Sunday, July 1, 2007

ANALOGÍAS ENTRE FDR Y RC

Es un momento especialmente difícil para las empresas periodísticas y para los periodistas en general, éste que ha creado el presidente Rafal Correa con sus continuos e insultantes ataques contra los medios de comunicación que opinan e informan de una manera que no le satisface.
En su locución radial de ayer, de todos los sábados, que duró 2 horas 23 minutos y que cada vez más se parecen a los diluvios verbales de Fidel Castro y Hugo Chávez, Correa dijo que se referirá a los periodistas exclusivamente con el calificativo de “bestias salvajes”, expresión empleada por el ex primer ministro británico Tony Blair.
Blair estuvo desafortunado en sus críticas generalizadoras contra los medios de comunicación del Reino Unido, que han sido feroces contra él especialmente por su resuelto apoyo a la lucha contra el terrorismo internacional encabezada por los Estados Unidos. Pero jamás insinuó ningún tipo de censura.
La libertad de expresión en el RU tiene una tradición de siglos y su actitud frente a los gobernantes ha sido frontal e implacable, tanto en los medios tradicionales como los de folletín y, en épocas modernas, los audiovisuales. Esa herencia se ha trasladado a los Estados Unidos y rige en Francia y muchos otros países de tradición democrática. Con criterios como los de Correa, la libertad en esos lugares ya no existiría.
¿Qué respuesta dar a las absurdas y constantes diatribas de RC contra los medios de comunicación? Al parecer, la unión de empresarios AEDP ha resuelto no responder de manera directa al mandatario y las réplicas se dan en algunos casos de modo individual y a través de columnistas.
Un hipotético acuerdo de silenciamiento a Correa cuando insulte a la prensa acaso pudiera tener el efecto contraproducente de justificar al Presidente. De otro lado, él es la primera autoridad del país y no cabe silenciarlo. Pero seguir haciendo caso omiso de sus injurias, o referirse a ellas de modo tangencial, podría ser interpretado por Correa como signo de debilidad y acrecentar sus amenazas contra los medios, por otros medios inclusive físicos.
La decisión está, pues, en manos de los dirigentes de las empresas asediadas por la verbosidad insolente y persistente, nunca antes registrada en la historia del país, contando inclusive con las dictaduras militares o civiles.
Adicionalmente, el Presidente reiteró en su intervención radial los lineamientos de su doctrina para implantar en el Ecuador el socialismo del siglo XXI, en consonancia con las directrices de Cuba y Venezuela. Su objetivo es, en suma, confiscar la riqueza de los “2.000 dueños del país” y repartirla entre los 12 millones de ecuatorianos sumidos en la pobreza. Los propietarios del país ya no serán esos 2.000, serán los 12 millones de ecuatorianos, enfatizó.
La mecánica para lograrlo, según él, es simple: congelar los precios del gas, gasolinas, electricidad y ciertos servicios públicos y alimentos para los pobres, bajar los impuestos universales a las ventas y los intereses bancarios y en, compensación, aumentar impuestos a los ricos a la renta, las herencias, los artículos de consumo de lujo, el flujo de capitales.
Su resentimiento social le ha convencido que el libre mercado es el causante de la pobreza en el Ecuador y que la fórmula para revertirlo es aumentar el control del Estado sobre el mercado y las inversiones. Inclusive menciona que una utópica mega refinería en Manabí debería ser financiada y construida por el Estado, no obstante la evidencia del fracaso del manejo estatal en la industria petrolera en todos los niveles.
En repetidas ocasiones se ha demostrado que gravar con más impuestos a la sociedad, asfixia a la economía. La retórica de quitar riqueza a los ricos a través de mayores gravámenes deprime la inversión productiva y en todo caso los fondos por impuestos van a un Estado ineficiente, convertido en hueco negro de absorción de dineros fiscales para burocracia y proyectos inejecutables, por sus orígenes espurios.
Se han citado casos concretos de países en los cuales la transición hacia la democracia política y económica desde las tinieblas de las dictaduras y el control fascista de sociedades, han traído libertad y con ello bonanza en lo económico y cultural.
Pero ahora comienza a analizarse la verdad en torno a las experiencias ocurridas en los propios Estados Unidos con respecto al debate sobre el tema estatización versus empresa privada. Se relaciona con el papel de Franklin D Roosevelt y el efecto real de su New Deal en la economía norteamericana sumergida en la Depresión cuando asumió el poder en el decenio de 1930.
FDR es un mito en USA (algo similar a lo que está ocurriendo con el presidente Ronald Reagan por parte de la derecha radical de este país). Se lo admira sin mayor profundización como líder que sacó al país de la Depresión y luego lo condujo a la victoria en la II Guerra Mundial.
Su New Deal, redactado por jóvenes profesores que visitaron y admiraron a Stalin, se inclinaba por el pensamiento keynesiano de favorecer al Estado sobre la empresa privada como motor del desarrollo. Pero el New Deal no mejoró el empleo ni la economía y más bien fue un factor que ahondó (deprimió más) la Depresión. A su predecesor Herbert Hoover se lo señala también como causante de las Depresión por su supuesta política liberal del “laissez faire”.
Fue lo contrario. Demonizó al mercado libre, a la bolsa de valores, obligó a los empresarios a mantener altos salarios pese a la disminución de ganancias y, en definitiva, aplicó reglas que destrozaron al mercado y generaron la Gran Depresión que se regó por mundo entero.
La crisis solo se mitigó con el advenimiento de la II Guerra Mundial que transformó la industria de paz en industria de guerra y aumentó así el empleo y la riqueza, hasta la victoria.
El diario The Wall Street Journal publica hoy un artículo de valor histórico sobre el tema. Por favor, para leerlo, haga clic en: FDR y escoja la nota de Anity Shlaes.

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