Friday, July 1, 2016

QUÉ PASA CON EL GOP

Donald Trump, que se espera será proclamado candidato presidencial por el partido republicano el 20 de este mes, ha dicho que por momentos tiene la impresión de que está combatiendo no solo contra los demócratas sino contra los de su propio partido.
Es explicable su afirmación debido a las críticas persistentes de algunos dirigentes del GOP contra su candidatura, que continúan haciéndolo como si las primarias aún no hubieran concluído en su favor. Actitud igual la tienen varios comentaristas supuestamente pro GOP.
Pero esos críticos no son el GOP. La mayoría de republicanos votó como nunca antes en favor de Trump en las primarias, escogiéndolo entre 17 pre candidatos y superando la hostilidad de la mayoría de los medios de comunicación. Se calcula que hubo 14 millones de votantes, con ruptura de récords históricos.
Entre sus oponentes figuran Mitt Romney, el candidato mormón incapaz de increpar a Obama sobre los crímenes de Benghazi, en el debate del 2012 cuando buscaba la reelección, a pocos días de la masacre. Cuando Romney se abstuvo de cuestionar a su rival, todos supieron que había renunciado a competir.
Paul Ryan, que se unió a Romney como candidato vicepresidencial y que preside hoy la Cámara de Representantes, también adopta una actitud ambigua frente a Trump. Pretende cuestionarlo en su posición conservadora y de defensa de la Constitución y los derechos tradicionales y le conmina a que se ajuste a sus propias perspectivas para endosarlo.
La posición de Ryan es doblemente censurable, puesto que presidirá la Convención del GOP del 19/20 de julio, en la cual los delegados deberán ratificar la decisión popular favorable a Trump en las primarias celebradas en los 50 Estados, para proclamarlo candidato oficial para los comicios del 8 de noviembre.
En esa Convención, teórica y legalmente no hay nada que discutir, sino votar según los reglamentos. Pero el movimiento anti Trump pretende cambiar las reglas a última hora y permitir que los delegados voten según sus particulares preferencias y no por el candidato ganador, según está prescrito para la primera votación.
Si fuese honesta la posición de Romney y Ryan (binomio perdedor del 2012) deberían apoyar al candidato más votado por el GOP en las primarias o abstenerse de emitir declaraciones públicas negativas o ambiguas. Ryan dijo, por ejemplo, que no puede presionar a nadie a que vote contra su consciencia. 
Es falso, pues esa consciencia ya quedó definida por decisión popular en las primarias en favor de Trump. Está en juego el destino del país. La opción no Trump es Hillary y ella es continuación, acaso radicalizada, de Obama. Trump ha triunfado en buena lid y quienes lo cuestionan están favoreciendo a Hillary, lo cual implicaría aceleración de la declinación moral y cultural de esta nación.
Hay comentaristas como George Will o William Kristol que continúan en el boicot de Trump, acusándolo de no ser conservador como ellos, es decir, no defensor de los principios de la Declaración de la Independencia y la Constitución de los Estados Unidos. Pero ellos son, en su mayoría, neoconservadores, o sea demócratas de última conversión.
Hallan eco expansivo en los medios de comunicación, que apoyan sumisos a Obama y Hillary. Si Trump dice que hay que fortificar la frontera sur para frenar la entrada de mexicanos y de otras nacionalidades, muchos de ellos narcontraficantes y criminales, la versión es: Trump está contra la inmigración y acusa a todos los mexicanos de narcovioladores.
Si afirma que, como Presidente, revisará los tratados comerciales que perjudican al país económica y laboralmente, los neoconservadores y la prensa dicen que es proteccionista, aislacionista, cavernario. Igual distorsionan su propuesta para controlar la inmigración desde naciones musulmanas terroristas. 
Se habla del peligro de un Trump dictador, cuando lo que ha proclamado desde que anunció su candidatura hace un año es su deseo de frenar el deterioro del país, precisamente porque el “progresismo” demócrata está cada vez más alejando al país de la división de poderes que los Fundadores dejaron establecida justamente hace 240 años.
El Ejecutivo, desde hace una centuria y a partir de Wilson y mucho más con Obama, minimiza las facultades privativas del Congreso para legislar y legisla por Decretos Ejecutivos, que Trump promete deshacer. Por su parte, la Corte Suprema, por presión del Ejecutivo y desidia del Congreso, igualmente legisla y viola la Constitución para aprobar el aborto, el matrimonio gay, el Obamacare y otras rupturas constitucionales.
¿No es “conservador” proponerse restaurar los principios fundamentales de división de poderes, alternabilidad y responsabilidad, conceptos que se han vuelto brumosos por el peso del “progresismo” de los “demócratas” que van dejando su huella en la mente de estudiantes adoctrinados por pedagogos y una mayoría de medios audiovisuales sesgados?
Esas minorías terminan por minar la conciencia colectiva y acaban por imponerse, como ocurrió con Lenín, Mao, Hitler, Castro, Chávez. Cuentan con la ayuda de bobos o idiotas útiles, como los judíos pro Hitler y demás ejemplos. Los “progresistas”, con ayuda de sus “tontos útiles”, maniobran dentro del sisterma democrático para aherrojarlo. Su meta es el poder absoluto.
La voz de alerta la está dando Donald Trump y la respuesta popular ha sido magnífica. Dentro de esa cruzada, la victoria del Brexit en Europa fue alentadora, se diría que milagrosa y obra en su favor. Al candidato republicano lo respalda un GOP ampliado, más los independientes y los demócratas ahuyentados por la pestilencia de los  Clinton.
No. Trump no lucha contra dos partidos. Lucha contra la insensatez del “progresismo” demócrata y contra unos pocos disidentes republicanos que se identifican más con ese “progresismo” que adicionalmente ambiciona convertirse en global, pero que acaba de ser apabullado por el Reino Unido. Se dice que el Gran Bretaña “firmó una nueva Carta Magna”.

Aquí, con Trump, se podría plasmar también en noviembre un nuevo 4 de Julio, que este lunes el país estará celebrando por adelantado.

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