Tuesday, July 3, 2018

¿OTRO SALVADOR ALLENDE?

Salvador Allende llegó a la presidencia de Chile en su tercer intento, exactamente como acaba de lograrlo este domingo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México. 
Los dos líderes se parecen, además, en su ideología socialista marxista. En Chile, Allende fracasó en su intento de seguir el modelo cubano pese a la ayuda personal de Fidel Castro y terminó suicidándose en 1973 ante la embestida militar encabezada por Augusto Pinochet.
Si López Obrador cumple sus promesas de campaña intentará transformar el modelo capitalista, aplicado a medias por la corrupción, por otro de corte socialista con una mayor intervención y regulación del Estado en detrimento de la inversión privada.
Los resultados podrían ser los ya conocidos. En lugar de lograr una "redistribución del ingreso" lo que se obtiene es reducir las libertades individuales y la libertad de mercado y de iniciativa, con la inevitable consencuencia de un empobrecimiento general. La corrupción, que se promete combatir, se agudiza por la hipertrofia de una burocracia  voraz e intervencionista.
El Presidente Donald J. Trump llamó a AMLO por teléfono y conversó con él por 30 minutos. Lo felicitó y dijo que aspiraba a una mutua cooperación para resolver problemas comunes de comercio, inmigración e inversión. El nuevo líder mexicano, que se posesionará en diciembre, aparentemente ofreció esa cooperación.
Tendrá que olvidar, entonces, injurias lanzadas incluso por escrito contra Trump y amenazas absurdas como las de promover la libre emigración desde México a los Estados Unidos no solo de mexicanos sino de latinoamericanos y de ciudadanos venidos de otros continentes. Es un derecho humano, ha dicho, que la gente quiera ingresar libremente a los Estados Unidos.
Tal aseveración y tal propuesta equivalen a una invitación a invadir a un país limítrofe extranjero, no por las armas sino por cualquier otro medio como el chantaje de los traficantes humanos llamados coyotes o los narcotraficantes. Ante tal amenaza, cualquier país debería estar preparado para rechazar tal invasión sea con muros o ejércitos.
La noción de que los Estados Unidos debe abrir sus fronteras a cualquiera que lo desee, sin sujetarse a los trámites legales de Inmigración, es acicateada por el partido demócrata que ha caído en manos del progresismo socialista. El pasado fin de semana hubo manifestaciones en varias ciudades del país en las cuales se condenaba la separación de los menores de edad de los ilegales apresados en la frontera y se reclamaba para unos y otros la amnistía.
Inclusive se acusaba sin fundamento a la Policía de Fronteras de maltratar a los menores, por lo que piden su abolición. En suma, llegan al extremo de clamar por fronteras abiertas y extinción de policía de control de ingreso de criminales, por cruce ilegal de fronteras o por otros crímenes. Todo, dicen, en defensa de la vida y de la unión de la familia.
Por cierto, los menores de edad tienen que ser separados de los padres mientras un juez determina si se acepta o no una petición de asilo. No obstante Trump determinó que se suspenda de todos modos la separación, que es una regulación dictada por regímenes anteriores. En todo caso es el Congreso el llamado a legislar claramente qué procedimiento ha de seguirse, pero los demócratas se niegan a llegar a un entendimiento.
Asombra el cinismo de la gente, especialemente mujeres, que protesta en favor de la vida y la unidad familiar de quienes accede ilegalmente por la frontera sur. Todas ellas son furibundas "pro-choice", es decir, pro aborto que no es sino el asesinato "legalizado" de seres humanos en el vientre materno. Lo defienden como derecho de la mujer a decidir qué hacer con su cuerpo.
Si consideran derecho primario de la mujer, rehuyen contestar que con el aborto en la mayoría de casos están atentando contra el derecho potencial de la que podría ser mujer en su vientre (se conciben más mujeres que hombres) con derecho a vivir, lo cual está protegido por la Constitución.
La decisión Roe vs Wade adoptada por la Corte Suprema de Justicia en 1973 en favor del aborto estuvo condicionada a que se pruebe científicamente en qué momento comienza la vida: si al momento de la concpción o del nacimiento. A estas alturas, ya nadie discute que la vida comienza con la concepción. Y la Constitución garantiza el derecho a la vida en todos los niveles.
La vacancia en la CSJ   de Anthony Kennedy deja la oportunidad a Trump de elegir a un nuevo juez de la calidad del que eligió el año pasado, Neil M. Gorsuch. No se trata de contar con un magistrado de tal o cual partido o de tal o cual tendencia, sino de uno que comprenda que el papel de la Corte es ceñirse a la Constitución, no legislar, como ocurrió con Roe vs Wade o el matrimonio homosexual.
En ningún acápite de la Constitución hay el menor indicio pro matrimonio homosexual. Esta materia, como la del aborto, en última instancia debería ser discutida y sometida a consenso por los Estados, aún cuando quizás el daño haya calado profundo en la moralidad colectiva. En encuestas anteriores sobre el matrimonio homsexual, 37 de los 50 Estados votaron en contra.
Algunos comentaristas han comparado el "porpulismo" de izquierda de López Obrador con el "populismo" de derecha de Trump y se preguntan cuál terminará imponiéndose. ¿Es Trump "populista" en su cruzada por restaurar la vigencia de la Constitución de la República, que venía siendo adulterada por regímenes anteriores, especialmente el de Obama? 
AMLO, si sigue a Allende, lo que quiere es una revolución. Trump no quiere una revolución, quiere la restauración plena de un documento que se ha respetado por casi tres centurias, en contraste con lo que ha ocurrido en el resto del planeta, donde el promedio de vida de las Constituciones ha sido de 19 años desde 1789. 

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