Wednesday, March 11, 2015

LAS MENTIRAS INFAMES


En estrecha conexión con la capitulación que Obama se apresta a firmar ante el Irán está la mentira divulgada desde la cúpula del partido demócrata acerca de que el descalabro del Medio Oriente y el avance del terrorismo musulmán, se explican por la guerra falsa  desatada por Bush contra el Irak.
Esa guerra del 2003, dicen Obama, los principales medios de comunicación e incluso dirigentes no solo demócratas sino republicanos, usó información amañada para acusar a Sadam Hussein, dictador iraquí, de poseer armas de destrucción masiva que luego nunca se encontraron.
Es una verdad a medias, ya que si bien no hubo pruebas concretas de la existencia de armas nucleares, se encontraron rezagos de armas químicas entonces y ahora, según así lo informó hace pocos días el diario The New York Times. Pero fue el propio Hussein el que esparció por el globo la idea de que poseía un arsenal nuclear.
El problema fue que Hussein bloqueó la inspección de expertos de las Naciones Unidas a los que expulsó. Jamás acató ninguna de las 16 resoluciones del Consejo de Seguridad para que destruya todo vestigio de armas nucleares o químicas y para que se abstenga de fomentar y financiar el terrorismo dentro y fuera del Irak.
El desprecio por la historia ha llevado a algunos a presentar a Hussein como víctima de los desbordes guerreristas de George W. Bush, “el cowboy”. Pero Sadam tuvo 35 años de terrorismo en la región, incluída la guerra contra el Irán durante una década desde 1980, con un millón de muertos, muchos de ellos causados por gases venenosos que se lanzaron entre si los contendores. 
En 1990, Hussein invadió a Kuwait con la intención de apoderarse de sus yacimientos de petróleo, que abastecían el 19% del mercado del consumo global. Las Naciones Unidas no lo permitió. Entre enero y febrero de 1991 se formó una coalición militar al mando de los Estados Unidos, en el gobierno de  George H.W. Bush, que derrotó fácilmente al dictador iraquí.
El gran error histórico de la coalición (entre la que figuraban Canadá,  Gran Bretaña, Australia y varios países árabes encabezados por Arabia Saudita) fue no destronar a Hussein. Continuó desafiante en el poder y, según sus propias confesiones, creyó haber logrado una tregua para seguirse rearmando con armas convencionales y no convencionales.
Luego de la hecatombe del 9/11, la situación del Medio Oriente se tornó en extremo sensitiva. Los aspavientos de Hussein no podían ni debían ser desoídos, dado su récord de exterminador genocida, inclusive con sus congéneres kurdos. Había que presionar para hacer que se someta a los mandatos de las Naciones Unidas.
George W. Bush, pese a la urgencia, no se precipitó a las armas como sus opositores lo acusan, sino que agotó los trámites de la diplomacia con la mediación de Naciones Unidas. Solo entonces y con el apoyo de 34 gobiernos y de senadores demócratas como Hillary Clinton, Joe Biden y John Kerry dio las órdenes de la invasión militar, que terminó por derrocar y luego apresar y llevar a juicio y condenar al dictador.
Lo que pensaba y sabía George W.Bush de Sadam Hussein es lo mismo que pensaba y sabía Bill Clinton. El convencimiento de que Hussein poseía no solo armas químicas, sino que desarrollaba o había desarrolado armas nucleares, no era exclusivo de Bush sino de los servicios de inteligencia de Rusia, Alemania, Francia, el Reino Unido, no solo la inteligencia de los Estados Unidos.
Estas son verdades históricas. Los demócratas pueden negarlo, porque parece que en ellos es congénita la mentira. Como lo acaba de demostrar ayer Hillary Clinton, quien pretende persuadir a la gente de que ella estaba por encima de la ley cuando conducía el Departamento de Estado, como lo estuvo su cónyuge Bill en la Casa Blanca. 
Lo que sorprende es que Jeb Bush, cuyos padre e hijo condujeron guerras en Irak, también se alinee con los demócratas y diga que fue un error de su hermano el haber entrado en guerra con ese país. Si de algo se les puede acusar a los Bush es de no haber tenido el carácter suficiente para exterminar de raíz al radicalismo islámico y dejar sembrada en su lugar las cimientes de libertad y democracia en la región. 
A Bush le ha sucedido Obama, quien se ha entregado al Islam. Irán, el enemigo número uno de los Estados Unidos desde 1979 y principal promotor del terrorismo en el globo, está próximo a firmar un acuerdo que le despejará el camino para contar con un arsenal nuclear a la vuelta del camino. 
No se ve cómo Obama podrá ser detenido. 47 de los 57 senadores republicanos del Congreso acaban de dirigir una carta al Ayatola para advertirle que el acuerdo será descalificado por el Senado norteamericano. Como lo dijo el comentarista Charles Krauthammer de FoxNews ¿por qué se dirigieron al Ayatola y no a Obama?
El Ayatola, con seguridad, se va a mofar del  gesto. ¿Acaso los senadores creen que le va a recordar a Obama que en los Estados Unidos rige una Constitución y que por respeto a ella, mejor dejan de firmar el acuerdo? A los dos les importa un comino la Constitución. En el peor de los casos, si alguna objeción surge de parte de los senadores, Obama podrá recurrir a lo que ya se ha convertido en una rutina en él: dictar leyes, acuerdos o resoluciones por Decreto Ejecutivo, para así soslayar y burlarse del Congreso.  

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