Thursday, April 27, 2017

EL "PROGRESISMO" SE DESMORONA

El partido demócrata del Presidente Barack Hussein Obama se desintegra al mismo ritmo que el gobierno de su sucesor republicano Donald J. Trump se consolida, mientras convierte en realidad sus promesas de campaña.
Los demócratas eligieron como su nuevo líder a Tom Pérez, latino, el cual se ha dedicado a insultar a Trump con obscenidades que todos condenan. La otra opción era Keith Ellison, negro y musulmán, designado subdirector del partido.
Nadie está contento con Pérez. En una reciente reunión de partidarios fue abucheado y la gente comenzó a vitorear el nombre de Bernie Sanders, el candidato presidencial que perdió las primarias del partido frente a Hillary Clinton.
Los emails divulgados por WikiLeaks en las postimerías de la campaña del año pasado revelaron maniobras turbias del grupo Hillary para tratar de  minimizar a Bernie. Bernie es ahora el más popular entre los jóvenes, pero ocurre que ni siquiera es afiliado al partido.
El pasado lunes Obama terminó sus vacaciones en las islas del Pacífico para tratar de inyectar adrenalina en sus coidearios, aún impactados por la derrota frente a Trump. Dio algún discurso anodino por ahí, pero lo que se destaca es que va a dar otro para Wall Street.
El demócrata/progresista por excelencia declaró siempre que nunca hará el juego a los “fat cats” de Wall Street. Parece que esa promesa era válida solo hasta que durara su presidencia, pues el discurso que va a pronunciar le aumentará su cuenta en 400.000 dólares por hablar una hora, es decir, 6.666 dólares por minuto. (¿compitiendo con los Clinton?)
La hipocresía de Obama es la hipocresía del partido demócrata convertido en radical en los últimos decenios. Se han vuelto intolerantes. No admiten el diálogo con gente de pensamiento distinto. Lo prueban las universidades de elite como Berkley y otras, cuyos estudianes se amotinan para impedir voces discrepantes, con respaldo de los profesores.
El “progresismo” ha infestado los establecimientos públicos de educación y la mayoría de la gran prensa, radio y TV. La misión que tienen, protegida por la Constitución, es informar y criticar con libertad, pero no mentir. En la era actual la información se mezcla con la opinión y el mensaje resultante es fraudulento.
Trump, a casi 100 días de su mandato ha hecho tanto o más que cualquier otro gobernante del pasado, pero los juicios sobre su gestión de parte del partido opositor y de los periodistas afines, son unánimes en condenarlo.
En el frente externo, ha recuperado la posición y respeto de los Estados Unidos que se habían deteriorado con la actitud derrotista de Obama. En lo interno, ha comenzado a deshacer la maraña de regulaciones impuestas para obstruir el desarrollo empresarial y aumentar el influjo del gobierno.
Acaba de anunciar ayer un plan de reforma tributaria espectacular, que permitirá acelerar el crecimiento de la economía del lánguido 2% o menos actual al 3% y quizás al 4% del PIB. La baja de impuestos abarca a todos, a corporaciones (del 35% al 15%) y a individuos (10%, 25%, 35% en esquema a delinearse junto con el Congreso.
El diario The New York Times despliega en primera página el título de que el plan favorece a los más ricos, en perjuicio de los pobres. Una falsedad. Los beneficios son colectivos, pues los ricos seguirán pagando los tributos más altos, pero con sumas menores podrán reinvertir, crear más empleo y competir mejor con el exterior.
El pueblo eligió a Trump con conocimiento de que era un billonario próspero. El nuevo líder, para el área económica, escogió para su gabinete a otros millonarios que han triunfado en el mundo empresarial. Con ellos busca reencauzar al país por el camino de la prosperidad creciente echando al tacho de basura el mito socialista que demoniza al sector empresarial privado.
Lincoln decía que no se puede ayudar al pobre debilitando al rico. Después de todo, los generadores de empleo y riqueza no son los “homeless” o desamparados sino los individuos con visión empresarial creativa. Pero puesto que pobres y ricos no son ángeles, como aclaraba James Madison, es indispensable crear leyes y un gobierno que regule las relaciones de paz y evite abusos.
Pero lo que los “progresistas” pretenden es agrandar la rama ejecutiva y atribuirle el don de predecir qué es lo que le conviene al pueblo, sin la necesidad de transitar por la vía de la aprobación de leyes por consenso, en los Congresos Federal y Estatales. Esa visión distorsionada de la realidad, que conduce a la tiranía y el empobrecimiento, la va a frenar Trump.
Muchos comparaban y comparan aún a Trump con Hitler, Mussolini o con tiranuelos del Tercer Mundo. ¿Seguirán opinando lo mismo tras ver ayer por TV cómo dos grandes ómnibus se disponían a llevar a todos los 100 senadores del Capitolio a la Casa Blanca para dialogar con el Ejecutivo?
Al anunciar el plan de reforma tributaria, los ministros respectivos dijeron a los periodistas que los detalles se discutieron minuciosamente con líderes de las dos cámaras del Congreso hasta llegar a un consenso y que lo mismo ha ocurrido con la nueva versión del proyecto para eliminar el Obamacare, que en su forma original se retiró antes de ser votado negativamente.
Los detractores de Trump afirman que los primeros 100 días del  Presidente han sido un desastre, un caos, que no ha logrado nada positivo. En este enlace se resume, como respuesta, una  lista de los logros divulgada por la Casa Blanca.

Monday, April 24, 2017

THE RULE OF LAW

Extraño fenómeno el que se vive en los Estados Unidos. El pueblo elige mayoritariamente al republicano Doland J. Trump como Presidente y de inmediato se desata una campaña en su contra que no se detiene de parte de los opositores de ambos partidos y de la gran prensa, radio y TV.
¿La razón? En pocas palabras, porque Trump ha comenzado a cumplir su promesa de campaña de que en este país se acate a plenitud el cumplimiento de la Ley. Porque “The Rule of Law”, el acatamiento a la ley, ha languidecido en los último años por influjo de los regímenes demócratas/“progresistas”/socialistas.
Cuando Trump anunció el nombre de Neil Gorsuch para cubrir la vacante de la Corte Suprema de Justicia y presionó para que el Senado lo nombre, no pensó tanto en su calidad de republicano cuanto en sus excepcionales cualidades de jurista apegado al cumplimiento de la Constitución y las leyes.
En los últimos decenios, la CSJ había había excedido a las funciones que la Constitución le asigna, como en el caso de la desprotección de la vida al legalizar el aborto(*), o la aprobación del Obamacare y el matrimonio gay. La inclusión de Gorsuch como noveno Juez restablecerá el equilibrio en pro del respeto a la Constitución, como lo prueban sus primeras acciones.
(*) (Hace pocos días hubo una marcha "en favor de la ciencia", que en suma era en contra de Trump. Pedían que Trump respete ciertas conclusiones sobre el clima defendidas por algunos científicos, lo cual para ellos es  dogma. En tiempos de Galileo los marchantes lo quemaban vivo. En ninguna manifestación se vio un letrero que pida respetar la verdad científica de que la vida comienza al momento de la concepción y que por tanto el aborto es un asesinato)  
En casi 100 días de mandato, el nuevo Presidente ha anulado decenas de Decretos Ejecutivos de su predecesor Obama, dictados con prescindencia del Congreso, relativos especialmente al medio ambiente que obstruían el desarrollo empresarial, el ahorro y acentuaban el desempleo. Estas y otras medidas paralelas generaron optimismo: la Bolsa de Valores pasó a 20.000 y ya casi llega a 30.000 puntos.
Hasta 1776 la concepción de gobierno y de formación y respeto a las leyes era otra. Generalmente la autoridad la absorbía un monarca, un rey, un emperador o los civiles convertidos en “césares” o zares de la Roma antigua. La sucesión de poder se daba por herencia o por conquista y las leyes se supeditaban a la voluntad, capricho y designio del autócrata.
La excepción en el sistema monárquico la dio Inglaterra con la aceptación del Rey Juan de la Carta Magna en el 1215, a través de la cual se establecen los primeros antecedentes de un gobierno por consenso, o por lo menos de cierta legislación. Pero fue la Revolución Americana y la Declaración de la Independencia de 1776 las que marcaron el cambio histórico mayor.
En la DI y la Constitución que dos años más tarde se aprobó, plasmando en ella sus principios, se estableció por primera vez que los ciudadanos tienen los mismos derechos (sin castas privilegiadas), que el poder y soberanía residen en el pueblo que lo delega de manera temporal a un gobierno por consenso, que a su vez reparte dicho poder en tres ramas.
Una de ellas, el Congreso, tiene la misión exclusiva de legislar, la Ejecutiva de poner en aplicación dichas leyes y la rama judicial y Corte Suprema, la de conocer y resolver casos de duda de aplicación de leyes, a la luz de lo prescrito por la Constitución. El documento tiene siete Artículos y veinte y siete Enmiendas y es el más estable de la Historia.
Cuando Trump habla de frenar el ingreso de ilegales al país no es perverso ni racista, solo quiere cumplir la ley. El ingreso a los Estados Unidos no es un derecho, es un privilegio que puede lograrse si se cumple con los requisitos de ley. Los indocumentados tienen que ser identificados y si han cometido otros delitos, expulsados. El proceso de legalización de los demás será diseñado según los casos.
En política externa, Trump busca los mismos objetivos: la paz basada en el cumplimiento de la ley. Nada más contrario a las leyes internacionales que el terrorismo. La mayor ola terrorista en la actualidad proviene del islamismo radical. Esa aberración que causa muertes y zozobra por el mundo entero debe ser frenada con su eliminación total.
A ello está dispuesto Trump, con ayuda de aliados occidentales y árabes y ha comenzado a poner en práctica las primeras acciones tácticas con ese objetivo. Igualmente hay planes, con la cooperación de China, para domesticar al dictador de Corea del Norte, que ha logrado desarrollar armas nucleares gracias a la complaciente “diplomacia” de Occidente.
La ley, tanto en el ámbito doméstico como exterior, requiere de la fuerza policial o militar para vigilar que se aplique, para prevenir que sea alterada, para sancionar a quienes la violen. Tanto dentro de los Estados Unidos como en regiones vulnerables como el Medio Oriente y en Corea del Norte ha sido notoria la despreocupación por las constantes violaciones de la ley.
Con la elección de Trump y sus primeros mandatos, el mundo presencia el inicio de una nueva etapa política, que ya se ha reflejado en el Reino Unido y ayer en Francia. La paz interna y externa y la “búsqueda de la felicidad” sólo serán dables en un ambiente de paz y seguridad. Paz es, pues, sinónimo de acatamiento a la ley expedida y acatada por consenso.
Oponerse a ello ¿no es añorar el pasado, la monarquía, la autarquía? 

Monday, April 17, 2017

LA "DOCTRINA" USA

Los críticos de Donald J. Trump, esparcidos como hongos por el planeta, siguen desconcertados acerca de su personalidad y sus primeras acciones y aducen que es incoherente, contradictorio y carente de una “doctrina”.
En otras palabras, dicen que es impredecible. Pero para quienes lo siguen sin prejuicios, su mensaje es claro y preciso y se resumió ya en su slogan de campaña: “Make America Great Again”. O sea, devolvamos a los Estados Unidos su grandeza.
Cuando su predecesor demócrata Barack Hussein Obama se posesionó en el 2009, la promesa inicial dicha aquí y divulgada con singular presteza en El Cairo y otros lares, fue pedir perdón por los errores cometidos por los Estados Unidos en la historia y jurar humildad en el futuro. 
La actitud de Trump fue diametralmente opuesta en la campaña y por eso el pueblo lo eligió. Y le sigue respaldando con el 50% según las encuestas, pese a la feroz campaña de bloqueo, distorsión y mentiras de la gran prensa y de los políticos no solo de oposición, sino de algunos de su propio GOP.
En el campo externo y miltar, la percepción de los problemas y la mira que ha impuesto para solucionarlos han experimentado un viraje trascendental con respecto no solo a Obama sino a anteriores Presidentes como George W. Bush, Bill Clinton y otros post II Guerra Mundial. 
El cambio parte de su convicción de que si esta nación sin disputa es la primera potencia militar, tiene que demostrarlo no para la guerra de conquista que ha caracterizado a las potencias similares en la historia, sino para preservar la paz. Paz es sometimiento a la ley. Y la paz, sin un poder que la respalde, se desploma.
Se le acusa a Trump de haber dicho en la campaña que preferiría que en Siria el cambio de régimen de Assad ocurra sin intervención militar de los Estados Unidos mientras Rusia coopere en la lucha antiterrorista. Su posición cambió tras el ataque con armas químicas con aviones rusos, que despegaron de una base bajo control de Assad.
Obama había asegurado con Assad que esas armas químicas habían sido extinguidas y Rusia con Putin avalaban esa afirmación. El horrendo ataque los desmintió y justificó el bombardeo ordenado por Trump para arrasar con la base y bodegas sirias. Digan lo que digan Putin y Assad, los dos líderes son culpables.
La superbomba lanzada en Afganistán destruyó cavernas en las cuales los talibanes mantenían sus cuarteles para proveer guía, armas y municiones para los ataques terroristas en la región y el mundo. Eran laberintos inexpugnables para las tropas de asalto. La bomba los pulverizó vaporizando a más 100 terroristas.
La decisión de lanzarla fue adoptada por los comandos de la región. Trump ha cambiado las “rules of engagement” (reglas de combate) de gobiernos anteriores, que impedían a los oficiales diseñar estrategias y tácticas de combate sin antes obtener para cada caso el visto bueno de la Casa Blanca.
Ahora los militares tienen el total respaldo del Comandante en Jefe y los soldados saben que pueden defenderse y derrotar al enemigo, sin el temor de ser llamados a una corte marcial por quebrantar alguna regla de combate, como en efecto ha ocurrido con verdaderos héroes.
Se le acusa también a Trump de estar congeniando con China, luego de haber acusado al gobierno de Xi de manipular viciosamente la moneda en perjuicio del comercio con los Estados Unidos. El mandatario ha explicado que luego de su encuentro con Xi, éste se ha comprometido a cooperar para frenar a Corea del Norte en su frenesí armamentista/nuclear.
El asunto de la manipulación monetaria puede aplazarse, ha dicho Trump. La seguridad de USA, la región y el mundo es prevalente. ¿No es cambio positivo, algo que complace? China le provee del 85% de alimentos a Corea del Norte, todo el petróleo y probablemente le cedió tecnología para el desarrollo de cohetería y armas nucleares. Si esa ayuda se corta ¿no es bueno para Occidente?
También le achacan a Trump de inconsistente por declarar que la OTAN ha dejado de ser obsoleta. Así la calificó en la campaña porque el objetivo central de su creación, frenar la expansión de la URSS, ya no existía. Pedía que se actualice, que sus socios se pongan al día en la cuotas y que miren al terrorismo islámico como al nuevo enemigo de la organización. Así fue. Se pondrán al día en las cuotas y lucharán contra el terrorismo. Ergo, la OTAN dejó de ser obsoleta.
El distanciamiento entre Putin y Trump por lo de Siria debería archivar la fantasía demócrata/progresista de que los dos estaban unidos para vencer a punta de emails del WikiLeaks en la campaña electoral a Hillary Clinton. Nunca presentaron prueba alguna de la “conspiración” y ahora, con  el bombardeo, insistir en el caso los deja aún más en ridículo. 
Mientras tanto, la imagen interna y externa de Trump se fortalece, merced a que el líder está imponiendo la única doctrina válida y cierta para el país y sus ciudadanos: defensa de USA en todos los frentes. Estados Unidos nunca inició una guerra, menos una de conquista. Fueron guerras de  respuesta a un ataque, o para impedir una invasión.
Tales los casos de la I y II Guerrras Mundiales. Truman tuvo la entereza de terminar la II Guerra al lanzar dos bombas atómicas. Fallido el intento de que la URSS se sume al grupo Átomos para la Paz, Moscú robó la fórmula para hacer su propia bomba, luego la cedió a la China de Mao. Moscú y Pekín pusieron en marcha entonces sus planes de expansión más allá de la Cortina de Hierro.
Primero Corea, luego Vietnam. Ambas penínsulas fueron invadidas por los comunistas. Naciones Unidos intentó frenar la invasión con fuerzas al comando de Estados Unidos. Truman, cuando la victoria estaba ad-portas, prefirió el armisticio y dividió a Corea en dos. Vietnam fue una vergonzosa derrota norteamericana.
Woodrow Wilson era el presidente demócrata en la I Guerra Mundial, pero no trabajó con los republicanos para aprobar el tratado de paz que creó la Liga de las Naciones. Si Estados Unidos hubiese integrado la Liga de las Naciones, quizás las claúsulas humillantes contra Alemania hubiesen podido enmendarse, como quería Churchill y quizás la II Guerra Mundial pudo evitarse.
Si en lugar de John F. Kennedy, demócrata, hubiese estado un republicano como Trump, el intento para derrocar a Fidel Castro en Bahía de Cochinos no habría fracasado por falta del respaldo aéreo previsto en el plan que la CIA había diseñado en el gobierno de Eisenhower. Cuba sufre por ello una dictadura comunista por más de media centuria, con influencia en varios países latrinoamericanos.
Más Trumps y más Churchills habrían librado al planeta de la expansión del virus del comunismo, abierto con la URSS y Mao y encubierto con el socialismo/progresismo de la hora actual, así como de la amenaza del terrorismo musulmán. Que ya con Obama formó su I Califato ISIS, pero que Trump está resuelto a pulverizarlo como acaba de probarlo con la gran bomba en Afganistán. 

Wednesday, April 12, 2017

TRUMP Y PUTIN

Donald Trump aún sigue siendo incomprendido, deliberadamente o no, por la mayoría de los periodistas de los grandes medios de comunicación audio visuales y escritos de este país y del mundo, así como por los políticos de distintas tendencias. 
El caso más patético se relaciona con Vladimir Putin, ex-director de la KGB de la extinta Unión Soviética y hoy líder autoritario de Rusia. En varias ocasiones durante la campaña electoral, Trump dijo repetidamente que le gustaría mantener buenas relaciones con Putin para dialogar sobre la paz.
Su razonamiento convencía. ¿Por qué había de levantar una barrera entre él y el dirigente de una potencia nuclear, sin antes intercambiar ideas sobre la situación mundial? La respuesta de Putin fue de elogio al liderazgo de Trump.
Para extremistas del partido republicano como John McCain, Lindsay Graham y Marco Rubio, la actitud del candidato Trump era una blasfemia, pues a Putin lo consideraban un tirano y asesino con quien no cabía sentarse a negociar. Pasaban por alto que Churchill y FDR se asociaron con Stalin para combatir al Eje.
Putin había dado muestras de haber repudiado a la tiranía estalinista y que su visión de la historia se estaba inclinando en favor de los valores tradicionales de Occidente, que inclusive Obama y sus seguidores dejaban atrás. Practicó abiertamente la religión ortodoxa de su madre, repudió al homosexualismo y el matrimonio gay y fomentó la economía de mercado.
Pero entonces ocurrieron las elecciones del 8 de noviembre del 2016 y Hillary Clinton, la candidata demócrata, perdió frente a Trump y el pánico y el desconcierto sacudieron a Obama, súbditos y columnistas y periodistas que habían dado por seguro que la candidata “progresista” sería la vencedora. Y comenzaron a especular. 
¿Por qué perdimos? se preguntaron. Nunca admitieron que la causa fue la deficiente calidad de la contendora demócrata, contrastante con la de un líder de recia contextura, que supo interpretar de maravila el sentimiento de cambio de la mayoría del pueblo. De cambio para detener el avance de un “progresismo” contrario a los principios trascendentes de la Constitución de los Estados Unidos y su Declaración de Independencia. 
Poco antes del término de la campaña, WikiLeaks divulgó unos emails del jefe de campaña de Hillary en contra de su rival demócrata Bernie Sanders en los que se daban instrucciones para obstruir su ascenso. Demostraban juego sucio, ocasionaron  cancelaciones de  varios dirigentes del partido pero nadie puede probar que ese filtramiento hubiese podido influir en favor de Trump, porque para esa fecha la suerte ya estaba echada.
Sin embargo, los demócratas comenzaron a tejer una teoría conspirativa entre Putin y Trump, que supuestamente se diseñó para destrozar a Hillary con esos emails. Trump y su equipo lo negaron, Putin y su gobierno lo negaron. Trump dijo que no conocía a Putin. Jamás se presentó ninguna prueba sobre la conspiración.
Se nombraron dos comisiones en ambas cámaras del Congreso para investigar el tema y en ninguna ha saltado indicio alguno que esclarezca el caso. Es en estas condiciones que Trump decidió el viernes pasado atacar la base aérea siria desde donde despegaron aviones con armas químicas contra la población civil, ocasionando la muerte de 80 personas, incluídos niños.
Uno de los rasgos de Putin que atraía a Trump era su permanente combate contra el extremismo musulmán. Se suponía que la presencia de Rusia en Siria y su virtual respaldo a Assad, era para luchar contra el terrorismo y el ISIS, objetivos similares de Trump citados en su campaña y en su plan de gobierno. Pero al parecer todo se vino al suelo con el uso de las armas químicas.
El espectacular castigo con 59 cohetes Tomahawk, coloca a Putin ahora en un dilema que solo él puede resolverlo en las próximas horas. O reitera su lucha contra el terrorismo y por ende la condena a la masacre con armas químicas de la cual es responsable Assad, o admite ser cómplice. El líder sirio y Obama dijeron que las armas químicas habían desaparecido y Putin actuaba de facto como garante de esta gran mentira. 
El lanzamiento de los cohetes ha contado con la anuencia unánime de las naciones del mundo, con la excepción de Siria, Corea del Norte, Rusia e Irán. China, cuyo Presidente Xi visitaba a Trump la noche de la orden del ataque, ha dicho hoy que también colaborará para domesticar a Corea del Norte para fenar los delirios nucleares de Kim Jon-un, quien debería estar recluído en un hospital siquiátrico.
El Secretario de Estado Rex Tillerson se halla en Moscú para visitar a su colega Sergey Lavrov. Más allá del protocolo, acaba de anunciarse que será recibido personalmente por Vladimir Putin, de quien recibió años atrás una Condecoración de Fraternidad por sus esfuerzos para mejorar las relaciones empresariales con Rusia. Tillerson era entonces CEO de Exxon. 
Pronto se sabrá si Putin ha entrado en reflexión: que rechaza la masacre química, concuerda con la necesidad de reemplazar cuanto antes a Assad y que reitera combatir al ISIS y toda forma de terrorismo islámico en conjunción con los Estados Unidos. Si ese es el resultado del encuentro Tillerson/Putin/Lavrov, Trump habrá tenido una vez más la razón. Dialogar con Putin no es capitular, es lograr una fórmula que garantice el interés nacional al tiempo que preserve la paz regional y mundial.

Friday, April 7, 2017

DOS HECHOS TRASCENDENTES

El nombramiento hoy de Neil Gorsuch como juez de la Corte Suprema de Justicia marcará un cambio histórico en la conducción de esa rama de gobierno, que según Alexander Hamilton estaba llamada a ser la más débil por carecer de la espada y el poder de los impuestos.
Gracias al influjo del pensamiento “progresista” del partido demócrata esa institución, desde el siglo pasado, paulatinamente se ha convertido en la más poderosa para transformar la cultura de la sociedad, soslayando atributos privativos del Congreso para legislar y asignándose un poder indebido para interpretar a su antojo la Constitución.
En 1973 acordó que el aborto era legal, pese a que era ilegal en los 50 Estados de la Unión. La resolución la dejó supeditada a que se pruebe que la vida humana comienza al momento de la concepción. Pero nunca esa comprobación científica, que vino de inmediato, sirvió para anular la “ley”, que desde 1973 ha causado la muerte de 60 millones de seres humanos.
Más tarde la CSJ reconoció al matrimonio homosexual como equivalente al tradicional entre un hombre y una mujer, no obstante que 37 Estados votaron en contra. La Constitución, que promueve la defensa de la vida, no es documento de la CSJ, ni lo es del Congreso, ni del Ejecutivo: es del pueblo. Es la única ley por la cual el pueblo votó directamente para aprobarla.
Recientemente la CSJ se pronunció en favor de otra ley contra la cual el pueblo se ha opuesto sistemáticamente en un 64%, según la encuestas: el Obamacare. Cuando el caso subió a la Corte alegando inconstitucionalidad porque forzaba a los ciudadanos a comprar una póliza, el empate a 4 votos fue resuelto en favor de Obama por el presidente de la CSJ, John Roberts, conservador.
Gorsuch tiene una trayectoria impecable como jurista y como juez, según lo pudo demostrar en los debates a los cuales fue sometido en el Senado, previamente a su aprobación. En ocasiones parecía que los televidentes asistían a una clase magistral de Derecho, tal era la diferencia entre el juez y sus interrogantes de ambos partidos, que lucían como estudiantes.
La Corte tendrá en adelante cuatro jueces “progresistas” que seguirán con la obsesión de que la Constitución es obsoleta, inaplicable a las variantes y a las exigencias de los tiempos modernos y cinco republicanos, fieles a la idea de que ese documento es trascendente, como lo son los principios en los que se inspiró, la Declaración de la Independencia.
En un futuro cercano se producirán una, dos o más vacantes en la CSJ debido a la edad avanzada de algunos de ellos. Y si ello ocurre durante el régimen Trump, los nominadas obviamente serán otros más que sustituyan y se opongan al “progresismo” que tanto daño ha ocasionado a esta nación.
Paralelamente, Trump continuará en la supresión de las regulaciones que Obama impuso mediante Decretos Ejecutivos para rehuir al Congreso, en su objetivo de enraizar el “Estado Administrativo” de corte autoritario. Con ello y la limitación de las funciones de la CSJ,  el Congreso deberá recuperar sus funciones de exclusivo ente legislador, apoyado por la mayoría del GOP en las dos cámaras y en la Casa Blanca.
En el frente externo, acaba de producirse otro evento de impacto histórico: el ataque con cohetería Tomahawk a una base aérea siria desde donde se inició un bombardeo con armas químicas a la población civil, ocasionando la muerte de más de 80 personas, incluídos ancianos, mujeres y niños. La orden la dio anoche Trump, en un aparte de su cita con el líder chino Xi.
Antes del ataque, se previno a Putin. Ello es indicativo de que el ánimo de Trump no es desafiar al presidente ruso sino castigar a Bashar al-Assad, el Presidente de Siria, bajo cuyo mando se produjo el atroz ataque químico. Putin aduce que los autores fueron terroristas, pero aún si así fuere tanto Assad como sus protectores rusos son culpables de incompetencia. Assad se había comprometido a deshacerse de todo vestigio de armas químicas.
Hay quienes argumentan que el lanzamiento de los 59 cohetes no debió hacerse sin previa autorización del Congreso, o de las Naciones Unidas. Otros arguyen que se trataba de un acto emergente y específico, como los que ya han realizado anteriores mandatarios. Seguirá discutiéndose sobre el tema, pero algo queda muy claro: Trump es hombre de decisiones.
En la campaña electoral y hasta hace dos o tres días, Trump pensaba que la opción para Siria era que Assad se mantenga en el poder hasta la llegada de un sucesor escogido pacíficamente. Pero la masacre del martes pasado  cambió su criterio. Lo complejo será decidir la suerte de Siria a futuro y para ello urge unir a los países del área como Egipto y Jordania, con cuyos líderes acaba de reunirse, con Arabia Saudita y con Israel y, por cierto, también con Rusia que últimamente ha ayudado a Assad contra el ISIS. 
Estados Unidos posee las más potentes, mejor equipadas y adiestradas fuerzas armadas del mundo desde la II Guerra Mundial. Pero no siempre ha podido cantar victoria en las guerras a las que ha sido obligado a involucrarse por presión de las potencias comunistas soviética y China y últimamente del islamismo radical. Tales los casos de Corea, cuando se conformó con un armisticio estando a la puertas de derrotar al enemigo y luego en Vietnam, de donde sus tropas salieron en vergonzosa fuga.
Es probable que si en la Casa Blanca hubiese estado al mando alguien como Donald Trump, los invasores comunistas de la península coreana habrían sido expulsados por MacArthur y no se habría creado la mazmorra de Corea del Norte.  Igual en Vietnam: las escenas de vergüenza de la estampida en el aereopuerto de Saigón no se habrían dado, ni los soldados norteamericanos habrían sido abucheados al retornar al suelo patrio.
Ahora con Trump, el radicalismo islámico tiene que ser “vaporizado” según la expresión de Orwell, pese a los lamentos de los “pacifistas” y de los “progresistas” como Obama, que con su actitud complaciente han permitido el avance militar e inmigratorio de los extremistas de izquierda y de los fanáticos musulmanes. 

Wednesday, April 5, 2017

A QUIÉNES VENCIÓ TRUMP

(Un periodista madrileño, Kike Garma, opina así acerca de las consecuencias de la victoria de Donald Trump en las elecciones de los Estados Unidos)

LOS GRANDES PERDEDORES

Ganó Donald Trump, contra todo pronóstico.
PERDIO Hillary Clinton, sí... y con ella perdió Goldman Sachs, perdió el Banco Mundial, perdió George Soros, perdió Chomsky, perdió Stiglitz y perdió Krugman. Perdió Podemos, perdió el PSOE, perdió el Frente Amplio de Perú, de Chile, de Costa Rica y de Uruguay. Perdieron las Madres de Mayo, perdió el kirchnerismo, perdió la Unión Europea, perdió la ONU, perdió APRODEH, perdió el comunismo reciclado en neomarxismo, perdieron los islamistas, perdió la Corte Interamericana de Derechos Humanos y perdieron las ONG traficantes de derechos humanos. Perdió Planned Parenthood, perdió PROMSEX, perdieron las feminazis, perdieron las aborteras, perdieron los homosexualistas (que no es lo mismo que "homosexuales"), perdió el lobby gay, perdieron los ecoterroristas, perdieron los vagos-tirapiedra, perdieron los sectanimalistas.
Perdió Hollywood y perdió Robert De Niro, perdió Madonna y su asquerosa oferta de felación a tutti li mundi. Perdieron los actoruchos izquierdosos del mundo con ínfulas de dioses del Olimpo. Perdió el multiculturalismo, perdió el indigenismo, perdió la inmigración ilegal, perdió el socialismo del siglo XX. Perdió el Comité del Premio Nobel Noruego, perdió Maduro, perdió Santos, perdieron los acuerdos con terroristas, perdió el chavismo, perdió Fidel, perdió el DAESH, perdió Hamash, perdió Hezboláh, perdió el terrorismo del ETA, 
PERDIO el Foro de Sao Pablo, las FARC, ELN, PCC, Sendero Luminoso, Iran, y perdieron todos sus representantes y defensores. Perdió “Welcome Refugees, perdió "Free Palestine", perdió Greenpeace. Perdió CNN, perdió Univisión, perdió El País, perdió El Mundo, perdió El Comercio con todas sus mulas y úteros persiguiendo a opositores y haciendo el trabajo sucio. Perdieron los renegados anticlericales, perdieron los “tolerantes” odiadores de la fe, perdieron los ateos que buscan destruir al cristianismo.
Perdió la petulancia de quienes se autodenominan "reserva moral mundial", "defensores de la dignidad" y "paladines de la igualdad". Perdió la arrogancia de los analistas políticos, internacionalistas, gurús, intelectuales y expertos progresistas que monopolizan los platós de TV, convencidos de estar en posesión de la verdad absoluta. Perdió su influencia y credibilidad, que han sido expuestas y humilladas. Perdió también el servilismo disfrazado de periodismo que intentaba confundir información con opinión, propagando retórica barata y demagogia pura. Perdieron los centristas tibios, perdieron los "neutrales" en política, que quieren quedar bien con Dios y con el Diablo. Perdieron los falsos valores, los asesores políticos vendedores de humo y los sicarios mediáticos de redacciones progres, Perdió la dictadura del pensamiento único. Perdió la ideología de género, perdió el marxismo cultural, perdió el correctivo político.
Demostrado está que los sondeos de las encuestadoras —otras grandes derrotadas— solo existen para generar opinión y no precisamente para lo que ofrecen y deberían hacer: revelar la verdad. Recordemos, si no, el triunfo del Brexit, de Macri y del “No” en Colombia. Y como Dios no juega a los dados, este quizá sea otro punto de inflexión importante en la historia. Ganó Trump, solo contra todo el despliegue político, económico y mediático, y se convierte en el nuevo outsiderpolítico. Y tal como Reagan —por quien en campaña nadie daba un centavo y como presidente fue precursor de la caída del Muro de Berlín— derrumbará el muro del establichmen neomarxista. 
Trump así le demuestra al mundo que el sueño americano es más real que nunca.
ANBB 

Kike L Garma "

PERIPECIAS DEL "PROGRESISMO"

El “progresismo”, esa distorsionada visión que cree que la felicidad de los pueblos la pueden lograr los gobiernos autoritarios, tuvo un revés histórico en los Estados Unidos, en el Reino Unido, ocurrió en algunos países latinoamericanos, pero se robusteció en el pequeño Ecuador.
La victoria de Donald Trump contra el progresismo fue y sigue siendo una hazaña pues ha tenido que luchar y continúa luchando contra el boicot permanente de los grandes medios de comunicación audiovisuales del país, de algunos miembros de su propio partido y de burócratas obamistas incrustados aún en su gobierno.
El mandatario republicano avanza triunfante pese a los pronósticos en contrario. Ha logrado desmantelar muchas de las regulaciones de Obama que obstruían al sector privado en cuanto a inversión y expansión para la creación de empleo, mediante el mismo recurso de Decretos Ejecutivos que utilizó para soslayar la ingerencia constitucional del Congreso.
Aguardan grandes proyectos en materia tributaria, para los cuales requiere de la coparticipación de los legisladores. Su meta es reducir los impuestos para las corporaciones, los más altos entre las naciones industrializadas con el fin de incrementar la inversión interna y atraer la externa así como la repatriación de capitales.
Por cierto, paralelamente vendrán otras reducciones tributarias individuales y al propio tiempo continuarán los ajustes y reasignaciones del gasto fiscal con ánimo de frenar el descabellado aumento de la deuda de casi 20 trillones de dólares, la mitad de cuya cifra aumentó solo con el gasto irresponsable de Obama.
La tarea cumplida por Trump y la que le resta cumplir ha tenido un impacto inmediato positivo en la siquis colectiva, a menos de 100 días de su mandato y pese a tropiezos como el fiasco en la aprobación del proyecto de cesación del Obamacare. (Hubo un malentendido con un sector de los diputados de la Cámara Baja, pero las partes trabajan febrilmente para superar la controversia).
Desde que Trump asumió el mando el 20 de enero pasado, la Bolsa saltó a los 20.000 puntos, batiendo todos los récords. Ahora la tasa de empleos ha subido de los 185.000 que se esperaba para marzo, a 263.000, con lo cual la Bolsa se aproxima a marcar otro récord, aproximándose a los 30.000. La popularidad del Presidente, que había caído por lo del Obamacare, subió ya al 46%.
Hace varias semanas Trump lanzó al aire un Tweet con el que denunciaba que se acababa de enterar que el gobierno de Obama le vigiló durante la campaña, una vez elegido y hasta su posesión. Sus opositores de siempre lo tildaron de irresponsable y mentiroso. Ahora se sabe que dijo la verdad y se tiene el nombre del espía, Susan Rice, Directora de Seguridad Nacional hasta los últimos días del régimen progresista.
Rice es mentirosa congénita. Mintió un domingo en todos los canales de TV luego de la masacre de Benghazi, cuando una turba terrorista islámica asesinó al embajador norteamericano y a tres funcionarios. Dijo que esa era un reacción a un video divulgado por Internet contra el Islam que nadie vió. Los responsables de la masacre fueron Obama y Hillary Clinton.
Volvió a mentir cuando dijo en otra entrevista por TV que nada sabía del espionaje a Trump, denunciado por el jefe del comité de la Cámara Baja Devin Núñez. Luego admitió que era verdad, pero que no había motivación política en el espionaje ni en la filtración de nombres a dos diarios de Washington del general Flynn, nombrado para reemplazarla y que por ese motivo tuvo que renunciar.
Rice no tenía facultad legal para inmiscuirse en la misión de espionaje en la Casa Blanca ni mucho menos hacer públicos nombres de nadie, lo cual involucra a agencias como el FBI. Evidentemente lo que hizo fue por orden de Obama. Los dos tendrán que ser cuestionados por el Congreso y ella dar testimonio bajo juramento. Si es hallada culpable, irá a la cárcel.
Lo de Ecuador es un cuento triste. Muy opuesto a lo que ha ocurrido entre algunos de sus vecinos. En Argentina ganó el empresario Mauricio Macri y la justicia está interviniendo para juzgar y castigar las fechorías de Néstor Kirchner y su cónyuge Cristina Fernández. En Brasil se destituyó a Dilma Rousseff y la justicia también actuó de modo ejemplar para involucrar por sus delitos de corrupción a su antecesor “progresista”, Luz Inacio Lula da Silva.
Venezuela está en la cloaca tras el tsunami de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Todos los “progresistas” citados son inspiradores de la utopía del Socialismo del Siglo 21, que brota de los hermanos Castro y que es fuente de inspiración también para Rafael Correa y su sucesor, Lenín Moreno. La carta de condolencia que éste dirige por la muerte de Fidel a su hermano Raúl, lo dice todo.
En la primera ronda de las elecciones del Ecuador, Moreno ganó por estrecho margen a la decena de sus rivales. Cuando se inició la campaña para la segunda vuelta, Guillermo Lasso, el contendor, tenía una ventaja según las encuestas de uno o dos puntos. Era una revelación aterradora. Se esperaba que la reacción anti Correa/Moreno habría sido de 15, 20 o más puntos, una vez unificada la oposición.
No fue así y Moreno ganó. Lasso y sus partidarios aducen que hubo fraude pero es difícil que lo prueben. La batalla contra el “progresista” Correa se la perdió hace diez años, cuando éste vapuleó la Constitución y las leyes y la gente no reaccionó. Disolvió y rehizo el Congreso, disolvió y rehizo la Corte Suprema, convocó a una Asamblea para que apruebe su Constitución, persiguió a periodistas, confiscó a diarios. (En Paraguay, la maniobra del actual presidente para extender su mandato pese a prohibirlo la Constitución fue detenido, cuando el pueblo se rebeló, llegó al Congreso e incendió el piso bajo).
Correa hizo lo que le vino en gana (logró que se aprobara su reelección) y ahora nuevamente se ha impuesto al colocar en el Palacio de Gobierno a quien fuera su vicepresidente. El que hoy es su vicepresidente, será el vicepresidente de Moreno. Diarios independientes como Hoy se vieron forzados por él a cerrar y El Comercio fue vendido a un extranjero, algo que prohibe la Constitución.
Donald D. Trump emergió triunfante tras derrotar a 16 contrincantes en la primaria del GOP y luego a Hillary Clinton, protegida de Obama, pese  a todos los idus en contrario. No ocurrió lo mismo con Guillermo Lasso, un líder a todas luces débil, como lo demuestran los resultados. Sombrío panorama el que se avizora para la pequeña nación del Ecuador.