Saturday, May 19, 2012

ROMNEY SE AMORDAZA AL IGUAL QUE MCCAIN


Mitt Romney, virtual candidato a la presidencia por el partido republicano que busca impedir la reelección del actual mandatario demócrata Barack Hussein Obama en noviembre próximo, ha vuelto a prometer que no tocará para nada el pasado oscuro de su rival en la campaña. 
Lo hizo a propósito de un aviso de un grupo PAC que lo respalda y que supuestamente es independiente. En el aviso se recuerda que la formación doctrinaria de Obama está íntimamente vinculada con el reverendo Jeremia Wright, que fue su pastor durante 20 años, que lo casó con Michelle y que bautizó a sus dos hijas.
La retórica de Wright es virulentamente antinorteamericana y racista y está grabada en varios discos de libre venta al público. Sostiene que los Estados Unidos son responsables de los males del planeta y que la raza negra, como él, ha sido subyugada y explotada por los de la raza blanca, a quienes hay que combatir por todos los medios. 
Los demócratas se escandalizaron con el partido GOP y exigieron que el aviso sea suspendido y que Romney pida excusas. Éste así lo hizo y el aviso se archivó, al tiempo que otros de igual o peor calibre siguen proyectándose por parte de los demócratas en todo el país, mintiendo o exagerando aspectos negativos de la trayectora de Romney, sin protesta de sus partidarios. 
Días antes, la mujer de Mitt, Anne, declaró a propósito de nada que Michelle, la mujer de Obama, era “encantadora”, aunque ella piense como su marido que a los Estados Unidos hay que reformarlos para que dejen de ser causa de los trastornos internacionales. Cuando Barack se impuso en las elecciones, Michelle dijo por primera vez sentirse orgullosa de este país, dado que un negro (mulato) había sido elegido presidente.
Para los dos la historia en favor de la libertad de este país no cuenta. La cruzada para transformarlo es debilitar hasta eliminar su sistema capitalista de libre mercado y competencia, hasta sustituirlo por uno centralmente dirigido en el cual la voluntad de unos pocos del gobierno impongan su criterio a una mayoría sin derecho, sin libre albedrío.
La misión de Obama y de gente como su mujer y más demócratas que le siguen sumisos, va viento en popa. La intrusión del Estado en la vida común de la gente es cada vez más notoria y asfixiante, tanto en el aspecto directamente político como en el económico. Las libertades para ahorrar e invertir se han visto estranguladas con regulaciones e impuestos lo cual ha determinado depresión y alto desempleo.
Aparte de que la deuda ha crecido en dimensiones abstractas, más allá de los 16 trillones de dólares, 5 trillones de los cuales se registraron en menos de 4 años de gobierno, lo que supera a la deuda de todos los jefes de Estado que le han precedido desde George Washington, juntos. Y el gasto, en lugar de reducirse ante las evidencias, crece.
John McCain, el candidato republicano en el 2008, hizo una pobre campaña que se está repitiendo con Romney. El solo acierto de McCain fue seleccionar a Sarah Palin como candidata vicepresidencial. Ello imprimió un poco de colorido y entusiasmo en el campaña, que duró poco ya que se le prohibió a Palin desplegar sus cualidades oratorias de combate contra el hasta entonces desconocido rival, Obama.
McCain ordenó que no se mencionara el nombre Barack al hablar de Obama, porque podría atizar la repulsión a su pasado musulmán. Obama es un buen hombre, afirmó, tenemos que debatir en base a tesis y no de asuntos personales. Palin calló, la campaña del GOP calló y Obama triunfó. No por defender tesis, sino por su posición demagógica para redistribuir la riqueza, destruir el capitalismo, explotar el racismo.
¿Obama un hombre bueno? Un hombre bueno no auspicia un proyecto de ley, como Senador en Illinois en favor de dar muerte a los infantes que sobreviven al aborto forzado. Ni miente sobre el lugar donde nació, si en Hawaii o Kenya, sus inicios como musulmán, sus vínculos con Wright y el profesor Ayers, su inspirador en marxismo, o la identidad fraudulenta (varios números de seguro social) uno obtenido en Connecticut, sin jamás haber vivido allí, ni sus  becas de estudios como estudiante extranjero. 
Obama se hizo millonario con la venta de dos libros autobiográficos que evidentemente no los escribió él. Está plagada de supuestos imaginarios en cuanto a amistades, novias y otros detalles, que él mismo admite fueron forjados. Y no hay acceso posible a documentos que prueben y detallen su paso por colegios y universidades, sus escritos, pasaportes y viajes, discursos, debates y más memorias que salen a luz con cualquier candidato de elección popular, a cualquier nivel.
El misterio no es develado por la complicidad de los medios de comunicación. Desde el 2004, tras su primer discurso en la convención demócrata de Chicago, los periodistas quedaron embelesados, más aún, idiotizados con su hechizo. Lo consideran mesiánico, el mejor orador de todos los tiempos, el redentor de los negros y de los pobres, el gran unificador de la nación dividida.
¿El mejor orador? Sus discursos fluyen con facilidad, cierto, pero jamás improvisa, siempre los lee en el teleprompter. Cuando eventualmente tiene que responder a preguntas, trastabilla y termina con oraciones vacías propias de quien carece de convicciones y seguridad. Es como si requiriera siempre de un apuntador para no detener el coloquio.
Hay excepciones de valía entre los periodistas. Uno de ellos es Sean Hannity, de Fox News. Fue el primero en el 2007, en dar la clarinada sobre Wright, su nexo con Obama y el primero en entrevistarlo sobre sus vitriólicas acusaciones contra los Estados Unidos. Pero no halló eco suficiente en los otros medios y colegas y la auto censura de McCain ahogó todo intento para que el pasado de Obama se discutiera en la campaña.
Hannity quiere revivir esa posibilidad en la actual campaña y no le importa lo que al respecto piense Romney. Acaso yerra sin embargo al coincidir con Mitt (cuando pidió perdón por el aviso del PAC) en que más importante para la campaña es debatir sobre economía que sobre el pasado de Obama.
Mas no puede entenderse la manera cómo Obama está conduciendo al país y su economía si no se bucea en su pasado desde la infancia hasta su juventud y madurez. No por presión sino por elección, él se alineó siempre con la extrema izquierda, entendida ésta como un sistema en que el libre albedrío de los individuos se subyuga al criterio del bien y del mal dictado por un ejecutivo autoritario.
Lo dice él en sus libros, en sus actos, en su trayectoria y con su propia voz en las versiones habladas de los ensayos autobiográficos. Se refleja en el desprecio a la Constitución, a la que juzga obsoleta desde sus tiempos de estudiante de Harvard. En sus constantes pedidos de perdón ante árabes y europeos por las acciones equivocadas a lo largo de la historia (¿acaso por acabar con el Eje nazi fascista y el imperio soviético?).
No utilizar todos los argumentos para reflotar las dudas sobre el verdadero Obama y exigir aclaraciones, equivale a amordazarse y encadenarse, a renunciar a la victoria aún antes de inciarse la batalla. Porque una batalla de tesis, como quería McCain y quiere Romney, es un batalla perdida  pues Obama elude y eludirá el debate racional prefiriendo la sola arma con que triunfa: la demagogia.
Un criterio parecido es el que se ha impuesto en el campo militar. Ahora los soldados no pueden guerrear con todas las armas a su disposición para vencer al enemigo. Se imponen las nuevas “rules of engagement” según las cuales antes de una acción de ofensa o defensa, los militares deben evitar violar una serie de supuestas garantías y derechos de los enemigos como si fuesen delincuentes comunes dentro de los Estados Unidos, que a la postre frustran la acción.
Esa conducta es, desde luego, unilateral. Porque los extremistas árabes  y Talibanes en Irak o Afganistán no vacilan en degollar a periodistas y cautivos antes las cámaras de TV, ni en incurrir en retaliaciones con suicidas cuando los defensores de los derechos civiles en USA  revelan supuestas injurias a la religión musulmana y el caso salta a los periódicos.
Igual puede ocurrir con la batalla Obama vs Romney. Aunque Mitt utilizó armas deshonestas para desbaratar a sus contrincantes en la campaña por las primarias del GOP con propaganda multimillomaria, primero contra Cain, luego contra Gingrich y finalmente contra Santorum, ahora anuncia de mutuo propio que no atacará al verdadero enemigo, no con recursos deshonestos como antes lo hizo en las primarias, sino con la verdad.
Obama no le pagará con la misma moneda. Igual y peor que él lo hizo contra sus coidearios, arremeterá contra Romney como hombre rico, mormón y empresario al cual le interesa no lo humano, sino las ganancias. Dirá que él se opone a los impuestos para defener a la elite plutocrática a la que se pertenece, que buscará dejar sin protección de salud a las minorías, a los ancianos, a los discapacitados.
Si Romney y el GOP no se resuelven por atacar a Obama en su talón de Aquiles, caerán en el vacío los razonamientos de que menos gobierno es mejor para todos, que menos impuestos favorecen el crecimiento de la economía y el empleo, que más y no menos libertad es preciso para que esta nación continúe como primera potencia del mundo libre.
Prevalecerá en la masa cada vez más dependiente de la protección del Estado, el sentimiento (no el raciocinio) de que Obama es un hombre bueno que piensa en ellos y en su bienestar. Que más impuestos es un justo castigo para los ricos y que el dinero adicional servirá para mejor ayudarlos en su pobreza, no para ahondarla y aumentar gasto y deuda. ¿Terminará en algún momento esa ayuda y ese flujo de dinero de los ricos?
No es pregunta que se planteen, porque creen que la redistribución de la riqueza de los ricos es un fin en si misma. Así lo cree Obama, como acaba de reiterarlo en la Cumbre G8 de Chicago en la que sostuvo que la crisis de Europa, resultante del gasto público sin financiamiento, debe superarse con su fórmula magistral: más gasto público.
Si Mitt Romney persiste en sus propias “rules of engagement” para la campaña que en junio entra en su etapa decisiva, es casi seguro que Barack Hussein Obama será el reelegido. 

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