Monday, May 31, 2010

LA REDISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA

Hillary Clinton, Secretaria de Estado de los Estados Unidos, acaba de incursionar en el campo de la economía, que no es el suyo, para decirle al mundo que la manera de reducir la pobreza es transferir a los pobres el dinero que en exceso tienen los ricos.

Es la teoría de la redistribución de la riqueza que pregona su jefe Barack Hussein Obama, a quien ella combatió con ferocidad mientras los dos disputaban la candidatura presidencial por el partido demócrata. Hillary perdió y ahora es una servidora de él, dócil e inocua.

Clinton, como Obama y la mayoría de demócratas que están en el plan de debilitar a la democracia liberal y capitalista (que ha engrandecido a esta nación a niveles nunca antes alcanzado) para “socializarla” al estilo europeo, cree que los ricos no pagan lo suficiente en este país.

Utilizó, sin base, el ejemplo de Brasil. Dijo que allí los “ricos” pagan más impuestos que en ninguna otra parte y que esta medida ha sido la causa para que la clase media crezca y se fortalezca de modo impresionante.

Pero lo impresionante es la ignorancia audaz de Hillary. Si usted tiene acceso al Internet inclusive por iPod, Blackberry o cualquier otra mini computadora, podrá sin dificultad bucear y hallar que el impuesto a la renta en el Brasil va del 0% al 27%. En los Estados Unidos el impuesto llega al 35% para los de más altos ingresos (350.000 dólares anuales o más).

Pero aparte de las falsedades, lo que está oculto en el mensaje de Hillary y que es consustancial a Obama y su equipo, es la idea de que gravar más a los ricos enriquecerá automáticamente a los pobres. Quizás haya ingenuos que crean, por ejemplo, que la transferencia sería tan automática como en una transacción bancaria.

En efecto, con las modernas tecnologías que se han adoptado en el negocio de la banca, hoy es posible transferir fondos de una cuenta a otra, en segundos, desde cualquier punto del planeta. Basta tener fondos, cuentas y una computadora y el giro se hace mágicamente y a un costo iirrisorio.

Con ello en mientes, acaso haya gente que crea que con la sola decisión de Obama la transferencia de riqueza prometida podría darse ipso facto y que la igualación de ingresos sobrevendría también mágicamente como si el oro fluyera por vasos comunicantes.

La realidad es otra. La gravación como castigo a los ricos por ser ricos puede generar más recursos pero no para los pobres, sino para el fisco, o sea para el tesoro nacional. Son más impuestos que castigan al sector privado más próspero y generador de empleo, pero que se utiliza para elevar el gasto público no para crear empleo productivo, sino burocrático y que con los subsidios, incrementa la inflación y la deuda.

Obama y sus fieles, al igual que Chávez, Ortega, Correa y los demás de su ralea que profesan igual religión del socialismo del siglo XXI, maldicen al sector privado empresarial y hacen todo lo posible por “demonizarlo” y cercarlo con restricciones, impuestos y trampas.

En Venezuela la aventura socialista concentradora del poder y de fomento del Estado Protector se ha sostenido por alunos años debido al recurso extra del petróleo. Algo de ello ha habido también en el Ecuador de Correa pero en ambos países la crisis económica se agudiza y ahonda por la simple razón de que hay un límite al exceso de un gasto público que no se equilibra con ingresos.

La deuda pública en los Estados Unidos ha llegado en año y medio a más de 13 trillones de dólares, que es un peso de unos 170.000 dólares sobre cada uno de sus casi 300 millones de habitantes. La barca socialista en la Unión Europea ha comenzado a hacer agua por todos los costados, con el ejemplo primero de Grecia. Luego vendrán Portugal, España, Reino Unido.

Las invectivas de Obama/Clinton contra los empresarios es injusta desde todo punto de vista. Según cifras oficiales del IRS, Oficina de Recaudación de Impuestos, el 1% de la población más gravada paga más de la tercera parte de los ingresos fiscales, 34.27% mientras que el 47% del total de la población no paga ningún impuesto, sea por sus bajos ingresos o por exenciones. La mitad de la población, pues, goza de protección de la defensa nacional y pública, de las obras de infraestructura y educación, sin pagar un centavo.

En general, dice el IRS, ese 50% que si paga impuestos a la renta cubre el 96.54% del total de los ingresos que benefician a toda la nación. H. Clinton y su patrón quieren aumentar el impuesto a los ricos (el 1 de enero del 2011 cesarán las exenciones de GW Bush, su antecesor), pero la medida acaso registre un ingreso adicional solo temporal, pues disminuirá si el peso tributario persiste.

El cese de la exención tributaria significa más impuestos que los que ya existen, sobre todo para ganancias de capital, corporaciones e inversiones en general. Históricamente, esto implica reducción del ahorro y una baja en las inversiones y creación de empleos (con la adicional fuga de capital a países menos hostiles) y, por lógica, menos dinero para la tributación. (El aumento de impuestos a las corporaciones se transmite al los precios que pagan los consumidores por sus bienes o servicios).

Los “pobres”, a los que supuestamente quieren favorecer los obamas y chávez del mundo, sufrirán el mayor impacto por esta constricción de la riqueza. Por otro lado, es probable que frente al deterioro en la calidad de la vida, los ideólogos y conductores del Estado Protector lejos de resringir el gasto lo aumenten para ahondar el poder y control político.

En los países sin solidez democrática, como Venezuela o Ecuador, las crisis usualmente terminan sembrando autocracias y mayor represión lo cual desemboca en revueltas populares para derrocar al dictador. En la Europa de hoy la imbricación de inversiones e intereses comunes entre los socios de la UE hacen inviable el retorno a las autocracias del pasado.

Pero la estabilidad de la UE está en entredicho y probablemente el ensayo de politizar a la unión económica con moneda y el parlamento comunes estalle pronto en añicos. En cuanto a los Estados Unidos la vía pacífica de las urnas para salir del actual atolladero con Obama, no se descarta y la respuesta se tendrá este próximo noviembre con las elecciones de nuevos legisladores y algunas autoridades estatales. El acto electoral será un referendum sobre Obama y si es condenatorio, el país podrá salvarse.

En otras latitudes la victoria de Santos en Colombia es alentadora. Una vez más las encuestas se equivocaron y la diferencia que obtuvo sobre su caricaturesco rival Mockus fue contundente y y se presagia una ratificación igualmente contundente para la segunda vuelta del 20 de junio próximo.

Los colombianos y Uribe son, en el fondo, los grandes vencedores y no cabe sino felicitar a uno y otros. Uribe termina su ciclo triunfal con el 78% de aprobación, reducción del 54% al 46% de la pobreza (del 19% al 12.3% en el sector urbano) y puesta en jaque al narcoterrorismo de las FARC, a los cuales el ministro de Defensa de Correa insiste en llamarlos luchadores por la libertad.

Uribe, en 8 años, ha transformado a Colombia, que había sucumbido ante el terrorismo y la inseguridad debido a la vacilación y complacencia de sus predecesores. “Uribe ha hecho por nosotros los colombianos lo que hizo a su tiempo Reagan por los norteamericanos”, dijo una comentarista de TV: “ha restaurado la fe y el orgullo por nuestro país”. (Reagan sucedió a Carter, demócrata, en la presidencia: con él, la inflación subió al 13% y cayó por los suelos el prestigio de USA, con la crisis de los rehenes en Irán).

Uribe nunca pensó en castigar a los ricos con más impuestos sino en facilitar y ampliar las oportunidades a la inversión nacional y extranjera como fuente de creación de riqueza y empleo. No se aisló, como Correa, del mundo financiero internacional ni succionó el ahorro popular de las cajas de seguridad social para pagar sueldos.

Juan Manuel Santos, de la familia propietaria de gran diario El Tiempo de Bogotá, seguirá los principios fundamentales que inspiraron a Uribe, a quien sirvió como su ministro de Defensa. Entre los principios, el básico de la seguridad interna será prioritario para gran congoja de Correa. Santos fue el ejecutor del impecable operativo de Angostura, que liquidó a Raúl Reyes y otros guerrilleros agazapados en territorio ecuatoriano bajo el amparo del huésped de Carondelet.

Hay patrioteros que secundan los lamentos de Correa por la incursión militar de Uribe/Santos. Igual se hacía con las “feroces” denuncias contra el “secular enemigo”, el Perú. ¿Cómo terminó la algazara ecuatoriana? En la ratificación sin réplicas del mismo Tratado de Río sobre Límites con el vecino del sur de 1942, echando al olvido toda la literatura vocinglera que siguió al discurso del presidente José María Velasco I.

Con el transcurrir el tiempo y la llegada de gobernantes más sensatos no es difícil predecir que el Ecuador termine por agradecer a Colombia el que sus tropas hayan eliminado ellos (no los ecuatorianos) ese foco guerrillero que constituía un peligro no solo para la seguridad de Colombia y Ecuador, sino de toda la humanidad.

Saturday, May 22, 2010

DECLINACIÓN EN PICADA DE USA

Los Estados Unidos, la mayor potencia terrenal, va camino al precipicio y no por causa de un enemigo exterior sino guiado desde la Casa Blanca por el presidente Barack Hussein Obama y su equipo de colaboradores del Congreso y el gabinete ministerial.

Ellos constituyen una minoría ideológica en el país, que en el pasado tuvieron voz solo en los colegios y universidades y en los medios de comunicación, pero que nunca llegaron a tener un poder político de tanta envergadura como el que ahora ostentan.

La campaña electoral de Obama fue engañosa y la mayoría votó por él en la convicción de que introduciría cambios benéficos para el sistema que ha hecho de este país una superpotencia. Las ofertas fueron vagas, ambiguas y se resumieron en los slogans de “cambio” y “esperanza”.

Mas una vez encaramados en el poder, la verdadera ideología y objetivos de Obama y su equipo quedaron al descubierto. Lo que quieren ellos es minimizar a la nación, quebrantar al sistema de capitalismo democrático y desvanecer la idea de que Estados Unidos es una nación excepcional.

Obama y los de su grupo fueron entrenados e instruídos en las aulas por quienes piensan como los enemigos de los Estados Unidos: que los males y miserias de la humanidad se deben a la explotación de este país, en su posición de líder del sistema capitalista. En consecuencia, la explotación, creen, acabará cuando se acabe el sistema y se doblegue a su principal instrumento de opresión.

Pronto Obama comenzó a pedir perdón a la humanidad por los “pecados cometidos” supuestamente en ese sentido por este país, distorsionando la historia al no señalar los sacrificios que sus ciudadanos han hecho en favor de la libertad no solo propia, sino de otras naciones y de otros continentes en distintas épocas.

La política exterior de Obama ha dado un vuelco a la tradicional mantenida por sus predecesores en la Casa Blanca: la defensa, por sobre cualquier otro interés político o personal, de la seguridad nacional. Tanto demócratas como republicanos no han vacilado en sostener que los ideales de libertad y democracia se basan en la capacidad militar y económica para poder defenderlas.

Obama ha sustituido ese concepto elemental por el del desarme unilateral y su sustitución por la diplomacia del no excepcionalismo y la necesidad de mantener el poder económico y militar como para hacer cumplir y respetar las leyes y acuerdos internacionales.

El nombre Hussein confirma las raíces culturales islámicas de Obama, lo cual ha puesto en evidencia en múltiples ocasiones. En Egipto falseó la historia cuando dijo que el islamismo ha jugado en este país un papel tan importante, o mayor, que el judeocristianismo. Concomitantemente, en uno de sus primeros actos ordenó la repatriación a Londres de la estatuila de Churchill donada por Tony Blair a George W Bush para la Oficina Oval de la Casa Blanca.

Frente a Irán ha cedido en todos los planos a la arremetida de sus líderes por converrtir a ese país en una potencia nuclear y nada ha respondido a sus continuas amenzas de pulverizar a Israel en una semana. Al contrario, en su visita oficial a la Casa Blanca, humilló al líder de Israel Benjamin Netanyahu como si él fuera el enemigo del mundo libre y no Ahmadinejad.

En lo interno, desde el primer instante ha adoptado medidas para estancar al sistema económico de libre empresa. La deuda externa ha llegado a los 13 trillones de dólares, incluidos los torrentes de dólares para estatizar a la General Motors y rescatar a financieras fraudulentas. Ese dinero, que es de los contribuyentes, no ha creado empleo en el sector privado y si en el sector público de la privilegiada burocracia.

En esa monstruosa deuda está inmersa también la estatización de los servicios de salud, que reducirán la oferta de protección y encarecerán los costos. En el sector bancario está en proceso de aprobación otra reforma legal que no hará sino acentuar la intervención del Estado en el mercado, que fue causa precisamente del descalabro del sector hipotecario que dio origen a la crisis con repercusión mundial.

Aún cuando es clarísimo el daño ocasionado por las políticas estatistas y de excesivos subsidios sin respaldo, como en Grecia y en general en toda Europa y países menores como Venezuela o Ecuador, Obama insiste en el incremento del gasto y amenaza con más impuestos y la no prórroga de las exenciones tributarias acordadas por Bush.

Estos manejos de las economías deprimen el ahorro y la inversión. Con ello las recaudaciones bajan mientras las razones políticas obligan a mentener los subsidios a los que no son “ricos”, por explotación de los “ricos”. Pero dado que la riqueza no la crean los burócratas sino los que ahorran e invierten en empresas que a su vez crean (porque necesitan) empleo, la crisis a la postre es inevitable.

Churchill, Thatcher y otros políticos y pensadores han opinado que esa actitud utopista, llámese socialista o fascista o estatista, que pretende proteger a los desprotegidos con un plumazo burocrático, funciona muy bien.. hasta que se acaba el dinero...de los que trabajan y crean riqueza. Es lo que está ocurriendo en Europa con el caso “estelar” o pionero de Grecia y al que pronto pueden seguir Portugal, España y la propia Inglaterra.

Estas realidades de Obama y su equipo, en el afán de colocar a los Estados Unidos en igualdad de condiciones que otros países, humillándolo y debilitándolo, son ahora comprendidos por la mayoría de ciudadanos de este país. Y no quieren que continúe. Lo dicen con claridad y persistencia las encuestas de todos los grupos y las varias elecciones de las recientes semanas.

Pero ello al parecer no preocupa ni a Obama ni a sus congresistas de las dos cámaras, que lo siguen servilmente con la adición de algunos repblicanos que lo son solo epidérmicamente. La negativa al proyecto de reforma a la ley de salud, por ejemplo, fue rechazada por la mayoría del pueblo antes y después de su aprobación, pero a él eso no le arredra. Ignoró la tradición y los reglamentos y consiguió que se apruebe con votos exclusivamente demócratas, algo aquí sin antecedentes.

Ha prohibido que el Departamento de Estado, el Pentágono y las agencias de inteligencia se refieran a los terroristas islámicos como tales y no tiene ningún empeño en impulsar el castigo a los jihadistas que han perpetrado cuatro atentados terroristas en suelo norteamericano durante su gestión, uno de ellos con muerte de 13 soldados en el interior de un campo militar. (No hubo ningún atentado en los ocho años de Bush, tras el 11 de septiembre del 2001).

Ha ordenado que se aprese a los que insistan en que Hawaii exhiba el certificado de nacimiento de Obama. No lo ha presentado jamás, pese a las demandas judiciales bloqueadas por el sistema. Tampoco es posible conseguir documentación sobre la beca Fulbright que obtuvo para estudiar como estudiante extranjero. Hay testimonios familiares de que Barak Hussein nació en Kenya y que viajó con pasaporte británico a Pakistán.

Con las recientes elecciones, en las cuales todos los candidatos apoyados por Obama perdieron, se tiene la esperanza de que en noviembre próximo, cuando se renueven algunos puestos clave en el Senado y en la Cámara de Representantes, los republicanos recuperen el control del Congreso para frenar las estretegias antinorteamericanas de Obama y su equipo. Algunos analistas afirman que es eso lo que su sucederá, pero quizás esa sea una visión muy optimista.

Fundamentalmente porque Obama y los suyos, una vez apropiados del poder, no van a querer deshacerse de él por el pacífico y democrático medio de los votos. Emplearán cualquier táctica copiada de la mafia política de Chicago, de la que provienen, para cerrar el paso a tal posiblidad. Incluso el fraude no sería descartable o cualquier otro recurso más sofisticado que los empleados en parecidas circunstancias por un Chávez o un Correa.

La indignación popular contra Obama y su desacralización de USA crece día tras día. Y si ella se refleja en las urnas en noviembre y es obstruída por alguna maniobra siniestra del gobierno demócrata, cualquier estallido de descontento podría estremecer a esta nación. Y al mundo.


Sunday, May 9, 2010

¿QUÉ CAUSÓ EL COLAPSO DE LA BOLSA?

Las transacciones en la Bolsa de Nueva York sufrieron una caída de casi mil millones de dólares la semana pasada, la mayor en decenios y pronto brotaron las cábalas para tratar de explicar fenómeno tan descomunal.

Algunos especularon que tras de todo ésto estaban los chinos, dueños de la mayor parte de la deuda astronómica de los Estados Unidos. Objetivo de alguna maniobra cibernética habría sido presionar a Obama para que acelere el alza de impuestos internos para pagar esa deuda.

Otros indicaron que todo fue por error de alguno de los “brokers” que en lugar de marcar millones en el teclado de la computadora, oprimió la tecla de billones en una transacción de ventas. En segudos el pánico cundió y los demás brokers se dedicaron a una venta alocada de acciones.

También hay quienes han especualdo que hubo alguien del gobierno en la maquinación del error. Obama, empeñado en hostilizar a la banca privada y en general al sistema de libre mercado, habría ideado la maniobra para demostrar que la Bolsa es frágil, inestable, impredecible y por tanto inconveniente, por lo que se imponen más restriccciones a sus operativos por parte del Estado, o sea él.

Es probable que las causas de lo sucedido en la Bolsa no vayan más allá de las especulaciones. Lo que si es una realidad innegable por factual, es que los corredores están nerviosos por lo que está sucediendo con la economía y que, con un primer signo voluntario o involuntario, de una crisis imprevista, se dispararon desesperadamente a vender por todos los medios casi 1.000 millones de dólares en valores en cosa de minutos.

¿Qué revela esta actitud? Temor y desconfianza en los inversionistas por las medidas anti empresariales y anti mercado del actual régimen. Obama ha dicho repetidamente que hay empresarios que ganan demasiado y que hay que redistribuir su riqueza entre los pobres, mediante más impuestos a los “ricos”.

Es la ficción de todo utopista de izquierda convencido de que la felicidad se ha de alcanzar con la igualdad, no de oportunidades para progresar y mejorar, sino con igualdad de resultados. Para intentarlo urge una mayor intervención del Estado para restringir las libertades individuales. Los regímenes fascistas así surgidos, de izquierda o derecha, fracasan pues no logran sino generar más pobreza y desprotección entre los débiles.

Obama, sin recurrir al Congreso, creará automáticamente y sin rúbrica alguna un impuesto del 10% a los ricos a partir del 1 de enero del año próximo. La víspera caducará el “tax-cut” o corte de impuestos, de su predecesor George W Bush a los gananacias de capital y dividendos y no lo renovará. Lo que hacen ahora los inversionistas es vender sus acciones para evitar pagar un 10% más de impuestos el año venidero.

Eso explica por qué la Bolsa de Nueva York ha estado al alza, superando los 11.000 puntos. La gente se preguntaba y con razón cómo la Bolsa lucía tan pujante, mientras los indicadores reflejaban una virtual recesión de la economía con un desempleo del 9.9%, uno de los más elevados desde hace diez años y un mercado hipotecario a la deriva.

Las razones parecen ser las que se indican: las empresas venden sus activos, los bancos no prestan y prefieren bonos del Tesoro nacional menos rentables pero menos riesgosos. Cuando llegó la señal inesperada de una súbita venta billonaria, la tendencia se desbordó y aún no se recupera pese a las rectificaciones divulgadas.

La recesión es real y la precipitó el descalabro en el mercado de hipotecas. A la banca se le forzó a conceder hipotecas a los que no tenían respaldo, en aras de la “justicia social”. Los bancos se respaldaron en garantías del fisco a través de entes financieros oficiales como Sallie Mae y Freddy Mac. Si los bancos no recuperaban los préstamos de los no idóneos, el vacío era cubierto con fondos fiscales de esos entes.

La burbuja artificial, creada por los demócratas desde la Casa Blanca y el respaldo de la bancada demócrata del Congreso, estalló y con ello vino no una enmienda a los errores de intervención estatal, sino más de lo mismo.

Obama decidió que se subsidie las pérdidas con dinero fiscal, dinero de los contribuyentes. En lugar de correctivos, fomentó un mayor crecimiento de la deuda pública. La medida no influyó en la creación de empleo, salvo por el lado del sector público.

Paralelamente, manipuló la aprobación de la estatización de la salud y con ello la deuda pública se elevó a más de tres trillones de dólares. La receta, obvia, de reducir el gasto público en tiempo de crisis fue sustituida por la de gastar más.

¿Cómo saldar la deuda sin reducir el gasto? Obama cree que la fórmula es la de incrementar los impuestos a los “ricos”. La no extensión del “tax-cut” de Bush es parte de esa fórmula. Anuncia que habrá también una revisión del impuesto a la renta para castigar más a los “ricos”. Su principal asesor en economía ha insinuado ya la necesidad de recurrir al IVA, o impuesto al valor agregado, manteniendo el impuesto a la renta.

La perspectiva económica con tales elementos es tanto más sombría cuanto que en estos momentos la Unión Europea se desploma en medio de una crisis económica resultante de las mismas medidas que Obama y los demócratas persisten en aplicar en USA. La utopía del “welfare state” o estado de bienestar o protector se ha estrellado con la realidad.

El factor culminante ha sido Grecia. Ingresó a la UE y la zona del euro y en un comienzo gozó de las ventajas del mercado ampliado y la oportunidad de recibir inversiones. Pero, como en el Ecuador con la dolarización, no se sujetó a la disciplina fiscal que tal inserción exigía.

Grecia tenía que ajustar el déficit fiscal al 3% máximo del PIB y la deuda pública al 50%. Nada hizo y el déficit más bien subió al 113% . En lugar de castigar al renuente, la UE premió a Grecia otorgándole un préstamo de 146.000 millones de dólares, con lo cual la deuda pública se ha elevado automáticamente del 41.4% al 49.4%. (La deuda pública en USA llega ya al 90% del PNB con Obama)

Es una táctica similar a la de Obama, destinada a dejar intacto el problema de fondo: gastar más de lo que se tiene, válido por igual a nivel público que a nivel familiar. La utopía socialista de redistribuir la riqueza en favor de los pobres funciona hasta que se acaba el dinero. Como en Grecia. En lugar de correctivos se ofrecen agravantes, como dar más ron al que debe estar en plan de recuperarse del alcoholismo.

En la actualidad la burocracia pública en los Estados Unidos supera en número e ingresos a los empleados del sector privado. Los salarios de los burócratas los paga el sector privado, el contribuyente y han llegado a ser tan altos en gran parte por presión de los sindicatos. Pero pronto llegará el momento de la asfixia, como en Grecia y no habrá ni una Alemania ni una China que puedan llegar en auxilio ni siquiera temporal.

Es un axioma que no puede crearse riqueza si se la confisca y transfiere de los “ricos” del sector privado al público. La depauperización general es lo que sobreviene como en la URSS, Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Ecuador. La alternativa para disminuir la pobreza es fomentar la riqueza, hacerla accesible al mayor número de personas mediantes estímulos y oportunidades.

La terminación del tax-cut de Bush es un error. Más impuestos en general, en momentos de recesión, es una total equivocación mayúscula. El sentido común aconseja disminuir las restricciones a la inversión y bajar, no elevar impuestos, facilitar las transacciones comerciales y de valores, liberación plena del mercado.

Mayores obstrucciones estatales a la compleja urdimbre del mercado solo lo entorpecerán. La retórica populista podrá temporariamente favorecer a sus actuales profetas con más poder político, pero a la postre significará su sepultura a un costo social tanto más alto cuanto más tiempo perdure.