Thursday, December 8, 2016

PEARL HARBOR Y EL JIHAD

Ayer se conmmemoró el 75 aniversario del ataque japonés a Pearl Harbor en Hawaii, que ocasionó la muerte de 2.403 soldados y 1.178 heridos, a más de la destrucción de navíos y aviones y construcciones civiles y militares.
Al día siguiente, un lunes 8 de diciembre de 1941, el Presidente Franklin D. Roosevelt se dirigió al Congreso en Pleno para declarar la guerra al Japón y su petición fue aprobada por unanimidad por ambas cámaras, con la sola excepción de un voto. 
Cuatro años más tarde, el 15 de agosto de 1945, el agresor japonés se rindió y el 2 de septiembre firmó su capitulación incondicional. Previamente Alemania y antes Italia, integrantes del Eje nazifascista, habían sido derrotados por los aliados al comando de los Estados Unidos.
Mark Stein, un británico americano que ocasionalmente reemplaza a Rush Limbaugh en su habitual programa radial (se diría que con ventaja, pues nunca dudó ni se mofó de Trump, como Rush), destacó el contraste entre lo ocurrido en Pearl Harbor y la guerra actual contra el terrorismo.
Mientras que a los Estados Unidos le bastaron cuatro años para vencer por completo a Japón y al Eje, en cambio hasta hoy es impotente para destruir al extremismo musulmán, que hace 15 años, el 11 de sptiembre del 2001,  atacó a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono.
La agresión causó casi 3.000 muertos e innumerables heridos, mortandad mayor que la de Pearl Harbor. El ataque, como en el caso del de Hawai, pudo haber sido evitado pero no lo fue debido a fallas de coordinación y de mutua credibilidad y confianza de los servicios de ineligencia.
A diferencia de FDR, el presidente George W. Bush no pidió autorización al Congreso para declarar formalmente la guerra al terrorismo islámico, pero si permiso para atacar en retaliación a Afganistán e Irak. Pero no hubo la voluntad de vencer o lograr que el enemigo capitule, sino de contemporizar con él.
Su sucesor, Barack Hussein Obama, optó por una táctica peor. Decidió el retiro de tropas en Irak el 2011 y elló fomentó al terrorismo islámico que se vigorizó con armamento norteamericano, recursos petroleros y ayuda del Irán, con lo que formó el Califato ISIS en el Medio Oriente. Desde allí, su influjo se ha extendido por la región, Europa y los Estados Unidos.
Con Donald Trump, esa tendencia derrotista marcada por el propio Truman al retirar su apoyo a MacArthur en Corea, imitada luego en Vietnam, va a terminar. Lo demuestran sus recientes nombramientos para el gabinete. En Defensa estará el general James Mattis, despedido por Obama cuando pedía autorización para actuar con rigor militar para terminar por vencer a los enemigos en Irak y Afganistán.
Como lo quería Douglas MacArthur en Corea. No un armisticio, consuelo buscado por los exhaustos invasores chinos. En la guerra de 15 años en el Medio Oriente, ha dicho Trump, se han perdido centenares de vidas de militares voluntarios y 6 trillones de dólares. Pero la victoria no ha llegado.
Es impensable que la primera potencia mundial militar, económica, cultural  y tecnológica del planeta sea incapaz de pulverizar a un enemigo primitivo. La única explicación posible es el vacío de liderazgo o, mejor, la presencia de un liderazgo que desprecia el sistema creado hace 240 años para vivir en libertad y no lo quiere ver triunfar sobre el enemigo.
Trump cree que mediante la libertad, incluída la libertad de mercado y la de expresión, inversión, inventiva y comercio, los individuos y la sociedad florecen, respetando a las leyes elaboradas y aplicadas como mandan la Constitución y la matriz doctrinaria de la que surgió, la Declaración de la Independencia de 1776.
Según un análisis, los ministros nombrados hasta ahora por Trump tienen una fortuna conjunta de 14.500 milllones de dólares, sin contar la del Presidente. El mandatario electo está dispuesto, por lo visto, a exaltar y no a denigrar a los hombres y mujeres que han triunfado como empresarios confiándoles puestos clave, para que con su experiencia sirvan mejor a la colectividad.
Carlos Marx estaría incrédulo en su tumba observando lo que está sucediendo con Trump, como lo están sus seguidores. ¿Un billonario rodeado de millonarios y billonarios, respaldado por los obreros, va a redimir a los obreros? ¿Cómo es posible que vaya a crear más empleos sin “robar” a los ricos y más bien reduciendo impuestos para los “ricos” y no solo para los “pobres”?
Los izquierdistas/progresistas no creen que la pobreza se reduce mediante la facilitación de las oportunidades, sino solo con la igualación de los resultados. Este método, quimérico, degenera en tiranía y generalización de la miseria, aparte de que la mínima riqueza no distribuída queda en manos de la élite, como en Cuba.
Muchos de los civiles nominados para el gabinete de Trump labraron su fortuna desde niveles inferiores y parecido es el caso de las carreras exitosas de los generales escogidos para Home Land Security y otros puestos a más de Defensa. La prioridad del Presidente Electo no es la aristocracia como en las monarquías ni la hermandad Fidel/Raúl Castro. Es la meritocracia.

Esta es la virtud de las sociedades abiertas y libres, en las que cualquier ciudadano puede aspirar a la grandeza en uso de sus talentos y esfuerzo, no por dictado y regulaciones de gobiernos autoritarios como el que los “progresistas” han intentado y aún intentan implantar en esta nación. La visión será otra a partir del 20 de enero próximo, fecha en la que Donald Trump se iniciará como Presidente.

Monday, December 5, 2016

CHINA, TAIWAN, TRUMP

Ya no es novedad que cada vez que el Presidente electo Donald Trump hace o dice algo no convencional, pero cierto, los medios y los políticos que no terminan por comprenderlo lo acosen de inepto e irresponsable.
Lo último se refiere a Taiwan. Trump recibió una llamada telefónica de la presidenta electa de la Isla para congratularlo por su victoria y él reciprocó el gesto felicitándola también por el triunfo que ella alcanzó en límpidas elecciones democráticas a comienzos de este año.
Algunos dijeron que la “imprudencia” o “desliz” del futuro Comandante en Jefe podría desatar la III Guerrra Mundial, porque evidentemente no había consultado previamente para establecer ese diálogo ni con Beijing ni con los expertos del Departamento de Estado.
A Donald Trump se lo eligió precisamente por su promesa de romper con las ataduras del “establishment” de Washington, orientado a disminuir la preeminencia de los Estados Unidos en el ámbito internacional y a ceder en su perjuicio en lo militar y con la suscripción de tratados comerciales negativos.
¿Por qué había que consultar con China para hablar con la légitima líder de una nación democrática de 23 millones de habitantes? El establishment nada dijo, eso si, cuando Obama buscó al dictador Fidel Castro para apoyar a su languideciente y sangrienta dictadura de casi 60 años.
¿Y con los expertos del Departamento de Estado? Casi la totalidad está integrada por demócratas que siguen la línea anti USA y que concuerdan con Beijing en considerar a Taiwan un territorio rebelde que hay que anexar a la China roja, aún al costo de una guerra.
Con el nuevo régimen estos expertos del Departamento de Estado tendrán que ser fumigados y reemplazados por personal pro USA. En cuanto a China, el miedo y lo puramente mercantil, deberán también ceder paso a otro enfoque que impida que inversores y consumidores de los Estados Unidos sigan apuntalando a un sistema totalitario.
El gran error táctico nació con el general George Marshall, que en el curso de la II Guerra Mundial presionó para que los Estados Unidos retire su apoyo al general Chiang Kai-shek en la guerra civil que se libraba en China con Mao Zedong. Mao operaba bajo total control y subsidios de Stalin y se alió furtivamente con los invasores japoneses para debilitar a su rival. 
Por razones tácticas, Marshal prefirió a Mao sobre Chiang, pese a que éste era autónomo y pro occidental y Japón, obviamente, era parte del Eje. En tales circunstancias, Chiang Kai-Shec se vió superado por Mao por el apoyo bélico y financiero soviético y tuvo que refugiarse en la isla de Taiwan, donde con el paso de los años floreció una democracia estable, comparable con la británica Hong Kong que luego fue anexada a Beijing. 
Mao, una vez con los poderes absolutos, impuso una de las tiranías más atroces para generar genocidios, hambrunas, prisiones, terror, muertes incluso a nonatos, por cientos de millones. Para los interesados en la verdad, se recomienda la biografía de los autores Jung Chang y Jon Hallday, fácilmente obtenible en Amazon (2005).
Los errores frente a Mao continuaron. Richard Nixon, aunque Mao no lo pidió, buscó apaciguarse con el tirano y restableció relaciones diplomáticas con Beijing, asesorado por el germano norteamericano Henry Kissinger, que aún vive con 93 años de edad. Se capituló ante Mao, se expulsó a Chiang de las Naciones Unidas y se lo reemplazó por un chino rojo.
Stalin y Mao se unieron en el propósito de expandir el comunismo por el globo luego de la II Guerra Mundial. Lo hicieron por la vía armada, la infiltración y la ayuda a insurgentes. Es lo que ocurrió en la península de Corea donde fueron repelidos inicialmente por tropas de Naciones Unidas al mando del General Douglas MacArthur. 
Pero cuando MacArthur quiso dar la estocada final a los invasores que se batían en retirada, Truman capituló, destituyó al general y optó por el arministicio que dividió a la península. Al norte, una Corea hambrada por el comunismo absolutista pero con armas nucleares a la sombra de China y al sur, una Corea democrática que se ha industralizado y es próspera.
La dupleta sino/soviética se aventuró luego en Vietnam y a la postre salió aventajada porque los Estados Unidos pefirió no asirse de la victoria, como en Corea y optó por fugar, en vergonzosa derrota. La historia luego da otro giro favorable a China, con la avalancha de capitales y tecnología norteamericanos, que transformaron su economía.
La economía cambió, pero no su sistema político. Grandes corporaciones de Estados Unidos (y algunos países industrializados) comienzan a invertir en China donde la mano de obra es eficiente y barata y donde todo está bajo control del Estado. El negocio es pingüe, pues en los Estados Unidos los impuestos a las corporaciones suben al 35%, se multiplican viralmente las regulaciones restricttvas y los producrtos terminados en China ingresan al mercado norteamericano sin impuestos.
La periferia de China ebulle con rascacielos, autopistas, espectáculos que deslumbran. Pero no hay libertades políticas ni religiosas y en las zonas marginales la miseria continua como en los tiempos de Mao, cuya efigie se venera todavía en el papel moneda. Muchos de los planes diseñados fracasan por irreales, crece el despilafarro, la deuda pública es inmensa y la manipulación cambiaria es algo de todos los días. 
La disidencia no se tolera. Liu Xiabo intentó divulgar una protesta contra el régimen con su publicación Charter 2008. Fue confinado y luego condenado a once años de pirisión por “incitar a la subversión”. En el 2010  recibió el Premio Nobel de la Paz. Su mujer está cinco años bajo arresto domiciliario, con guardia permanente en su domicilio.
Cuando el ex-presidente ecuatoriano Rodrigo Borja visitó a China, dijo a su regreso que estaba muy impresionado porque a su entender ese era el sistema hacia el cual debía marchar la humanidad: porque lo que encontró era el justo equilibrio entre el capitalismo y el comunismo.
Ahora acaba de recordar lo que supuestamente le había contestado a Fidel Castro, cuándo éste le preguntó : ¿y tu, muchacho, por qué no te haces marxista? No lo soy, respondió, porque el marxismo no es para ángeles. Extraña distorsión de una cita de James Madison en Federalista 51, cuando se debatía la Constitución de los Estados Unidos de 1776/78.
Lo que Madison (quien con Alexander Hamilton fueron principales artífices de esos maravillosos ensayos de Ciencia Política) quería decir es que en una democracia, si los hombres fueran ángeles los gobiernos no serían necesarios. El marxismo no es democracia. Es privación de libertades para lograr igualación de resultados. Es abolición del  hombre como lo vaticinó C.S. Lewis y Aldous Huxley en su Brave New World.

Lo que hace Donald Trump en es tratar de poner un alto a las mentiras históricas de esta y otras especies. La verdad terminará por aflorar. Obama ha favorecido a las tiranías de Irán, Cuba y ha soslayado la realidad del problema China/Taiwan. Y Trump no quiere ser “políticamente correcto” como los del establuishment, los medios y la burocracia del Departamento de Estado. Para eso y por eso se lo eligió. 

SAN FIDEL CASTRO



(Se reproduce a continuación un artículo de interés para los adoradores de Fidel Castro, que acaba de morir en Cuba. Lo escribe la especialista en asuntos latinoamericanos del diario The Wall Street Journal, Maria Anastasia O´Grady en la edición en español de hoy:)

Dejando de lado las celebraciones en las calles de Miami, la reacción más generalizada entre los cubanos a la muerte de Fidel Castro, dentro y fuera de la isla, parece ser el alivio. Uno de los mayores narcisistas de la historia, padre de casi 60 años de tormento nacional, ha regresado al polvo del que vino. Eso es un consuelo.
Castro dejó a una otrora tierra próspera y prometedora en una pobreza abyecta. Pero su legado es mucho peor que la ruina material de un país. Su apetito insaciable de poder absoluto quedó demostrado en una obsesión con cazar hasta el último inconforme, quitándole a la población su dignidad humana.
Vale la pena recordar esta realidad en momentos en que el mundo ofrece retrospectivas sobre la vida de Castro, casi siempre agregando que el tirano le dio a Cuba un gran sistema de salud. Si eso fuera cierto no justificaría su brutalidad. Y no es cierto, como descubrimos en 2007, cuando los doctores cubanos cometieron errores en su tratamiento por diverticulitis y un especialista español tuvo que viajar para salvarlo. La verdad es que al régimen la vida humana le importa un comino.
A Castro lo propulsaba una ambición maniática de poseer y dominar el alma cubana. No hay lugar donde se aprecien más las consecuencias que en las altísimas tasas de aborto del país. En un artículo del 22 de noviembre para el sitio Cubanet, el periodista independiente Eliseo Matos citó un estudio de abortos realizado por los doctores cubanos Luisa Álvarez Vásquez y Nelli Salomón Avich. Hallaron que desde 1980, un tercio de los embarazos cubanos han sido interrumpidos.
Igualmente perturbador es que las tasas de aborto son altas entre las adolescentes y a menudo son exigidas por el Estado. No hay que ser religioso para ver esto como una crisis existencial nacional, una reflejo de una sociedad que lucha contra el nihilismo.
Esto no sucedió de la noche a la mañana. Es el resultado de décadas de vivir bajo una dictadura que exige la total sumisión a la voluntad de una persona. En una entrevista de 1986 con Los Angeles Times, Armando Valladares, quien fue prisionero de Castro durante 22 años, describió el uso por parte del régimen de “celdas cajón” en sus mazmorras. Cinco o seis prisioneros eran confinados por días en estos estrechos espacios de 1,8 metros de largo. “Tenían que sentarse con las rodillas contra sus cuerpos. No había espacio para moverse; los prisioneros tenían que orinar y defecar ahí”, explicó Valladares.
Todo tipo de tortura era usada con el fin de “romper la resistencia del prisionero”, dijo Valladares. Si un prisionero decía que “estaba equivocado, negaba sus creencias religiosas, asegurando que provenían de la edad obscura y si admitía que ahora entendía que el comunismo era la solución para los problemas de la humanidad y deseaba la oportunidad de reingresar a la nueva sociedad comunista, entonces podía salir de la celda y pasar a una granja de reeducación”.
No podía haber un mayor poder, nadie más adorado que Fidel. Dios era un problema, así que los sacerdotes y monjas fueron apresados y exiliados, la religión fue prohibida y el régimen hizo todo lo posible para destruir a la familia cubana.
En 1997, la navidad fue legalizada y las iglesias católica y protestante lentamente han ganado cierto espacio. Pero esto fue permitido siempre y cuando las enseñanzas sobre lo sacro de la vida humana no interfieran con el control del régimen. Por lo tanto, el cardenal Ortega de La Habana se distancia del grupo disidente de mujeres católicas conocido como las Damas de Blanco, pese a que frecuentemente son golpeadas en las calles.
En un sistema en el que todos deben someterse al Estado, no es una sorpresa que las tasas de aborto sean particularmente altas entre las adolescentes. Los niños aprenden sobre sexualidad humana de sus maestros comunistas, en términos puramente mecánicos, por supuesto. Generaciones de adolescentes han sido alejadas de sus familias y enviadas a campos de trabajo como parte de su adoctrinamiento.
Como Valladares escribió en The Wall Street Journal en mayo de 2000, “lejos de toda supervisión paterna por nueve meses, los niños sufren de enfermedades venéreas, así como embarazos adolescentes, que inevitablemente terminan en abortos forzados”. Otra razón de las altas tasas de abortos adolescentes es que prostitutas adolescentes ahora ocupan las calles de La Habana, trabajando para ganan divisas extranjeras de los turistas.
El aborto también es una herramienta clave del régimen para su “salud”. Cualquier embarazo considerado como riesgoso es terminado inmediatamente, una decisión que toma el Estado. Esto reduce la tasa de mortalidad infantil, la cual es usada por Cuba para impresionar al mundo con su “progreso”.
Sin embargo, Cuba no ha logrado nada especial respecto de la mortalidad infantil. En una entrada de blog del 1 de diciembre en el sitio web HumanProgress del Instituto Cato, Marian Tupy señaló que entre 1963 y 2015, la mortalidad infantil en Cuba cayó en 90%, mientras en Chile bajó en 94%. En Latinoamérica y el Caribe en general ha caído 86%.
El único logro singular de Fidel Castro fueron 57 años de represión que buscaron exterminar cualquier significado de la vida de aquellos que vivían bajo su yugo.

Friday, December 2, 2016

LA COHERENCIA DE TRUMP

A tres semanas de ganar las elecciones presidenciales, Donald Trump continua demostrando una coherencia que sigue dejando desconcertados a sus opositores, entre los que se cuentan demócratas, los analistas de los medios y algunos dirigentes republicanos.
En el discurso que ponunció anoche en Ohio, el primero después de ser electo el 8 de noviembre, resumió los objetivos de su campaña que la inició el 15 de julio del 2015 y que se abrevian en el slogan “Let´s make America Great again”, o sea, volvamos a enaltecer a los Estados Unidos.
Previamente estuvo en Indianapolis, Indiana, junto a Mike Pence, quien fue allí gobernador y ahora es su Vicepresidente electo. El motivo de la visita era ratificar una de sus promesas de campaña, aún sin posesionarse de la Presidencia el 20 de enero próximo.
Trump había reiterado que suscribir tratados comerciales internacionales es aceptable, siempre que no perjudiquen a los intereses nacionales. Pero algunos lo son, como NAFTA y dijo que hay que revisarlos o anularlos pues generan fuga de inversiones y pérdida de empleo, tal el caso de la fábrica Carrier de Indianapolis, de máquinas de enfriamiento.
Muchas empresas norteamericanas han emigrado a México, China y otros países porque allí la mano de obra es más barata y porque no pesa sobre ellas el impuesto a las corporaciones del 35%, uno de los más altos del mundo. Los productos así fabricados con ahorro para los inversionistas, llegan al mercado norteamericano libres de impuestos.
Naciones con sistemas políticos rígidos como China han florecido con ese sistema en lo económico y los obreros de las fábricas que emigraron se han quedado aquí sin empleo. Por esa y causas como el Obamacare, hay 95 millones de desempleados en el país y muchos sobreviven con dos o más empleos a medio tiempo, con una deuda pública que ha llegado a la cifra surreal de los 20 trillones de dólares.
La empresa Carrier había planeado trasladar sus instalaciones a México hace un año y medio y había realizado iniversiones. Pero Trump, ya electo, llamó a la dirigiencia matriz y le pidió suspender el proyecto, anunciando que con su gobierno estimulará y facilitará la inversión en el país, así como el regreso de capitales calculados en por lo menos 3 trillones de dólares.
Carrier archivó el proyecto, absorberá la pérdida de la inversión inicial y los 1.100 trabajadores que iban a quedar sin empleo celebrarán la próxima Navidad con alegría y optimismo. El gobierno estatal, en la misma tónica que Trump, dijo que otorgará un subsidio a la compañía de exención de 7 millones de dólares en impuestos.
Donald Trump, quintaesencia del capitalismo, va camino de convertirse en el líder que podría acabar con el mito de la izquierda marxista de que los empresarios son perversos, que el capitalismo humilla y explota, que el antagonismo obrero/patronal es insuperable, que el libre mercado conlleva miseria y debe ser sustituido por el Estado redistribuidor de la riqueza.
Fidel Castro era uno de los que pensaba así, al igual que sus admiradores. Los resultados son inocultables. La redistribución forzada se la hace con privación de las libertades. Los Castro asumieron poderes absolutos por 57 años. La riqueza se esfumó, salvo para el círculo de poder y lo que se generalizó es la miseria y la indignidad.
El camino hacia la prosperidad es otro, el que quiere retomar Trump con el apoyo de la mayoría de votantes y que se delinea en la Declaración de la Independencia y la Constitución de los Estados Unidos: rechazo a toda forma de tiranía y perpetuación en el poder, gobierno por consenso y para ello equibrio y mutuo control entre las tres ramas de la administración.
El Presidente Electo es claro y coherente en su visión constitucional de lo que será su gobierno. Los cambios que propone se adoptarán con el Congreso, lo que no hizo Obama, siendo el caso saliente el Obamacare que se adoptó sin un solo voto republicano. Con el nuevo régimen será rechazado y sustituído ipso facto, con los legisladores de ambos partidos.
Obama debilitó el sistema constitucional, soslayando al Congreso para legislar con Decretos Ejecutivos sobre temas ambientales y de todo orden, lo que ha desalentado a inversionistas grandes y medianos. La mayoría de esos decretos será anulada por la misma vía de Decretos Ejecutivos por Trump, quien reveló que los empresarios le dijeron que muchos emigran más que por el peso de los impuestos, por este tipo de regulaciones.
Anoche reiteró Trump que no descuidará otras áreas primordiales para revitalizar a la sociedad norteamericana. En educación, nombró a Betsy DeVos, una millonaria dedicada desde hace muchos años a presionar por la reforma del sistema educativo público, monopolizado por los sindicatos de profesores que frenan toda reforma y ahondan un aprendizaje dedicado a demonizar a los Estados Unidos.
En finanzas y comercio estarán otros millonarios, Steve Mnuchin y Wilbur Ross, respectivamente, que se dedicarán por igual a revisar tratados y a eliminar trabas a la inversión para favorecer las inversiones, el desarrollo y por ende el empleo y la riqueza. ¿Por qué millonarios? le han criticado a Trump. Y él contesta: porque saben cómo crear riqueza...
Algunos han comentado en el pasado: ¿cuándo se ha visto que un “homeless” cree empleos? ¿preferirían los izquierdistas a un “community organizer” (agitador social) como Obama para Secretario del Tesoro? ¿o a uno de los rebeldes anti Wall Street o acaso un miembro del The Black Lives Matter?
La seguridad interna y externa seguirá siendo clave para Trump. Ha designado al senador Jeff Sessions como Fiscal General, de trayectoria impecable y como Director de la CIA a Mike Pompeo, de credenciales igualmente cristalinas. Su ministro de Defensa será el general James Mattis, a quien lo ha comparado con los legendarios generales George S. Patton y Douglas MacArthur.

Sigue pendiente la decisión de Trump acerca del nominado para Secretario de Estado, o Ministro de Relaciones Exteriores, considerado el principal del gabinete y primero en la sucesión presidencial, en caso de catástrofe. Se barajan algunos nombres y opciones, motivo de especulación. Pero se espera que el seleccionado estará a la altura de los que ya ha escogido.

Tuesday, November 29, 2016

CULPA DE LOS ESTADOS UNIDOS

Si el Presidente Electo Donald Trump dice que cumplirá su oferta de poner orden en el ingreso y permanencia ilegal de inmigrantes, se lo acusa de ser cruel y racista.
Si advierte que continuará con el embargo económico a Cuba, instaurado a raíz de la confiscación de las inversiones norteamericanas, se afirma que es un troglodita sumergido aún en la guerra fría. 
Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, teme por él y anuncia que el jueves firmará el acuerdo de capitulación con las FARC, rechazado por el pueblo en el referendo del 2 de octubre pasado.
Violaría así la Constitución de su país y la voluntad mayoritaria del pueblo. En el artículo que se reproduce al final, se explica que lo estaría haciendo para justificar la entrega en Osla del Premio Nobel de la Paz, concedido por este acuerdo fallido.
Con el acuerdo, Santos exime de juicios y castigo a los criminales de más de medio siglo, les asigna curules en las dos cámaras del Congreso y les da luz verde para intervenir en política, para que de hecho lleguen al poder con las ingentes sumas de dinero del narcotráfico.
(Las negociaciones para el Acuerdo de Paz se han realizado desde hace 6 años en La Habana. Fidel Castro ha sido promotor de las FARC y desde la época de Pablo Escobar ha usufructuado personalmente con el tráfico de estupefacientes desde Colombia a Estados Unidos y Europa. Los sobrinos de Maduro están presos en USA capturados con droga de las FARC)
Santos, que fue ministro de Defensa de Álvaro Uribe quien casi doblegó a las narcoguerrillas, al llegar a la presidencia se convirtió en facilitador de la izquierda guerrillera marxista y busca hacer de Colombia otra nación del Socialismo del Siglo XXI, que ha arruinado a Venezuela y otros países.
¿Por qué emigra la gente de Cuba, Centroamérica, Sudamérica, del Medio y Lejano Oriente a los Estados Unidos? Porque sus gobiernos y sistemas son corruptos. Basta el ejemplo de Fidel Castro: confiscó bienes valuados entonces en 9.000 millones de dólares en haciendas y fincas, fábricas, azucareras, estancias y edificios.
Nacionalizó capitales estadounidenses por 6.000 millones de dólares y hoy el ingreso promedio de los cubanos es de 20 dólares por mes, con cerca de dos millones de emigrados. Los adoradores de Fidel dicen que Cuba es un paraíso por la igualación de los ingresos y uno se pregunta ¿por qué no erigieron un muro alrededor de la Isla para impedir el ingreso masivo de izquierdistas a ese paraísoterrenal?
Ejemplo demostrativo de la manipulación de las frágiles democracias de la América Latina, para corromperlas, desvirtuarlas y convertirlas a la postre en dictocracias como en Venezuela o Nicaragua, es lo que está tratando de hacer Santos en Colombia. Si sale avante en su propósito, es decir, si el Congreso avala su acuerdo de capitulación, Colombia habrá retrocedido.

Seguidamente el artículo de María Anastasia O´Grady, columnista del diario The Wall Street Journal especializada en asuntos latinoamericanos. Su nota se publicó hoy, en español:

En su intento por asegurar un acuerdo de paz con los narcoterroristas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, ha dado marcha atrás en varios de sus compromisos de respeto a la democracia. Pero ninguna de sus promesas rotas es tan vergonzosa como su anuncio la semana pasada de que someterá al Congreso un acuerdo final con las FARC que es casi igual —aunque eso no lo dijo— al pacto repudiado en el plebiscito nacional del 2 de octubre.
Santos argumenta que su nuevo acuerdo, firmado por las dos partes en Bogotá el jueves pasado, contiene revisiones al texto original que responden a las objeciones planteadas por la oposición. Pero el mandatario no lo someterá a una consulta popular como lo prometió en repetidas ocasiones desde 2012.
El presidente colombiano sufrió una humillación internacional cuando perdió el plebiscito. El comité del Nobel le dio de todas maneras el premio de la paz unos pocos días después, presumiblemente para restaurar su dignidad. Pero no fue de mucha ayuda. Primero, porque parecía una noticia satírica del Día de los Inocentes: “El presidente polariza a la nación con ayuda de los terroristas y gana el premio Nobel de la Paz”.
Segundo, porque los colombianos reconocieron pronto el conflicto de intereses que tenía Noruega, uno de los países garantes del acuerdo de La Habana, al tratar de impulsar el nombre de Santos. De todas formas, el 10 de diciembre, Santos estará en Oslo para la ceremonia. El mandatario no se atreve a aparecer sin un acuerdo en las manos.
Santos dijo en una columna en este diario que el nuevo acuerdo es mejor porque, por ejemplo, les pide a los miembros de las FARC que declaren sus activos y deja de lado un plan de usar jueces extranjeros en sus casos.
Pero igual que el original, libra a las FARC de penas de cárcel, les proporciona elegibilidad política a los delincuentes de las FARC y les da escaños en el congreso a representantes de sus bastiones sin que tengan que someterse a elecciones. No está claro cómo pagará el grupo guerrillero las reparaciones a sus víctimas y convierte el tráfico de drogas de las FARC —pero no de otros capos— en un delito perdonable.
El nuevo acuerdo repite al original en la creación de algo llamado “justicia transicional”, que descarta la igualdad bajo la ley y crea un sistema de justicia paralelo hecho a la medida de los intereses de las FARC. El grupo guerrillero no tiene obligación de regresar los miles de niños soldados ni de responder por quienes que murieron como sus reclutas. Las FARC mantienen el control de unas 30 emisoras de radio a través de las cuales podrán difundir su propaganda.
Tal vez lo peor de todo sea la decisión unilateral del gobierno de dar al acuerdo una base constitucional, de modo que muchas concesiones a las FARC que violan la Constitución no pueden ser desafiadas ante los tribunales.
Una constitución es tanto un pacto social como un documento legal. En la mayoría de las democracias liberales modernas, incluyendo Colombia, cambiarla requiere de una conversación nacional inclusiva y aceptada por una amplia representación del país
Si Santos respetara la democracia, le pediría al Congreso que enmendara la Constitución. Pero una acción de ese tipo requiere de ocho debates y ocho votos en las cámaras alta y baja durante dos sesiones legislativas consecutivas. El presidente prefiere el decreto ejecutivo.
Este abuso de poder alarma a Jaime Castro, un político del Partido Liberal, ex alcalde de Bogotá y ex ministro de Justicia. Castro lideró el movimiento “Mejor no”, que se oponía al acuerdo con las FARC en el plebiscito. Según la revista Semana —que publicó una entrevista con él el 19 de noviembre— “Mejor no” incluía a “muchos de los más prestigiosos juristas del país” y ganó prominencia porque no tenía “ningún vínculo político ni electoral”.
Castro le dijo a Semana que el nuevo texto contenía protecciones constitucionales para el acuerdo que no estaban en el original. Las FARC insistieron en esto, explicó, porque el partido que creen “gozará de exorbitante ventaja” y quieren certeza legal. Esta evasión a la reforma o la reescritura de la Constitución hace que el nuevo acuerdo sea peor al pacto rechazado.
En una carta del 20 de noviembre a Santos, el general Jaime Ruiz, presidente de la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares de Colombia también se quejó del nuevo texto. El ex militar señaló que añade lenguaje que hace a los comandantes responsables de delitos cometidos por sus subordinados. Esto pone a los militares en el mismo nivel moral de los terroristas, expone al liderazgo del ejército a una guerra judicial y socava la seguridad nacional.
El ex presidente Andrés Pastrana tampoco está contento. Le escribió al presidente Santos el 20 de noviembre que el acuerdo modificado “retiene la esencia antidemocrática del pacto original”. El ex mandatario señaló que Santos “contraviene” un fallo de la Corte Constitucional que le ordena respetar el resultado de la consulta popular del 2 de octubre.
Buena parte de la rama judicial está de acuerdo. Para protestar contra las tácticas de intimidación de Santos, la presidenta de la Corte Suprema y sus salas Civil y Laboral se rehusaron a asistir a la ceremonia de firma del jueves. Es otra evidencia de que Santos ha sembrado conflicto, no paz.

Monday, November 28, 2016

FIDEL CASTRO Y LA ABYECCIÓN MORAL

Fidel Castro, que acaba de fallecer a los 90 años de edad, gobernó a Cuba  con poderes absolutos durante 57 años. Cuando enfermó en el 2008, cedió el mando solo parcialmente a su hermano menor Raúl, ahora de 85 años de edad.
Bastaría este hecho, su perpetuación en el poder sin consenso popular, para merecer el repudio universal. Pero su muerte ha merecido elegios directos e indirectos por ejemplo del líder del mundo líder, Obama o de la Iglesia Católica, el Papa Fracisco y de otros como Trudeau, de Canadá.
Dirigentes minúsculos, como Rafael Correa, han calificado a Fidel como “otro grande” que se nos va y a Donald Trump de “ignorante” porque dijo él con su habitual desparpajo que ese individuo era un “dictador brutal” que ha asesinado, encarcelado, empobrecido y dividido a su pueblo.
Todos se alegraron de que Fidel Castro hubiese triunfado en la revuelta que terminó con la dictadura de Fulgenico Batista en 1959. Pero lo que se esperaba de él es la restauración de la democracia, para vigorizar la economía de la Isla y restaurar y consolidar sus instituciones en libertad.
Inicialmente lo prometió así, pero sus verdaderas intenciones no tardaron en traslucirse. Implantó una dictadura socialista/marxista supuestamente para lograr la “justicia social”, esto es, la redistribución del ingreso, para lo cual suprimió las libertades individuales, incluído el derecho a la propiedad privada.
Las prósperas haciendas y las fincas menores productivas se parcelaron y “colectivizaron”, al tiempo que se confiscaban las empresas extranjeras y nacionales, produciéndose un colapso en la producción general que indujo a los racionamientos. Las iglesias, conventos y bienes raíces de propiedad de la Iglesia Católica siguieron igual destino y cundió el pánico.
Toda resistencia, toda protesta fue acallada con la cárcel, la tortura y los fusilamientos en los “paredones”, esto es las murallas exteriores de las cárceles de algunas de las grandes propiedades convertridas en prisiones. Hay datos confiurmados del fusilamiento de 9.240 ciudadanos civiles, militares, hombres, mujeres y niños pero los investigadores dicen que la cifra podría multiplicarse por 10.
El 7 de abril de 1967, el Comité Interamericano de Derechos Humanos de la OEA dió cuenta de que el 27 de mayo de 1966,  166 cubanos civiles  y militares fueron ajusticiados, luego de  que se les extrajera la sangre para venderla ese año a los Vietcong, a razón de 50 dólares por pinta (medio litro).
Eso se relata en el artículo que Mary Anastasia O´Grady publicó en el 2005 en el The Wall Street Journal, al conmemorarse el 47 aniversario del Movimiento 26 de Julio en Cuba. Se incluyen datos de otras víctimas de la tiranía castrista: campesinos de Sierra Maestra, de la fincas que confiscó, de los cubanos que intentaron fugar de la Isla pero fueron frustrados por la metralla de la armada cubana.
Cuba pre Castro era próspera comparativamente. La mortandad infantil era   la menor de América Latina y se ubicaba tercera en número de médicos y dentistas y en consumo de calorías, así como con alto grado de alfabetos. Todos esos logros fueron pulverizados por Fidel y sus exportaciones son ahora menores que las de Haití.
La economía castrista sobrevivió por el subsidió soviético, primero y luego con el subsidio de la Venezuela de Chávez. Con la economía venezolana de Maduro en escombros, la boya salvavidas de la tiranía fue lanzada esta vez por Barack Obama, igual que la lanzada para rescatar a la tiranía  agonizante de Irán.
Con Donald J. Trump en la Casa Blanca desde el 20 de enero próximo, ese esquema de supervivencia ya no funcionará. Trump ha advertido que los acuerdos de Obama en favor de los Castro se cancelarán a menos que haya certeza de que el régimen libere a los presos políticos, restituya las libertades, convoque a elecciones, extradite a criminales.
Puesto que ello no ocurrirá de manera espontánea con Raúl Castro y su séquito, Donald ha prometido confirmar el embargo a la Isla, lo que implica prohibición de comerciar e invertir e incluso de hacer turismo. La razón es simple: el potencial flujo de dólares no beneficiará al pueblo sino a la pandilla civil/militar que lo controla todo.
Fidel, según testimonio de su guardaespaldas por 17 años, Juan Reinaldo Sánchez (en su libro “La Vida Oculta de Fidel Castro”, 2014) hizo fortuna a través de múltiples empresas, inclusive las de narcotráfico, acumulando las ganancias en cuentas cifradas bajo el nombre “El Jefe Comandante” en bancos extranjeros. Según la revista Forbes, la fortuna de Fidel, que heredarán Raúl y familia, es de 800 millones de dólares (en el 2005).
Si el clan Castro se asfixia por falta de ingresos con el cerco Trump y si paralelamente se desarrollan otros medios de estímulo a la insurgencia interna, es posible que el régimen tiránico se desmorone antes de que Raúl ceda el mando a dedo en el 2018 a alguien, a su hijo o a su yerno, como lo hizo Fidel con él y que “algo bueno” ocurra antes en Cuba.
Los cubanos en el exilio han celebrado jubilosos la muerte de Fidel en las calles de Miami, concretamente en la cubanísima Calle Ocho y esperan, con Trump, que finalmente lleguen los días de una Cuba libre sin las traiciones de último momento de Kennedy con el plan Bahía de Cochinos o la reciente capitulación de Obama.
Las marchas en la Calle Ocho traen a la memoria las imágenes de las calles de Roma de la gente marchando frente a los postes de luz de los que pendían, boca abajo, los cadáveres de Mussolini y su amante. Y de las imágenes de Ceausescu y su mujer, ajusticiados por un pelotón de fusilamiento tras un juicio breve que duró una hora.

¿Qué tal si Fidel Castro hubiera corrido esa suerte en los albores de 1960, cuando traicionó las promesas de una Cuba en libertad? Cuánta sangre, terror y miseria se habría evitado.

(A continuación se publica el artículo de O´Grady y luego el análisis del WSJ sobre el significado de 57 años del castrismo en Cuba)




Counting Castro's Victims


"On May 27, [1966,] 166 Cubans -- civilians and members of the military -- were executed and submitted to medical procedures of blood extraction of an average of seven pints per person. This blood is sold to Communist Vietnam at a rate of $50 per pint with the dual purpose of obtaining hard currency and contributing to the Vietcong Communist aggression.
"A pint of blood is equivalent to half a liter. Extracting this amount of blood from a person sentenced to death produces cerebral anemia and a state of unconsciousness and paralysis. Once the blood is extracted, the person is taken by two militiamen on a stretcher to the location where the execution takes place."
-- InterAmerican Human Rights Commission, April 7, 1967
This weekend marks the 47th anniversary of the triumph of the "26th of July Movement," which many Cubans expected would return their country to a constitutional government. Fidel Castro had other ideas of course, and within weeks he hijacked the victory, converting the country into one of the most repressive states in modern history.

Waiting for Fidel to die has become a way of life in Cuba in the past decade. Conventional wisdom holds that the totalitarian regime will hang on even after the old man kicks the bucket. But that hasn't stopped millions from dreaming big about life in a Fidel-free Cuba.
Cuban reconciliation won't come easy, even if Fidel's ruthless, money-grubbing little brother Raul is somehow pushed aside. One painful step in the process will require facing the truth of all that has gone on in the name of social justice. As the report cited above shows, it is bound to be a gruesome tale.
The Cuba Archive project (www.cubaarchive.org) has already begun the heavy lifting by attempting to document the loss of life attributable to revolutionary zealotry. The project, based in Chatham, N.J., covers the period from May 1952 -- when the constitutional government fell to Gen. Fulgencio Batista -- to the present. It has so far verified the names of 9,240 victims of the Castro regime and the circumstances of their deaths. Archive researchers meticulously insist on confirming stories of official murder from two independent sources.
Cuba Archive President Maria Werlau says the total number of victims could be higher by a factor of 10. Project Vice President Armando Lago, a Harvard-trained economist, has spent years studying the cost of the revolution and he estimates that almost 78,000 innocents may have died trying to flee the dictatorship. Another 5,300 are known to have lost their lives fighting communism in the Escambray Mountains (mostly peasant farmers and their children) and at the Bay of Pigs. An estimated 14,000 Cubans were killed in Fidel's revolutionary adventures abroad, most notably his dispatch of 50,000 soldiers to Angola in the 1980s to help the Soviet-backed regime fight off the Unita insurgency.
The archive project can be likened to the 1999 "Black Book of Communism," which documented the world-wide cost of communism, noting that "wherever the millenarian ideology of Communism was established it quickly led to crime, terror and repression." The Castro methodology, Cuba Archive finds, was much like that used in Poland and East Germany, less lethal than Stalin's purges, but equally effective in suppressing opposition.
In the earliest days of the revolution, summary executions established a culture of fear that quickly eliminated most resistance. In the decades that followed, inhumane prison conditions often leading to death, unspeakable torture and privation were enough to keep Cubans cowed.
Cuba Archive finds that some 5,600 Cubans have died in front of firing squads and another 1,200 in "extrajudicial assassinations." Che Guevara was a gleeful executioner at the infamous La Cabaña Fortress in 1959 where, under his orders, at least 151 Cubans were lined up and shot. Children have not been spared. Of the 94 minors whose deaths have been documented by Cuba Archive, 22 died by firing squad and 32 in extrajudicial assassinations.
Fifteen-year-old Owen Delgado Temprana was beaten to death in 1981 when security agents stormed the embassy of Ecuador where his family had taken refuge. In 1995, 17-year-old Junior Flores Díaz died after being locked in a punishment cell in a Havana province prison and denied medical attention. He was found in a pool of vomit and blood. Many prison deaths are officially marked as "heart attacks," but witnesses tell another story. The project has documented 2,199 prison deaths, mostly political prisoners.
The revolution boasts of its gender equality, and that's certainly true for its victims. Women have not fared much better than men. In 1961, 25-year-old Lydia Pérez López was eight months pregnant when a prison guard kicked her in the stomach. She lost her baby and, without medical attention, bled to death. A 70-year-old woman named Edmunda Serrat Barrios was beaten to death in 1981 in a Cuban jail. Cuba Archive has documented 219 female deaths including 11 firing squad executions and 20 extrajudicial assassinations.
The heftiest death toll is among those trying to flee. Many have been killed by state security. Three Lazo children drowned in 1971 when a Cuban navy vessel rammed their boat; their mother, Mrs. Alberto Lazo Pastrana, was eaten by sharks. Twelve children -- ages six months to 11 years -- drowned along with 33 others when the Cuban coast guard sank their boat in 1994. Four children -- ages three to 17 -- drowned in the famous Canimar River massacre along with 52 others when the Cuban navy and a Cuban air force plane attacked a hijacked excursion boat headed for Florida in 1980.
The horror of that event cost one more life: After visiting survivors in the Matanzas hospitals, the famous revolutionary guerrilla Haydée Santamaría, already in despair over the massive, inhumane boat exodus from the Port of Mariel, killed herself. That was a tragic admission of both the cost and failure of the revolution. The only riddle left is how, 25 years later, so-called "human rights" advocates like Argentine President Nestor Kirchner still embrace the Castro regime.
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Cuba's former president Fidel Castro, pictured in 2003, has died at age 90. Photo: Zuma Press
Fidel Castro’s legacy of 57 years in power is best understood by the fates of two groups of his countrymen—those who remained in Cuba and suffered impoverishment and dictatorship, and those who were lucky or brave enough to flee to America to make their way in freedom. No progressive nostalgia after his death Friday at age 90 should disguise this murderous and tragic record.
Castro took power on New Year’s Day in 1959 serenaded by the Western media for toppling dictator Fulgencio Batista and promising democracy. He soon revealed that his goal was to impose Communist rule. He exiled clergy, took over Catholic schools and expropriated businesses. Firing squads and dungeons eliminated rivals and dissenters. 
The terror produced a mass exodus. An April 1961 attempt by the CIA and a small force of expatriate Cubans to overthrow Castro was crushed at the Bay of Pigs in a fiasco for the Kennedy Administration. Castro aligned himself with the Soviet Union, and their 1962 attempt to establish a Soviet missile base on Cuba nearly led to nuclear war. The crisis was averted after President Kennedy sent warships to intercept the missiles, but the Soviets extracted a U.S. promise not to invade Cuba again.
The Cuba that Castro inherited was developing but relatively prosperous. It ranked third in Latin America in doctors and dentists and daily calorie consumption per capita. Its infant-mortality rate was the lowest in the region and the 13th lowest in the world. Cubans were among the most literate Latins and had a vibrant civic life with private professional, commercial, religious and charitable organizations.
Castro destroyed all that. He ruined agriculture by imposing collective farms, making Cuba dependent first on the Soviets and later on oil from Hugo Chávez’s Venezuela. In the past half century Cuba’s export growth has been less than Haiti’s, and now even doctors are scarce because so many are sent abroad to earn foreign currency. Hospitals lack sheets and aspirin. The average monthly income is $20 and government food rations are inadequate. 
All the while Fidel and his brother Raúl sought to spread their Communist revolution throughout the world, especially in Latin America. They backed the FARC in Colombia, the Shining Path in Peru and the Sandinistas in Nicaragua. Their propaganda about peasant egalitarian movements beguiled thousands of Westerners, from celebrities like Sean Penn and Danny Glover to Secretary of State John Kerry, who on a visit to Havana called the U.S. and Cuba “prisoners of history.” The prisoners are in Cuban jails. 
On this score, President Obama’s morally antiseptic statement Saturday on Castro is an insult to his victims. “We know that this moment fills Cubans—in Cuba and in the United States—with powerful emotions, recalling the countless ways in which Fidel Castro altered the course of individual lives, families, and of the Cuban nation,” Mr. Obama said. “History will record and judge the enormous impact of this singular figure on the people and world around him.” Donald Trump, by contrast, called Castro a “dictator” and expressed hope for a “free Cuba.”
Mr. Obama’s 2014 decision to normalize U.S.-Cuba relations has provided new business opportunities for the regime but has yielded nothing in additional freedom. Americans can now travel and make limited investment in Cuba but hard-currency wages for workers are confiscated by the government in return for nearly worthless pesos. In 2006 Forbes estimated Fidel’s net worth, based on his control of “a web of state-owned companies,” at $900 million.
The hope of millions of Cubans, exiled and still on the island, has been that Fidel’s death might finally lead to change, but unwinding nearly six decades of Castro rule will be difficult. The illusions of Communism have given way to a military state that still arrests and beats women on their way to church. China and Russia both allow more economic freedom. The regime fears that easing up on dissent, entrepreneurship or even access to the internet would lead to its inevitable demise.
Castro’s Cuba exists today as a reminder of the worst of the 20th century when dictators invoked socialist ideals to hammer human beings into nails for the state. Too many Western fellow-travelers indulged its fantasies as long as they didn’t have to live there. Perhaps the influence of Cuba’s exiles will be able, over time, to reseed the message of liberty on the island. But freedom starts by seeing clearly the human suffering that Fidel Castro wrought.


Tuesday, November 22, 2016

EL INFLUJO DE LOS MEDIOS

Solo una personalidad de la talla titánica de Donald J. Trump pudo haberse impuesto al cerco impuesto en su contra por la mayoría de los medios de comunicación audiovisuales y escritos de este país, para salir triunfante en las elecciones presidenciales del pasado 8 de este mes.
La batalla para frustrar sus aspiraciones se inició a pocas horas de que descendiera por la escalera mecánica al vestíbulo de su Torre Dorada en Manhattan, acompañada de Melania, para anunciar en junio del 2015 que había resuelto terciar en los comicios por el partido republicano.
A los medios se sumaron en la campaña anti Trump altos dirigentes del GOP y columnistas que se auto definieron como conservadores puristas que repudiaban a un candidato que según ellos no lo era, pese a que sus declaraciones políticas expresaban precisamente lo contrario.
El problema de los medios y de la dirigencia del GOP o establishment era que Donald Trump aparecía como un intruso inmanejable, que proclamaba desde el primer día luchar contra un establishment bipartidista que mantenía estancado a Washington en favor de intereses creados, en perjuicio de “la clase media olvidada”.
Los medios distorsionaron la imagen y la palabra de Trump, abiertamente inclinados en favor de la progresista de un parrtido democráta que había sucumbido al manejo de ideólogos de un socialismo marxista. En el caso del GOP, preferían un candidato flexible al estilo Jeb Bush, o a alguien que fracase en favor de la candidata demócrata Hillary Clinton.
Junto con la manipulación de informaciones y artículos de opinión, que se entremezclaban para el público consumidor, la distorsión de la realidad se acentuó con el abusivo manejo de las encuestas. Hasta último momento, la victoria se asignaba a Hillary, citando cifras estadísticas y entrevistas y vociferaciones y mentiras anti Trump.
La admirable repuesta de la mayoría del pueblo norteamericano dejó sin aliento y en algunos con lágrimas y expresiones de histeria a columnistas y expertos encuestadores que no se explicaban por qué se equivocaron. Algunos expresaron un mea culpa, otros prometieron corregirse pero los más continúan su batalla contra Trump.
Desde luego que el periodismo debe criticar al gobierno. La Enmienda Primera de la Constitución lo garantiza, advirtiendo que el ejercicio de esa libertad no necesita ley. Porque los medios expresan lo que la gente piensa de sus gobiernos y los gobiernos están en el poder temporalmente para garantizar los derechos individuales de sus ciudadanos.
Pero el ejercicio de la libertad de expresión por los medios se corrompe si los medios dejan de ser independientes, sea por sujeción a intereses de muy notorio poder, sea por la imposición a un mandato ideológico político en su producto editorial e informativo, como ha sido evidente en la última camapaña electoral.
En otros países la situación es peor. Quien esto escribe era Director de El Comercio en la presidencia de Rodrigo Borja. Escribía con mi nombre una columna, cuando comencé a criticar las políticas del mandatario en lo económico. Borja, amiga de la dueña del Diario, se irritó y quejó.  Tuve que suspender mi columna.
“El Diario está para ayudar el Gobierno”, fue la excusa. Renuncié. Más Rafael Correa fue Presidente. Removió a los congresistas, rehizo la Corte Suprema y cometió otros actos dictatoriales como el acoso a periodistas opositores, que culminó con la la Ley Mordaza, según la cual es el gobierno el que regula a los medios, no los medios los que vigilan al gobierno.
El Comercio y otros medios del Ecuador nada significativo hicieron para frenar a Correa o impedir la Ley Mordaza. Cuando Jorge Mantilla Ortega estaba de Director enfrentó a Velasco Ibarra y a su ministro de Gobierno Camilo Ponce para impedir un atropello mucho menor y fue a la cárcel y al Diario lo clausuraron.
Si Mantilla Ortega hubiese estado de Director con Correa, es probable que éste no hubiese avasallado al país como lo ha hecho. Pero falleció en un accidente de tránsito y la historia no se rehace. El Comercio a la postre fue vendido a un empresario extranjero, en violación de la insólita Constitución del Ecuador. La Ley Mordaza sigue en pleno vigor, aunque poco se la aplica pues prima la autocensura de los medios.
En Estados Unidos, el “fenómeno” Trump debe generar, entre otros efectos benéficos para la democracia acosada por el progresismo, una revisión de los ejecutivos, propietarios y periodistas sobre el verdadero papel que les toca desempeñar en la comunidad: informar imparcial y objetivamente  sobre cualquier acontecimiento político o no, público o privado.
Y evitar la tentación de inmiscuir las preferencias políticas del reportero o del propietario en la redacción del material informativo porque ello es contrarpoducente para la credibilidad y las finanzas de los medios. La reducción en la publicidad y sintonía y en las suscripciones de los medios políticamente sesgados, es irrefutable.
En el Ecuador, a lo largo del siglo XIX y comienzos del siglo XX la mayoría de medios de comunicación era en extremo liberal o en extremo conservador. En 1906 surgión en los Mantilla la idea de crear un  medio independiente y el buen éxito fue casi instantáneo, hasta que la noción de independencia cedió al poder de un autócrata.
En Estados Unidos el Diario The New York Times, fundado en 1851, ha sido reconocido como el adalid, pese a fallas como el silencio ante los genocidios de Stalin y Mao y ahora la campaña errónea anti Trump, que admite haber cometido. Inclusive The Wall Street Journal, algfo más “limpio”, ha incurrido en prejuicios iniciales sobre la candidato triunfador.

Con ánimo conciliador, Donald Trump ha reunido a dirigentes y periodistas clave de los medios y del NYT para dialogar en privado sobre la situación. Es de confiar que el “gran negociador” obtenga respuesta positiva para lograr de ellos lo que el público espera: mayor y honesto profesionalismo. Es decir, respeto a la Constitución, que es la meta de Trump y de los que votaron por él, pese a la cortina de humo de los medios.