Sunday, June 21, 2009

LA LÓGICA DE CORREA

El presidente ecuatoriano Rafael Correa y sus incondicionales asesores y periodistas han manejado pobremente la lógica para intentar justificar sus ataques a la libre expresión del pensamiento y su decisión de silenciar a los medios de comunicación que juzga hostiles.

Tres ex-presidentes de la República -Sixto Durán Ballén, Gustavo Noboa y Osvaldo Hurtado Larrea- emitieron un comunicado conjunto para condenar a Correa por su actitud contraria a la libertad de expresión y su amenaza de clausurar a Teleamazonas y al Diario El Universo.

En lugar de rebatir los argumentos que el sobrio comunicado emitía, el jefe de Estado dijo que los tres personajes carecían de autoridad porque cada uno de ellos, en diferentes instancias, atentaron contra esa misma libre expresión de pensamiento que ahora defienden.

También Correa blandió las tesis de que tres de los columnistas que han sido críticos con él - Alfredo Pinoargote, de Diario El Universo, Jorge Ortiz de Teleamazonas y Carlos Vera de varios medios-, no son periodistas profesionales por títulos universitarios, sino por títulos de tales otorgados por el dictador militar Guillermo Rodríguez Lara.

En el caso de los ex-presidentes y en el de los periodistas a los que acusa de carecer de títulos válidos de periodistas profesionales y por tanto de autoridad para oponérsele, la dialéctica de Correa es la misma: pretende negarles derecho a la crítica por circunstancias que nada tienen que ver con la validez de sus argumentos,

Es probable que las acusaciones contra los tres ex mandatarios sean o no históricamente válidas. Pero no cabe aceptar que porque ellos irrespetaron en alguna forma el principio de la libre expresión del pensamiento, estén imposibilitados de señalar faltas parecidas del actual mandatario.

Correa parecería argüir, además, que él está exento de culpa de faltas de respeto a la libre expresión, porque ya esos tres ex-presidentes supuestamente cometieron el mismo error. Igual ocurre con los periodistas acusados de haber recibido de manera impropia sus títulos de periodistas profesionales. Peor aún si se recuerda que quienes se dedican al periodismo de opinión, no están obligados a adquirir el título profesional de periodistas.

Ortiz, Vera, Pinoargote no son reporteros: son comentaristas o directores de programas de TV o radio en los que son libres de entrevistar a los que les venga en gana y dar el giro que quieran al diálogo en favor o en contra del gobierno, así como emitir opiniones sobre cualquier tema y en cualquier momento.

Por cierto, si se extreman en sus posiciones o si se advierte un sesgo no equilibrado en la selección de sus entrevistadas, habrá una sanción a ese proceder: el televidente, el radioyente o los lectores de las columnas en los medios escritos rechazarán al periodista y escogerán otro medio para informarse y oir opiniones.

No es el gobierno el censor y discriminador. No son Correa ni sus súbditos quienes han de recomendar qué medios o periodistas son idóneos, sino el público. No es papel del gobierno monitorear a los medios para calificarlos con notas de buena conducta, ni menos para acallarlos o clausurarlos si no cumplen sus propias reglas de buen proceder.

Con acierto, dos columnistas de El Comercio se refieren al tema y ninguno de ellos es periodista profesional. ¿Los descalificará Correa por ello? En el fondo, lo que Correa no admite es opiniones discrepantes sin entender que él no es mandante sino mandatario del pueblo y que es el pueblo el que no solo tiene el derecho sino la obligación de cuestionar permanentemente su actuación, directamente o a través de la única vía óptima para hacerlo: los medios de comunicación independientes.

Un medio de comunicación, para ser independiente, tiene que ser solvente en lo económico. Correa no lo entiende así, pese a que es economista que ha estudiado en Bélgica y los Estados Unidos. Cree que el hecho de que una empresa de comunicación se afiance económicamente diversificando sus inverisones o abriendo sus capitales a los accionistas, es un pecado mortal.

El término “empresa” es sinónimo de robo y explotación para Correa. Sin embargo ningún medio puede cumplir su misión si su economía no está sólidamente sustentada. Hacer periodismo romántico a la manera de los grupos colegiales, no puede pervivir en una sociedad compleja si el deseo es hacer periodismo independiente.

Eso lo entendieron Carlos y César Mantilla Jácome a comienzos del siglo XX cuando fudaron El Comercio. Hasta esa fecha, la mayoría de diarios tenían un objetivo político y eran, por lo mismo, efímeros. Los Mantilla Jácome buscaron otro objetivos y de ahí el nombre del diario: divulgar noticias y opiniones equilibradas e independientes de los gobiernos buscando el financiamiento en la industria, el comercio y la banca mediante inserción de avisos pagados.

Con el correr de los años, El Comercio creció en lectoría y respetabilidad. Carlos Mantilla Jácome veía su poder en la independencia. Cuando se le sugería que, dado su influjo, podría fácilmente aspirar a la presidencia de la República o a cualquier otra dignidad pública, él se resistía diciendo: yo tengo más poder que un presidente de la República, porque mi poder es trascendente.

Ahora Correa acusa a todos los medios de corruptos, porque son empresas con intereses e inversiones diversificados, inclusive en el exterior. Lo dijo a propósito de mostrar disgusto porque su hermano ha multiplicado por millones su fortuna mediante contratos ilícitos justamente con el gobierno que él preside.

Su hermano Fabricio se ha apoyado, dijo, en “empresas de papel” a las cuales ahora él declara ilícitas. Es ahí cuando involucra a varias de las empresas periodísticas con el mismo pecado, por lo cual prohibe a sus súbditos que contraten avisos oficiales con esos medios.

Las empresa ya sabrán defenderse y aclararán sus posiciones. Pero en lo que respecta al vituperio contra el concepto empresarial en general, cabe advertir que cuando Correa incauta (roba) empresas de comunicación de TV y radio privadas, las empresas como tales no desaparecen. Continúan, pero en manos del Estado.

Las empresas públicas, incautadas o no, están condenadas al fracaso. Por la sencilla razón de que su manejo empresarial no responde ante los accionistas, como en las empresas privadas, sino ante nadie. El ejemplo más elocuente es el diaro El Telégrafo, captado por Correa. Dijo, como en el caso de las televisoras de los Isaías, que lo revertiría al sector privado, pero eso nunca ocurrió.

El Telégrafo no interesa a nadie, nadie anuncia en él, nadie lo compra. Se distribuye gratuitamente pero no hay accionistas que denucien el fracaso y exijan el despido del Gerente. Porque el gerente es Correa y frente a las pérdidas constantes tiene la fórmula infalible para solucionarlas: las arcas fiscales, el dinero de los contribuentes. La última inyección de capital para el diario por 17 millones de dólares no proviene de antiguos o nuevos accionistas: vino del ministerio del Finanzas.

Al censurar Rafael Correa a su hermano Fabricio, dijo que debió cuidarse en su conducta para evitarle el ataque de los “buitres” que constantemente le sobrevuelan para darle picotazos. Se refería, claro está, a los críticos de su desgobierno. Pero la metáfora que utilizó fue fatal. Los buitres, que se sepa, solo sobrevuelan la carroña. ¿Acaso él admite que ya está podrido?


1 comment:

Unknown said...

Muy certeros sus comentarios. Estremece la marea de corrupción que se extiende como una mancha gris, lo cual no es ninguna novedad, y, lo más increíble, reconocida implícitamente con el mayor desparpajo por el dictador que no atina a hilvanar una simple idea de una manera creíble, no se diga lógica. La dentellada a diestra y siniestra es el mejor argumento que ha encontrado; la mentira, repetida mil veces descaradamente, es el sustento de su ‘ideología’ dizque llamada Socialismo del siglo XXI. ¿Puede haber personas que todavía crean en la palabra del ‘Benemérito’? Consuela constatar que en poco más de un mes, del 26 abril al 14 de junio, su base electoral disminuyó aún más, de alrededor del 49 por ciento al 45 por ciento. La gente está reaccionando ante tanta podredumbre.