Sunday, June 30, 2013

¿UN TERCER PARTIDO EN USA?


La primera notable figura política del partido republicano de los Estados Unidos en aceptar que podría apoyar la formación de un tercer partido en el país ha sido Sarah Palin, que fue candidata a la vicepresidencia de la República junto a John McCain en el 2008.
Responde así a la creciente frustración de la mayoría de republicanos por la conducción del partido en los últimos años, que ha significado sucesivas derrotas en las elecciones presidenciales. La primera fue con el binomio de McCain/Palin, la segunda con Romney/Ryan y la tercera con la reelección de Obama en el 2012.
En esas tres históricas fechas, el GOP renunció a los principios del partido y en su intento por mimetizarse con los demócratas fue abatido por los votantes que optaron por el enigma Obama, antes que por candidatos que demostraban inseguridad e indefinición, propios de la falta de liderazgo rechazada por las mayorías. 
Los conductores del GOP, consultores que ganan fortunas pierdan o no sus candidatos, han errado en sus estrategias. En lugar de ofrecer una alternativa indeclinable a los empeños de Obama por destruír los cimientos sobre los que se ha erigido esta nación, han propuesto ceder.
McCain es un ejemplo deplorable. Careció de persuasión y cuando nominó a Palin, el brote de entusiasmo que resucitó a su lánguida candidatatura pronto se extinguió, cuando sus asesores y él mismo la ordenaron callar. Un desconocido Barack Hussein Obama le ganó con amplia ventaja e inició su mandato como un mesías redentor. 
Su primer gobierno fue un desastre para quienes consideran que el sistema de libre mercado, en el cual el gobierno tiene control mínimo de la sociedad para que fluya sin interferencias. Pero fue un éxito para los que, como él, piensan que el mercado debe sujetarse en todo a las regulaciones estatales, con la menor oposición posible.
El desempleo subió y se mantuvo por cuatro años al nivel del 10% y la economía cayó con una deuda de 17 trillones de dólares, mayor que el total de la economía norteamericana. Todo hacía presagiar que en el 2012 los votantes repetirían su rechazo al régimen expresado dos años atrás, en el 2010, cuando los demócratas fueron arrasados en los comicios de medio tiempo para renovar congresistas y gobernadores.
El elegido para la batalla fue Mitt Romney. En un comienzo la situación parecía favorecerle. Vapuleó sin misericordia a sus rivales en las elecciones primarias del GOP y se suponía que con igual táctica podría pulverizar a Obama en la campaña y, sobre todo, en los debates frente a frente. 
Esa esperanza se cuajó en el primero de los tres debates. Obama denotó de manera inconfundible su incompetencia e incluso sus adoradores tuvieron que admitirlo. Romney le hizo trizas. Eso se reflejó en el rostro de Obama: demudado, aplastado, humillado. Tal como apareció en la reciente fotografía frente al premier ruso Putín, tras discutir de Siria y de armas nucleares.
Pero entonces se produjo lo inesperado. Romney, acaso obedeciendo a sus consultores, cambió abruptamente de táctica. Se doblegó ante Obama, rehusó urtilizar el arma más contundente a la fecha contra él, el asesinato al embajador de USA en Benghazi y a tres altos funcionarios que quedaron sin defensa frente a los terroristas del Al Qaida. Allí terminó Romney.
Los fanáticos de Obama y los medios escritos y audivisuales que lo apoyaban y apoyan, respiraron aliviados y prosiguieron en sus loas a Obama y sus diatribas y acusaciones falsas contra Romney y el GOP. Los resultados dejaron estupefactos a los republicanos, muchos de los cuales se habían abstenido de votar en señal de protesta.
El impacto sicológico de la derrota es demoledor. La recaudación de fondos en favor del GOP ha declinado incluso en favor del Tea Party y sus diversas ramas como los movimientos patriótricos y pro defensa de la Constitución de 1776, tantas veces vulnerada por los demócratas y sus punta de lanzas en el sistema judicial y los medios. 
Los consultores profesionales del GOP, lejos de rectificarse, siguen en su empeño de lograr que el partido se adapte al partido demócrata y renuncie a su posición frente cuestiones sociales como el aborto y el matrimonio gay, así como en asuntos de seguridad interna a internacional. En lo económico, también su consejo es tolerar más impuestos, no tope a la deuda pública, más regulaciones para toda transacción.
Una de las figuras estelares del GOP era Marco Rubio, de ancestro cubano. De fácil diáléctica, algunos pensaban que podría ser presidenciable. Pero por motivos incomprensibles decidió inclinarse ante Obama y sus súbitos en el Senado para forzar la aprobación de una ley de inimigración que legalizaría a once o más millones de inmigrantes.
La meta es iniciar al propio tiempo un proceso para regular el proceso inmigratorio al país y terminar con los accesos ilegales. Fue lo mismo que se aprobó en 1986 con el presidente Ronald Reagan. El estado de California, del cual fue gobernador por dos períodos, era ampliamente republicano. Con la ley de amnistía para 3 millones de ilegales a esa fecha, el estado se volvó ampliamente demócrata.
El presidente George W Bush propuso una reforma a la ley de inmigración que descartaba los peligros del unipartidismo. Lo hizo cuando el GOP controlaba las dos cámaras del Congreso, pero no solo los demócratas sino los de su propio patrido se opusieron y Bush tuvo que retirar el proyecto.
El proyecto que acaba de aprobar el Senado se basa en el de Bush, pero contiene añadidos que lo distorsionan y “regalos” (coimas) para los republicanos renuentes a apoyarlo. Pronto comenzarán los debates en la Cámara de Representantes con mayoría republicano y es probable que surja un nuevo proyecto corregido, difícilmente aprobable en dirimencia por el Senado. La historia es incierta, pero es probable que Obama manipule como manipuló con el Obamacare.
Rubio en todo caso ha caído en desgracia ante el GOP. A lo que se suma el anuncio del ex gobernador de Florida, Jeb Bush, hermano de George W., de que impondrá a Hillary Clinton la más alta presea como Defensora de la Libertad. El acto se hará el otoño venidero, casi al aniversario de la masacre de Benghazi, cuando Hillary era Secretaria de Estado. Ella y Obama son directamente responsables de la indefensión del embajador y sus colegas. Es a ella a quien condecorará Jeb, posible candidato pesidencial del GOP (¿?).
Para los republicanos tradicionales, la decisión de Jeb Bush es vomitiva y no se explica sino porque hay un aparente contubernio de las altas esferas de conducción del partido por asimilarse al partido demócrata. El caso de la impotencia por frenar el avance del movimiento homosexual (grupo que representa a no más del 3% del total de la población), es otra evidencia.
La Corte Suprema falló en favor de la disolución del DOMA (Acta en defensa del matrimonio entre un hombre y una mujer) que firmaron Clinton y la mayoría de senadores y representantes) y los medios saludan este suceso como otra conquista de los derechos civiles, comparable con el fin de la esclacvitud o la prohibición de los matrimonios interraciales.
La esclavitud fue defendida por los demócratas hasta muy entrado el siglo XX. La Reconstrucción luego de la Guerra Civil para concretar, entre otras fines, los derechos civiles sin discriminación a los negros (como quería Lincoln), fue obstruída por los demócratas, que se opusieron también al derecho al voto de la mujer en general entrado el siglo XX. 
Ahora los demócratas figuran como los campeones defensores de los negros. Sus derechos al voto y a la no discriminación fueron negados en los congresos por la barrera demócrata. Esto cambió con Lyndon B Johnson, el demócrata que con gran capacidad de maniobra logró los votos con la ayuda del GOP para pasar la Ley de Derechos Civiles y hacerla suya, pero dentro de su plan de la Gran Sociedad que acentuó la dependencia de los negros a los programas de bienestar del gobierno.
Los negros celebran la resolución de la Suprema diciendo que legalizar el matrimonio gay es como legalizar el matrimonio interracial. No hay tal. La la ley que prohibía el matrimonio de un negro con un blanco era y es una aberración legal. Matrimonios o uniones birraciales han existido desde los tiempos de Salomón con la reina etíope Sheba. En la propia monarquía británica hay el caso de la Reina Carlota, esposa del Rey Jorge III,  alemana descendiente de la negra Madragana, amante del rey portugués Alfonso III. La actual Reina Isabel II de Inglaterra es su descendiente.  
Pero ni en los tiempos bíblicos ni sucesivos se ha dado el caso y peor la aceptación del matrimonio gay. Porque va contra la ley natural. La pareja hombre/mujer se une para procrear y perpetuar la especie y ello es causa de alegría para la comunidad. La unión entre seres del mismo sexo es una aberración y si bien no cabe condenarla con castigos severos, tampoco cabe equipararla con la unión tradicional.
El aborto jamás fue tolerado, menos impulsado y protegido por ninguna sociedad post pagana, porque atenta contra la ley natural de perpetuar la especie. La pareja homosexual no procrea por si sola. El aborto termina con la vida recién germinada. Los movimientos seudo feministas quieren defender el aborto como el derecho de la mujer a cuidar su salud, como si el embarazo fuera una enfermedad.
El embarazo no es una enfermedad y un aborto (salvo casos de excepción) no cura ninguna enfermedad, mata a un ser humano. Si se trata de una enfermedad, podría entonces pensarse en prevenirla mediante la castración o la vasectomía en los pre púberes y el ligamento de trompas en las pre púberes.
Los demócratas están conscientes de que el aborto, que defienden con fé plena sin importar su posición religiosa, ha causado desde 1973 más de 52 millones de infanticidios. La población original sigue restringiéndose y la tasa sería negativa a no ser por la inmigración ilegal. Por ello impulsan la aministía. Para repoblar al país, para generar más ingresos por impuestos que apuntalen al Estado interventor.
La dirigencia del GOP no mira así la declinación de los valores y de la población. Su preocupación es aceptar estos cambios como cambios hacia la modernización, que es lo que está permitiendo a los demócratas asir y perpetuarse en el poder. Hagamos como ellos, parecen decir y asi mejoraremos en las urnas.
Los resultados prueban lo contrario. Por ello Sarah Palin se une a la perotesta y la preocupación y no le disgusta la perspectiva de formar un nuevo partido, que inclusive ya tiene un nombre: The Freedom Party o Partido de la Libertad.
¿Hay signos de desconento dentro del partido demócrata? Visiblemente no, pero debería haberlo. El partido de hoy no es el de Harry Truman, que declaró la guerra a la expansión comunista de la URSS ni el de John F. Kennedy, que si erró en el caso Bahía de Cochinos frenó a Jrushov en su intento de instalar bases nucleares en Cuba y luego quiso derrocar a Fidel Castro, plan que falló cuando pocas semanas antes la Mafia lo mató.
Obama y sus colaboradores no están en guerra con el comunismo ni el marxismo. Lo quieren aplicar aquí, desarmando al capitalismo surgido de la Constitución de 1776 y que en su versión europea ha vuelto a fracasar. ¿No es hora de que despierten también los demócratas cuya visión  es diferente de la republicana, pero que tienen en común que ambos tienen como premisa primaria defender a los Estados Unidos como un país excepcional?
O rescatan al verdadero partido demócrata norteamericano o forman otro. O se suman al Partido de la Libertad.

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