Wednesday, August 16, 2017

TRUMP Y LOS REPORTEROS

Donald Trump erró ayer al confrontarse con los reporteros. Los había llamado para anunciarles un gran plan para modernizar el sistema de transporte y comunicaciones en el país, pero la sesión degeneró en  un conato inútil con los periodistas.
El Presidente ha descrito con claridad la falta de profesionalismo de la mayoría de los medios de comunicación audiovisual que aliados con el partido demócrata y algunos republicanos que lo detestan, no cejan en su empeño de distorsionar y desinformar sobre su gestión. 
Es hora de que los ignore y sobrenade ese grupo de “progresistas”, cuya conducta no solo no mejorará sino que empeorará con refriegas como las de ayer en su Torre de Nueva York. En lugar de tocar el tema de la infraestructura, la batalla se circunscribió al trágico incidente del sábado pasado en Charlotteville, Virginia.
Trump, tras su exposición sobre el proyecto de transporte, pudo abrir la sesión a preguntas sobre este tema, pero limitarla con una sola y definitiva respuesta: que la demolición de la estatua del general Robert E. Lee en esa ciudad no era bien vista por todos y que algunos querían expresar su contrariedad públicamente.
La manifestación fue inicialmente negada por las autoridades demócratas, encabezadas por el Gobernador Terry McAuliffe. Pero un juez federal revocó esa negativa, invocando el derecho constitucional a la libre expresión. Entre los manifestantes había miembros de los White Nationalists o Nacionalistas Blancos y de los White Supremacists.
Los primeros rechazan ciertos privilegios que se han otorgado a los negros y a otras “minorías raciales”, juzgando que ello vulnera la Constitución que proclama que “todos los hombres son creados iguales”. Los  “Blancos Supremacistas” creen, ellos si, que la raza blanca es superior y por ello blandían en el mítin la cruz gamada nazi.
Hubo contramanifestantes sin permiso legal, quienes con la notoria falta de una preventiva acción policial comenzaron a agredir a los “supremacistas” (los “nacionalistas” se evaporaron) con bates, toletes y piedras, originándose una batalla campal. Fue cuando surgió un automóvil con el conductor criminal que arrolló y mató a una mujer e hirió a casi una veintena. Dos gendarmes murieron al caer un helicóptero policial de vigilancia.
Trump nunca se ha alineado con los blancos supremacistas. Ha rechazado la violencia de las partes. Lo dijo el sábado a poco de conocerse sin detalles del incidente, lo reiteró el lunes condenando con nombres de grupos racistas como el Ku Klux Klan y pro Nazis y volvió ayer a condenar a los extremismos de derecha e izquierda.
Demócratas y republicanos anti Trump aducen que es infame equiparar a la extrema derecha u Alt-Right con la extrema izquierda u Alt-Left (Alt por alternativa), porque en los incidentes del sábado la izquierda se expresaba contra el racismo que la derecha supremacista defiende. Ergo, "Trump es supremacista".
Ninguno de ellos, por cierto, menciona al Movimiento Black Lives Matter,  por ejemplo, cuya misión es asesinar policías porque según ellos solo están para matar negros. Ni hacen memoria de que Supremacismo y el Ku Klux Klan son creaciones del partido demócrata a comienzos del siglo XX para seguir oponiéndose a la integración de los negros.
La misma Guerra Civil, a propósito del General Robert Lee cuya estatua se quiere demoler, se desató por la tozudez de los demócratas del Sur en mantener la esclavitud. El enfrentamiento segó la vida de más de 600.000 personas, pero la segregación racial continuó al morir asesinado Abraham Lincoln, el presidente republicano que quiso sellar la paz otorgando todos los derechos a los negros.
Esa resolución la frustró un criminal demócrata y fueron los demócratas del Sur los que siguieron obstruyendo la integración de los negros en escuelas, en la vida social y política, hasta que a la postre cedieron casi una centuria más tarde. El Presidente Lyndon B. Johnson, un racista confeso, vio propicia la oportunidad política con la aprobación (unánime de republicanos y con minoría demócrata) del proyecto republicano de los Derechos Civiles, para tornarse en el campeón de la causa negra.
Se dieron casos curiosos como los del ahora senador Elijah Cummins, quien junto con Martin Luther King Jr y otros líderes negros hicieron la histórica caminata por el puente en Selma,  Alabama, que fue disuelta a palos por la policía de un gobernador demócrata segregacionista. Después de la paliza se convirtió en una fanático demócrata, en remedo del típico síndrome de Estocolmo.
Tampoco los anti Trump demócratas o republicanos, cuando hablan de su furia contra los nazis, recuerdan que Obama, Hillary, Sanders y todos los “progresistas” idolatran a Margaret Sanger, pionera y fundadora de la organización abortiva Planned Parenthood. El propósito de Sager fue la “purificación” de la raza blanca mediante la eliminación de los negros, los débiles y deformes con anti conceptivos, aborto, eutanasia y eugenesia. Hitler se inspiró en ella.
Trump no se equivocó en lo que dijo ayer, sino en cómo lo dijo y por qué lo dijo en tal ocasión. Los reporteros son reporteros, él es Presidente. No debe desafiarlos en su plano. Para eso están sus subalternos. Bastaba una aclaración sobre el tema y punto. Al país le interesa mucho más la obra práctica que está haciendo.

Thursday, August 10, 2017

COREA Y LOS DEMOS

La oposición demócrata y de los republicanos que no quieren a Donald D. Trump (más la gran prensa) se escandaliza porque el  Presidente ha prometido responder con furia y fuego (máximo poder destructor) al tirano de Corea del Norte, si osa atacar a los Estados Unidos con armas nucleares.
Qué falta de delicadeza, dicen tales “cortesanos”, recordando que no es ése el lenguaje diplomático empleado por sus predecesores ni el que mandan las normas para garantizar acuerdos de paz. Pero ¿qué es lo que esa escuela ha logrado en más de una veintena de años con la tiranía de los Kim?
Para comenzar, si la península coreana está dividida en dos es por la falta de coraje de un presidente demócrata, Harry Truman, que en 1952 cedió la victoria a punto de ser ganarda por el general Douglas MacArthur, en favor de un armisticio que adjudicó derechos soberanos al invasor al norte del paralelo 38.
Se instaló allí una dictadura férrea, amparada por quienes promovieron la invasión roja, China y la URSS. Cuando subrepticiamente y en violación a las regulaciones de Naciones Unidas, Corea del Norte inició el desarrollo de armas nucleares, la escuela de la diplomacia cortesana nada consiguió para detener su avance.
Al contrario, otro gobernante demócrata, Bill Clinton, mimó a Kim, le regaló alimentos y préstamos y le obsequió las fórmulas para que las plantas nucleares se conviertan en generadoras de electricidad. Rush Limbaugh, el comentarista de radio, decía hoy que a los Rosenberg se los ejecutó por entregar a los rusos fórmulas para fabricar la bomba atómica.
Al concluír la II Guerra Mundial, Estados Unidos propuso al mundo crear un organismo que garantice el exclusivo uso de Átomos para la Paz, en los momentos en los que era el único país con tecnología nuclear. Pero la URSS se negó y años más tarde se comprendió por qué: robó la fórmula a los Estados Unidos para buscar no la paz sino un equilibrio nuclear.
Luego Mao convenció a Stalin tener el derecho a sumarse al poder nuclear y más tarde se agregaron otras potencias de Occidente, la India, Pakistán y, últimamente y con el apoyo del demócrata Obama, Irán, el cual sin duda está en comunicación tecnológica con Corea del Norte.
Kim Jon Un, que heredó el cargo de su padre Kim Sung como Raúl Castro de su hermano Fidel, ha hecho numerosos experimentos con cohetes de alcance medio y largo, prohibidos por Naciones Unidas. Los últimos son de cohetes intercontinentales con cabezas nucleares que pueden activarse dentro del cohete, dado su tamaño mínimo.
Kim ha amenaza que sus misiles pueden alcanzar a Hawaii, Alaska e inclusivo Los Angeles, Chicago o Nueva York. En plan de prueba, dice que un cohete estallará a mediados de este mes cerca a Guam, posesión norteamericana en el Pacifico Occidental con bases militares de 7.000 soldados. Si ese objetivo es tocado por Kim, ha dicho Trump, Corea del Norte podría ser aniquilada.
Es un lenguaje muy parecido al de Truman tras lanzar la primera bomba atómica a los indoblegables japoneses, el 6 de agosto de 1945. Les pidió rendirse incondicionalmente o atenerse a las consencias mortífieras de un segundo artefacto nuclear. He aquí el párrafo pertínente (en este link se encontrará el documento completo):

If they do not now accept our terms they may expect a rain of ruin from the air, the like of which has never been seen on this earth. Behind this air attack will follow sea and land forces in such numbers and power as they have not yet seen and with the fighting skill of which they are already well aware.

Cuando Truman emitió ese comunicado, la URSS formaba parte del Eje que derrotó a los nazifascistas. Más tarde Stalin se dedicó a extender el marxismo leninismo por todo el orbe, más allá de la Cortina de Hierro dentro de la cual quedaron subyugadas a Moscú las naciones liberadas de la II Guerra Mundial. Una de las maniobras expansivas fue precisamente la invasión de la península coreana, fente a la cual Truman capituló con el armisticio. El otro objetivo militar fue Vietnam. Los resultados fueron aún peores para Occidente, ya que el frente interno en los Estados Unidos se corroyó y el izquierdismo obligó al Congreso y al Gobierno a renunciar a la victoria, que militarmente pudo también ser lograda, como en Corea.
Si bien la URSS se desarticuló en 1989, el expansionismo de la izquierda socialista/marxista/progresista no declina y avanza no por la vía militar sino a través de la captación del poder por la vía democrática y la paulatina supresión de las libertades y derechos democráticos, una vez asidos del poder. Los resultados son evidentes en partes de Europa, América Latina y dentro de los Estados Unidos,
En este país, la estrategia es minar la vigencia de la Constitución para volcar cada vez más poderes legislativos y reguladores a un Ejecutivo autoritario. Trump ha surgido como la respuesta popular para impedirlo, pero media una feroz campaña para bloquearlo por parte de demócratas, muchos republicanos y una prensa audiovisual y escrita que hace tiempo dejó de ser profesional.


Tuesday, August 8, 2017

LA TRAMPA A TRUMP NO FUNCIONA

Los esfuerzos de la oposición, incluída la gran prensa, por derrocar por cualquier medio al presidente republicano Donald D. Trump, no funcionan hasta el momento, pese a que las amañadas encuestas de opinión dicen que su popularidad ha caído al 33%.
Aún si esas encuestas dijeran que ese índice es de -33%, los medios aún seguirían ignorando que los seguidores de Trump siguen más fieles a él que nunca y que incluso se están sumando nuevos adherentes. Ello es visible en las concentraciones a las que asiste.
La última fue en una pequeña ciudad de West Virginia. Se adecuó un local para albergar a los muchos ciudadanos que querían estar presentes. Hubo 20.000 solicitantes, pero la capacidad limitó el número a 9.000. El ámbito fue festivo, como de campaña. Allí el gobernador demócrata anunció su conversión al GOP.
Según los demócratas y los republicanos traicioneros que no respaldan a Trump y que lo creen liquidado en apenas seis meses de gobierno, no cuentan para nada los logros de recuperación del empleo a la más alta tasa en 17 años, el alza récord de la Bolsa con más de 22.000 puntos, la reducción del déficit comercial, el optimismo para la reinversión.
Tampoco victorias diplomáticas sin precedentes como la votación 15-0 en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para acentuar sanciones a Corea del Norte para frenar su loca carrera nuclear,  cebada por Bill Clinton. Por primera vez China y Rusia respaldaaron la propuesta norteamericana de castigar al tirano coreano.
Parecidas conquistas diplomáticas se están concretando en la lucha contra el terrorismo islámico, contra ISIS y se forjan acuerdos para cercar a Irán para impedir su armamentismo y fomento del terrorismo. En ese aspecto, comienzan a funcionar las alianzas que Trump selló en sus visitas a Arabia Saudita y otros sitios de la región.
El líder republicano quería más, sobre todo con Rusia. Pero la oposición y muchos republicanos le bloquearon toda capacidad de maniobra y negociación con Vladimir Putin, al obligarlo a aceptar un incremento en las sanciones contra Rusia...por su supuesta interferencia en las elecciones presidenciales en las que perdió la demócrata Hillary Clinton.
Nadie ha presentado prueba alguna de tal interfrencia ni que ello hubiese influído en modo alguno en los resultados. Putin lo niega, Trump lo niega y lo han negado jefes de la CIA y FBI del régimen Obama. Pero la oposición se empeñó en insistir. El Director Subrogante del FBI nombró Investigador Especial para que profundice el caso, quien a su vez contrató a 16 abogados con salarios exorbitantes para que lo ayuden. Aparte hay comisiones en el Senado y en la Cámara de Representantes.
Han transcurrido ocho meses desde las primeras denuncias y nada. Ante esa realidad ya inocultable, la estrategia de los sabuesos gira hacia otra supuesta “colusión” o “corrupción” ruso/trompista que podría,  a juicio de ellos, comprometer al Presidente y llevarlo al Congreso para la destitución: negocios con los rusos de él o su familia.
Imaginar que conducta tan pueril pueda fructificar, es incomprensible en un partido que tuvo líderes como FDR o John F. Kennedy y en medios otrora líderes de la comunicación como The New York Times. Para comenzar, unos y otros deberían reflexionar que un Investigador Especial se nombra solo para ahondar casos en los que es evidente el crimen, no para iniciar búsquedas de un crimen.
A Bill Clinton se lo enjuició no por su conducta con Monica Lewinski, sino por mentir bajo juramento y cometer perjurio, lo cual está severamente castigado por las leyes. Fue absuelto por compromisos de índole político, pero la mentira ha sido la característica de Bill y su cónyuge Hillary, cuya derrota no acaban de aceptar sus partidarios.
Trump no miente. Al contrario de lo que le acusan es de ser excesivamente  cristalino y hablar lo que piensa de los hechos y de las personas, rompiedo la horma de lo que es “políticamente correcto”. El despilfarro de fondos del fisco en la búsqueda de pruebas de la “colusión” Trump/Putin quedará solo en eso: desperdicio de tiempo y dinero. 
Mientras tanto, la falta de cooperación de los republicanos en el Congreso rayana en la traición impide a Trump una mayor celeridad en en el proceso de desmantelar la telaraña de leyes y regulaciones de Obama para aumentar los controles del Ejecutivo en el libre mercado. La frustración mayor ha sido la imposibilidad de anular el Obamacare.
Esa ley de salud es el paso más audaz de estatización. La Constitución de los Estados Unidos, basada en la Declaración de la Independencia, busca otra forma de gobierno: la de libre competencia de mercado, de ingerencia limitada a defender los derechos individuales por parte del gobierno. Es el sistema que ha multiplicado la prosperidad y bienestar. Lo contrario genera miseria, como en estos mismo días se observa en Venezuela.
Maduro y antes Chávez, siguen el modelo de Cuba de los Castro en el cual el Estado lo es todo. Se ha regado por Nicaragua, Bolivia, Ecuador y ahora amenaza a Colombia, como antes a Argentina. Es el modelo que ensalzan “demócratas” como Bernie Sanders, el rival de Hillary en las primarias de las elecciones pasadas. Mary Anastasia O´Grady, del diario The Wall Street Journal, escribió la realidad de Venezuela y de Colombia en un artículo de advertencia que se transcribe a continuación:


In a video posted on the internet Sunday morning, former Venezuelan National Guard captain Juan Caguaripano, along with some 20 others, announced an uprising against the government of Nicolás Maduro to restore constitutional order. The rebels reportedly appropriated some 120 rifles, ammunition and grenades from the armory at Fort Paramacay in Valencia, the capital of Carabobo state. There were unconfirmed claims of similar raids at several other military installations including in Táchira.
The Cuba-controlled military regime put tanks in the streets and unleashed a hunt for the fleeing soldiers. It claims it put down the rebellion and it instructed all television to broadcast only news of calm. But Venezuelans were stirred by the rebels’ message. There were reports of civilians gathering in the streets to sing the national anthem in support of the uprising. 
Note to Secretary of State Rex Tillerson: Venezuelans want to throw off the yoke of Cuban repression. They need your help. 
Unfortunately Mr. Tillerson so far seems to be taking the bad advice of his State Department “experts.” 
The same bureaucrats, it should be noted, ran Barack Obama’s Latin America policy. Those years gave us a rapprochement with Havana that culminated with the 44th president doing “the wave” with Raúl Castro at a baseball game in 2016. Team Obama also pushed for Colombia’s surrender to the drug-trafficking terrorist group FARC in a so-called peace deal last year. And it supported “dialogue” last year to restore free, fair and transparent elections in Venezuela. The result, in every case, was disaster.
Any U.S.-led international strategy to liberate Venezuela must begin with the explicit recognition that Cuba is calling the shots in Caracas, and that Havana’s control of the oil nation is part of its wider regional strategy. 
Slapping Mr. Maduro’s wrist with sanctions, as the Trump administration did last week, won’t change Castro’s behavior. He cares only about his cut-rate Venezuelan oil and his take of profits from drug trafficking. To affect things in Venezuela, the U.S. has to press Cuba. 
Burning Cuban flags, when they can be had, is now practically a national pastime in Venezuela because Venezuelans understand the link between their suffering and Havana. The Castro infiltration began over a decade ago when Fidel sent thousands of Cuban agents, designated as teachers and medical personnel, to spread propaganda and establish communist cells in the barrios. 
As I noted in this column last week, since 2005 Cuba has controlled Venezuela’s citizen-identification and passport offices, keeping files on every “enemy” of the state—a k a political opponents. The Venezuelan military and National Guard answer to Cuban generals. The Venezuelan armed forces are part of a giant drug-trafficking operation working with the FARC, which is the hemisphere’s largest cartel and also has longstanding ties to Cuba.
These are the tactical realities of the Cuba-Venezuela-Colombia nexus. The broader strategic threat to U.S. interests, including Cuba’s cozy relationship with Middle East terrorists, cannot be ignored. 
Elisabeth Burgos is the Venezuelan ex-wife of the French Marxist Regis Debray. She was born in Valencia, joined the Castro cause as a young woman, and worked for its ideals on the South American continent. 
Ms. Burgos eventually broke free of the intellectual bonds of communism and has lived in Paris for many years. In a recent telephone interview—posted on the Venezuelan website Prodavinci—she warned of the risks of the “Cuban project” for the region. “Wherever the Cubans have been, everything ends in tragedy,” she told Venezuelan journalist Hugo Prieto. “Surely we have no idea what forces we face,” Mr. Prieto observed—reflecting as a Venezuelan on the words of Ms. Burgos—because, as she said, there is “a lot of naiveté, a lot of ignorance, about the apparatus that has fallen on [Venezuelans]: Castroism.”
Cuban control of citizens is as important as control of the military. In Cuba this is the job of the Interior Ministry. For that level of control in Venezuela, Ms. Burgos said, Mr. Maduro must rely on an “elite of exceptional experts” Castro grooms at home. 
Cuba, Ms. Burgos said, is not “simply a dictatorship.” For the regime it is a “historical political project” aiming for “the establishment of a Cuban-type regime throughout Latin America.” She noted that along with Venezuela the Cubans have taken Nicaragua, Bolivia, Ecuador, and are now going after Colombia. “The FARC, turned into a political party and with all the money of [the narcotics business], in an election can buy all the votes that it wants.”
Mr. Tillerson is forewarned. Castro won’t stop until someone stops him. To get results, any U.S.-led sanctions have to hit the resources that Havana relies on to maintain the repression. 

Write to O’Grady@wsj.com.

Thursday, August 3, 2017

DECIR Y HACER LO CORRECTO

El Presidente Donald J. Trump, en seis meses de gobierno, está haciendo y diciendo lo correcto. Es por eso que ganó como candidato republicano. El partido republicano o GOP está identificado como partido de derecha, que en inglés es “right”, un vocablo que en este idioma se aplica también a lo que es correcto.
Por ello, cuando sus opositores demócratas y quienes no lo quieren dentro de su propio partido, lo critican por ser como de “right extremist” cuando dice o aplica ciertas medidas, bien podría interpretarse como que de que lo acusan de actuar en “correcto en extremo”.
Lo que ocurre es que Trump no se anda por las ramas y dice lo que piensa sin cuidarse de que algunos de sus comentarios no encuadren dentro de lo “políticamente correcto”, esto, dentro de lo complaciente con los prejuicios y compromisos del establishment vigente entre los dos partidos.
Quienes no lo quieren, mejor quienes lo odian, aún piensan que su victoria es una ficción, una pesadilla de la que hay que salir a toda costa y cuanto antes mejor. Quedaron yertos por la derrota de su candidata Hillary Clinton y, aliados con la prensa, quieren derrocarlo a como de lugar.
El arma que aún manejan es la supuesta colusión de Putin y Trump para debilitar a Hillary en las pasadas elecciones y favorecer al magnate. Cerca de ocho meses de indagaciones, dos comisiones del Congreso y un lote de carísimos abogados al mando de un investigador “independiente” no han arrojada hasta hoy ni la más mínima prueba de colusión.
Para mayor abundamiento, el Congreso acaba de aprobar por mayoría que no admitiría veto del Presidente, un recrudecimiento de sanciones a Rusia. ¿Cuál la causa? La colusión. Sin pruebas. Trump no las objeta pero si aclara que violan la Constitución pues le impedirán maniobrar la polìtica exterior con libertad constitucional para el caso ruso.
El GOP esta infestado de republicanos que no actúan “rightly”, que están más inclinados a amoldarse al establishment que a los principios de lo que es right o de derecha en el paritdo. El caso más bochornoso y reciente fue dado por John McCain, que impidió con su voto en el Senado que se anule el Obamacare.
Los demócratas se sienten vencedores y han invitado a legisladores de ese tipo de republicanos a estudiar juntos cómo resucitar al Obamacare, que está quebrado. La solución que plantean es crear más impuestos para cubrir el déficit y más control del Estado en los servicios de salud hasta alcanzar el objetivo de un solo proveedor, el Estado.
Esa tentativa sería bloqueada por Trump, de seguir adelante. Se informa que hay otras alternativas, fraccionadas en etapas, pero que a la postre buscan revertir la meta del Obamacare de la obligatoriedad de la adquisición de pólizas de seguro so pena de multas crecientes. La fórmula que se quiere rescatar y solidificar es la del libre mercado.
Mientras la oposición aliada a la gran prensa continúa buscando tres pies al gato en cualquier acto o declaración de Trump, la economía de claros signos de robustecimiento. La Bolsa de Valores ha sobrepasado los 22.000 puntos, que implica un agregado de 4.000 trillones de dólares al mercado, con aumento de empleo e inversión.
Paralelamente, Trump anunció ayer su respaldo a un proyecto de ley para la modernización del ingreso de inmigrantes legales. No se aceptará a todos los que quieran, sino a los que puedan en base a sus méritos. La absurda lotería de visas terminará y no cualquier familiar de residente tendrá el derecho adquirido de ingresar.
En otras palabras, la idea de que Estados Unidos siga siendo el receptor de los desplazados de los regímenes corruptos del mundo ha terminado. Ya se aclarará que tampoco existen derechos adquiridos para los nacidos en este país de ilegales, ni de ilegales o turistas parturientas que llegan para alumbrar en este país y conseguir ciudadanía automática para sus críos.
Obama y los demócratas fomentaron el ingreso ilegal, incluso de niños, de ilegales, sobre todo de América Latina y musulmanes. La meta era convertir a esos refugiados en votantes potenciales, dependientes de la protección del Estado de Bienestar con cupos de alimentos gratuitos y el cuidado de salud, incluso la vivienda gratuita.
El golpe dado por McCain a Trump y a la causa republicano fue grave pero no insuperable. A la postre y pese al bloqueo de una prensa politizada y seudo profesional y a la acción traicionera casa adentro de la burocracia que divulga profusamente datos confidenciales, Trump continúa contando con el firme respaldo de quienes lo eligieron.
Los que lo eligieron lo hicieron por considerar que sus propuestas fueron y son las correctas para reorientar al país en la dirección adecuada, es decir en la ”right direction” y siguen respaldándolo porque están comprobando día a día que Trump continua imperturbalbe en su misión de cumplir con sus promesas de redimir al país del progresismo.
El progresismo, calificativo que abarca por igual a izquierdistas marxistas y a republicanos camuflados, desprecia los principios consagrados en la Declaración de la Independencia y la Constitución de los Estados Unidos. Creen que son documentos obsoletos que hay que adaptarlos a las necesidades modernas de redistribución de la riqueza e igualdad no solo de oportunidades sino de resultados.
Eso es socialismo o fascismo, que ha fracasado en la Historia. Trump tiene otro forma de pensar, que se refleja en su discurso que pronunció en Varsovia semanas atrás, que es analizado en el diario The Wall Street por el columnista Daniel Henninger, un duro crítico del actual Presidente:

Trump Teaches Western Civ

It was a speech about values and traditions that neither Hillary Clinton nor any Democrat would give anymore.

President Trump in Warsaw, Poland, July 6.
President Trump in Warsaw, Poland, July 6. Photo: Getty Images
By
Daniel Henninger
If Donald Trump recited “The Star-Spangled Banner” before a baseball game, it would be criticized as an alt-right dog whistle. So naturally spring-loaded opinions rained down in Poland after he delivered a defense of Western values. 
Only this particular American president could say, “Let us all fight like the Poles—for family, for freedom, for country, and for God,” and elicit attacks from the left as sending subliminal messages to his isolated rural supporters, and from the anti-Trump right as a fake speech because he gave it. We live in a cynical age. 
Angela Stent, a professor at Georgetown University, provided the reductio ad politics analysis: “He wants to show at least his domestic base that he’s true to all of the principles that he enunciated during the election campaign.” 
The Trump “base.” It’s still out there, isn’t it?
It was conventional during the presidential campaign to think of the Trump candidacy as a beat-up bus caravan of marginalized American citizens, who someone called the deplorables. In the event, about half the total U.S. electorate somehow voted for the man who in Warsaw gave a speech that his opponent, Hillary Clinton—or any current Democrat—would never give. 
To simplify: One side of this debate will never be caught in anything it considers polite company using that phrase of oppression—“the West.” Ugh. 
For an enjoyably trenchant takedown of the left’s revulsion at the Trump speech, I recommend Robert Merry’s essay in the American Conservative, “Trump’s Warsaw Speech Threw Down the Gauntlet on Western Civilization.” As Mr. Merry says, this is a big, worthy debate, and one I think the Trump “base” instinctively understood in 2016. 
In fact, that Warsaw speech on Western Civ was really about the current edition of the Democratic Party and its two-term leader, Barack Obama. Mr. Trump momentarily suppressed the urge to call out his opposition, so allow me. 
The Trump “base” knew the 2016 presidential election—the contest between Mr. Obama’s successor and whoever would run against her—wasn’t just another election. It was a crucial event, deciding whether America would go on in the Western tradition as it had developed in the U.S. or continue its steady drift away from those ideas. 
Progressives have an interest in ridiculing the Trump speech as a stalking horse for the heretofore obscure and microscopic alt-right because it deflects from their own political values—on view and in power the past eight years. 
If there is one controlling Western idea developed across centuries in Europe, including by resort to war, it is that the individual person deserves formalized protection from the weight of arbitrary political authority, whether kings, clergy or dictators.
Bernard Bailyn, the great historian of the pre-revolution politics of the U.S. colonies, showed through a deep reading of colonial pamphleteering that the early Americans were ardently resentful of distant, central authority.
The Founders were obsessed with this idea—and for that see Jefferson’s “He has” bill of particulars against King George in the Declaration of Independence. They designed a government explicitly to protect smaller units—individuals, local governments—from being overwhelmed by too-powerful political authority. 
The American left has never been altogether comfortable with the U.S.’s decentralized, “difficult” political system. Once it identifies a universal political good, it is impatient to put it in place. One of the first American ideas resisted by the left was federalism: The states, they believe, can’t be trusted to do the right thing.
In the 1950s and ’60s, this had to do with remedies for racial discrimination. With Mr. Obama, the federalist disdain accelerated. His Environmental Protection Agency imposed regulations on behalf of universalist climate claims. The Eric Holder Justice Department filed lawsuits alleging racial disparities against police departments, towns and local school systems. The Obama Labor Department did the same to coerce private employers; its secretary, Tom Perez, now leads the Democratic National Committee. 
No more settled part of the West’s tradition exists than due process and presumption of innocence, which are embedded in the Universal Declaration of Human Rights. Believing this Western tradition impeded sexual abuse allegations at colleges, the Obama Education Department issued “guidance” that reversed due process and legitimized the presumption of guilt.
Eventually, the “base” somehow intuited that a permanent reformulation of their political traditions was happening here.
The progressive alternative to the Western experience extends to culture, especially religion. When Donald Trump, of all people, says the Poles in Victory Square chanted “We want God” in 1979, it was like nails on a blackboard to postmodern progressives. 
One way to understand American politics today is to think of our divisions as resonant of the decade before the Revolutionary War, when rebellion’s trigger was King George and his Parliament in London. 
In our time, the struggle is about an aggressive elevation of central authority over the smaller units of American life. The progressive Democrats are the new King George, ruling 50 postcolonial states from distant Washington. The “base” objects.
Write henninger@wsj.com. 

Monday, July 31, 2017

REACCIÓN POPULAR EJEMPLAR

Si los latinoamericanos hubiesen reaccionado con la virilidad y entereza como lo han hecho los venezolanos, acaso no se  hubieran asido del poder ni los Castro, los Correas ni demás tiranuelos de la calaña de los Ortega, Morales o Fernández.
Nicolás Maduro recibió el mando para destruir Venezuela de manos de Hugo Chávez, quien sobrevivió un golpe de Estado con la ayuda de Fidel Castro. Fue derrocado porque destruyó la economía petrolera y de libre mercado, asfixiando la inversión privada y aumentando el desempleo.
La gestión de Maduro, que sucedió a Chávez, resultó peor. La economía cayó en picada, comenzó el éxodo de venezolanos como en Cuba y los únicos aliados que encontró fueron Rusia y regímenes pro marxistas autodenominados de la revolución ciudadana en América Latina, aparte de Irán.
La oposición que comenzó a florecer con Chávez, se robusteció con el ex chofer de autobús, cuya ignorancia le impide incluso hablar el idioma español con propiedad. La rebelión se tornó popular e imparable cuando se agregaron jóvenes de ambos sexos y amas de casa, que veían vacías las estatanterías de tiendas y supermercados.
La maniobra de Maduro para contrarrestar la creciente oposición fue llamar a elecciones para una nueva Asamblea Constituyente, cuya misión sería eliminar todo vestigio legal a la disidencia, que en cierto modo se mantenía  en la Constitución de Chávez. El pueblo reaccionó con indignación a esa tentativa.
Organizó un simulacro de elecciones para aprobar o no la convocatroria a la asamblea, procedimiento previsto por la Constitución. La respuesta fue abrumadora, ya que acudieron más de siete millones de votantes para rechazar la propuesta de Maduro. Éste, sin embargo, persistió en su deseo  de llamar a las elecciones y lo hizo claro está pasando por alto la previa consulta popular.
Esos comicios se realizaron ayer, en medio de la represión que ocasionó otros 16 muertos que se suman a los más de un centenar en las protestas. Los resultados, cualquiera que fueren, son nulos. Los que votaron por el no antes, se abstuvieron de votar ayer. Se dice que hubo menos de tres millones de votos, de un total de veinte millones de votantes registrados.
Maduro afirma que la “verdadera” cifra de votantes es de ocho millones, pero nadie excepto sus partidarios le creen. Se habla de que ha habido un hacking que podría documentar el fraude. El gobernante afirma que ha triunfado la democracia y llama a la paz y el diálogo, pero la respuesta de los venezolanos ha sido la misma: revuelta en las calles en rechazo a la Asamblea Constituyente y pedido a que renuncie.
Los Estados Unidos, Perú, la Unión Europea, Argentina y otros países han anunciado que no reconocerán los resultados de la Asamblea por ilegal y porque ha sido rechazada por el pueblo. Regímenes serviles como el del Ecuador de Lenin Moreno lo respaldan y enviaron observadores para que testifiquen la validez del proceso, en respaldo a Maduro.
Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, aparece disgustado con Maduro, pero es una farsa derivada de un conflicto de fronteras. En el fondo ha demostrado comunidad de ideas con Maduro, inspirados ambos, como antes Chávez, en los Castro y sus tácticas. Santos negoció con las FARC en La Habana la capitulación del gobierno ante la guerrilla, pese a que fue rechazado en un referendo popular que luego desconoció.
Moreno es clon de Correa, pero los ecuatorianos están fascinados porque su lenguaje no es tan patanesco como el de su antecesor. Mas sus tácticas y sus colaboradores son los mismos. Su devoción por Fidel consta en documento público y su actitud de respaldo a Maduro lo dice todo. Para los ecuatorianos con pudor, esta realidad les debe resultar bochornosa.
A continución se transcribe, en español, un análisis del verdadero significado del acuerdo de Santos con las guerrillas terroristas, escrito por un ex-ministro de Uribe (como lo fue Santos): 

Colombia, la transnacional del crimen

Miembros del ejército colombiano presentan toneladas de cocaína decomisada que pertenecía a las FARC, en el Cauca, en foto de archivo.
Miembros del ejército colombiano presentan toneladas de cocaína decomisada que pertenecía a las FARC, en el Cauca, en foto de archivo. Juan Manuel Barrero Bueno EFE
La ONU, a través de su Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI), acaba de revelar lo que costó convertir a Juan Manuel Santos en Premio Nobel de la Paz.
La cifra demuestra que en el año de la Paz, cuando supuestamente se silenciaron los fusiles, en Colombia la coca sembrada creció en un 50% (cincuenta por ciento, para que no quepa duda) lo que vale tanto como decir que estamos produciendo más de 1,000 toneladas métricas de cocaína por año.
Antes de trabajar ese número fantástico, recordemos que Tumaco produce tanto de la hoja como Bolivia entera. ¡Pobre Evo! Y que el Departamento de Nariño excede la producción total del Perú. Y nos falta la cuenta de Chocó, el Catatumbo, Arauca, La Guajira, Putumayo, Bajo Magdalena, el Perijá, Caquetá, el Huila… En suma, este no es un país. Es un mar de coca, la herencia de la Paz de Santos.
Mil toneladas son un millón de kilos. Un millón de kilos son mil millones de gramos. Y cada gramo se vende en $100 en las calles de Estados Unidos, de Europa o del Oriente. Mil millones de gramos se multiplican por cien y nos da la suma 100,000 millones de dólares. Haga, lector, las rebajas que quiera. Calcule más interceptaciones, rebajas para mercados incipientes, lo que se le ocurra, y seguirá teniendo frente a usted el valor de la más grande transnacional mundial del crimen en toda la historia.
Haga ahora las rebajas que se le antoje para llegar a lo que queda de esa mil veces millonaria cantidad en Colombia. Para los campesinos que siembran; para los que la raspan; para los que producen la coca y para los que vuelven la pasta de coca en clorhidrato de cocaína; para los que la llevan a los puertos; para los que custodian el tránsito y los embarques; para los que se entienden con la mafia internacional; para los que fabrican sumergibles y los usan; para los de las lanchas rápidas; para los pilotos de los aviones; para los que cargan y descargan; para los que matan indiscretos o soplones; para los que compran policías o militares corruptos; para los que venden la cocaína a los que la vuelven basuco; para los que alimentan las ollas del narcotráfico urbano y venden al público esa porquería; para los encargados de enviciar a los niños, clientela del futuro y medio ideal para llevar producto, razones y órdenes. Para los que mantienen a los jefes en Cuba, en Venezuela o en Colombia; para los que manejan propiedades compradas o robadas; para los que aceitan la maquinaria financiera en Colombia, en los paraísos fiscales, en Suiza, en el Ecuador y Venezuela. Para los que reciben el pago convenido para seguir sosteniendo que esto se llama Paz; para la propaganda de esa Paz que mimetiza el negocio; para los que organizan conferencias y preparan el partido político que saldrá de las entrañas de este monstruo criminal. Alcanza para todos.
Ese resultado fabuloso, no se produjo por acaso. Llegó de un plan preconcebido y meticulosamente ejecutado por Santos y sus impulsores, cómplices y adláteres. No es problema repasarlo.
Era menester empezar por prohibir los bombardeos a los campamentos de los que cuidaban las zonas de cultivo. La orden llegó desde Cuba y se cumplió puntualmente.
Enseguida le cerraron la puerta al plan de Uribe para que Estados Unidos construyera gigantescos aeropuertos militares para uso de aviones de reconocimiento. Tampoco construyeron radares y el general Oscar Naranjo hizo lo necesario para que volaran el Radar de Santa Ana.
Prohibieron la fumigación aérea, con el cuento del cáncer que le podía producir el glifosato a los monos, las culebras y los bandidos que están en las zonas de aspersión.
Prohibieron la extradición a Estados Unidos de los capos del negocio, los de las FARC, para que aquí los absolviera la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
Acabaron de hecho con la Extinción de Dominio de bienes no justificados por sus dueños.
Finalmente, encerraron el ejército en los cuarteles, los aviones de combate en los hangares y las naves en los puertos.
Resultado: la más grande transnacional del crimen de la historia. Si no cree, repase las cuentas iniciales. A mano, con tableta o computador. Hágalo en su casa o con sus amigos. Y pregúntese qué negocio legítimo produce en el mundo $100,000 millones.
Queda por ver el tiempo que le falte a esta transnacional del crimen para que sea enfrentada y aniquilada. A Santos se lo dijo Trump en su visita a la Casa Blanca. Y los chinos fusilan a los que capturan entrando cocaína a su territorio. Algo está pasando y pasará pronto. Como por ejemplo, que los colombianos nos sublevemos contra esta infamia que acabó con nuestro decoro, nuestra juventud y nuestra economía. Es tiempo de entender y reaccionar.
Abogado y ex ministro en el gabinete de Álvaro Uribe.

Friday, July 28, 2017

EL VOTO TRAIDOR

Durante la campaña presidencial del 2016, el entonces candidato Donald J.Trump negó en alguna entrevista que el senador John McCain deba ser  considerado un héroe. Cayó preso en la guerra de Vietnam pero ese no es un acto de heroicidad, dijo.
Su declaración causó revuelo, como muchas otras suyas que han removido leyendas o pejuicios acerca de los cuales aceptarlos es lo  “políticamente correcto”. En el caso McCain, por la información que se conoce e intuye por la que se encuentra aún “clasificada”, Trump tiene la razón.
El senador John McCain cometió un acto de traición al partido republicano que lo ha elegido en Arizona repetidamente y que lo postuló por dos veces a la Presidencia, al bloquear esta madrugada en el Senado la revocatoria a la ley estatal del Obamacare. 
Días atrás al senador se le  diagnosticó un cáncer al cerebro de alto riesgo, pero decidió volar el miércoles pasado desde Arizona a Washington para contribuir con su voto al reinicio del debate sobre el Obamacare. Legisladores de los dos bandos celebraron con entusiasmo ese acto al que calificaron de “heroico”, dada la gravedad de su mal.
La votación de la medianoche de ayer estaba orientada a abolir la obligación de adquirir pólizas de salud, con la pena de multas crecientes por no hacerlo, por considerarla inconstitucional, más otras medidas colaterales, señalando un plazo de dos años de transición para que la sustitución del Obamacare sea completa.
Se suponía que con McCain el Senado alcanzaría el mínimo de 50 votos, con lo cual el Vicepresidente Mike Pence rompería el empate a 50 con los 48 senadores demócratas y las 2 senadoras republicanas Maine y Alaska, disidentes. Pero McCain traicionó las expectivas y votó no, para un esultado 49/51.
Se ignora lo que depare el futuro inmediato y mediato para la ley de salud, para el liderazgo del partido republicano, para el partido mismo, para el propio gobierno del Presidente Trump. Con tanto obstáculo traicionero en el Congreso, es incierta la suerte para los grandes proyectos de reducción de impuestos, de infraestructura, de educación, de comercio. 
En cuanto al Obamacare, los demócratas dicen que están dispuestos al diálogo, pero dentro de sus condiciones a las que McCain quiere que el GOP se ajuste: continuación de la obligatoriedad para adquirir pólizas de salud y más impuestos para financiar la bancarrota en la que se encuentra. La meta, no lo ocultan, es que el Estado asuma el control absoluto de la salud con presidencia del libre mercado. 
El “héroe” McCain ha permitido que el Obamacare continúe en vigencia para absorber al menos 1/5 de la economía nacional. La historia revela que durante la guerra de Vietnam hizo un vuelo no autorizado por una ruta prohibida y fue abatido. Su padre era jefe de la Armada en la Zona y se dice que él, John, recibió por ello trato preferente y dió información secreta al enemigo.
(En este link o enlace se pueden leer detalles al respecto. Más, en Internet y otras fuentes digitales)
Al tiempo que el partido republicano es impotente con el Obamacare, se suma a los demócratas para aprobar por 98 votos contra 2 en el Senado más sanciones contra Rusia, a fin de maniatar a Trump cualquier maniobra de negocación con Vladimir Putin. ¿Cuál el motivo de tan drástica resolución? La intervención, o intención rusa de intervenir, en las elecciones del 2016...
La medida está ligada a la acusación de colusión que pesa contra Trump desde hace más de medio año, según la cual Putin y Trump conspiraron contra la candidata demócrata Hillary Clinton para hacerla perder las elecciones. La acusación, hasta la fecha, no ha presentado una sola prueba, pese a que se han nombrado comités de pesquisa en ambas cámaras del Congreso y hay un Investigador especial del FBI.
Donald J. Trump tendrá que ingeniarse alguna medida cuasi milagrosa para que la fe perdida en los legisladores republicanos y en el sistema se revigorice. No cabe duda, el golpe asestado por la traición de McCain ha sido duro de asimilar. Si no surge una iniciativa pronta y certera para remediarlo, los daños podrían ser irreparables.

Tuesday, July 25, 2017

EL VOTO DEFINITORIO

El Senado votará hoy sobre el Obamacare. Los 52 republicanos no tienen sino una opción honorable: revocar la ley. Debieron haberlo hecho al día siguiente de lograr el control total del gobierno en la Casa Blanca y en el Congreso, pero se enredaron en la discusión inútil del “reemplazo”.
El Obamacare lo aprobó el rebaño demócrata por unanimidad y sin un solo voto republicano y con el rechazo mayoritario de la población, según todas las encuestas. Y fracasó, porque el objetivo central de llegar al control total del Estado de los servicios de salud, se hizo solo a medias.
Es lo que deben tener en mientes los senadores republicanos al votar hoy en la Cámara. El Obamacare es el más audaz intento de los progresistas para quebrar al sistema capitalista de libre empresa. Si no se alcanza el mínimo de 50 votos (más el dirimente de Pence), la ley continuará vigente y el Estado terminará sustituyendo a las aseguradoras privadas en la oferta de salud.
El sistema privado ha funcionado con eficiencia, convirtiéndolo en el mejor del mundo. Las deficiencias de cobertura no deben solucionarse con mas intervención estatal. La fórmula correctiva es más competencia, más capitalismo, más inventiva y menos burocracia obstructiva como en el caso del infante Charlie Gard de Gran Bretaña.
Una vez revocado el Obamacare vendrán los correctivos al daño ocasionado en los individuos que fueron obligados a adquirir pólizas de seguro, mandato que quedaría extinguido. Se abrirían las fronteras para la libre competencia de aseguradoras de salud, para bajar precios y mejorar los servicios. Se estimularía ahorros y exenciones tributarias para facilitar la compra de pólizas a los de menores recursos, etc.
También se revisaría la ampliación de la cobertura del Medicaid a quienes no la necesitan, contemplada en el Obamacare dentro de su doctrina de la redistribución de la riqueza y el Estado benefactor. El progresismo, que es la moderna manera de calificar a los socialistas/utopistas, detesta lo que es consustancial a los Estados Unidos: libre comercio, libre competencia, gobierno descentralizado y menos regulador.
Terminada la II Guerra Mundial, la URSS no se sumó a los Aliados para garantizar la formación de gobiernos democráticos elegidos por consenso de los ciudadanos. Erigió una “Cortina de Hierro” en sus dominios rojos y se dedicó a expandir su imperio mediante la infiltración, la guerrilla y la guerra abierta como en Corea y Vietnam.
Cuando la lucha armada fracasó con el Che Guevara en Angola y Bolivia, Mao aleccionó a sus seguidores a optar por la infiltración en los sistemas democráticas de diversa solidez institucional, para fracturarlos y desviarlos. Ha obtenido resultados transformando las culturas y las visiones político culturales en Europa, América Latina y lo ha estado haciendo también en los Estados Unidos.
La táctica ha sido apoderarse de los sistemas de educación y medios de comunicación para transformar la mentalidad colectiva. En el caso de los Estados Unidos, las nuevas generaciones de estudiantes y periodistas han llegado a menospreciar los principios de la Declaración de la Independencia y la Constitución de los Estados Unidos, considerándolos obsoletos.
Las nuevas demandas de la sociedad, según esas enseñanzas, son la redistribución de la riqueza y la igualación de resultados, todo lo cual ha de lograrse con gobiernos autoritarios que limiten la libre expresión de las ideas. Cuando surgen movimientos opuestos a esa tendencia y líderes que los comandan, como Trump, la respuesta es la guerra.
No es una guerra de ideas, sino de mentiras. El Obamacare se aprobó y se aplicó con mentiras. A Trump se lo quiere boicotear con las mentiras de Rusia. Ex-directores de agencias de inteligencia de Obama insinúan incluso que hay que llamar a un golpe de Estado para destituir al actual jefe de Gobierno.
La controversia entre los progresistas y Trump y los millones que lo respaldan no es una lucha política común. Es una guerra desleal y sucia que pone en juego la supervivencia de la democracia capitalista y libre, frente al agudizamiento del Estado interventor, que ha fracasado en todas sus formas a lo largo de la historia.
Los 52 senadores republicanos que votan hoy en la Cámara están en la mira: si rechazan unánimemente el Obamacare recuperarán el prestigio ante sus votantes. De lo contrario, los que voten por ratificar la ley aparecerán como lo que son: unos traidores que habrán causado al GOP y al país un daño acaso irreparable.