. Si no se alcanza la mayoría, hipotéticamente el asunto resuelve la mayoría republicana en la Cámara de Representantes. Pero la retirada de Cruz elimina toda especulación al respecto.
No obstante continúan las críticas contra Trump, esta vez acusándolo de demagogo, populista, no conservador y de querer romper al GOP para secuestrarlo. En la TV, un historiador dijo que se trataría del secuestro más curioso de un avión (GOP) en el que los secuestrados estñen de acuerdo con los secuestradores. En efecto, nunca antes el número de votantes ha crecido tanto como ahora en las primarias del partido.
Acusan de populista a Trump porque su lenguaje es claro, directo, acaso con dejos populares sin ser vulgar, por lo cual su mensaje es fácilmente asimilado. Lo que él quiere es recuperar la grandeza perdida de America (Estados Unidos) en lo interno e internacional, resguardando las fronteras, fortaleciendo sus fuerzas armadas, revisando lo negativo de los acuerdos comerciales, recuperando los valores culturales, creando empleo.
No lo dice, pero el pueblo intuye que de esta manera está prometiendo frenar el embate del  “progresismo” que considera obsoleta la concepción de los Funndadores de esta Nación, de desconcentrar los poderes en tres ramas para crear un gobierno que garantice los derechos individuales iguales para todos, no para regularlos tiránicamente, cual es la tendencia en boga.
El progresismo es regresión a gobierno autoritarias rechazados por los Fundadores en el siglo XVIII. Esta  revolucionaria concepción permitió a este país progresar en un marco de libertad a ritmo sin precedentes, reduciendo también sin paralelo los niveles de pobreza. Los progresistas creen que esa visión ha caducado, que debe ser reemplazada por un gobierno fuerte redistribuidor de la riqueza e igualador de resultados.
Las utopías que pretenden que la igualdad de oportunidades en un marco de libertad deben igualar también los resultados por acción del monarca o del autócrata iluminado, han fracasado sin excepción. Sean de corte marxista/leninista o fascista o de términos medios en todos ellos hay de por medio una defectuosa división de poderes, con preeminencia de un Ejecutivo que concluye en el abuso, la corrupción y el empobrecimientro colectivo.
Trump erigió su imperio de bienes raíces dentro del sistema capitalista en Manhattan, primero y lo extendió por el mundo entero. Nunca intervino de política, pero hizo donaciones a políticos por razones de conveniencia de negocios, hasta que llegó un límite de resistencia frente a los intentos de dichos políticos por destruir y debilitar al sistema.
Resolvió lanzarse a la conquista de la Casa Blanca y lo está logrando, pese a los augurios en contrario. Quiere rescatar el orgullo nacional disminuído por Obama y los progresistas, rescatar los valores judeo cristianos escarnecidos acerca del matrimonio tradicional, el valor de la vida, el respeto a todas las etnias, la libertad de religión y el derecho sin miedo a volver a decir, por ejemplo, Feliz Navidad.
En cuanto a la doctrina del globalismo de los neocon, Trump advierte que rechazará cualquier acuerdo internacional que vulnere los derechos de esta nación a autoderminarse, como aquellos que se cuecen sobre “global warming” y otros que tienen que ser actualizados o rechazados como los de OTAN y el que firmara Obama con el Estado terrorista de Irán.
Populismo es demagogia, como la que proponen los demócratas Sanders y Hillary Clinton. El primero, maxista, quiere confiscar la riqueza de los ricos para redistribuirla (lo que estrá prohibido por la Constitución) y promete  algo imposible: universidades y atención médica gratuitas para todos. Hillary sería el tercer gobierno de Obama, en cuyo período la deuda creció a 21 trillones de dólares, virtual quiebra para la nación.
Trump está resuelto a revertir esa tendencia y así lo etiende la mayoría en este país, que se siente burlada por abusos anti constitucionales de jueces sin atribuciones para ello. Como cuando 37 de los 50 Estados votaron contra el matrimonio gay y la Suprema lo declaró constitucional. O como  cuando validó el Obamacare que viola dicho estatuto y que fue repudiado por la totalidad republicana en el Congreso Federal.

   

Thursday, April 28, 2016

TRUMP VUELVE A CONSOLIDARSE

Abril 27, 2016

TRUMP SE CONSOLIDA

La avalancha popular en favor de la nominación de Donald Trumpo como candidto presidencial por el partido republicano se confirmó anoche con la victoria en cinco Estados, con más del 60% de los sufragios, relegando a un tercer puesto a su rival más cercano, Ted Cruz.
Según cálculos, Trump ha acumulado 988 delegados, poco menos de los 1237 mínimos que necesita para asegurar la nominación en la Convención Republicana de Cleveland, prevista para julio próximo. Si tal ocurre, se anularían las maniobras para impedir el triunfo de Trump con delegados y no con votos.
Las próximas elecciones en Indiana y California podrían garantizar que Cruz quede definitivamente eliminado y que su reciente alianza con Kasich haya fracasado por completo. Los dos eran los últimos de 17 partícipantes originales de la lista republicana en la contienda, que fueron eliminados poco a poco por el “fenómeno” Trump.
El senador Cruz y el Gobernador por Ohio Kasich, desesperados como dijo Trump, anunciaron públicamente (lquizás debieron tramar en secreto) que se repartirían los Estados sobrantes a fin de aumentar sus respectivas cifras magras de delegados, con el ánimo de bloquear la suma de Trump. Pero el efecto fue contrario: anoche la votación anti maniobra aumentó.
La teoría de los fracasados manipuladores y del “establishment”, es decir de quienes controlan el partido (GOP) con el respaldo de los medios influyentes, es que Trump ha dividido al partido, que no es conservador, que es un populista y bufón.
La realidad es otra. El GOP está más fuerte que nunca. El número de los votantes ha crecido en las primarias en un 45% o más (mientras que entre los demócratas ha decrecido en montos parecidos), incluídos los que no votaron en las elecciones presidenciales pasadas, los independientes y los que han dejado de ser demócratas para ser republicanos por Trump.
Si hay división, es la que generan los del establishment que apoyaban a Jeb Bush primero, luego a Marco Rubio y ahora a Ted Cruz, pese a que éste por táctica mojigata inició su campaña como “anti establishment”. Los del establishment GOP son iguales al establishment de los demócratas, en cuanto buscan perpetuar la actual tendencia hacia la abolición de los principios sustantivos de los Estados Unidos.
Según ellos, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Constitución en la que se basa, son documentos obsoletos porque obstruyen la satisfacción de las necesidades de la sociedad, cambiantes con el tiempo. Se requiere, dicen, de un sistema administrativo ágil de expertos que conozcan mejor de de sus materias que los legisladores, al mando de un gobierno ejecutor sin tantas trabas originales.
Esas teorías, conocidas como “progresistas” surgieron hace una centuria y en realidad son “regresivas” porque dan al traste con el principio de la división de poderes y del gobierno por consenso, creado hace fines del siglo XVIII por los Fundadores de esta nación. Lo que se ha ido desarrollando es un gobierno “administrativo” alejado cada vez más del control popular.
Ese tipo de gobierno (que ha crecido a expensas del poder del Congreso)funciona con el contubernio de los grandes intereses de la banca y las coporaciones, que lucran y aspiran a globalizar su doctrina en todo el orbe. Apoyan por igual a demócratas o republicanos que se acomoden a su doctrina como Bush, Rubio o Cruz. No Trump, que se auto subsidia y ha declarado que jamás sería lacayo del establishment.
Trumpo quiere hacer de los Estados Unidos ( America) “Great Again”. Esto es, revivir la idea fundamental de su excepcionalismo, sustentado en que el poder reside en el pueblo, que todos los hombres tienen iguales derechos, que el poder se delega a un gobierno para que defienda esos derechos a la vida, la libertad y búsqueda de la felicidad, los cuales son inalienables por ley natural (the laws of Nature and of the Nature’God).
En consideración a que los hombres no son ángeles, porque si lo fueran no se requeriría de gobierno, los Fundadores decidieron que el gobierno tendría que ser limitado, responsable y alternativo y dividido en tres funciones de mutuo control. Solo el Congreso tendría atribuciones para legislar. No el Ejecutivo ni las Cortes, como ocurre con el “progresismo”.
Trump no es el bufón ni el populista tercermundista como le quieren hacer aparecer sus enemigos. Es un ciudadano perspicaz con convicciones profundas sobre la validez del sistema en el que nació y sobrevive la nación más próspera y libre en la Historia. Fue dentro de ese sistema que él llegó a ser un empresario billonario.
Hasta que llegó un punto en que no pudo seguir tolerando el contubernio de políticos y manipuladores para desviar a este país por senderos alejados del ideal de la DI y la Constitución y resolvió lanzarse vez a la política, con sus propios recursos. Nadie le tomó en serio al comienzo, salvo el pueblo que ha intuído con claridad sus intenciones.
Asumió el liderazgo al despuntar su candidatura y ahora está a un paso de alcanzar la nominación presidencial. Y en noviembre la presidencia, pues si su rival es Hillary Clinton (si no va a la cárcel por traición a la Patria), la contienda le será mucho más fácil que con sus otros catorce rivales de las primarias, cualquiera de ellos mejor preparado y calificado que ella.

Wednesday, March 23, 2016

VERGÜENZA NACIONAL


Marzo 23, 2016

VERGÜENZA NACIONAL

El nuevo ataque terrorista de los jihadistas en Bruselas coincidió con la abominable presencia de Obama en La Habana, que la tenía pensada y organizada desde antes de asumir el poder, para apuntalar y consolidar a la tiranía castrocomunista de más de media centuria. 
Lejos de suspender el viaje y retornar a  la Casa Blanca de urgencia para demostrar solidaridad con la Europa equivocada, ahora en lucha contra los terroristas islámicos, Obama prefirió asistir a un partido de béisbol junto a Raúl Castro, su mujer y dos hijas. 
En medio de bromas, risotadas y “olas” de entusiasmo en el estadio, dedicó 51 segundos a responder a un reportero sobre lo acontecido en la capital de facto de Europa, Bruselas. Nunca dijo que sus autores eran y son (como ha ocurrido antes allí, aquí y en el resto del orbe) radicales islámicos.
Inútiles son los esfuerzos de quienes pretenden no entender las causas  de la popularidad de Donald Trump, que anoche volvió a arrasar en las primarias de Arizona del partido republicano, en ruta hacia la nominación para reemplazar a Obama en las elecciones de noviembre próximo. 
Tiene 763 delegados, frente a 463 de Ted Cruz, su inmediato rival. Se precisan al menos 1237 delegados para que la Convención del GOP de julio (18/21) en Cleveland, Ohio, lo confirme como el nominado, sin que haya lugar a maniobras lícitas e lícitas de sus opositores. Trump confía en llegar a esa cifra con los votos que faltan sobre todo de Nueva York, California y Pensilvania.


¿Por qué la gente está prefiriendo a Trump? Bastaría decir que por el contraste con Obama. Este señor, mitad negro y mitad blanco pero siempre anti blanco, acaba de decir en Cuba que la revolución castrista se ha inspirado en los mismos principios que la Revolución Americana. Es una blasfemia en términos políticos a históricos.
Los dos eventos no pueden ser más antagónicos entre si en sus orígenes, en sus objetivos y en sus resultados. La Revolución Americana liberó a las 13 Colonias de la monarquía británica de Jorge III y creó una república única basada en los principios de la Declaración de la Independencia de 1776 y la subisguiente Constitución de 1787.
Esos principios establen que el poder está en el pueblo, que éste lo ejerce en tres ramas, con representantes elegidos popularmente y responsables y alternativos en sus funciones. La división de poderes evita con el mutuo control los abusos y garantiza el ejercicio de la libertad individual. El sistema no ha variado desde su instauración.
En Cuba, desde 1959, hay una tiranía cuya única alteración ha sido el reemplazo en la escena pública de Fidel Castro por su hermano Raúl. No existe división de poderes, ni libertades individuales. La represión que en el pasado incluyó fusilamientos públicos de disidentes, continúa y a los opositores se los encarcela.
Obama no tuvo empacho en posar en la plaza junto a Raúl, teniendo al fondo la imagen del Che Guevara, asesino confeso, a quien el propio Fidel le temía. Obama, como el Papa Francisco, ha optado por la genuflexión ante un régimen que no merece perdón ni misericordia, pues ni siquiera ha demostrado arrepentimiento.
Trump promete rescatar la dignidad de los Estados Unidos, perdida tras siete años del régimen Obama. En lo interno, la economía está en crisis con una deuda de 21 trillones de dólares, 96 millones de desempleados  y una de las más bajas inversiones y reinversiones en el sector privado. 
En lo externo, el pro islamismo de Obama ha permitido que florezca el ISIS en el Medio Oriente, el cual ha extendido sus tentáculos de terror a Bruselas, antes a París, San Bernardino en California y que con seguridad trama más atentados y de mayor envergadura en Europa y los Estados Unidos. Los americanos y el mundo se sienten inermes con Obama. 
El líder republicano promete seguridad y ha demostrado que terminará con las atrocidades como el comparar la revolución cubana con la de USA, el proteccionismo al terrorismo musulmán, el apoyo a tiranías extremistas como la de Irán, la cobarde teoría de “liderar desde la retaguardia”, la renuncia a controlar las fronteras y evitar la invasión de ilegales.
Al otro lado del espectro político está Hillary Clinton, colaboradora de Obama durante cuatro años al frente del Departamento de Estado. En esas funciones cometió delitos contra la seguridad nacional, por lo que debería ser enjuiciada y encarcelada. Pero Obama la protege y ésta, en pago, promete continuar otros ocho años de obamismo si gana la presidencia.
Pero ello no ocurrirá, pues los votantes evidentemente quieren a Trump y no a quien pretendan imponer los manipuladores del GOP, miembros de lo que se conoce como el “establishment”. Que ya fracasaron con pudilánimes como John McCain y Mitt Romney en el 2008 y el 2012

Friday, March 18, 2016

TRUMP SE CONSOLIDA


Marzo 16, 2016

TRUMP SE CONSOLIDA

Donald Trump ganó en todos los Estados menos Ohio en las primarias de ayer del partido republicano. En Ohio triunfó el gobernador de ese Estado, John Kasich, quien aspira a maniobrar con el “establishment” del GOP para evitar que Trump sea nominado.
John Kasich no tiene ninguna posibilidad de lograr el mínimo de 1.327 delegados para que la Convención del GOP lo nomine. En lo que va de la contienda, es su primera victoria. Pero con Ted Cruz buscan impedir que Trump alcance esa cifra, a fin de que sean los delegados a la Convención los que decidan quién sea el nominado.
La ley prevé que los candidatos presidenciales sean electos no solo por mayoría de votos populares, lo que daría ventaja a los Estados de mayor población como California o Nueva York, en detrimento de los más pequeños, como Vermont o Maine, sino por mayoría de delegados que se asignan en proporción al número de habitantes de cada uno de los 50 Estados.
La Convención se realizará en Cleveland, Ohio, entre el 18 y el 21 de julio. Para entonces, Trump espera acumular la mágica cifra de 1.327 votos, que haría inuútil cualquier digresión o maniobra. Pero si tal no ocurre, Cruz y Kasich y el establishment pondrán en acción un operativo para anular la posibilidad de triunfo de Trump, incluso si su ventaja en votos es amplia.
Podrían sobrevenir disturbios. El “fenómeno” Trump es visible. Se refleja en el incremento de hasta un 60% o más de votantes,  muchos de ellos independientes, demócratas frustrados o republicanos insatisfechos con el establishment y los fracasados candidatos John McCain y Mitt Romney de las dos anteriores elecciones presidenciales.
El mensaje de Trump es claro y simple y se refiere a la ideología y doctrina inmersos en la Declaración de la Independencia y la Constitución de los Estados Unidos, que han venido a menos con el avance del “progresismo” iniciado por Woodrow Wilson, ampliado con Franklin Roosevelt y Lyndon Johnson, agudizado con Obama y que Hillary Clinton intenta  perpetuarlo.
Para Trump y sus multiplicados seguidores, Estados Unidos ha prosperado gracias al marco de libertad en que se ha desarrollado, con gobiernos por consenso y separación de poderes. Este esquema ha ido declinando en los últimos tiempos, con un Ejecutivo que ha usurpado poderes del Congreso y una Corte Suprema excedida en sus funciones para legislar e incluso reformar la Constitución.
Las consecuencias han sido negativas en todos los campos de la actividad humana, interna y externamente. La deuda pública sobrepasa los 20 trillones de dólares, hay más de 90 millones de desempleados, el subsidio en alimentos y vivienda quiebra las arcas fiscales, el frente militar se debilita, el liderazgo mundial se desvanece y ofusca.
Las propuestas “progresistas”/socialistas/marxistas/fascistas con poderes centralizados  han fracasado y Trump quiere acabar aquí con esa tendencia. La gente lo quiere así y quienes a ello se oponen se identifican con un establishment que apoya la teoría del gobierno globalizado, con una elite global que lo decida todo por un pueblo al que considera inepto para decidir por si mismo.
Trump es detestado porque dice y maneja la verdad. Dijo no a la inmigración ilegal y tuvo la razón. Es tesis que todos los candidatos, de los dos partidos, la debaten. Dijo no a los tratados de comercio que ponen en desventaja a los Estados Unidos y ahora todos concuerdan con él. Dijo no a la  manera de conducir el conflicto en el Medio Oriente y contra el Islam y el acuerdo es unánime.
¿John McCain es un héroe? Lo puso en duda y tuvo razón. Los héroes no son los que caen presos y sobreviven, sino los que conquistan y derrotan al enemigo. McCain, piloto naval, fue abatido en Vietnam cuando volaba por una ruta no autorizada por sus mandos superiores y durante su cautiverio, hay versiones dudosas sobre su conducta.
Acusó Trump que muchos de los ilegales que ingresan por la porosa frontera sur son delincuentes peligrosos, narcotraficantes y violadores. No generalizó, pero sus acusaciones tienen el respaldo de los hechos. Obama ha resuelto que se debiliten, no refuercen, las acciones para evitar los ingresos ilegales y a ello se opone Trump, con el respaldo  de la mayoría de los norteamericanos.
Ted Cruz aparece como el rival mayor de Trump en el GOP, pero los del establishment dudan en respaldarlo basados en su sola obsesión anti Trump. El estilo Cruz repele, es intransigente, miente y aparenta ser anti establishment, lo que resultaría contradictorio si busca su respaldo. Rubio habría sido preferible para la clase dirigente, pero se autoeliminó. Queda Kasich.
Pero si nada catrastrófico ocurre (como por ejemplo un atentado), un análisis objetivo de la situación induce a pensar que Trump será nominado en julio. Y que en la lucha final, en noviembre, le será fácil derrotar a Hillary Clinton si ella es la nominada por el partido demócrata y si antes no es llamada por el FBI a responder por delitos contra la seguridad nacional, cometidos cuando era Secretaria de Estado de Obama.
Hillary (pues Sanders el comodín ya está descartado) tiene tantos factores negativos en su contra, humanos y de todo tipo, que será fácil presa de Trump en el campo de batalla electoral. El pueblo podrá presenciar un debate frontal y cristalino entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira, del cual saldrá triunfante Trump para beneficio no solo de este país sino del mundo.

Monday, December 28, 2015

TODOS CONTRA TRUMP


Por lo menos un mérito tendrán que reconocer sus enemigos al candidato presidencial republicano Donald Trump: su “milagrosa” capacidad para unir en su contra a la dirigencia (establishment) de los dos partidos y a los más “sabios” analistas de los medios audiovisuales y escritos.
Desde que Trump anunció su aspiración a la nominación por el GOP el 15 de junio pasado, los más connotados columnistas y mayores expertos en política y politología advirtieron que su candidatura no duraría sino pocas semanas, porque se trataba de un payaso insustancial, que no sabía otra cosa que vociferar, insultar y hacer piruetas de circo.
Han pasado seis meses y desde el primer día del anuncio, toda encuesta de opinión lo coloca en el primer puesto. Los analistas se deconciertan pero no se dan por vencidos y ahora han optado por acusar a quienes siguen a Trump de  idiotas, impresionables e ignorantes, que al momento de votar reflexionarán para rechazar al “payaso”.
La acusación aparte de ofender a los partidarios del candidato, revela falta de agudeza de los analistas. Arguyen que Trump insulta y elude ir a la sustancia de los temas en debate. Pero no observan que él jamás ha iniciado el diálogo ríspido, sino que siempre lo hecho como respuesta a los insultos gratuitos que ha recibido, sin motivación alguna.
Curiosamente, todos los pre candidatos que comenzaron de esa manera sus diatribas contra Donald, cayeron bruscamente en las encuestas hasta verse obligados a renunciar. Otros luchan por sobrevivir con 3 puntos o menos, como Jeb Bush, que inicialmente figuraba como puntero en la campaña y favorito del establishment del GOP.
Ciertamente que la oratoria de Trump es distinta, pero no es vacía. Dice lo que tiene que decir de modo directo, sin tapujos, con color, calor y humor y a momentos con sátira. Y lo que dice es lo que la mayoría de ciudadanos quiere oir de un líder con fuerza, de un “macho alfa” que promete no “la transformación” del país, como Obama, sino su recuperación.
Comenzó su incursión en la política denunciando una de las peores formas de destrucción del país: la virtual abolición de las fronteras para permitir la libre inmigración no solo de latinoamericanos sino sobre todo de árabes musulmanes para profundizar la “islamización” de los Estados Unidos en la que se halla empeñado Obama desde el 2009.
El asunto, que los “sabios” analistas dijeron que acabaría con la candidatura de Trump antes de que se afianzara, es ahora uno de los principales temas de discusión de la campaña, sobre todo tras los actos terroristas de París y San Bernardino y la gris reacción del jefe de la Casa Blanca. En Europa también se habla de acabar con el mito de la abolición de fronteras.
Correlativamente, Trump proclamó la necesidad de una moratoria para el ingreso de árabes a los Estados Unidos, hasta que se perfeccionen los métodos de investigación tanto para los que quieren llegar como para los que ya están aquí de primera, segunda o tercera generaciones. La medida es lógica, pues el islamismo radical tiene declarada la guerra a este país.
Jamás ha habido denuncias de musulmanes, residentes o no en los Estados Unidos, de atentados en ciernes que los servicios policiales hubiesen podido detectar y evitar a tiempo. Urge, por tanto, que se levante la orden de Obama que impide vigilar a mezquitas y organizaciones musulmanas potencialmente jihadistas. (Así no habría habido la tragedia de San Bernardino)
Los atacantes de Trump insinúan que sus expresiones sobre Putin delatan que, si triunfa, su gobierno sería tan autoritario como el del líder ruso. Es una más de las distorsiones de los analistas. Con sentido pragmático, lo que el candidato dijo es que Putin ha hecho en esa zona lo que Obama no hizo o no quiso hacer: derrotar a los terroristas en Siria y demoler al ISIS. ¿Por qué, pues, no apoyarlo?
En materia económica, jamás Trump ha dicho que gobernaría como dictador como Obama con el Obamacare y los Decretos Ejecutivos para modificarlo sin consentimiento del Congreso, o para legislar en materia de inmigración o a través de las agencias para legislar sobre medio ambiente y minería y banca e innumerables otras materias, sobre las cuales el Congreso ha abdicado en los últimos años.
Lo que ha impulsado a Trump a dejar sus multibillonarias empresas para lanzarse a la política, es la preocupación por la audacia de una minoría “progresista” que se ha aferrado al poder para ir deshaciendo la esencial grandeza de este país, que reside en la división de poderes y contrapeso entre si, conforme a las normas y doctrina de quienes fundaron esta nación en el siglo XVIII.
La Constitución de 1789, inspirada en la doctrina de la Declaración de la Independencia de 1776, no son documentos obsoletos como pretenden los progresistas, sino que están más vívidos y radiantes que nunca. Son los “progresistas” los que quieren marchitarlos, habiendo logrado ya que el Congreso y la Corte Suprema cedan gran parte de sus atribuciones.
Mientras más se debilite la Constitución, más posibilidades existen de que crezca un Ejecutivo dictatorial. Los fundadores de la nación la diseñaron para evitarlo. Los seguidores de Trump así lo creen, por eso lo respaldan y no por espejismo circense. Solo una maniobra siniestra de sus enemigos, como un atentado terrorista, podría impedir su nominación y victoria final.