Thursday, October 16, 2014

LA DEPRESIÓN AD PORTAS


Los Estados Unidos, al mando del ultra radical Barack Hussein Obama, se está precipitando en un despeñadero de incertidumbres no solo en lo atinente a su economía, sino sobre todo moral. El líder mulato por quien votaron dos veces ciudadanos de todas las razas, ha decepcionado en todos los frentes.
El impacto de su impericia se ha reflejado en todo el orbe y la explicación del fracaso de su gestión es por haber aplicado un modelo de gobierno absorbedor de poderes, el cual a lo largo de la historia, con sus variantes más o menos dictatoriales, siempre han determinado la ruina de las naciones.
Obama,  como “community organizer” (agitador social) en su juventud, por lo visto no tuvo tiempo para revisar la historia de este país y el mundo. Si lo hubiera hecho no habría aplicado ese modelo controlador que puso en marcha para salir de la crisis económica en el 2009. Esa crisis, que heredó de George W Bush, reclamaba precisamente otro modelo.
Uno de los factores acelerantes de la crisis de entonces fue la intervención estatal en el mercado hipotecario. Por presión demócrata, se dispuso que la banca otorgue préstamos para la vivienda a los pobres, sin respaldo de pago. Se obligaba al gobierno a asumir las deudas de préstamos impagos y ello desató la hectombe.
La cual se regó por Europa otros países. Obama, lejos de componer lo que estaba mal, forzó a que se apruebe un gasto de casi mil millones de dólares para “reactivar” la economía. Han transcurrido seis años y el fruto de esa loca aventura es más desempleo, menos inversión en el sector privado, más burocracia, más subsidios, más desconfianza.
Estados Unidos ha tenido recesiones y depresiones en otras épocas de su historia y los orígenes han sido similares, en el siglo XIX, en el XX y en el actual. Cuando las leyes del mercado se distorsionan, sea para anular la competencia, manipular precios o imponer presiones como en el caso de las hipotecas, el esquema se resquebraja.
Cuando Franklin D. Roosevelt llegó a Presidente por primera vez en 1933, el país se hallaba en escombros con la Gran Depresión de 1929. En ese entonces el economista de moda era el británico John Maynard Keynes y de él tomó la receta “milagrosa” para salir de la recesión: incrementar el gasto público, en la creencia de que así demanda y el consumo crecían y por ende la producción.
Receta muy parecida a la de Obama. Con la diferencia de que al menos FDR si dejó obra pública visible y el consiguiente empleo, aunque efímero. Pero el paso de Roosevelt por la Casa Blanca no había resuelto los problemas de fondo, que se refieren a una real creación de riqueza, con la consiguiente estabilidad y aumento constante del empleo. 
Así lo entendió Roosevelt en sus discursos en vivo y en sus célebres alocuciones por la radio, cuando achacaba a los “ricos” como causantes de que la crisis persistiera. Es la misma retórica “liberal” de Obama, con la diferencia, también, de que FDR pertenecía a la alta aristocracia a la que acusaba de un culpa que no tenían.
El advenimiento de la II Guerra Mundial salvó a FDR y a su gobierno. En lo económico, inclusive antes de Pearl Harbor, Roosevelt se comprometió con Churchill a dotarle de armamento y municiones, en la lucha desigual que Gran Bretaña sostenía contra Hitler. Ese solo gesto ya le ubicaba a FDR entre los grandes de la Historia.
Pero para cumplir son el compromiso, Roosevelt tuvo que archivar su retórica antiempresarial. Convocó a los empresarios “perversos”, los instó a sumarse en la cruzada y solo entonces la portentosa potencialidad industrial de esta nación comenzó a funcionar libremente, aunque esta vez con fines militares.
La participación abierta de los Estados Unidos en el Guerra tras el asalto a Pearl Harbor en diciembre de 1941, fue decisiva para la victoria final de los aliados en 1945. Roosevelt, no obstante su parálisis, manejó con firmeza su gobierno. El pueblo, terminada la recesión, lo idealizó y reeligió cuatro veces (y acaso más si no fallecía en el último término).
El auge económico continuó en los Estados Unidos hasta convertir a esta nación en la primera potencia mundial. El eje central de su poderío fue la libertad política y la libertad comercial y empresarial. Pero fue a raíz de la guerra de Vietnam en el decenio de 1960 que este sistema democrártico comenzó a cuestionarse y no desde Moscú sino desde adentro, por parte de una izquierda radical.  
A Obama también fue idealizado en el 2008. Por los negros que hasta 1863 eran esclavos en este país y por los blancos que veían en él a un redentor que los liberaría del peso de los pecados cometidos contra la negritud por sus antepasados. Y por los radicales de izquierda, “progresistas” que creen que solo un gobierno concentrador de poderes es garantía para la felicidad de los pobres.
Los negros son hoy más pobres y los pobres son más pobres con la política de concentración de poderes de Obama. El terrorismo musulmán se expande por todo el Medio Oriente y el Norte de África y en lugar de enviar tropas al frente de batalla, Obama prefiere mandar al legendario Escuadrón 101 a los países de África Occidental para pelear con un enemigo para el cual no están preparados para pelear: el ébola, virus con el cual saldrán contaminados, es decir, derrotados.
El gasto público, que comenzó con los casi 1.000 millones de dólares de subsidio, ha llegado ya en conjunto a los 17.7 trillones (en inglés) de dólares. Europa está desconcertada, los precios del petróleo se cotizan a menos de 80 dólares por barril y siguen a la baja. Obama pide más y más dinero para cada nuevo problema y escollo.¿De dónde sacar ese dinero?
Ni a FDR ni a Keynes les preocupaba la pregunta, porque aparentemenre la respuesta la tenían a flor de labios: para eso estaba la maquinita de imprimir dinero y...más y más impuestos a los ricos “depravados”. Después de todo, a quienes piensan como Obama redistribuir la riqueza por acción directa o imposición de gravámenes (con FDR el de la renta era del 90%) es una fórmula moral y justa.
Las consecuencias, se lo sabe por la historia, nada tienen de moral ni de justas. Allí está, por ejemplo, el caso de Cuba. Ángel Carromero es un joven espñol idealista que conducía el auto de La Habana a Santiago, cuando intencionalmente fue chocado por agentes secretos de Fidel. Él fue arrestado y encarcelado, al igual que el líder cubano Osvaldo Payá, más tarde asesinado.
En una entrevista por TV de promoción de su libro, narra aspectos hórridos de la vida cómun en la Isla. Miseria, caminos intransitables, edificios derruídos, vigilancia permanente de los agentes, angustia y hambre, deseo de fugar. Carromero se libró de la muerte por un acuerdo especial entre el gobierno español y el cubano y vive ahora en Madrid.
Pese a la bancarrota de Cuba, los Castro tienen enorme influjo en  América Latina. A poca distancia está Venezuela. Su policía secreta se ha infiltrado en ese país desde Chávez y ahora Maduro es un títere. Otrora una potencia petrolera, Venezuela pasa hambre y miseria como en Cuba y sin embargo tiene apologistas en Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Argentina. 
El nazismo fue derrotado en la II Guerra Mundial. En Alemania hay tropas de ocupación y la doctrina nazi está prohibida. El caso del comunismo y la URSS es distinto. Moscú fue aliado. La dictadura de Stalin y sucesores fue tan cruenta como la de Hitler pero el imperio rojo se expandió por el orbe, incluyendo a Cuba, en medio de una guerra que en su mayor parte fue fría.
La doctrina comunista, por tanto, no está prohibida. Está fresca en la misma Europa con distintas tonalidades, como la social democracia de la posguerra o el progresismo de los demócratas radicales en Estados Unidos. Saul Alinsky y Bill Ayerst son sus notorios profetas en estas tierras y entre sus más célebres discípulas figuran Obama y su Canciller Hillary Clinton, que aspira a reemplazarlo en el 2016.
Un atinado artículo de opinión del Wall Street Journal dice que lo único que podría salvar de su marasmo moral y económico a los Estados Unidos es un liderazgo político de la envergadura de un Ronald Reagan. Inobjetable. ¿Pero, dónde está esa figura? Dentro de tres semanas habrá lo que se llaman elecciones de medio término para renovar cámaras legislativas, alcaldes y otras funciones como gobernadores estatales. Lo lógico sería que la oposición arrase en los comicios. Pero el ambiente está tan podrido con seis años de Obama que cualquier sorpresa no cabe ser descartada. 
En cuanto a las presidenciales del 2016 la perspectiva de que Hillary sea elegida es escalofriante. Hay quienes la consideran menos talentosa que Obama (fue visible en los debates con él en el 2008 y lo demuestra hoy) pero más a la izquierda. Si llega a la Casa Blanca ¿pueden imaginarse a Bill de Primer Caballero como asesor, en momentos en que no tenga algún lío de faldas?
Sería catastrófico, no solo para este país sino para el mundo libre. Queda la esperanza de que algún líder de la oposición logre consolidarse hasta el 2016, con suficiente o por lo menos con cercana fuerza a la que tuvo Ronald Reagan.
(En el siguiente link, en inglés, se puede escuchar y ver la entrevista hecha a Dick Cheney, quien ha dedicado la mayor parte de sus 73 años de vida al servicio público como legislador, consejero, ministro y finalmente como vicepresidente con George W Bush. La entrevista es fluída y denota a más de la prodigiosa memoria de Cheney, la consistencia total de su modo de pensar, analizar y ver el mundo)

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