Wednesday, August 24, 2016

HILLARY ES INDEFENDIBLE

No cabe duda que la personalidad de Donald Trump ha probado tener un temple extraordinario al resistir el ataque persistente por más de un año de los principales medios de comunicación y los analistas y políticos no solo del partido demócrata rival sino de su propio partido republicano.
Otro candidato con carácter menos sólido ya se habría esfumado, como ha ocurrido en el pasado. Pero Trump ha crecido y se perfila como el probable victorioso en la contienda electoral presidencial quew culminará el próximo 8 de noviembre, no solo por sus méritos, sino por los deméritos de su rival.
Con el paso de los días se acumulan más y más las pruebas y testimonios     de la criminalidad y falsía de Hillary Clinton, cuyo cónyuge debió haber sido juzgado por perjurio en el  Congreso (Bill Clinton fue luego juzgado civilmente y despojado del derecho a ejercer la abogacía). Hillary lo protegió, atacó a sus amantes y mintió y mintió siempre para captar poder a cualquier costo.
Hay pruebas que salen a la luz cada día de su época como Secretaria de Estado de Obama, de cómo engrosaba los fondos de la Fundación Clinton, supuestamente creada con fines caritativos y que en realidad financiaban la fortuna personal de los Clinton y sus planes políiticos para regresar a la Casa Blanca en el 2017.
Para ello utilizó servidores privados en su residencia, para manejar correspondencia electrónica con potenciales donantes dentro y fuera del país, incluídos corporaciones y gobiernos extranjeros. Lo hizo pretendiendo eludir controles, pero le faltó la sabiduría de un mafioso de mayor talento y fue sorprendida.
Urdió excusas, mentiras, culpó a otros y prefirió borrar 33.000 emails que consideró no confidenciales y dijo que los que devolvía al FBI no contenían secretos ni confidenciales. El FBI, pese a su falta de independencia de Obama, afirmó que muchos de los emails si eran secretos, que los 33.000 emailes borrados eran irrecuperables y que, en todo caso, la conducta de Hillary era en extremo irresponsable.
Las atribuciones del director del FBI se limitan a investigar, no a sugerir qué tipo de acción la Fiscalía debe adoptar al respecto. Pero esta vez James Comie, el jefe del organismo, pidió que se absuelva a Hillary y así procedió la Fiscal Loretta Lynch, siguiendo órdenes de Obama. Pero no todo terminó allí.
Porque alguien tiene posesión no solo de los 33.000 emails de Hillary sino de otros documentos que demuestran su corrupción y comienzan a llegar a ser distribuidos sistemáticamente. Ese “alguien” podría ser Julian Assange, creador del WikiLeaks, asilado en la embajada ecuatoriana en Londres, o cualquier persona con habilidad para hackear por propia decicisión o al servicio de gobiernos extranjeros.
Mientras tanto, Trump arrecia contra Hillary por las pruebas que se acumulan demostrativas de su corrupción  y que permanecen impunes, por lo que pide nombrar un juez independiente para juzgar el caso, en vista de la colusión entre Obama y la Fiscalía General. Pero es Obama quien tendria que aceptar esa designación y ello no ocurrirá jamás.
Medios de comunicación como The New York Times o The Washinton Post comienzan a flaquear en la defensa de Hillary, así como algunos de sus columnistas de ese y otros medios. Trump etuvo brillante al destacar que los negros están peor con los demócratas que han gobernado 50 y más años ciudades como Chicago, Detroit, Baltimore y les reclama que voten por él, porque con los demos “ya no tienen nada más que perder”.
En sus argumentos utiliza datos, cifras, hechos. Hillary y sus seguidores basan la defensa y los ataques en insultos. Las inscripciones de votantes nuevos es mayor en el lado republicano. Trump siempre tiene multitudes en sus apariciones públicas, para las cuales ahora se respalda con el uso de teleprompter, incrementando el impacto. Las reuniones pro Hillary son escuálidas.
Los asesores de Trump son nuevos y ello ha revitalizado la campaña, en tanto que Hillary sigue contando con un homosexual confeso como diector de campaña, Robby Mook y como su más íntima asesora desde los tiempos de Secretaria de Estado a Huma Abedin, que escribía para el diario de su madre pakistaní en favor de las tesis más extremas del Islam.

La contienda electoral del 2016 no puede ser más ilógica ni ser más contradictoria para una sociedad como la norteamericana, que es una democracia de 240 años basada en el respeto a la Ley y la Constitución. Si estos principios se aplicaran con rigor en estos días, Hillary Clinton no estaría compitiendo: estaría en prisión, junto con sus cómplices.

Tuesday, August 16, 2016

UNA PARTIDA DE IDIOTAS

Así son tildados los seguidores del candidato presidencial republicano Donald Trump por muchos dirigentes no solo del partido demócrata sino de su propio partido, así como por reporteros y columnistas de los  más importantes medios de comunicación audiovisual.
Trump los tiene desconcertados, porque a pesar de ser billonario no está alineado con la clase dominante empeñada en torcer el curso republicano de esta nación, para encauzarla dentro de un glabalismo de tipo autárquico.
Desde que anunció su candidatura en junio del año pasado, nadie de ese grupo elitario le dio más de un par de semanas de vida. Pero derrotó a sus 16 contrincantes en las primarias, no obstante todas las maniobra para cerrarle el paso.
Esta vez no saben qué hacer para detenerlo y evitar su victoria en la votación del 8 de noviembre próximo. Han experimentado toda suerte de improperios, de distorsiones de su biografía, de sus pronunciamientos y de sus propuestas y han echado a vuelo las campanas cada vez que Hillary le saca un punto de ventaja en las encuestas.
Cualquiera supondría que con tan descomunal artillería de los medios, Hillary Clinton le aventajaría con no menos de unos 20 puntos. Pero no hay tal. Trump dice burlonamente que esa sería la ventaja que él tendría si la prensa fuera imparcial.
Para justificarse, los “sabios” analistas anti Trump dicen repetidamente que los seguidores del candidato republicano, que llenan hasta los bordes los estadios cada vez que se presenta, son de baja cultura, “undergraduates” o sea sin títulos universitarios, blancos, de la clase media o media baja.
Lo dicen con convicción y su desprecio “por esa clase de gente” es sincero y muy propio de la mentalidad “liberal”/demócrata/progresista. La verdad es que entre quienes respaldan a Trump hay de todo: undergraduates así como graduates, hombres y mujeres de toda edad y etnia y de todo tipo de ingreso, jubilados y veteranos.
Constituyen la esencia del pueblo norteamericano que el establishment de los dos partidos (o elite) y los periodistas de los principales medios ignoran y escarnecen. Si fuera posible, harían lo que sardónicamente aconsejaba Bertolt Brecht en 1953 a los soviéticos en Berlín Oriental cuando reprimían a los rebeldes: disuelvan al pueblo y elijan a otro. (El artículo pertinente, en inglés, se transcribe al final)
Trump pronunció ayer otro discurso formal, esta vez sobre su estrategia para acabar con la amenaza del ISIS y el terrorismo islámico. Tradujo lo que la gente piensa sobre el tema y lo que quiere para exterminarlo. Ellos, los jihadistas, han declarado la guerra a los Estados Unidos y Occidente y ya es hora de enfrentarlos sin rodeos hasta la derrota.
Obama/Clinton auparon al ISIS, la formación del Califato y la expansión del terrorismo por el Medio Oriente, África y el mundo. La OTAN, creada con el fin de frenar al imperio sino/soviético, acaba de reorientar su objetivo (a pedido de Trump) para luchar contra el terrorismo. El candidato anunció que trabajará con esta organización en la lucha común.
Durante la Guerra Fría existía prohibición rígida del ingreso de comunistas, simpatizantes o agentes encubiertos a los Estados Unidos. Se detrminó que Moscú/Pekín buscaban expandir sus dominios más allá de la Cortina de Hierrro como lo hicieron en Corea, Vietnam, Cuba y otras naciones y no se quería infiltrados en territorio norteamericano.
Trump propone una política inmigratoria similar, contraria a la auspiciada  por la dupleta Obama/Clinton de fronteras abiertas para los terroristas de origen musulmán. El candidato presidencial aboga también por verificar las intenciones de los aspirantes en cuanto a asimilarse y aceptar la Constitución y leyes de este país.
En París y otras ciudades de Europa los musulmanes no se asimilan. Se aislan y forman gettos impenetrables por la Policía. Trump no aceptará ello y, aún más, expulsará a los musulmanes residentes que insistan en tratar de imponer la ley Sharia (como en Texas y otros Estados) por sobre la Constitución.
Contrariamente a Obama/Clinton, Trump dijo que conservaría la prisión de Guantánamo para encarcelar y juzgar con trubunales militares a radicales islámicos, enemigos declarados de los Estados Unidos y Occidente de larga data, muy anterior al 9/11. Obama, “fundador” del ISIS, anunció ayer la libertad de otros 19 extremistas de Guantánamo, pese a que la guerra no termina.
La “partida de idiotas” que apoya a Trump, concuerda con la visión que tiene sobre seguridad nacional y concuerda también con su propuesta sobre economía, que básicamente busca reducir el control y regulaciones del gobierno para que florezca en libertad y pujanza la competencia de libre mercado.
Los “progresistas”, desde Woodrow Wilson hasta la fecha, aborrecen del equilibrio de poderes creado por los Fundadores de esta nación y pugnan por seguir fortaleciendo a un Ejecutivo que legisle, juzgue y ejecute con una camarilla de “sabios”, que “saben” más que una “partida de idiotas” que “ni tienen título universitario”.
Platón hablaba de una república gobernada por un comité de filósofos que crearían la república ideal. Era una utopía, era la república platónica. Los “progresistas” de hoy lo saben, pero la quieren para asirse del poder. Hitler, Stalin, Mao, Fidel y toda la retahila de dictadores y dictadorzuelos lo saben y sabía pero no les importó el sacrificio de centenares de millones de seres humanas para saciar su sed de poder.
Bernie Sanders, el comunista que técnicamente le ganó en las primarias a Hillary, quería la revolución para cambiar el sistema. Lloraba por la injusta distribución del ingreso, quería la igualación. Si hubiera triunfado, se habría ubicado en la “nomina”. Ahora se retiró de la campaña a descansar en su residencia de verano, una tercera residencia de su propiedad que acaba de comprar en la playa, por 600.000 dólares.
Trump es billonario y no busca la presidencia para enriquecerse como lo han hecho los Clinton ni para absorber poderes dictatoriales. Como lo ha dicho en varias ocasiones, se siente simplemente un “mensajero” del pueblo cansado de la manipulación de las elites para transformar a esta nación.
No quiere la “revolución” sino la restitución de los valores trascendentes de este país, que ha llegado a ser la más próspera gracias al marco de libertad, tolerancia y repeto a la Constitución y las leyes, hoy vulneradas. Eso lo entienden los que respaldan a Trump y lo quieren en la Casa Blanca para silenciar a las “elites”.

(Artículo publicado por el The Wall Street Journal, hoy)

Por
William McGurn
lunes, 15 de agosto de 2016 19:29 EDT
In the land of NeverTrump, it turns out one American is more reviled than  Donald Trump. This would be the Donald Trump voter.
Lincoln famously described government as of, by, and for the people. Even so, the people are now getting a hard lesson about what happens when they reject the advice of their betters and go with a nominee of their own choosing. What happens is an outpouring of condescension and contempt.
This contempt is most naked on the left. No surprise here, for two reasons. First, since at least Woodrow Wilson progressives have always preferred rule by a technocratic elite over democracy. Second, today’s Democratic Party routinely portrays its Republican Party rivals as an assortment of nasty ists (racists, sexists, nativists, etc.) making war on minorities, women, foreigners and innocent goatherds who somehow end up in Guantanamo. 
Thus Mr. Trump confirms to many on the left what they have always told themselves about the GOP. A  New York Times writer put it this way: “Donald Trump’s supporters know exactly what he stands for: hatred of immigrants, racial superiority, a sneering disregard of the basic civility that binds a society.” 
Still, the contempt for the great Republican unwashed does not emanate exclusively from liberals or Democrats. Thanks to Mr. Trump’s run for office, it is now ascendant in conservative and Republican quarters as well. 
Start with the fondness for the word “Trumpkin,” meant at once to describe and demean his supporters. Or consider an article from National Review, which describes a “vicious, selfish culture whose main products are misery and used heroin needles” and whose members find that “Donald Trump’s speeches make them feel good. So does OxyContin.” Scarcely a day goes by without a fresh tweet or article taking the same tone, an echo of the old Washington Post slur against evangelicals as “largely poor, uneducated and easy to command.” 
We get it: Trump voters are stupid whites who are embittered because they are losing out in the global economy. 
But a new Gallup paper suggests this may be a caricature that misses the fuller picture. The analysis is by Gallup senior economist Jonathan Rothwell, who looked not only at Trump voters but where they lived: 
“The results show mixed evidence that economic distress has motivated Trump support,” writes Mr. Rothwell. “His supporters are less educated and more likely to work in blue collar occupations, but they earn relative high household incomes, and living in areas more exposed to trade or immigration does not increase Trump support.”
In fact, in areas where people were more affected by immigration and competition from Chinese imports, support for Mr. Trump declined. By contrast, his support was stronger in areas low in intergenerational mobility. Could it be that what motivates Trump voters is not a purely selfish concern for how they themselves are faring but how well their children and their communities will do?
There are those, this columnist included, who would argue that the under 2% average growth rate of the past decade has done more to constrict income and opportunity for ordinary Americans than bugaboos such as the North American Free Trade Agreement or currency manipulation by China. In the same vein, there’s a strong case to be made that  Paul Ryan’s “A Better Way” is the path to the Trump voter’s goal of “Making America Great Again.”
The people are not always right—even schoolboys know about the tyranny of the majority—but a self-governing society ought to welcome the engagement of its citizens. In this light, a more fruitful approach might start by taking note of the surprise popularity in these year’s primaries of an outsider businessman in the GOP and a socialist over in the Democratic Party.
The result? A conversation that opened not with a taunt but a question: “What are the American people trying to tell us?” Unfortunately, it’s hard to get there when ordinary people with concerns about the future for themselves and their families are hectored and lectured about how loathsome they are.
It all calls to mind a witticism from Bertolt Brecht from 1953, after East German workers who revolted over measures requiring more work for less pay were met with Soviet tanks. In a poem that was not published until years later, Brecht, a playwright who had publicly supported the crackdown, wryly defined the problem as a regime losing confidence in its people rather than the other way around. 
“Would it not be easier in that case,” he quipped, “for the government to dissolve the people and elect another?” 
On TV, through  Twitter and in person Mr. Trump has long made clear that his epithet of choice for those who disagree with him is “loser.” How ironic that the same people most loudly complaining about what a vulgarian Donald Trump is are now using the same insult to dismiss the ordinary Republican voters who happen to disagree with them. 
Write to mcgurn@wsj.com.

Thursday, August 11, 2016

TRUMP INDETENIBLE

Fue una experiencia singular asistir personalmente a una reunión con el candidato republicano Donald Trump, en un hermoso y amplio estadio cubierto en la ciudad de Sunrise, condado de Broward, al sur de la Florida.
La presencia del candidato estaba prevista para las siete de la noche, pero su arribo tardó más de una hora. Alguien bromeaba, impaciente, que había que sugerir que entre las promesas de campaña se incluya el slogan sobre “Let’s make America punctual again”.
Pero la espera valió la pena pues debido a las medidas de seguridad el recinto tardó en llenarse y cuando Trump finalmente arribó, había pocos sitios claros. Su entrada fue apoteósica, electrizante, con la gente de pie aplaudiéndolo y él saludando y devolviendo los aplausos.
Los anti Trump califican a sus simpatizantes como poco ilustrados, lo que resulta insultante. Entre los asistentes había gran variedad de etnias y  edades, quizás con predominio de gente de la clase media y alta. Por cierto, no había muchos negros, fruto del prejuicio divisionista impuesto por Obama.
El atractivo de la oratoria de Trump no se basa en su demagogia sino en la exposición de hechos expuestos de manera clara y directa. La innovación anoche fue el uso de cuadros con gráficas demostrativas de cómo Obama ha aumentado la deuda pública de 10 trillones a 20 trillones de dólares en sus ocho años de gobierno.
Ese solo factor bastaría para execrarlo. Pero exhibió otros cuadros en los que se observa cómo 93 millones de ciudadanos están sin empleo, cómo ha subido el déficit comercial, cómo ha caído la productividad industrial, cómo se ha duplicado el ingreso indiscriminado de refugiados.
La “bomba” soltada anoche (para los anti Trump), fue acusar a Obama de ser el fundador del ISIS y a Hillary Clinton, su Secretaria de Estado y ahora candidata demócrata a la Presidencia, de ser la cofundadora. Como diría ésta, se trata de una “old news”, noticia vieja, pero los antitrompistas dicen que es un escándalo.
Cuando en el 2011 los terroristas islámicos habían sido vencidos en el Irak con el operativo del general David Petraeus, Obama ordenó el retiro de las tropas norteamericanas dejando atrás sus armas y pertrechos. A poco, los jihadistas se reagruparon y apertrecharon, creando el Califato y un ejército de 50.000 hombres para iniciar el terror por la región y el orbe.
Bajo la conducción de Hillary, Ghadafi fue derrocado en Libia y ese aliado de Estados Unidos fue sustituido por la anarquía y el jihadismo. Fue ahí, en Benghazi, que Hillary y el embajador Stevens planeaban el envío de armas a Al Qaeda en Siria para derrocar al Presidente Bashar al-Assad. El operativo fracasó con la masacre terrorista del embajador y tres funcionarios.
Los seguidores creen en Trump cuando promete rescatar los principios en los que se basa la cultura de los Estados Unidos. El “progresismo”, cuyos baluartes de hoy son Obama/Hillary/Sanders deploran la Constitución de 1778 y consideran que la división de poderes debilita al Ejecutivo en su misión de establecer la “justicia social” y la “redistribución del ingreso”.
Trump, por el contrario, juzga que la propiedad privada está garantizada por las leyes y que al Ejecutivo le toca velar por ella, no intrervenirla para redistribuirla. La expedición de leyes es privativa del Congreso, no del Ejecutivo ni menos de las Cortes, que ahora lo hacen por presión de los gobernantes “progresistas” de uno y otro partido.
Hillary está sobreprotegida por Obama porque confía que ella continuará su política “progresista”. Esa la razón por la cual ordenó a la Fiscal General Loretta Lynch que la exculpe por los delitos contra la seguridad nacional por el uso indebido de emails y que ignore el pedido del Director del FBI para que investigue los fraudes cometidos por la Clinton Family (Crime) Foundation, mientras ella era su Secretaria de Estado.
Los partidarios de Hillary no pueden hacer campaña en favor de Hillary  ni en favor de Obama, porque nada positivo pueden ofrecer de ninguno de los dos, ni en lo doméstico ni en el manejo de política externa. Ello explica que en tal campaña no haya promoción de la candidata, sino solo intentos de demolición del contrincante.
Pero al parecer, la estrategia no tiene el efecto deseado, pese a que en los empeños colaboran la mayoría de los medios audiovisuales y los políticos no solo demócratas, sino de los republicanos “globalistas” o “progresistas” que se aterran frente a un Trump que no quiere sujetarse a sus dictados.
Ante la falta de argumentos pro Hillary, las frases de Trump se distorsionan para darle otro sentido. Si dice que hay que evitar que entren libremente los ilegales, entonces Trump es enemigo de la inmigración. Si afirma que desde México pueden filtrarse violadores y delincuentes, pues para Trump todos los mexicanos son violadores.
Luego de los atentados terroristas aquí, en Europa y otras regiones, Trump pidió que haya mayor estrictez en el ingreso de refugiados que proceden de países terroristas, inclusive con preohibición temporal. Ello indujo a los clintonianos a sostener que Trump es enemigo del Islam. Igual cuando dijo que hay que revisar los tratados de comercio que no benefician al país. Es un retrógado aislacionista, afirmaron.

Sin duda será en extremo interesante observar los tres debates que habrá entre Trump y Hillary, con anterioridad a los comicios del 8 de noviembre. ¿Cómo se comportará Hillary sin teleprompter, sin asesores, sin reporteros que lo escuden? ¿Sola frente a un Trump cargado de información y datos, histriónico, agresivo y sin “pelos en la lengua”? 

Thursday, August 4, 2016

TRUMP OTRA VEZ "SE HUNDE"

Cuando Donald Trump anunció en junio del año pasado que optaría por la candidatura del partido republicano para la presidencia de la República, los sabios de la política estallaron en carcajadas. Ese millonario, al que se le conocía como “payaso” en la TV, no duraría en las primarias ni un par de semanas  predijeron.
A los dos o tres meses, su mensaje claro y directo hondo caló en el pueblo, pero los mismos genios de la opinión vaticinaron que su popularidad no pasaría del nivel percentual del 15% o 20%, hasta ser superado por sus opositores que sumaban 16, entre ellos senadores y ex gobernadores.
El “payaso”, autor de varios libros best sellers y creador de un imperio de bienes raíces que se extiende por los Estados Unidos y otras partes del mundo, continuó en su ascenso y paulatinamente sus rivales del GOP comenzaron  a retirarse. Pero la inquina contra Trump no disminuyó.
Cuando era evidentre su ventaja y victoria en las primarias, auguraron que no alcanzaría el mínimo de 1237 delegados para la Convención del partido necesarias para ratificar su nominación y quisieron manipular los resultados para elegir a un sustituto. Pero en la primera votación Trump obtuvo más de 1.700 delegados, más allá de toda predicción.
De todos modos Trump enfrenta una impresionante muralla de oposición, proveniente no solo de su rival demócrata Hillary Clinton, sino de casi todos los medios de comunicación audiovisual que la respaldan y de altos líderes de su propio partido, incluídos algunos de los precandidatos de la primaria que prometieron respaldar a cualquiera que resultase nominado.
La táctica de la oposición a Trump, orquestada por el establishment GOP y demócrata con la resonancia de los medios, es dejar en la sombra a Hillary  y concentrar la atención en Trump, combatiendo no sus ideas y principios ni propuestas, sino las supuestas debilidades de su carácter que lo harían, como lo dijo Obama, incapaz de ejercer la Presidencia.
Por cierto Trump ha cometido errores que han alimentado la sevicia de los medios, como por ejemplo el caso del abogado pakistano Khizr Khan, cuyo hijo Humayun, capitán del ejército norteamericano, murió en combate en la guerra en Irak y recibió una condecoración. Khan insultó a Trump en la Convención demócrata y Trump, en lugar de ignorarlo, le respondió.
No debió hacerlo. Le faltó tacto político para entender que se trataba de una trampa tendida por Obama/Hillary para defender la invasión islámica. Khan es agente activo de la Hermandad Musulmana (su objetivo: imponer la ley Sharia en el mundo), ente terrorista abolido en Egipto. Khan se valió de la ocasión para defender su causa.
Que es la causa que Obama (y Hillary como su Secretaria de Estado y hoy como su potencial sucesora) ha protegido desde que se posesionó en el 2009. El ISIS nació y se fortaleció cuando ordenó el retiro de tropas del Irak y dejó el armamento en armas de los insurgentes. El Primer Califato del Siglo XXI se instaló allí y ahora se extiende a Libia, quizás a Turquía y tiene su aliado en Irán, al que ha favorecido Obama.
Si es criticable que Trump no haya eludido la trampa Khan, es mucho más censurable que haya republicanos como Paul Ryan y John McCain y otros de relevancia, así como acaudalados republicanos donantes, que aparte repudiar lo dicho por Trump, anuncien (algunos) que abanadonarán las normas del GOP y votarán por Hillary y la financiarán.
Se quejan de que Trump no es lo suficientemente conservador o que no es lo suficientemente republicano. Lo han dicho desde el comienzo de las primarias, pese a la promesa constante del candidato de recuperar la vigencia plena de la Constitución, que consagra como algo inequívoco la división de poderes y el gobierno oor consenso popular.
Obama es la quintaesencia del “progresismo”, que considera obsoleta la Constitución de 1778, por lo cual creen que hay que “modernizarla” de conformidad con los tiempos siempre cambiantes y el criterio de quienes conforman el “gobierno administrativo” con sabios y mejores intépretes de lo que pueda pensar la mayoría de la población.
Ese “progresismo” es en realidad una regresión al autoritarismo que los Fundadores de esta nación se porpusieron evitar hace 240 años. Obama ha dado muestras claras de cómo ejercer la autoridad ejecutiva, más allá de la potestad legslativa del Congreso y maniupulando el sistema judicial, de suerte que no se limite a juzgar sino también a legislar.
Los republicanos e independientes que no simpatizan con Trump, por cualquier razón que fuere, deberían abstenerse de votar en los comicios del próximo 8 de noviembre. Porque votar por Hillary Clinton es votar por Obama y eso no solo no es republicano, es una traición al partido. Pese a la muralla informativa, el pueblo lo entenderá así y los repudiará.
Por su parte Trump tiene que evitar batallar con cualquier patán que se le cruce en las calles. Si eso le irrita, delegue a un subalterno para que responda. Concéntrese y profundice en Obama y Hillary y su traición a la Patria en operativos como el rescatar a rehenes de Irán por 400 millones de dólares cash en moneda extranjera, aéreo transportados sigilosamente como si fuera agente de un cartel, según lo dijo el senador Coton.
O enfatizar en el otro rescate de un soldado desertor de Afganistán a cambio de cinco de los peores asesinos talibanes de Guantánamo. Y la liberación de otros presos de esa cárcel, pese a que la guerra del Islam no ha terminado. O el oprobioso tratado secreto con el estado terrorista de Irán, parte del cual fue el envío del rescate.

Aparte, por cierto, del ominoso manejo de la economía que ha elevado la deduda a casi 20 trillones de dólares, ha dejado en el desempleo a 93 millones de personas, ha reducido el ritmo de crecimiento al 1.2%, uno de los más bajos desde 1949 y ha multiplicado la pobreza entre los negros y otras minorías, mientras se frena la inflación artificiosamente reteniendo en 0 las tasas de interés.

Friday, July 29, 2016

¿DOS CLINTON EN LA CASA BLANCA?

Da escozor pensar que dos Clinton puedan volver a la Casa Blanca por otros cuatro o acaso ocho años más. El pueblo norteamericano peleó en el Siglo XVIII para librarse de la monarquía británica y no cabe pensar que  a la  vuelta de 240 años caiga en manos de una dinastía descalificada.
El ciudadano común, consciente o inconscientemente, detesta la idea de reinstaurar la tiranía, simulada o no. El ejemplo primero lo dio el general George Washington, a quien todos idolotraban como factor clave para lograr la independencia y consolidación de la República. Le presionaron para que prorrogara indefinidamente su mandato. Pero siempre declinó.
Ha habido casos en que hijos de presidentes han optado por similar cargo, como el de John Quincy Adams, vástago de John Adams o de George W. Bush, que sucedió a su padre George H. W.Bush. También se registra la excepción de Franklin D. Roosevelt, que fue reelecto cuatro veces dado el éxito de su liderazgo en la Segunda Guerra Mundial.
Pero la experiencia fue negativa y el Congreso decidió limitar a solo una la reelección. Recientemente un tercer miembro de la dinastía  Bush, Jeb, ex Gobernador de la Florida, desafió la conciencia colectiva y se lanzó para disputar la candidatura presidencial en las primarias del partido republicano de este año.
La respuesta fue catastrófica. Donald Trump lo apabulló. No solo la debilidad de liderazgo de Jeb Bush explica su fracaso, sino la fatiga de los votantes que abiertamente o en su subconsciente, repudiaron la posible entronización en la Casa Blanca de otro Bush. Lo que la gente pide y exige es la alternabilidad, como así lo estatuye en la Constitución.
El fenómeno de Hillary Clinton es peculiar. Con su cónyuge Bill ha estado en la Casa Blanca ocho años y aprovechó de su áurea para llegar a la senaduría de Nueva York y luego, tras ser derrotada por Barack Obama en las elecciones presidenciales del 2008, aceptó ser su Secretaria de Estado por cuatro años, cargo que abandonó para disputar las elecciones presidenciales del 2016
Con su cónyuge erigió una fortuna multimillonaria para la Fundación Clinton, en base a donaciones y discursos pronunciados o no ante bancos y gobiernos a cambio de sumas inverosímiles. Como Secretaria de Estado, usó su influencia para multiplicar las gananacias y los acuerdos los hacía a través de emails, desde su servidor privado instalado en su hogar.
En esos emails mezclaba temas relativos a sus negocios con temas sobre la seguridad nacional, fácilamente hackeables, como se denunció. Cuando se le advirtió que ello atentaba contra la seguridad nacional sobre lo que tendría que responder, suspendió el servidor, no sin antes borrar más de 30.000 emails.
Hillary mintió bajo juramento al decir que ningún email era secreto. Así lo atestiguó oficialmente el Director del FBI. Pero la Fiscal General la exculpó en consonancia con las declaraciones previas de Obama de que dichos mensajes no eran comprometedores, en interferencia inconstitucional con el proceso.
La estretegia está, pues, clara. Obama ha dispuesto que se perdone a Hillary a cambio de que llegue a la Casa Blanca para continuar con el programa “progresista” maracado por él y el comodín Bernie Sanders, un marxista declarado que se perfiló como su principal opositor en las primarias.
Para elegirla, la troica Obama/Hillary/medios de comunicación no omitió ningún recurso para “coronar” a la candidata. Cuando Sanders se les salía de las manos, enviaron emails para instuir a los súbditos acerca de cómo sabotear su candidatura, que era no tanto pro marxista cuanto anti Hillary.
WikiLeak hizo públicos esos emails y Trump dijo con sorna que ojalá estén también en manos de los rusos, acusados de ser los hackeadores, los más de 30.000 emails que supuestamente se han perdido del servidor privado de la Hillary. Conocer su contenido deleitaría a los medios, dijo  con burla. 
Los demócratas, incluídos los medios, pretenden acusar a Trump de traición a la Patria por insinuar a la KGB que espíe a USA y hackee emais. Reacción pueril. Ningún país ha necesitado consejos de otros para espiar y además, los emails de Hillary ya fueron hackeados hace tiempo por los rusos, los chinos o por Julian Assange. La traición apunta al irresponsable manejo de los emails confidenciales.
El discurso de confirmación de Hillary fue un juramento de obediencia y gratitud al patrón y mentor Obama, al cual prometió seguir a pie juntillas lo que ha hecho y desecho en ocho años de gobierno progresista. Reflejo de lo cual es una deuda de 20 trillones de dólares, una economía que crece al 1.2% y una inflación reprimida con tasas de interés 0 forzado por la Reserva Federal.

No en vano los Fundadores de la República establecieron que el gobierno de los Estados Unidos tenía que ser alternativo y fruto del consenso de los gobernados. Con su visión profética de la condición humana, intuían que el sistema podría ser manipulado y generar una regresión al autoritarismo, como se corre peligro de que ocurra hoy en el 2016.

Tuesday, July 26, 2016

¿PUTIN PRO TRUMP?

Los demócratas acusan a Putin de haber ordenado a Julian Assange (jefe de WikiLeaks que sigue asilado en la embajada ecuatoriana en Londres) que divulgue unos emails del partido en los que se prueba que la directiva del partido favoreció a Hillary Clinton en contra de Bernie Sanders durante las elecciones primarias.
Cerca de 20.000 emails se publicaron el domingo pasado, un día antes de la iniciación de la Convención del partido en Filadelfia y ello ocasionó gran conmoción, precipitando la salida de la directora del partido, Debbie Wasseman Shultz. Algunos emails daban instrucciones para desacreditar la candidatura de Sanders, cuyo repunte amenazaba a Hillary.
Inicialmente, muchos suponían que Sanders fue escogida por la propia Hillary como comodín para las primarias, a fin de disimular que ella era la elegida indiscutible del partido. Pero paulatinamente el senador (no afiliado al partido demócrata) fue cobrando fuerza con su discurso demagógico de extrema izquierda, que sedujo sobre todo a los jóvenes.
Es probable que Sanders (un marxista confeso que viajó de luna de miel a la URSS estalinista), hubiese ganado a Hillary en las primarias, a no ser por el peso de los “super delegados”, aquellos no elegidos en las primarias sino por su calidad de gobernadores o legisladores y que de antemano tenían su voto comprometido con Hillary.
En todo caso, Hillary y Sanders tienen una ideología marxista común, que Obama la comparte. Hillary, originalmente republicana, se convirtió en demócrata por influjo de Saul Alinsky, quien escribió un tratado para hacer de la sociedad capitalista una sociedad socialista, aplicando tácticas dentro del mismo sistema. Su tesis de grado versó sobre Alinsky,
Putin fue director de la KGB, equiparable a la CIA (de la cual fue Director el ex Presidente George H. W. Bush). Por su pasado, se supone que mucha mayor afinidad ideológica debería haber entre Putin y Hillary/Sanders que con Donald Trump, billonario candidato presidencial de los republicanos tradicionalmente anti comunistas.
Claro que Putin ha dado muestras últimamente de defender posturas más pro occidentales y judeo cristianas que Obama y otros líderes de Europa, como la lucha antiterroristas, la defensa del matrimonio tradicional y otras. Pero por los antecedentes, la Hillary de Alinsky y el Sanders de la luna de miel en Moscú más bien deberían esperar con nostalgia un respaldo de Putin, que no un acto “malvado” como el de los emails que los desacredita.
Todos comprenden, por cierto, que el intento de involucrar a Putin en este nuevo escándalo de emails de Hillary no es sino una patraña para desviar la esencia del problema: que esos mensajes existen y que ellos confirman que la dirigencia del partido, con Obama a la cabeza, estaban y están resueltos a todo para poner en la Casa Blanca a otro Clinton, no importa si hay nuevas infracciones de la ley.
Si a WeakiLeaks le ha sido tan fácil acceder a 20.000 emails del DCN ¿no es lógico suponer que también accedió sin problemas a todos los emails que ella difundió desde su servidor privado, cuando era Secretaria de Estado de Obama, incluyendo notas de alta seguridad? Más de 30.000 de tales mensajes están “perdidos”, según ella. No lo están. Assange los tiene.
Como su marido perjuro, ella perjuró al decir ante el Congreso que en sus emails no había mensajes secretos. Lo atestiguó así el Director del FBI, pese a lo cual la Fiscal General la eximió de toda culpa. Hillary no solo que no está tras de rejas. Este jueves va a ser “coronada” candidata presidencial por los demócratas, con el respaldo de Obama y los principales medios de comunicación, que guardan silencio sobre sus delitos.
Sanders se quejó en la campaña de que el proceso primario de su partido era fraudulento para favorecer a Hillary. Con la publicidad de los emails, su denuncia se confirma. Pero el “revolucionario” Sanders no se rebela sino que inclina la cerviz y pide a sus coidearios que olviden y voten por Hillary, para evitar que gane el “monstruo” Trump.

Es una actitud abyecta. Similar a la de tantos ciudadanos de la raza negra que están con los demócratas pese a que fue el partido del esclavismo causante de la Guerra Civil, el que implantó las leyes segregacionistas Jim Crow, que se ocultó en los cucuruchos del Ku Klux Klan para linchar a los negros remisos y que hasta última hora boicoteó la aprobación de la Ley de Derechos Civiles en 1963.