Tuesday, January 17, 2017

LA DEMOCRACIA DE LOS "DEMÓCRATAS"

Ya son más de 40 los legisladores del partido demócrata que anuncian que no asistirán a la ceremonia de posesión del Presidente republicano Donald J. Trump este viernes, por creer que su elección es ilegítima como resultado de la interferencia de Vladimir Putin en el proceso.
El promotor de la protesta es el congresista por Georgia John Lewis,  considerado un héroe de la lucha por los Derechos Civiles debido a que acompañó a Martin Luther King Jr. en la histórica Marcha a través del puente Selma en 1965, violentamente disuelta por la Policía.
Lewis fue entrevistado el domingo pasado en el programa matinal Meet the  Press y dijo que había decidido no ir a la posesión de Trump convencido de que los rusos lo ayudaron a ganar las elecciones en perjuicio de Hillary Clinton, su rival demócrata. El entrevistador Chuck Todd, demócrata, no le pidió que explicara en qué consistió la interferencia rusa.
A tres días de la posesión de Trump, la única información disponible sobre el asunto es que supuestamente los rusos hackeraon las computadoras del Comité del Partido Demócrata, para revelar el contenido de emails que evidenciaban maniobras turbias para manipular el proceso de las primarias  del partido, en beneficio de Hillary.
Las mismas agencias de inteligencia, dirigentes demócratas, articulistas y otros han comentado que, en todo caso, la divulgación de esos emails por WikiLeaks no influyeron en los resultados de los comicios. En otras palabras, con o sin el hackeo y publicidad de esos emails, Hillary de todos modos perdía frente a Trump.
Pese a todas estas evidencias y en contradicción con el sentido común y el respeto a la Historia y la Constitución y leyes de este país, una cuarentena de legisladores demócratas insiste en un boicot que no conducirá sino a ahondar el desprestigio de un partido político que lleva un nombre que no respetan.
La Marcha en la que participó Lewis la promovió Luther King Jr. para presionar para que los negros tengan liguales derechos que todos los demás ciudadanos para votar, sin las discriminaciones impuestas por la ley Jim Crow y similares obstrucciones heredadas de la Guerra Civil, que no terminó de afianzarse en su favor por el asesinato de Abraham Lincoln.
Un ex-líder del grupo radical The Black Panthers o Las Panteras Negras, Mason Weaver, en una entrevista anoche en FoxNews por Tucker Carlson recriminó a John Lewis recordándole que quienes disolvieron a gases y garrote a los participantes de la Marcha eran los gendarmes que cumplían órdenes del gobernador demócrata George Wallace y que él, en lugar de seguir combatiendo al enemigo, se sumó a él.
Wallace fue uno de los más radicales promotores de la discriminación. En su discurso inaugural como gobernador en 1963 dijo que estaba en favor “de la segregación ahora, la segregación mañana, la segregación para siempre”. Se alineó así con los demócratas que se opusieron a la abolición de la esclavitud, que crearon la ley Jim Crow, el Ku Klux Klan y el trato a los negros como ciudadanos de segunda clase.
En contraste, Donald Trump recibió ayer al hijo de Martin Luther King Jr. en la Trump Tower de Manhattan y con él oró a la memoria del líder que predicó la paz, la tolerancia, la fraternidad y la aplicación de la ley para todos, sin importar el color de la piel. Se sumó a la prédica la activista Alveda King, sobrina de MLK, quien confirmó su apoyo a Trump en su promesa de dar mejores oportunidades de empleo y educación a los de su raza.
El viernes próximo habrá un nuevo Presidente, un nuevo líder en la Casa Blanca, en cumplimiento a un proceso pacífico de transición del poder, que fue revolucionario cuando se creó hace más de 240 años. King quería en Selma luchar una vez más por el derecho a que su gente y todos participen a plenitud en ese proceso, lo que a la postre conquistó. 
Desplantes como como el de Lewis y sus seguidores no lograrán opacar esa realidad. Lo que si quedará afectada es la estatura de quien ha sido  tildado como ícono de una causa noble, pero que infortunadamente él la ha autominimizado al actuar como un vulgar agitador de barricada. El ritual del próximo viernes, de seguro, brillará impecable sin su presencia.

Thursday, January 12, 2017

PUTIN, PUTIN, PUTIN

Poco faltaría para que Vladimir Putin, el Presidente de Rusia, le supere al Presidente Electo de los Estados Unidos Donald Trump en popularidad en los medios audiovisuales de este país, gracias a la campaña desatada por el partido demócrata en contra del candidato republicano ganador.
Faltan nueve días para que Trump se posesione formalmente del cargo y hasta ahora los partidarios de la derrotada Hillary Clinton no se conforman con la realidad e insisten en encontrar causas de la pérdida que no sean el fracaso de las propuestas “progresistas” que Obama y sus seguidores defienden.
Primero arguyeron que la Constitución era obsoleta (un “pergamino” inútil como lo calificó Obama en su discurso de despedida), porque no reconoce como ganador de las elecciones a quien acumule la mayoría de los “votos populares”, sino al que tenga más votos en el Colegio Electoral. Por ello maniobraron para que los Electores voten por Hillary y no por Trump en los Estados que ganó, pero fracasaron.
Luego creyeron que podían invalidar los resultados con una nueva cuenta de votos en algunos estados del nordeste del país, pero les resultó la bigotera al revés, pues en un recuento Trump añadió más votos, lo que les indujo a suspender los restantes recuentos. Entonces surgió la teoría de que Trump ganó gracias a que Putin intervino en el proceso electoral para influír en los electores.
¿Cómo? Mediante el hackeo (piratería) de emails del comité del partido demócrata para entregarlos a Julian Assange de WikiLeaks para que los difundiera. Esos emails revelaban actos turbios de Hillary, de sus subalternos y del jefe de campaña, John Podesta, en contra del opositor de ellla en las primarias, Bernie Sanders. Nada específico ni en favor ni en contra de Trump.
Cuando resultaba obvia la ineficacia del ataque anti Trump por la falta de evidencias de la intervención de Putin, Obama, los demócratas seguidores y los republicanos anti Trump, más los medios, han arreciado la “cruzada” para convencer al público de que la amenaza rusa es cierta (igual o peor que el “global warming” o calentamiento global) y que no admitirlo es un acto de traición a la Patria.
Las audiencias del Senado para aprobar los nombramientos de ministros del gabinete de Trump han comenzado y la mayoría de preguntas rondan el tema de Putin y los rusos. ¿Considera Ud. que Putin es un crimininal de guerra? le espetó Marco Rubio (senador republicano derrotado por Trump en las primarias) al nominado Secretario de Estado Rex Tillerson. Al potencial Fiscal General Jeff Sessions también le bombardearon con similares preguntas.
El Presidente Electo dió una conferencia de prensa ayer en la mañana y la mayor parte del tiempo se distrajo sobre el mismo tema. Se agravó porque en la víspera las agencias de Inteligencia al servicio de Obama filtraron un documento espurio sobre una supuesta acción obscena de Trump en un hotel de Moscú, en la habitación donde alguna vez se había alojado Obama.
Tan absurda y calumniosa trama fue anoche desmentida por el propio jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia, James Clapper, que llamó a Trump para disculparse. Sin embargo ya había sido difundida la calumnia por un medio como CNN. La “cruzada” de los medios no cesará y solo una personalidad recia como la de Trump ha podido afrontarlos durante la pre elección y lo seguirá haciendo durante la presidencia.
En la rueda de prensa anunció que habrá una reestructuración de los servicios de Inteligencia y que en noventa días estará listo un plan para la defensa del cyberspace, que no existe, para evitar futuros hackeos. Éstos no cesarán, pues el espionaje es inherente a la seguridad nacional de los países, Estados Unidos entre ellos, amigos unos, enemigos o neutrales.
En este enlace se dan ejemplos de las intervenciones realizadas por los  Estados Unidos en varios países para debilitar, destituir o fortalecer gobiernos. Es lo que hacía la URSS por el mundo entero, como lo hizo en Corea, Vietnam, Cuba y otros países de América Latina. El hacking de Rusia, como el denunciado ahora por los demócratas, no cesará con sanciones a Rusia, sino blindando al cyberspacio nacional.
La infiltración soviética en los Estados Unidos fue denunciada por el senador Joseph McCarthy a mediados del siglo pasado y originó un alboroto. Probó con documentos quiénes eran agentes (incluso a sueldo) de los soviets en la buruocracia, los medios, Hollywood, las universidades, todos demócratas pro marxistas, cuyos herederos ahora claman contra los republicanos y los acusan de ser los aliados de Putin y Rusia.
Trump dijo ayer que no tiene vínculos de ningún tipo con Putin, ni intereses en Rusia, pero que si él personalmente le cae bien a Putin, tanto mejor si se trata de mantener buenas relaciones con el líder de una potencia nuclear de importancia. Espero que las relaciones sean buenas, declaró. Si no lo son, lo que es muy posible, dijo ¿creen que Hillary hubiera sido más enérgica que yo con Putin? Déjense de tonterías, añadió.

Monday, January 9, 2017

UNA FARSA QUE FATIGA

La CIA y demás Agencias de Inteligencia de los Estados Unidos han ratificado la presunción de que Vladimir Putin de Rusia ordenó intervenir en las elecciones de los Estados Unidos para favorecer a Donald Trump en perjuicio de Hillary Clinton, la candidata presidencial demócrata que apoyó Obama.
El informe, una vez concluído, fue divulgado el viernes pasado pero aún antes de ello, una semana atrás, el Presidente había resuelto expulsar a 35 funcionarios diplomáticos de la embajada rusa en Washington en señal de retaliación.
Cuando la medida se ejecutó, Trump y la dirigencia del partido republicano pidieron al régimen que explicara las causas de tan drástica resolución, pero el informe final no se conoció sino hasta el pasado fin de semana. Y el informe no presenta prueba alguna de que fueron funcionarios rusos los que por orden de Putin realizaron el hackeo.
El Presidente Electo, sus subalternos y algunos comentaristas se pronunciaron en ese sentido. Puesto que el documento acusa al jefe del gobierno de una potencia nuclear de tal cargo de modo concluyente y con nombres, lo menos que podía exigirse de parte del público nortteamericano y de los acusados, es que haya evidencias concretas.
La respuesta oficial aduce que las fuentes delatoras son confidenciales que no se pueden revelar. El régimen y sus seguidores, incluyendo la mayoría de medios de comunicación, más demócratas y republicanos anti Trump han sostenido que dudar de la veracidad de la CIA, del FBI y demás agencias es algo antipatriótico que hay que condenar.
Lo cual no basta para despejar ciertas dudas básicas. Aún si se admitiera que fueron los rusos los que hackearon (robaron, piratearon) los emails del DNC o Comité Directivo del Partido Demócrata en las postrimerías de la campaña electoral, para que Julian Assange los divulgara por WikiLeaks ¿quién es el culpable de que ello ocurra? ¿Los rusos, Assange o el DCN?
Los pro Obama/Hillary de pronto se volvieron fanáticos de la CIA y el FBI y piden una suerte de “excomunión” para quienes osen dudar de su obra y  actos de fé. Pero ¿para qué existen esas agencias sino para espiar? ¿Acaso los rusos, británicos, alemanes y demás ciudadanos de las demás naciones del mundo no tienen iguales derechos a espiar que los Estados Unidos?
El espionaje es un asunto de seguridad nacional que existe desde los más remotos tiempos y que seguirá existiendo. La URSS espió con la KGB que tuvo como a uno de sus jefes a Putin, USA espió con la CIA que tuvo como a uno de sus jefes a George W.H. Bush (¿recuerdan el U2 capturado en lo más “caliente” de la Guerra Fría con los soviets?).
Obama sabía que Rusia y los demás países amigos y no amigos espían a esta nación 24/7 y viceversa, como siempre y ahora no solo con aviones U2 sino a través del Cyberspacio. En la última campaña electoral, el FBI advirtió a los dos partidos que había indicios de hackeo y que tomaran precauciones. Los republicanos se blindaron y no tuvieron problemas.
No así los demócratas. No devolvieron las llamadas al FBI. John Podesta, el jefe de la campaña del DCN, no solo que desoyó la advertencia sino que hizo pública la contraseña de su computadora: dijo que su password era password. Tan infantil, que Assange dijo que hasta un niño de 14 años podía haberlo hackeado. Y el hackeo ocurrió, sin que se sepa a ciencia cierta quién. 
La irresponsabilidad tenía su antecedente en Hillary, que cuando ejercía el cargo de Secretaria de Estado de Obama tuvo su servidor privado en su casa, desde donde manejaba emails sin ninguna protección para explotar su función pública en beneficio de la Fundación Clinton, logrando millones de dólares en donaciones con fines políticos.
Con ayuda de los emails difundidos por WikiLeaks se supo que Hillary borró 33.000 mensajes comprometedores, lo que sumados a otros que se recuperaron, la comprometieron penalmente. Otros emails de Podesta revelaron las intrigas y maniobras antidemocráticas para torcer el curso de las primarias en favor de la candidata demócrata Hillary.
Pero en ningún lado se constata la presencia directa de Putin o de algún funcionario de su gobierno para “colapsar” el sistema democrático de USA de modo de colocar al billonario Trump en la Casa Blanca, en lugar de la progresista Hillary. Si hubiese intervenido el ex-jefe de la KGB, lo menos que se hubiera esperado es un sabotaje en el mecanismo de recepción de votos, en el sistema financiero, energía eléctrica o algún otro temible acto terrorista.
Pero todo se limitó a un acto destinado para forzar la transparencia en el proceso de las primarias, por lo cual la gente decente más bien debería estar agradecida con quien sea el autor de la proeza. En este caso el hackeo fue positivo, pero a futuro el espionaje podría ser nefasto si se convierte en ataque directo, en sabotaje y para ello habrá que estar siempre alerta y preparado.
Para eso pecisamente se crearon las Agencias de Inteligencia, a las que Trump tendrá que alejarlas del influjo político partidista en las que han caído con Obama, como un desquite por las heridas sufridas con la pérdida de su candidata Hillary, a la que escogió para que lo encubra y continúe su legado progresista/liberal/socialista desde la Casa Blanca a la que no llegó, ya no como Primera Dama sino como Presidenta.
Obama y todos los demos y medios estaban seguros de la victoria. Esa es la única razón por la cual silenció la existencia de los hackings durante la campaña. Prefirió no hacerlo antes para no distraer la atmósfera triunfalista que precedía, según él y los suyos, a los comicios del 8 de noviembre. 
Pero cuando la realidad fue otra, ideó artimañas para tratar de ilegitimizar el triunfo de Trump. Primero el reconteo, luego el Colegio Electoral, ahora la distorsión y mentira sobre los hackings. Un portavoz del Kremlin ha dicho que están hartos de esta “cacería de brujas” pueril y la asesora del Presidente Electo, Kellyanne Conway, pregunta ¿porqué Putin habría de preferir a Trump en la Casa Blanca? 
Obama dice que se quedará a vivir en Washington, DC para combatir a Trump desde el primer día de su gobierno. En la Costa Oeste esa tarea la tendrá Eric Holder, ex Fiscal General de Obama acusado de perjurio ante el Congreso por el caso de entrega de armas a narcotraficantes de México. Ambos podrían ser demolidos por Trump a “tweetazo” limpio.

Parece que el Twitter hubiese sido inventado para Trump. Si en tiempos de Lincoln hubiese existido este medio, probablemente el gran líder habría podido mitigar las fricciones y acaso evitar o atenuar los estragos de la Guerra Civil. Frente a la hostilidad de los medios en este país, Trump tendrá que seguir recurriendo al Twtter, no para evitar la oposición, que es inherente a la democracia, sino para confrontar y destruir las mentiras. 

Tuesday, January 3, 2017

OBAMA, PEOR QUE NUNCA

Está confirmado que Obama no ha  tenido las cualidades suficientes que muchos creían que tenía para gobernar esta nación. La mayoría de los ciudadanos de toda etnia y tendencia votó por él, un mulato, no solo una sino dos veces, con la ilusa esperanza de que uniría más al país.
Lo que hizo fue lo opuesto y lo que está haciendo recientemente para  obstruir y tratar de desligitimizar al Presidente entrante, Donald J. Trump, confirman su falta de clase. A Trump le prometió cooperar para que la transición fuese fluída, sin tropiezos, pero mintió tal como lo ha hecho muchas veces en su administración.
El primer golpe traicionero fue no vetar en el Consejo de Seguridad de las Naciones la condena al asentamiento en territorio judío de ciudadanos judíos. Con ello Obama se puso del lado de los palestinos terroristas que se oponen a la teoría de la paz basada en dos Estados contiguos. Los palestinos quieren solo su Estado, con la extinción de Israel.
La derrota de Hillary Clinton, que Obama apoyó con la esperanza de que protegiera su legado “progresista”, fue aplastante para él y sus seguidores. No se explican aún por qué ocurrió y siguen forjándose ideas y maniobras para buscar la anulación de su elección, en casos extremos, o restarle legitimidad, en otros.
Primero quisieron forzar a los miembros del Colegio Electoral a que voten en cada Estado no por quien tuvo mayoría de votos, sino por Hillary y el intento falló de modo ridículo. Igual suerte tuvo la idea de debilitar la legitimidad de la victoria de Trump, porque Hillary obtuvo más votos en el conteo nacional pero menos en el Colegio Electoral. Y así de frustrado fue el reconteo de votos en tres Estados.
Obama y los demo/progresistas son insistentes. Cuando parecía que ya se había esfumado el tema de que los rusos (y Putin personalmente) habían intervenido en las elecciones para favorecer a Trump, el Presidente lo resucitó y ahora los demos quieren convertirlo en el principal “caballo de batalla” anti Trump.
Para justificarlo, Obama ordenó a la CIA que prepare un documento de 13 páginas probatorias del hacking, piratería o espionaje de los rusos para desestabilizar “la más pura” democracia del mundo, debilitar la candidatura de Hillary (cuya tesis de grado la hizo sobre el marxista Saul Alinsky) y para favorecer al “kamarada” Trump.
Ese informe es un galimatías que nada deja en claro. ¿En que consistió el “sabotaje” ruso? Cualquiera se imagina que Putin, ex jefe de la KGB de la URSS, habría tramado alguna inteligente maniobra cibernética para que las computadoras cliqueen Trump en lugar de Hillary al momento de votar, o el secuestro o muerte de gente clave, o sobornos o algo siniestro por el estilo. 
Nada de eso ha ocurrido. La “cosa terrible” que habría hecho Putin es entregar a Julian Assange, el refugiado de WikiLeaks en la embajada del Ecuador en Londres, un cúmulo de emails de Hillary y John Podesta, jefe de su campaña electoral, para que los divulgue y revele la corrupción del DNC, Comité del Partido Demócrata.
Los defensores de la “democracia más pura” deberían estar gratos con Putin si en verdad él ordenó la entrega a Assange de esos emails. Cuando se fundó esta nación en el Siglo XIX, sus creadores temían mucho que las “facciones”, o sea las agrupaciones político partidistas, pudieran perjudicar a la naciente democracia en su lucha por el poder con métodos errados.
Es lo que estaba ocurriendo con los demócratas, revelado por los emails. Con ellos se confirmó la corrupción de los Clinton y su Fundación, la complicidad bochornosa de los medios de comunicación con ese partido y su candidata, las tejes y manejes para bloquear el avance del opositor Sanders. Ningún email fue fraudulento. Y tanto, que algunos dirigentes del partido renunciaron y algún periodista por lo menos fue amonestado.
¿Quién está libre de espiar? Los shuar lo hacen en la selva ecuatoriana, los negros lo hacían en el África para capturar otros negros para los traficantes blancos, Grecia, Roma, El Vaticano, virtualmente toda nación tiene su forma de espionaje más o menos sofisticado, según sean sus intereses y poder.
No siempre la motivación es militar, para la defensa o el ataque. Pueden existir razones económicas. Alexander Hamilton, a poco de iniciado como Secretario del Tesoro, creía que las 13 Colonias tenían un futuro económico basado no solo en la agricultura, como creía Jefferson, sino en la industrialización que nacía en Inglaterra. Propició entonces el espionaje de inventos y la seducción de gente experta.
Es ridículo sostener que Putin haya orquestado este hacking del que se lo acusa. Él lo niega, Assange lo niega, Trump es escéptico. Debe insistirse en el cuestionamiento: ¿cuál fue el daño causado por la divulgación de los emails? ¿Habría sido mejor para el votante entererase de ellos luego de depositar el voto? ¿Quién puede determinar el impacto que tuvo la divulgación en los comicios? ¿Habría perdido Trump sin ellos?
Putin ha calificado esta discusión como una “discusión de cocina”, por lo que al anuncio de la expulsión de Washington de 35 diplomáticos rusos en represalia, respondió con una invitación a los diplomáticos norteamericanos asignados en Moscú y a sus hijos a que se sumen a la celebración de la Navidad y Año Nuevo en el Kremlin. Eso se llama “clase”.
Lo saludable sería que de alguna manera el autor del hacking salga a la luz y eche por tierra toda la patraña de Obama, la CIA y los demócratas. Circula un video en el Internet de un ex agente de la CIA que se dice autor de la piratería (este BLOG lo publicó), pero no ha tenido resonancia entre los cuestionadores de Obama.
El próximo jueves Donald Trump se pronunciará sobre el tema, una vez que dialogue con los jefes de las agencias de seguridad encabezadas por la CIA. Esas agencias deberán ser reestructuradas, aunque no desaparecerán. Porque el espionaje existirá siempre para espiar no solo al enemigo, sino a países amigos, como lo ha hecho Obama con Angela Merkel, o Israel con los Estados Unidos en el pasado.

Wednesday, December 28, 2016

TRUMP Y AMÉRICA LATINA

Ni un solo columnista en el Ecuador, de la vieja o nueva guardia, ha escrito un solo comentario objetivo sobre el candidato presidencial republicano y ahora Presidente Electo, Donald Trump.
Algunos son expertos en asuntos económicos, como Walter Spurrier, pero comete errores al describir el programa de creación de empleos de Trump. Otro, Rodrigo Borja, enciclopedista y ex Presidente, si bien predijo su triunfo, dijo disparates al explicar las causas de la victoria.
Respetables analistas políticos como Hernán Pérez, el banquero Abelardo Pachano, veteranos como Jorge Ribadeneira, también yerrran en los enfoques y se alinean con el clisé de que Trump es un bufón, un populista, alguien que atrajo “los más bajos instintos” del pueblo norteamericano.
Quizás hubo dirigentes políticos que se hayan expresado de modo distinto, pero sus declaraciones han sido difíciles de detectar a la distancia. No se esperaba ni de unos ni de otros elogios para el candidato, pero si objetividad en los análisis. En suma: apego a la verdad.
No es esa la virtud, todos lo saben, de Rafael Correa. Él está alineado con la moribunda, contradictoria y estúpida doctrina del Socialismo del Siglo XXI, la receta preparada por los hermanos Castro para extender el sistema centralista/socialista de su gobierno por América Latina.
La implantación de la fórmula ha empobrecido y despoblado a Cuba y en todos los países que la han imitado, la respuesta ha sido la catástrofe. En Venezuela uno mira absorto los resultados de Chávez/Maduro e igual es escalofriante la corrupción y miseria que afloran en Ecuador, Argentina, Bolivia o Nicaragua.
Los comentaristas de Trump han vaticinado que las relaciones de Estados Unidos con la América Latina se harán más conflictivas con Trump. Correa afirmó que servirá para “unir más” a la región contra el “imperio”. Pero hay individuos centrados, como el estudioso José Anzel de la Universidad de Miami, que creen todo lo contrario.
Según él, es probable que Estados Unidos y América Latina entren en un período de intercambio pragmático y por tanto benéfico para ambas partes, tanto desde el punto de vista económico como político y cultural. Hasta la fecha y sobre todo a raíz de Fidel, dice el autor, los latinoamericanos se han sentido “víctimas” del “imperialismo yanqui”.
A ese imperialismo y no a otra causa han atribuído la falta de desarrollo regional, con el agravante de que Washington ha caído en la trampa y ha creado sistemas de “ayuda”, como la Alianza para el Progreso, que poco o nada lograron ya que la ayuda se canalizó a través de gobiernos y sistemas que son la causa del atraso en la región.
Cuando desaparezca el mito de la “victimización” y se extinga ese otro mito que el autor llama “colectivización” (es decir socialización o fidelismo siglo XXI), las cosas mejorarán. El sentido empresarial en América Latina se expandirá libremente, fluirán las inversiones de capital interno y externo, el comercio se multiplicará, habrá más empleo, menos pobres y más ricos.
Algo parecido se propone Trump con los ciudadanos negros e hispanos de este país, a quienes los demócratas/progresistas siguen considerándolos ciudadanos de segunda clase, a los cuales hay que dar tratos especiales, subsidios, cuotas preferenciales en empleos y universidades, etc.
Los negros, como los latinoamericanos, son ciudadanos a los que no se debe menospreciar sino darles oportunidades para que, en un marco de libertad, desarrollen sus cualidades de inventiva en todo orden y nivel de la actividad humana. La actitud protectiva es humillante y opresiva.

A continuación se transcribe el artículo de José Anzel, publicado ayer por El Nuevo Herald, de Miami:


Con Fidel Castro muerto, Trump puede salvar a Latinoamérica del colectivismo

José Anzel

La intención del presidente electo Donald Trump de renegociar acuerdos comerciales, construir un muro en la frontera sur y deportar masivamente inmigrantes ilegales ha hecho convencional el criterio de que su administración tendrá una relación antagónica con Latinoamérica. Pero, de hecho, ahora existe una oportunidad excepcional para su administración de redefinir positivamente la relación de Estados Unidos con sus vecinos del sur.
Durante casi 60 años Estados Unidos intentó sin éxito redefinir su relación político-económica con América Latina, fundamentalmente con la Alianza para el Progreso del presidente John F Kennedy en 1961, y con el discurso del presidente Ronald Reagan en 1982 ante la Organización de Estados Americanos anunciando su Iniciativa de la Cuenca del Caribe. En la práctica esas políticas terminaron siendo no mucho más que éxitos de relaciones públicas de corta duración. En particular, la Alianza para el Progreso fue una suerte de respuesta fallida de EEUU a la revolución cubana.

Entre paréntesis, una evaluación de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe fue el tema de mi disertación doctoral en 1988 sobre la formulación de la política económica exterior de EEUU.
Desde comienzos de los años 1960, trabajando intelectualmente contra los esfuerzos políticos de EEUU en América Latina, estaban los discípulos de la “teoría de la dependencia” que culpaba al “imperialismo” de Estados Unidos de todos los males del continente. El libro Dependencia y desarrollo en América Latina, escrito en 1965 por los sociólogos Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, se convirtió en el texto teórico de la izquierda para el desarrollo económico. Era lectura obligatoria en las universidades latinoamericanas. Un Cardoso más sabio fue posteriormente presidente de Brasil (1995-2002) y reconoció lo poco que sabía sobre economía cuando escribió Dependencia y desarrollo.
Pero, más importante, fue la revolución cubana y la imagen de Robin Hood de Fidel Castro y su voluntad de confrontar a Estados Unidos, lo que dio contexto práctico a la postura antiyanqui de América Latina inspirada por la teoría de la dependencia.
Desde 1959 Fidel Castro fue no solo inspiración para la izquierda latinoamericana, sino su líder continental de facto. Con su muerte la izquierda latinoamericana perdió su campeón. Y con el abismal fracaso de su modelo económico la izquierda latinoamericana perdió también su rumbo estratégico.

No hay nadie hoy en América Latina con carisma y credenciales revolucionarias para reemplazar a Fidel Castro en el papel que jugó en el continente. Y el fracaso universal de los modelos de economía planificada centralizada deja a la región sin un paradigma político-económico viable. La izquierda latinoamericana es actualmente un huérfano político-económico.
Esta confluencia de eventos presenta en Estados Unidos la mejor oportunidad en sesenta años para redefinir positivamente su relación con el hemisferio sobre valores de gobernanza democrática, gobierno limitado, y mercados libres.
La política de EEUU hacia América Latina se ha movido históricamente de la negligencia a la participación paternalista. La administración entrante entiende que una América Latina emprendedora, próspera y orientada al libre mercado responde al interés de Estados Unidos en múltiples frentes: limita la influencia en la región de poderes hostiles como Irán y Rusia; comienza a afrontar las causas económicas en la raíz del problema migratorio; amplía los mercados y oportunidades para compañías americanas; y promueve gobiernos democráticos.

El presidente electo Trump reconoce que no necesariamente coinciden siempre los intereses nacionales de EEUU y Latinoamérica. Y ninguna nación, sea Estados Unidos o cualquier otra de América Latina, debería culparse por defender sus intereses nacionales. Los retos fundamentales de seguridad para EEUU en el hemisferio no son militares ni económicos; son retos incrustados en una fracasada ideología de colectivismo hostil que ahora puede ser arrancada de raíz.
Entender esto abre las puertas al diseño de políticas creativas que reconozcan que una relación productiva no es siempre una relación feliz. Con Fidel Castro muerto, y su ideología económica desacreditada, la administración Trump tiene una oportunidad de sacar a Latinoamérica del campo colectivista. Para ello necesita implementar políticas que permitan a los latinoamericanos percibir que resulta en su mejor interés escoger el lado de la innovación, emprendimiento y mercados libres. Que resulta, evidentemente, el lado de la prosperidad y la libertad.


Investigador Senior en ICCAS de UM, y autor del libro Mañana in Cuba.

Tuesday, December 27, 2016

"PROGRESISTAS" AL DESCUBIERTO

La victoria de Donald Trump tuvo el efecto espectacular de confirmar lo que la mayoría de la población presentía: que esta nación estaba siendo conducida hacia el “progresismo” por una reducida  minoría adueñada del poder, de los medios de comunicación y de la educación.
“Progresismo”, desde luego, es el calificativo tras el cual se ocultan los que piensan que la sociedad tiene que ser gobernada y regulada por una elite de intelectuales y administradores no por la voluntad del pueblo expresada en las urnas en cada uno de los 50 Estados.  
Para ellos, los demócratas/liberals/izquierdistas/socialistas, la Constitución de los Estados Unidos de 1776, que estipula precisamente ese precepto, tiene que ser actualizada porque si se la sigue aplicando no será posible alcanzar el sueño de la “justicia social” y la “redistribución del ingreso” que ellos predican.
Por cierto la justicia no es ni social ni antisocial, es solo eso: justicia. Pero lo que en realidad quieren decir es que la sociedad democrático capitalista que ha surgido con la Constitución es injusta, porque hay pobres y porque hay una “injusta distribución de los ingresos”. Proponen, entonces, igualar los resultados, lo que no puede obtenerse sino por la fuerza.
Si se recurre a la fuerza, se suprimen las libertades. El “progresismo” por  ende, es una regresión histórica anterior a la Revolución Americana que independizó a las 13 Colonias de la monarquía británica de Joge III en 1776 e impuso un gobierno con un poder no nacido de la divinidad ni la conquista, sino de la voluntad popular.
En base a ese esquema, que considera a todos los ciudadanos con iguales derechos a la libertad sin importar raza ni credo para seleccionar las opciones que desee en búqueda de su felicidad, los Estados Unidos se han convertido en la potencia mayor de la Historia, con sujeción a las leyes inspiradas en la Constitución y la Declaración de la Independencia.
Pero el ilusionismo utópico de la igualación de resultados en sustitución de la necesidad de la igualación de oportunidades (que reduzca el número de pobres en lugar de reducir el número de ricos), comandado por la facción demócrata/progresista desde hace una centuria, ha hecho flaquear al sistema democrático, especialmente en los últimos decenios.
Barack Hussein Obama radicalizó la tendencia y estuvo seguro de que se perpetuaría con la elección de Hillary Clinton, cuya candidatura apoyó con todo el peso de la Casa Blanca y la cooperación anti profesional de casi todos los medios audivisuales y escritos de comunicación, encabezados por The New York Times, The Washington Post y cadenas de TV como ABC, MSNBC y otras.
Hasta último momento Obama, Hillary y sus seguidores, incluídos varios columnistas seudo independientes, vaticinaron que Trump sería derrotado por amplia mayoría. Dada la avalancha informativa en su contra, muy pocos analistas predijeron que los resultados serían otros.
Quienes no se perturbaron en lo más mínimo con la campaña anti Trump fueron sus partidarios, que lo eligieron por amplia mayoría de votos en la mayoría de Estados: Donald J. Trump obtuvo 306 Votos Electorales y Hillary Clinton 232.
Los resultados dejaron perplejos a Obama y los demócratas. No atinaron ni  atinan a explicarse las razones. Unos dicen, con razón, que Hillary no era una buena candidata. Obama acaba de declarar, con modestia muy propia de él, que si hubiese habido una tercera elección, habría barrido, echando al tacho de basura a Hillary.
Un grupo intentó “algo” al pedir un recuento de votos en tres Estados del Norte pero en los que se pudo verificar, Trump obtuvo votos adicionales y se anularon votos excesivos para Hillary. También se desató una campaña intensa para tratar de persuadir a los Electores a que el 19 de noviembre voten por Hillary y no por Trump, pero el fracaso fue rotundo.
Argüían que Hillary ganó más “votos populares” (unos 3 millones) que su rival y aunque perdió los Votos de los Electores, era la Presidenta legítima. Argumento sin sustento, pues en los Estados Unidos la Presidencia se gana en cada uno de los 50 Estados y en esos estados el voto es tan “popular” como en California, Texas o Nueva York donde Hillary sacó más sufragios.
Mientras tanto, Trump se ha dedicado a armar su equipo de expertos con los cuales emprenderá la tarea de rectificar el rumbo por el cual este país estaba erróneamente encaminándose. Los elegidos son de calidad óptima en su especialidad, al punto que se lo ha calificado como el “dream team” de Trump, al igual que el equipo de basket que barrió en España en la Olimpiada de Barcelona de 1992.
La tarea será ardua pero fascinante y con resonancia mundial, tanto en lo interno como en lo externo. Deberá anular los decretos ejecutivos de Obama que crearon leyes con presciendencia del Congreso para obstruir la inversión privada y la libre competencia. Tendrá que enviar proyectos de leyes al Congreso para reducir impuestos y estimular la inversión.
Otro asunto prioritario en lo externo será deshacer el daño hecho por Obama en contra de Israel, en su confrontación con la Palestina terrorista. La resolución del Consejo de Seguridad, no vetada por Estados Unidos, da la oportunidad a Trump de concluir con la idea de crear un estado paralelo palestino junto a Israel.
La idea implicaba nuevas cesiones de tierra por parte de Israel, pero ahora la resolución afirma que los asentamientos al Este de Jerusalem, en Gaza y Golan, son ilegales. Por tanto, Israel no tendría territorios para negociar. Pero fundamentalmente Palestina no quiere negociar, pues su meta y la de sus mentores como Irán, es que Israel desaparezca.
Israel es parte del conflicto de Medio Oriente, que Obama deja agravado, como era su propósito aún antes de posesionarse en el 2008. En uno de sus discursos de campaña se lamentó del desequilibrio de fuerzas en la región en favor de Israel (con arsenal nuclear) y prometió rectificarlo si llegaba a la presidencia.
Así lo hizo. Logró, sin oposición del Congreso, levantar las sanciones contra Irán para que continúe el desarrollo de su industria bélica y nuclear y le restituyó 1.700 millones de dólares retenidos por sanciones de Naciones Unidos, 400 millones de los cuales fueron entregados en dinero contante.
Hay quienes afirman que Obama nunca ha dejado de ser musulmán, credo adquirido en Indonesia hasta su adolescencia y juventud. Aunque ahora pasa por cristiano, los hechos prueban su afinidad con el Islam. Tiene asesores de la Hermandad Musulmana, ha autorizado el ingreso ilimitado de musulmanes durante todo su gobierno, se niega a hablar del radicalismo islámico, libera a los más peligrosos asesinos talibanes de Guantánamo...
¿Oculta Obama deliberadamente su verdadera religión? Hay otros detalles de su vida que ha ocultado, como los relativos a su partida de nacimiento, sus récords en colegios y universidades, sus pasaportes, su certificado de seguro social. Quizás algún día se sepa la verdad. Pero lo que si se conoce es que el Islam autoriza la mentira cuando ello favorece a la causa del Islam.
¿Es el Islam una religión de paz? Así lo dijo George W. Bush luego del ataque del 9/11. Pero cabe preguntarse ¿por qué el Islam no tiene misioneros como lo tienen los católicos y los cristianos en general? Ellos, los misioneros, buscan persuadir. El Islam, comenzando por el Profeta, lo que tiene es guerreros para conquistar y convertir por la fuerza al infiel, no por la persuasión.
Ahora los guerreros están camuflados de refugiados, a los que acogen los musulmanes camuflados o no, como Angela Merkel. La conquista de Europa por los musulmanes es casi un hecho, a menos que el Brexit florezca y sea imitado por otros países europeos. La toma de los Estados Unidos la inició Obama, pero la victoria de Donald Trump se ha interpuesto para ponerle freno, al igual que al globalismo y al progresismo en general.




Friday, December 16, 2016

DEMÓCRATAS POCO DEMÓCRATAS

Es contradictorio que los afiliados al partido demócrata de los Estados Unidos se llamen demócratas, pues con el transcursos de los últimos años y sobre todo con el régimen de Barack Hussein Obama, que está por expirar, han demostrado ser muy poco demócratas.
Paulatinamente el partido ha ido cayendo bajo el influjo del izquierdismo radical, que aquí se lo califica como “progresista” o “liberal”, dos vocablos que igualmente expresan una concepción política muy distinta a la que sus actuales usuarios promueven.
Algo parecido ocurre con el distintivo “gay” que se da a los homosexuales. El término antaño era aplicable a alegría, gozo, rogocijo pero lo más probable es que la gente con inclinaciones homosexuales, hombres o mujeres, sean uno de los estratos más tristes de la sociedad.
Los demócratas denotan su poco apega a la democracia tratando hoy de cuestionar los resultados de las recientes elecciones presidenciales. Se resisten a aceptar la victoria del republicano Donald D. Trump, acaso porque tenían todo listo para “coronar” a Hillary Clinton: el respaldo de Obama, los medios, el establishment de los dos partidos y las mayores fortunas del país.
Para camuflar que todo estaba previsto, aceptaron que apareciesen varios supuestos retadores de Hillary en las primarias. Como adorno. Pero uno de ellos, el más radical, casi escapa del control de la dirigencia del DNC. Bernie Sanders, marxista un confeso, comenzó a ganar votos y a hacer peligrar la nominación de la escogida.
John Podesta, el maestro mayor de la campaña y sus áulicos comenzaron a sabotear a Sanders para debilitarlo. Fue entonces que se divulgaron los emails de la confabulación, vía WeakiLeaks cortesía de Julian Assange, el asilado australiano de la embajada del Ecuador en Londres. La cascada de emails produjo conmoción.
La jefa del DNC, Debbie Wasserman, fue cancelada y otros dirigentes y periodistas que habían hecho equipo con Hillary para fenar a Sanders y asegurar la “coronación” el 8 de noviembre, quedaron al descubierto. Pero la principal razón de la derrota de Clinton fue el cúmulo de sus deficiencias como candidata y su larga trayectoria de corrupción.
Los demócratas/liberales/progresistas/marxistas quedaron desconcertados y anonados con la noticia de su fracaso al amanecer del 9 de noviembre y desde ese momento comenzar a especular para atribuir a alguien o a algo y no a si mismos y su miopía, las causas de la “catástrofe”.
Aunque Hillary y Obama admitieron que Trump había ganado la contienda límpida y democráticamente, pocos días más tarde se desdijeron y ahora Obama acusa abiertamente a Rusia de haber intervenido en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos para perjudicar a Hillary y favorecer a Trump.
¿En qué habría consistido esa intervención? No hay otra “evidencia” que los emails de Podesta. Assange niega que los recibió de Rusia y si bien protege a su informante, da a entender que los datos los suministró un agente de la CIA disgustado por la protección a Hillary por el manejo ilegal de información secreta, que incluye la destrucción de 33.000 emails del Departamento de Estado.
Putin, su ministro de Relaciones Exteriores y otros portavoces de Moscú se mofan de la acusación de ser los “hackeadores” para ayudar a Trump. Pero aún si ello fuese verdad ¿de qué arma se valió Putin para logar el objetivo de llevar a la Casa Blanca a un archi millonario? ¿La divulgación de los emails de Podesta?
Sería poco. Después de todo, Putin era director de la KGB cuando la URSS estaba en su esplendor y como tal debió haber sido maestro en el espionaje y contraespionaje, sublevaciones, cohersión, chantaje, pagos a agentes encubiertos del gobierno y los medios, etc. ¿Qué contenían los emails, que ni siquiera eran fraguados?
Ninguno de sus autores ha negado serlo. Ninguno de los emails habla de patrañas para debilitar a Trump. Todos se refieren a cómo desprestigiar a Sanders (que pasó su luna de miel en Moscú). Uno de los emails de intercambio incluye más bien quejas contra Hillary por su ausencia de liderazgo, nada contra Trump.
Es una coincidencia que el diario The New York Times, entregado 100% a la causa “liberal” pro Hillary, publique que en un día como hoy, en 1950, el presidente Truman haya declarado formalmente la guerra contra el “imperialismo comunista”, convencido de que constituía una amenaza contra el mundo libre, sus instituciones democráticas y la estabilidad global.
Hillary Clinton hizo en 1969 su tesis de grado sobre Saul Alinsky, un marxista que recomendaba como aprovecharse del sistema democrático para cambiarlo y transformarlo paulatinamente en un estado socialista. Los que piensan como ella se han multiplicado como hongos, captaron el poder con Obama y querían perpetuarse con Hillary. Trump detuvo esa racha.
La ofensiva antidemocrática con la apostilla del hackeo ruso no hará sino ridiculizar más a los demócratas. Tampoco les resultará el amedrentar a los Electores para la Convención del lunes próximo, en la que confirmarán la elección de Trump. Son 538 y los demócratas amenazan a algunos para que se abstengan de votar por Trump para reducir el número de sus votos  a menos del mínimo requerido de 270, votos de los 306 que obtuvo.
Si tal se diera, la decisión la tomaría la Cámara de Representantes que está dominada por los republicanos. La maniobra, pues, fracasaría en toda forma. Arguyen todavía que las elecciones las ganó Hillary por mayoría de votos populares, una ventaja de casi 2 millones. Pero en Electores ella perdió, 232 frente a 306, lo que econsideran “no democrático”.
Argumento sin sentido. En los Estados Unidos los presidentes deben ganar en cada uno de los 50 Estados, porque este país es un Estado Federal, no unitario. La Constitución garantiza igualdad de derechos tanto a los grandes Estados como Californa o Nueva York que a los pequeños como Maine o Delaware.
Cuando Obama ganó las elecciones, no una sino dos veces, no hubo  llantos ni convulsiones en la oposición. Ni siquiera cuando fue reelecto, pese al mal manejo de sus políticas internas y externas. Obama frustró las expectativas, pero esos son los riesgos de la democracia. Que se corrigen solo con más democracia.