Sunday, August 18, 2013

¿CON EL ENEMIGO O CONTRA EL ENEMIGO?


El pueblo egipcio, tras el derrocamiento de Mubarak, fue a las urnas y eligió a Musir, de la Hermandad Musulmana. Barack Hussein Obama inmediatamente lo respaldó  y siguió respaldándolo cuando Musir hizo lo que siempre había tenido planeado hacer: llevar a Egipto al extremismo musulmán.
La HM, que dio origen a Al Qaida, fue prohibida por Mubarak por su intolerancia y obsesión por borrar del mapa a  Israel y hacer la guerra a Occidente, en contradicción con los acuerdos de Camp David de 1978. Allí, con la mediación de Carter, los palestinos se comprometieron a frenar el terrorismo anti israelí y buscar la paz con Israedl. 
Arafat, que suscribió el tratado con Begin, continuó fomentando el terror hasta su muerte en el 2004. Para un musulmán mentir a un “infiel” (los que no se someten al Islam), no es un pecado como entre los cristianos y de otras religiones, sino una virtud si va en beneficia de “su causa”. 
Para consolidar el tratado árabe/israelí y ayudar a los esfuerzos en favor de la paz, los Estados Unidos ofrecieron una contribución anual a cada facción de aproximadamente 3.000 millones de dólares a cada una, que incluía armas y otros recursos para la defensa.
Mubarack, que sucedió a Anwar  el Sadat, estuvo en el poder desde 1981 al 2011, cuando una insurgencia popular llamada “primavera” lo depuso con la presión de Obama. Pese a la tendencia autocrática de su gobierno, fue una garantía del tratado de Camp David y por ende para la pacificación de la región. Su apoyo a Occidente, su cultura y principios, era evidente y permanente.
Las fuerzas armadas de Egipto, leales a Mubarack, respetaron sin embargo la transición y el resultado de las elecciones en favor de Mursi, un dirigente e ideólogo de la HM. Pero no pudieron soportar sus excesos que la mayoría de la población repudió. Manipuló el sistema, por ejemplo para poner en vigencia la ley Shariah que no contó con un solo voto de la oposición.
Fue una maniobra similar a la empleada por Obama para aprobar la ley de estatización de los servicios de salud u Obamacare, que no tuvo un solo voto republicano y cuya inconstitucionalidad fue dejada de lado por la Corte Suprema, mediante un fallo espurio que todo jurista condena. Igual que la ley Shariah, el propósito es concentrar aún más el poder en manos del ejecutivo gobernante.
Mursi, ya en el poder, no ocultó su desprecio por Israel, por las religiones y cultos no musulmanes y permitió ataques e incendios sobre todo a las iglesias católicas. La ley Shariah consagra la inferioridad de la mujer ante el hombre, condena a homosexuales y delincuentes a penas medievales y reitera que la finalidad última del Islam es implantar el califato mundial. 
La HM, prohibida por Mubarack y las fuerzas armadas 20 años atrás, iba camino de destrozar a Egipto. Los militares, sin pedir permiso a Obama, vieron que era imposible que la experiencia de elegir a un extremista pudiera extenderse y decretaron un golpe militar. Obama quedó perplejo y lo único que atinó a decir es que no se trataba de un “golpe”, prefiriendo “no alinearse” con ningún bando.
Lo cual era y es absurdo. En el fondo, Obama estaba herido de que Musir, su protegido, haya terminado en la cárcel y que la HM vuelva a ser declarada organización terrorista fuera de la ley. La HM reaccionó como una milicia armada causando centenares de muertes con la represión. La ola de violencia ha sido universalmente condenada, pero sin detenerse en analizar las causas.
En los Estados Unidos hay voces demócratas y republicanas que piden la suspensión de la ayuda a Egipto, sustento del acuerdo de Camp David, como si ello pudiese solucionar el drama. No entienden que la alternativa está entre el extremismo musulmán de Al Qaida y la HM, autores de masacres como la del 9/11 y el esfuerzo militar para reprimir el caos y ensayar una nueva fórmula de aproximación democrática para Egipto.
Lo ocurrido en Egipto confirma que con el extremismo no cabe negociar. El extremismo es enemigo de los Estados Unidos y Occidente y con ellos se ha desatado una guerra a la que hay que responder con la victoria. Y ésta no puede darse con un armisticio. Como decía McArthur, si vas a la guerra, vas para ganarla con todos los medios a tu alcance.
Tras la victoria vendrán negociaciones de paz, pero desde un ángulo de fuerza. Si no, ocurre lo de las dos Coreas o lo que se está observando en Irak y Afganistán. USA respondió a la declaratoria de guerra del 9/11 con una ofrensiva militar, que no la quiso culminar con la victoria. Todo ha quedado a medias y el Al Qaida ha vuelto a dominar: centenarse de vidas y billones de dólares se han perdido en vano.
¿Estados Unidos va a seguir con ese mismo criterio seudo pacifista y derrotista frente al radicalismo musulmán...?

No comments: