Thursday, June 22, 2017

QUÉ ES LO QUE TIENE TRUMP

Hace dos años Donald J. Trump anunció que se lanzaba a la candidatura presidencial por el partido republicano y la mayoría de expertos en política presagió que en dos semanas se retiraba. Derrotó a sus 16 rivales y el 20 de enero de este año se posesionó de la Presidencia.
Los demócratas y los republicanos del estalishment quedaron atónitos y no se han conformado con esa victoria y la derrota de Hillary Clinton. Diarios y estaciones de radio y TV se han sumado en una campaña sin precedentes de desprestigio de Trump y han augurado que el Presidente no logrará ni completar su primer período de cuatro años.
La clarinada del fin de Trump, dijeron entusiasmados, serán las elecciones especiales del marters pasado en cinco Estados para reemplazar a legisladores que pasaron a formar parte del gobierno de Trump. Fijaron la atención en Georgia, donde dijeron que se libraría un refrendo sobre la “desastrosa” gestión del régimen, como un anuncio de la recuperación demócrata. 
Pero allí y en las cuatro restantes elecciones, triunfaron los republicanos y los aficionados al deporte dijeron que fue un 5-0 aplastante. El referendo se dio, pero en favor de Trump, hecho de claridad cristalina que por ciertro la “gran prensa” pasó por alto porque no favorecía a la causa del partido al que se deben y defienden, el demócrata/progresista.
Anoche Trump decidió volver a contactarse directamente con quienes lo respaldan fielmente, pese a la muralla engañosa erigida por los principales medios impresos y audivisuales. La respuesta, como en sus mejores momentos de campaña, fue espectacular, con un auditorio vibrante que lo aclamaba al relatar logros en sus escasos 150 días de gobierno o risueña con sus burlas a la oposición.
La economía sigue creciendo, acumulando más de tres trillones de dólares de riqueza en el corto lapso del régimen y la Bolsa ha ascendido al récord de más de 21.500 puntos, lo cual es ignorado por los medios. Los capitales comienzan a ser repatriados, a disminuir el desempleo, la inversión y reinversión comienzan a estimularse a medida que las trabas de Obama son desechadas.
Todo ello sin que el Congreso apruebe aún leyes clave como el rechazo al Obamacare, la reestructuración del sistema tributario y la reducción de los impuestos, la revisión o repudio de tratados de comercio que no beneficien a los intereses nacionales, la modernización del sistema bancario que con sus predecesores motivó la crisis hipotecaria y la recesión.
El Obamacare, la más audaz intromisión de los demócratas para debilitar al sistema capitalista de libre mercado, con ánimo de reemplazar con un solo poveedor (el Estado) los servicios de salud privados, está en quiebra y su anulación y sustitución sigue pendiente en el Congreso. Los enemigos de Trump, incluídos republicanos, pugnan porque el proyecto sustitutivo no pase, lo cual sería desastroso para todos.
Lo que está en juego es un arduo debate democrático dentro del GOP, ya que los legisladores demócratas todos a una buscan solo la obstrucción. Pero en los republicanos el consenso es abolir el mandato inconstitucional  para adquirir seguros de salud y crear cada vez más impuestos para paliar los défict perpetuos del sistema estatizado.
El Obamacare fue aprobado sin un solo voto republicano, lo cual es contrario a la cultura política de este país. La líder Nancy Pelosy  les dijo a sus coidearios voten sí, luego leerán de qué se trata. El 67% de la población se oponía al proyecto, aprobado con presiones ilícitas y con mentiras del propio Presidente. Algunos gobernadores pidieron que la ley se declare inconstitucional, pero la Corte Suprema de Justicia la ratificó, con el voto traidor de su Presidente John Roberts, republicano.
¿A qué obedece la popularidad de Trump? No es un orador churchilliano, ni de corte Reaganesco. No obstante fascina al hombre común, de toda edad, de todo nivel y etnia y al cual le liga un sentimiento que expresa con simpar claridad: recuperar la fé debilitada en los valores sustantivos de esta nación, plasmados en la Declaración de la Independencia de 1776 y la Constitución de 1778.
La mayoría que lo eligió el 8 de noviembre pasado lo sigue respaldando en asambleas como las de anoche en Iowa, porque observa que cumple con lo que prometió en la campaña: recuperar la confianza, controlar la inmigración, mejorar el empleo, retomar el liderazgo mundial, respetar a la vida, extinguir al terrorismo. En suma: cumplir y  hacer cumplir la ley como la entendieron quienes fundaron este país en 1776.

Monday, June 19, 2017

¿QUIÉNES INCITAN A LA VIOLENCIA?

El fallido intento de asesinato masivo de legisladores republicanos en un campo de entrenamiento de béisbol cercano a Wasington, ha inducido a algunos políticos y comentaristas a dividir por igual la responsabilidad de un auge de la violencia a los dos partidos. 
Lo cual es demostración del daño que sigue ocasionando a la sociedad el tratar de aplicar el principio de lo “políticamente correcto” para calificar las acciones de los partidos, gobiernos y personas con circunloquios, por temor acaso de herir susceptibilidades.
El asesino del campo de béisbol, James Hodgkinson, era un demócrata que votó por Bernie Sanders y se había propuesto con antelación de seis meses matar al mayor número de republicanos en ese sitio, en el cual  pernoctó en su furgoneta durante dos meses antes de perpetrar el asalto.
De lo que no se enteró es de que uno de los diputados, Steve Scalise, era House Whip o líder de la mayoría y que por tanto tenía agentes secretos de seguridad que lo acompañaban. Sin ellos habría habido una masacre. El asesino murió pero Scalise quedó muy malherido y aún se encuentra hospitalizado.
El entrenamiento era previo a un partido tradicional entre republicanos y demócratas para recaudar fondos con fines caritativos. Se lo realizó de todas formas y previamente los dos equipos oraron en favor de Scalise y las otras víctimas, entre ellas los heróicos agentes que evitaron un impacto mayor del terrorista.
Las invocaciones se multiplicaron para que la retórica de ambos bandos “baje de tono”, a fin de no exasperar a gente proclive a la violencia. El diario The New York Times, portavoz de la izquierda, no se sumó al pedido pues sigue respaldando la versión de la obra Julio César de Shakespeare en Central Park, en la que Trump es el personaje apuñalado.
Si se revisa la Historia, se observa que la violencia ha sido instigada por el anarquismo y la izquierda radical, no por los republicanos. La Guerra Civil estalló porque los demócratas se negaban a abolir la esclavitud y fue un republicano, Abraham Lincoln, quien la lideró hasta la victoria. Pero ésta quedó inconclusa cuando un demócrata lo asesinó en el balcón de un treatro.
La integración inmediata de los negros se frustró con su muerte, tanto en sus derechos de votación como de acceso a la educación, el transporte y las otras formas de vida vedadas por la segregación. Todo intento de avance en favor de sus derechos, fue frustrado violentamente por los demócratas, incluso con grupos de linchamiento como el Ku-Klux-Klan.
Pat Buchanan, escritor y periodista, cita en una reciente columna varios de los casos de asesinatos e intentos de asesinato de Presidentes a manos de anarquistas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, como James Garfield, William McKinley, Theodore Roosevelt, Franklin Roosevelt hasta la muerte de John F. Kenedy atribuída a Oswald, pro comunista (aunque hay datos de que fue maquinada por la mafia)
Al asesinato de JFK siguió el de su hermano Robert. Luego el de Martin Luther King. En 1972 el pre candidato presidencial George Wallace  fue baleado mientras hacía campaña en Maryland y quedó paralítico. Años más tarde fue Ronald Reagan quien recibió un disparo que lo debilitó para el resto de su segundo período presidencial. 
En ninguno de los casos los atentados fueron causados por  republicanos. Fente al atentado terrorista de Thomas McVeigh en Oklahoma, Bill Clinton dijo que la causa eran las críticas de comentaristas de radio de la derecha como Rush Limbaugh. Algo similar se dijo de Sarah Palin cuando la diputada Gabrielle Griffords casi muere con los disparos de un maniático.
La explicación de la diferencia de actitud frente a la vida entre demócratas y republicanos no es un misterio. Por lo general el demócrata es rehacio a aceptar la realidad de la condición humana y se inclina, con sinceridad o sin ella, por aspiraciones utópicas. Los bienintencionados quieren abolir el mal, la miseria, la desigualdad, las guerras y el odio.
Pero para ello imaginan medidas utópicas, inaplicables, con las cuales una vez en el poder sueñan con transformar al hombre, crear un nuevo hombre libre de pecado, de ambición, de independencia. Mas una vez en el poder la resultante inequívoca es la opresión para impedir el disenso, o sea  pérdida de las libertades individuales.
La utopía no es algo nuevo, ha anidado en el espíritu del hombre desde tiempos inmemoriales. Ha producido autarquías de los más diversos grados de perversión. Pero la idea persiste. En el siglo pasado con la etiqueta nazifascista desató la II Guerra Mundial y luego se prolongó con el socialismo marxista que perdura hasta hoy.
El GOP es antípoda del utopismo. Acepta la condición humana tal como es, con sus virtudes y defectos. Comprende, como lo comprendieron con sabiduría insuperable los fundadores de esta nación, que los hombres no son ángeles (Madison) y que, por tanto, para una convivencia pacífica hay que crear leyes y gobiernos por consenso, cuya misión sea garantizar los derechos a la libertad de sus ciudadanos, no conculcarlos.
Los demócratas no quieren dialogar sino imponer criterios. Obama esquivó por ello al Congreso para dictar leyes mediante decretos ejecutivos que ahora Trump está rovocando. Como Lincoln y Reagan, quiere restablecer el respeto a la Declaración de la Independencia de 1776 y la Constitución de 1787, que promueven una República Democrática muy distinta a la del Estado Administrativo demócrata/progresista que dio un salto acelerado con Obama.

Friday, June 16, 2017

CUBA SÍ, CASTRO NO

Con ese cántico como trasfondo en un repleto auditorio de la Pequeña Habana, el Presidente Donald Trump hizo cierta esta tarde una de sus mayores promesas de campaña: anular la capitulación de Obama ante la dictadura castrista.
Subsistirá la prohibición al flujo de capitales para la industria del turismo, como hotelería, restaurantes y afines, por considerar que está controlada por la maquinaria estatal militar, al igual que toda otra inversión que potencie la economía estatal. El turismo hacia la Isla continuará, siempre que el hospedaje se haga en recintos privados.
El embargo, que fue establecido a raíz de la confiscación de más de 6.000 millones de dólares de inversión (al valor de 1960) norteamericana en las industrias del turismo, el transporte, el azúcar y otras, seguirá hasta que no cambie la situación política, financiera  y comercial imperante allí desde hace más de media centuria.
Obama reanudó las relaciones diplomáticas con los Castro sin exigir nada a cambio ni en defensa de los intereses de los empresarios privados ni en favor de los intereses nacionales de los Estados Unidos. Tampoco pidió libertad para los presos políticos, repatriación de delincuentes ni llamado a elecciones libres. 
Anunció Trump que estudiará un nuevo acuerdo que procure el beneficio real del pueblo cubano y no el fortalecimiento de un sistema que ha generado el exilio de más de dos millones de personas, encarcelamiento  y muerte por fusilamiento de decenas de miles y empobrecimiento a niveles subhumanos para el resto de la población.
Enfatizó que Fidel y su hermano sobreviviente Raúl han estimulado en el contienente la desestabilidad, citando el caso concreto de Venezuela. No lo mencionó, pero el influjo castrista, vía Hugo Chávez y ahora Maduro se ha extendido a Nicaragua con Ortega, a Bolivia con Morales, a Ecuador con Correa y Moreno. 
Incluso Colombia no se ha liberado de la contaminación con la extraña conversión de última data del Presidente Juan Manuel Santos, quien resolvió ceder ante las FARC y suscribir en La Habana un tratado vil que el pueblo rechazó en un referendo, pero que lo resucitó mañosamente con la complicidad de un Congreso de mayoría oficialista.
Aunque hay indicios de el tratado fracasará, el objetivo de Santos era darles a las FARC la fuerza política para que alcancen el poder con el dinero del narcotráfico para transformar al país en “socialista”, imitando a Chávez/Maduro con una Venezuela que ahora se deshace en escombros.
Santos quiere iniciar la transformación “socialista” de Colombia con una reforma agraria inspirada por los Castro (Análisis aparecido en el diario The Wall Street Journal).
By 
Mary Anastasia O’Grady



Colombian President Juan Manuel Santos decreed a land reform on May 29 as part of the 2016 settlement he made with the narcoterrorist Revolutionary Armed Forces of Colombia, or FARC, in Havana. It parallels a similar project in Venezuela imposed by the late dictator Hugo Chávez that has caused dire food shortages. Both approaches are right out of Cuba’s totalitarian playbook.
The Castro dictatorship has been declared on the verge of collapse more than once since 1959, when it first began executing anyone it suspected of lacking revolutionary fervor. Not only has it survived, but since 1999 it has expanded its empire to include Venezuela. Bolivia, Ecuador and Nicaragua have become Cuban satellite states. Now it’s taking Colombia. Or more accurately, after more than six decades of Marxist-inspired terrorism, Colombia decided to surrender in Havana. 
The Obama administration was an accomplice. It was either too gullible or too leftist to object to an agreement that is almost certain to destroy Colombian liberty and impoverish the nation.
The Colombian democracy is already wounded, as evidenced by Mr. Santos’s decision to make the FARC agreement law even though the voters rejected it in a national plebiscite. He also placed it above the constitution. To implement it, the Santos-controlled Congress granted him rule-by-decree powers much like what Chávez got from his National Assembly.
The land reform is the product of those powers and will advance the full FARC takeover of the country’s institutions. As FARC leader Iván Márquez asserted in an October 2012 speech in Oslo, “The concept of land is inextricably linked to territory.” They “are an indivisible whole that go beyond the mere agrarian aspect and touch vital strategic interests.”
Those interests are eventual iron-fisted control of the country. It is why the FARC demanded, in Havana, that the government claim arbitrary powers to expropriate land and redistribute it. Under Mr. Santos’s decree the state will rule on whether there is an illegal concentration of land and local committees will decide when the use of private property is not meeting social or ecological interests. Courts are sidelined; property is taken administratively.
In a May 17, 2007, story about Chávez’s land reform, Journal reporter José de Córdoba explained how a similar decision to break up large ranches produced an agricultural disaster in Venezuela.
The rural areas where FARC has concentrated for transition to civilian life are also areas where there will be new property titling. Those same zones are slated to become congressional districts, where newly-minted FARC politicians, flush with weapons and cash, probably will be the only ones on the ballot.
There is no reason to trust the FARC. It agreed to turn in its weapons, itemize its assets, and turn them over to the government to compensate its many victims. The terrorists were to account for the thousands of child soldiers they have recruited to use as sex slaves and cannon fodder. The “punishment” for these atrocities is supposed to be restricted movement in rural areas for at least five years.
But the FARC has missed the deadline for arms surrender, there is no mechanism to verify full disarmament and many FARC weapons are in Venezuela. The child soldiers are still unaccounted for.
The war criminals have not been confined to designated areas as Mr. Santos promised. The Economist magazine reported in May that “60 FARC leaders already have a license to roam the country, popping up at events in universities or at the Bogotá book fair with an arrogant message of political victory.” That arrogance was on display on June 3, when Jesús Santrich and another FARC honcho burst uninvited into Senate chambers during a session.
The narcotrafficking leadership claims it is penniless. But in a June 4 interview with Noticias Caracol, Attorney General Néstor Humberto Martínez said that his office has uncovered evidence of FARC assets worth hundreds of millions of dollars that he pledged to collect. “That legend of Franciscan poverty,” he said referring to an image the FARC has long cultivated, “is about to end.”
FARC leader Ivan Márquez responded with a threat via Twitter : Mr. Martínez, he wrote, is “openly and desperately seeking the failure of the peace process.” He posted a Martínez caricature sitting down to eat a dead dove of peace and asking the waiter to serve him a “bloody quarter.”
FARC terrorists already call shots in Congress. Last month Sen. Armando Benedetti warned that if his candidate for an open seat on the constitutional court was not confirmed, the FARC would walk away from the agreement. The candidate was confirmed.


Fidel Castro gave up the armed struggle in the late 1990s and coached Chávez to gain and consolidate power via democratic institutions. With the FARC deal, Mr. Santos is shepherding Colombia’s democracy into the same slaughterhouse.
Con la política pragmática de Trump, la oxigenación económica de Obama concluirá y el ideal de que la pesadilla Castro se extinga podría dejar de ser utópica. El derrumbe de Venezuela podría ayudar a la causa cuando deje de fluir el regalo de petróleo a la Isla, que difícilmente podría Putin sustituirlo desde Rusia.
Sin las influencias negativas de Cuba y Venezuela, regímenes pro castristas como el del Ecuador tendrían que modificar sus políticas para sobrenadar. El sucesor de Rafael Correa, Lenín Boltaire Moreno (así, con B) pretende ocultar su verdadero ego político, pero la carta de pésame que dirigió a Raúl por la muerte de su hermano, lo desnuda por completo.
Donald J. Trump, cuya popularidad crece (ahora al 50%) pese a la furiosa campaña en su contra de los principales medios de comunicación, ha hecho lo que debía hacer con la dictadura castrista: cercarla hasta que expire y sea finalmente sustituída por un gobierno de consenso popular, no de opresión. 

Wednesday, June 14, 2017

EN BUSCA DE UN CRIMEN

Hace casi una centuria el dramaturgo siciliano Luigi Pirandello escribió el drama “Seis Personajes en Busca de Autor”, que dio nacimiento al llamado “Teatro del Absurdo”. Desde que se lo puso en escena en 1921 ha dado la vuelta al mundo en múltiples idiomas y en la radio, cine y televisión.
Aunque el símil pudiera ir en detrimento de quien otuvo el Premio Nobel de Literatura, el título de la que acaso es su más celebrada obra podría ser aplicable al “drama”, mejor dicho al “culebrón” político que se vive hoy en los Estados Unidos, debido a la insistencia de los demócratas de que fue Putin quien llevó a Trump a la Casa Blanca.
El Fiscal General Jeff Sessions se presentó ayer en sesión pública ante el comité del Senado para aclarar por enésima vez que ni él ni Donald Trump ni ninguno otro ligado a la campaña electoral para elegirlo en el 2015 tuvo vínculo alguno con los rusos para interferir en los comicios, en perjuicio de la demócrata Hillary Clinton.
La semana pasada el ex-Director del FBI dijo bajo juramento que no existe prueba alguna de tal vínculo y que tampoco es verdad que Donald J. Trump haya intentado obstruir las investigaciones sobre la supuesta interferencia rusa, para desviarla en uno u otro sentido o suspenderla. Mas la necedad de los demo/progresistas parece no tener fin.
Sessions explicó que se había recusado de conocer cualquier indagación sobre el tema por impedirlo un estatuto de la Fiscalía. James Comey, el ex Director del FBI mintió al indicar que la excusa obedecía a que Sessions conversó con el embajador y otros funcionarios rusos sobre cómo interferir en los comicios, aunque nunca presentó pruebas.
La supuesta interferencia y la excusa del Fiscal General han motivado por un lado el nombramiento de un Investigador Independiente, Bob Mueller y por otro la formación de comisiones en la Cámara de Representantes y el Senado. Pero según las leyes y regulaciones tales comisiones así como el Investigador deben ser nombrados solo si hay evidencia de un crimen. 
Como ocurrió con Bill Clinton y Monica Lewinsky. Se supo que el Presidente tuvo sexo con la pasante Monica en la Oficina Oval. Bill lo negó bajo juramento. Luego se halló la evidencia de su semen en el famoso traje azul. El perjurio saltó. Se nombró a Ken Starr(*) como Investigador pero todo naufragó en aguas de la política que protegió y libró a Bill Clinton del "impeachment" o censura y destitución.
En el caso Trump existen las comisiones y el Investigador pero no hay indicios de crimen. Por ello los demo/progresistas aparecen como una pandilla en busca ya no de un autor, como con Pirandello, sino de un crimen. Como roedores mordían a Sessions ayer por todos los bordes, intentando desangrarlo, malherirlo y no lo consiguieron en ningún instante. Su honestidad quedó incólume.
El senador Tom Cotton preguntó a sus colegas demócratas del Comité por qué no se habían referido a la única prueba de supuesta interferencia rusa en los comicios del 2016: la filtración por WikiLeaks de los emails del DNC, en los que se revelaban las maniobras de los partidarios de Hillary para anular al rival de las primarias, Bernie Sanders.
Aparte de esa filtración, que probablemente provino del hackeo de algún agente del FBI o de la CIA, no hay otra evidencia de interferencia rusa. Pero que la hay, la hay, dijo Comey la semana pasada y lo repitieron los del clan demócrata ayer. Insistieron en que 16 agencias de Inteligencia se han pronunciado en tal sentido y cuando le preguntaron a Sessions si había leído ese informe, dijo que nunca le ha llegado a sus manos.
Michael Goodwin, un columnista del The New York Post que ha opinado en favor de Trump con fecuencia, sostiene hoy que Sessions no debió aceptar el nombramiento de Fiscal General, conociendo el impedimento que tenía de intervenir en litigios relativos a la campaña electoral en la que él participó. Es válido su análisis, pero la suerte está echada.
Trump, Sessions y quienes conforman su gobierno y todos quienes lo respaldan porque confían en su honestidad y en la validez de su mensaje de rescate de los principios fundamentales de esta nación plasmados en la Declaración de la Independencia de 1776 y la Constitución de 1778, deben comprender, eso sí, que se enfrentan ahora a un enemigo sin escrúpulos.
Un enemigo que si no encuentra un crimen para justificar una investigación, no vacilará en crearlo. Un enemigo que aplaude el asesinato o degüello de Trump en Shakespeare in the Park o a manos de una comediante. Y que estimula violencias como la de esta mañana en Virginia en un campo de beisbol, que pudo terminar en masacre de legisladores republicanos sin la heroica intervención de los agentes de seguridad.
Si, la suerte está echada: o ellos o la República.
(*) En realidad Kenn Starr intervino en el caso Whitewater, el escandaloso manejo de fondos inmobiliarios en el que participaron los Clinton, que no se esclareció pero que permitió que se abordasen detalles relativos al affaire Bill/Mónica. 

Monday, June 12, 2017

DEMOCRACIA ¨DEMÓCRATA"

Newt Gingrich, el ex-presidente republicano de la Cámara de Representantes  que logró frenar un tanto la agenda progresista del entonces Presidente de los demócratas Bill Clinton con su Contract with America, ha sido claro una vez más al decir que el caso de supuesta colusión de Trump con los rusos debe archivarse.
La acusación provino de los demócratas que perdieron las elecciones con Hillary Clinton en noviembre pasado. La victoria fue inequívoca, pero lejos de aceptarla urdieron la fantasía de que Vladimir Putin y Donald J. Trump se complotaron para inmiscuirse en el proceso eleccionario del 2016 para perjudicar a Hillary y ungir de Presidente al billonario de Manhattan.
Casi ocho meses han transcurrido desde el inicio de la disparatada trama en la que intentaron revivir pugnas propias de la Guerra Fría que se suponía habían terminado tras la caída del Muro de Berlín en 1989. En la comedia han jugado papel relevante los principales medios de radio, TV, diarios y revistas del país, convertidos en portavoces del “progresismo”.
Se nombraron comisiones en las dos cámaras legislativas para que se investigue al caso, pese a que Putin y Trump negaron la acusación. Trump, una vez posesionado de la Presidencia, pidió a las agencias de inteligencia que aceleren los trabajos sobre el tema para clarificarlo sin más dilación.
Así prometió hacerlo el entonces Director del FBI James Comey, según lo confesó al comparecer ante el Senado el martes pasado. Allí confirmó también lo que Trump había dicho cuando le notificó que quedaba cesante: que sobre él, el Presidente, no pesaba ninguna acusación de colusión con los rusos durante la campaña del 2016 y que por tanto no existía ningún expediente de investigación en su contra.
Más aún, Comey dijo bajo juramento que era falso que Trump le hubiese instado directa o indirectamente a que suspendiese o alterase el curso del proceso de investigación sobre la supuesta intervención rusa, lo que de facto anulaba la especulación de que por su parte hubiera habido ánimo de “obstruir la justicia”, lo cual es un delito penal.
Si los dos principales argumentos de los demócratas en contra de Trump para descalificar su victorial electoral, la supuesta colusión con los rusos en los comicios y la también supuesta obstrucción de la justicia, han sido desvanecidas por la propia y principal autoridad de Investigación en el país, es pertinente que Newt Gingrich pida que se archive el proceso en  contra de Trump y que empaña su gestión gubernamental.
Adicionalmente, dice Gingrich que debe cancelarse al Investigador Especial nombrado para colaborar en el caso ruso/Trump. Cuando el Fiscal General Jeff Sessions se excusó de hacerlo porque durante la campaña y como senador se había entrevistado con el embajador ruso, el Sub Contralor Rod Rosenstein juzgó conveniente designar a Robert Mueller como Investigador Especial.
Se da por descontado que este tipo de investigadores debe ser neutral. Mueller no lo es. Cuando fue Fiscal General con Bush, Comey era su subrogante. Son íntimos, no hay neutralidad. La intervención de Comey en el Senado el martes pasado fue revisada y aprobada por Mueller, incluídos los agravios a Trump.
Si las investigaciones continúan de todos modos, Trump debe al menos hacer uso de sus atribuciones y cancelar a Mueller y pedir un  reemplazante imparcial. Si la necedad demócrata persiste en acusar sin pruebas a Trump, la cosecha será pérdida de tiempo y recursos y un agravamiento en la crisis de credibilidad del partido demócrata, asi como de la llamada “gran prensa”. 
La “república” que quieren los demócratas, lo demuestran sus   recientes actitudes,  no es la República descrita en la Declaración de la Independencia de 1776 ni en la Constitución de 1778, en la cual se respeta la voluntad popular, las libertades individuales y el derecho que el pueblo tiene de acceder a la verdad a través de  medios independientes, que ahora la distorsionan corroídos por su partidismo demócrata/progresista.
¿A qué tipo de república aspiran hoy los neo demócratas? ¿Una afin a la de los Castro, la que quiere el terrorista portorriqueño López, la que promueve la ley sharia del Islam, la que protege al Irán con Obama, la que congenie con Chávez?

(Oscar López Rivera es un portorriqueño terrorista que Obama puso libre antes de terminar su sentencia. Está ligado a la muerte de muchos ciudadanos en Nueva York, heridos y pérdidas materiales. A él se suman los terroristas puestos libres de Guantánamo y otros casos. López Rivera iba a encabezar un desfile patriótico en NY, el día en el que 97% de sus conciudadanos votó en la Isla en favor de que ésta se vuelva no independiente, como quiere el terrorista, ni estado asociado como lo es ahora, sino el Estado número 51 de la Unión. La nota la publicó The Wall Street Journal la semana pasada)

When the fourth bomb exploded in lower Manhattan on New Year’s Eve 1982, Detective Richard Pastorella took shrapnel from his stomach to his scalp. It blinded him, maimed his right hand, left him nearly deaf. Surgeons used 22 titanium screws to hold together his ruined face.
“When my granddaughters present me with crayon drawings and are pleased to show them to me, I have to pretend that I can see them and enjoy their effort,” Detective Pastorella later testified. “I have sacrificed my pride, my dignity and will never be free.”
Now the leader of the terrorists who maimed him is free. President Obama granted Oscar López Rivera clemency in January. This weekend he will march in New York’s Puerto Rican Day Parade.
López Rivera was the “prime recruiter” for the terrorist group FALN, as well as “a key trainer in bombing, sabotage, and other techniques of guerrilla warfare,” according to his presentencing report. From 1974 to 1983, his group carried out more than 130 bombings, killing six. He has shown little remorse. Last month he insisted that “colonized people” have the right to use “all methods within reach, including force.”
The Puerto Rican Day Parade had originally designated López Rivera its first-ever National Freedom Hero. After massive backlash, organizers tried to save face. He stepped down from his “formal role,” they announced, but will still march.
So will the city’s far-left political elite. Although both of the state’s U.S. senators said they wouldn’t march, Mayor Bill de Blasio was willing to do so even when the terrorist was the official parade honoree. His office called the uproar “needless controversy.” City Council Speaker Melissa Mark-Viverito overtly supported López Rivera.
That’s part of a broader trend: Over the past year, the far left has repeatedly venerated terrorists and murderers. Take Rasmea Odeh. In 1969 her group, the Popular Front for the Liberation of Palestine, murdered two college students by planting a bomb in a box of sweets in a Jerusalem grocery.
Odeh awaits deportation after lying about her terrorism conviction on U.S. immigration papers. According to the feminist website Jezebel, she “epitomizes the progressive left movement and exemplifies the women to whom we should be listening.” The Women’s March gave Odeh a prominent role as it orchestrated the Day Without Women strike. She has also gone on the campus speaking circuit.
Another leftist cause célèbre: Leonard Peltier, serving a life sentence for murdering two FBI agents at the Pine Ridge Indian Reservation in South Dakota in 1975. He and other assailants ambushed the men, riddling their cars with at least 125 bullets. As one agent lay wounded and another tried to surrender, Peltier shot both point-blank.
The Standing Rock alliance of environmentalists, Hollywood progressives and Native American activists have fought for Peltier’s release, portraying his conviction as a legacy of the 1890 Wounded Knee massacre.
The progressive media insists that it’s conservatives who are violence-prone—especially in the era of Trump. But it’s the left that champions monsters like Oscar López Rivera, Rasmea Odeh and Leonard Peltier.

(Donald J. Trump está acusado por los demócratas de conspirar con los rusos para ganar la Presidencia, en desmedro de Hillary Clinton. Lea estos datos:)
TRUMP'S RUSSIAN CONNECTION AND OTHER CRIMES
Remember when Donald Trump was business partners with the Russian
government and his company got 53 million from the Russian government
investment fund called Rusnano that was started by Vladimir Putin and
is referred to as "Putin's Child"? Oh wait that wasn't Trump it was
John Podesta.

Remember when Donald Trump received 500 thousand for a speech in
Moscow and paid for by Renaissance Capital, a company tied to Russian
Intelligence Agencies? Oh wait that was Bill Clinton.

Remember when Donald Trump approved the sale of 20% of US uranium to
the Russians while he was Secretary of State which gave control of it
to Rosatom the Russian State Atomic Energy Corporation? Oh wait that
was Hillary Clinton.

Remember when Donald Trump lied about that and said he wasn't a part
of approving the deal that gave the Russians 1/5 of our uranium, but
then his emails were leaked showing he did lie about it? Oh wait the
was Hillary Clinton and John Podesta.

Remember when Donald Trump got 145 million dollars from shareholders
of the uranium company sold to the Russians? Oh wait that was Hillary
Clinton and the Clinton Foundation.

Remember when Donald Trump accepted millions in donations from Russian
Oligarchs like the chairman of a company that's part of the Russian
Nuclear Research Cluster, the wife of the mayor of Moscow, and a close
pal of Putins? Oh wait that was the Clinton Foundation.

Remember when Donald Trump failed to disclose all those donations
before becoming the Secretary of State, and it was only found out when
a journalist went through Canadian tax records? Oh wait that was
Hillary Clinton.

Remember when Donald Trump told Mitt Romney that the 80s called and it
wanted its Russian policy back. The Cold War is over? Oh wait that was
President Obama.

Man... Trump's ties to Russia are disgusting."

Thursday, June 8, 2017

COMEY, SER DESPRECIABLE

James Comey, hace poco cancelado por Donald Trump como Director del FBI, mide casi dos metros de estatura pero realmente es un pigmeo. Se entiende que desde el punto de vista moral e intelectual, según se ratificó esta mañana con su testimonio ante el Senado de los Estados Unidos.
El gran error de Trump fue no deshacerse de él en cuanto se posesionó el 20 de enero pasado como Presidente. En julio del 2016, en plena campaña electoral, Comey ya había dado muestras suficientes de su deshonestidad al exonerar a Hillary Clinton de toda culpa por la  manipulación dolosa de  emails confidenciales a su paso como Secretaria de Estado.
Hillary, que competía con Trump en las elecciones, había instalado ilícitamente en su domicilio una computadora mientras era Secretaria, para dirigir misivas a gobiernos y corporaciones recabando fondos para la Fundación Clinton, con fines políticos. Cuando fue sorprendida, eliminó más de 30.000 emails al iniciarse una investigación en su contra.
El Presidente Obama y la Fiscal General Loretta Lynch la protegieron, con el aporte sumiso de Comey. Éste, finalmente, en lugar de entregar el fruto de la investigación a la Fiscal para que determine si hay lugar a juicio o al nombramiento de un jurado investigador, proclamó sin ninguna autoridad que Hillary era inocente de cargos, allanándole el camino a la Casa Blanca.
Porque Obama, Comey, los demócratas y los medios daban por seguro que Hillary sería la nueva Presidenta. Pero no lo fue. Entonces idearon una nueva estrategia para atacar a Trump el ganador y acusarlo de fraude: se inventaron el mito de que el billonario republicano había derrotado a Hillary por su “colusión” con Putin y los rusos para alterar los comicios.
Fue una paparruchada o “una charada” como dijo Trump al comienzo. Tan sin sentido y sin sustento le pareció la acusación, que quizás ello fue la motivación para mantener a Comey en su cargo. Talvez le pareció que era asunto de sentido común que, de entrada, la CIA y el FBI descartaran por necia tan descabellada pretensión.
No ocurrió así. Para comenzar, Jeff Sessions, el nuevo Fiscal General de Trump, se excusó de conocer el asunto interferencia rusa porque él mismo había conversado alguna vez con el embajador ruso durante la campaña y cuando aún era senador. Ello complicó el proceso al punto que el Fiscal subrogante nombró un investigador independiente para enmarañar más un asunto que debió terminar de un tajo al principio.
Con el testimonio de hoy, la prensa y los demócratas esperaban que Comey confirmaría que Trump lo canceló porque no quiso obedecerlo para que suspenda la investigación sobre la colusión rusa y que daría, por fin, datos concretos sobre tal colusión. No hubo ni lo uno ni lo otro. El ex-Fiscal se vio forzado a reiterar que no hubo obstrucción y que no existe prueba alguna de colusión de Trump con Putin.
Comey es, o era, republicano. Fue escogido para esas funciones por George W. Bush y ratificado por Obama. Sus únicos defensores esta mañana eran demócratas, en gratitud porque evitó a Hillary ir a la cárcel en plena campaña electoral. Igualmente, los que insistían en la intrusión rusa eran solo demócratas. Hasta hace poco los demos eran  apologistas de la URSS durante el macarthismo.
Comey admitió hoy ser uno de los “leakers” o filtradores de datos confidenciales a la prensa, delito penado con diez años de cárcel y admitió haber cambiado el término “investigación” penal contra Hillary por “matters” o asunto, a pedido de Loretta Lynch. Y dijo que no protestó por el encuentro inapropiado que ésta tuvo con Bill Clinton, antes de anunciar la exculpación de su cónyuge.
El abogado de Trump dice y con razón, que la declaratoria de James Comey ante el Senado lo reivindica por completo, pues demuestra que no mintió al decir que el FBI no lo investigaba por una supuesta colusión sin pruebas, como así lo aseguró el propio Comey. Esta verdad nunca se filtró a los medios, lo cual sí ha ocurrido con tantas otras informaciones de alta seguridad,  divulgadas por una burocracia traidora.
Esas falsas acusaciones de colusión rusa, le dijo Trump a Comey, constituyen una nube que se cierne sobre nuestro gobierno y tiene que disiparse, mientras más rápido mejor. No se trataba de una orden, sino de un pedido a un individuo que creía honesto. No era una amenaza, porque el lenguaje que Trump utiliza es directo. Además, Comey, según la ley, es un subalterno del Presidente y tiene que acatar cualquiera de sus órdenes.
Si quería Trump que se suspenda la investigación, lo hubiera dispuesto. No lo hizo, aguardaba una reacción honesta de Comey. Sucedió lo contario. A ello se suma el perdón ilegal e inmoral por los delitos de Hillary y la falta de entereza ante las presiones de Lynch y Obama. El Director del FBI republicano había rebasado los límites de la tolerancia, había que echarlo. Y así lo hizo.
Su presencia ante el Senado deja a Donald J. Trump indemne y a  James Comey como alguien nada confiable, contradictorio y amoral. Imagen distinta a la que de él han difundido los medios. Su destitución se justifica plenamente.

Monday, June 5, 2017

AVERSIÓN A LA VERDAD

A los demócrata/progresistas que se oponen virtualmente a todo lo que hace y dice el Presidente Donald Trump, les aterra la verdad. Razón tuvo el escritor y comentarista de radio Michael Savage de calificar al izquierdismo que caracteriza a ese grupo como una “mental disease”, esto es, como una enfermedad mental.
A ellos se los conoce aquí también como “liberals”, pero nada tan alejado de la acepción original del vocablo. Están blindados al raciocinio, al intercambio de ideas dispares, a la discusión de argumentos. Para ellos, la tolerancia existe solamente cuando el que discrepa con ellos calla y cede sin discutir.
Trump sostiene con datos recientes e históricos que el terrorismo islámico es la peor amenaza contra la seguridad nacional e internacional y que hay que combatirlo extinguiéndolo en sus raíces. Al decirlo, es atacado por los “progresistas” que lo acusan de islamofobia originada por los supuestos desmanes de unos pocos perturbados.
Niegan que los terroristas islámicos se autoinmolen (y a su paso asesinen a decenas y centenas de seres inocentes) por inspiración religiosa, pese a que lo hacen invocando el nombre de Alá. Los kamikazis lo hacían por su emperador, los narcotraficantes por la supremacía del poder en el mundo del hampa. ¿Acaso los jihadistas lo hacen solo por sadismo/masoquismo,?
Un experto en islamismo radical recordaba por TV que el Corán aprobado en Egipto en 1924 es el de uso común entre los 1.500 millones o más de musulmanes que hay en el planeta. En su texto se insertan alrededor de 100 acápites acerca de cómo convertir a los “infieles” (judíos, cristianos y más) al Islam o acabar con sus vidas.
Ese Corán de 1924 es comparable en popularidad con la Biblia del Rey Jacobo. Con la diferencia de que en la Biblia no se exhorta al odio para la conversión, sino a la persuasión y el amor. Pese a excesos en la aplicación de las Escrituras en alguna época, no se registra promoción de huestes cristianas para degollar. Las Cruzadas se organizaron para recuperar con la espada la Tierra Santa tomada por los moros. 
La misión de terminar con el terrorismo musulmán tendrá que hacerse con la cooperación de la parte musulmana que no comparte la versión radical del Corán, es decir, la suni. Con ese objetivo viajó Trump a Arabia Saudita y allí concertó una gran coalición con 54 naciones árabes sunis decididas a frenar al extremismo shiíta, comandado por Irán.
Los primeros resultados comienzan a aflorar en el lado árabe, con el cerco que las naciones sunis han tendido a Qatar, señalándola como propulsora shiíta del terrorismo en unidad con Irán. Del lado occidental, Trump logró una reafirmación de la OTAN para combatir al terrorismo, amenaza más próxima y patente que el comunismo de la extinta URSS.
Pero cuando Trump critica al alcalde musulmán de Londres Sadiq Khan e indirectamente a la Primera Ministra Theresa May por sus referencias demasiado “políticamente correctas” sobre los asesinos del Puente de Londres y Manchester, los críticos renuevan los ataques de “islamofobia” contra Trump y alaban a la cantante Ariana Grande, John Kerry y otros por sus mensajes alternativos de besos y abrazos a los degolladores.  
Por fortuna, esa visión suicida para enfrentar al enemigo (muy distinta de la de un jihadista), cambiará con Trump. El Islamismo radical, con la venia de los musulmanes que dicen no ser radicales, está en guerra con el Occidente Judeo Cristiano prácticamente desde el Siglo VIII en que Mahoma lo creó.
El Norte de África, con Egipto, Libia, Marruecos y Túnez eran asiento de cristianos algunos tan célebres como San Agustín. Poco a poco y no por la gentil y devota persuasión de misioneros sino por acción de las cimitarras, todas esas zonas otrora romanas cayeron en poder de los árabes musulmanes, que se tomaron también “las Españas” hasta ser expulsados por Isabel La Católica. 
La reconquista se ha reanudado con vigor, no solo con el terror sino con una inmigración favorecida por los propios europeos. Hay más nacimientos hoy de árabes musulmanes que de parejas con ancestro europeo y más milicias jihadistas que soldados de ejércitos regulares. Las mezquitas, centros de capacitación religiosa y militante, hace tiempo que superaron en número a las iglesias cristianas.
George W. Bush respondió al ataque terrorista del 9/11 con una guerra en Afganistán e Iraq, pero cometió el grave error de no declararla formalmente tal con aprobación del Congreso. Pidió a los ciudadanos que no se atermorizaran, que siguieran su vida rutinaria y salieran de compras a los malls como si nada hubiera pasado. La consecuencia fue que la guerra  no termine en 16 años, con pérdida de centenares de vidas y trillones de dólares de presupuesto.
Parece que los últimos jefes de Gobierno tienen miedo de ganar guerras no buscadas, ofuscados quizás por la retórica revisionista de quienes ven en los Estados Unidos (como Obama y demás progresistas) el origen de la desigualdad y explotación en el mundo. Y no como la nación que evitó la expansión de dos regímenes de corte “progresista”, el nazi fascista y el  comunista, que hubieran ahogado todas las libertades individuales
A las amenazas residuales del nazifacismo y el comunismo, se suman hoy las amenzas terrorista y expansionista del radicalismo musulmán. Igual que a comienzos del siglo XX, quedan muchos adictos a esas doctrinas, en especial del socialismo colectivista de corte marxista, que desde la izquierda dominan en escuelas, colegios, universidades y medios de comunicación. 
Estos infiltrados parecen ahora estar en extraño conturbernio con el radicalismo islámico, a juzgar por el bloqueo a todo empeño propuesto por el Presidente Trump para combatirlo. Pero si ese anti Trumpismo es feroz, el liderazgo del Presidente es indoblegable y prevlecerá con el respaldo del pueblo, que se acrecienta pese a que los medios digan lo contrario.