Monday, September 8, 2014

BUENOS Y MALOS GOBERNANTES


La personalidad de los gobernantes no puede subdividirse y suponer que pudieran gobernar bien para los asuntos internos y mal para los externos o viceversa. Además, las políticas externas e internas están estrechamente interconectadas entre si, sobre todo si se trata de superpotencias como los Estados Unidos.
La evidencia de que Barack Hussein Obama es no solo un fracaso como presidente en el manejo de la política exterior, parece estar opacando la otra realidad: el espectacular impacto negativo que ha significado su paso por la Casa Blanca en la economía nacional, en seis de sus ocho años de mandato como demócrata.
En lo exterior, Obama hace noticia todos los día con su variable retórica en torno a los principales conflictos bélicos y terroristas que azotan al mundo en varias regiones y en las cuales es cada vez más notoria la ausencia de liderazgo de los Estados Unidos. Forzado por los aliados de la OTAN, finalmente ha dicho que va a hacer “algo”.
Ese “algo” es lo que los ciudadanos de los Estados Unidos y los aliados del mundo libre han esperado siempre en casos parecidos de esta nación, especialmente a raíz de la I Guerra Mundial: guía y comando para enfrentar y derrotar a ideologías y ejércitos que buscan borrar por la fuerza las libertades e imponer dictaduras de cualquier tinte o denominación.
Obama carece de ese “algo” que en suma es el espíritu norteamericano. Se siente más identificado con la religión e ideología musulmanas que heredó de su padre kenyata y absorbió en su niñez y adolescencia cuando se educaba en Indonesia. Asi lo confiesa en sus dos ibros autobiográficos y lo ha dejado traslucir en discursos y otros gestos.
Ello explica su negligencia frente al auge del terrorismo árabe por el todo el orbe, hasta que ha formado el Califato entre Siria a Irak  con la meta de integrar toda la Arabia (como lo quiso Lawrence of Arabia), Israel incluída. Cuando se le advirtió a Obama que el Califato era una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos, dijo que el Isis no pasaba de ser un equipo de amateurs. 
El próximo miércoles, vísperas del aniversario del 9/11, el presidente dará un discurso con telemprompters para anunciar por TV su estrategia frente al Isis. Previamente ha advertido que no quiere destruirla, sino contenerla, persuadirla, debilitarla. Quizás vaya a proponerles un armisticio sobre la base de los territorios ocupados, como en Corea con Truman. 
Por lo que no sería tesis nueva. Es querían alguos pacifistas cuando Hitler había conquistado gran parte de Europa y se disponía a tomarse la URSS y ya había rumores de campos de exterminio de judíos. Firmemos la paz, decían, así evitaremos más muertos de lado y lado, menos judíos llevados a los crematorios.
La retórica de Obama cambió tras su visita a Escocia y su encuentro con David Cameron, Primer Ministro británico y otros socios de la OTAN. Pero como alguien decía, Cameron tiene la retórica, pero no la fuerza; la fuerza la tiene Obama, aunque no la retórica. Pero, ¿querrá Obama usar la fuerza contra el terrorismo, como se la usó contra Hitler?
Lo que si quiere Obama es pedir dinero al Congreso. En eso no vacila una micronésima de segundo.Todo lo quiere solucionar con más impuestos al igual que los gobiernos autoritarios de otros país, como en Venezuela o Ecuador. Cuando se le pidió que ponga freno a la llegada indiscriminada de inmigrantes por la frontera sur, su respuesta al Congreso fue: necesito casi 4.000 millones de dólares.
Como buen “liberal” cree en el recalentamiento climático por causa del hombre (en 18 años no ha habido ni una décima de aumento) y para remediarlo pide más impuestos a la refinación y consumo del petróleo. Le conduelen los pobres, pero no facilita las inversiones para crear más puestos de trabajo, sino que quiere redistribuir los ingresos con más impuestos y confiscaciones a los “ricos”.
Castiga el buen desempeño de los empresarios, desalienta las inversiones internas y externas, fomenta el estados de bienestar con  los food stamps y los subsidios por desempleo e incapacidad e insiste en la aplicación plena del Obamacare, que a la postre terminará por extinguir la libre competencia en la oferta privada de salud, encareciendo y deteriorando la calidad del servicio monopolizado por el Estado.
Si el mundo está desorientado y en total zozobra por el descabezamiento en la Casa Blanca, en lo interno los Estados Unidos está atravesando por una de sus más tenebrosas etapas, no vividas desde los tiempos de la Gran Depresión de 1930. El problema es doblemente sombrío puesto que USA es también la nave guía en la economía mundial.
La deuda nacional, a la fecha, es de 17.7 trillones de dólares, con una población de 318.9 millones, lo que significa una deuda de 55.688 dólares por cada ciudadano.
De esa cifra, 6 trillones se agregaron con Obama desde que está al mando en la Casa Blanca.
A cualquier jefe de familia o tendero se lo juzga responsable o no según sea su balance de cuentas. El juicio será negativo si gasta más que sus ingresos. En el 2012, el gobierno de Obama gastó 3.5 trillones de dólares y sus ingesos fueron solo de 2.45 millones de dólares. El déficit a esa fecha fue de 1 trillón de dólares.
Los impuestos aumentaron en 3 trillones de dólares y solo el inicio de la aplicación del Obamacare contribuyó con 1 trillón de dólares.
Parece que a Obama y su equipo le tienen sin cuidado las referencias a deficit, deuda, inflación, desempleo. Confían por lo visto en la maquinita milagrosa muy próxima al lugar de residencia del jefe de gobierno, que al solo deseo del jefe imprime e imprime e imprime sin cesar cuanto dinero se le antoja.
Es una locura que ha convulsionado ya a las economías de Europa y que estemecerá a la de los Estados Unidos muy pronto, si no se lo pone freno. Pues si no se reduce el gasto radicalmente y si en  paralelamente no se retorna a la horma universal del patrón oro (o similar) que funcionó bien hasta que Nixon la eliminó, la alternativo es el desastre.

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